The Project Gutenberg EBook of Los favores del mundo, by Juan Ruiz de Alarcn

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Title: Los favores del mundo

Author: Juan Ruiz de Alarcn

Release Date: June 14, 2006 [EBook #18580]

Language: Spanish

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DON JUAN RUIZ DE ALARCON

LOS FAVORES DEL MUNDO

Edicin de Pedro Henrquez Urea

CULTURA MEXICO, 1922
TOMO XIV. No. 4




PRELIMINAR


Dan Juan Ruiz de Alarcn naci en 1580 u 81 y muri en Madrid en 1639.
Vivi su pas natal hasta los veinte aos; de 1600 a 1608 estuvo en
Espaa; regres a Mxico, y estuvo aqu otros seis aos. En 1615 se le
halla de nuevo en Espaa, ya cerca de los treinta y cinco de su edad; y
all reside durante los veinticuatro que le restan de vida. Se dedic
dar producciones al teatro probablemente unos dos lustros. Public dos
volmenes de comedias, uno (_Primera parte_, que contiene ocho) en 1628
y otro (_Segunda parte_, que contiene doce) en 1634. Hay, publicadas
separadamente, otras cuatro obras suyas; se le atribuyen, como
colaborador o como autor, con poco fundamento las ms veces, hasta otras
diez obras. Con esta breve labor, sin embargo, entra a formar, con Lope,
Caldern y Tirso, el cuarteto clsico del drama espaol.

El texto que se da aqu de _Los favores del mundo_ (obra cuyo asunto es
una leyenda en que figura un antecesor del dramaturgo) est
rigorosamente cotejado con el de la _Primera parte_ de las comedias de
Alarcn, 1628. Se ha modernizado la puntuacin y la ortografa, excepto
en los casos en que la modernizacin implicara cambiar la forma de las
palabras: as, se ha conservado _vitoria_ en vez de _victoria_, agora en
vez de _ahora_ (las ms veces), _efeto_ en vez de _efecto_ (y en una
ocasin, al contrario, _respecto_ en vez de _respeto_), _pensaldo_ por
_pensadlo, dalle_ por _darle, vos intentastes_ o _vos guardastes_ en vez
de _intentasteis_ o _guardasteis_. Como las indicaciones de escenas y
otras acotaciones que se introdujeron al reimprimirse las comedias en el
siglo XIX tienen utilidad para el lector moderno, se las ha conservado,
pero entre corchetes []: todo lo que est entre corchetes, pues, es lo
que no figura en la edicin de 1628. Las acotaciones entre parntesis
(), en cambio, s pertenecen a la edicin primitiva.

P. H. U.




EL MEXICANISMO DE ALARCON


En el teatro espaol de los siglos de oro, artificioso pero rico y
brillante, Don Juan Ruiz de Alarcn manifest personalidad singular.
Entrse como aprendiz por los caminos que abri Lope, y lo mismo ensaya
la tragedia grandilocuente (en _El Anticristo_) que la comedia
extravagante (en _La cueva de Salamanca_). Quiere, pues, conocer todos
los recursos del mecanismo y medir sus propias fuerzas; da llega en que
se da cuenta de sus capacidades reales, y entonces cultiva y perfecciona
su huerto cerrado. No es rico en dones de poeta: carece por completo de
virtud lrica; versifica con limpieza (salvo en los endecaslabos) y a
veces con elegancia. No es audaz y prdigo como su maestro y enemigo,
Lope, como sus amigos y rivales: es discreto (como mexicano), escribe
poco, pule mucho, y se propone dar a sus comedias significacin y
sentido claros. No modifica, en apariencia, la frmula del teatro
espaol (por eso superficialmente no se le distingue entre sus mulos, y
puede suponrsele tan espaol como ellos); pero internamente su frmula
es otra.

El mundo de la comedia de Alarcn es, en lo exterior, el mismo mundo de
la escuela de Lope: galanes nobles que pretenden, contra otros de su
categora, o ms altos (frecuentemente prncipes), a damas vigiladas, no
por madres que jams existen, sino por padres, hermanos o tos; enredos
e intrigas de amor; conflictos de honor por el decoro femenino o la
emulacin de los caballeros; amor irreflexivo en el hombre, aficin
variable en la mujer; solucin, la que salga, distribuyndose
matrimonios aun innecesarios o inconvenientes. Pero este mundo, que en
la obra de los dramaturgos peninsulares vive y se agita vertiginosamente
anudando y reanudando conflictos como en compleja danza de figuras, en
Alarcn se mueve con menos rapidez: su marcha, su desarrollo son ms
mesurados y ms calculados, sometidos a una lgica ms estricta (salvo
los desenlaces). Ya seal en l Hartzenbusch "la brevedad de los
dilogos, el cuidado constante de evitar repeticiones, y la manera
singular y rpida de cortar a veces los actos" (y las escenas). No se
excede, si se le juzga comparativamente, en los enredos; mucho menos en
las palabras; reduce los monlogos, las digresiones, los arranques
lricos, las largas plticas y disputas llenas de brillantes juegos de
ingenio. Slo los relatos suelen ser largos, por excesivo deseo de
explicacin, de lgica dramtica. Sobre el mpetu y la prodigalidad del
espaol europeo que cre y divulg el mecanismo de la _comedia_ se ha
impuesto, como fuerza moderadora, la prudente sobriedad, la discrecin
del mexicano.

Y son tambin de mexicano los dones de observacin. La observacin
maliciosa y aguda, hecha con espritu satrico, no es privilegio de
ningn pueblo; pero, si bien el espaol la expresa con abundancia y
desgarro (y qu mejor ejemplo, en las letras, que las inacabables
diatribas de Quevedo?), el mexicano la guarda socarronamente para
lanzarla, bajo concisa frmula, en oportunidad inesperada. Las
observaciones breves, las rplicas imprevistas, las frmulas
epigramticas, abundan en Alarcn, y constituyen uno de los atractivos
de su teatro. Y bastara comparar, para este argumento, los enconados
ataques que le dirigieron Quevedo mismo, y Lope, y Gngora, y otros
ingenios eminentes,--si en esta ocasin mezquinos--, con las sobrias
respuestas de Alarcn, por va alusiva, en sus comedias, particularmente
aquella, no ya satrica sino amarga, de _Los pechos priviligiados_ (acto
III, escena III):

    Culpa a aquel que, de su alma
    olvidando los defetos,
    graceja con apodar
    lo que otro tiene en el cuerpo.

La observacin de los caracteres y las costumbres es el recurso
fundamental y constante de Alarcn, mientras en sus mulos es
incidental: y ntese que digo la observacin, no la reproduccin
espontnea de las costumbres ni la libre creacin de los caracteres, en
que no les vence. Este propsito de observacin incesante se subordina
a otro ms alto: el fin moral, el deseo de dar a una verdad tica
aspecto convincente de realidad artstica.

Alarcn crea, dentro del antiguo teatro espaol, la especie, en ste
solitaria, sin antecedentes calificados ni sucesin inmediata, de la
_comedia de costumbres_. No slo la crea para Espaa, sino tambin para
Francia: imitndolo, traducindolo, no slo a una lengua diversa, sino a
un sistema artstico diverso, Corneille introduce en Francia, con _Le
menteur_, la alta comedia, que iba a ser en manos de Moliere labor fina
y profunda. Esa comedia, al extender su imperio por todo el siglo XVIII,
vuelve a entrar en Espaa, para alcanzar nuevo apogeo, un tanto plido,
con Don Leandro Fernndez de Moratn y su escuela, en la cual figura,
significativamente, otro mexicano de discreta personalidad artstica:
Don Manuel Eduardo de Gorostiza.

Pero la nacionalidad no explica por completo al hombre. Las dotes de
observador en nuestro dramaturgo, que coinciden con las de su pueblo, no
son todo su caudal artstico: lo superior en l es la trasmutacin de
elementos morales en elementos estticos, dn rara vez concedido a los
creadores. Alarcn es singular, por eso, no slo en la literatura
espaola, sino en la literatura universal.

Su nacionalidad no nos da la razn de su poder supremo; slo su vida nos
ayuda a comprender cmo se desarroll. En un hombre de alto espritu,
como el suyo, la desgracia aguza la sensibilidad y estimula el pensar; y
cuando la desgracia es perpetua e indestructible, la hiperestesia
espiritual lleva fatalmente a una actitud y a un concepto de la vida
hondamente definidos y tal vez excesivos. Ejemplo claro el de Leopardi.

En el caso de Alarcn, orgulloso y discreto, observador y reflexivo, la
dura experiencia social le llev a formar un cdigo de tica prctica
cuyos preceptos reaparecen a cada paso en las comedias.

No es una tica que est en franco desacuerdo con la de los hidalgos de
entonces, pero s seala rumbos particulares, que a veces importan
modificaciones. Piensa que vale ms (usar las expresiones clsicas) _lo
que se es_ que _lo que se tiene_ o _lo que se representa_. Vale ms la
virtud que el talento y ambos ms que loa ttulos de nobleza; pero stos
valen ms que los favores del poderoso, y ms, mucho ms, que el dinero.
Ya se ve: Don Juan Ruiz de Alarcn y Mendoza vivi mucho tiempo con
escasa fortuna, y slo en la madurez alcanz la posicin econmica
apetecida. En cambio, sus ttulos de nobleza eran excelentes, como que
descenda de los Alarcones de Cuenca, ennoblecidos en la Edad Media, y
de la ilustrsima casa de los Mendoza. Alarcn nos dice en todos los
tonos y en todas las comedias--o punto menos--la incomparable nobleza de
su estirpe: debilidad que le conocieron en su poca y que le censura en
su rebuscado y venenoso estilo Cristbal Surez de Figueroa.

El honor--desde luego! El honor debe ser cuidadosa preocupacin de todo
hombre y de toda mujer; y debe oponerse como principio superior a toda
categora social, aunque sea la realeza. Las nociones morales no pueden
ser derogadas por ningn hombre, aunque sea rey, ni por motivo alguno,
aunque sea la pasin legtima: el amor, o la defensa personal, o el
castigo por deber familiar, supervivencia de moral antehistrica. Entre
las virtudes qu alta es la piedad! Alarcn llega a pronunciarse contra
el duelo, y, sobre todo, contra el deseo de matar. Adems, le son
particularmente caras las virtudes que pueden llamarse lgicas: la
sinceridad, la lealtad, la gratitud, as como la regla prctica que debe
complementarlas: la discrecin. Y por ltimo, hay una virtud de tercer
orden que estimaba en mucho: la cortesa. Proverbial era la cortesa de
Nueva Espaa precisamente en los tiempos de nuestro dramaturgo: "corts
como un indio mexicano", dice en el _Marcos de Obregn_ Vicente Espinel.
Poco antes, el mdico espaol Juan de Crdenas celebraba la urbanidad de
Mxico comparndola con el trato del peninsular recin llegado a
Amrica. A fines del siglo XVII deca el Venerable Palafox, al hablar de
las _Virtudes del Indio_: "La cortesa es grandsima." Y en el siglo XIX
no fu la cortesa uno de los rasgos que mejor observaron los sagaces
ojos de Madame Caldern de la Barca? Alarcn mismo fu sin duda muy
corts: Quevedo, con su irrefrenable maledicencia, lo llamaba "mosca y
zalamero." Y en sus comedias, se nota una abundancia de expresiones de
cortesa y amabilidad que contrasta con la usual omisin de ellas en los
dramaturgos peninsulares.

Grande cosa--piensa Alarcn--es el amor; pero es posible alcanzarlo? La
mujer es voluble, inconstante, falsa; se enamora del buen talle, o del
pomposo titulo, o--cosa peor--del dinero. Sobre todo la abominable, la
mezquina mujer de Madrid, que vive soando con que la obsequien en las
tiendas de plateros. La amistad le parece afecto ms desinteresado, ms
firme, ms seguro. Y cmo no haba de ser as su personal experiencia!

El inters que brinda este conjunto de conceptos sobre la vida humana es
que se les ve aparecer constantemente como motivos de accin, como
estmulos de conducta. No hay en Alarcn tesis que se planteen y
desarrollen, silogsticamente, como en ciertos dramas del siglo XIX; no
surgen tampoco bruscamente, con ocasin de conflictos excepcionales,
como en _Garca del Castaar_ o _El Alcalde de Zalamea_: pues el teatro
de los espaoles europeos, fuera de los casos extraordinarios, se
contenta con normas convencionales, en las que no se paran largas
mientes. No: las ideas morales de este que fu "moralista entre hombres
de imaginacin" (segn Hartzenbusch) circulan libre y normalmente, y se
incorporan al tejido de la comedia, sin pesar sobre ella ni convertirla
en disertacin metdica. Por lo comn, aparecen bajo forma breve,
concisa, como incidentes del dilogo; o bien se encarnan en un ejemplo,
tanto ms convincente cuanto que no es un tipo unilateral: tales, el Don
Garca de _La verdad sospechosa_ y el Don Mendo de _Las paredes oyen_
(ejemplos _a contrario_) o el Garci-Ruiz de Alarcn de _Los favores del
Mundo_ y el Marqus Don Fadrique de _Ganar amigos_.

El don de crear personajes es el tercero de los grandes dones de
Alarcn. Para desarrollarlo, le vali de mucho el amplio movimiento del
teatro espaol, cuya libertad cinematogrfica (semejante a la del
ingls _isabelino_) permita mostrar a los personajes en todas las
situaciones interesantes para la accin, cualesquiera que fuesen el
lugar y el tiempo; y as, bajo el principio de unidad lgica que impone
a sus caracteres, gozan stos de extenso margen para manifestarse como
seres capaces de aficiones diversas. No slo son individualidades con
vida amplia, sino que su creador los trata con simpata: a las mujeres,
no tanto (oponindose en esto a su compaero ocasional, Tirso); a los
protagonistas masculinos s, aun a los viciosos. Por momentos dirase
que en _La verdad sospechosa_ Alarcn est de parte de Don Garca, y
hasta esperamos que prorrumpa en un elogio de la mentira, como despus
lo haran Mark Twain u Oscar Wilde. Y qu personaje hay, en todo el
teatro espaol, de tan curiosa fisonoma como _Don Domingo de Don Blas_,
apologista de la conducta lgica y de la vida sencilla y cmoda, sin
cuidado del qu dirn; paradjico en apariencia pero profundamente
humano; personaje digno de la literatura inglesa, en opinin de Wolf;
digno de Bernard Shaw, puede afirmarse hoy?

Pero, adems, en el mundo alarconiano se dulcifica la vida turbulenta,
de perpetua lucha e intriga, que reina en el drama de Lope o de Tirso,
as como la vida de la colonia era mucho ms tranquila que la de su
metrpoli: se est ms en la casa que en la calle: no siempre hay
desafos; hay ms discrecin y tolerancia en la conducta; las relaciones
humanas son ms fciles, y los afectos, especialmente la amistad, se
manifiestan de modo ms normal e ntimo, con menos aparato de conflicto,
de excepcin y de prueba. El propsito moral y el temperamento
meditativo de Alarcn iluminan con plida luz y tien de gris
melanclico este mundo esttico, dibujado con lneas claras y firmes,
ms regular y ms sereno que el de los dramaturgos espaoles, pero sin
sus riquezas de color y forma.

Todas estas cualidades, que en parte se derivan de su propio genio,
original e irreducible, en parte de su experiencia de la vida, y en
parte de su nacionalidad y educacin mexicanas, todas ellas, colocadas
dentro del marco de la tradicin literaria espaola, hacen de Alarcn,
como magistralmente dijo Menndez y Pelayo, "_el clsico de un teatro
romntico_, sin quebrantar la frmula de aquel teatro ni amenguar los
derechos de la imaginacin en aras de una preceptiva estrecha o de un
dogmatismo tico"; dramaturgo que encontr "por instinto o por estudio
aquel punto cuasi imperceptible en que la emocin moral llega a ser
fuente de emocin esttica, y, sin aparato pedaggico, a la vez que
conmueve el alma y enciende la fantasa, adoctrina el entendimiento como
en escuela de virtud, generosidad y cortesa."

Hay en su obra ensayos que no pertenecen al tipo de comedia que
desarroll y perfeccion. De ellos, el mas importante es _El tejedor de
Segovia_, brillante drama novelesco, de extravagante asunto romntico,
pero a travs del cual se descubre la musa propia de Alarcn, predicando
contra la matanza y definiendo la suprema nobleza. Ni debe olvidarse _El
Anticristo_, tragedia religiosa inferior a las de Caldern y Tirso; de
argumento a ratos monstruoso; pero donde sobresale, por sus actitudes
hierticas, la figura de Sofa, y donde se encuentran pasajes de los ms
elocuentes de su autor, de los que ms se acercan al tono lrico: as el
que comienza: "Babilonia, Babilonia"...

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Tiene la comedia dos grandes tradiciones, que suelen llamarse,
recortando el sentido de las palabras, romntica y clsica, o potica y
realista. Ambas reconocen como base necesaria la creacin de vida
esttica, de personajes activos y situaciones ingeniosas; pero la
primera se entrega desinteresadamente a la imaginacin, a la alegra de
vivir, a las emociones amables, al deseo de ideales sencillos, y confina
a veces con el idilio y con la utopa, como en _Las aves_ de Aristfanes
y _La tempestad_ de Shakespeare: la segunda quiere ser espejo de la vida
social y crtica en accin de las costumbres, se cie a la observacin
exacta de hbitos y caracteres, y a menudo se aproxima a la tarea del
moralista psiclogo, como Teofrasto o Montaigne. De la primera han
gustado genios mayores: Aristfanes y Shakespeare, Lope y Tirso. Los
representantes de la segunda son artistas limitados, pero admirables
seores de su dominio, cultores delicados y perfectos. De su tradicin
es patriarca Menandro: a ella pertenecen Plauto y Terencio, Ben Jonson,
Moliere y su numerosa secuela. Alarcn es su representante de genio en
la literatura espaola,--muy por encima de Moratn y su grupo,--y Mxico
debe contar como blasn propio haber dado bases, con elementos de
carcter nacional, a la constitucin de esa personalidad singular y
egregia.

PEDRO HENRIQUEZ UREA

(_Don Juan Ruiz de Alarcn_, conferencia de 1913).

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EL MEXICO DE ALARCON


Hacia 1581 naci--en la ciudad de Mxico--Don Juan Ruiz de Alarcn y
Mendoza. Por su padre, Pedro Ruiz de Alarcn, descenda de una noble
familia de Cuenca, y por su madre, doa Leonor de Mendoza, estaba
emparentado con lo ms ilustre de Espaa. Su abuelo materno, Hernando de
Mendoza, se haba establecido en la Nueva Espaa, tal vez buscando la
proteccin del primer virrey, el benemrito Don Antonio de Mendoza, que
era su pariente. A la nobleza de su nombre en Espaa, una la familia el
ttulo de ser una de las ms antiguas de la colonia. Don Pedro, el padre
del poeta, figura como minero del Real de Taxco, poblacin del actual
Estado de Guerrero, al Sur de la ciudad de Mxico, que los viejos libros
describen como famosa por sus ricos metales, y "siempre apreciable por
la benignidad de su temperamento, por lo sereno y apacible de su cielo,
por la bondad de sus aguas"[1]. Decada de su antiguo esplendor hacia
fines del siglo XVIII, conserva todava hermosos templos y casas
seoriales que se destacan sobre el paisaje de lneas puras y el dibujo
fino de la serrana[2]. Los conquistadores haban acudido a Taxco
atrados por la fama de que sus minas pagaban al emperador Moctezuma el
vasallaje en ladrillos de oro.

[Nota 1: Jos Antonio Jimnez y Fras, _El Fnix de los mineros
ricos de la Amrica_. Mxico, 1779.]

[Nota 2:--A. Peafiel, _Ciudades coloniales y capitales de la
Repblica mexicana, Estado de Guerrero_, Mxico, 1908.--_La arquitectura
en Mxico, Iglesias_, por Genaro Garca y Antonio Corts. Mxico. 1914.]

La ciudad de Mxico,--en cuya Universidad comienza Alarcn sus estudios
por 1592,--fundada segn las lneas de la villa espaola, tena ya, a
fines del siglo XVI, un carcter propio, impuesto por las condiciones
sociales en que se desarroll la Conquista. La raza triunfante viva de
la raza postrada, y todo criollo, por el hecho mismo de serlo, estaba
acostumbrado a portarse como seor. Pronto la sociedad cobra un tinte de
reposada aristocracia, que contrasta vivamente con el mpetu aventurero
del espaol recin venido. Mientras las Indias son para el peninsular
algo como un revuelto paraso de lucro y de placer, el nativo de ellas
las tiene por tierra de natural nobleza.

Don Juan heredaba, pues, con su nombre, las preocupaciones de una
nobleza aeja y legitima, y el orgullo delicado del criollo espaol bien
quisto, pariente y amigo de virreyes. Siempre le haba de envanecer este
timbre, y ms tarde, haba de atraerle las burlas de los desenfrenados
ingenios de Madrid. Por toda su obra se nota el rastro que dej en su
espritu el trato de la sociedad colonial y el recuerdo de su vida
aristocrtica.

Para los tiempos de Alarcn--y aun medio siglo antes, cuando la describe
Francisco Cervantes de Salazar en _sus Dilogos latinos_--ya tena la
ciudad de Mxico ese aspecto monumental que, en continuada tradicin,
haba de hacer de ella la ms hermosa ciudad del Nuevo Mundo. Ms tarde,
como todos los mexicanos saben, Alejandro de Humboldt la llamara _la
ciudad de los palacios_[3]. A travs de su comba lente de poeta,
Bernardo de Valbuena nos la hace ver en 1603 revestida de extraordinaria
belleza.

[Nota 3: V. sobre la arquitectura de Mxico la obra de Sylvester
Baxter, _Spanish-Colonial Architecture in Mexico_. Boston, 1901, y la
utilsima de Federico E. Mariscal, _La patria y la arquitectura
nacional_, Mxico, 1915.]

La Universidad de Mxico fu fundada a mediados del siglo XVI, con todos
los privilegios y pompas de la salmantina; y ampliando poco a poco su
plan, lleg a ser una buena copia da su modelo. En tiempos de Alarcn,
conquistada la parte mejor de la tierra, la carrera de las letras
comenzaba a ser ms deseable que las de las armas para los hijos de
buena familia que aspiraban a los cargos del Estado.

De Espaa haban ido a servir a la nueva Universidad varones tan doctos
como el mismo Cervantes de Salazar, el jurista Bartolom Fras de
Albornoz, celebrado por el Brocense, y el filsofo aristotlico Fray
Alonso de la Veracruz, grande amigo de Fray Luis de Len. Y ya las
amplias posibilidades de la vida mexicana haban atrado a poetas y
literatos como Gutierre de Cetina, Juan de la Cueva, Eugenio Salazar de
Alarcn, sin contar la multitud de cronistas que acudan a relatar las
que entonces se llamaban "hazaas de la Iglesia". Poco despus, durante
la juventud de Alarcn, fueron a Mxico Luis de Belmonte, Diego Meja,
Mateo Alemn. Y buen testimonio de la cultura propia de Mxico dan los
poetas como Francisco de Terrazas y Antonio de Saavedra Guzmn.
Beristin, en su _Bibliografa_ (1816-21), cita ms de cien literatos
slo en el siglo XVI, y Fernn Gonzlez de Eslava, en uno de sus
_Coloquios espirituales_ (1610) hace decir a Doa Murmuracin
desenfadadamente que "hay ms poetas que estircol". Gonzlez de
Eslava--no se sabe si de extraccin espaola--es ya un poeta de
educacin mexicana, como asimismo lo fu Bernardo de Valbuena.

La imprenta, cuya actividad comenzara desde 1539, haba ya tenido
tiempo de hacer cerca de doscientas publicaciones para fines del siglo
[4].

[Nota 4:--J. Garca Icazbalceta, _Bibliografa Mexicana del siglo
XVI_, Mxico, 1886, y Jos Toribio Medina, _La Imprenta en Mxico_,
Santiago de Chile, 1907-12.]

El teatro, finalmente, inaugurado por los misioneros para objetos de
catequismo, se desarroll de tal manera, que ya por 1597 tena edificio
propio en la _casa de comedias_ de don Francisco de Len. Poco despus,
al decir de Valbuena, hubo "fiesta y comedias nuevas cada da"[5].

[Nota 5: J. Garca Icazbalceta, prlogo de los _Coloquios
Espirituales y Sacramentales_, de Fernn Gonzlez de Eslava, Mxico,
1887; Luis Gonzlez Obregn, _Mxico Viejo_, 1521-1821, Mxico, 1900;
diversas ediciones de autos mexicanos hechas por F. del Paso y Troncoso;
y F. A, de Icaza, _Orgenes del teatro en Mxico_, Boletn de la Real
Academia Espaola, 1915, II, 57-76.]

As pues, cuando don Juan Ruiz de Alarcn--acabados en aquella
Universidad los estudios de Artes y casi todos los de Cnones,--se
embarc para la vieja Espaa en 1600, con nimo de continuar su carrera
en la famosa Salamanca, haba ya vivido en un ambiente de sello
inconfundible y propio los veinte primeros aos de la vida, que es
cuando se labran para siempre los rasgos de toda psicologa normal.

ALFONSO REYES

(Prlogo a la edicin Calleja de _Pginas escogidas de Alarcn_, Madrid,
1918).

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LA OBRA DE ALARCON


Representa la obra de Alarcn una mesurada protesta contra Lope, dentro,
sin embargo, de las grandes lneas que ste impuso al teatro espaol. A
veces sigue muy de cerca al maestro, pero en otras logra manifestar su
temperamento de moralista prctico de un modo ms independiente. Y, en
uno y otro caso, da una nota sobria, y le distingue una desconfianza
general de los convencionalismos acostumbrados, un apego a las cosas de
valor cotidiano, que es de una profunda modernidad, y hasta una escasez
de vuelos lricos, provechosamente compensada por ese tono "conversable
y discreto" tan adecuado para el teatro. Nota Pedro Henrquez Urea que
es Alarcn un temperamento en sordina, preciosa anomala de un siglo
ruidoso; y Menndez Pelayo escribe: "Su gloria principal ser siempre la
de haber sido el clsico de un teatro romntico, sin quebrantar la
frmula de aquel teatro ni amenguar los derechos de la imaginacin en
aras de una preceptiva estrecha o de un dogmatismo tico; la de haber
encontrado, por instinto o por estudio, aquel punto cuasi imperceptible
en que la emocin moral llega a ser fuente de emocin esttica..."

Complejsima debi ser la elaboracin de esta psicologa refinada. Un
claro sentimiento de la dignidad humana parece ser su ltimo fondo, y a
medida que del yo ntimo avanzamos hacia sus manifestaciones sociales y
estticas, vamos encontrando, como otras tantas atmsferas espirituales,
un viril amor de la sinceridad, que nunca desciende a la crudeza; un
gran entusiasmo por la razn, que quisiera instaurar sobre la tierra el
rgimen de la inteligencia, y siempre dedicado a mostrarnos el
desconcierto de las existencias que gravitan fuera de esta ley superior;
cierto orgullo caballeresco del nombre y la prosapia, por aficin al
mayor decoro de la vida, como una nueva dignidad que sirve de mscara a
la dignidad interior; el gusto de la cortesa y el cultivo de las buenas
formas, freno perpetuo de la brutalidad, que hace vivir a los hombres en
un delicado sobresalto; el disgusto de la rutina y los convencionalismos
de su arte, pero sin consentirse--por el culto de la moderacin--estallidos
revolucionarios; una elegancia epigramtica en sus palabras, y en sus
retratos un objetivismo discreto; una actitud de cavilacin ante la vida,
ocasionada tal vez por su desgracia y defectos personales, y hasta por
cierta condicin de extranjero, que todos se encargaban de recordarle;
finalmente, una apelacin a todas las fuerzas organizadoras de que el
hombre dispone, una fe perenne en la armona, un ansia de mayor
cordialidad humana, que imponen a su vida y a su obra un sello de candidez.

Entre la revuelta jaura literaria, burlado y herido, Ruiz de Alarcn no
se convence de que la naturaleza humana sea fundamentalmente mala, y
busca por todos los medios una conviccin externa, objetiva. Satisfecho
de su fama potica, reclama, con decente naturalidad, su parte en las
comodidades del mundo, y entonces aspira a ser un buen ministro. Dudamos
de que haya sido feliz; nada sabemos de su hogar, e ignoramos quin era
Angela Cervantes. Pero noble amor el de la fama! l cuida al poeta como
un verdadero demonio familiar y, descontando las penalidades presentes,
le permite proyectar a travs del tiempo la imagen ms pura de s mismo,
y la ms feliz. El arte es tambin desquite de la vida, y bienaventurado
el que puede alzar la estatua de su alma con los despojos de esta
realidad que todos los das nos asalta.

_Una mesurada protesta contra Lope_.--No slo por su posicin crtica
ante algunas convenciones del teatro, como la conducta de sus graciosos,
que--dice Barry--, a pesar de Lope y de la antigedad, no son siempre
bribones, ni siempre se casan necesariamente al tiempo que sus amos[6].
De esta rutina, que da por momentos a la comedia cierto aire de danza
ritual, a travs de las situaciones simtricas y contrarias de amos y
criados, ya se burlaba Quevedo en la "Premtica" inserta en _El Buscn_;
tambin Tirso de Molina censura la intimidad inverosmil entre el amo y
el criado[7]. Ni siquiera pararon siempre en casamiento las comedias de
Alarcn, aunque no sea nico en esto. No era su teatro un teatro de
fantasa y diversin como el de Tirso, sino de realismo y pintura de
caracteres. Pero nada de esto le es privativo, aunque todo ello concurra
a darle relieve distinto. Sino que en Lope, en el tipo fundamental de la
comedia espaola, la invencin lo es todo, y aquella rfaga avasalladora
de accin deshace hasta la psicologa, y si no arrasa tambin la tica
(yo creo que muchas veces la arrasa), es porque el sentido moral se
salva prendido provisionalmente a las nociones mecnicas del "honor".
Alarcn, en cambio, procura que su accin tenga una verdad interna y,
como no puede menos de valerse de convenciones, hace disertar a sus
personajes--tal sucede en _La verdad sospechosa_--, para que se
demuestren a s mismos, por decirlo as, la verosimilitud de la accin
en que estn comprometidos; y, de tiempo en tiempo, pone en sus labios
resmenes de los episodios que nos permitan apreciar su sentido. Por eso
deca Barry que se propone desarrollar una sola intriga, huyendo de la
confusin de asuntos, y que "no sin cierta dificultad" la lleva a
trmino. Esto paga a la debilidad de los recursos dramticos de su
tiempo. Algo de aquel disgusto por lo convencional que su "Don Domingo
de don Blas" lleva a las cosas de la vida, anima a Alarcn en la esfera
del arte. Y _La verdad sospechosa_, su obra ms caracterstica,
verdadero compendio de su teatro, no podra tambin interpretarse como
una irona inconsciente de los procedimientos teatrales en boga? Su
final es fro y desconsolador: Corneille no se atrevi a conservarlo en
su adaptacin francesa (_Le Menteur_), anulando el sentido que la
comedia tiene hoy para nosotros. Como en un cuento del humorista
norteamericano Mark Twain, la accin procede de una en otra
mixtificacin, hasta que el hroe tropieza contra un verdadero muro
infranqueable. Lo ordinario es que en el teatro espaol los hroes se
abran paso de cualquier modo; pero en _La verdad sospechosa_--si no
para Alarcn, s para sus lectores modernos--las leyes del orden, las
fuerzas de la razn se vengan: "La mano doy, pues es fuerza", dice Don
Garca, y ste es el resultado ms lgico de su trama de embustes.

[Nota 6: _Los favores del mundo_, acto II, escenas 1 y 2, y _La
Verdad sospechosa_.]

[Nota 7: _Amar por seas_, acto I, escena I.]

ALFONSO REYES

(Prlogo a la edicin de _La verdad sospechosa_ y _Las paredes oyen_ en
los Clsicos Castellanos de La Lectura, Madrid, 1918)

       *       *       *       *       *




ALARCON EL CORCOVADO


Entre las fisonomas literarias espaolas que el tiempo y la
investigacin erudita han ido aclarando y definiendo, pocas ms
afortunadas que la de Don Juan Ruiz de Alarcn. De una parte, ha
contribudo a ello su relativa sobriedad en el producir. Slo
veintitantas comedias tenemos de su mano. Ante la inagotable vena de
otros contemporneos suyos, de Tirso, por ejemplo, para no hablar de
Lope, a quien nadie quiz ley nunca por entero, esta continencia de
Alarcn es ya, por s sola, harto caracterstica. De otra parte, el
hecho de haber nacido en el mundo colonial le ha valido a Alarcn buen
nmero de aficionados y devotos en las nuevas generaciones de aquellos
pases, que hoy entran con marcha segura en los nuevos mtodos
histricoliterarios, ganosas de escudriar cuanto haya de grande y de
bello en su pasado prximo. Despus del trabajo respetable de Don Luis
Fernndez Guerra, ya anticuado, y de las aportaciones de Prez Pastor y
Rodrguez Marn,--sin contar algunas sugestiones de Menndez y Pelayo,
felicsimas y muy luminosas, con estar hechas de pasada,--los estudios
alarconianos han tomado nuevo impulso en Amrica, merced a las rebuscas
eruditas de Don Nicols Rangel, y sobre todo a la honda labor de Don
Pedro Henrquez Urea. Ahora en Madrid salen simultneamente dos
volmenes de Alarcn, uno con dos comedias, en la coleccin de _Clsicos
castellanos_, y otro de _Pginas escogidas_, en la _Biblioteca Calleja_,
ambos por diligencia de Don Alfonso Reyes, que los ha ilustrado con
importante labor crtica en prlogos y anotaciones.

Resumen estos libros todo lo hecho hasta aqu en el estudio de Alarcn,
tanto en investigaciones documentales como en interpretacin esttica;
hay, adems, en ellos cuanto podra esperarse, conocidas la seriedad y
cultura del literato que los ha dado a la imprenta. La ciencia
literaria, la seguridad del gusto, la novedad expositiva, tan rica en
alusiones y puntos de vista, con que los papeles crticos que avaloran
la fidelidad de los textos estn trazados, son dignos de incondicional
encomio. A estos libros tendr que acudir en adelante todo el que se
interese por el autor de _La verdad sospechosa_.

Podemos ver aqu cmo es Alarcn. Las burlas de que fu objeto por parte
de sus contemporneos han llegado hasta nosotros, ms todava que sus
comedias, casi nunca representadas en tiempos recientes. Son stas, al
lado de las de Lope, ruidosas, gallardas, empenachadas, o de la
insinuante agudeza de las de Tirso, modelos de reposo y de discrecin;
en ellas la razn se impone y la fantasa se somete. Acaso la poesa
tambin: es raro, en Alarcn, el transporte lrico, tan frecuente en los
dramticos de su tiempo. Las escasas obras no teatrales que de l nos
quedan son versos de circunstancias, sin mrito alguno. Es el hombre de
teatro, sin cario por las dems formas literarias; y aun sus comedias
parece que las consider como _virtuosos efectos de la necesidad_, para
entretener la espera de los cargos que pretenda. Logrados sus anhelos,
casi se aparta del teatro. Desde 1626 ya es persona importante: relator
interino primero, propietario despus, en el Consejo de Indias. Cuando
publica sus comedias, en 1628 y en 1634, la vida literaria es cosa
pasada para l.

Los epigramas que le dispararon sus mulos, reunidos en antologa,
pueden caracterizar el Parnaso de los comienzos del siglo XVII. Con _La
que adelante y atrs--gmina concha te viste_, se retrata en vocabulario
e inversin Don Luis de Gngora. Quin sino Quevedo podra decir: _Don
Talegas--por una y por otra parte_? Tantas alusiones a su desdichada
figura, aunque l procurase pararlas con alfilerazos y donaires, haban
de amargarle la vida. Hasta en sus finos modales y atildada cortesa
encontraban reparo los ingenios de la corte; les pareceran--y en eso la
corte no ha tenido tiempo de variar en tres siglos--marca segura de
inferioridad provinciana.

El pobre corcovado, zaherido a todas horas y en todas partes, repetira
ms de una vez, para sus adentros, aquella redondilla que escribi en
_Las paredes oyen_:

    En el hombre no has de ver
    la hermosura o gentileza:
    su hermosura es la nobleza;
    su gentileza, el saber.

De noble y bien nacido blason siempre Alarcn; el tono moderado y
severo de moralista, que le seala y distingue entre todos los
dramticos de su poca, casa muy bien con tales aspiraciones,
desesperadamente abrazadas, a la falta de otros ideales, que huan de su
figurilla contrahecha. Esa redondilla, que si fuera de Lope se nos haba
de antojar afectada y pegadiza, en Alarcn asume plena virtud
representativa y vale por una confesin.

ENRIQUE DEZ-CANEDO

(_Divagaciones literarias_, Madrid, 1922).




LOS FAVORES DEL MUNDO

Comedia en tres actos.

PERSONAS:

GARCI-RUIZ DE ALARCON.
DON JUAN DE LUNA.
EL PRINCIPE DON ENRIQUE.
DON DIEGO, viejo, to de Anarda.
EL CONDE MAURICIO.
LEONARDO, su criado.
HERNANDO, gracioso.
GERARDO, paje del Prncipe.
ANARDA, dama.
JULIA, dama.
INS, criada de Anarda.
BUITRAGO, escudero.
DOS PAJES.
[CRIADOS.]

[La escena es en Madrid.]




ACTO PRIMERO

[_Llano al pie del parque de Madrid_.]


[ESCENA PRIMERA]

[Salen GARCIA y HERNANDO, de color.]

HERNANDO. Lindo lugar!

GARCIA.      El mejor;
todos, con l, son aldeas.

HERNANDO. Seis aos ha que rodeas
aqueste globo inferior,
y no v en su redondez
hermosura tan extraa.

GARCIA. Es corte del rey de Espaa,
que es decillo de una vez.

HERNANDO. Hermosas casas!

GARCIA.      Lucidas;
no tan fuertes como bellas.

HERNANDO. Aqu, las mujeres y ellas
son en eso parecidas.

GARCIA. Que edifiquen al revs
mayor novedad me ha hecho;
que primero hacen el techo,
y las paredes despus.

HERNANDO. Lo mismo, seor, vers
en la mujer, que adereza,
al vestirse, la cabeza
primero que lo dems.

GARCIA. Bizarras las damas son.

HERNANDO. Diestras, pudieras decir
en la herida del pedir,
que es su primera intencin.
Cfrase, si has advertido,
en la de mejor sujeto,
toda la gala en el peto,
toda la gracia en el pido.
Tanto la intencin cruel
slo a este fin enderezan,
que si el "Padre nuestro" rezan,
es porque piden con l.
Hoy a la mozuela roja
que en nuestra esquina vers,
dije al pasar: Cmo ests?
y respondi: Para aloja.

GARCIA. Con todo, siento aficin
de Madrid en t.

HERNANDO.      Y me hicieras
merced, si aqu fenecieras
esta peregrinacin;
que molern a un diamante
seis aos de caminar
de un lugar a otro lugar,
hecho caballero andante.

GARCIA. Hernando, estoy agraviado,
y segn leyes de honor,
debo hallar a mi ofensor;
no basta haberlo buscado.
Mas no pienses que me canso,
que hasta llegar a matalle,
de suerte estoy, que el buscalle
tengo solo por descanso.
No a mitigarme es bastante
tiempo, cansancio ni enojos;
que siempre tengo en los ojos
aquel afrentoso guante.
Ah, cielos! en qu lugar
escondeis un hombre as?
Cielos, o matadme a m,
o dejdmelo matar!
Yo, que en la africana tierra
tantos moros he vencido;
yo, que por mi espada he sido
el asombro de la guerra;
yo, que en tan diversas partes
fij, a pesar del pagano
y el hereje, con mi mano
catlicos estandartes,
he de vivir agraviado
tantos aos, cielo? Es bien
que est deshonrado quien
tantas honras os ha dado?

HERNANDO. Por Dios te pido, seor,
que no te aflijas as;
que yo espero en Dios que aqu
has de restaurar tu honor.
Si las seas no han mentido,
Don Juan en Madrid est;
sufre lo menos, pues ya
lo ms, seor, has sufrido.
Deja esa pena inhumana,
no pienses en tu contrario.

GARCIA. Es pedir al cuartanario
que no piense en la cuartana.

HERNANDO. Divirtete, considera
cmo est en caniculares,
con ser pobre, Manzanares,
tan honrada su ribera,
que dl dijo una seora,
cuyo saber he envidiado,
que es, por lo pobre y honrado,
hidalgo de los de agora.
Bien puede aliviar tus males
ver ese parque, abundoso
de conejo temeroso,
blanco de tiros reales.

GARCIA. Detente. No es mi enemigo
el que miro?

HERNANDO.      Don Juan?

GARCIA.           S,
el que viene hablando all,
con aquel coche...

HERNANDO.      Yo digo
que me parece Don Juan,
pero no puedo afirmallo.

GARCIA. Ya ves que importa no errallo.
Pues tan divertidos van,
al descuido has de acercarte,
y con cuidado mirar
si es l, que yo quiero estar
escondido en esta parte
hasta que vuelvas. Advierte
que certificado quedes;
despacio mirarlo puedes,
que l no podr conocerte.

HERNANDO. El coche par; una dama
sale; l sirve de escudero.

GARCIA. Acaba, vete.

HERNANDO.      El cochero
me dir cmo se llama.   (_Vase._)

(Salen Anarda y Julia con mantos, y don Juan.)

[_Vase Hernando, Garca se esconde a un lado, y por
el opuesto salen Anarda, Julia y Don Juan._]


[ESCENA II]

[ANARDA y JULIA con mantos; DON JUAN.--GARCIA, oculto]

JUAN. El Prncipe, mi seor,
que deste parque en la cuesta
dando est con la ballesta
licin y envidia al amor,
como vuestro coche vio,
contento y alborotado,
a daros este recado,
bella Anarda, me envi.
Miraldo en aquel repecho,
sobre el hombro la ballesta,
la mira en el blanco puesta,
que sigue tan sin provecho.

ANARDA. Al parque, Don Juan, subiera,
no dando que murmurar;
mas est todo el lugar
de ese ro en la ribera.
Perdn me ha de dar su Alteza,
y porque pueda advertir
que nace en m el no subir
de honor, y no de esquiveza,
aqu me quiero asentar,
(_Sintanse las damas, Don Juan se arrodilla_.)
donde el Prncipe me vea,
que ver lo que se desea,
algo tiene de gozar;
y vos, que con l privis,
estaos aqu, porque arguya
que esta fortaleza es suya,
pues por alcaide quedis.

JULIA. [_Hablando aparte con Anarda_.]
Parece que se mitiga
tu acostumbrado rigor.

ANARDA. A esto me obliga el temor,
ya que el amor no me obliga.
De rodillas?      [_A Don Juan_.]

JUAN.           Tus despojos
adoro.

ANARDA.      Mucho te humillas.

JUAN. No pondr yo las rodillas
donde el Prncipe los ojos?
Y cuando no a tu deidad
tal veneracin le diera,
a tu prima se la hiciera,
pues adoro su beldad.

     (_Sale Hernando_.)


[ESCENA III]

[HERNANDO.--ANARDA, JULIA, DON JUAN, GARCIA.]

GARCIA. [_Saliendo al encuentro a Hernando y hablando con
l, sin ser vistos de Don Juan ni las damas_.]
     Es Don Juan?

HERNANDO.      Sin duda alguna,
que yo pregunt al cochero:
quin es este caballero?
y dijo: Don Juan de Luna.

GARCIA. En cas del embajador
de Ingalaterra te espero.
Con mis joyas y dinero
ponte en salvo.

HERNANDO.      Voy, seor.      (Vase.)

(_Saca la espada y embiste a Don Juan; l te levanta
     y la saca_.)

GARCIA. Aqu pagar tu vida
tu atrevimiento.

JUAN.           Detente.

GARCIA. Ah, Don Juan! aqu no hay gente
que la venganza me impida.

ANARDA. Qu confusin!

JULIA.      Prima ma,
qu haremos?

ANARDA.      Oh trance fuerte!

JUAN. Veniste a buscar tu muerte?
No me conoces, Garca?

GARCIA. Tanto mayores sern,
si aqu te venzo, mis glorias,
cuanto lo son tus victorias.

ANARDA. Vencido cay Don Juan!

(_Vienen a los brazos, cae debajo Don Juan, saca la
    daga Garca y levanta a dalle una pualada_.)

GARCIA. Ya lleg el tiempo en que salga
de tanta afrenta. Enemigo,
este es tu justo castigo!

[_Va  darle una pualada_.]

JUAN. Vlgame la Virgen!

GARCIA.      (_Detiene el brazo levantado, y levntase_)
               Valga;
que a tan alta intercesora
no puedo ser descorts.

JUAN. Djame besar tus pies.

GARCIA. Don Juan, a nuestra Seora,
Vrgen. Madre de Dios hombre,
de la vida sois deudor;
que refrenar mi furor
pudiera slo su nombre.

JUAN. Matadme, que ms quisiera
morir, que haber agraviado
a quien la vida me ha dado.

GARCIA. Ms queda desta manera
satisfecha la honra ma;
que si ya pude mataros,
ms he hecho en perdonaros
que en daros la muerte hara.
Matar pude, vencedor
de vos solo; mas as
he vencido a vos y a m,
que es la vitoria mayor.
Slo falt derribar
el brazo ya levantado;
ms fu perdonar airado,
que era, pudiendo, matar.

ANARDA. [_Ap_.] (De turbada estoy sin m)
Necio, descorts, grosero,
si valiente caballero,
fuera bien mirar que aqu
estaba yo, para dar
a ese intento dilacin.
Faltraos otra ocasin
de poderlo ejecutar?

GARCIA. En que os habis ofendido
reparad, seora ma,
llamando descortesa
lo que ceguedad ha sido.
Ciego llegu del furor;
que quin, seora, os mirara,
que suspenso no quedara
o de respeto o de amor?

ANARDA. Vanas las lisonjas son,
cuando con lo que intentastes
de ningn modo guardastes
el decoro a mi opinin.
Qu dijeran los que estn
buscando qu murmurar,
viendo a mi lado matar
un hombre como Don Juan?

JUAN. Si adverts, seora ma,
perdn merece en su error
quien, por tener mucho honor,
tuvo poca cortesa.

ANARDA. Bueno es disculparlo vos!

JUAN. No estoy a hacello obligado,
cuando la vida me ha dado?

     (_Sale un paje_.)


[ESCENA IV]

[GERARDO.--GARCIA, DON JUAN, ANARDA, JULIA.]

GERARDO. Su Alteza llama a los dos.

GARCIA. El Prncipe?

GERARDO. Veislo all.

JUAN. No tenis que alborotaros,
que presto pienso pagaros
lo que habis hecho por m.

               [_A las damas_.]

Su Alteza a llamarme enva.

ANARDA. Bien es que le obedezcis.

JUAN. Si el coche, Anarda, tomis,
dejaros en l querra.

ANARDA. Desde aqu del aire y soto
gozar queremos las dos.

JUAN. Julia, adis.

JULIA.      Don Juan, adis.

               (_Vase Don Juan_.)

GARCIA. Perdonad este alboroto,
si puedo esperar perdn
de quien, slo con mirar,
da muerte.

ANARDA. De perdonar
vos me habis dado licin.

JULIA. Qu bizarro caballero!
Las almas lleva tras s.

          (_Sale Hernando_.)


[ESCENA V]

[HERNANDO.--GERARDO, GARCIA, DON JUAN, ANARDA, JULIA.]

GARCIA. [_Encontrndose con su criado al retirarse y hablando
aparte con l_.]
Aqu ests?

HERNANDO.      Quise de aqu
ver el suceso primero.

GARCIA. Qudate, y sabe quin son
esas mujeres.

HERNANDO.
               Ya ests
herido?

GARCIA.      En ellas vers
si es bastante la ocasin.

     _Vase_ [_Garca, Hernando se queda en el fondo_.]


[ESCENA VI]

[ANARDA, JULIA, GERARDO, HERNANDO, _retirado_.]

GERARDO
El Prncipe, mi seor,
que este caso viendo ha estado,
os dice que se ha alegrado
de tener competidor;
que a su privado ha querido,
porque os hablaba, ofender;
que dueo debe de ser
quien cela tan atrevido.

ANARDA. Decid, Gerardo, a su Alteza,
que mostrrseme penado
deste susto que me han dado,
fuera ms alta fineza
que condenarme a liviana
con tanta resolucin
por slo la informacin
de una conjetura vana.
Que ya de Don Juan sabr
cun otra la causa ha sido,
y de haberme as ofendido
el yerro conocer.
Y porque entienda que yo
no s a dos favorecer,
le suplico haga prender
al que mi agravio caus
Id con Dios.

GERARDO.      Quede contigo.      (_Vase_.)


[ESCENA VII]

[ANARDA, JULIA, HERNANDO, _retirado_.]

JULIA. Yo pens que mereca
su humildad y cortesa
antes premio que castigo.
Villana ests, por mi fe,
con quien perdn te pidi.
(_Ap_. Prndaos Anarda, que yo,
forastero, os librar.)

ANARDA. Oh, qu mal me has entendido!
Ves este enojo y rigor?
pues ardides son que amor
ha trazado y ha fingido.

JULIA. Quieres al Prncipe ya?

ANARDA. Nunca tan necia te v.
Quien vi el forastero, d,
cmo otro dueo querr?
Aquel bizarro ademn
con que la espada sac,
el valor con que venci
y di la vida a Don Juan;
la gala, la discrecin
en darme disculpa, el modo,
gentileza y talle, todo
me ha robado el corazn.

JULIA. (_Ap_.) Rabiando estoy de celosa!

ANARDA. Y as, por volver a vello,
lo aseguro con prendello,
de que se ir temerosa,
porque forastero es.

JULIA. Cuando se apart de aqu,
al oido hablar le v
a aquel mancebo que ves.
l informarte pudiera.

ANARDA. Bien dices: hablalle quiero.

JULIA.(_Ap_.) As, ha de ser, forastero,
mi contraria mi tercera.

ANARDA. Ah caballero!

HERNANDO. (_Ap_.      Si a m
caballero me llam?
tan buen talle tengo yo?)
Es a m, seora?

ANARDA.           S.

HERNANDO. Extra la nueva forma,
cuando me v caballero;
si bien no soy el primero
que en la corte se trasforma.
Mas son vanas intenciones
cuando con pobreza lidio,
que es el dinero el Ovidio
de tales trasformaciones.
Pero si puedo serviros,
dama, sin ser caballero,
mandadme.

ANARDA.      Pediros quiero...

HERNANDO. Pues bien podis despediros.
Para pedirme, decid,
slo me llamis las dos?
Animosas sois, por Dios,
las mujeres de Madrid.
Que pida la que se ve
de m rogada y querida,
vaya; mi amor la convida,
y pues pido, es bien que d.
Que la mujer que hablo yo
en la iglesia, tienda o calle,
me pida, vaya; el hablalle
ya por ocasin tom.
Mas llamarme, hacerme andar,
y luego pedirme! Es cosa
el dar tan apetitosa,
que he de andar yo para dar?

ANARDA. Lo que pediros intento,
slo hablar ha de costaros.

HERNANDO. De eso bien me atrevo a daros
cuanto os pinte el pensamiento.

ANARDA. Oid, pues.

HERNANDO.      Decid, seora.

ANARDA. Que me digis slo quiero
quin es aquel forastero
que al odo os habl agora.

HERNANDO. Con que vos, seora ma,
antes quin sois me digis,
os lo dir; y no tengis
lo que os pido a grosera;
porque sin saber a quin,
decir quin es no conviene,
puesto que enemigos tiene.

ANARDA. Qu cauto sois!

HERNANDO.      Hago bien;
que en la corte es menester
con este cuidado andar;
que nadie llega a besar
sin intento de morder.

ANARDA. Si as ha de ser, yo me llamo
Doa Lucrecia Chacn.

HERNANDO. Garci-Ruiz de Alarcn
es el nombre de mi amo.

ANARDA. Es caballero?

HERNANDO.      Tan mal
os informa su apellido?
La Mancha no lo ha tenido
ms antiguo y principal.
Y sin el nombre, el sujeto
os pudiera haber mostrado
su calidad.

ANARDA.      Es casado?

HERNANDO. No, sino hombre muy discreto.

ANARDA. Dte el cielo buenas nuevas.

JULIA. [_Ap. a Anarda_.] Disimula. Loca ests.

ANARDA. [_Ap. a Julia_.] Qu quieres?

JULIA. [_Ap. a Anarda_.] Pregunta ms,
sin mostrar el fin que llevas.

ANARDA. Es rico?

HERNANDO.      Gracias a Dios
que llegamos al lugar!
Si querades preguntar
solo ese punto las dos,
qu sirve parola vana
y hablar de falso primero?
Bien s que apunta al dinero
toda aguja cortesana.

ANARDA. Ya no lo quiero saber,
por mostrar otros cuidados.

HERNANDO. Pues hasta dos mil ducados
de renta, deben de ser
los que en sus vasallos tiene.

ANARDA. A qu vino a este lugar?

HERNANDO. Ese es mucho preguntar.

ANARDA. Slo si de espacio viene me decid.

HERNANDO. Si no es aqu rmora un nuevo cuidado...

ANARDA. Hase acaso enamorado?

HERNANDO. (Picaisos?) [_Ap_.]
Pienso que s.

ANARDA. Malas nuevas te d Dios.

HERNANDO. (Mal disimula quien ama.) [_Ap_.]

ANARDA. Puede saberse la dama?

HERNANDO. Oso decir que sois vos.

ANARDA. Pues, cundo me ha visto?

HERNANDO. Ahora.

ANARDA. Y cmo sabis que aqu
se ha enamorado de m?

HERNANDO. Porque s que os vio, seora.

ANARDA. Lisonjas?

HERNANDO. Verdades son,
de que tengo algn indicio.

JULIA. Que viene el conde Mauricio.

ANARDA. Pues huyamos la ocasin.

[Sale el CONDE Mauricio y LEONARDO.
Se quedan en el fondo observando a las damas]


[ESCENA VIII]

LEONARDO. Lince eres en conocellas.

CONDE. Ciega amor y vista da.
Cyo criado ser
el que est hablando con ellas?

ANARDA. Tu nombre...

HERNANDO. Hernando es mi nombre.

ANARDA. De qu?

HERNANDO. Hernando, cerrilmente,
que no le sirve al sirviente
ms que el nombre el sobrenombre.

ANARDA. Mucho tu modo me obliga.
Gusto me ha dado tu humor.

HERNANDO. Eso, hablando a lo seor...

[Hablan aparte doa ANARDA y doa JULIA]

ANARDA. Dile, Julia, que nos siga,
como que sale de ti.

JULIA. (Tu mismo fuego me abrasa.) Aparte
Ven a saber nuestra casa,
que he de hablarte.

HERNANDO. Harlo as.

[Vanse las damas]

Pobretilla! Ya me quieres?
Las armas de amor trajimos,
que un hombre a matar venimos,
y hemos muerto dos mujeres.

[Vase HERNANDO]

LEONARDO. El coche toman. Huyendo
van de ti, seor.

CONDE. Cuidado me da, Leonardo, el criado.
Ves cmo las va siguiendo?

LEONARDO. Qu determinas?

CONDE. Saber
quin es su dueo y su intento,
que amor me forma del viento
mil visiones que temer.

[Vanse el CONDE y LEONARDO. Salen el PRINCIPE,
con gabn y ballesta, GARCIA y don JUAN]


[ESCENA IX]

GARCIA. Supuesto que obedecer
es forzoso a vuestra Alteza,
oya a quien ha ejercitado
ms la espada que la lengua.
Garci-Ruiz de Alarcn
es mi nombre, en las fronteras
berberiscas ms temido
que conocido en las vuestras.
Vasallos tengo en la Mancha,
que mis pasados heredan
del Zavallos, que a Castilla
abri de Alarcn las puertas.
En cindome la espada,
fu a serviros a la guerra;
que heredar honra es ventura,
y valor es merecella.
Callar quiero mis hazaas
pues que la fama os las cuenta,
y en la tierra las escriben
ros de sangre agarena.
Habr, pues, seor, seis aos
que en la batalla sangrienta
que tuvimos con los Moros
en Jerez de la Frontera,
milit Don Juan de Luna,
de cuyos rayos pudiera
el mismo sol envidiar
fuego para sus saetas,
porque su valiente espada
era encendido cometa
que a fuego y sangre amenaza
la berberisca potencia.
Al trabar la escaramuza,
con tan animosa fuerza
las huestes de frica embisten,
que las de Castilla afrentan.
Desbaratados los nuestros
olvidaron su soberbia,
y aun volvieron las espaldas;
que esto es verdad, si es vergenza.
Yo, despechado de ver
tan nunca usada flaqueza,
atjelos con la espada,
castigulos con la lengua.
O se deba a mis razones,
o al valor dellos se deba,
corridos los castellanos
repararon la carrera,
y en nuevo Marte encendidos,
revuelven con tal violencia,
que ms pareci el huir
artificio que flaqueza.
Vos, seor, al fin vencistes;
que son los reyes planetas,
y las obras del vasallo
se deben a su influencia.
Pues como yo fu la causa
de que los nuestros volvieran,
por autor de la vitoria
todo el campo me celebra:
con que en algunos cobardes
la envidia tsigo siembra;
que la pensin de las dichas
es la emulacin que engendran.
Juntos, pues, los envidiosos,
a fabricar mis afrentas,
a Don Juan de Luna eligen
para el instrumento dellas.
Solo en su valor confan,
y en la confianza aciertan,
pues a lo que l se atrevi,
nadie, sin l, se atreviera.
Dcenle, para incitallo
a la venganza que intentan,
que de su espada y valor
he hablado mal en su ausencia;
que he dicho que las espaldas
suyas, fueron las primeras,
que vieron los enemigos
en la pasada refriega.
Uno el agravio denuncia,
los otros con l contestan,
y l con falsa informacin
justamente me condena.
Y estando en corrillo un da
con otros soldados, llega
determinando Don Juan,
diciendo desta manera:
--Yo soy Don Juan, cuya Luna,
de gloriosos rayos llena,
el honor de mis pasados,
con ser inmenso, acrecienta;
vos habis dicho de m
que soy cobarde en la guerra,
sabiendo que en valenta
os venzo, como en nobleza.
--Ments en todo!, le dije;
mas hbelo dicho apenas,
cuando le tir en un guante
a mi honor una saeta;
que si bien no me lleg,
es por la desdicha nuestra
el honor tan delicado,
que del intento se quiebra.
Saqu a vengarme la espada,
y l la suya en su defensa,
que de dos humanos Joves
dos rayos vibrados eran:
y a no impedrnoslo tantos,
no digo yo cul muriera;
que con ventura se vence,
si con valor se pelea.
Al fin, no pude romper
muros de espadas opuestas;
que aunque el valor las excede,
no las igualan las fuerzas.
Ausentseme Don Juan,
y yo, en sabiendo quin eran
los autores del engao
de que result mi ofensa,
los dos, de tres, arroj
al mar desde una galera:
por las bocas me ofendieron,
y entr la muerte por ellas.
El tercero se ausent;
y a m el agravio me lleva
buscando a Don Juan de Luna
por varios mares y tierras,
determinado a matar
o morir; y a sus esferas
seis vueltas ha dado el sol
mientras yo al mundo una vuelta.
Supe que estaba en Madrid;
vine y vlo en la ribera
de Manzanares agora;
embest a vengar mi afrenta;
vino a los brazos conmigo,
donde al hijo de la tierra
en valor y fuerza excede;
pero yo al honor de Tebas.
La daga y brazo levanto,
que ardiente furia gobierna;
y l, viendo que ya en el suelo
ningn remedio le queda,
vlgame la Virgen! dice:
valga, digo, y la sentencia
revoco en el mismo instante
que al golpe empezado resta.
Este el caso; Don Juan,
pues he hablado en su presencia,
me puede enmendar agora
lo que mi memoria yerra.

JUAN. Este, seor, es el caso.

PRINCIPE. Garci-Ruiz de Alarcn,
claras vuestras obras son;
desde el oriente al ocaso
da envidia vuestra opinin.
Las ms ilustres historias
en vuestras altas vitorias
el _non plus ultra_ han tenido;
mas la que hoy ganais, ha sido
_plus ultra_ de humanas glorias.
Vuestra dicha es tan extraa,
que quisiera vive Dios!
ms haber hecho la hazaa
que hoy, Garca, hicistes vos,
que ser Prncipe de Espaa.
Porque Alejandro deca
(ved cuanto lo encareca!)
que ms ufano quedaba
si un rendido perdonaba,
que si un imperio renda.
Que en los pechos valerosos,
bastantes por s a emprender
los casos dificultosos,
el alcanzar y vencer
consiste en ser venturosos;
mas en que un hombre perdone,
vindose ya vencedor,
a quien le quit el honor,
nada la fortuna pone,
todo se debe al valor.
Si vos de matar, Garca,
tanta costumbre tenis,
matar que hazaa sera?
Vuestra mayor valenta
viene a ser que no matis.
En vencer est la gloria,
no en matar; que es vil accin
seguir la airada pasin,
y deslustra la vitoria
la villana ejecucin.
Quien venci, pudo dar muerte;
pero quien mat, no es cierto
que pudo vencer; que es suerte
que le sucede al ms fuerte,
sin ser vencido, ser muerto.
Y as, no os puede negar
quien ms pretenda morder,
que ms honra os vino a dar
el vencer y no matar,
que el matar y no vencer.
Dar la muerte al enemigo,
de temello es argumento;
despreciallo es ms castigo,
pues que vive a ser testigo
contra s, del vencimiento.
La vitoria el matador
abrevia, y el que ha sabido
perdonar, la hace mayor,
pues mientras vive el vencido,
venciendo est el vencedor.
Y ms donde a cobarda
no puede la emulacin
interpretar el perdn.
Pues tiene el mundo, Garca,
de vos tal satisfaccin,
dadme los brazos.

GARCIA.      Seor,
con que a vuestros pies me abaje
premiis mi hazaa mayor.

PRINCIPE. Esos pide el vasallaje,
y esotros debo al valor.

GARCIA. Como rey sabis honrar.

PRINCIPE. Alzad, Alarcn, del suelo,
que en el suelo no ha de estar
quien ha sabido obligar
la misma Reina del cielo.
Y que pago considero
por libranza suya, a vos
las honras que daros quiero;
que es el rey un tesorero      (_chale los brazos_)
que tiene en la tierra Dios.     (_Abrzale_)
Libre de ser derribado
ahora me juzgo yo;
que bien ser sustentado
de un brazo a quien, levantado,
tal furia no derrib.
Y as, en mi casa, Garca,
os quedad; desde este da
andemos juntos los dos;
que quiero aprender de vos
la piedad y valenta.
Gentilhombre de mi boca
os hago.

GARCIA.      Dadme esos pies.

PRINCIPE. El servirme de vos es
para vos merced muy poca,
porque es mi propio inters.
Y yo no pretendo hacer
desto premio o beneficio;
porque el cargo ni el oficio,
no premia al que ha menester
el rey para su servicio.
El un hbito escoged
de los tres.

GARCIA.      Cundo, seor,
servir tanta merced?

(_Arrodllase Don Juan_)

PRINCIPE. Aquesto a vuestro valor
y no a m, lo agradeced.
Lo mucho que habeis servido,
el hbito manifiesta.
Pues qu merced habr sido
la que a m nada me cuesta
y vos habis merecido?--
Por qu ests, Don Juan, as?

JUAN. Estas honras que le das
a Garci-Ruiz por m,
agradezco.

PRINCIPE.      Debo ms
a quien hoy me ha dado a ti.

A pagarle me apercibo
esta vida con que vivo,
en la que hoy, Don Juan, te di;
que eres, amigo, otro yo,
y en t la vida recibo.
A todos sabes honrar.


[ESCENA X]

Sale el paje GERARDO; aprtase el PRINCIPE con el paje, y hablan
aparte GARCIA y DON JUAN.

[GERARDO.--EL PRINCIPE, GARCIA, DON JUAN]

PRINCIPE. Qu hay, Gerardo?

GERARDO.      A vuestra Alteza
aparte quisiera hablar.
[_Desvase el Prncipe con el paje, y hablan aparte
    Garca y Don Juan_.]

JUAN. Merece vuestra nobleza
tan soberano lugar.

GARCIA. Un deudor en m tenis
de las honras que hoy recibo.

JUAN. Cuando a merced vuestra vivo,
nada deberle podis
por ley a vuestro cautivo.
Mas donde el sujeto es tal,
no tanto estimis que aplique
el nimo liberal
el Prncipe Don Enrique
a haceros merced igual;
porque en su real persona
puso el cielo tal nobleza,
benignidad y largueza,
que hoy os diera su corona,
a tenerla en la cabeza.

PRINCIPE. (_Ap_.) Confuso estoy.
Qu he de hacer?
Al que tanto agora honr
tengo al punto de prender?
Pues dejar de obedecer
a Anarda, cmo podr?
Oh fuero de amor injusto!
A tan heroico varn
hacer tal agravio es justo,
por slo el liviano gusto
de una mujer sin razn?
Pero prendello, qu importa,
si luego le he de soltar,
y a m me viene a librar
su prisin liviana y corta
de un largo enojo y pesar?
Pero tengo por mejor,
por mostrarme poco amante
sufrir de Anarda el rigor,
que dar nota de inconstante
a un hombre de tal valor.
Mas si la causa le digo,
bien disculpar el efeto.
No me tendr por discreto,
si aun no empieza a ser mi amigo
cuando le fo un secreto.
Mas ya s lo que he de hacer.--
Vedme esta noche, Garca.

GARCIA. Vuestro soy.

PRINCIPE.      Habis de ver
a mi padre, que poner
vuestra persona querra
en el estado que cuadre
al valor que en vos se ve.

GARCIA. Con serviros lo tendr.

PRINCIPE. Esta noche de mi padre
el hbito alcanzar.      (_Vase_.)

JUAN. Ya con l os miro yo;
que el rey Don Juan a su Alteza
nada jams le neg;
que de su padre hered
el Prncipe la largueza.      (_Vase_.)

GARCIA. En mar sangriento de cruel venganza,
de rabia, de ira y de coraje lleno,
corr tormenta, de esperanza ajeno
de llegar en mi estado a ver bonanza.
Y un sbito accidente, una mudanza
el pecho libra de mortal veneno,
y el que en mi agravio a mi furor condeno,
en el perdn produce mi esperanza.
No la privanza me movi futura;
que fortuna en sus obras desiguales
no hace de los mritos memoria;
mas debo a mi piedad esta ventura;
y por lo menos en hazaas tales,
de la gentil accin queda la gloria.     (_Vase_.)


[ESCENA XI]

[_Calle en que vive Anarda.--Es de noche_.]

Sale HERNANDO, con capa y sombrero viejo; INS.

HERNANDO. Tu nombre saber deseo.

INS. Ins.

HERNANDO.      Decirte podr
segn en m no s qu
siento despus que te veo.
Un poco te quiero, Ins.

INS. A lo menos no dirs,
pues que ya dicho lo has,
yo te lo dir despus.

HERNANDO. La lengua en amor osada
es ms dichosa y ms cuerda;
porque la mula que es lerda
tarde llega a la posada.
Enfermo es quien tiene amor,
y es el doctor el amado;
pues cmo ser curado
quien su mal calla al dotor?


[ESCENA XII]

Salen EL CONDE y LEONARDO, de noche.--

[HERNANDO, INS.]

LEONARDO. Ocupada est la puerta.

CONDE. Reconocer determino.

LEONARDO. El celoso desatino
tus acciones desconcierta.

CONDE. No me repliques. Quin es?

INS. [_Ap_]
(Este es el Conde.) Ins soy,
que gozando el fresco estoy.

CONDE. No hablo contigo, Ins,
sino con aquese hidalgo.

INS. Un soldado es, que lleg,
como a la puerta me vi,
a pedir por Dios.

HERNANDO.      Dad algo
para pagar la posada,
caballeros, a un soldado
desvergonzante y honrado,
que trae la pierna colgada
y tiene un brazo torcido,
por amor de...

LEONARDO.      Perdonad.

HERNANDO. Miren la necesidad
con que, por Dios, se lo pido.

CONDE. Queris no ser majadero?

HERNANDO. As a un pobre se responde?
(_Ap_. Este es conde? S: ste esconde
la calidad y el dinero.)          (_Vase_.)


[ESCENA XIII]

[EL CONDE, LEONARDO, INS.]

CONDE. Hermana Ins, no concierta
con el honor desta casa
ver, quien a tal hora pasa,
hombres hablando a su puerta.

INS. Un mendigo remendado
que por Dios llega a pedir
qu puede dar que decir?

CONDE. Un tercero, disfrazado
de mendigo, busca as
la ocasin a su mensaje,
y a estas horas el mal traje
no se ve, y el hombre s;
y a estar vos, como es razn,
encerrada en vuestra casa,
al mendigo y al que pasa
quitrades la ocasin.

INS. No s yo, por vida ma,
desde cundo ac o por dnde
le ha tocado, seor Conde,
el cargo a vueseora
de alcaide o de guardadamas
desta casa. Qu marido,
padre o galn admitido
es de alguna de mis amas,
para que las guarde as?

CONDE. Vive el cielo, que a no ser
de aquesta casa y mujer!...

LEONARDO. Calla, Ins, ests en ti?
As te atreves al Conde?

INS. Y al mismo rey me atreviera,
si tanta ocasin me diera.
Quien por su dueo responde
se atreve muy justamente.
Pero yo le dir a Anarda
que el Conde su puerta guarda,
para que el remedio intente.          (_Vase_.)


[ESCENA XIV]

[EL CONDE, LEONARDO.]

LEONARDO. Perdido vas.

CONDE.      Tal estoy
de celoso y desdeado,
que ya de desesperado
en nuevos intentos doy.
Ya que no puedo obligar,
vengarme slo deseo,
que estas visiones que veo,
la materia me han de dar.
El mozo que hoy en el ro
las habl y sigui despus;
hallar a la puerta a Ins
y hablarme con tanto bro;
de Anarda el airado ceo
hoy, porque al coche llegu:
todo dice, o nada s,
que esta casa tiene dueo.

LEONARDO. Eso dudas?

CONDE.      De inquirirlo
y darles pesares trato.

LEONARDO. No le saldr muy barato,
si t dasen perseguirlo,
al pobre amante el favor.

CONDE. Tenga disgustos al peso
que los tengo.

LEONARDO.      Para eso
te hizo Dios tan gran seor;
pagela quien te la hiciere.

CONDE. Bien es, para tales hechos,
vestir de acero los pechos.

LEONARDO. Quien dar pesadumbres quiere
ha de vivir con cuidado.

CONDE. Vamos por armas, que el da
ha de hallarme aqu en espa,
Leonardo, hasta ser vengado.      (_Vanse_.)


[ESCENA XV]

Salen GARCIA y HERNANDO, de noche.

GARCIA. Prosigue.

HERNANDO.      Llegse a m
el dicho conde Mauricio,
como ve que sigo el coche,
y pregntame a quin sirvo.
Digo que a nadie. l replica:
de dnde soy conocido
de aquellas damas que hablaba,
y por qu ocasin las sigo.
Que ni sigo ni conozco,
le respondo y certifico.--
Pues no os tope yo otra vez
a vista del coche (dijo),
o a palos har mataros.--
Yo me aparto, y a un mendigo,
que limosna entre los coches
pidiendo andaba en el ro,
mi capa y sombrero doy,
y estos andrajos le pido,
con que, si me ves de da,
oso engaarte a t mismo.
Con esto, y con que la noche
tambin ayuda nos hizo,
las segu, y entr en su casa,
de que estamos tan vecinos,
que es esta que ests mirando,
cuyo soberbio edificio
avaramente publica
los tesoros escondidos.
Habl con ellas; y al fin,
la que ser Lucrecia dijo,
me di de tenerte amor,
si honestos, claros indicios.
Pregunta tu casa, y yo
con decilla me despido;
de mi humor dicen que gustan,
mas yo, que a tu amor lo aplico,
me di al disfrazado brindis
de "a ms ver" por entendido.
A Ins, secretaria suya,
mandan que salga conmigo
hasta dejarme en la calle,
cosa bien fuera de estilo,
pero no de la intencin,
que presumo y averiguo
que fu, porque yo de Ins
me informase en el camino
de lo que ellas me negaron:
lance de amor conocido.
Supe que era el nombre Anarda,
y Girn el apellido
de la que Doa Lucrecia
Chacn nombrarse me dijo.
La otra es su prima, Julia
su nombre, y un viejo to
es el curador y el Argos
destas dos hurfanas Ios;
ambas por casar, y tienen
dos mayorazgos muy ricos
con que puede hacer dichoso
cada cual a su marido.
Ciertas esperanzas mas
dieron con esto en vaco,
y a Ins, envuelta en donairos,
una flecha de amor tiro.
Llegamos as a la puerta,
donde con celoso bro
se lleg a reconocerme,
determinando, Mauricio.
Dice que un mendigo soy
Ins; yo fnjolo al vivo.
l responde: no hay que daros;
yo, a fuer de pobre, porfo.
Enfadse, fume, hallte
en la posada, salimos,
las mercedes me contaste,
que hoy el Prncipe te hizo:
llegamos aqu, paramos...
Con que en breve suma he dicho
cuanto he hecho desde el punto
que me dejaste en el ro.

GARCIA. De los favores de Anarda
y los celos de Mauricio,
me forman los pensamientos
un confuso laberinto.
Hernando, perdido estoy.
No s qu poder divino
tiene Anarda, que en un punto
me arrebat los sentidos.
Tal estoy, que no me alegran
los favores que hoy me hizo
Su Alteza; que los de Anarda
slo quiero y slo estimo.
Juzga, pues, cul me tendrn
las licencias de Mauricio;
que mucho tiene de dueo
quien cela tan atrevido.

HERNANDO. Advierte que a una ventana
dos personas han salido.


[ESCENA XVI]

Salen ANARDA e INS _a la ventana_.
[ANARDA, INS, GARCIA, HERNANDO].

ANARDA. Dos son.

INS.      El Conde y Leonardo
siguen el intento mismo.

ANARDA. Es el Conde?

GARCIA.      El Conde soy.
(_Ap_.) (A mi muerte me apercibo;
pero venid, desengao;
que cuanto os temo os estimo.)
Aparta; que las verdades [_a Hernando_.]
de amor no quieren testigos,
y saber estas deseo.

HERNANDO. A esa esquina me retiro.      (_Vase_)


[ESCENA XVII]

[GARCIA, ANARDA, INS.]

ANARDA. Conde, a vuestro atrevimiento
y grosera demasa,
ni conviene cortesa
ni es cordura el sufrimiento.
En qu favor fundamento
el guardarme as ha tenido?
A quien nunca fu admitido
pretendiente ni galn,
decid: qu leyes le dan
las licencias de marido?
Si con tanta libertad
guardis mi puerta y mi calle,
quin har al vulgo que calle,
o estime mi honestidad?
Si bien me queris, mirad
mi fama y reputacin
que es forzosa obligacin
que al bien amar corresponde.


[ESCENA XVIII]

Salen EL CONDE y LEONARDO, armados, y el CONDE
escucha a ANARDA.

[EL CONDE, LEONARDO, GARCIA, ANARDA, INS.]

ANARDA. Y si no me queris, Conde,
dejadme en este rincn.

          [_El Conde escucha a Anarda_]

Y si os pretendis vengar,
con eso, de mi desden,
sabed que el no querer bien
no ofende, ni obliga a amar;
que inclinar o no inclinar
slo lo puede el amor.
Y si el veros tan seor
esfuerza vuestra malicia,
el Rey sabe hacer justicia,
y yo s tener valor. [_Retranse las dos._]      (_Vase_)

CONDE. (_Ap_.) Hulgome; que no soy yo
solamente el desdeado.

GARCIA. (_Ap_.) La vida mi amor ha hallado
donde la muerte esper.

CONDE. (_Ap_.) Pobre amante!

LEONARDO. [_Hablando aparte con su amo_.]
               Muere, o no?

CONDE. Viva, pues vive penando.


[ESCENA XIX]

Sale HERNANDO.

[HERNANDO, GARCIA, EL CONDE, LEONARDO.]

HERNANDO. [_Llegndose a su amo y hablndole aparte_.]
Qu tenemos?

GARCIA.      Vida, Hernando:
el Conde muere.

HERNANDO.      Con esto
cenaremos?

GARCIA.      Vamos presto;
que est el Prncipe esperando.     (_Vanse_.)


[ESCENA XX]

[EL CONDE, LEONARDO.]

CONDE. Sospecho que no hago bien,
Leonardo, en no conocello.
Si es mi igual, sacar dello
el consuelo a mi desdn,
y a lo menos sabr quin
no ha de causarme cuidado.
Vamos tras l.

LEONARDO.      Acosado
toro embestimos, seor;
que aun sospecho que es peor
un amante desdeado.      (_Vanse_.)




ACTO SEGUNDO

[_Cmara del Prncipe en el Alczar de Madrid_.]


[ESCENA PRIMERA]

Salen EL PRINCIPE, GARCIA, DON JUAN, GERARDO y
HERNANDO, de noche.

PRINCIPE. De lo que el Rey os ha honrado,
que me deis gracias no es bien,
Alarcn, mas parabien,
pues tanto gusto me ha dado.

GARCIA. Vuestro soy.

PRINCIPE.      Decid amigo;
mostrarlo puede el efeto,
pues mi ms alto secreto
a declararos me obligo.
No me tengis por liviano
por mostraros presto el pecho,
porque estoy muy satisfecho
que con vos nunca es temprano.
Y as, justamente digo
que os puedo dar parte dl;
que ha mucho que sois fiel,
si ha poco que sois amigo.
Mas pues quiero daros hoy
la llave del alma ma,
de mi cmara, Garca,
tambin con ella os la doy.

GARCIA. No slo no he de poder
serviros merced tan alta;
mas aun a la lengua falta
el modo de agradecer.

PRINCIPE. Alzad.

JUAN.      Los brazos os doy,
alegre de que su Alteza
honre as vuestra nobleza.

GARCIA. Sois amigo, y vuestro soy.

JUAN. A Vuestra Alteza, seor,
los pies beso agradecido,
pues honra tanto al vencido
cuanto honrare al vencedor.

PRINCIPE. Bien, Don Juan, sabis mostrar
vuestro hidalgo corazn,
pues no os causa emulacin
la competencia en privar.
Y con eso ganis tanto,
que en mi gracia os levantis
al paso que os alegris
de lo que a Alarcn levanto.
No por su privanza viene
mi amor a menos con vos,
porque es el rey como Dios,
que muchos privados tiene.
Y as, cuanto estas acciones
muestran en vos ms valor,
tanto a vuestro vencedor
tengo ms obligaciones.
Que cuando no le pagara
la vida que en vos me di,
porque a tal hombre venci,
con justa razn le honrara.

GARCIA.
A la esperanza, seor,
vuestros favores exceden.

PRINCIPE. Esos criados se queden.

JUAN. El Prncipe, mi seor,
manda que os quedis.      (_Vase Gerardo_.)

GARCIA.      [_Hablando aparte con Hernando_.]
               Hernando,
en nuestra calle me aguarda,
y mientras no voy, a Anarda
te encargo.

HERNANDO.      Estar velando?

GARCIA. Nunca tan necio has estado.

HERNANDO. Y dormir?

GARCIA.      Dormir de da.
     [_Vanse el Prncipe, Garca y Don Juan_.]


[ESCENA II]

[HERNANDO.]

Temprano, por vida ma,
en el uso hemos entrado.
Alto; somos de palacio;
trasnochar, ir a dormir
al amanecer, vivir
de prisa, y morir de espacio.
Si el cielo no lo remedia,
la stira encaja aqu;
mas no ha de haber cosa en m
de lacayo de comedia.
Cul a la corte pusiera
algn poeta, si el caso
y el lacayo en este paso
de la comedia tuviera!
Cul pusiera yo a su Alteza!
Qu libremente le hablara,
y qu poco respetara
su poder y su grandeza!
Luego me apartara dellos,
cuando a graves cosas van
l y mi amo y Don Juan!
Mal ao! por los cabellos
de otra parte me trajera,
y en todo el caso me hallara,
que el Prncipe aun no fiara
quiz a los dos, si pudiera.
Y estando en lo ms famoso,
grave, fuerte y apretado,
saliera el seor criado
con un cuento muy mohoso,
o una fbula pueril
de la zorra y el len,
y la ms alta cuestin
concluyera un hombre vil.
No, no; el criado servir;
con el rey la gente grave;
aconsejar el que sabe,
y el que predica reir. (_Vase_.)


[ESCENA III]

[_Calle en que vive Anarda.--Es de noche_.]

[EL PRINCIPE, GARCIA, DON JUAN.]

PRINCIPE. Pens que un pecho tan fuerte
como el vuestro triunfara
del amor tierno, Garca.

GARCIA. Iguala amor a la muerte.

PRINCIPE. Militares embarazos
a muchos dl defendieron.

GARCIA. Al dios Marte no valieron
contra los venreos lazos.

PRINCIPE. No os admirar en efeto
deciros que amo, Garca?

GARCIA. No, porque ya lo saba.

PRINCIPE. Cmo?

GARCIA.      S que sois discreto.

PRINCIPE. Qu bien sabis consolar!

JUAN. Es su consecuencia clara,
puesto que amor se compara
a la piedra de amolar,
en que el ms agudo acero
da a sus filos perfeccin.

PRINCIPE. Esta es la calle, Alarcn,
en que vive por quien muero.

GARCIA. (_Ap_.) Qu es esto? Ya el nio Amor
destas sombras se acobarda,
y la hermosura de Anarda
hace cierto mi temor.

PRINCIPE. Esta es la casa.

GARCIA.      (_Ap_.) Ay de m!

PRINCIPE. Haz la sea. Mas detente;
que el recato es conveniente,
y pienso que hay gente all.

JUAN. La calle despejar.

PRINCIPE. T no; que presumirn,
si eres la flecha, Don Juan,
que soy yo quien la tir.
Vaya Alarcn.

GARCIA.      Voy, seor.

PRINCIPE. En esta esquina os espero.

          (_Vanse l [Prncipe] y Don Juan_.)


[ESCENA IV]

GARCIA. Para qu, fortuna, quiero
con tal pensin tu favor?
De qu sirve la privanza?
Mercedes y honras de qu?
Todas te las trocar
a esta perdida esperanza.
Cul iba yo, viento en popa!
Fortuna, ya te entend;
que con ms mpetu as
la nave en la pea topa.
El fin traidor has mostrado
con que en levantarme das;
que para que sienta ms,
me has hecho ms delicado.
Dndome honrosos despojos
llegas con rostro de paz,
por arrojarme el agraz
en las nias de los ojos.
Qu es privanza, qu es honor,
qu es la vitoriosa palma,
si en lo ms vivo del alma
ejecutas tu rigor?
Hoy la mayor alegra
y el mayor pesar me has dado;
de dichoso y desdichado
soy ejemplo en solo un da
Pero quiz Anarda bella
no tiene al Prncipe amor.
Qu importa? l es mi seor,
y tiene su amor en ella.
No tocan a la lealtad
las ofensas de quien ama;
mas ya su amigo me llama,
y me obliga la amistad.
De qu sutiles razones,
deseo, os queris valer?
Alarcn ha de poner
la lealtad en opiniones?
Deseo, o morid en m,
o matad conmigo a vos,
porque o vos o ambos a dos
hemos de morir aqu.
Llegad, corazn fiel;
venza al amor la lealtad;
el paso al cielo allanad
a quien os derriba dl.


[ESCENA V]

Salen HERNANDO, huyendo con la espada en la mano y tras l
MAURICIO y LEONARDO.

[HERNANDO, EL CONDE, LEONARDO, GARCIA.]

HERNANDO. A no ser tantos, yo s
si me causaran temor.

GARCIA. Es Hernando?

HERNANDO.      Es mi seor?

GARCIA. Qu ha sido?

HERNANDO.      Desde que entr
en aquesta calle a hacer
lo que me has encomendado,
los de esa cuadrilla han dado
en que me han de conocer.
Porque no me descubr,
dieron tras m a cuchilladas,
y mil montantes y espadas
llovi el cielo sobre m.

GARCIA. Dos solos diviso yo.

HERNANDO. Dos?

GARCIA.      No ms.

HERNANDO.      Pues no habr ms.

GARCIA. Qu trocado, Hernando, ests!
Ya tu valor se acab?

HERNANDO. Tanto son dos como mil
contra aquel que solo est.

GARCIA. Y quin ser?

HERNANDO.      Quin ser
sino quien hecho alguacil
nos reconoci, seor?

GARCIA. El conde Mauricio?

HERNANDO.      El Conde.

GARCIA. Aqu, si mal me responde,
me conocer mejor.      (_Llgase a l_.)
Si acaso algunas mercedes
alcanza la cortesa,
por ella, hidalgos, querra
poder con vuesas mercedes
que den lugar por un rato
a cierto amante secreto,
que debe al alto sujeto
de su amor este recato;
que l les dejar despus
toda la noche la calle.

CONDE. (_Ap. los dos_.)
Este, en la voz y en el talle,
es Garci-Ruiz.

LEONARDO.      l es.

CONDE. Pues a buen puerto ha llegado!
Vos peds bien justa cosa,      [_A Garca_.]
pero muy dificultosa;
que soy ministro, y mandado
de un superior en mi oficio,
que de aqu no haga ausencia,
para cierta diligencia
que importa al real servicio.
A m me pesa por cierto
de no poderos servir;
pero que no he de impedir
vuestros amores, advierto;
porque callar os prometo;
de ms de que es caso llano
que de la justicia es vano
querer encubrir secreto,
que al sol nada se le esconde.

HERNANDO. (_Ap_.) [_con su amo_]
l prosigue su artificio.

GARCIA. Ests cierto en que es Mauricio?

HERNANDO. Digo, seor, que es el Conde.

GARCIA. Hidalgo, o seis justicia
y aqu negocios tengis,
o ser ministro finjis
con cautelosa malicia,
lo que pido haced, que es justo.

CONDE. Que no puedo he dicho ya.

GARCIA. Ya en conseguillo me va
ms reputacin que gusto;
porque quien llega a pedir
lo que no es justo negar,
no deja eleccin al dar,
y se obliga a conseguir.

CONDE. Qu queris decir con eso?

GARCIA. Aun no lo habis entendido?
Que habis de hacer lo que os pido,
o obligarme a algn exceso.

CONDE. No os arriesguis a un gran dao,
por la que, segn entiendo,
no os quiere.

GARCIA.      Yo estoy pidiendo
lugar y no desengao.
Esto haced, y no os metis
en consejos, ni mostris
que conocido me habis,
porque a mucho me obligis.

CONDE. Que os conozca o no, os prometo
que es imposible dejaros
la calle sola.

GARCIA.      En estaros
os resolvis, en efeto?

CONDE. Aqu me ha de hallar el da.

GARCIA. Pues procedis tan grosero,
podr con vos el acero
lo que no la cortesa.

          (_Sacan todos las espadas y rien_.)

HERNANDO. Pese a tal! Agora s
me entender yo con vos,
que nos vemos dos a dos.
Broquelicos para m?

CONDE. Herido estoy.

GARCIA.      Yo me holgara,
sin heriros, de obligaros;
mas a vos podis culparos.

CONDE. La fuerza me desampara;
sin duda es mortal la herida.

GARCIA. Que me pesa, sabe Dios.--
     [_A Hernando, que rie con Leonardo_.]
Tente.--Yo fuera con vos      (_Al Conde_.)
cuidando de vuestra vida,
a poder faltar de aqu.

CONDE. Indicios de noble dis.

GARCIA. Por mucho que lo seis,
con igual pecho os her.

LEONARDO. Ah! pese a quien me pari!

     (_Vanse Leonardo y el Conde_.)


[ESCENA VI]

Salen EL PRINCIPE y DON JUAN, alborotados.

[EL PRINCIPE, DON JUAN, GARCIA, HERNANDO.]

PRINCIPE. En la vida de Garca
se arriesga, Don Juan, la ma.

JUAN. No basta que vaya yo?

PRINCIPE. No basta; que no sabemos
cuntos los contrarios son.

JUAN. Yo soy Luna, l Alarcn,
que por un milln valemos.
Mas pienso que viene aqu.

PRINCIPE. Garca!

GARCIA.     Seor.

PRINCIPE.     Qu ha sido?

GARCIA. Qu, seor?

PRINCIPE.      Ese ruido
de cuchilladas que o?

GARCIA. Lo que fu, que no fu nada;
despus, seor, lo dir.
Agora, pues que se ve
la calle desocupada,
logre el tiempo vuestra Alteza.
     [_Hablando aparte con el criado_.]

En casa me espera Hernando.

HERNANDO.
Vive Dios que estoy temblando!

GARCIA. Nunca has mostrado flaqueza
sino en la corte.

HERNANDO.      Seor,
t dices que nada ha sido
haber a Mauricio herido,
y puedes; que en el amor
del Prncipe ests fiado;
mas a m el pesar me ahoga;
que s que siempre la soga
quiebra por lo ms delgado.

GARCIA. De tu temor me averguenzo.

HERNANDO. Hay alcalde que de balde,
por slo hacer del alcalde,
me pondr de San Lorenzo.

GARCIA. Antes a m me mataran;
que a los ingratos no imito,
que animan para el delito,
y en la pena desamparan.
Vte, y duerme descuidado.
          (_Entre tanto hace la sea Don Juan_.)

HERNANDO. A qu no obliga tu amor?
Bien dicen que el buen seor
es quien hace buen criado.      (_Vase_.)

PRINCIPE. Si habrn odo?


[ESCENA VII]

Sale INS, a la ventana.

[EL PRINCIPE, GARCIA, DON JUAN, INS.]

JUAN.      Ya estn
a la ventana.

INS.      Quin es?

PRINCIPE. Ins parece.

JUAN.      Es Ins?

INS. Quin lo pregunta?

JUAN.      Don Juan.
A Anarda le d que est
su Alteza aguardando aqu.

PRINCIPE. Sin esperanza, le d.

          _Vase Ins [de la ventana_.]

Vlgame Dios! si saldr?
Decidme que s, y con eso
no me matar el temor.

JUAN. Yo tuviera por mejor
prometerte el mal suceso,
y as tendrs ms colmado,
si Anarda sale, el contento;
y si no, ser el tormento
mucho menor, esperado.

GARCIA. (_Ap_.) Ah Dios!
qu dulce esperanza
gan y perd en slo un da!
qu propia ventura ma
en la ligera mudanza!
Pero quiz... No hay quiz!
"Haced," el Prncipe dijo,
"la sea," de que colijo
que es dueo de Anarda ya;
que amistad hay asentada
donde hay sea conocida;
y pues tan presto fu oda,
bien se ve que fu esperada.


[ESCENA VIII]

Salen ANARDA y JULIA _a la ventana_.

[ANARDA, JULIA, EL PRINCIPE, GARCIA, DON JUAN.]

ANARDA. [_Ap. con Julia_.]
Yo salgo, esta es la verdad,
por el forastero, prima;
que su prisin me lastima,
si temo su libertad.

JULIA. Qu perdida ests!

ANARDA.           De amor
hasta agora no he sabido.

JULIA. Tarde, mas bien, te ha cogido.
(_Ap_. Sabe Dios que estoy peor.)

ANARDA. Ah, caballero!

PRINCIPE.      Seora,
sois Anarda?

ANARDA.      Anarda soy.

PRINCIPE. Perdonad, mi bien, si os doy
aqueste disgusto ahora,
impidiendo el venturoso
sueo que ocupando estaba,
por el descanso que os daba
en cambio ese cuerpo hermoso;
que tanto el susto he sentido,
que hoy en el ro tuvistes,
que hasta ver cmo volvistes,
volver en m no he podido.
Cmo estis? Quitse ya
aquel alboroto?

ANARDA.      En m
nunca, Prncipe, sent
lo que de entonces ac;
que hizo en m tal impresin
el forastero atrevido,
que presente lo he tenido
siempre en la imaginacin.

GARCIA. (_Ap_.)
Ah Dios, si fuese de amor!

ANARDA. Mas lo que me ha sosegado
es pensar que aprisionado,
como os supliqu, seor,
lo tenis, para que as
no se vaya sin pagarme.

GARCIA. (_Ap_.)

No es este efecto de amarme:
ya de mi engao sal.
Cuanto de m se inform,
fu por trazar su venganza,
y mi engaosa esperanza
a favor lo atribuy.

PRINCIPE. De un yerro que comet
contra vos, hermosa Anarda,
mi amor el perdn aguarda.

ANARDA. Cmo?

PRINCIPE.      No os obedec.

ANARDA. Luego sin pena qued
el forastero atrevido?

PRINCIPE. Y aun con premio bien debido
a las nuevas que me di.

ANARDA. (_Ap_.) Ay de m!

JULIA. (_Ap_.)     Perdida soy.

ANARDA. Esa es la fe y la fineza
que le deb a Vuestra Alteza?
Bien desengaada estoy.
La primer cosa que pido,
en que estribaba mi gusto,
y ms cuando era tan justo
castigar a un atrevido,
no he podido merecer!

PRINCIPE. Vos lo causastes, por Dios,
porque a vos slo por vos
dejara de obedecer;
que como ser, entend
vos, causa de aquel exceso,
con que tan fuera de seso
de pena y celos me v,
qued de gusto tan loco
con saber que me enga,
que para albricias juzgu
ser todo mi reino poco.

ANARDA. Obedecer es fineza.
(_Ap_. Muerta soy, si se ausent.)
Seor, mi to tosi:
perdneme Vuestra Alteza;
que su recato y rigor
me prohibe este lugar.

PRINCIPE. Primero habis de escuchar
el descargo de mi error;
que para que no culpis
del todo mi inobediencia,
lo traigo a vuestra presencia
a que vos lo castiguis.

ANARDA. Qu decs?

PRINCIPE.      Que traigo aqu
al forastero conmigo,
sujeto a vuestro castigo.

ANARDA. Aun podr pensar as
que habis mi gusto estimado.

GARCIA. En fin qu! perdn no espero
de un error de forastero
y de un furor de agraviado?

PRINCIPE. Perdonad, por vida ma,
pues lo conoce, su error.

ANARDA. Cuando no al intercesor,
a su humildad se deba.

PRINCIPE. Pues con eso, dueo mo,
obedezco en dejaros.

ANARDA. Bien podis, seor, estaros;
que ya no tose mi to.

PRINCIPE. Como es posible que tanto
favor haya yo alcanzado?

ANARDA. (_Ap_.)
La fiesta habis celebrado;
mas habis errado el santo.

GARCIA. (_Ap_.)
Que tiene al Prncipe amor,
bien claramente se ve.
Mas necio yo! qu esper,
si es tal el competidor?

PRINCIPE. Cmo, Julia, no me dais
el parabin del favor?

JULIA. Por no impediros, seor,
cuando de Anarda gozis.

JUAN. A lo menos, por no dar
con su voz gloria a mi odo.

JULIA. Siempre, Don Juan, habis sido
desconfiado en amar.

JUAN. Esto tengo de discreto:
y a Dios, ingrata, pluguiera
que otra causa no tuviera
un tan desdichado efeto.

GARCIA. (_Ap_.)
Los dos aman a las dos;
con tal liga y artificio
seguro va el edificio.

ANARDA. Cmo trajistes con vos
al forastero, seor?
A quien maana se ir,
tan fcilmente se da
noticia de nuestro amor?
(_Ap. las dos_. As le pregunto, prima,
del forastero el estado.)

JULIA. Qu bien tu intento has guiado!

PRINCIPE. No os tengo en tan poca estima,
que lo que os ama mi pecho
tan fcil le haya fiado.
En mi servicio ha quedado;
de mi cmara lo he hecho.

ANARDA. (_Ap. a ella_.) Ah Julia! dichosa soy.

JULIA. Djame, no me diviertas
de Don Juan. (_Ap_. Sin que me adviertas
atenta a mi dicha estoy.)

GARCIA. Gente viene.

PRINCIPE.      Anarda, adis;
que miro por vuestra fama.

ANARDA. As obliga quien bien ama.

JUAN. Adis.

JULIA.      l vaya con vos.

ANARDA. Caballero forastero,
de que os quedis en palacio
con el Prncipe, de espacio
el parabin daros quiero.

GARCIA. Ya con eso lo recibo.

          (_Vanse las damas_.)


[ESCENA IX]

[EL PRINCIPE, DON JUAN, GARCIA.]

PRINCIPE. Sin duda ha estado, Garca,
en vuestra dicha la ma;
que nunca en el pecho esquivo
de Anarda, seal de amor,
como aquesta noche, v.

GARCIA. (_Ap_.)
Mas si fuese para mi,
sobre escrito a ti, el favor?

PRINCIPE. "Bien podis, seor, estaros",
dijo, queriendo partirme.

JUAN. De que paga tu amor firme
ha dado indicios bien claros.

GARCIA. (_Ap._.)
Cuando el Prncipe le dijo
que estaba presente yo,
gusto de estarse mostr:
con justa razn colijo,
pues antes irse quera,
que yo su rmora he sido.
Nueva esperanza ha nacido
de la ya ceniza fra.

PRINCIPE. Agora podis contar,
Garci-Ruiz, lo que fu
aquel ruido.

GARCIA.      Llegu,
ped que diesen lugar
a un amante; no quisieron,
por ms que rogu importuno;
saqu la espada, her al uno,
y con aquello se fueron.

PRINCIPE. Mal hicistes: cuando envo,
Alarcn, a despejar,
es por bien; no ha de costar
sangre de vasallo mo.

GARCIA. No quiso por bien.

PRINCIPE.      Dejallo.

GARCIA. El gusto vuestro estorbaba.

PRINCIPE. Menos mi gusto importaba
que la salud de un vasallo.

GARCIA. Yo err por ser obediente.

PRINCIPE. Cerca estaba yo; volver
y tomar mi parecer.
Quien sirve ha de ser prudente.

          (_Vanse el Prncipe y Don Juan_.)


[ESCENA X]

[GARCIA.]

En servir hay esta vida?
Esta gloria en la privanza?
En tan ligera mudanza
hay tan pesada cada?
Que haya sido error en m
lo que fineza juzgu!
Cuando la vida arriesgu
por agradar, ofend!
Fuerte caso, dura ley,
que haya de ser el privado
un astrlogo, colgado
de los aspectos del rey!
Hoy benvolo le v,
y hoy contrario vuelve a estar:
ganlo con no matar,
y con matar lo perd.
Qu es esto? Pruebas conmigo
tus variedades, fortuna?
Hoy era Don Juan de Luna
mi ms odioso enemigo;
hoy es ya mi amigo, y hoy
yo mismo vida le di;
hoy al Conde conoc,
y ya su homicida soy.
Hoy v a Anarda, y hoy la am;
hoy cre que era querido,
hoy la esperanza he perdido,
y hoy a cobrarla torn.
Hoy me vi el Prncipe, y hoy
me v al ms sublime estado,
de su favor levantado,
y ya derribado estoy
en un infierno profundo
de temor y de ansia fiera.
Paciencia; desta manera
son _los favores del mundo_.     (_Vase_.)

[_Sala en casa de Anarda_.]


[ESCENA XI]

Salen DON DIEGO, ANARDA y JULIA.

DIEGO. Enemigas: es razn
que as la fama perdis,
y la heredada opinin
de Pacheco y de Girn
en tan vil precio tengis?
Es bien que el Conde, atrevido,
me diga en mis propias canas,
cuando voy a verle herido,
que mis sobrinas livianas
la causa del dao han sido?

ANARDA. Nosotras?

DIEGO.      Vosotras, pues.

ANARDA. De desangrado delira.

DIEGO. Pues si la causa es mentira,
por lo menos verdad es
el efeto de su ira.
Dice que l no conoci
ni ha dado ocasin a quien
en nuestra calle le hiri;
mas al menos sabe bien
que desta causa naci.
Y as sus deudas conjura,
y en nuestra sangre agraviado
vengar su herida procura,
si tu mano no le cura
la que en el alma le has dado.
Bien sabes t que en nobleza
nadie le excede en Espaa:
de su estado la riqueza
es notoria, que acompaa
con gala y con gentileza.
Ablanda, sobrina, el pecho,
sin razn duro y extrao;
busca el gusto en el provecho;
remedie la mano el dao
que el hermoso rostro ha hecho.

ANARDA. Ya no puedo, noble to,
a un intento tan injusto
dejar de oponer el mo;
que es castigar en mi gusto
el ajeno desvaro.
Si l de m se enamor,
y yo lo he desengaado,
qu ley me obliga al pecado,
que no slo no hice yo,
mas antes lo he repugnado?

DIEGO. Nunca, sobrina, he credo
que al dao diste ocasin;
mas tu hermosura lo ha sido,
y a mil sin culpa han trado
sus gracias su perdicin.
Que no tienes culpa digo;
mas si casarte procuro,
no tu inocencia castigo;
a estorbar el mal futuro
es slo a lo que te obligo.

ANARDA. Seor Don Diego, mi to
da tan cobarde consejo?
Bien se ve que el pecho fro
al brazo cansado y viejo
niega el heredado bro.
Morir no ser mejor,
que no que Mauricio diga,
en mengua de vuestro honor,
que a sus gustos nos obliga
de sus armas el temor?
Somos Girones, o no?
Hanos el valor faltado?
Estoy sin parientes yo?
Quin en Castilla a un criado
de mi casa se atrevi?
Y si en tan justa ocasin
no quisieren defender
nuestros deudos su opinin,
yo basto; que aunque mujer,
soy, en efeto, Girn.

DIEGO. Ests loca? Qu es aquesto?
Piensas que es valor tener
ese bro descompuesto?
Slo el proceder honesto
es valor en la mujer.
Deja ya vanos antojos,
y admite este pensamiento,
o para acabar enojos,
metindote en un convento,
te quitar de los ojos.

ANARDA. Vos no sois ms que mi to,
y ni aun mi padre en razn
puede forzar mi albedro:
casamiento y religin
han de ser a gusto mo.     (_Vase_.)


[ESCENA XII]

[DON DIEGO, JULIA.]

JULIA. Lo que dice Anarda es justo;
que slo en tomar estado
es tirano fuero injusto
dar a la razn de estado
jurisdiccin sobre el gusto.

(_Aqu baja la voz y habla, como a excusas de Anarda,
a Don Diego_.)

No es sino mucha razn
remediar el mal que viene;
mas de la ciega aficin
que Anarda al Prncipe tiene
nace su resolucin.
Que como Mauricio ya
deste amor viene advertido,
temerosa Anarda est
de que, siendo su marido,
de Madrid la sacar;
y como liviana intenta,
del Prncipe enamorada,
hacer a su sangre afrenta,
procura verse casada
con quien lo ignore o consienta.--
Otros remedios habra;          (_Alza la voz_.)
que casarse deste modo
deshonor nuestro ser.         (_Baja la voz_.)
--Dle cuenta al Rey de todo;
que l el casamiento har.
Calla y remedia discreto,
pues yo con esta invencin
te descubro su secreto,
sin ponella en ocasin
de que me pierda el respeto.
Y ella, imaginando as
que ayudo sus pensamientos,
no se guardar de m,
y de todos sus intentos
ser espa para t.
Agora rie conmigo,
para ayudarme a engaalla.

DIEGO. (_Alza la voz_.)
Si no hiciere lo que digo
Anarda, ser ausentalla
de Madrid, justo castigo.

JULIA. Si la razn excedieres,
justicia nos har el Rey.

DIEGO. T tambin mi afrenta quieres?

JULIA. Quiero lo que es justa ley.

DIEGO. Ay de honor puesto en mujer!
Pues lo que quiero ha de ser
o morir quien lo estorbare.      (_Vase_.)

JULIA. Un monte querr mover
el que por fuerza intentare
reducir una mujer.
(_Ap_.) Con esto, Alarcn, procura
mi amor de Anarda apartarte;
que en alguna coyuntura
alcanza el ingenio y arte
lo que no amor y ventura.
Callando el dolor que siento,
disponer mi dicha quiero;
que es prudente pensamiento
quitar estorbos, primero
que descubrir el intento.


[ESCENA XIII]

Sale ANARDA.

[ANARDA y JULIA.]

ANARDA. En qu par, prima ma?

JULIA. Pues qu! no nos escuchabas?
Que bien a gritos rea.

ANARDA. Tal vez la voz moderabas,
y entonces no te entenda.

JULIA. Entonces con falso pecho,
porque se fe de m,
de mi lealtad satisfecho
Don Diego Girn, de t
murmuraba en tu provecho.
Mil defectos le decia
de tu extraa condicin,
y modos, le propona,
con que reducir podra
a la suya tu intencin.

ANARDA. Un ejemplo de amistad
miro en ti.

JULIA. (_Ap_.)     El mejor engao
es con la misma verdad.

ANARDA. Ya el remedio deste dao
resuelve mi voluntad.

JULIA. Cmo?

ANARDA.      A llamar he enviado
el valiente forastero,
y de que a tomar estado
me resuelvo, dalle quiero
para el Prncipe un recado.
Que con aquesta ocasin
dalle mi amor solicita
a mi querido Alarcn
los indicios que permita
mi honesta reputacin.
Y t, quedndote aqu
sola con l, le dirs,
como que sale de t
y que de su parte ests,
el amor que reina en m.
Que pues la ocasin convida,
goce della, y a su Alteza
en casamiento me pida:
y dle t la firmeza
con que tengo defendida
del Prncipe y de Mauricio
mi honestidad, pues lo sabes;
porque a un celoso juicio
le ha de obligar el indicio
de pretendientes tan graves.

JULIA. Yo del Prncipe imagino
que tu intento ha de estorbar.

ANARDA. Dirle que determino
casarme, por allanar
a sus gustos el camino;
porque de otra suerte intenta
los cielos atrs volver;
y as es fuerza que consienta
en mi intento, por tener
fin del mal que le atormenta.
Que aunque l es tan poderoso,
si a un hombre de tal valor
tengo, prima, por esposo,
no ser dificultoso
el defendelle mi honor.

JULIA. Tu agudo ingenio bendigo.

ANARDA. Todo es cautelas amor.

JULIA. (_Ap_.) Y as las uso contigo.
No hay enemigo peor
que el que trae rostro de amigo.


[ESCENA XIV]

Sale INS.

[INS, ANARDA, JULIA.]

INS. El amo de Hernando quiere
licencia de verte.

ANARDA. Ins,
mientras conmigo estuviere,
es bien que al balcn ests,
por si mi to viniere.      (_Vase Ins_.)

JULIA. Irme?

ANARDA.      Ponte en lugar
donde la pltica entiendas;
que habindome de ayudar,
es bien que sepas las sendas
por donde has de caminar.

JULIA. (_Ap_.) A ejecutar mi intencin.

ANARDA. Y advierte en el artificio
con que en aquesta ocasin,
sin ofender mi opinin,
le doy de mi amor indicio.

     (_Vase Julia, y espa desde el dosel_.)


[ESCENA XV]

Salen GARCI-RUIZ y HERNANDO, de camino.

[JULIA, ANARDA, GARCIA, HERNANDO.]

GARCIA. Dadme, Anarda, los pies.

ANARDA.      Poco es la mano
a tan valiente y noble caballero.
De camino vens?

GARCIA.      Bscase en vano
firmeza en bien del mundo lisonjero,
y el que en la voluntad de un nombre humano
libra sus dichas, ha de estar primero
apercebido para la mudanza,
que del favor admita la esperanza.
Ayer, ya vos sabis por qu camino,
hall fcil al cielo la subida
Mentirosa amistad de mi destino!
Traidora prevencin de la cada!
La humilde vara en levantado pino
fu con sbito aumento convertida,
porque del viento airado a la violencia
diese efeto mi propia resistencia.
Aquel alto lugar que ayer tena,
perd, seora, anoche; sabe el cielo
que por fineza ms que culpa ma;
que tengo en mi conciencia mi consuelo.
Cuando pens que al mismo sol suba,
con todo el edificio d en el suelo.
Err, mas no pequ; soy castigado;
que es con el Rey un yerro gran pecado.
Mirme disgustado, reprehendime
severo, y las espaldas volvi esquivo,
y entrndose en su cmara, dejme
fuera de ella y de m, sin alma y vivo.
No s cul medio en tal extremo tome:
a entrar o a estarme en vano me apercibo,
como, al que suea toros, hace el miedo
que ni pueda correr ni estarse quedo.
Al fin, sin velle a mi posada vuelvo;
que es, aunque sin razn, prncipe airado;
la noche toda en confusin me envuelvo,
sin atreverse el sueo al gran cuidado;
y al fin, en ausentarme me resuelvo,
y el cuerpo huyendo al peligroso estado
y a la inquietud de la ambicin sedienta,
vivir con mis vasallos y mi renta.
Y hoy, cuando a visitaros ya parta,
por despedirme, Anarda, y disculparme,
lleg un recado vuestro que podra,
a ser sol fugitivo, repararme.
Viene obediente el que corts vena:
mandadme liberal para obligarme;
que da, pidiendo, vuestra gran belleza,
y es dejaros servir vuestra largueza.

ANARDA. Seor Garci-Ruiz, desdicha grave
siempre toc al mayor merecimiento.
Si rod la fortuna, quin no sabe
que slo en ser mudable tiene asiento?
Lo que yo admiro, y en razn no cabe,
es slo vuestro poco sufrimiento;
que quin pensara que faltar poda
gran fortaleza a grande valenta?
A suerte desigual igual semblante
es propia accin de pechos valerosos.
Animoso emprender, sufrir constante
consigue los laureles vitoriosos.
No al primero desdn huya el amante;
grandes los bienes son dificultosos;
poco al Prncipe amis, oso decillo,
pues pretendis servirle sin sufrillo.

GARCIA. Poco es perder la vida por su gusto?

ANARDA. Sufrirlo es menos, e impaciente os hallo.

GARCIA. Un injusto rigor sufrir no es justo.

ANARDA. A ser justo, qu hicirais en llevallo?
Y debis advertir que si es injusto,
ausentaros ser justificallo.
Ponerse del juez en la presencia
es el mejor testigo de inocencia.
No os vais, Garci-Ruiz, o por lo menos
pensaldo bien primero; que seguirse
prueban mil libros de sentencias llenos,
presto arrojarse y presto arrepentirse.
Ved a su Alteza; que los hombres buenos
no se ausentan del Rey sin despedirse.

GARCIA. A despedirme dl por vos vena.

ANARDA. Yo qu poder del Prncipe tena?

GARCIA. Feliz quien tal ingenio y beldad ama!

ANARDA. No, no, lsonjas no, que no os las creo;
que yo supe que ayer a cierta dama
centellas envi vuestro deseo;
y hoy de la ardiente repentina llama,
pues queris ausentaros, libre os veo.
Mdase tal varn en un instante,
y culpa a la fortuna de inconstante!

GARCIA. Al que muda con causa de consejo,
no puede darse nombre de liviano.

ANARDA. No me satisfagis, que no me quejo.

GARCIA. Tiris la piedra y escondis la mano?
Dios sabe, si tan alta empresa dejo,
que un poder me ha oprimido soberano.

ANARDA. Contra amor firme no hay poder bastante.

GARCIA. Precime de leal, si de constante.
Si a quien debo lealtad, esa persona
quiere, ser razn que yo prosiga?

ANARDA. En el amor es yerro, y se perdona
lo que sin l, traicin que se castiga,
y el diferente fin la accin abona
del vasallo a quien ms la ley obliga;
que si casarse intenta, nada ofende
al seor que gozar slo pretende.
No digo que lo hagis, que es causa ajena;
all con vos las haya, la ofendida;
slo probaros quiero que la pena
tenis, que os da fortuna, merecida.
Pecis mudable, y por castigo ordena
otra mudanza, mal de vos sufrida.
O firmeza aprended en vuestro intento,
o en ajenas mudanzas sufrimiento.

GARCIA. Si como firme os amo...

ANARDA.      Si pensara
que yo de vuestro amor era el objeto,
ofendida de vos, no os escuchara,
que la mudanza es falta de respeto.
Quien una vez conmigo se declara,
tal debe estar del amoroso efeto,
que por lealtad, honor, premio o castigo,
ha de romper hasta casar conmigo.
No, bien s que otra amis, o lo he credo,
que a pensar que era yo, disimulara,
por no dar ocasin a que atrevido
vuestro pecho su amor me declarara;
mas siempre cortesana ley ha sido
decir lisonjas y alabar la cara.
Si por eso lo hacis, yo ms querra
tosca verdad, que falsa cortesa.

GARCIA. Si es la verdad grosera, soy grosero.

ANARDA. Basta, mirad que el Prncipe me ama.

GARCIA. Peco si intento, pero no si os quiero.

ANARDA. Amor da intentos como el fuego llama.
Decir _amo_ es intento verdadero;
que a recproco amor el amor llama.

GARCIA. El fin diverso abona mis acciones.

ANARDA. No son para conmigo mis liciones;
para con la que amis os las he dado.
Bien s que otra os ocupa el pensamiento;
que a ser yo vuestro amor, dichoso estado
le daba la ocasin a vuestro intento;
pues para lo que ahora os he llamado,
es para que tratis mi casamiento
con el Prncipe vos, si habis de vello,
diros la causa que me obliga a ello.

GARCIA. Por fuerza os he de obedecer, seora.

ANARDA. Sabed que est Mauricio, el Conde, herido,
y dice que, si bien la mano ignora,
sabe que yo la causa dello he sido,
y puesto que me iguala y que me adora,
me resuelva a admitille por marido,
o que contra mi sangre ver Espaa
salir todos sus deudos a campaa.
Yo aborrezco a Mauricio, y si le amara,
esta amenaza que a mi sangre ha hecho,
a no dalle la mano me obligara;
que no se rinde el gusto a su despecho.
En favor de Mauricio se declara
mi to, que procura su provecho;
el Prncipe, que tanto amarme jura,
mustrelo en remediar mi desventura;
que pues su Alteza no ha de ser mi esposo,
y querer mi deshonra es no quererme,
es en esta ocasin lance forzoso,
buscar quien pueda honrarme y defenderme.
Por si resiste el Prncipe amoroso,
de vuestra autoridad quise valerme.
Vos persuadidle, y advertid, Garca,
que en vuestra voluntad dejo la ma.

          (_Vase y topa con Julia_.)

GARCIA. (_Ap_.) Con cun honestas seales
Anarda en esta ocasin
me ha mostrado su aficin!

ANARDA. Dile t agora mis males.      (_Vase_.)


[ESCENA XVI]

[JULIA, GARCIA, HERNANDO.]

GARCIA. (_Ap_.)
Dichoso mil veces yo!

HERNANDO. Ya se pas la tristeza
del enojo de su Alteza?

GARCIA. Con tal trueque, por qu no?
Cuando en tal privanza estoy,
qu importa la que he perdido?
Haz cuenta que ya marido
de la hermosa Anarda soy.

HERNANDO. Tan presto?

GARCIA. Ella misma ha abierto
a mis intentos lugar.

HERNANDO. Quin creyera en tanto mar
que estaba tan cerca el puerto?

JULIA. Caballero forastero...

GARCIA. Bella cortesana...

JULIA.           Od,
por forastero en Madrid,
un consejo daros quiero.
No tengis a poco seso
que, sin pedillo, os le doy,
porque disculpada estoy
con lo que en dalle intereso,
Anarda, segn he odo,
poder de casalla os di,
y a Mauricio os declar
que no quiere por marido.
La causa os dir, y as
vos de ella colegiris
lo que en esto hacer debis,
y lo que me mueve a m.
Soy su prima, y de su amor
secretaria; mas ahora
soy a su amistad traidora
por ser leal a mi honor.
Por su Alteza Anarda muere:
y como ya el Conde herido
deste amor est advertido,
por esposo no le quiere;
que a impedir es poderoso
la infamia que Anarda intenta,
y a quien lo ignore o consienta
quiere tener por esposo.
De aqu podis entender
lo que me va en no callar,
y si vos debis mirar
a quin la dais por mujer.      (_Vase_)


[ESCENA XVII]

[GARCIA, HERNANDO.]

GARCIA. Qu es aquesto, cielo eterno?
Soy yo aquel que agora fu?
De un paso al cielo sub,
y de otro baj al infierno?
Agora tuve delante
la gloria por quien suspiro,
y en medio en un punto miro
mil montaas de diamante.
El que a tal naci sujeto,
qu perdiera en no nacer?

HERNANDO. Qu te ha dicho esta mujer?

GARCIA. No te lo ha dicho el efeto?
Un desengao.

HERNANDO.      Fortuna
nos da su retrato en t.
Agora pisar te v
con los mismos pies la luna,
y ya en el centro profundo
de dolor y rabia fiera.

GARCIA. Paciencia; desta manera
son _los favores del mundo_.




ACTO TERCERO

[_La calle frente a la casa de Anarda_.]


[ESCENA PRIMERA]

DON JUAN, JULIA.

JUAN. Su Alteza, que por mandado
del Rey a Toledo parte,
de Anarda quiere encargarte
en esta ausencia el cuidado.

JULIA. (_Ap_. Ocasin me da con esto
para esforzar mi invencin.)
En estrecha obligacin
hoy el Prncipe me ha puesto;
que pues de m se confa,
guardarle debo amistad,
y el decirle la verdad
corre ya por cuenta ma.

JUAN. Habla pues.

JULIA.      Dile que vea
que al forastero Alarcn
tiene mi prima aficin,
y ser su esposa desea.
Si lo consigue, su Alteza
se puede dar por perdido;
que da el amor del marido
a la mujer fortaleza.
No hay qu esperar si se casa
con hombre de tal valor
y que sabe ya el amor
en que el Prncipe se abrasa.
Ella dir que desea
casarse por allanar
el camino y dar lugar
al Prncipe; no lo crea,
que es engaoso artificio,
y ha de resistir despus.

JUAN. Pues tu consejo cul es?

JULIA. Que la case con Mauricio,
a quien da en aborrecer
Anarda, que de ofendido
est muy cerca el marido
que aborrece la mujer.

JUAN. Y Mauricio no es honrado,
y a guardar su honor bastante?

JULIA. Deste intento est ignorante;
nada puede un descuidado.

JUAN. Sabes si el Conde querr?

JULIA. S que por Anarda muere.

JUAN. Pues cmo, de que la quiere
el Prncipe, ajeno est?

JULIA. Su Alteza es tan recatado
que nunca el Conde Mauricio
tuvo de su amor indicio;
t solo celos le has dado
con tus rondas y paseos.
Mas eso no ha de estorballe,
pues cesa con declaralle
que causo yo tus deseos.

JUAN. Si el Conde est sospechoso,
ha de pensar que es enredo.

JULIA. Pues quitarmosle el miedo
con que seas t mi esposo.

JUAN. Qu dices? Tan gran favor
he merecido de ti?

JULIA. No es tiempo que obren en m
tus mritos y tu amor?

JUAN. Dulce fin de tantos daos!

JULIA. (_Ap_.)
Anarda la mano d
al Conde; que yo sabr
usar contigo de engaos.

JUAN. Su Alteza, mi bien, me espera.

JULIA. Hasme de olvidar, Don Juan?

JUAN. Antes, Julia, olvidarn
las estrellas su carrera.

JULIA. De tu ausencia y mi tristeza
cundo el fin tengo que ver?

JUAN. Esta noche he de volver
por la posta con su Alteza.
                    (_Vase_)

JULIA. (_Ap_. Bien engaado lo envo.
Mas ay! si se va Alarcn
a Toledo? Una invencin
remedie el tormento mo.)
Don Juan.           (_Vuelve Don Juan_.)

JUAN.      Seora.

JULIA.           Oye.

JUAN.                D.

JULIA. Mira que es inconveniente
que Garci-Ruiz se ausente
en esta ocasin de aqu,
que examinar su intencin
con cautela es acertado;
que si paga, enamorado
de mi prima, su aficin,
tales cosas le dir,
que aborrezca a la que estima,
y despechada mi prima
al Conde la mano d.

JUAN. Dirlo al Prncipe as.
Loco voy con tu favor.      (_Vase_.)

JULIA. En qu laberinto, amor,
me voy entrando tras t!
A Don Juan he dicho ahora
que est Mauricio ignorante
de que es el Prncipe amante
de Anarda; y que no lo ignora
dije a Don Diego, mi to.
Con sus intenciones varias,
y por dos causas contrarias
a un mismo efeto los guio.


[ESCENA II]

Sale DON DIEGO.

[JULIA, DON DIEGO.]

DIEGO. Ya, Julia querida, he dado
cuenta al Rey de nuestro intento,
y que el Prncipe al momento
de Madrid salga ha mandado.

JULIA. Y en lo que a Mauricio toca?

DIEGO. Que la mano le dar,
o en un convento tendr
justo castigo esa loca.

JULIA. Yo har con tal artificio
lo que tu pecho desea,
que el mismo Prncipe sea
quien la case con Mauricio.

DIEGO. De remediar nuestro honor
tengo justa confianza
en lo que tu ingenio alcanza.

JULIA. (_Ap_.)
Di en lo que alcanza mi amor.

               (_Vanse_.)

       *       *       *       *       *

[_Cmara del Prncipe._]


[ESCENA III]

Salen EL PRINCIPE, con botas, y GERARDO, con las espuelas, para
ponrselas. [Luego DOS PAJES.]

PRINCIPE. Acaba; que me tienes ya cansado.

GERARDO. (_Ap_.)
En quemar la materia ms cercana,
al fuego imita un Prncipe enojado.

PRINCIPE. Pnlas, acaba. Cun de buena gana
con ellas las entraas le rompiera
al que pena me di tan inhumana!

               (_Sale un Paje_.)

PAJE. Ya apercebido el carraje espera.

PRINCIPE. Pues quin te lo pregunta?

PAJE.           Vuestra Alteza
mand que en siendo tiempo lo dijera.

PRINCIPE. No obedecerme fuera ms fineza,
que el discreto no da, sin ser forzado,
nuevas que sabe que han de dar tristeza.

               (_Sale el Paje 2_)

PAJE 2. A vuestra Alteza aguarda aderezado
el almuerzo, seor.

PRINCIPE.      Todos entiendo
que os habis a matarme conjurado.
Necio, a quien de la vida est partiendo,
qu gusto puede darle la comida?
Que es, amando, partir, vivir muriendo.
Idos de aqu, dejadme; que la vida
me sobra, pues me falta la paciencia.
Ay antes muerta gloria que nacida!
El favor vino anoche, y hoy la ausencia,
porque tenga en la misma medicina
materia ms copiosa la dolencia.

PAJE 1. [_Hablando_] aparte [_con el 2_]
Agora entra Alarcn.

PAJE 2.      l no imagina
que est el mar por el cielo.

PAJE 1.           Llegar osa?
Corre--Faetn--a su fatal ruina.


[ESCENA IV]

Sale GARCIA. [EL PRINCIPE, GARCIA, GERARDO, y PAJES.]

GARCIA. Si acaso vuestra mano poderosa,
del justo enojo, de mi error causado,
ha envainado la espada rigurosa,
merzcala besar quien humillado
en cambio dl, seor, la sangre ofrece
que en el servicio vuestro ha derramado.

PRINCIPE. Alzad, Garci-Ruiz, y si os parece
que yo estuve enojado, yerro ha sido;
que vuestro amor leal no lo merece.
Sabiendo que un vasallo estaba herido
por mi causa, aquel justo sentimiento
de lastimado fu, no de ofendido.
Decir que errastes fu un advertimiento
y regla de servirme, no castigo;
que s que no hay pecado sin intento.
Graves razones son las que conmigo
os dieron de amistad el nudo estrecho;
no levemente pierdo un buen amigo.
Sabris de hoy ms de mi piadoso pecho
la condicin; jams de ajeno dao
quiero que nazca mi mayor provecho.

GERARDO. (_Ap. con los pajes_.)
Ved de quien sirve el claro desengao;
aqu nos anegamos, y en bonanza
da al viento aqu esta nave todo el pao.

PAJE 1. Quin creyera tan presto tal mudanza?

PAJE 2. Mercela Alarcn.

PAJE 1.      Bueno es ser bueno;
mas no el honrado, el venturoso alcanza.

          (_Vanse los criados_.)


[ESCENA V]

[EL PRINCIPE, GARCIA.]

PRINCIPE. Tratemos de mis males, que estoy lleno
de rabia y de dolor, y el pecho mo
se enciende en furia de mortal veneno.
Hoy de mi Anarda ese caduco to
al Rey de mis intentos se ha quejado;
vuestro yerro caus tal desvaro.
Mauricio fu el herido; han sospechado
que por mi voluntad, y que a Toledo
parta al punto, mi padre me ha mandado.
Cmo, ausente de Anarda, vivir puedo,
si aunque presente estoy, muriendo vivo?

GARCIA. Si tu amor firme o tu celoso miedo
remedio alcanza de tu mal esquivo
posible, huya el dolor, la pena olvida,
pues que yo a ejecutallo me apercibo.
Lo que mi brazo err, emiende mi vida;
que desde que empez, por justa herencia,
est por t a perderse apercebida.
Para seguirte en esta triste ausencia
las espuelas calc, (_Ap_. Callo mi intento,
pues la misma ocasin da la advertencia.)
La vida sigue el mismo pensamiento:
traza, resuelve, manda; que no siente
imposible mi fiel atrevimiento.

PRINCIPE. Vuestra lealtad, que al sol resplandeciente
su luz opone, alivia mi tormento;[8]
y as, mientras de Anarda peno ausente,
en prendas quedaris de mi firmeza,
que ser Argos de Anarda es gran ventura,
por mirar con cien ojos su belleza.

[Nota 8: "Tormento" pone el texto original; pero el sistema de rimas
de los tercetos exigira otra palabra, como "tristeza". Cf. con el final
de la pg. 87, donde el sistema de rimas de las quintillas exigira que
el verso dijera: " Ay de amor puesto en mujeres!" en vez de "en
mujer."]

GARCIA. Premiis mi amor. (_Ap_. Aqu la suerte dura
el resto ech; por cuidadosa guarda
quedo yo contra m de su hermosura!)
Un recado, seor, la hermosa Anarda
me ha dado para t.

PRINCIPE.      Cmo, Garca,
tanto tu lengua en referirlo tarda?

GARCIA. Porque no solicita tu alegra;
y a no obligar la ley de buen criado,
con el silencio ms te servira.

PRINCIPE.
Habla ya; que el temor me ha atormentado
ms que la nueva puede.

GARCIA.      Tu mal siento,
si bien en tu valor voy confiado,
porque es el toque dl el sufrimiento.

          [_Hablan en voz baja_.]


[ESCENA VI]

Salen DON JUAN y GERARDO.

[EL PRINCIPE, GARCIA, DON JUAN, GERARDO.]

GERARDO. [_Hablando con Don Juan a la puerta de la
cmara_.]
Como el toro, a quien tir
la vara una diestra mano,
arremete al ms cercano
sin buscar a quien le hiri,
su Alteza, con el dolor
que esta nueva le ha causado,
en nosotros ha vengado
los agravios de su amor.
Mas en entrando Alarcn,
o de amor, o de respecto,
seren el airado aspecto
y mud la condicin.

JUAN. Bien sabe Garci-Ruiz
merecer tanto favor.

GERARDO. Merece con el seor
quien tiene estrella feliz.

PRINCIPE. Que le d marido yo?

GARCIA. As lo dice.

PRINCIPE.      Ah Garca!
En mi loco amor confa
quien tal recado envi.
Ah cielo! Yo le he de dar
a la que adoro marido!
Cunto corta en un rendido
la espada, quiere probar.
Anoche el favor primero,
y hoy desengaarme as!

GARCIA. (_Ap_.)
Que fu el amor para m,
de todo con causa infiero.
Pero cmo puedo ay triste!
merecer por dulce esposa
mujer tan noble y hermosa,
y que a un Prncipe resiste?

PRINCIPE. Qu har?

GARCIA.      En casos de amor
nunca supe dar consejo.

PRINCIPE. Vos, pues en la corte os dejo,
con vuestro seso y valor
divertidla de ese intento,
encarecedle mi pena,
mientras el remedio ordena
mi afligido pensamiento.

GARCIA. Dos imposibles, seor,
me encargas.

PRINCIPE.      Tal caballero
para tales casos quiero.
Caballerizo mayor...

GARCIA. [_Arrodillndose_.]

De Alejandro es Vuestra Alteza
envidia.

                (_Sale Don Juan_.)

PRINCIPE.      Alzad pues. Don Juan,
callis?

JUAN.      Callando se dan
nuevas que son de tristeza.

PRINCIPE. Qu hay de Julia?

JUAN.      Ya la v.

PRINCIPE. No temis; que de Alarcn
s ya la resolucin
de mi Anarda contra m.
Ya s que se determina
a casarse esa cruel.

JUAN. (_Aparte al Prncipe_.)
Luego ya sabris que es l
a quien Anarda se inclina?

PRINCIPE. Quin?

JUAN.      Reprtate.

PRINCIPE.           Acabad:
que el alma en furor se abrasa.

JUAN. Oye, seor, lo que pasa,
si Julia dice verdad.

          (_Hablan los dos en secreto_.)

GERARDO
De la merced que os ha hecho
el Prncipe, alegre os doy
un gran parabin.

GARCIA.      Yo estoy
de vuestro amor satisfecho
pero podis persuadiros
que nada quedo a deber
y cuanto tenga ha de ser,
Gerardo, para serviros.

GERARDO.
Vuestro valor al deseo
da seguras esperanzas.

GARCIA. (_Ap_.) Tocando estoy las mudanzas
de mi suerte, y no las creo.
Quin, del infeliz estado
en que hoy se vi mi ventura,
creyera que a tanta altura
hoy me viera levantado?

PRINCIPE. Tal maldad! Viven los cielos,
que he de hacer!...

JUAN.      Seor, detente.

PRINCIPE. Quieres que el volcn reviente,
y el mundo abrasen mis celos?
Alarcn!

JUAN.      Que adviertas, ruego,
a su gran valor.

PRINCIPE.           Salid
al momento de Madrid.

GARCIA. Para adnde?

PRINCIPE.      Salid luego,
y cuanto ms lejos vais,
me dar por ms servido.

GARCIA. Seor...

PRINCIPE.      Ya estoy ofendido
de que partido no hayis.

GARCIA. [_Ap. retirndose_.]
Qu es esto, suerte importuna?
As el favor desvanece?
Vive el cielo, que parece
que est loca la fortuna!
Qu le habr dicho Don Juan?
Mas de Don Juan qu recelo,
si estas mudanzas del cielo
ciertos avisos me dan,
hacindome sin segundo
ya en el bien y ya en el dao,
del engao y desengao
de los _favores del mundo_?      (_Vase_.)


[ESCENA VII]

[EL PRINCIPE, DON JUAN, GERARDO.]

JUAN. Dame para hablar licencia,
ya que Alarcn se ha partido.

PRINCIPE. Qu quieres? Dirs que ha sido
poco humana mi sentencia,
siendo tanta la ocasin?

JUAN. Si a eso miro, fu piadosa,
seor, pero rigurosa,
si miro a tu condicin;
que desconozco el rigor,
en quien es la mansedumbre
naturaleza y costumbre.

PRINCIPE. Qu no harn celos y amor?
Tan otro soy del que fu,
con sus efetos violentos,
que extrao mis pensamientos,
y no me conozco a m.

JUAN. De que no sientas no trato,
donde es tanta la ocasin;
mas da un rato a la razn,
pues diste al enojo un rato.
Confesado me ha tu Alteza
que es violento ese accidente:
lo violento fcilmente
vuelve a su naturaleza.
En qu diferencia pones
a ti y a un hombre vulgar,
si as te dejas llevar
del furor de tus pasiones?
Cualquiera, seor, es sabio
donde no hay dificultad;
la mansedumbre y piedad
se tocan en el agravio.
La fiera borrasca muestra
si es el piloto prudente,
y el jinete en potro ardiente
fuertes pies y mano diestra.
Esta es la misma ocasin
que debiera desear
tu Alteza, para mostrar
su piadosa condicin,
y ms donde el condenado
ser inocente podra;
que hasta agora de Garca
no sabemos si ha pecado.
Julia slo el pensamiento
de Anarda me ha referido;
pero no que l haya sido
cmplice de aqueste intento
Y la primera advertencia
que Julia en esta ocasin
me hizo, fu que Alarcn
no te siga en esta ausencia;
que cautamente sabr
dl si a tu enemiga estima;
y siendo as, de su prima
tales cosas le dir,
que la desdee injurioso,
para que ella, desdeada,
de su amor desesperada,
quiera al Conde por esposo
Que mientras tenga esperanza
de que l su amor corresponde,
no hay pensar que ver el Conde
en sus rigores mudanza.

PRINCIPE. Es agudo pensamiento.

JUAN. Con amor y con lealtad
te sirve, y la voluntad
da fuerza al entendimiento.
Dems desto, considera
que sabiendo tu aficin,
no se casar Alarcn,
aunque querido la quiera.
Y por un leve temor
que asegura su nobleza,
no ha de pagar mal tu Alteza
a un hombre de tal valor.
Ni permitas que Alarcn
me tenga por falso amigo,
pues de lo que habl contigo
vi nacer tu indignacin;
con que es forzoso entender
que ingrato y villano soy,
pues quito tu favor hoy
a quien vida me di ayer.
Bien tem yo tu castigo
cuando te daba el recado;
mas la ley de buen criado
venci a la de buen amigo.
Esto ha de bastar, seor,
a que tomes otro acuerdo,
si mis servicios no pierdo,
si no me engaa tu amor.

PRINCIPE. Digo que me has convencido,
y de haberlo desterrado
estoy, Don Juan, lastimado,
cuanto ms arrepentido.
Abrzame; que es razn
dar premio a tu gran nobleza,
y por ver esta fineza,
estimo aquesta ocasin.

JUAN. Por tal dueo poco es dar
la sangre, vida y honor.

Dame licencia, seor,
de que lo vaya a alcanzar.

PRINCIPE. Ser, Don Juan, darle indicio
de liviana condicin.

JUAN. Fia tu reputacin
de mi ingenioso artificio.

PRINCIPE. Como la ocasin no pueda
colegir que esto ha causado,
a lo que le he encomendado
le d que en la corte queda.

JUAN. Partes luego?

PRINCIPE.      Ya el rigor
de mi airado padre ves.

JUAN. Para alcanzarte, a mis pies
dar sus alas mi amor.      (_Vase_.)


[ESCENA VIII]

Salen CRIADOS.

[EL PRINCIPE, GERARDO, _los dos_ PAJES _y otros_ CRIADOS.]

PRINCIPE. Puedo partir?

GERARDO.      A tu Alteza
todo aguarda apercebido.

PRINCIPE. Quin duda que ests sentido,
Gerardo, de mi aspereza?

GERARDO. Slo tus pesares siento.

PRINCIPE. Ah Gerardo! no te espante;
que es pluma leve un amante,
y celos y amor el viento.
Algrete este rub,      (_Dale una sortija_.)
si por mi causa ests triste.
Y t, pues que me sufriste
lo que sin razn re,
               (_Da a otro criado otra sortija_.)
con este diamante, Otavio,
publica tu sufrimiento;
y a ti, el arrepentimiento
que tengo ya de tu agravio
               (_Da a otro una cadena_.)
te diga aquesa cadena,
que me confiesa obligado.

PAJE 1. Aumente el cielo tu estado.

GERARDO. Alivie Anarda tu pena.

PAJE 1. A su curso natural
el ro presto volvi.

GERARDO. Quin a Prncipe sirvi
tan piadoso y liberal?          (_Vanse_.)

[_Habitacin de Garca, en Madrid_.]


[ESCENA IX]

Salen GARCIA y HERNANDO, de camino.

GARCIA. Cmo est el Conde?

HERNANDO.      No es nada.
Un piquete siente as!
Como es seor, es de vidro,
y est su vida en un tris.
Tiene en la tabla del brazo
una sangra sutil;
que la manga de la cota
no le llegaba hasta all.
Una vena le rompiste;
desangrbase, y as
se desmay; ya est bueno,
y ha pedido de vestir.

GARCIA. Hulgome. Vienen las postas?

HERNANDO. Ya comenzaba a subir
el postilln, batanado
en el angosto rocn.

GARCIA. Mucho tarda a mi deseo.

HERNANDO. Esto es irte, o es huir?

GARCIA. Fuego de Dios en amores
y privanzas de Madrid!

HERNANDO. Esos dos polos quisiste
con tus dos manos asir?
A entrambos pierde de vista
el ingenio ms sutil,
y el que ms alcanza, dice
que ha de conservarse aqu
Ganimedes con embuste,
y con dinero Amads.
Andas en cueros por las calles
despreciado el dios Machn,
y como se ve tan pobre
y ciego, ha dado en pedir.
En amaneciendo Dios,
ya en chinela, ya en chapn,
de los nidos salen bandas
de busconas a embestir,
todas buscando el dinero,
no al galn sabio y gentil:
quien no tiene es un demonio,
y quien tiene, un serafn.
Ninguno cumple deseo,
si bien lo adviertes, aqu;
que el pobre jams lleg
de sus intentos al fin;
y el rico, si no desea,
cmo lo puede cumplir?
Porque antes de desear,
alcanza el rico en Madrid.
Sin estos inconvenientes,
considero yo otros mil,
que es un asno el que en la corte
con ellos quiere vivir.
Un lancero a quin no mata
con un cuerpazo hasta all,
dando voces como truenos,
que hacen los perros huir?
A quin no cansa un barbn
con un tiple muy sutil,
lastimero y recalzado,
diciendo: _ili portugu_?
Quin sufre un burro aguador,
que me sabe distinguir
a m de un poste, y se aparta
del poste, y me embiste a m?
Quin sufre un cochero esento
cuya lanza cocheril
rompe ms entre cristianos
que entre moros la del Cid?

GARCIA. Esas cosas te dan pena?

HERNANDO. Estas me la dan a m,
que son con las que se roza
la jerarqua servil.
Y si cosas tan menudas
me desesperan as,
cul estar entre las grandes
el que juzgan ms feliz?
Buena pascua! Vamos presto:
nunca tan cuerdo te v;
que aqu todo es embeleco,
todo engao, todo ardid.
Al que promete aqu menos,
y al que cumple ms aqu,
el pronstico de Cdiz
no se la gana a mentir.
Coche y Prado son su gloria,
y esta se reduce al fin
a mirarse unos a otros,
y andar de aqu para all.
Pero las postas son estas.

GARCIA. Pues alto, Hernando, a subir.

HERNANDO. Bien puedes; que a punto estn
la maleta y el cojn.          (_Vase_.)
Adis, corte; adis, Anarda.


[ESCENA X]

Sale DON JUAN.

[DON JUAN, GARCIA.]

JUAN. Los caballos despedid;
que os manda quedar su Alteza
en la corte.

GARCIA.      Qu decs!

JUAN. Que ces la causa ya
por que os mandaba partir,
y as ha cesado el efeto.

GARCIA. Y puedo saberla?

JUAN.           S.

GARCIA. Decilla presto, Don Juan.
Qu causa al Prncipe di
de tan repentino enojo?

JUAN. Errisos, Garci-Ruiz.
No de enojo, mas de amor
mud el clavel en jazmn,
por una nueva que yo
de vuestro riesgo le d.

GARCIA. Y era el riesgo...?

JUAN.      Del enojo
del Rey.

GARCIA.Del Rey contra m?

JUAN. Por la herida de Mauricio.

GARCIA. Pues quin le pudo decir
que fu yo el actor?

JUAN.      No s:
por esto os mand partir,
como os ama, temeroso
de algn suceso infeliz;
y el enojo que en l vistes
fu contra el pecho ruin
que a indignar al Rey con vos
di aliento a la lengua vil.
Entr luego a ver al Rey,
y djole con ardid
cmo a Toledo, Garca,
os llevaba a vos y a m.
Que nos llevase en buena hora,
dijo su padre, y de aqu,
que era falsa, colegimos,
la nueva que yo le d;
que a estar con vos indignado,
no os permitiera seguir
al Prncipe, y en su rostro
que minti la fama v.
Con esto y con que a su Alteza
libraros, Garci-Ruiz,
de cualquier riesgo es ms fcil
que no apartaros de s,
os manda quedar, y encarga
a ese esfuerzo varonil
lo que con voz ha tratado.

GARCIA. Y es menester para m
este recuerdo? A su Alteza,
Don Juan amigo, decid
que slo triste parta
de pensar que le ofend,
y, alegre de que fu engao,
quedo a servirle en Madrid.

JUAN. Dadme los brazos, Garca.

GARCIA. Don Juan, tan presto os parts?

JUAN. Al Prncipe he de alcanzar,
que va a Illescas a dormir.
(_Ap_. Ni ms por t pude hacer,
ni ms te puedo decir;
valor y prudencia tienes,
t sabrs mirar por t.)      (_Vase_.)


[ESCENA XI]

GARCIA. Encontr Amor a la Fortuna un da,
mula de su imperio soberano;
de Aqueloo las reliquias una mano,
y la rueda fatal otra mova.

El soberbio rapaz la desafa,
y el arco flecha; pero flecha en vano;
que no la ofende su poder tirano,
si el cetro menos l della tema.

Al fin, reconocidos por iguales,
dios cada cual en cuanto cie Apolo,
ni l las viras dej, ni ella los giros.

Qu tanto soy contra enemigos tales?
No se vencen los dioses y yo solo
bastar a sus mudanzas y sus tiros?      (_Vase_.)

[_Sala en casa de Anarda_.]


[ESCENA XII]

Salen JULIA, ANARDA e INS.

JULIA. En lo que ahora te digo,
mi amor te quiero mostrar.
A Mauricio, tu enemigo,
el Rey pretende casar
contra tu gusto, contigo,
y siguiendo aqueste intento,
vendr agora de su parte
quien acabe el pensamiento,
con orden para llevarte,
si resistes, a un convento.

ANARDA. Cuando la mano le d
al Conde, o no tendr seso,
Julia, o sin vida estar.

JULIA. Si te resuelves en eso,
un consejo te dar.

ANARDA. Ya, prima, tu lengua tarda.

JULIA. ntrate al punto en el coche;
del furor del Rey te guarda;
que yo desde aqu a la noche
har tu negocio, Anarda.

ANARDA. Bien dices.

JULIA. Presto; que ya
vendr la gente que digo.

ANARDA. (_Llamando_.) Hola! El coche.

INS.      Puesto est.

ANARDA. El manto. Ins, ven conmigo.

JULIA. Las cortinas llevar
tendidas el coche, prima:
no sepan que vas en l.

ANARDA. Mucho tu amistad me anima;
que es una amiga fiel
la joya de ms estima.

          (_Vanse Anarda e Ins_.)


[ESCENA XIII]

[JULIA.]

JULIA. (_Ap_.) Qu bien la supe engaar!
Quien camina descuidado
es fcil de saltear.
Agora pienso acabar
el enredo comenzado.
Con esto a mi amor quit
el mayor impedimento;
que como a solas est
con Alarcn, a mi intento
hoy dulce puerto dar.
Hoy lograr mi esperanza;
porque es necio el que no entiende
que hay peligro en la tardanza,
si con brevedad no alcanza
quien con engaos pretende.


[ESCENA XIV]

Sale BUITRAGO.

[BUITRAGO y JULIA.]

JULIA. Anarda fuse?

BUITRAGO.      Imagina
cada caballo espaol,
segn con ella camina,
que lleva en el coche al sol,
y que es nube la cortina.

JULIA. Viene Alarcn?

BUITRAGO.      Al momento
me respondi que vena.      (_Vase_.)

JULIA. Sus pasos son los que siento,
pues se alegra el alma ma
y se turba el pensamiento.


[ESCENA XV]

Salen GARCIA y HERNANDO.

[JULIA, GARCIA y HERNANDO.]

GARCIA. Sujeto a vuestro mandado
vengo a ver lo que queris:
nada me encubra el cuidado,
pues me confieso obligado
a la merced que me hacis.

JULIA. Gloria ilustre de Alarcn,
este cuidado que os muestro
no os pone en obligacin,
porque por mi honor, el vuestro
procuro en esta ocasin.
Casarse con vos intenta
mi prima, que hacer pretende
a vos y a su sangre afrenta;
y como en ella me ofende,
tomo el remedio a mi cuenta.
Del vuestro pende mi honor,
y aunque para defendello,
casado, tendris valor,
viendo el peligro, es mejor
evitallo que vencello.

GARCIA. Posible es que slo el celo
de lo que apenas os toca
os causa tanto desvelo?
Ms viva causa recelo
que a tal cuidado os provoca.

JULIA. (_Ap_. Temblando est mi edificio;
esfurcelo otra invencin.)
Parte es celo, parte oficio
que paga la obligacin
en que me ha puesto Mauricio.
A su ruego lo he intentado,
y porque mi honor mejora;
y no habindolo alcanzado,
a ser tema viene agora
lo que fu razn de estado.
Pero qu sirve que os cuente
la causa? El efeto ved
a vuestro honor conveniente;
si es buena el agua, bebed
sin preguntar por la fuente.
Yo os digo, Alarcn, verdad,
la causa cual fuere sea:
despus, de vos os quejad;
slo en el Prncipe emplea
Anarda su voluntad.
No os mueva el falso favor
de aquel honesto fingir,
porque su intento traidor
es, con vuestra mano, abrir
las puertas a ajeno amor.
Y porque sepis, Garca,
si apresuran vuestro dao
(que esto a vos slo poda
decirse) (_Ap_. con este engao
he de hacer gran batera),
Anarda a cierto lugar
parte agora, igual al viento,
adonde la fu a esperar
su Alteza, para trazar
el fin deste casamiento.

GARCIA. Que un pensamiento traidor
quepa en sangre principal!

JULIA. Como eso puede el amor,
pues que te prevengo el mal,
prevn remedio a tu honor.

GARCIA. El no casarme con ella
es el remedio.

JULIA.      Alarcn,
si l llega a mandallo, y ella
da la mano, qu razn
has de dar de no querella,
y ms cuando tu de amor
a Anarda muestras has dado?
Vindote as retirar,
por fuerza no han de pensar
que su intencin te he contado?
Pues mira t si es razn
que con el bien que te he hecho
granjee su indignacin.

GARCIA. No cabe en mi noble pecho
ingrata imaginacin.

JULIA. Y por t tambin es justo
que algn mpetu violento
temas del Prncipe injusto,
o porque no haces su gusto,
o porque sabes su intento.
Si ve su pecho real
que sabes falta tan grave
dl, teme un odio mortal;
porque todos quieren mal
a quien sus delitos sabe.

GARCIA. Ya que a mi incauto navo
mostraste con pecho fiel
el fiero oculto bajo,
slo en tu valor confo,
Julia, que lo libres dl.
Aconsjame.

JULIA.      El consejo
edad y prudencia quiere.

GARCIA. Mi amor en tus manos dejo;
que al ms sabio y al ms viejo
tu claro ingenio prefiere.

JULIA. Pues tanto te satisface
mi voluntad conocida,
que en tu bien discursos hace,
digo que la diestra herida
de la misma herida nace.
Si te ofenden con casarte,
el casarte te defienda;
busca a quien pueda igualarte,
y antes que el Prncipe entienda
que se trata, has de obligarte.

GARCIA. Fuerte remedio!

JULIA.      Violento;
mas pdelo el mal cruel,
y un honrado pensamiento
fcil arriesga el contento,
si aguarda el honor con l.

GARCIA. Ay cielos! Tanto rigor?...

JULIA. (_Ap_.) Ayude amor mi esperanza.

GARCIA. Con hombre de mi valor?
Esto es corte? Esto es privanza?
Esto honra?

JULIA.      (_Ap_.) Y esto amor?

GARCIA. Cmo quieres que halle yo
mujer?...

JULIA.      Si se determina
tu pecho a lo que me oy,
quien el remedio orden
te dar la medicina.

GARCIA. Mujer igual a quien soy
me dars?

JULIA.      Digo que s.

GARCIA. Pues determinado estoy.

JULIA. Dirs que es igual a ti,
si igual a m te la doy?

GARCIA. Y que excede a mi deseo.

JULIA. Pues en t, noble Alarcn,
tan ilustres glorias veo,
que a la mayor presuncin
pueden dar honroso empleo.
Mas cuando en casar contigo,
mucho de mi honor perdiera,
que diera la mano digo,
si de esa suerte saliera
con el intento que sigo.

GARCIA. Qu dices?

JULIA.      De qu te alteras?

GARCIA. Agora das en probarme?

JULIA. Las causas que consideras
me fuerzan; mas obligarme
t por ti no merecieras?

GARCIA. (_Ap_. Grandes malicias advierto:
mucho me da que entender
aqueste nuevo concierto.
Si me quiere esta mujer,
el engao he descubierto,
yo lo ver.) Mi esperanza
de un favor tan soberano
teme el engao o mudanza.

JULIA. Dars crdito a la mano,
si la lengua no lo alcanza?

GARCIA. Cunto estimara tu intento,
a ser hijo del amor!

JULIA. Basta; no me ds tormento;
no engendra solo el honor
tan resuelto pensamiento.

GARCIA. Luego en efeto me quieres?
Dme, por Dios, la verdad.

JULIA. Qu discreto, Alarcn eres!
No dicen ms las mujeres
de mi estado y calidad.

GARCIA. Pues y Don Juan? Qu dira?
Que s que te quiere bien.

JULIA. Eso a mi cuenta, Garca.

GARCIA. Corre a la ma tambin,
porque de m se confa.

JULIA. Don Juan slo se entretiene,
porque al Prncipe acompaa
cuando a ver a Anarda viene;
mas ni mi favor le engaa,
ni es amor el que me tiene.
Y cuando me tenga amor
con que te obligue a lealtad,
mira si se est mejor
el conservar su amistad
que dar remedio a tu honor.
Si no le piensas callar
lo que hemos tratado aqu,
tu intencin ha de estorbar;
que ha de querer agradar
ms al Prncipe que a ti,
y no es razn que lo intentes
en mi dao.

GARCIA.      En todo hallo
montaas de inconvenientes.

JULIA. Los del honor son urgentes.

GARCIA. Djame por hoy pensallo.

JULIA. El remedio que te doy,
consiste en la brevedad.

GARCIA. Ya de eso advertido voy,
y de que a tu voluntad,
obligado, Julia, estoy.      (_Vase_.)

JULIA. Grandes cosas he emprendido,
y mis enredos extraos
lo posible han excedido;
mas quien de amor no ha sabido
no condene mis engaos.
Buitrago.


[ESCENA XVI]

Sale BUITRAGO.

[JULIA y BUITRAGO.]

BUITRAGO. Seora.

JULIA.           Id
donde mi prima os aguarda,
y que se venga decid.

BUITRAGO. En el Soto est.

JULIA.      Y si Anarda
algo os pregunta, advertid...      (_Vanse hablando_.)

[_Calle.--Es de noche_.]


[ESCENA XVII]

Sale HERNANDO, de noche.

[_Contando las horas que da un reloj_.]

Dos, tres, cuatro, cinco, seis,
siete, ocho, nueve, diez, once.
Vlgate Dios por mujer!
Has de venir esta noche?
Que a estas horas est fuera
una doncella!Qu azotes!
Pobre coche el que una vez
una ballenata coge!
Piensa que el cochero es piedra
y los caballos de bronce,
y la noche, cuando viene,
lleva dos mil maldiciones.
Poh!Mal hubiesen los gatos
que dan algalia a estos botes!
Ya empiezan las cosas malas
de entre las once y las doce.
Como salen a tal hora
en otras partes visiones,
en Madrid por las narices
espantan diablos fregones.
Otro? Mal haya la Arabia
que engendra tales olores!
Agora huele a adobado,
y es la quinta esencia entonces.
Coche suena; por la calle
sube de los Relatores...
Seor, seor!


[ESCENA XVIII]

Sale GARCIA. [GARCIA y HERNANDO.]

GARCIA.      Qu hay, Hernando?

HERNANDO. Por ac, que viene un coche.

GARCIA. Si ser Anarda?

HERNANDO.      La vuelta
da hacia su casa: parse.
Mujeres son.

GARCIA.      Ello es cierto.
Claramente se conoce
que Julia dijo verdad.

HERNANDO. Dos solas, y a media noche!


[ESCENA XIX]

Salen ANARDA e INS, con mantos.

[ANARDA, INS, GARCIA y HERNANDO.]

GARCIA. Escucha, Anarda.

ANARDA. [_Acercndose a la puerta de su casa._]
          Quin es?
Hola! Una luz.

GARCIA.      No ds voces.
Alarcn soy.

ANARDA.      Vos, seor!
Qu queris?

GARCIA.      No te alborotes.

ANARDA. De qu, dnde vos estis?
(_Tira Anarda a Ins con temor hacia s_.)

INS. [_Ap. a su ama._]
Ya entiendo. (_Ap_. El manto me rompe.)

GARCIA. Perdonad mi grosera,
si lo es preguntar de dnde
viene sola y a estas horas
una doncella tan noble.

ANARDA. Aunque para hablar no es este
tiempo ni lugar conforme,
aquel es tiempo y lugar
donde riesgo el honor corre.
Djome Julia que el Rey
determinado dispone,
o que me entre en un convento
o que d la mano al Conde,
y que esta tarde vendra
su gente por m, con orden
de ejecutar este intento;
que con mi ausencia lo estorbe;
que ella, ausente yo, dara
traza como no se logre
el intento de Mauricio.
Aproblo, tom el coche,
y solas Ins y yo
nos fuimos al Soto, donde
un escudero de Julia
al anochecer llamme.
Yo, que de espas del Rey
es fuerza que miedo cobre,
hasta las horas que veis
no quise salir del bosque.

GARCIA. (_Ap_.) Con lo que a su prima o,
esto qu tiene que ver?
A Anarda llego a creer,
y a Julia tambin cre.
Ay de m! en qu ha de parar
la confusin de mi pecho?

ANARDA. No ests, seor, satisfecho?

GARCIA. (_Ap_.) Ah Dios! Quin pudiera hablar?

ANARDA. No hablas?

GARCIA.T fuiste, Anarda...?
(_Ap_. Por Dios que estoy por decillo.)
A verte?... con el Sotillo?...

ANARDA. Qu dices?

GARCIA.      Digo que... Aguarda...
Que fuiste t...

ANARDA.           Adnde fu?

GARCIA. Jess, que priesa me das!

ANARDA. No ves que en la calle ests,
y que yo estoy mal aqu?

GARCIA. Digo... (_Ap_. No puedo en efeto;
que si Anarda me ha mentido,
es darme por entendido
y descubrir el secreto.)

ANARDA. Si pones en mi verdad
y en mi honor dudas, advierte
que yo en el satisfacerte
no pongo dificultad;
con que adviertas, Alarcn,
que la obligacin entiendo
de quien me pide, no siendo
mi esposo, satisfacin;
y te des por entendido
de lo que te da a entender
quien, no siendo tu mujer,
satisfacerte ha querido.

GARCIA. Tan torpe de entendimiento,
tan ciego piensas que soy,
que en tus tiernos ojos hoy
no te leyese el intento?
Y t decirme podrs
que no te he dicho mi pena,
que slo el Prncipe enfrena
los intentos que me das?

ANARDA. Que no ha de estorbarme, advierte,
lo que convenga a mi honor,
y eso supuesto, seor,
yo quiero satisfacerte.

GARCIA. Luz es esta.

INS.      Julia viene.

GARCIA. Y con ella la ocasin
con que la satisfacin
puedo tener que conviene.

ANARDA. D cmo.

GARCIA.      Dle que soy
el Prncipe, que, enojado,
incrdulo y porfiado,
celos pidindote estoy.
Que ella la verdad refiera;
y si concuerda contigo,
que estoy satisfecho digo.

ANARDA. Soy contenta.


[ESCENA XX]

Salen JULIA y BUITRAGO, con una luz; ntrase BUITRAGO
con la luz; embzase GARCIA. [ANARDA, JULIA, INS, GARCIA y HERNANDO.]

ANARDA.      Prima, espera.
Quita la luz.           [_A Buitrago.]
[ntrase Buitrago con una luz, y embzase Don
Garca._]

JULIA.      He bajado
a buscarte, prima, as,
porque ha gran rato que o
el coche, y me di cuidado.
(_Ap_. Oh celos!)

ANARDA.      Me ha detenido
su Alteza...

JULIA. (_Ap_.)      Mi mal ces.

ANARDA. Que por correrme, corri
la posta.

JULIA. (_Ap_.)      Amor lo ha trado.

ANARDA. Dle, prima, lo que pasa;
que me ha encontrado a la puerta,
y es milagro no estar muerta,
segn en celos se abrasa.
De dnde vengo le cuenta,
y a qu de casa sal.

JULIA. Yo, seor, decir o
que el Rey, vuestro padre, intenta
que Anarda la mano d
a Mauricio, su enemigo,
o en un convento en castigo
de su resistencia est,
y que hoy por ella enviaba
para ejecutarlo as;
yo al remedio me ofrec,
si al rigor el cuerpo hurtaba.
Con esto al Soto parti,
donde la nueva ha esperado,
que Buitrago le ha llevado,
de que la fama minti.

ANARDA. Ests satisfecho?

GARCIA.      S.

ANARDA. Prima, y nuestro to?

JULIA.           Ya
entregado al sueo est.

ANARDA. Pues sube; que voy tras ti.

JULIA. Sin temer el menor dao
puedes hablar hasta el da.
(_Ap_. Quiz entre tanto Garca
vendr a confirmar mi engao.)      (_Vase_.)


[ESCENA XXI]

[GARCIA, ANARDA, HERNANDO, INS.]

GARCIA. Quin creyera que menta
tan bien compuesta invencin?

ANARDA. Ya te di satisfacin.

GARCIA. Como tuya, Anarda ma.

ANARDA. Qu determinas?

GARCIA.      Rendir
a tu gusto mi albedro.

ANARDA. Dichosa yo si eres mo.

GARCIA. Nada lo puede impedir.


[ESCENA XXII]

Salen DON JUAN y EL PRINCIPE, de camino; GERARDO.

[ANARDA, INS, EL PRINCIPE, DON JUAN, GARCIA, GERARDO,
HERNANDO; luego BUITRAGO.]

JULIA. Rendidas quedan las postas.

PRINCIPE. Tal ha picado el amor.

JUAN. La casa de Anarda abierta!

PRINCIPE. S; que estaba ausente yo.

JUAN. Tras la puerta hay una luz.
Entraremos?

PRINCIPE.      Ciego estoy,
y la novedad obliga,
si convida la ocasin.

JUAN. Aqu hay gente. Quin va all?

GARCIA. Don Juan y el Prncipe son.

ANARDA. Sacad, Buitrago, esa luz.      (_Saca la luz_.)

PRINCIPE. Es Anarda?

ANARDA.      S, seor.

PRINCIPE. Quin est contigo?

GARCIA.      Quin
puede estar, sino Alarcn,
si por guardia vigilante
vuestra Alteza me dej?

PRINCIPE. En el zagun y a tal hora,
solos y a escuras los dos!

GARCIA. En este punto, de fuera,
seor, Anarda lleg,
y yo, que estaba en espa
con los celos de tu amor,
de venir tan tarde estaba
preguntando la ocasin.

PRINCIPE. [_Ap. a l._] Rabio, Don Juan.

JUAN. [_Ap_.] Disimula.

PRINCIPE. El seso perdiendo estoy.

JUAN. Toma de Julia el consejo:
de dos daos el menor.
Dala por esposa al Conde,
y, aunque con esa pensin,
vers fin en tu deseo,
y no en el suyo estos dos.

PRINCIPE. Gerardo, busca a Mauricio,
y d que lo llamo yo. (_Vase Gerardo_.)


[ESCENA XXIII]

Salen JULIA y DON DIEGO.

[ANARDA, JULIA, INS, EL PRINCIPE, DON JUAN, GARCIA, DON
DIEGO, HERNANDO, BUITRAGO.]

JULIA. En esta casa su Alteza!

DIEGO. Qu novedades, seor,
a tal exceso os obligan?

PRINCIPE. Noble Don Diego Girn,
para evitar los disgustos
que hay entre Mauricio y vos,
quiero dar esposo a Anarda,
y hacer estas paces yo.

DIEGO. De vuestra mano real
es, seor, tan noble accin.

ANARDA. Con quin, seor me casis?

PRINCIPE. Al Conde, Anarda, te doy.

ANARDA. Para hacer as las paces,
menester no rades vos;
que ya fuera mi marido,
si hubiera querido yo.
Hacer lo que otro no puede
es milagro del valor:
y as, pues hacer las paces
el vuestro nos prometi,
y cumplirlo es imposible
si al Conde la mano doy;
para que cumplir podis
tan precisa obligacin,
a Garci-Ruiz la mano
con vuestra licencia doy.

PRINCIPE. [_Ap. con Don Juan._]
Arrojse.

JUAN.      l no querr;
que es leal, y ve tu amor.

PRINCIPE. [_A Anarda_.] Sabes que querr Garca?

GARCIA. Si quisiera a Anarda yo
de suerte, que mi mal diera
a la envidia compasin,
no me casara, no siendo
con vuestro gusto, seor.

PRINCIPE. Qu bien dijiste, Don Juan!
Vos, Garca, sois quien sois,
y sois mi primer amigo
y mi privado mayor.

GARCIA. Al Prncipe, Anarda, debes
esta mano que te doy;
porque, a no querer su Alteza,
no me obligara tu amor.

PRINCIPE. Qu decs?

GARCIA.      Vos no queris
casalla?

PRINCIPE.      Yo?

GARCIA.           S, seor.

PRINCIPE.      Con el Conde.

GARCIA. Con el Conde;
pero si habis dicho vos
que vuestro mayor amigo
y mayor privado soy,
lo que dbades al Conde,
cmo puedo pensar yo
que me lo neguis a m?

HERNANDO.
(_Ap_.) Concluylo, vive Dios.

PRINCIPE. Sofsticos argumentos
en el vasallo, Alarcn,
arguyen claras malicias,
sin disculpar el error.
Idos luego a vuestra tierra,
porque nunca bien sirvi
el que con su dueo arguye.

GARCIA. Puesto que el vivo dolor
de haberos dado disgusto
me atraviesa el corazn,
vuestro mandado obedezco,
y por l gracias os doy,
pues que trueco al bien de Anarda
los males de la ambicin.

JUAN. Seor, mira que Garca...
y su valor...

     (_Hablan los dos en secreto._)

PRINCIPE.      Siempre vos...

JULIA. Al fin, necio de su Alteza
perder quisiste el favor?

GARCIA. Perdlo ganando a Anarda;
_favores del mundo_ son.

PRINCIPE. Vos lo peds, y Garca
tiene disculpa en su error.

JUAN. Alarcn, ya de su Alteza
tengo alcanzado el perdn.

GARCIA. Su benigno pecho alaben
cuantos gozan luz del sol.

HERNANDO.
Tantas vueltas en un da,
cundo fortuna las di?

JUAN. Julia, cumplid la palabra
que me distes.

PRINCIPE.      Siendo yo
el padrino, bien podis.

JULIA. Ya es forzoso; vuestra soy.

BUITRAGO. El Conde viene.

HERNANDO.      A buen tiempo!


[ESCENA XXIV]

_Sale el Conde_.

[ANARDA, JULIA, INS, EL PRINCIPE, EL CONDE, DON JUAN,
GARCIA, DON DIEGO, GERARDO, HERNANDO, BUITRAGO.]

CONDE. Aunque sin salud, seor,
sal luego a obedeceros.

PRINCIPE. Yo mismo el tercero soy
para que le deis la mano,
Conde, a Don Diego Girn.

CONDE. Pens que a Anarda.

PRINCIPE.      Ya Anarda
es esposa de Alarcn;
y no os pese, que a fe ma
que os ha importado el honor.

CONDE. Pues Vuestra Alteza lo manda,
soy su amigo.

DIEGO.      Vuestro soy.
Y _los favores del mundo_
dan fin, y piden perdn.

       *       *       *       *       *




CORRIGENDA.


La indicacin de escena al principio del acto tercero, que dice
"La calle frente a la casa de Anarda", debera decir: "Sala en
la casa de Anarda".

Sobre rimas probablemente equivocadas, vase la nota al pie
de la pgina 106.

ERRATAS. (ya corregidos)

Pgina Lnea   Dice          Debe decir

18      29     situacinoes   situaciones

19      28     nostoros      nosotros

30      10     alcalde       alcaide

34      14     albrooto      alboroto

42      17     hazaaas      hazaas

47       2     que un        si un

68      13     portuna       fortuna

79      17     el Prncipe   al Prncipe

89      25     ya            y a

90      28     si viniere    si mi to viniere

92       2     Cunado        Cuando

95      24     direos       diros

115     20     vidrio        vidro

117     19     essento       esento

119      6     Por la       (suprmase)





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Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.

1.B.  "Project Gutenberg" is a registered trademark.  It may only be
used on or associated in any way with an electronic work by people who
agree to be bound by the terms of this agreement.  There are a few
things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
even without complying with the full terms of this agreement.  See
paragraph 1.C below.  There are a lot of things you can do with Project
Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
works.  See paragraph 1.E below.

1.C.  The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
Gutenberg-tm electronic works.  Nearly all the individual works in the
collection are in the public domain in the United States.  If an
individual work is in the public domain in the United States and you are
located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
are removed.  Of course, we hope that you will support the Project
Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
the work.  You can easily comply with the terms of this agreement by
keeping this work in the same format with its attached full Project
Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.

1.D.  The copyright laws of the place where you are located also govern
what you can do with this work.  Copyright laws in most countries are in
a constant state of change.  If you are outside the United States, check
the laws of your country in addition to the terms of this agreement
before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
creating derivative works based on this work or any other Project
Gutenberg-tm work.  The Foundation makes no representations concerning
the copyright status of any work in any country outside the United
States.

1.E.  Unless you have removed all references to Project Gutenberg:

1.E.1.  The following sentence, with active links to, or other immediate
access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently
whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the
phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project
Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
copied or distributed:

This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
almost no restrictions whatsoever.  You may copy it, give it away or
re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
with this eBook or online at www.gutenberg.org

1.E.2.  If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived
from the public domain (does not contain a notice indicating that it is
posted with permission of the copyright holder), the work can be copied
and distributed to anyone in the United States without paying any fees
or charges.  If you are redistributing or providing access to a work
with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1
through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or
1.E.9.

1.E.3.  If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
with the permission of the copyright holder, your use and distribution
must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
terms imposed by the copyright holder.  Additional terms will be linked
to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
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1.E.4.  Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
License terms from this work, or any files containing a part of this
work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.

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electronic work, or any part of this electronic work, without
prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
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Gutenberg-tm License.

1.E.6.  You may convert to and distribute this work in any binary,
compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
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request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
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License as specified in paragraph 1.E.1.

1.E.7.  Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
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- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
     the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
     you already use to calculate your applicable taxes.  The fee is
     owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
     has agreed to donate royalties under this paragraph to the
     Project Gutenberg Literary Archive Foundation.  Royalty payments
     must be paid within 60 days following each date on which you
     prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
     returns.  Royalty payments should be clearly marked as such and
     sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
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     the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."

- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
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     and discontinue all use of and all access to other copies of
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     money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
     electronic work is discovered and reported to you within 90 days
     of receipt of the work.

- You comply with all other terms of this agreement for free
     distribution of Project Gutenberg-tm works.

1.E.9.  If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
electronic work or group of works on different terms than are set
forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

1.F.

1.F.1.  Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
collection.  Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
works, and the medium on which they may be stored, may contain
"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual
property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by
your equipment.

1.F.2.  LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
liability to you for damages, costs and expenses, including legal
fees.  YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
PROVIDED IN PARAGRAPH F3.  YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
DAMAGE.

1.F.3.  LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
written explanation to the person you received the work from.  If you
received the work on a physical medium, you must return the medium with
your written explanation.  The person or entity that provided you with
the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
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providing it to you may choose to give you a second opportunity to
receive the work electronically in lieu of a refund.  If the second copy
is also defective, you may demand a refund in writing without further
opportunities to fix the problem.

1.F.4.  Except for the limited right of replacement or refund set forth
in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.

1.F.5.  Some states do not allow disclaimers of certain implied
warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
the applicable state law.  The invalidity or unenforceability of any
provision of this agreement shall not void the remaining provisions.

1.F.6.  INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
with this agreement, and any volunteers associated with the production,
promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     http://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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