The Project Gutenberg EBook of Los Indios, su Historia y su Civilizacin, by 
Antonio Batres Juregui

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Title: Los Indios, su Historia y su Civilizacin

Author: Antonio Batres Juregui

Release Date: March 28, 2014 [EBook #45250]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS INDIOS ***




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En esta edicin se han mantenido las convenciones ortogrficas del
original, incluyendo las variadas normas de acentuacin presentes en el
texto. (la lista de errores corregidos sigue el texto.)

En el original, la numeracin de las pginas es: 1-5, I-XII, 1-216.

Se han subtitudo las 'n' por 'u' y viceversa cuando quedaba claro en
el contexto.

En el original, los carcteres ", ? y ! no siempre estn emparejados
correctamente. Se ha dejado como el original.

En el original, el apstrofe suele ir seguido de un espacio. Se ha
dejado como el original.

En la pgina 216 se hace referencia al ao 801. Aunque parece
incorrecto, se ha dejado la referencia.

En la pgina 28 se hace referencia a la Nota 37 que no se encuentra. Se
ha dejado indicado como [Nota 37].

En el Indice, la Introduccin est referenciada como la pgina 6,
cuando, segn la numeracin, es la pgina I.

Las letras itlicas se muestran entre _subrayados_. Las letras en
negrita se muestran entre =signos igual=. Las versalitas (letras
maysculas de tamao igual a las minsculas) han sido sustituidas por
letras maysculas de tamao normal.

(nota del transcriptor)




                                  LOS
                                INDIOS
                              SU HISTORIA
                                 Y SU
                             CIVILIZACION


                                  POR
                       =Antonio Batres Juregui=

  Individuo de la Facultad de Derecho de Guatemala, de la Real
  Academia Espaola, de la Matritense de Jurisprudencia y
  Legislacin, de la Sociedad de Historia Diplomtica de Pars, de
  la Sociedad de Legislacin comparada de Francia, de la Sociedad
  Literaria Hispanoamericana de Nueva York, del Instituto Smithoniano
  de los Estados Unidos de Amrica, de las Academias de Ciencias de
  Guatemala y El Salvador




                                 1893


                               GUATEMALA
  Establecimiento Tipogrfico LA UNIN, Octava Calle Poniente, No. 6.
                                 1894




     Esta obra, presentada al Ministerio de Instruccin Pblica en
                          SEPTIEMBRE DE 1893,
                        es propiedad del autor




                              ADVERTENCIA


El carcter severo de la historia me ha obligado, al escribir este
libro,  procurar que las noticias que contiene, vayan apoyadas por
la autoridad de escritores notables, que he ledo con detenimiento,
y que cito  cada paso, no por hacer alarde vano de erudicin, sino
para justificar las aseveraciones que modestamente presento al
pblico, aunque con la plena confianza de haber tenido  la vista, al
formularlas, una gran parte de las obras que arrojan luz sobre los
tiempos pasados de la raza indgena de Amrica.

Sin dar suelta  los arranques de la imaginacin, y rechazando los
matices de la fantasa, que no cuadran en una obra del linaje de la
presente, no he desdeado revestir de vivo color algunos pasajes,
que resaltan asi del fondo de la arqueologa del Nuevo Mundo; ni he
dejado de quilatar la verdad en el crisol de la crtica, y de respetar
los fueros de la moral histrica, que requiere la ms inflexible
imparcialidad, al propio tiempo que exige que no se oculten las fuentes
de donde se toman las enseanzas que se presentan, al travs del propio
criterio. He ah porqu muchas veces he preferido, en el curso de mi
labor, transcribir de todo en todo lo que algunos maestros ensean
en cada materia, para depurar, con sus propias palabras, lo que la
austeridad histrica demanda.

Lejos de mi nimo ha estado el constituirme en iracundo censor de
Espaa, llamando  juicio, ante los tiempos modernos y al travs del
actual progreso,  los hechos que pasaron hace siglos, como si no fuera
preciso tener en cuenta las ideas y las preocupaciones de las diversas
edades,  fin de que prevalezca en todo caso el criterio sereno y la
razn desapasionada; pero tampoco soy vocero de la poca colonial, ni
de aquellos que pretenden exhibirla inmaculada y pura. Fu necesaria
evolucin, para que un mundo entero entrase en comunidad de miras
 intereses con el resto del planeta. Cpole  la nacin ibera el
glorioso destino de hacer renacer  la vida de la civilizacin este
hemisferio. Es ley de la naturaleza que, as como el hombre viene al
mundo entre lgrimas y dolores, no pasen los pueblos de una  otra
edad, sino entre ayes de amargura y torrentes de sangre.

Ni se extrae que  las veces no limite mis estudios solamente 
los aborgenes de Guatemala, ya que, aunque  ellos les consagro
la mayor parte de mis lucubraciones--como que el primordial objeto
es historiarlos  inquirir el modo de acrecentar su civilizacin
y desarrollo--no he querido dejar por eso de decir algo, siquiera
ligeramente, de lo que concierne  los clebres imperios de Atahualpa
y Guautimoc; porque de otro modo no es dable que, del obscuro fondo
del pasado, se destaque bien el panorama de las naciones civilizadas y
tribus salvajes de la Amrica Central, en los tiempos precolombinos.

Por lo dems, ya que en esta ltima mitad del presente siglo ha
despertado en Europa el espritu de inquirir, con inters y hasta con
entusiasmo, cuanto se relaciona con la historia de las primitivas
razas del Nuevo Mundo, natural parece que se diera alguna extensin 
la presente obra, puesto que el istmo de Centro-Amrica fu emporio
de soberbias ciudades y ncleo de poderosos imperios, antes de la
conquista espaola. Al propio tiempo, pues, que he hecho un estudio
detenido del origen, lenguas, costumbres, gobiernos, religin, ciencias
y dems fases de la cultura indiana, he procurado disear especialmente
la manera como han venido pasando, al travs de los tiempos, los
aborgenes pobladores de Guatemala: los procedimientos que, durante
el gobierno colonial, se emplearon para con ellos, y los esfuerzos
que se han hecho para mejorar su estado; concluyendo por apuntar los
escollos con que tropieza el avance de su civilizacin,  indicando los
medios que ms pronta y eficazmente pueden contribuir  darle vigor y
desarrollo.[1]

      [1] Tales son los puntos que abraza el Decreto Gubernativo
      del 11 de Octubre de 1892, que convoc un concurso para
      premiar las obras que, _despus de contener la historia de los
      aborgenes y los procedimientos llevados  cabo para mejorar su
      condicin_, expusiesen los medios ms adecuados y econmicos
      para civilizarlos.




                             INTRODUCCION


                                "Si mi pluma tuviese dn de lgrimas yo
                              escribira un libro titulado =El Indio=,
                              y hara llorar al mundo.

                                                         JUAN MONTALVO.

La arqueologa prehistrica exhibe como continente muy viejo al que hoy
llaman todos Nuevo Mundo, y que apenas hace cuatrocientos aos volvi 
estar en comunicacin con el resto del planeta. Animales antidiluvianos
han desaparecido para siempre de la tierra, y diez selvas sucesivas se
han visto sobrepuestas unas  otras en terrenos de este suelo, llamado
poticamente _virgen_; mientras que el hombre americano, cuyos huesos
han permanecido por miles de aos junto con los restos de gneros de
mamferos tiempo ha extinguidos, vive y se multiplica, como es ley de
la naturaleza. En 1844 se encontraron en el Brasil esqueletos humanos,
confundidos con los del _mastodonte_ y el _megalonix_; en un corte del
Mississip, entre fragmentos de rboles de terrenos cuya formacin
tiene ms de mil siglos, segn Dowel y Lyell, se vieron huesos de
hombres, y haba un crneo cubierto por las races de aoso ciprs, que
habra vivido mucho ms, para sucumbir al fin. En Boston se muestra al
viajero, en el Museo de Historia Natural, una calavera encontrada en
California,  setenta varas de profundidad, en unin de muchos fsiles
de animales gigantescos; cerca de Buenos Aires se han recogido,
revueltos con piedras talladas groseramente, algunos fragmentos de
esqueletos de aquellos antiqusimos pobladores de la argentina pampa,
que se guarecan bajo las conchas enormes de colosales tortugas,
 guisa de rsticas viviendas (glyptodon elegans). Los estudios
geolgicos recientes han hecho penetrar la investigacin  remotsimas
fechas, evocando perdidos recuerdos y aadiendo, segn las expresiones
de Mr. de Quatrefages, gran nmero de siglos  la historia.[2]

      [2] Rapport sur les progrs de l'antropologie, pg.
      76.--Nardaillac, "Les premiers hommes."--T. II, pg. 13.

En efecto, el rey de la creacin, representante, al decir de Egard
Quinet, de la luz del mundo en su medio da, apareci cuando pudo
ese ser privilegiado, alzndose recto sobre sus pis, avanzar sin
esfuerzo, sin encorvarse, ni arrodillarse, ni rastrear, donde el
espacio se desarrollaba delante de l, y le convidaba  tomar posesin
del horizonte; donde toda la tierra le deca, como dijo Cristo al
paraltico de la Piscina _Levntate y anda!_[3] El hombre es el nico
de los animales que anda en el tiempo; es decir, que progresa en la
historia, que sale del estado primitivo, salvaje, al estado semiculto
y al civilizado. El tiempo, ese eterno generador y destructor  la
vez, ha venido atestiguando en la tierra, la marcha de la humanidad
hacia adelante, dejando las generaciones que mueren, el legado de sus
adelantos  las generaciones que nacen.

      [3] "La Creacin," T. I, pg. 303.--Madrid, 1871.

Cuando las velas desplegadas de tres pequeos barcos espaoles traan
 la Amrica el espritu europeo, que alboreaba en renacimiento
histrico, al expirar el siglo XV, la transicin iba  ser brusca y
sbita; la temperatura moral, el medio ambiente social, el torrente de
las ideas, el huracn de las creencias, el estallido de las pasiones,
la dinamita del inters, inflamada por el celo religioso, que,  usanza
musulmana se impona entonces  sangre y fuego; todo hubo de poner en
choque la civilizacin latina con la indgena civilizacin de Amrica.
Podran los pobladores de aquende el ocano, salvar de una vez el
tiempo que separa la edad de piedra de la edad de plata?........ El
exterminio, por la conquista, al filo de la espada, fu la suerte
de casi todos los innumerables pueblos que por tantos siglos haban
venido creciendo y desarrollndose en este continente. En la parte
que los ingleses ocuparon desaparecieron los indios, que apenas se
dejan ver hoy en una que otra tribu, que errante vaga, lejos del
bullicio de las villas y ciudades.[4] En donde los espaoles clavaron
el estandarte de los reyes catlicos, no se destruy por completo la
raza aborigen; pero en cambio, la fuerza del vencedor la subyug de
tal manera, la explot de tal modo, que apag en ella la vida moral,
las expansiones del espritu. Sin que sea mi nimo culpar  la heroica
Espaa de los efectos y consecuencias que deba producir la conquista
en el siglo XVI, ya que ni lgica, ni histricamente poda esperarse
otra cosa diversa, es lo cierto que  los frreos soldados iberos
tocles producir ese choque ciclpeo de una civilizacin avanzada con
otra civilizacin remota; y que en la lucha social, haba de acontecer
lo que sucede diariamente en la renovacin de los elementos de la
naturaleza. Las mismas manos que pusieron al emperador de Mjico en una
parrilla,  una Anacaona en la horca,  un nobilsimo inca en afrentoso
suplicio y  un Caupolicn en la punta de una lanza, esparcieron la
semilla del progreso europeo, de la civilizacin del viejo continente,
en las tierras que anegaban de sangre y fertilizaban con lgrimas. As
como el descubrimiento de Amrica estaba preparado por los designios de
la Providencia, la conquista del Nuevo Mundo se hallaba histricamente
preparada tambin,  causa de los sucesos varios que en luchas
sangrientas dividan  los pobladores de estas comarcas americanas,
cuya civilizacin harto haba decado.

      [4] RAMONA, novela americana, por Helen Hunt Jackson, traducida
      del ingls por Jos Mart.--Nueva York.--1888.

Los imperios ms ricos y populosos que existan aqu, al tiempo de
la conquista, que eran el de los aztecas, el de los incas y el de
los quichs, se hallaban menos civilizados que los antiguos indios,
que levantaron monumentos grandiosos en Mitla, Copn, Palenque, el
Cuzco, Titicaca, Huanuco y Tiahuanaco. La escritura fontica de los
mayas era ms perfecta que la de pinturas y nudos usados por los
dems pueblos. Hubo en Amrica,  no dudarlo, invasiones de tribus
salvajes del continente mismo, que destruyeron mucho de la cultura
de los antiqusimos imperios, ms viejos acaso que los de Siria y
Babilonia. La civilizacin de Mjico, Centro Amrica y el Per,
creen algunos que se elabor en el suelo americano, sin tomar nada
 los chinos,  los japoneses,  los israelitas,  los fenicios, 
los celtas,  los germanos, ni  los escandinavos.[5] Dicen que era
una civilizacin original y mucho ms adelantada, en poca remota
 la venida de los espaoles, bien que es preciso confesar que, no
obstante los prodigiosos adelantos que los gelogos y cosmgonos han
alcanzado en los ltimos tiempos, an permanecen esos puntos en tela
de juicio. Lo que s est demostrado, en la antigua historia de los
naturales del Nuevo Mundo, es que se verificaron invasiones de tribus
brbaras; de tal suerte que la tragedia que en el viejo continente
tuvo por desenlace la cada del imperio romano, se repiti en Amrica;
y los hunos, alanos, vndalos y godos de aquende el mar, consiguieron
destruir una civilizacin que poda relativamente competir con las de
Roma, Nnive, Egipto y la India.[6] Lo mismo que en el antiguo mundo,
ntase en Amrica que, en ciertas pocas dadas, la civilizacin,
semejante al sol, sigue su curso de Oriente  Occidente, y las
invasiones brbaras llegan  los imperios cuando ha sonado la hora
precisa de su cada. Se las ve siempre salir del Norte, para arrojarse
sobre las regiones del Medioda, y siguiendo una marcha anloga  la de
la civilizacin, que desciende del nordeste al sudoeste.[7]

      [5] J. D. VALDWIN. ANCIENT AMERICA, chap. V, p. 184. Esa teora
      de la originalidad de la civilizacin de Amrica data de pocos
      aos  esta parte.

      [6] MR. FRANCIS A. ALLEN. "La trs ancienne Amrique."

      [7] BRASSEUR DE BOURBOURG, p. 178. T. II.--Histoire des nations
      civilises du Mexique et de l'Amrique Centrale.

Divididas unas tribus de las otras, ni siquiera se entendan, ya que
siendo Amrica el hemisferio menos poblado, era el que contaba con
mayor nmero de idiomas.[8] Lejos de haber espritu continental entre
los indios, haba odios profundos y tendencias  la destruccin y
al exterminio. Poco antes de llegar los conquistadores espaoles,
sacrificaron los mexicanos,  sus dioses, despus de una guerra,
setenta y cinco mil prisioneros[9]; de tal suerte que el elemento
europeo, en escaso nmero, slo fu un medio de que us la Providencia
para efectuar, valindose de los mismos indios, la conquista sucesiva
de la tierra americana.

      [8] MULLER.--Allgemeine ethnographie (Viena, 1873), p. 550.

      [9] El seor Zumrraga, primer obispo de Mxico, dice que slo
      en la capital se sacrificaban anualmente veinte mil vctimas
      humanas. _Clavgero._

Sin pretender, pues, ni remotamente vituperar  aquellos hroes, que
como Pizarro y Corts, sojuzgaron los vastos reinos de estas comarcas
del Nuevo Mundo, no puede revocarse  duda que la raza vencida, que
se hallaba en un atraso relativo de miles de aos, respecto  la
vencedora, deba quedar despus de la hecatombe de sus progenitores,
abatida, triste, casi muerta. Mientras que los reyes de Espaa dictaban
leyes protectoras de los aborgenes, los conquistadores hallaban medio
de burlarlas, y explotar ms y ms  los miserables indios: fenmeno
natural, si se considera que los monarcas los contaban en el nmero
de sus sbditos, y los encomenderos y los alcaldes y los corregidores
y los capitanes generales y los virreyes, considerronlos como sus
siervos. Venan con una espada y una pobre capa los atrevidos soldados,
no  ejercer la caridad, ni  predicar la filantropa, sino  buscar
oro, y  saciar aquel espritu de altivo imperio y de aventuras
audaces, que se revelaba en crueldades sin cuento y hazaas heroicas.

Cuando la imaginacin contempla, antes del siglo XVI,  los pobladores
de este suelo tan rico, como variado, vagando por los bosques,  las
orillas de esos ros, que semejan mares, en los valles amenos y en las
florestas umbrosas, vseles como soberanos de todo cuanto su mirada
abarca y su planta huella. Son seores de la naturaleza que conocen;
la intrincada selva es suya; el ave que atraviesa por los aires puede
caer al golpe de su flecha; el cuadrpedo que vive en el monte, est
al alcance de sus armas  de su astucia. Escchanse los acordes de sus
_areitos_, al sn de las agrestes msicas; divsase en las mrgenes
del fresco lago, la turba grrula de las hijas de Kicab y de Tecum
que, cual alegres y pintadas guacamayas, dejan sus tibios nidos para
ir  refrescarse  las tranquilas ondas; contmplase al rey, en andas
de oro, vestido de plumas de quetzal, y cargado por nobles servidores,
que se dirige al pajizo palacio, tapizado de orqudeas, de palmeras
y enredaderas; desprcianse el oro, el palo y las esmeraldas, que
se hallan en los lechos de garzas y caimanes; las hojas del nopal
se cubren de vvida grana, que bulle entre las silvestres tunas;
ostntanse llanuras cubiertas de _milpas_, que movidas por el viento,
semejan escuadrones de penachos rubios y verdes alfanjes. Innumerables
aos han venido corriendo desde que, en edad ignota, en esta tierra
naci, aqu se multiplic y aqu creci, esa raza cobriza, que es la
raza americana. Si tuvo dolores, ha tenido goces; si la peste y la
guerra han diezmado sus ciudades, vive siempre, como vive la humanidad,
como vive la naturaleza toda, por medio de la renovacin. Haba
espritu indmito y pujante en Arauco, vigor y riqueza en los hijos
de Manco-Cpac, cultura en los quichs, orgullo en los cackchiqueles
y tradiciones gloriosas en los aztecas. Si la civilizacin de sus
progenitores perdi mucho de su brillo, quedaban los grmenes en campo
fecundo y exuberante: quedaban la vida, la fe y la esperanza. Pero
hubo de sonar en la historia, la hora nefasta de la desolacin y de la
ruina, como suena en el corazn del moribundo el postrer estertor de
la existencia. La raza indgena sucumbi al rudo empuje de otra raza
venida de allende el mar. Apareci el hombre _plido_ en el grandioso
templo de Tohil, y cual sacrificador de todo un continente, extingui
con su aliento de muerte las sagradas luminarias,  hizo callar las
frvidas oraciones; los dolos cayeron de sus altares, y para siempre
huy el sumo sacerdote, revestido de amarillo luto, llevndose la
biblia de sus tradiciones, el _ppol-vuh_ de sus recuerdos.

Brillan las lanzas, chocan las rodelas y despus de la algarada del
combate, cuando pasa la nube de humo de los arcabuces, viene el sol
indiferente  alumbrar el cadver galvanizado de una raza entera; yese
el chasquido del ltigo del encomendero; la enseanza del fraile, que
el indizuelo reverencia sin entender; los votos del criollo contra
el peninsular; las querellas de ambas Potestades; los alzamientos de
chapetones de barcada; las ruidosas discordias de la Real Audiencia con
el Presidente y el Obispo; la fausta nueva de que en Valladolid naci
un prncipe ibero,  la noticia dolorosa de que en el Escorial hay un
regio difunto ms; arman escndalo las guedejas de los eclesisticos;
se promulgan bandos  sn de tambor y con blico aparato sobre asuntos
balads[10]; se produce un conflicto, porque va sin golilla un Capitn
General  la catedral metropolitana; los concejales rien con los
cannigos, porque no tuvieron almohadas para hincar las rodillas en
la festividad del Corpus; y se arman competencias entre seglares y
eclesisticos, sobre asuntos de _mixto foro_; y pelea San Francisco
con Santo Domingo, y se presta atencin  menudencias y  nimiedades.
Empero, no es esto slo; las poblaciones coloniales estaban inmviles,
rgidas, inertes. Las sabias leyes que en pro de los vencidos, de los
miserables indios, se daban en Espaa, no se cumplan  derechas en
estas regiones. Fu una lucha secular entre los reyes, que expedan
cdula tras cdula, favoreciendo  los aborgenes, y los encomenderos
que siempre hallaban como eludir aquellas rdenes; entre los reyes,
que enviaban visitadores, y stos que cometan los mismos abusos que
declaraban punibles en los residenciados. Los espaoles americanos
no podan avenirse con los peninsulares; y era la Amrica durante
la dominacin de la metrpoli, al decir de un escritor moderno, una
soberbia cuna de imperio, en la cual dorma, no un nio que anunciara
la virilidad de Hrcules, sino un aborto deforme y raqutico que
inspiraba lstima. El siglo brillante de Len X fu sealado en el
Nuevo Mundo por actos de crueldad, que ms parecen pertenecer  los
tiempos de mayor barbarie.[11]

      [10] Real orden expedida en San Lorenzo,  20 de Nov. de 1786,
      promulgando una receta para curar las niguas.

      [11] Humboldt.--Viaje  las regiones equinocciales del Nuevo
      Continente. T. II. p. 3. El mismo obispo Zumrraga, llamado el
      Omar de Occidente, enrostr  Carlos V las terribles crueldades
      de que los indios eran vctimas. Documentos inditos de Indias.
      t. XIII, pgina 172.

La raza indgena, entretanto, no slo se minoraba por modo desolador,
sino que abatida, languideca sin dar el ms leve testimonio de
virilidad. Despus que el Romano Pontfice decidi que los indios
eran hombres, todava se les trataba como  bestias de carga, y no
qued comarca, ni choza en donde no hubiera espanto y dolor. No era
dable que los europeos, superiores en civilizacin, considerasen, en
aquellos tiempos, humanamente  los vencidos. Ni hay porque pedir 
los conquistadores espaoles lo que ningn conquistador ha hecho en
la historia; ni era hacedero por extremo alguno, que se amalgamase
un estado social con otro diverso, ni que los intereses encontrados
dejasen de estar en lucha. No pudiendo los aborgenes vengarse de los
espaoles, hasta se complacan en unrseles despus de la conquista,
para oprimir y vejar  los de su misma raza americana. Forzados  una
obediencia ciega, deseaban  su vez tiranizar  otros: la opresin
produce siempre el defecto de corromper la moral.

Crean los dominadores que era bastante hacer catequizar  los indios,
como si fuera dable que una raza con sus creencias, tradiciones
y costumbres, pudiese pasar repentinamente  la cultura que las
mximas cristianas presuponen; y como si no fuese imposible arrancar
por modo sbito, del corazn de un pueblo, su orgullo nacional, su
aliento patritico, su arrogancia de colectividad[12]. La agona
moral, la muerte del espritu de una raza, la sofocacin, por falta de
ambiente, es lo que sigue  una conquista. Eran los indios reyes de la
inmensidad, y se les convirti en acmilas  en parsitos del hombre
blanco; eran, como el corcel de la llanura, dueos de todo lo que su
vista abarcaba, y vino un da en que sus plegarias fueron reputadas
crmenes, sus dioses motivos de expiacin, sus recuerdos terribles
pesadillas, sus tradiciones vergenzas, y sus hijos esclavos. Bajo el
rgimen colonial, los caribes desaparecieron casi de las Antillas.
En las mrgenes del Amazonas destruyronse cerca de mil pueblos. Los
muiscas, que formaban poderossima nacin, se redujeron  tribu.
Cincuenta aos despus de la conquista del imperio de los incas,
haban perecido ms de dos millones de indios, segn el canon de 1580,
levantado por orden de Felipe II. Cuando el Per se hizo independiente,
dice un historiador fidedigno, que haba perdido las nueve dcimas
partes de sus habitantes. El imperio de los incas tena seis millones,
al llegar los espaoles, y por el censo de 1795, quedaban seiscientos
mil indgenas. El valle Santa, al sur de Trujillo, que hoy tiene mil
almas, contaba  la venida de los conquistadores, setecientas mil. En
el floreciente reino Quich, en el populoso cackchiquel y en el rico
tzutojil se diezmaron las grandes ciudades, mientras que en Mxico era
asombrosa la destruccin de los aborgenes, como se ver en el curso de
la presente obra.[13]

      [12] El clebre Motolinia,  sea el P. Toribio de Benavente,
      pretenda que el bien que se hiciese  los indios se redujera
       bautizarlos y confesarlos. "Riva Palacio-Mxico al traves de
      los siglos, Tomo II. p. 80.

      [13] El Per tena como seis millones de indios, al tiempo de
      la conquista, y por el censo de 1796, hecho por orden de del
      Virrey Gil y Lemos, quedaban 608.899.

"Sin embargo, esta muerte lenta de toda una raza de hombres se
ejecutaba en silencio, y las tribus se extinguan unas tras otras,
sin turbar el orden general. Los sacerdotes mantenan la paz en la
inmensa turba de esclavos incesantemente, diezmados, y echaban algunas
gotas de agua bendita sobre estas poblaciones, que apenas muertas,
eran enterradas en el olvido. Cada pueblo lo gobernaba un cura. Toda
desobediencia era castigada con una doble pena civil y religiosa, todo
rebelde era un hereje,  quien  la vez se penaba con la muerte y la
excomunin." La poca ms triste para una raza, no es aquella, exclama
un sabio francs; en que el hombre ha vivido en la mayor miseria, sino
ms bien los tiempos en que los pueblos han pasado bruscamente de una
edad  otra: aun cuando hayan sobrevivido  esas pocas de crecimiento,
han hecho or lamentos singulares, siempre que han pasado por modo
repentino, de una temperatura civil  otra. Hoy nos cuesta trabajo
explicarnos tales acentos de dolor, porque ya no sabemos reconocer
en ellos la desaparicin de un mundo. Desde este punto de vista, el
tremendo grito de Job, que ha atravesado los siglos, responde  un mal
de ese gnero, y este sera sin la menor duda, el mejor de los indicios
para marcar la poca  que pertenece. Cada uno de los profetas hebreos
corresponde  uno de esos violentos cambios de estado.

De dnde proviene la serenidad de los griegos? De que se quedaron
siempre nios; de que sufrieron menos que otro pueblo alguno las crisis
de la transicin de una temperatura, de una edad del mundo  otra edad.

No sents, por el contrario, en la melancola de Virgilio el lamento
de una especie que se extingue? Todo el antiguo mundo itlico, latino,
sabino, se ve perecer y gime en el alma del poeta; abismo escondido
debajo de la prpura.

Nosotros tambin hemos visto  la edad moderna acabar de extinguirse,
y nuestros odos estn todava llenos de las lamentaciones que aquel
naufragio inspir  los poetas,  principios de este siglo. Algo se
muere, parecan decir todos ellos, y el lamento crece y redobla de
Chateaubriand  Byron, hasta que se endurecen los corazones y se
forja un mundo nuevo. Entonces deja de comprenderse ya esa poesa de
desolacin y llanto.

Edad de piedra, edad de bronce, de hierro  de plata; la transicin de
una  otra no puede efectuarse sin dolor. Hay para cada pueblo, como en
la vida de cada hombre, una crisis, una mudanza en el trnsito de la
infancia  la adolescencia,  la juventud,  la edad madura."[14]

      [14] La Creacin, por Edgar Quinet. T. I. p. 390. Madrid.--1871

Las tribus indias de Amrica, an estn hoy, como estaban antes de la
conquista, mejor dicho, han retrogradado y han perdido el espritu de
ir adelante. Contemplan por doquiera enemigos  dominadores, y luchan
por conservar sus costumbres, porque saben, por experiencia triste, que
cada vez que ha sobrevenido para ellos un cambio, ha sido para caer en
un abismo ms profundo y doloroso. Siguiendo la ley de la naturaleza,
que por doquiera pugna por la vida, la raza indgena se apega  sus
hbitos, como la crislida al capullo que la sepulta; podr el gusano
llegar  ser mariposa de colores, pero la transformacin siempre
se teme y se rechaza, aunque se espere un cielo tras la puerta del
sepulcro.

Esos pobres parias, que pasan su vida miserablemente, ignorando
lo que fueron ayer y sin preocuparse de lo que sern maana, slo
pueden encontrar en la embriaguez lenitivo  lo montono y cansado
de su existencia. "Sienten una necesidad suprema: la de llorar sus
desventuras. Y, cosa rara! en esos cantos y lamentos, no suenan para
nada los nombres de los antiguos soberanos, de los antiguos hroes,
como en la poesa popular de las razas oprimidas, que tienen anales
heroicos y que se acuerdan de ellos.

Este olvido es tanto ms incomprensible, cuanto ms abundantes y
grandiosos son los restos del pasado de Amrica. Las ciudades conservan
an en pi los palacios de los antiguos seores: los caminos que cruzan
el interior han sido delineados y abiertos por los principales dueos
del territorio; las aguas corren todava por los cauces que ellos
les designaron, y en muchos parajes las colinas y los cerros forman
inmensas escaleras  las cuales cubra de vegetacin la industria de
los adoradores del Sol.

Pues bien, si os fuera dado interpretar los tristes sonidos que el
indio arranca  su querida QUENA al pi de las colosales murallas,
antes cubiertas de oro; si, al caer el sol y  la media luz de esa hora
"del silencio y del pesar profundo," siguiseis de cerca las huellas de
sus toscas sandalias,  lo largo de esos caminos abiertos en la roca
por sus antepasados; si, entrada ya la noche, os acercseis hasta el
solitario sitio en que el infeliz viajero, rodeado de sus hijuelos,
distrae la fatiga y los pesares tocando su instrumento favorito,
podrais sorprender ayes dolorosos salidos del fondo del alma,
lnguidos suspiros de amor, tiernas quejas y orientales manifestaciones
de una alma enamorada. Pero en medio de esas quejas contra el rigor de
la mujer querida, ni una sola contra el rigor de los dominadores; en
medio de esas endechas fnebres, ni un solo canto varonil y enrgico en
honor de la grandeza pasada, ni en prueba de que tienen conciencia de
la abyeccin presente.

Aquello es un pueblo hurfano, que ha perdido hasta el recuerdo de sus
glorias.

Una raza sin alientos, porque ha perdido hasta la esperanza, hasta los
deseos de la libertad.

El llama, que hace marchas inmensas, sin comer ni beber, suele en
ocasiones sublevarse contra su fatal sino y echarse al suelo, decidido
 morir en el sitio, antes que dar un solo paso ms. El indio, perdida
la esperanza  la paciencia, ha tomado una resolucin idntica. Se ha
dicho como el sectario de Mahoma Ms vale estar tendido que de pi, y
muerto que vivo! Ha llamado en su socorro al genio del suicidio, y el
infeliz no puede morir, y lleva ya tres siglos de agona.

Cuando el viajero rabe nota que llega la ltima hora para el camello
que cruza el desierto, echa pi  tierra, y sacando del cinto el enorme
pual, se lo clava en el corazn, en premio de sus leales y preciosos
servicios. En Amrica hay otra costumbre. Cuando un caballo fatigado no
puede dar un paso ms, por las pampas de arena de la costa, se le deja
atrs, abandonado en medio de la horrible soledad, para que muera de
hambre y de sed, viendo  los buitres revolotear sobre su cabeza.

Con la raza indgena se ha hecho una cosa parecida. "No se la ha
muerto, dndole una pualada en el corazn; se la ha abandonado, para
que perezca de hambre y sed, para que los buitres la devoren."[15]

      [15] ZOROBABEL RODRIGUEZ.--Miscelnea, t. I. pag. 54.

Por eso es que todo corazn levantado, ha de acoger con entusiasmo,
la idea de amparar, de ayudar, y si posible fuere, de civilizar
 los indios, que todava se ven en tribus aisladas del resto de
nuestras poblaciones, y que conservan an los idiomas primitivos y
las costumbres, y hasta los vicios de sus antepasados. Ms de las dos
terceras partes de la poblacin de Guatemala est formada por los
aborgenes, estancados muchos de ellos en sus colectividades, y sin
tener ni patria, ni aspiraciones, ni superiores anhelos, ni tendencias
 mezclarse con la parte culta del pueblo. Si en vez de haberse perdido
 las veces las fuerzas vitales y creadoras del pas en fratricidas
luchas, odios de bandera que no tienen razn de ser, escepticismos
que desalientan, y negaciones que arguyen ignorancia, se hubiera
trabajado filantrpicamente, con asiduidad, por la civilizacin de
los indios, algo se hubiera obtenido y mucho se habra hecho, ya que
no slo por espritu de justicia y alardes de caridad, sino hasta
por inters patritico, debemos empearnos en no tener,  fines del
siglo XIX, esas tribus estacionadas, que son rmora para el desarrollo
material, intelectual y poltico de la nacin. La historia nos
demuestra que es harto peligroso dejar  los indios formar un _status
in statu_, perpetuando su separacin, la rusticidad de las costumbres,
su miseria y todos los motivos de odio contra las otras castas.[16]
Sobre todo, cmo ha de progresar un pas cuanto debiera, si la mayora
se compone de hombres que se hallan hoy en ms atraso que el que
tuvieron en los primeros siglos, que se visten y se mantienen como lo
hacan all en la poca de Quicab  de Balam Acam?

      [16] Ensayo sobre Nueva Espaa. Humboldt, p. 214 t. I.




                             PRIMERA PARTE

            =Tiempos precolombinos,  los indios antes del
                      descubrimiento de Amrica=




                           CAPITULO PRIMERO

          =Origen del hombre americano. Sus razas  idiomas=


                                SUMARIO

      Diversas opiniones acerca del origen de los
  indios.--Inmigraciones.--Manera como han podido verificarse.--Teora
  del abate Brasseur de Bourbourg.--Remotsima antigedad del hombre
  americano.--Razas indgenas diversas.--Existen algunas tribus
  blancas.--Opinin de Mr. Bennet Dowler acerca del tiempo que lleva el
  Nuevo Mundo de estar habitado por hombres.--Lenguas que encontraron
  los espaoles al llegar  Amrica.--No hay analoga entre los
  idiomas de ste y del Antiguo Continente.--Caracteres de las lenguas
  americanas.--Opinin de Bancroft sobre dichas lenguas.--Grupos de
  civilizacin que fija el Dr. Berendt en Centro-Amrica con relacin
   las lenguas.--Idiomas que se hablaban en Mjico al tiempo de
  la conquista.--El quichua y el aimar en la Amrica del Sur.--Se
  rebate la opinin del abate Brasseur de Bourbourg de que el maya
  viene del latn.--Gramticas de las lenguas de los indios de
  Centro-Amrica.--Doctrina cristiana, en cakchiquel, por el primer
  obispo de Guatemala seor Marroqun.

En los tiempos modernos se ha puesto empeo en profundizar, al travs
de los siglos, la historia americana, rastreando hasta los orgenes de
las primeras tribus que habitaron esta parte del mundo. Hse credo,
por algunos, que la direccin de los vientos y la de las corrientes
marinas, pudieron traer pobladores involuntarios del Asia  la Amrica
meridional, por el Pacfico, y del Africa  las costas del Brasil, por
el Atlntico. Si alguna vez se hel el estrecho de Bering  si era
antes un istmo, no sera fcil probarlo[17]; pero los grupos de islas
entre el Asia y la Amrica del Norte, pudieron, en todo caso, servir de
escala para transmigraciones de un continente al otro; as como las que
se hallan en el Atlntico y en el Pacfico facilitaran la comunicacin
entre la Amrica Meridional, la Oceana y el Africa.

      [17] La anchura del estrecho es tan pequea, que hoy
      la atraviesan los tehuktchies y esquimales en pequeas
      embarcaciones. Las costas de los dos continentes se divisan
      la una desde la otra. Bien pudo, pues, poblarse uno de
      ellos, pasando del otro sus habitantes, sin necesidad
      del descubrimiento de Amrica,  de estar unidos los dos
      hemisferios.

"Las inmigraciones, dice el erudito autor de la historia
ecuatoriana[18], pudieron ser voluntarias, ponindose algunas tribus en
camino, y hacindose  la vela en busca de tierras donde establecerse,
pues las prolongadas sequas, el hambre, la guerra, la exuberancia
de poblacin, obliga con frecuencia an  los pueblos agricultores 
abandonar sus hogares y  emprender largas y penosas marchas; pero ms
 menudo, las inmigraciones seran involuntarias y forzadas, vindose
arrastrados los viajeros  puntos que ni siquiera haban imaginado. El
ro negro (Kouro Siwo), de los Japoneses y la corriente martima de
Tessn han arrojado ms de una vez, en los tiempos histricos, juncos
chinos de casi trescientas toneladas  las costas de California; y as
mismo embarcaciones americanas han ido  dar en las Canarias,  desde
esas islas han venido  las costas de Venezuela, tradas por la gran
corriente del Atlntico, que corre de un hemisferio  otro, rodeado por
el golfo de Mjico.[19]

      [18] Federico Gonzlez Surez; t. I. pag. 289.

      [19] HUMBOLDT.--Historia de la Geografa del Nuevo
      Continente.--(Seccin 1.) En francs.

      GAFFAREL.--Estudio sobre las relaciones de la Amrica y del
      Antiguo Continente, antes de Cristbal Coln. Primera y segunda
      parte.--En francs.

      CASTAING.--De los orgenes americanos. (Actas de la Sociedad
      Etnogrfica americana y oriental. Tomo 4., 1864). En francs.

No es muy improbable que los chinos hayan conocido la existencia de
Amrica, pues el pas de Fou-Sang, de que se habla en alguna de sus
tradiciones, parece que no puede ser otro sino la costa occidental de
Mjico en la Amrica del Norte.[20]

      [20] PARAVEY.--La America, bajo el nombre de pas de Toug-Sang,
      ha sido conocida en Asia, desde el siglo quinto de nuestra era.
      (Publicacin hecha en los Anales de filosofia cristiana. Ao de
      1884.)

      LUCIANO ADAM.--El pas de Toug-Sang (Congreso de los
      americanistas. Acta de la primera sesin celebrada en Nancy.)
      Ao de 1875.

      SCHERER.--Investigaciones histricas y geogrficas sobre el
      Nuevo Mundo. (Captulo cuarto). En francs.

      CARREY.--El Per. Cuadro descriptivo, histrico y analtico
      de los seres y de las cosas de ese pas (captulo octavo). En
      francs.

      Cuanto ms se estudia el Oriente, cuanto mejor se conoce la
      China, su historia y su literatura, tanto ms se confirma el
      hecho de las comunicaciones del Asia, con el Nuevo Continente.
      Carrey cita, en una nota de su captulo octavo, documentos
      recientemente descubiertos en China: por los cuales constan el
      viaje de sacerdotes budistas  la Amrica, mil aos antes de
      que sta fuera descubierta por Coln, y otras inmigraciones,
      de las cuales se encuentran no slo recuerdos sino hasta
      itinerarios.

Algunas creencias religiosas; varias prcticas del culto, tanto en
Mjico como en el Per, y sobre todo, ciertas estatuas y bajos relieves
de las clebres ruinas de Palenque en la Amrica Central, parecen
rastros  indicios seguros de la predicacin del Budismo en estas
regiones; la cual manifiesta que, en tiempos muy remotos, el antiguo
continente, estaba en comunicacin con el nuevo.[21]

      [21] CHARNAY.--Las ciudades antiguas del Nuevo Mundo. (Captulo
      catorce. Palenque y sus templos.) Edicin de 1885.

      D'EICHTHAL.--Memoria sobre el caracter asitico bdico de
      algunos bajo-relieves de Palenque. (Academia de Inscripciones y
      Bellas Letras. Ao de 1864.)

Si se observa con cuidado la fauna del extremo setentrional de la
Amrica y tambin la flora, se encontrar que una gran parte del
continente antiguo tiene, bajo ese respecto, no slo semejanza sino
hasta casi identidad con las regiones americanas prximas, y esta
identidad es mayor en la fauna y en la flora paleontolgicas. De donde,
acaso podra deducirse que en pocas geolgicas anteriores  la actual,
la Amrica estuvo unida por el Norte al Asia y  la Europa, formando un
solo continente.[22]

      [22] RECLUS.--La tierra  descripcin de los fenmenos de
      la vida en el Globo. (Primera parte, captulo 2.. Captulo
      primero de la segunda.)

      SCHIMPER.--Paleontologa vegetal  la Flora del mundo
      primitivo en sus relaciones con las formaciones geolgicas.
      Principalmente los captulos sexto y sptimo; pero es de
      advertir que este naturalista sigue la teora darwiniana en
      punto  la produccin  generacin de las especies.

      SNIDER.--La creacin y sus misterios descubiertos. No es
      posible aceptar sin reserva las teoras de este escritor, el
      cual dice que los paredones del Azuay y el Inga-Pireca de Car
      no son monumentos de los Incas, sino obra de otras gentes
      en muchos siglos anteriores  los Incas. Sobre tan dbiles
      cimientos funda su teora de que la Amrica estuvo ya poblada
      antes del Diluvio de No: segn sto el Inga Pireca de Caar
      ser edificio antidiluviano? (Da sexto  sexta poca. Reinado
      del hombre. Nmeros XXVII-XXX.) En francs.

La posibilidad de inmigraciones del continente antiguo al continente
americano, ya no puede ser puesta en duda. Las tradiciones de los
pueblos americanos conservan adems el recuerdo de inmigraciones
antiqusimas,  las que estaba unido el origen de ellos, y su
establecimiento en los pases en que los encontraron los conquistadores
europeos. Y cosa notable! todas esas tradiciones hacen venir del
Norte las tribus  que se refieren: el Norte ha sido, pues, en la
historia de Amrica, como en la de Europa, el punto de partida de las
grandes inmigraciones. La Historia antigua del Ecuador ha conservado
vivo el recuerdo de la famosa inmigracin de los Caras  las costas de
Esmeraldas sobre el Pacfico: los Caras llegaron navegando en grandes
balsas y,  lo que parece, venan de algn punto situado al Noreste.
Pero esta inmigracin podemos decir que es muy moderna; y, como todas
las dems inmigraciones de que se conserva memoria en America, los
recin llegados encontraron ya pobladas las regiones, adonde aportaron.
Se podr fijar una poca en que haya principiado  ser poblada la
Amrica?

Los constructores de los grandes atrincheramientos, los que levantaban
altozanos y tmulos, los edificadores de habitaciones fortificadas en
las rocas, llegaran tambin  la Amrica meridional?[23]

      [23] _Los Mound Builders_ son los ms antiguos habitantes de la
      Amrica del Norte en los valles del Mississip, del Ohio y del
      Missour.

      NADAILLAC.= La Amrica prehistrica. (Captulo 1., 2., 3.,
      4. y 5.) En francs.

      BALDUIN.--La Amrica antigua; Secciones 1., 2. y 3.. En
      ingls.

El continente americano, acaso, no ha tenido en todos tiempos la
misma extensin ni la misma configuracin fsica que tiene ahora. El
perodo glacial debi haber producido hondas modificaciones en la
corteza terrestre, y, hasta ahora, no conocemos bien ni su duracin ni
las causas que lo produjeron. No obstante, la existencia de enormes
mamferos, cuyos huesos fsiles se encuentran en abundancia, hace
presumir que nuestro continente, en las pocas terciaria y cuaternaria,
ha sufrido modificaciones trascendentales en su superficie. Cuando
esos gigantescos paquidermos, cuando esos colosales desdentados y
prosbocdeos vagaban por nuestro suelo, acaso la gran cordillera de los
Andes todava no se haba elevado. Las condiciones que para la vida
animal se encontraban entonces en Amrica, debieron ser muy diversas
de las que ofrece actualmente: aquellos colosos del reino animal
necesitaban en verdad un clima, una temperatura y unos alimentos que no
hallaran ahora, si vivieran en los mismos lugares donde han existido
antes, como lo manifiesta la abundancia de sus restos fsiles. Durante
la poca glacial, la direccin de los vientos, la abundancia de las
lluvias y los dems fenmenos meteorolgicos debieron ser muy variados.

Las aguas del mar no se aumentan, pero la corteza slida de la tierra
se levanta  se deprime gradualmente, por causas que todava nos son
desconocidas: observamos el fenmeno, apreciamos los hundimientos y los
levantamientos del terreno, en puntos determinados de mayor  menor
extensin, pero la ciencia no puede darnos todava de estos hechos una
explicacin satisfactoria. Cul sera el aspecto de la Amrica antes
de la formacin de la cordillera de los Andes? Qu ros la regaban
entonces? Cul era el clima que reinaba en ella?

Lo ordinario es que las transformaciones que se observan en el globo
terrestre se produzcan lenta y paulatinamente: un fenmeno tan
trascendental como el levantamiento de la cordillera de los Andes,
debi ocasionar cambios y mudanzas muy grandes en toda la superficie de
nuestro planeta. Acaso lo que era tierra continental pas  ser fondo
de los mares en algunas partes, y se rompi el antiguo equilibrio entre
los ocanos, produciendo variaciones asombrosas en la distribucin
primitiva de las aguas y de los continentes en todo el globo terrestre.
Acaso, tambin, entonces fu cuando desapareci aquel gran continente,
denominado la Atlntida, en las tradiciones egipcias y helnicas no
destituidas de todo fundamento.[24].--"

      [24] BURMEISTER.--Historia de la Creacin, (captulo dcimo
      quinto. Edad de los levantamientos de las montaas). En francs.

      BURMEISTER.--Fauna argentina. (Anales del Museo de Buenos
      Aires. Ao de 1867.) Contiene un estudio muy notable sobre los
      fsiles de la regin oriental de la Amrica Meridional, en la
      Repblica Argentina.

      STOPPANI.--Curso de Geologa. (Volumen segundo. Geologa
      estratigrfica. Captulo trigsimo.) Este sabio gelogo
      italiano opina que los levantamientos del suelo en la Amrica
      Meridional se verificaron despus del periodo glacial.

El abate Brasseur de Bourbourg ha supuesto que el continente americano
ocupaba, en un principio, el golfo de Mxico y el mar Caribe, y se
extenda en forma de pennsula al travs del Atlntico, de tal suerte
que las islas Canarias pudieron haber formado parte de l. Toda esta
porcin extendida del continente fu, hace muchas edades, sumergida por
una tremenda convulsin de la naturaleza, acerca de la cual han quedado
tradiciones y documentos escritos en varios pueblos americanos[25].
Yucatn, Honduras y Guatemala tambin fueron sumergidas; pero el
continente despus se elev lo bastante para rescatarlos del ocano.
Muchos hombres de ciencia opinan que hubo en un tiempo vasta extensin
de tierra firme entre Europa y Amrica. Con todo, esa teora del
erudito anticuario francs ha sido combatida por historiadores
eminentes como Bancroft, quien encuentra ms aceptable el admitir que
la raza americana es autctona, confesando en todo caso, que hasta hoy
no est resuelta esa cuestin de orgenes.

      [25] En el codex chimalpopoca se encuentra: "que  consecuencia
      de la erupcin de volcanes, abiertos en toda la extensin del
      continente americano, doble entonces de lo que es hoy, la
      erupcin repentina de un inmenso foco submarino, hizo temblar
      el mundo y sepult, en el espacio de tiempo que tarda en
      dejarse ver la estrella de la maana, las regiones ms ricas
      del globo." "Quatre lettres."

La verdad es que todos los escritores estn de acuerdo en atribuir
remotsima antigedad al hombre americano, bien que algunos, como se
acaba de decir, no convienen en la unidad de la especie humana, ni
siquiera en que sea una la raza indgena de Amrica.[26] Alcides de
Orbigny, en su obra clsica sobre las razas indgenas de la Amrica
Meridional, seala tres grandes grupos y hasta siete variedades. La
brasilio-guaran, la pampeana y la ando-peruana, que son realmente
diversas. La maya-quich, la cakchiquel y la atami son distintas.[27]
Los dorasques, guaimes, talamancas, cuchiras, getares y chorotegas,
que se encuentran por Costa Rica, difieren en mucho de los zendales,
zotziles y zoques, que se hallaban al otro extremo del istmo de
Centro-Amrica. El abate Brasseur de Bourbourg, acepta el sistema
mosaico, de la unidad de las razas; pero conviene en que, aun entre los
indios de esta parte del mundo, hay gran variedad de tipos. Existen,
dice, tribus blancas, que en lo limpio del color sobrepasan  la mayor
parte de las naciones asiticas. En Michoacn, en algunas porciones del
Quich y de Yucatn, parecen descendientes de Palestina  de Egipto.
All se encuentra el perfil judo, rabe  algeriano, muy semejante 
los tipos que se ven grabados en los monumentos de Nnive  de Tebas.

      [26] Sabido es que acerca del origen del hombre hay tres
      teoras. 1. La de los monogenistas, que dicen que el gnero
      humano viene de un solo tronco, Adn y Eva; hiptesis que
      cuenta en su apoyo la Biblia y muy respetables opiniones de
      etnlos como Latham y Prichard. 2. La de los poligenistas,
      que sostienen haber habido varias creaciones de hombres, segn
      las respectivas razas. Morton, Agassiz, Gliddon y otros muchos
      defienden dicha tesis. 3. La de Lamarck, Darwin y Huxley se
      funda en el principio de la evolucin. Todas las especies
      actuales son desenvolvimiento de otra forma preexistente de
      inferior condicin. Es lo cierto que la esencia y origen de
      las cosas es impenetrable para la inteligencia humana. "NADA
      SABEMOS" _deca Mr. De Quatrefages_. "_La especie humana_"
      _Libro II. Captulo XI_.

      [27] En cuanto  las raza humanas, se tom por base la
      coloracin de la piel; pero hoy se reconoce lo defectuoso de
      la antigua clasificacin, y la etnologa de nuestros das se
      fija en las dimensiones y figura del crneo, de la plvis, de
      los miembros y las proporciones entre sus diferentes partes,
      el peso y volumen del cerebro, la forma del cabello y los
      diferentes idiomas.

Aunque no es dable fijar los millares de aos que lleva de estar
poblado nuestro continente, puede decirse que por fragmentos de
alfarera, adornos y utensilios hallados en Mjico, en Centro Amrica y
el Per, por las diversas razas que existen en todo este hemisferio;
por los muchos y variados idiomas que se conocen; y por la flora y
fauna extinguidas, se comprueba haber existido el hombre americano
desde tan remota fecha, que se pierde en la noche de los tiempos.[28]
Mr. Bennet Dowler calcula el crecimiento y duracin de las diversas
capas de selvas americanas, habitadas por hombres, en cincuenta y siete
mil aos.

      [28] M. N. Joly. L'homme avant les metaux. (Pars 1879) parte
      primera, cap. 7.

Ms de cuatrocientas lenguas creyeron contar los espaoles cuando
llegaron  este continente, y tantos dialectos que era difcil
enumerarlos. En un principio, pensaron que la filologa comparada
poda demostrar el origen asitico de los indios; pero la lingstica
moderna, que no se fija en arbitrarias etimologas, sino en la
gramtica  esencia de los idiomas, ha llegado  poner fuera de duda
que ni eran tantas las lenguas madres americanas, como se pensara
entonces, ni hay nada que denote analoga entre las de ste y el
otro continente[29], bien es verdad que si algo arguye gran cultura
antigua entre los aborgenes, es ese nmero siempre crecido de
idiomas y dialectos, tan apropiados para significar no slo los seres
materiales, sino los afectos del nimo y las aspiraciones filosficas
y espiritualistas de creaciones religiosas  fantsticas[30]. Hasta
palabras onomatopyicas, sonoras y poticas tienen esos idiomas, que
hoy se estudian con inters en Europa. Es frecuente encontrar en ellos
palabras muy largas y compuestas, que significan toda una sentencia, v.
g.: "AMATLACUILOLITQUITCA-TLAXTLAHUILLI" que quiere decir literalmente
"el pago recibido por llevar un papel, en el cual se escribi alguna
cosa," (estampilla de correo).

      [29] The litterature of american aboriginal languages, by
      Hermann E. Ludewig. London 1858.

      [30] Dr. Berendt. Discurso sobre la antigua civilizacin de
      Centro-Amrica. New York. 1876.

En la obra monumental del historiador norteamericano Mr. Hubert Howe
Bancroft, sobre las razas originarias de Amrica, se hace un estudio
profundo y filosfico de la lingstica de esta parte del globo, y
se clasifican los idiomas y dialectos de los primeros pobladores de
las costas del Pacfico.[31] "Las lenguas de las naciones civilizadas
de Centro-Amrica, dice aquel autor, siendo todas ms  menos
anlogas, pueden muy bien clasificarse entre la familia Maya-Quich,
constituyendo el maya la lengua madre. Comenzando por las comarcas
cercanas al ro Goazacoalco, despus pasando por Tabasco, Chiapas,
Yucatn, Guatemala y parte del Salvador, Honduras y Nicaragua, ocupa
el maya la misma importante posicin, de un modo relativo, en el Sur,
que el azteca hacia el Norte. Adems, esparcidas sobre esta inmensa
rea, hay dos ramas, todava ms hacia el Norte, aisladas de la lengua
madre, el huasteca y el totonaca de Tamaulipas y Veracruz. Sin incluir
el ltimo referido, probablemente la ms completa enumeracin de todas
esas lenguas la di el Licenciado Diego Garca del Palacio, en una
carta dirigida al rey de Espaa, en el ao 1576. Omitiendo el azteca,
que l incluye en su catlogo, el sumario que hace es sustancialmente
como sigue: en Chiapas, el chapaneco, tloque, zotzil y zeldal-queln;
en Soconusco, un idioma que l designa como la lengua madre, y otro
llamado vebetlateca; en Suchitepquez y Guatemala, el mame, ach,
guatemalteco, chinanteco, hutateco y chirichota; en la Verapaz, el
pokonchi y el caschi-colchi; en los valles de Acacebastla y Chiquimula,
el tlacacebasta y el apay; y en la comarca de San Miguel, el potn,
taulepa y ula. Otros autores mencionan en Guatemala, el quich,
el cackchiquel, el zutujil, el chorte, el alaguilac, el caichi, el
ixil, el zoque, el coxoh, el chaabal, el chol, el uzpanteca, el
aguacateca y el quecchi; y en Yucatn, la lengua originaria, el maya.
Entre estos idiomas, as enumerados por diferentes autores, no es del
todo inverosmil que algunos hayan sido mencionados dos veces, bajo
diferentes nombres[32]. La mayor parte, si no todos ellos, se refieren
al maya, cuyo mejor dialecto llamado tzendal, se dice que es la lengua
ms antigua que se habl en estos pases. En suma, aparecen ser
variaciones de algunas pocas lenguas, de remota antigedad, que  su
vez brotaron del maya, que es la ms antigua. Esta ltima, debo decir
que forma el centro lingstico, del cual irradian todas las otras,
disminuyendo en consanguinidad, segn la distancia de dicho centro,
perdiendo, por intercalacin y adopcin de palabras extranjeras, sus
formas aborgenes, hasta que, al tocar la parte ms lejana del crculo,
se hace difcil reconocer la conexin con la fuente de donde emanan.[33]

      [31] Pg. 551, t. III. The native races of the Pacific States.

      Vase tambin la interesante obra "Estudios sobre la Historia
      de Amrica, por M. Larrainzar. Mxico, imprenta de Villanueva.
      1875. Tomo II. pg. 466.

      [32] Palacio. Carta. p. 20; Jurros. Historia de Guatemala p.
      198. Registro Yucateco, t. I. p. 166; Galindo, _en London
      Geog. Soc. Jour. Vol. III. p._ 95.; Gallatn, in Amer. Ethno.
      Soc. vol. I. p. 4-7. Herrera, Historia General. Lib. X. cap.
      II. Laet, Novus Orvis. p. 277-325. Humboldt, Essai Pol. tom.
      I. p. 267; Heller, Reisen, p. 380; Galindo in Ant. Mex. p.
      67: Normans Rambles p. 238; Haefkens, Cent. Amer. p. 412;
      Prichard's Nat. Hist. Man, vol. II p. 513; Berent's Report,
      in smithsonian Rept., 1867 p. 425; Squier's Monograph, p. IX;
      Villagutierre, Hist. Conq. Itza, p. 84: Wappaus, Geog. u. Stat.
      p. 425.

      [33] Las lenguas de la familia Maya se hablan en las antiguas
      provincias de Soconusco, Chiapas, Suchitepquez, Verapaz,
      Honduras, Izalcos, Salvador, San Miguel, Nicaragua, Choluteca,
      Tegucigalpa y Costa-Rica, dice el Abate Brasseur de Bourbourg,
      _M. S. Troano_, t. II. p. VI.

      La mayor parte de las lenguas de esas comarcas, tan mltiples,
       primera vista, se reducen en realidad  un pequeo nmero.
      Son dialectos que no difieren ms que por la mezcla de unas
      cuantas palabras extranjeras, cierta variedad en las finales 
      en la pronunciacin" Brasseur de Bourbourg, en los _Novelles
      Annales des Voy._ 1855, tom. CXLVII p. 155. "Me parece
      indudable que la lengua universal de los reinos guatemaltecos,
      antes de la invasin de las tribus que los espaoles
      encontraron en posesin de esos paises, el Maya de Yucatn,
       el tzendal que tanto se le parece." "_Ib Lacandones......
      los mames, pocomames_, que todava hablan una lengua en casi
      todo parecida  la de los yucatecos. _Id p._ 156. "La lengua
      primitiva forma el centro; mientras ms se extiende hacia la
      circunferencia, pierde ms la tangente de su originalidad,
      es decir, que el punto en donde encuentra otro idioma, es
      el lugar en que se altera, para formar una lengua mixta."
      _Waldek_, _Voy. Pitt._ p. p. 24-42. Los taizaes, los cethathes,
      los campins, los chinamitas, los locenas, los itzaes, y los
      lacandones. Todos estos pueblos hablan la lengua maya, excepto
      los locenas que hablan la lengua chol." _Ternaux-Compans_, _in
      Nouvelles Annales des Voy._ 1843 tom. XCVII. _p._ 50. La de
      Yucatn y Tabasco, que es toda una." _Bernal Daz._, _Historia
      de la Conquista_, _fol. 25_; _Sols_, _Historia de Mxico_, t.
      _I._ _p._ 89. _Remesal_, _Historia de Chiapa_, _p. p._ 264-299.
      _Squier_, _in Nouvelles Annales des Voy._ 1885 _Tom. CXLVIII_,
      _p._ 275; _Landa_, _Relacin_, _p._ 12--_Orozco y Berra_,
      _Geografa_, _pginas_ 18, 25, 55-56.

El Maya, con sus mltiples dependencias, puede bien compararse,
en su construccin y capacidad, al azteca. A este respecto, se le
ha alabado mucho por fillogos y anticuarios. Aunque monosilbico
en muchas palabras, no tiene, como acontece con las lenguas de ese
gnero, gran cantidad de sonidos duros y guturales, sino que, por el
contrario, es suave y sonoro. Los dialectos que se hablan en Yucatn y
cerca de Belice, son los ms puros y elegantes de la familia maya, y
mientras ms lejana es la distancia de esa regin, ms grandes son las
variaciones de la lengua madre[34]."

      [34] Bancroft's works. Native races. Vol. III, pages 759, 760,
      761. Myths and Languages.

El doctor D. C. Herman Berendt, (con quien, el que escribe las
presentes lneas tuvo la honra de cultivar relaciones personales, era
un sapientsimo americanista) y en el magnfico discurso que, sobre
la antigua civilizacin de Centro Amrica pronunci ante la Sociedad
Geogrfica Americana de los Estados Unidos, el 10 de julio de 1876,
despus de una introduccin, en la cual manifiesta cun difcil es
penetrar en la antigua historia y civilizacin de los indios de la
Amrica Central, estudia los idiomas primitivos, para concluir fijando
tres grupos, bien demarcados, de antigua civilizacin. El primero es el
de los mayas, compuesto de diezisiete tribus; el idioma original ofrece
el primer lugar, por su perfeccin y pureza. Los ms aproximados  l
son el chontal en Tabasco, que no debe confundirse con el popoluca de
Honduras, enteramente distinto; el tzendal y el zotzil de Chiapas.
Hablando de los chontales, el doctor refiere el descubrimiento,
en 1869, de las ruinas de Ceutla, aquella importante ciudad cuyos
habitantes fueron bautizados por Corts, y cuyas antigedades son de
mucho mrito cientfico.

Parecido, pero ms estimado que los ltimos, es el chol  echolchi,
lengua de los sembradores de maz, actualmente hablado en Tenozique,
Santo Domingo, cerca de Palenque, y por una parte de los indios
lacandones; el chorti, del vecindario de Copn, es segn Jimnez y
Brasseur, idntico con el chol y el kekchi de la Alta Verapaz y con su
subdialecto cakchi; el pocomchi, tambin de la Verapaz, y el pocomn
del Sur de Guatemala, se parecen mucho.

El quich de Verapaz, el cakchiquel de Guatemala y el tzutuhil de las
orillas de la laguna de Atitln, forman, con el taxil, otra divisin
del grupo maya.

Los que ms varan del original constituyen una divisin entre los
tzendales y quichs, geogrficamente hablando, y son los idiomas
chancabal en Comitn, man en Soconusco y pocomn. Hay otros pocomanes,
llamados chujes en Chiapas.

El segundo grupo est en el otro extremo de Centro Amrica, y abraza
tribus cuya civilizacin estaba ya declinando cuando llegaron los
espaoles  posesionarse de Castilla del Oro. De los Cobas  Cuevas,
todava han quedado, en las antigedades, muestras de una civilizacin
bastante avanzada. Sus trabajos en piedra son notables, y en la
elaboracin del oro haban adquirido una perfeccin que asombra 
los ms hbiles plateros del da. Muy conocidos son los idolitos de
oro que, en otro tiempo, vinieron en bastante nmero de Chiriqu, y
algunos otros lugares. Los coibas hablaban, aunque muy divididos, un
solo idioma; y la comparacin de los que hoy usan las numerosas tribus
residentes en las costas y en las orillas de los ros del Istmo, con
los fragmentos del original, conservados por los primeros exploradores
de aquel pas, comprueba satisfactoriamente la descendencia de los
actuales semisalvajes de aquellos indios tan civilizados. Quedan sin
aclararse las relaciones entre los coibas y sus vecinos; al Norte los
indios de Nicaragua, al Sur los chibchas.

Entre los dos grupos ya mencionados, se halla el tercero, el de los
chorotegas, que al tiempo de la conquista ocupaban tres secciones en
las orillas del Pacfico. Aqu el doctor Berendt tuvo que luchar con
los mayores obstculos, para obtener el material necesario; porque ya
los ltimos descendientes de esa nacin, que ocupan las mrgenes de las
lagunas de Masaya, no hablan ms que el espaol. Afortunadamente pudo
encontrar unos viejos que recordaban palabras y frases aprendidas en su
juventud, y stas bastaron para convencerlo de que el idioma mangue 
chorotega, es igual al chapaneco. Segn Oviedo, Torquemada y Herrera,
los chorotegas habitaron primero la ciudad de Cholula, en Anahuac, en
Mjico, y de all tomaron el nombre de cholutecas, que se corrompi
en chorotegas. Despus emigraron  los desiertos entre Tehuantepec
y Soconusco, y en seguida, se dividieron en las tres secciones
mencionadas, que existan en tiempo de la conquista. El doctor espera
que con el idioma de Chiapas y los fragmentos obtenidos en Nicaragua,
se podr trazar su historia, sobre todo, porque para sto ayudan las
importantes colecciones de antigedades formadas por l mismo, y por
otros, que hoy existen en los museos de Washington, Pars y Berln,
y las que se ven todava en el departamento de Escuintla, que tanto
llamaron la atencin del profesor Bastian.

Es curioso observar que el idioma quich, procedente del maya, que era
el que se hablaba por los indios ms civilizados de Yucatn, centro
de donde acaso irradi la cultura de los pueblos posteriores, se fu
extendiendo poco  poco hasta llegar  remotas comarcas. En la lengua
materna de los caaris del Ecuador, no hay palabra alguna que no pueda
interpretarse por medio del idioma quich[35], lo cual demuestra que
las emigraciones de las razas que poblaron las Antillas, Mjico y
Centro Amrica atravesaron el istmo de Panam, y el primer punto en
donde deben de haberse establecido fu el que ocupan las hospitalarias
costas ecuatorianas de occidente.

      [35] Autoridades relativas  la lengua de los quichs, pg. 34,
      Atlas arqueolgico Ecuatoriano de Gonzlez Surez.

De la lengua quich hace entusiastas elogios la magnfica obra de Pi y
Margall, sobre la Amrica precolombina, hasta el punto de juzgar que
esa lengua indgena ofrece ms riqueza de expresin y ms energa de
conceptos que el idioma castellano. Sea de ello lo que fuere, creo yo
que s puede establecerse que, de las lenguas mayas, es la que merece
ms el estudio de los fillogos.

Segn Humboldt, pasaban de veinte las principales lenguas que en
Mjico se hablaban  la llegada de los espaoles, y se haban escrito
gramticas de catorce de ellas. Sus nombres son: azteca  mejicano,
otomita, tarasca, zapoteca, misteca, maya  yucateca, totonaca,
popoluca, matlazinga, huasteca, mija, caquiquella, taranmara, tepehuana
y cora. Esta lengua azteca  mejicana es menos sonora que la de
los incas, de la cual hablar luego, pero no por eso es menos rica
y abundosa que ella, al decir de fillogos que las han estudiado.
Es aglutinante por todo extremo, como puede verse por la palabra
_Notlazomahuizteopixcatatzin_, que los indios dirigan  los curas, y
significa: "Sacerdote venerable  quien amo como  mi padre."[36]

      [36] Pg. 163, tomo I. Ensayo Poltico sobre Nueva Espaa. Es
      importantsima la obra de don Francisco Pimentel, intitulada
      "Cuadro de las lenguas mexicanas." Vase el "Arte en Sengoa
      Mixteca," por Fr. Antonio de los Reyes. Mxico, 1583.

El quichua y el aimar dominaron en una vasta regin de la Amrica
del Sur, y an se distinguen por su armona imitativa, y por la
riqueza de conceptos que en largas frases pueden contener tan sonoros
idiomas. La lengua chilena era pobre y distinta de la peruana, aunque
perteneca, como todas las americanas,  la familia de las aglutinantes
 polisintticas, que por una simple agregacin, al principio,
medio  fin de la palabra, modifican su valor gramatical, sentido 
significado[37].

      [37] Arte de la lengua de Chile, por el jesuita Andrs Febres.
      Lima 1765. Arte y vocabulario de la lengua chiquita, por Adam
      y Henry. Esta lengua la hablaban los indios que habitaban la
      parte S. E. de Bolivia.

Enbalde el abate Brasseur de Bourbourg, que tan valiosos documentos
extrajo de nuestras bibliotecas y archivos, ha querido probar, en
varias pginas de sus obras[38], (que revelan mucho de imaginacin)
que las lenguas mayas se derivan del latn, griego, ingls, alemn,
escandinavo etc. Hoy es teora admitida la de que no tienen ninguna
relacin, por ms que casualmente haya una que otra palabra anloga
en las lenguas del antiguo y en las del nuevo continente. La torre de
Babel es un mito; los idiomas no tienen un origen nico. Mller, Renn,
Toly, Schleicher y otros sabios lingistas, demuestran ampliamente que
de numerosos centros de lenguaje, han brotado los idiomas y dialectos
que actualmente se conocen[39].

      [38] Los europeos estiman hoy en mucho los idiomas de los
      indios. El abate Brasseur escribi en francs un vocabulario y
      una gramtica quich. Mr. W. M. Gabb ley un estudio ante la
      _American Philosophical_ Society de Filadelfia, sobre tribus y
      lenguas indigenas de Costa Rica. Castillo y Orozco escribi el
      Vocabulario Paez Castellano, relativo  los indios _paeces_ de
      Nueva Granada.

      [39] Nuevas lecciones sobre la ciencia del lenguaje. 1864. Max
      Mller.

Por lo dems, tuvieron los religiosos espaoles empeo en escribir
gramticas en las lenguas indgenas; pero vacindolas en los moldes
latinos,  usanza de Lebrija, como si los idiomas todos tuvieran la
misma estructura, y pudieran acomodarse  sintaxis, conjugaciones,
declinaciones y accidentes propios del modo de expresarse de los
hijos del Lacio. Tengo, por ejemplo,  la vista la del Padre Fr.
Ildefonso Flores, y s que el domnico Marcos Martnez escribi la
gramtica quich, el mercedario Gastel la de los lacandones, el
franciscano Rodrguez un "Arte y vocabulario cackchiquel," Francisco
Parra el diccionario quich, cackchiquel y zutujil, el P. Cadenas
los vocabularios cackchiquel, quich y poconch. Tambin daban  luz
frecuentemente doctrinas y confesionarios en esas lenguas, como el
libro preciossimo y raro, del cual conservo un ejemplar impreso,
intitulado: "Christianoil tzilz pa cakchiquel, qhabal, relean ahan
Obispo Don Francisco Marroqun: nabei Obispo cakchiquel, ru proponel
Emperador. Qui hunam vach cralz cakchiquel ch Santo Domingo, San
Francisco: Padre Fray Juan de Torres, Fray Pedro de Betanos."

"Doctrina cristiana, en lengua guatemalteca: ordenada por el
Reverendsimo Seor Don Francisco Marroqun, primer Obispo de
Guatemala, y del Consejo de Su Majestad etc. Con parecer de las
Religiones del Seor Santo Domingo y San Francisco: Fr. Juan de Torres
y Fr. Pedro de Betanos. Impreso en Guatemala, con la licencia de los
superiores, por el Br. Antonio Velasco. 1724."




                           CAPITULO SEGUNDO

           =Tribus brbaras y naciones civilizadas del Nuevo
                  Mundo, particularmente las del istmo
                          Centro Americano.=


                                SUMARIO

      Tribus que poblaban las orillas del Mississipi.--Diferencias
  que las distinguan de las otras de la Amrica del Norte.--Lo
  que dice de ellas Mr. Tocqueville.--Indios del Norte de Nueva
  Espaa.--Descripcin que de ellos hace el Barn de Humboldt.--Tribus
  brbaras de Mjico.--Aborgenes semisalvajes de Centro
  Amrica.--Naciones civilizadas del Nuevo Mundo.--Estado de progreso
  de los aztecas.--Diferente cultura de las naciones de Centro Amrica,
  el Per y Mjico.--Primitivos pobladores de Guatemala.--Baln
  Votn.--Los nahuas  nahoas.--Origen de los quichs, cackchiqueles,
  zutujiles y mames.--Fastos de la monarqua quich.--El Memorial de
  Tecpn Atitln.--Diversos pueblos que existan en Guatemala.--La
  opulenta Utatln, corte de los reyes quichs.--Su palacio, fortaleza,
  colegios, suntuosidad y explendor.--El reino cackchiquel.--Cmo
  estaban esos reinos cuando vinieron  conquistarlos los
  espaoles.--Sus ruinas demuestran la civilizacin que tuvieron en
  tiempos antiguos.--Los incas, su cultura y desarrollo.

En la exuberante tierra regada por el _Padre de las Aguas_,  sea
el Mississip, como se llamaba, desde la poca de los indios, ese
gigantesco ro, se hallan tan frtiles valles y tan risueas llanuras,
que era imposible que el hombre, siempre amante de la bella naturaleza,
no hubiera buscado su morada en aquellas esplndidas comarcas. Entre
el nogal y el lamo, en los ribazos agrestes y en las verdes praderas,
vagaban, desde tiempo inmemorial, tribus aborgenes. Asomando por
la desembocadura del ro San Lorenzo hasta el delta del Mississip,
desde el Atlntico hasta el Pacfico, esos salvajes tenan caracteres
de semejanza que atestiguaban su origen. En lo dems, dice Mr. de
Tocqueville[40], se diferenciaban de todas las castas conocidas: ni
eran blancos como los europeos, ni amarillos como la mayor parte de
los asiticos, ni negros como los negros. Su piel era rojiza, sus
cabellos largos y relucientes, sus labios delgados, y los juanetes de
sus mejillas muy sobresalidos. Las lenguas que hablaban los pueblos
salvajes de Amrica se diferenciaban por los nombres; mas todas ellas
estaban sujetas  las mismas reglas gramaticales, las cuales se
apartaban en muchos puntos de las que hasta entonces haban regido al
parecer la formacin del lenguaje entre los hombres. El idioma de los
americanos pareca efecto de nuevas combinaciones, y anunciaba por
parte de sus inventores, un arranque de inteligencia de que son poco
capaces los indios de hoy da[41].

      [40] De la Democracia en la Amrica del Norte, pg. 43, tomo I.

      [41] En el territorio de los E. U. las lenguas ms conocidas
      eran la hurona y algonquina.

El estado social de estos pueblos se diferenciaba tambin, bajo de
varios aspectos, de lo que se vea en el antiguo mundo, cual si se
hubieran multiplicado libremente en el seno de sus desiertos, sin
contacto con estirpes ms civilizadas que la suya; y as, no se
encontraban entre ellos esas nociones dudosas  incoherentes del bien
y del mal, esa corrupcin profunda que de ordinario se mezcla con la
ignorancia y la rusticidad de costumbres, en las naciones cultas que
han vuelto  ser brbaras. El indio todo se lo deba  si mismo: sus
virtudes, sus vicios y sus preocupaciones eran su propia obra; y haba
crecido en la independencia bozal de la naturaleza.

La tosquedad del populacho en los pases cultos, no consiste solamente
en que son ignorantes y pobres, sino en que siendo tales, se rozan
diariamente con hombres ilustrados y ricos. La vista de su infortunio
y debilidad, que cada da forma contraste con la fortuna y podero
de algunos de sus semejantes, produce al mismo tiempo en su corazn
rencor y temor, y la idea que tienen de su inferioridad y dependencia,
los irrita y humilla, y ese estado interior del alma se reproduce
as en sus costumbres como en su lenguaje, siendo insolentes al par
que bajos. La verdad de este aserto se prueba fcilmente, por medio
de la observacin: la gente del pueblo es ms tosca en los pases
aristocrticos que en otra cualquiera parte; en las ciudades opulentas
ms que en los campos. En esos lugares en que se encuentran sujetos tan
poderosos y ricos, los dbiles y pobres se miran como agobiados con su
inferioridad, y no descubriendo ningn punto por donde puedan llegar 
la igualdad, desconfan enteramente de ellos mismos y se dejan caer en
un grado nfimo  la dignidad humana.

Este terrible efecto del contraste de clases no se halla en la vida
salvaje: los indios, al mismo tiempo que son tan ignorantes y pobres,
todos tambin son iguales. A la llegada de los europeos, el indgena
de la Amrica del Norte ignoraba todava el precio de las riquezas, y
se mostraba indiferente al bienestar que con ellas adquiere el hombre
civilizado, y con todo eso, nada se vea en l de grosero; por el
contrario, reinaba en el modo de portarse una reserva habitual y una
especie de poltica aristocrtica. El indio, dulce y hospitalario en
la paz, implacable en la guerra, an ms all de los lmites conocidos
de la ferocidad humana, se expona  morir de hambre por socorrer
al estranjero, que llamaba por la noche  la puerta de su cabaa, y
despedazaba con sus propias manos los miembros de su prisionero, que
todava estaban palpitando. Las ms famosas repblicas antiguas nunca
haban admirado nimo ms varonil  intrpido, almas tan orgullosas,
y ms agreste amor de independencia, que los que entonces ocultaban
los bosques salvajes del Nuevo Mundo. Los europeos causaron impresin
al arribar  la Amrica del Norte, y su presencia no origin envidia
ni espanto, pues qu ascendiente podan tener en semejantes hombres?
El indio saba vivir sin necesidades, sufrir sin quejarse, y morir
cantando. Por lo dems, estos salvajes crean como todos los otros
miembros de la familia, en la existencia de un mundo mejor, y adoraban
con diferentes nombres  sus mltiples dioses. Sus nociones acerca de
las grandes verdades intelectuales eran por lo general sencillas.

Por ms inculto que parezca el pueblo cuyo caracter describo aqu, no
se poda dudar, no obstante, que le hubiera precedido, en las mismas
regiones, otro ms civilizado y ms adelantado en todas materias. Una
tradicin obscura, pero esparcida en la mayor parte de las tribus
indianas de las villas del Atlntico, ensea que en tiempos pasados,
estas mismas poblaciones haban existido en el Oeste del Mississip.
A lo largo de las mrgenes del Oho y en todo el valle central, se
encuentran an hoy da montecillos que han sido hechos por las manos
del hombre. Cuando se cava hasta el centro de estos monumentos, no
se dejan de hallar, segn dicen, huesos humanos, instrumentos raros,
armas, utensilios de toda especie, hechos de metal,  que recuerdan
usos ignorados por las razas actuales.

Los indios de nuestros tiempos no pueden dar ningunas noticias
acerca de la historia de ese pueblo desconocido; los que vivan hace
trecientos aos, al tiempo del descubrimiento de Amrica, tampoco
han dicho nada de que se pueda siquiera inferir una hiptesis; las
tradiciones, que son monumentos perecederos y sin cesar renacientes del
mundo primitivo, no dan luz ninguna; y sin embargo, no se puede poner
en duda que all vivieron miles y miles de nuestros semejantes. Cundo
llegaron pues? cul fu su origen, su destino y su historia? cundo
y cmo perecieron? Nadie lo podr decir. Cosa extraordinaria! hay
pueblos que han desaparecido tan completamente de la tierra, que hasta
se ha borrado la memoria de su nombre; se han perdido sus lenguas; su
gloria se desvaneci, como un sonido sin eco; pero ignoro si existe uno
slo que no haya dejado, por lo menos, un sepulcro en recuerdo de su
paso por este mundo. Ay! y que de todas las obras del hombre, la ms
durable sea la que pinta mejor su existencia perecedera y fugaz.

Aunque el vasto pas, que se acaba de describir, lo hayan habitado
numerosas tribus de indgenas, se puede decir con justicia que en la
poca del descubrimiento, no formaba todava ms que un desierto.
Los indios lo ocupaban, pero no lo posean, supuesto que el hombre
se apropia el terreno por medio de la agricultura, y los primeros
habitadores de la Amrica del Norte vivan del producto de la caza. Sus
implacables preocupaciones, sus pasiones indmitas, sus vicios y lo que
tal vez es ms, sus virtudes agrestes, los entregaban  una destruccin
inevitable. La ruina de esos pueblos se ha entablado desde el da
en que arribaron all los europeos; desde entonces, siempre ha sido
continuada; y acaba de verificarse en nuestros tiempos. La Providencia,
colocndolos en medio de las riquezas del Nuevo Mundo, no les haba
dado al parecer sino un corto usufructo; y como que slo estaban all
_interinamente_. Esas costas, tan bien preparadas para el comercio y la
industria, esos ros tan hondos, ese inagotable valle del Mississip,
ese continente todo entero, se ostentaba entonces como la cuna an
vaca de una nacin grandiosa.

En este punto era donde los hombres civilizados deban ensayar el
construir la sociedad sobre cimientos nuevos, y donde, aplicando
por primera vez teoras hasta entonces desconocidas  reputadas
irrealizables, iban  dar al mundo un espectculo  que no lo haba
conducido la historia de lo pasado."

Un antiguo y desconocido pueblo dej restos de su existencia y de
cierto grado de civilizacin en los valles del ro Mississip y sus
tributarios. No tenemos un conocimiento autntico de su nombre, ni
como nacin ni como raza; por eso se les designa con el nombre de
fabricantes de cerritos  terraplenes, que se les ha dado por las
ruinas ms importantes de sus obras que hasta hoy se contemplan.

Entre los restos que an existen, por los cuales sabemos que un
pueblo habit antiguamente esas regiones, sobresalen los terraplenes
artificiales, construidos con habilidad y mucho trabajo. Muchos de
ellos son grandes terrados y otros pirmides truncadas. Regularmente
son de forma cuadrada  rectangular, habiendo algunos exgonos
 octgonos, y los ms elevados tienen escaleras  graderas en
alguno de sus lados, que conducen  la cima. Muchas de estas obras
guardan rara y notable semejanza con los _tecalis_ de Mxico. Son
de diferentes tamaos. El gran terrapln que existe en Grave-Creek,
Virginia, tiene 70 pis de alto y 1,000 de circunferencia en su base.
Otro que est cerca de Mianisburgo, en Oho, cuenta 68 pis de alto y
852 de circunferencia. La gran pirmide truncada de Cahoka en Ylinois
es de 700 pis de largo, 500 de ancho y 90 de alto. La generalidad,
sin embargo, de estos terraplenes tiene de 6  20 pis de alto. Los
que se encuentran en la parte inferior del valle del Mississip, son
generalmente ms grandes en extensin horizontal, y menos elevados.

Si hemos de dar crdito al sabio Barn de Humboldt, los indios y los
hombres de color bronceado son muy raros en el Norte de Nueva Espaa
(Mjico) y apenas los hay en las provincias llamadas internas. La
historia nos descubre varias causas de este fenmeno. Cuando los
espaoles hicieron la conquista de Mxico, encontraron muy pocos
habitantes en los pases situados ms all del paralelo de 20.
Eran esas provincias la mansin de los chichimecas y de los otomes,
dos pueblos errantes, cuyas tribus poco numerosas, ocupaban terrenos
extensos. La agricultura y la civilizacin estaban encerradas en los
llanos que se extienden al Sur del ro de Santiago, especialmente entre
el valle de Mjico y la provincia de Oajaca.

Por punto general, puede decirse que desde el siglo VII hasta el
XIII la poblacin parece haber refluido continuamente hacia el
territorio de Guatemala. De las regiones situadas al Norte del rio
Gila, salieron aquellas naciones guerreras que inundaron, unas despus
de otras, el pas de Anahuac. Ignrase si era aquella su patria
primitiva,  si siendo originarios del Asia  de la costa N. O. de la
Amrica, haban atravesado las sabanas  praderas de Navajoa y del
Moqui, para venir  parar en el ro Gila. Las pinturas geroglficas de
los aztecas nos han trasmitido la memoria de las pocas principales
de la grande avenida de los pueblos americanos. Esta irrupcin tiene
alguna analoga con la que en el siglo V sepult  la Europa en el
estado de barbarie, de cuyas funestas consecuencias an se resienten
muchas de sus instituciones sociales. Pero dos pueblos que atravesaron
el reino de Mjico, esparcieron en l algunos restos de cultura y
civilizacin. Los toltecas se dejaron ver por la primera vez en el
ao de 1648; los chichimecas en 1170; los nahualtecas en 1178; los
acolhuas y los aztecas en 1196. Los toltecas introdujeron el cultivo
del maz y del algodn; construyeron ciudades, caminos, y sobre
todo, aquellas grandes pirmides que todava admranse hoy, y cuyas
fachadas estn construidas con mucha exactitud. Conocan el uso de las
pinturas geroglficas; saban fundir los metales, y cortar las piedras
ms duras; tenan un ao solar ms perfecto que el de los griegos y
romanos. La forma de su gobierno indicaba que descendan de un pueblo
que haba experimentado ya grandes vicisitudes en su estado social.[42]

      [42] Ensayo Poltico sobre Nueva Espaa, por el Barn A. de
      Humboldt, Tomo I. pg. 157.

Hoy, fuera de los indios civilizados de Mjico, no faltan algunas
tribus brbaras, entre las que se pueden mencionar los coras de
Jalisco, los otomes y mazaguas, adyacentes al valle de Mjico, los
pames, los tarascos y matlaltzincas de Michoacn, los huaztecas y
totonacos de Veracruz y Tamaulipas, los chontales, chichinantecos,
mazatecos, cuicatecos, chatinos, miztecos, zapatecos, miges, huaves,
chispanecos, zoques, lacandones, choles, mames, tzotziles, tzendales, y
otros del sur de Mjico.

En el istmo centro americano haba, y an quedan algunas tribus
semibrbaras, como los lacandones, los mosquitos de Honduras, los
popolucas, pipiles y chontales, ramas, lencas, xicaques, huatusos,
caimanes, bayamos, dorachos, gujiros, mandingas etc. En la Amrica
del Sur haba tambin muchas tribus brbaras  semibrbaras como los
puruhaes, los caaris, los pallas, los zarzas, los huacas, los tuzas,
los tulcanes, los guillasingas, los quinchs, los chillos, los ambatos,
los tiquizambis, los chimbos y los seyris, quitos y fueguinos, que
tienen historia propiamente tal.

En cuanto  las naciones civilizadas del Nuevo Mundo, debe advertirse
que, la cultura material, moral  intelectual que hallaron aqu los
espaoles, no poda ponerse en parangn con la de los habitantes de
Europa. Sea que por civilizacin se entienda, al decir de Guizot, el
estado de adelantamiento del hombre, resultante del orden social,
en lugar de la independencia absoluta del individuo y falta de ley
del salvaje de vida brbara; sea que la civilizacin la constituya,
segn opina Buckle, el triunfo de la inteligencia sobre los agentes
externos; sea que, como ensea Virey, la civilizacin consista en el
desenvolvimiento ms  menos absoluto, de las facultades morales 
intelectuales de los hombres unidos en sociedad; sea de ello lo que
fuere, puede asegurarse que los indios civilizados de Mjico, el Per
y Centro Amrica, se encontraban en un atraso de miles de aos con
respecto  los conquistadores. Al hallarse frente  frente los imperios
de Carlos V y Moctezuma 2. chocaban dos edades diferentes, dos
civilizaciones distintas, dos historias que se pierden, por rumbos
diversos, en la obscuridad del tiempo.

Siquiera sea  grandes rasgos, disear el estado de progreso en que
se hallaban, antes de la conquista por los espaoles, estos pueblos
americanos, y en particular los indios de Guatemala.

En sus primitivos tiempos la historia mejicana, se concreta  obscuras
tradiciones, vagos y misteriosos recuerdos. Su smbolo animado se
encuentra en Huitzilopoztli, hombre superior que domin las tribus,
las condujo  su antojo y fu deificado por la ignorancia y regados sus
altares por ros de sangre[43]; pero el espritu de desarrollo, que es
condicin de la vida de los puebls, cuando llevan en su seno grmenes
de existencia dilatada, fu animando ms y ms  los mayas, nahuaes, y
aztecas, hasta exhibirlos en la histora con una civilizacin propia,
original y agreste, muy digna de llamar la atencin del filsofo y del
historiador.

      [43] Marcos Arrnix Historia y cronologa de Mxico, pag. 19.

Tenan gobierno regido por leyes sabias; haba magnificencia suma en
los monarcas; construyeron palacios como el de Nezahualcoyotl rey de
Tezenco, cuya grandeza y explendor admiran; conservaban colecciones
zoolgicas que hoy podran apreciarse en los mejores museos; sus
jardines flotantes en los lagos; sus andas de oro; sus trajes y armas;
sus colegios y escuelas; sus matrimonios y concubinatos reglamentados;
sus fiestas y bailes; todo denota grande adelanto relativo[44].

      [44] Mxico al travs de los siglos--Introduccin.

Los conocimientos que tenan en astronoma; la manera de contar el
tiempo; el calendario azteca y el de Michoacn y Yucatn; sus libros
y archivos, destruidos por la mano impa de Zumrraga; los jardines
botnicos; los mdicos aborgenes; la manera de curar ciertas
enfermedades; los ritos funerarios; las ceremonias religiosas; en una
palabra, la vida de aquellos pueblos ostntase como se ostentan las
flores silvestres, llenas de lozana y colores, en medio de seculares
bosques y praderas risueas y exuberantes.

Si con mirada atenta contemplamos los utensilios de barro que usaban
los indios, y que hoy figuran, como reliquias del tiempo, en museos de
Amrica y Europa, comprenderemos que en las artes haban progresado
notablemente. Los mexicanos tenan unos libritos de papel, hechos de
corteza de _amatl_, y en ellos consignaban los hechos histricos. En
mantas y lienzos pintaban sus mapas. Clavgero, hablando de pinturas,
dice:[45] servanse de las simples imgenes de los objetos, y tambin
de geroglficos y de caracteres. Representaban las cosas materiales
con sus propias figuras, aunque para ahorrar tiempo, trabajo, colores
y papel, se contentaban con una parte del objeto, que bastaba para
darle  conocer  los inteligentes; pues as como nosotros no podemos
entender lo escrito, sin aprender antes  leer, as aquellos americanos
deban instruirse prviamente en el modo de figurar los objetos, para
comprender el sentido de las pinturas, con que suplan el lenguage
escrito. Es por lo que Ordez, en las pginas 265 y 270, arguye de
equivocacin  Boturini, que careci de la mitologa del pas, para
descifrar los anales americanos. Para los objetos que no tienen forma
material, prosigue Clavgero, se valan de ciertos caracteres, no
ya verbales, sino reales; y pone por ejemplo, las imgenes con que
indicaban el tiempo, el cielo, la tierra, el agua y el aire. Sus
pinturas, dice ltimamente, no deben considerarse como una historia
ordenada, sino como apoyos de la tradicin; las cuales trasmitan y
hacan aprender  sus hijos y discpulos en arengas y discursos.

      [45] Libro VII. art. 47.

Navegaban los indios en canoas, que podan contener hasta cincuenta
personas, como la que vi el Almirante Coln, desde una de las
Guanajas, que era tan grande como una galera, de ocho pis de ancho, y
cargada de mercaderas, con un toldo de esteras de palma (petates)[46].

      [46] Herrera, Dec. I, libro 5, cap. 5,

Por lo que respecta  los primitivos pobladores del istmo
centro-americano, pirdese su historia en la obscuridad de los tiempos
y mzclase con mitos y sagradas tradiciones. No faltan sabios que creen
haber sido esta regin el punto de partida de los dems pueblos del
continente, y el lugar ms civilizado, en poca remota, del que irradi
la cultura embrionaria  las otras naciones que en Amrica dejaron de
ser salvajes. Dcese que Votn, misterioso fundador del _Palenque_,
sabio legislador, introdujo los principios de la ilustracin
incipiente entre las tribus brbaras de estas comarcas, de las cuales
fu como el _Zama_,  divinidad redentora[47]. Con posterioridad
vinieron los Nahuas  Nahoas, conocidos con el nombre de Tultecas,
que fundaron la ciudad de Tula (en Chiapas), bajo el caudillaje del
famoso Quetzalcohuatl (serpiente con plumas de Quetzal), dios de
los mexicanos. Procedentes del Norte, hubo otras inmigraciones que
sojuzgaron  los tultecas, y eran compuestas de hombres  quienes stos
llamaban _mam_ (tartamudos) por la dificultad con que hablaban otras
lenguas. Restos de los tultecas fueron los cakchiqueles, mientras que
los quichs eran tribu que pobl el Quix-Ch (muchos rboles) y despus
se extendi desde el pas de los Lacandones hasta el ocano Pacfico,
con excepcin de parte de Izabal y de las costas de Escuintla. El
zutujil abrazaba el antiguo partido de Atitln y el pueblo de San
Antonio Suchitepquez, y los mames estaban por Huehuetenango, parte de
Quezaltenango y todo Soconusco.

      [47] BRASSEUR DE BOURBOURG, en su erudita obra "Dictionnarie,
      grammaire et Chrestomathe de la langue maya, preceds d'une
      etude sur le systme graphique des indgenes de Yucatn.

No cabe duda de que los quichs, cakchiqueles, zutujiles y mames,
fueron descendientes directos de los sbditos de Votn; pero la linea
de historia tradicional que une los imperios, se halla truncada en
varios puntos, sin que sea dable seguirla paso  paso. Los fastos de
la poderosa nacin Quich, por cuatro  cinco centurias antes de la
conquista espaola, quedan en manuscritos, que se escribieron en
lenguas aborgenes, con el alfabeto romano.[48]. _El Memorial de Tecpam
Atitln_, redactado por el cacique Xahil, es un precioso documento que
contiene datos acerca de los cakchiqueles, y que existi muchos aos
en el Museo Nacional de la Sociedad Econmica, en donde tuvo ocasin
de leer el original el autor de estas lineas. Existe una traducin del
Abate Brasseur de Bourbourg, hecha en el ao 1855. Adems, obraban en
nuestros archivos pblicos, ttulos territoriales de pueblos que ese
americanista se llev, sin dejar siquiera copias.

      [48] Bancroft's works--Native races. Vol. II. civilized
      nations, page 638.

Dice el P. Juarros[49] que posean esta regin centro-americana un
sin nmero de gentes, que continuamente se hacan guerras unas 
otras, y cada pueblo era gobernado por su rgulo, de donde proviene
que sus habitantes hablen tantas lenguas diferentes; pues unos usan
la mexicana, otros la quich, cakchiquel, tzutujil, man, pocamn,
pocanch, chort, sinca y otras muchas". Sabido es, sin embargo, que
los reinos quichs, cackchiqueles y tzutujiles eran los principales y
ms poderosos. Ms de veintin reyes de la primera de esas naciones,
gobernaron antes de la conquista  un pueblo adelantado, aguerrido
y numeroso, que se extenda por Quezaltenango, Totonicapa, Atitln,
Tecpn Atitln, Suchitepquez, los seoros de los mames y pocomanes,
los Cuchumatanes, parte de Chiapas y Soconusco y los poderosos
dominios de los reyes de Copn, al decir del desconocido autor del
_Isajoge_.[50] Por las tierras del norte de Guatemala, Verapaz,
Nicaragua y Comayagua, haba caciques independientes de los quichs.
Los cackchiqueles se extendan por la parte central de Guatemala, los
rabinales en la Verapaz, los tzutujiles por el lago de Atitln, los
pipiles en las faldas de los volcanes de Agua y de Fuego, y por el
lugar de Escuintla, Sonsonate, Apaneca, Aguachapn y Cuscatln.[51]

      [49] Historia de Guatemala Tomo I, pg. 13.

      [50] Isagoje Histrico Apologtico General de todas las Indias
      y especial de la provincia de S. Vicente Ferrer de Chiapa y
      Goathemala--1892 Madrid, Tipografa de Minuesa de los Rios.

      [51] _Cuscatln_ era el nombre antiguo de "Sn. Salvador".
      Monarq. Ind. t. I. p. 333. Brasseur de Bourbourg, Hist. T. II.
      p. 76.--Oviedo, Hist. General y Natural de las Indias, Tom. IV.
      p. 35.

Durante el primer perodo del siglo XIII. todava se hallaba la nacin
quich, obscura y concentrada en las montaas en donde naci. Despus
fu creciendo poco  poco, hasta llegar  ser muy poblada y muy rica.
La ciudad de Santa Cruz, en otro tiempo la opulenta Utatln, era la
corte de los famosos reyes quichs. El cronista Fuentes hizo un viaje 
aquella ciudad para estudiar sus ruinas, que revelan la magnificencia
que tuvo, aunque lo que hoy se encuentra no es ms que un pequeo
barrio de la gran capital. Hallbase circundada de una barranca, que
le serva de foso, con dos entradas muy estrechas, defendidas por el
castillo de _El Resguardo_, que las haca inespugnables. En el centro
de la capital estaba el real palacio, rodeado de casas de la nobleza,
y el pueblo viva en las extremidades de la ciudad. Las calles eran
estrechas y la poblacin tan grande que el rey pudo encontrar 72,000
combatientes para luchar con los espaoles. Esta opulenta capital
contena numerosos y bellos edificios, entre los cuales era notable el
colegio nacional, en donde se educaban  instruan de 5  6 mil nios,
alimentados por cuenta del Tesoro nacional. Haba sesenta maestros y
toda clase de comodidades. Como cosa grandiosa, es preciso citar el
castillo del _Atalaya_, con cuatro pisos y un gran nmero de soldados.
El gran _Alczar_,  sea palacio de los reyes del Quich, segn varios
cronistas, no ceda en suntuosidad ni al de Moctezuma, en Mxico,
ni al de los incas en Cuzco. La fachada, de Este  Oeste, tena 376
metros de largo y 728 de ancho. Estaba construido de finsimas piedras
de diversos colores. Se divida en muchos departamentos: el primero
serva de cuartel  un numeroso batalln de lanceros, de arqueros,
y de otros veteranos que escoltaban al monarca: el segundo era la
habitacin de los principales y parientes del rey, que vivan all con
grande opulencia, mientras no se casaban; el tercero era la casa real,
donde estaba el trono, el tesoro, el tribunal de los jueces del pueblo,
el depsito de armas, los jardines, &; en el cuarto y quinto, estaba
la mansin de la reina y de las concubinas del rey; era inmenso, y
contena baos, fuentes, jaulas con fieras, y grandes parques.

Y no slo en el Quich (Santa Cruz), se encuentran vestigios de una
civilizacin remota, sino que, como dice Bancroft, en casi todo el
territorio de Guatemala, hay restos de la cultura indgena. Las ruinas
de Quirigu, con sus altares, estatuas y pirmides, que tanto han
llamado la atencin del viajero que visita nuestro suelo; los despojos
ciclpeos del Carrizal; las fortificaciones de Mixco; los acueductos
del Rosario; las ruinas de Patinamit  sea Tecpn Guatemala; los
escombros de edificios y los dolos de Rabinal; las antigedades de
Cotzumalguapa, Palenque, Copn y Tical; en suma, todos esos monumentos
que el tiempo respet, dan idea de las gentes que poblaron nuestro
suelo, antes de la conquista espaola, y acerca de las cuales, escribi
el abate Brasseur de Bourbourg, una obra interesante, que se intitula
"Historia de las naciones civilizadas de Mjico y de la Amrica
Central."[52]

      [52] Brasseur de Bourbourg. Histoire des nations civilises
      du Mexique et de l' Amerique Centrale. Esta obra, en cuatro
      volmenes, est en la Biblioteca Nacional, con una expresiva
      dedicatoria del autor al Sr. Dr. Dn. Mariano Padilla.

Entre esos pueblos se contaba el reino cackchiquel, que haba
alcanzado notable desarrollo y que tuvo  Patinamit por corte. Los
bravos cackchiqueles no slo vencieron  los quichs, sino que,
en combate memorable, ganaron la primaca entre las monarquas
centro-americanas, no por cierto para consolidar la paz, sino para
estar en continuas guerras con las tribus vecinas. Nacin poderosa la
de los cackchiqueles, pudo alcanzar desarrollo y adelanto, no obstante
los disturbios y las asoladoras pestes que diezmaron  los indios
de esa raza. Al tiempo de la conquista por los espaoles, Guatemala
comprenda varios reinos poderosos de los antiguos indios, siendo los
principales, como se ha dicho, el del Quich y el de los Cackchiqueles.
Estos lucharon fuerte y largamente en defensa de su patria y libertad,
y cuando fueron forzados  rendirse  los espaoles, los pocos
que sobrevivan de la lucha, se retiraron  vivir en partes casi
inaccesibles en las elevadas montaas del norte,  quedaron sumisos 
los conquistadores en los lugares que fueron ocupados, conservando por
mucho tiempo sus creencias antiguas en materia de religin, que hasta
el da no han perdido. En una parte de esa regin, especialmente en
el estado de Chiapas y en algunos pueblos de los Altos y la Verapaz,
los naturales conservan todava muchas de sus antiguas creencias, y
caracter muy reservado.

Las ruinas de Mjico y Centro-Amrica demuestran, de una manera
cierta, que en tiempo antiguo exista en estos paises una importante
civilizacin, que debe haber provenido de poca muy remota. Sabido es
que la mayor parte de esas ruinas estaban olvidadas  haban llegado
 ser vistas como misteriosas por los habitantes que los espaoles
encontraron en esos pases al tiempo de su descubrimiento.

En mil quinientos veinte, los bosques que cubren la mayor parte de
Yucatn, de Guatemala y de Chiapas estaban tan espesos y frondosos
como lo estn hoy; y como probablemente estaban un siglo antes de la
conquista, porque, segn la tradicin que se conserva de Yucatn,
cuando fu destruido el reino de Maya, uno de sus prncipes huy 
esconderse en la floresta con una parte de su pueblo, los Itzas, y se
estableci con ellos en las playas del lago del Petn. Si en la poca 
que me refiero ya existan olvidadas y sepultadas en los bosques esas
importantes ruinas, y si se observa esa clase de vegetacin que las
cubre, no puede uno menos de suponer, con bastante fundamento, que la
poca de civilizacin que representan trascurri hace muchos siglos.

En la edad anterior al desarrollo de estas inmensas y espesas
florestas, los lugares que ocupan estaban habitados por un pueblo que
haba obtenido un grado bastante alto de civilizacin. Los campos
cultivados, y las ciudades en condicin floreciente. La calidad misma
de las florestas y el estado tan decado en que se hallaban las ruinas,
son pruebas inequvocas de la antigedad muy remota del perodo de
civilizacin. Puede asegurarse, sin temor de incurrir en un yerro, que
ese perodo fu muy anterior  la dominacin de los aztecas; pero no se
puede fijar con precisin el nmero de siglos  aos trascurridos entre
esas diferentes pocas. Copn, que por primera vez fu descubierto hace
trecientos aos, ya era entonces misterioso y tan poco conocido de los
naturales, que vivan en sus inmediaciones, como lo son las antiguas
ruinas de Caldea para los rabes, que vagan en los solitarios llanos de
la baja Mesopotamia. No exista entre ellos ningn recuerdo  tradicin
relativa  esas ruinas, que ni nombre tenan, lo cual hace suponer que
cuando los aztecas se elevaron al poder ya esa ciudad estaba abandonada
y oculta en el bosque que la rodea.[53]

      [53] "La Antigua Amrica," obra escrita en ingls, por Juan D.
      Baldwin, pags. 81 y 82.

Si se dejan aparte las ruinas antiguas de Guatemala, y se desea saber
cual era la base de la alimentacin de los indios, bastar consultar
 Bernal Daz del Castillo y  Ximnez, para saber que el maz, el
_chile_ (pimiento), el pltano, los frijoles, los tubrculos y el
cacao, formaban los principales alimentos de nuestros aborgenes.
Humboldt asegura que por estas regiones se conocan las cebollas, las
calabazas y garbanzos. Tenan varias especies de gallinaceas, como
_chumpipes_ (pavos), faisanes y _chachas_. Haba unos _perros mudos_,
que no ladraban y servan para comer. Eran muy dados los indios  la
caza y  la pesca.

Saban mezclar el cobre con el estao para darle ms dureza, y tuvieron
curiosos instrumentos de esos metales, que casi igualaban al acero.
Tejan sus vestidos, y los adornaban de colores abigarrados, siendo
de diversos matices en cada pueblo. Mucho ms se podra decir de los
usos y costumbres de las antiguas naciones civilizadas del istmo
centro-americano; pero ya se ha alargado bastante el presente captulo.

Para concluir, y sin entrar  examinar aqui si los mejicanos y quichs
fueron ms civilizados que los incas, cumple echar una ojeada rpida
sobre el afamado pas que con el nombre de _Per_, fu conocido por
los castellanos, que as lo denominaron  causa de que al llegar los
primeros  sus costas, preguntaron  un indio por el nombre de aquella
tierra, y les contest que era _Ber_; "luego mirando al ro, dijo
_Pel_, y sealando despus  los extranjeros, el interior del pas,
_Pir_. Entonces los recin llegados exclamaron: "Acabemos, que aqu
todo es _Per_!" En ninguna parte de la Amrica lleg la agricultura 
un estado ms floreciente. En el arte de labrar piedras, hallbanse los
incas  la vanguardia de los dems pueblos americanos. El esplndido
templo del sol en Pachacanac, el palacio real del Cuzco, la fortaleza
de sta ciudad, y los clebres caminos que de all partan para Quito
y Chile, son obras colosales, que llenan el espritu de asombro y
admiracin. Mucho habra que escribir acerca del rpido progreso que
los incas alcanzaron bajo el imperio de Manco-Cpac y de sus sucesores;
pero ya no lo permite la ndole de esta obra, consagrada de preferencia
 los indgenas del istmo centro-americano.




                           CAPITULO TERCERO

            =Teogona de los indios de Guatemala, sus ritos
            y ceremonias religiosas, sacrificios, altares,
                    templos, sacerdotes y fiestas.=


                                SUMARIO

      Inters que se ha tomado en los ltimos tiempos en penetrar
  los misterios de la religin de nuestros indios.--El sabio Max
  Mller consagra  Guatemala un erudito estudio sobre su teogona
  antigua.--El libro de los salvajes.--El Popol-vuh.--Autenticidad que
  tiene ese "Libro del Pueblo,"  sea Biblia de los Quichs.--Cuando
  fu descubierto el manuscrito del Popol-vuh.--La traduccin de
  Jimnez.--Las opiniones de Brasseur de Bourbourg.--Es muy posible
  que los autores del manuscrito hayan sufrido influencia de las
  ideas europeas y cristianas.--Extractos del Popol-vuh.--El Gnesis
  quich.--Animales dotados de palabra y razn.--Resurreccin
  de hroes.--La confusin de las lenguas.--Emigraciones de
  Oriente.--Como termina el Popol-vuh.--Los indios de Guatemala eran
  muy fanticos y supersticiosos.--Los _brujos_.--El indio jams
  se crea solo, sino rodeado de objetos que contenan espritus
  ocultos.--La vida futura.--El miedo era la base de la religin
  de los aborgenes.--Particularidades religiosas de los indios
  choles y mames de la Verapaz.--Los indios de Guatemala dividan
  sus dioses en tres clases.--Cuales eran stas.--De los sacerdotes,
  vrgenes y sacerdotisas.--Lo que escribe Bancroft acerca de
  ellos.--Altares, templos, sacrificios y fiestas religiosas de los
  indios de Guatemala.--Los calpules.--Solemnidades religiosas.--Como
  dejaban las cabezas de los sacrificados clavadas en astas.--De los
  mitotes.--Sacrificios especiales en favor de las sementeras.--El
  sacrificio de la caza.

En la ltima mitad del presente siglo se han acumulado, por modo
extraordinario, nuevos y autnticos materiales para el estudio de las
teogonas del mundo, de tal suerte que los sabios europeos han tomado
mucho inters en penetrar los misterios de las religiones de nuestros
indios, que no eran simplemente, como se crey por los conquistadores,
una salvaje idolatra y meros sacrificios brbaros de infelices
vrgenes y prisioneros. En los ltimos tiempos, el impulso dado 
las investigaciones etnolgicas ha inducido  los viajeros y  los
misioneros  consignar en sus escritos todos los vestigios teognicos
que han podido descubrir en los antiguos pueblos americanos.

El sabio Max Mller, que ha escrito la historia de las religiones,
consagra  la Amrica Central tan eruditos prrafos que bien merecen,
por su novedad, formar parte del material de que me he servido para
la presente obra, en que me he propuesto historiar  los primitivos
pobladores de Amrica, y sobre todo,  los del istmo del centro, que
tienen sus peculiares tradiciones y su teogona singular. "Muchas
gentes, dice aquel sabio orientalista, acogern con una sonrisa
escptica un libro intitulado _Popol-vuh_, y que se asegura ser el
texto original de las escrituras sagradas de los indios de la Amrica
Central. An no se ha olvidado  aquellos pobres Aztecas, que hace
algunos aos se les present en toda Europa como los descendientes
de una raza  la que los indgenas de Mjico tributaban honores casi
divinos, antes de la conquista de los espaoles, y que ms tarde se
supo que no eran sino vctimas desgraciadas de especuladores brbaros,
y el _Libro de los salvajes_[Nota 37] publicado recientemente por el
abad Domenech, bajo los auspicios del conde Walewski, ha menoscabado
en cierto modo la dignidad de los estudios americanos en general. Sin
embargo los que se rien del manuscrito americano, descubierto por el
abad Domenech en la Biblioteca del Arsenal, en Pars, y publicado
por l con tanto cuidado, como una reliquia preciosa de los antiguos
Pielesrojas de la Amrica Septentrional, deben tener presente que es
muy posible exista un manuscrito autntico que nos ofrezca un modelo de
la escritura figurativa de este pueblo salvaje.

El _Popol-vuh_  libro sagrado de la poblacin de Guatemala, cuyo
texto original, acompaado de una traduccin francesa ha publicado el
Abad Brasseur de Bourbourg, ocupa un lugar importante entre las obras
compuestas por los indgenas en sus propios dialectos, y escritas
por ellos con los caractres del alfabeto latino. Slo hay otras dos
obras cuya importancia puede compararse  la del _Popol-vuh_, para
el estudio de las antigedades y de las lenguas americanas, y son el
Codex Chimalpopoca, escrito en lengua nahuatl, y el Codex Cackchiquel,
redactado en el dialecto de Guatemala. Estas tres obras deben ser
el punto de partida de todas las investigaciones crticas sobre las
antigedades de los indgenas de Amrica.

El primer punto que debe establecerse cuando se examinan escritos de
esta naturaleza, es su autenticidad. Debemos, pues, examinar ante todo
si estas tres obras son realmente, como se pretende, composiciones que
datan de hace tres siglos, fundadas en las tradiciones orales y en
los documentos ideogramticos de los antiguos habitantes de Amrica,
y escritos en los dialectos hablados en tiempo de Coln, de Corts y
de Pizarro. He aqu, en resumen, la parte histrica del _Popol-vuh_,
segn Brasseur de Bourbour. El manuscrito fu descubierto por primera
vez  fines del siglo XVII, por el padre Francisco Jimnez, cura
de Santo Toms Chichicastenango, situado  unas tres leguas al Sur
de Santa Cruz del Quich y  veinte leguas prximamente al N. E.
de Guatemala. Era este sacerdote muy versado en los idiomas de los
indgenas de Guatemala, tanto que ha dejado un Diccionario de sus tres
dialectos principales, su _Tesoro de las lenguas Quichs, Cackchiquel
y Tzutujil_; esta obra, indita todava, llena dos volmenes, el
segundo de los cuales contiene una copia del manuscrito descubierto
por Jimnez. Este, que era dominicano, escribi tambin una historia
general de la provincia de San Vicente de Chiapas, que comprenda
cuatro tomos en folio. Haba dejado de ella dos copias, pero ambas
estaban incompletas cuando Brasseur de Bourbourg las vi en Guatemala.
Los tres tomos que se haban conservado contenan muchas reseas
curiosas sobre la historia y las tradiciones del pas. El primero de
dichos tomos comprenda la traduccin espaola del manuscrito quich
que nos ocupa en este momento. Brasseur de Bourbourg copi dicha
traduccin en 1855. Un viajero alemn, Mr. Scherzer, que se hallaba
 la sazn en Guatemala, hizo copiar la traduccin de Jimnez, que
public en Viena en 1856.[54]

      [54] MANUSCRITO PITOGRFICO AMERICANO, con una noticia sobre
      la ideografa de los Pielesrojas, por el abad Domenech. Pars,
      1860.

No se content el Abad francs con mandar imprimir el texto original
del _Popol-vuh_ y la traduccin espaola de Jimnez, que declara ser
inexacta, incompleta y  veces ininteligible. Durante sus viajes por
Amrica, haba aprendido muchos idiomas del pas y particularmente
la lengua quich, cuyos diversos dialectos son hablados todava
por una poblacin de ms de seiscientas mil almas. Como sacerdote,
tena relaciones diarias con los habitantes de la parroquia, cuya
administracin le estaba confiada; y mientras viva entre ellos,
pudiendo consultarles  cada paso, como diccionarios vivos, fu cuando
comprendi, con el auxilio de los manuscritos de Jimnez, su propia
traduccin de las antiguas crnicas de los quichs. Desde el tiempo del
descubrimiento de Jimnez hasta el de la publicacin de Brasseur de
Bourbourg, podemos referir la historia del _Popol-vuh_ de una manera
clara y satisfactoria. Pero an falta un siglo, del que hay necesidad
de dar cuenta; desde fines del XVI, poca en que se supone que fu
escrita la obra hasta fines del XVII, fecha del descubrimiento del
manuscrito de Chichicastenango, por el dominicano Jimnez. En lo que
 este perodo se refiere, carecemos completamente de datos; pero
podemos sin embargo apelar  la autoridad del mismo manuscrito, que d
la lista de las dinastas reales hasta la conquista espaola; lista
cerrada con los nombres de los dos prncipes, don Juan de Rojas y don
Juan Corts, hijos de Tecum y Tepepul. Por ms que estos prncipes
se hallasen enteramente bajo la dominacin espaola, se les permiti
conservar las insignias reales hasta el ao 1558, y el manuscrito
debi de ser redactado poco tiempo despus de esta fecha. El autor
mismo termina el ltimo prrafo del prembulo del _Popol-vuh_, con la
declaracin siguiente:[55] "he aqu lo que escribiremos despus (que
se haya promulgado,) la palabra de Dios (Chabal Dios,) y dentro del
cristianismo; la reproduciremos, porque no se considera como libro
nacional, en que se ve claramente que se ha venido del otro lado del
mar, (es decir) el relato de nuestra existencia en el pas de la
sombra, y cmo vimos la luz y la vimos." No intenta en manera alguna
el autor atribuir  esta obra una gran antigedad, ni una autoridad
misteriosa. Reconoce expresamente que en la poca en que escribe,
ha sido ya conquistado el pas por los castellanos: que los obispos
predican all la palabra de Dios; y que las antiguas tradiciones del
pueblo iban desapareciendo poco  poco.

      [55] _Popol-vuh_, traduccin del abad Brasseur de Bourbourg, p.
      5.

Ni siquiera da  su obra el nombre de _Popol-vuh_, como ha hecho
Brasseur de Bourbourg. Dice que en su tiempo no se llamaba an
_Popol-vuh_, cuya expresin significa el "_Libro Nacional_," para
designar la literatura de tradicin, que trasmitiera de edad en edad,
todo lo que se saba sobre la historia primitiva del pas y acerca de
sus doctrinas y de sus ceremonias religiosas.

Es sensible que Brasseur de Bourbourg haya sancionado el empleo de
estas palabras, como ttulo del manuscrito quich, descubierto por el
padre Jimnez, y las haya traducido, al parecer, por las de "_Libro
Sagrado_", en lugar de traducirlas por las de "_Libro Nacional_," como
Jimnez las haba traducido por el "_Libro del Comn_."

Estas ligeras inexactitudes producen infaliblemente una gran confusin.

Slo el deseo de dar  su libro un ttulo pomposo es lo que ha podido
hacer que nuestro autor cometa esta falta, puesto que l mismo confiesa
que el ttulo de _Popol-vuh_ no pertenece en manera alguna al libro que
l publica, y adems, que _Popol-vuh_ no significa "_Libro sagrado_."
Nada autoriza  suponer, con el sabio francs, que las dos primeras
partes del manuscrito contengan una trascripcin casi literal del
verdadero _Popol-vuh_, ni  creer que este libro sea el original del
_Teo Amox-Ali  Libro sagrado de los Toltecas_. Todo lo que sabemos es,
en primer lugar, que el autor de esta obra annima la redact porque
el _Popol-vuh_, es decir, la tradicin nacional, se iba perdiendo poco
 poco, y adems, que ha reunido, en las dos primeras partes de su
trabajo, las antiguas tradiciones comunes  toda la raza, reservando
las otras dos para los anales de la nacin quich, que posea, en
tiempo de la conquista, la mayor parte de la actual repblica de
Guatemala. Si nos colocamos en este punto de vista, no hallaremos en
el contenido ni en el carcter de este libro, cosa alguna que nos
inspire dudas sobre su autenticidad. El autor se ha propuesto preservar
del olvido en que iban cayendo las historias de sus dioses y de sus
antepasados, que haba odo y aprendido en su infancia. Los rasgos
principales de estas historias haban sido quiz conservados, ya por
la enseanza oral en las escuelas, ya por las pinturas figurativas;
sin embargo, la conquista espaola haba trastornado de tal modo el
pas, que el autor se vi en el caso sin duda de contar principalmente
con la fidelidad de sus propios recuerdos. Si se quisiera sacar de
estas leyendas una historia seguida, la tarea sera materialmente
imposible. Todo es en ella vago, contradictorio, milagroso, absurdo.
La historia tal como nosotros la comprendemos, esto es, presentando la
serie y el encadenamiento de los hechos, es una concepcin moderna,
desconocida de casi todas las naciones antiguas. Aunque poseyramos
el verdadero _Popol-vuh_, es probable que no encontrsemos en l ms
datos histricos que en el manuscrito quich. Es verdad que, de tiempo
en tiempo, parece que se perciben algunos puntos luminosos en estos
confusos relatos; pero, en la pgina siguiente, se vuelve  caer en el
caos. Es probable que se encuentre alguna dificultad en reconocer que,
 pesar de todas las tradiciones sobre las inmigraciones primitivas
de Ccrope y de Dando,  pesar de los poemas homricos de la guerra
de Troya y de las genealogas de las antiguas dinastas de Grecia, no
sabemos nada de la historia griega antes de las olimpiadas, y que, an
respecto de los acontecimientos de las primeras olimpiadas, se reducen
 muy poca cosa nuestros conocimientos. Pero el verdadero historiador
no se deja seducir en esto por ningn gnero de ilusiones, y no quiere
or hablar ni aun de las ms ingeniosas reconstrucciones histricas.

Lo que decimos de la historia griega puede aplicarse, con mayor fuerza
y razn,  la historia antigua de los aborgenes de Amrica; y las
personas que estudien las antigedades americanas obrarn con tanto
ms acierto cuanto menos tiempo inviertan en reconocer esta verdad.
Hasta las tradiciones sobre las emigraciones de los chichimecas, de
los colhuas y de los nahuas, que forman el principal tema de todas las
historias antiguas de Amrica no tienen fundamento ms slido que las
tradiciones griegas concernientes  los Pelasgos,  los Eolios y  los
Jonios. Querer construir con tales elementos una historia seguida que,
tarde  temprano, no destruyera cualquier mulo de Niebuhr, de Grote 
de Lewis, sera perder tiempo.

Pero si no hallamos materiales para la historia en las leyendas de los
antiguos habitantes de Guatemala, nos permiten, al menos, estudiar
el carcter de estos hombres, analizar su religin y su mitologa,
comparar sus principios de moral, sus ideas sobre la virtud, sobre
la belleza, sobre el herosmo, con los principios y las ideas de
otras razas humanas. H aqu el atractivo real y durable de una obra
como la que el abad Brasseur de Bourbourg hubo de darnos  conocer,
mediante una fiel traduccin de la misma. Desgraciadamente no est este
atractivo libre de todo peligro. Es, en rigor, posible que los autores
de tal manuscrito y de los dems textos americanos hayan sufrido, de
un modo ms  menos consciente, la influencia de las ideas europeas y
cristianas. En ese caso, no tendremos la certeza de que las historias
referidas por ellos nos presenten una imagen fiel del genio primitivo
de las razas americanas. El manuscrito quich ofrece con el Antiguo
Testamento ciertas conformidades que no dejan de ser extraordinarias.
Sin embargo, an admitiendo una influencia cristiana, quedan todava
en estas tradiciones muchas cosas que difieren de tal modo de todo lo
que vemos en las dems literaturas nacionales, que no corremos riesgo
de engaarnos considerndolas como verdadero producto intelectual
peculiar de Amrica. Para terminar, citaremos en apoyo de nuestras
observaciones, algunos extractos del libro que las ha sugerido; pero
no debemos despedirnos de Brasseur de Bourbourg sin manifestarle
nuestro reconocimiento por su excelente obra. Esperamos que podr
realizar adems su proyecto de publicar una "_Coleccin de documentos
en las lenguas indgenas, para que puedan servir para el estudio de la
historia y de la filosofia de la Amrica antigua_." La obra que hace
poco ha publicado, forma el primer tomo de esta coleccin.

Comienza el manuscrito del _Popol-vuh_ con un relato del origen de las
cosas. Cuando se lee por vez primera la traduccin literal de Brasseur
de Bourbourg, plagada de nombres extraos de los dioses y dems
seres que en ella desempean algn papel, no deja en el espritu una
impresin bien determinada. Mas cuando se vuelve  leer muchas veces,
aparecen ciertas ideas salientes que atestiguan en esta historia un
fondo primitivo de nobles concepciones cubiertas y ocultas ms tarde
por mil fantasmas extravagantes y absurdos. Dejemos  un lado los
nombres propios, que no hacen ms que perturbar la memoria y que en
vano se intentar explicarlos de una manera racional, pues se necesitan
largas investigaciones antes de poder decidir si estos nombres,
aplicados con tanta profusin  la divinidad, designaban otras tantas
personalidades distintas  nicamente las manifestaciones diversas de
un solo y mismo poder. En todo caso, no pueden tener para nosotros
ninguna importancia, hasta que nuevos estudios nos permitan enlazar
ideas ms claras  nombres tan poco armnicos como Tzakal, Bitol, Alom,
Kaholom, Itum-Ahpu Vuch, Gucumatz, uaz-Cho, etc. Algunos nombres de
estos estn seguramente bien elegidos, sino se ha engaado Brasseur
de Bourbourg al traducirlos por "Creador, Formador, El que engendra,
El que da sr, el Dominador, el Seor del Planisferio que verdea, el
Seor de la superficie azulada, el alma del cielo." Pero qu decir
de nombres tan absurdos como "La serpiente cubierta de plumas," "el
tirador de cerbatana  la Vulpeja," y otros del mismo gnero?

Cualquiera que sea el sentido de estos nombres ininteligibles, el hecho
es que los quichs crean que hubo un tiempo en que fu creado cuanto
existe en el cielo y en la tierra. "Todo estaba en suspenso, dice el
_Popol-vuh_; todo estaba tranquilo y silencioso, y vaca la inmensidad
de los cielos. No exista un solo hombre, un animal, un ave, ni un
pez; slo exista el cielo. An no haba aparecido la superficie de la
tierra; slo exista la mar tranquila, y todo el espacio de los cielos.
Slo estaban sobre el agua los seres divinos como una luz grandiosa.
Hablaron stos, se consultaron y meditaron; y en el momento de aparecer
la aurora, apareci tambin el hombre. Entonces mandaron aqullos que
se retirasen las aguas y que se enjugase y afirmase la tierra,  fin de
que pudiera sembrarse, y lucir el da en el cielo y en el mundo.

"Porque, decan ellos (_Popol-vuh_, p. II.) nosotros no recibiremos
honor ni gloria de todo lo que hemos creado y formado, hasta que exista
la criatura humana, la criatura dotada de razn. "_Tierra_," dijeron;
y al instante se form sta. Su formacin, en su estado material, se
verific como una especie de niebla, cuando aparecieron sobre el agua
las montaas, elevndose en un instante extraordinariamente. As se
verific la creacin de la tierra, cuando fu formada por aquellos que
son el alma del cielo y del mundo; porque as se llaman los primeros
que lo fecundaron, estando suspendidos todava el cielo y la tierra en
medio de las aguas."

Vemos despus la creacin de las bestias bravas, y el disgusto de los
dioses, cuando ordenan  los animales decir sus nombres y honrar 
aquellos que los han creado. Entonces dijeron los dioses  los animales:

"He aqu que vosotros seris cambiados, porque os ha sido imposible
hablar. Volvemos, pues,  recoger nuestra palabra. Tendris alimento y
guaridas; pero ser en las quebradas y en los bosques, porque nuestra
gloria no es perfecta y vosotros no nos invocis. An hay seres que
podrn saludarnos; nosotros los haremos capaces de obedecer. Ahora,
cumplid con vuestro deber. En cuanto  vuestra carne, ser triturada
por los dientes."

Sigue despus la creacin del hombre. Su carne fu hecha de arcilla.
Pero "el hombre no tena cohesin, consistencia, movimiento, fuerza;
era inerte y acuoso. No mova la cabeza; su vista se hallaba velada;
haba recibido el dn de la palabra, pero no tena inteligencia, y
en un principio permaneci en el agua, sin poder tenerse de pi."
(_Popu-lvuh_, p. 19.)

Conferenciaron por segunda vez los dioses,  fin de crear seres que
pudiesen adorarlos; y despus de ciertas ceremonias mgicas, formaron
hombres de madera, los cuales se multiplicaron. Pero no tenan
sentimiento, inteligencia, ni idea de su Creador. Arrastraban una vida
degradada  intil, y eran como irracionales. No pensaban en elevar sus
cabezas hacia su Formador, y fueron sumergidos en las aguas.

"Viene despus una tercera creacin, siendo entonces formado el hombre,
de un rbol llamado _Tcit_, y la mujer de la medula de un pequeo
junco llamado _Zibac_. Tampoco stos pensaron, ni hallaron  aquellos
que los haban formado, y perecieron arrebatados por las aguas. Toda
la naturaleza, los animales, los rboles y las piedras se sublevaron
contra los hombres, para vengarse del mal que les haban causado; y
todo lo que resta de esta antigua raza primitiva, se ve hoy en los
monos que habitan en los bosques.

Llegamos despus  una historia de un carcter muy diverso, y que
interrumpe completamente el relato. No se refiere en manera alguna 
la creacin, por ms que termina por la metamrfosis de dos de sus
hroes, en Sol y en Luna. Es esta una historia que se parece mucho
 las fbulas de los brahmanes   los cuentos alemanes. Algunos
de los principales actores de este pequeo drama son evidentemente
sres divinos, que han descendido al nivel de la naturaleza humana; y
las hazaas que llevan  cabo, y los papeles que desempean son tan
extraos  increbles, que parece se est leyendo uno de los cuentos de
_Las mil y una noches_. En las luchas de dos hroes favorecidos contra
los crueles prncipes de Xibalba, es posible que haya reminiscencias
de acontecimientos histricos; pero sera intil pretender separar la
parte histrica de las fbulas que la envuelven. El principal intres
del cuento americano, consiste en los puntos de semejanza que en l se
notan con los cuentos del antiguo mundo. Nos contentaremos con citar
aqu dos de ellos: la introduccin de animales dotados de palabra y de
razn y la frecuente resurreccin de los prncipes hroes, que, despus
de haberlos quemado y arrojado sus cenizas  la mar, renacen bajo la
forma de peces; metamorfosendose inmediatamente en hombres.

Sabemos que, en los cuentos alemanes, se explican ciertas
particularidades de la conformacin y de las costumbres de los
animales, como resultado de acontecimiento de tiempos pasados;
cuntase, por ejemplo, que el oso tiene la cola tan corta desde el da
en que le ocurri aquella mala aventura, cuando fu  pescar sobre el
hielo. As mismo leemos en los cuentos americanos que "_Hun Ahpu y
Xbalanqu_, habindo cogido al ratn, le apretaron mucho la cabeza,
queriendo ahogarle, y le quemaron la cola; poca desde la cual comenz
 tenerla pelada[56]. En otro lugar, un sapo, portador de un mensaje,
fu engullido por el _Zakuicaz_. "Desde entonces se alimentan de sapos
las serpientes"[57]. Esta historia, muy digna de llamar la atencin de
aquellos que estudian la manera cmo se forman y vulgarizan los cuentos
populares, prosigue hasta el fin del libro segundo. Hasta en el tercero
surge de nuevo la cuestin de cmo fu creado el hombre.

      [56] Popol-vuch, p. 125.

      [57] id. id. p. 135.

Ya hemos visto que se haban hecho tres ensayos y todos haban
fracasado. Leemos despus que, antes de la aurora y de haber salido
el sol y la luna, haba sido creado el hombre; el alimento que deba
formar su sangre era el maz blanco y el amarillo. Ctanse los nombres
de cuatro individuos que fueron los verdaderos antepasados de la raza
humana,  mejor dicho de la raza quich. No nacieron de mujer, ni
fueron tampoco engendrados por los dioses. Su creacin fu un prodigio.
Estaban dotados de la razn y de la palabra; su mirada abrazaba todas
las cosas; conocieron todo el mundo y daban gracias  su creador. Los
dioses tuvieron entonces miedo, y pusieron una especie de nube en los
ojos de los hombres,  fin de que no pudiesen ver nada ms que  cierta
distancia, y que el hombre no fuese semejante  los dioses mismos.
Mientras que dorman los cuatro hombres antes citados, les dieron
los dioses mujeres hermosas, que fueron despus las madres de todas
las tribus, grandes y pequeas. Pero an no adoraban  los dioses; y
elevaban sus ojos al cielo, no sabiendo  lo que haban venido  este
mundo. Su figura era dulce, dulce tambin su lenguaje y grande su
inteligencia.

Llegamos ahora  un pasaje muy interesante, en el que se intenta
explicar la causa de la confusin de las lenguas. Ninguna nacin,
excepto el pueblo judo, se ha preocupado mucho por saber la razn de
que haya muchas lenguas en vez de una sola. En su _Ensayo sobre el
origen del lenguaje_, hace Grimm las siguientes observaciones:

"Parece sorprendente que ni los antiguos griegos, ni los antiguos
indios, hayan pensado en proponer ni menos intentado resolver, la
cuestin sobre el origen y la multiplicidad de las lenguas humanas. La
Sagrada Escritura ha querido explicar uno de estos dos enigmas, el de
la multiplicidad de las lenguas, por la tradicin de la Torre de Babel.
No conozco ms que una pobre leyenda de Sthonia, que se puede colocar
al lado de esta explicacin bblica. El viejo dios, dicen los sthonios,
resolvi, luego que los hombres hallaron muy estrecha su morada,
dispersarlos por toda la tierra y dar  cada nacin su propia lengua.
En consecuencia, coloc sobre el fuego un caldero de agua, ordenando
 las diversas razas que se fuesen aproximando  l, una por una, y
eligiesen los sonidos que les agradaran entre los que produca el agua
encerrada y comprimida.

Hubiera podido Grimm agregar  la referida, otra leyenda muy popular
entre los thlinkithianos, y que tiene evidentemente por objeto explicar
porqu existen lenguas diferentes. Los thlinkithianos son una de las
cuatro razas principales de la Amrica rusa. Los rusos los llaman
kaljush, koljulh  kolosh. Ocupan la costa desde el 60 hasta el
45 de latitud N. Se extienden por consiguiente, hasta el otro lado
de la frontera rusa, casi hasta la desembocadura del Oregn, y se
han establecido igualmente en muchas islas vecinas. Cree Wniaminow
que su nmero en las posesiones rusas  inglesas, es de 20  25.000
almas. Esta es una raza que tiende evidentemente  desaparecer, y
sus leyendas, que parece son numerosas y llenas de ideas originales,
merecan ser estudiadas muy atentamente por los etngrafos americanos.
Crea Wragel que existe cierto parentesco entre ellos y los aztecas
de Mxico. Los thlinkithianos profesan la creencia de que ha habido
una inundacin  diluvio universal, y que los hombres se salvaron en
una inmensa nave que flot sobre las aguas. Cuando stas se retiraron,
choc la nave contra una roca, y por su propio peso se dividi en
dos partes. En la una se hallaban thlinkihtianos con su lenguaje, en
la otra el resto de las razas humanas. Tal fu el principio de la
diversidad de las lenguas[58].

      [58] Holmberg, Ethnogoaphisehe Shizzen ber die Volker des
      Rusisehen Amrika. Helsingfon. 1885.

Ni la leyenda sthonia, ni la de los thlinkithianos ofrecen, sin
embargo, una conformidad notable con el relato mosaico. Debe, pues,
observarse con particular atencin las analogas y las diferencias que
existen entre el captulo noveno del Gnesis y el captulo siguiente
del manuscrito quich, traducido por Brasseur de Bourbourg[59].

      [59] Popol-vuh, p. 211.--

Todos tenan una sola lengua: no invocaban todava la madera ni la
piedra; y slo se acordaban de la palabra del Creador y del Formador,
del alma, del cielo y de la tierra.

Hablaban, meditando sobre lo que ocultaba la salida del sol: y llenos
de la palabra sagrada, de amor, de obediencia y de temor, hacan su
splica; despus, levantando sus ojos al cielo, pedan hijos  hijas.

"Salve, oh creador,  formador! T que nos ves y nos oyes, no nos
abandones ni nos desampares! Oh Dios, que ests en el cielo y en la
tierra, oh alma del cielo, oh alma de la tierra, dadnos descendencia
y posteridad mientras caminan el sol y la aurora; y que se extienda
nuestra semilla lo mismo que la luz. Dadnos siempre para marchar,
caminos abiertos y senderos sin emboscadas; que estemos siempre
tranquilos y en paz con los nuestros; que pasemos una vida feliz;
dadnos una existencia que se halle al abrigo de todo pecado, oh
huracn, oh relmpago, oh rayo que hiere......haz que fructifique la
sementera y que se haga la luz!......

....Y llegaron todos  Tuln; y no se poda contar el nmero de gentes
que llegaban, y que entraban caminando en buen orden.

........Ahora bien, all fu donde se alter la lengua de las tribus;
all tuvo lugar la diversidad de sus lenguas; no se entendieron
claramente entre s, cuando llegaron  Tuln. All fu donde se
dividieron; algunos se dirigieron hacia el Oriente y muchos hacia aqu.

........El lenguaje de Balam-Quitz, de Balam-Agab; de Mahcutah y de
Ik-Balam (los cuatro antepasados del gnero humano), era ya diferente:
nosotros hemos abandonado, pues, nuestra lengua, cmo lo hemos hecho?
estamos arruinados! De dnde procede que hayamos sido inducidos 
error? Nosotros no tenamos ms que una sola lengua, cuando vinimos de
Tuln; uno solo era nuestro modo de sostener (el altar), una nuestra
educacin.

No hemos hecho evidentemente bien, repitieron todas las tribus, en los
bosques y bajo los bejucos."

El resto de esta obra que consta de cuatro libros, est consagrado
 las emigraciones de las tribus que partieron de Oriente y  sus
diversos establecimientos. Los cuatro antepasados de la raza quich
parece que tuvieron una vida muy larga; y cuando al fin llegaron 
morir, desaparecieron de una manera misteriosa, dejando  sus hijos lo
que llaman la _Majestad envuelta_, que no deba desplegarse jams por
mano de hombre. Qu era esta Majestad? no lo sabemos.

Los captulos siguientes contienen muchas cosas interesantes; pero no
pueden buscarse en l los materiales para la historia, por ms que el
autor considere todo lo que cuenta sobre esta sucesin de reyes como
tradiciones perfectamente autnticas. Mas cuando despues el relato de
las emigraciones, de las guerras y de las insurrecciones diversas,
llega al fin  referir la llegada de los espaoles, hallamos que slo
hay catorce generaciones entre los cuatro primeros antepasados de la
raza humana  de la raza quich y la ltima de las dinastas reales; y
el autor, quienquiera que sea, termina su obra con esta confesin:

"He aqu lo que resta de la existencia del Quich; porque no hay medio
de ver este libro, en donde otras veces lo lean los reyes todo, porque
ha desaparecido. Esto mismo se ha hecho con todos los del Quich, que
se llama _Santa Cruz_."

Aunque los indios de Centro Amrica se haban formado una idea elevada
 incorprea de la divinidad, no por eso dejaban de ser fanticos y
supersticiosos. Tenan como los antiguos romanos, sus dioses lares y
penates; cada familia adoraba, adems de las divinidades comunes 
generales,  ciertos seres que los libraban del mal y de las acechanzas
de genios malficos. Los cojos, tuertos, mancos y gibosos, los del
rostro quemado  deforme, eran adivinos  _brujos_ (y an hoy los hay
en algunos pueblos). Esos tales empleaban araas, que hacan correr
en mantas, despus de quitarles una pata,  bien un sapo vivo  una
culebra en una olla grande,  la cual haban antes amansado para que
les lamiese el cuerpo. Otros usaban pelo de muerto, dientes de difunto,
figurillas especiales de piedra y yerbas  las que atribuan virtudes
singulares. Los _brujos_ hacan maleficios, por medio de venenos,
atribuyndolos  oraciones  encantamientos. En todo encontraban la
intervencin de un sr sobrenatural, de un genio casi siempre malfico
 daino. Los graznidos de la lechuza[60], el revolotear de la mariposa
negra, el aullido lgubre del coyote, y otras muchas cosas inocentes,
dbanles espanto como augurios de grandes calamidades. En las tribus de
indios guatemaltecos, todava duran esas preocupaciones y creencias, 
las cuales son tan aferrados los aborgenes.

      [60] Hay un canto popular que dice:

            "La lechuza canta,
            El indio muere,
            Ser mentira,
            Pero sucede.....!

El indio jams se crea solo, sino acompaado por los objetos que le
rodeaban. En toda la naturaleza haba seres ocultos, mudos, severos
y terribles, dispuestos  castigar aun al que involuntariamente
cometiera el menor desacato contra ellos. Imaginaban que en la otra
vida futura, era la existencia anloga  la que aqui se lleva; y por
eso tenan cuidado de que el muerto tuviese _bastimento_ de maz,
_totopoxte_, chile y otros comestibles, junto con piedras de moler y
dems utensilios que ponan en las sepulturas. Levantaban sobre stas,
cerritos de tierra, cuando eran de magnates, y  los rgulos les
erigan monumentos de piedra  los inhumaban en las hendeduras de las
rocas.

Cuando el huracn se desataba, formando remolinos de polvo, arrancando
los troncos viejos de los rboles, despojando  la ceiba de su
follaje y al rancho de su techo pajizo, iban medrosos el quich y
el cakchiquel  las cuevas de sus mayores  implorar perdn. Si la
tempestad se desencadenaba, luciendo el relmpago y tronando el rayo,
corra el indio  aplacar  _Gucumatz_ con ofrendas y conjuros. Si la
peste asolaba la comarca,  la sequa esterilizaba el campo,  temblaba
la tierra, los crdulos aborgenes sacrificaban doncellas, nios,
venados  conejos,  los dioses ofendidos, que al fin se apaciguaban
con la sangre fresca de las vctimas, al pensar de aquellos idlatras
pobladores de este suelo americano.

Es el miedo la base de su religin: oiga un indio ruido inslito
por entre la selva, derribe un terremoto su msera choza, rmpase
su estrecho _cayuco_ en un raudal, y deduce que su mala suerte es
efecto del espritu maligno,  quien slo con ofrendas es dable tener
tranquilo. Cuando el aborgen se encontraba sorprendido por un tigre,
haca inmediatamente confesin de sus pecados en alta voz, creyendo
que as lo perdonara. Acostumbraban tambin sacrificios al salir y
al volver las aguas, y en la poca de las siembras, quemaban copal y
hule ante los dolos,  los cuales ofrecan algunos granos de los que
iban  sembrar y adems la sangre que los sacerdotes se extraan de
varias partes del cuerpo. Entre los templos de los clebres quichs, se
encuentran el de Tohil, en Gumarcaah, el de Cabah y el de Mictln, 
los cuales no entraban las mujeres.

Los indios choles y manches de la Vera Paz, impresionados por los
contornos grandiosos y salvajes de la esplndida naturaleza que
los rodeaba, veneraban los montes y los cerros, y en uno llamado
Escurruchn, que se halla en donde varios ros se juntan, conservaban
un fuego sagrado, que con lea alimentaba todo pasajero, y al cual
ofrecan sacrificios. En otro sitio hallaron los misioneros un altar de
piedra, rodeado de una cerca, ante el cual quemaban resinas olorosas, y
ofrecan aves y sangre de sus propios cuerpos. Aquellos que ms sangre
se sacaban de las partes pudendas eran los ms piadosos.

En resolucin, se puede decir que los antiguos indios de Guatemala
dividan sus dioses en tres clases: unos eran comunes, invocados
por todos y en todas las necesidades. Tales eran los que presidan
 los campos,  las siembras,  la guerra, al matrimonio etc. Otros
(que corresponden  los _semidioses_ de los pueblos antiguos) eran
les hombres clebres, elevados por esta  aquella nacin al rango y
categora de divinos. Tal era entre los mejicanos _Quetzalcoatl_. Otros
finalmente, eran los dioses de primer orden, jefes supremos de las
deidades inferiores, como en la generalidad de los pueblos americanos
el Sol y la Luna. Entre los dioses de la segunda clase se conserva, por
famosa y extraordinaria, la tradicin de _Ixbalaqun_, venerado por los
habitantes de Utatln y Guatemala. De este dios cuenta la fbula que
baj  combatir al infierno, pele con sus prncipes, los demonios,
prendilos con su rey, y as cargado de trofeos di la vuelta al mundo
victorioso. Pero llegando cerca de la tierra, el rey del infierno le
pidi que no le sacase de aquel sitio. Ixbalaqun, accediendo  la
suplica, dile un empelln, le volvi  su propio reino y le dijo:
sea tuyo todo lo malo, inmundo y feo. En seguida lleg el vencedor al
pas de Verapaz  Guatemala; pero como sus habitantes no quisiesen
tributarle los honores merecidos, el dios se march  otra provincia,
donde fu recibido con la veneracin correspondiente. De este vencedor
del infierno dicen que tuvo origen el sacrificio de vctimas humanas.

Cada una de las tribus de Guatemala tena una casta distinta y separada
de sacerdotes, quienes, por medio de sus orculos, ejercan gran
influencia en las cosas pblicas, y algunos, como los quichs, eran
espiritualmente gobernados por pontfices independientes. Los altos
sacerdotes de Tohil y Gucumatz, Ahan Ah Tohil y Ahan Ah Guenmatz,
pertenecieron  la real casa de Cawek, y tenan el cuarto y quinto
rango respectivamente entre los grandes del imperio; Ahan-Avilix el
supremo sacerdote de Avilix, era miembro de la familia Nihaib; Ahan
Gagavitz vino de la casa de Ahan Quich; y los dos sumos pontfices
del templo de Kahba, en Utatln, eran de la casa de Zakik, y cada uno
tena asignada una provincia para su sostenimiento[61]. Los sacerdotes
de Tohil deban ser muy castos y continentes, sin que jams pudiesen
comer carne. Cuando mora el alto sacerdote, se embalsamaba su cuerpo y
se sepultaba en una cripta bajo el palacio. Tanto respeto y veneracin
se guardaba  los sacerdotes, que si alguien era osado de tocarlos, se
juzgaba que caera muerto en el acto.[62].

      [61] Bancroft, vol. III. pg. 489. Native races of the Pacific
      States.

      [62] Schezer. Indianer von Istlavacan, pg. 10.

Para poner fin al presente captulo, es conveniente decir algo
acerca de las relaciones que hacen los cronistas de los altares,
templos, sacrificios y fiestas religiosas de los primitivos indios de
Guatemala. "En las provincias menos importantes no haba ciertamente
nada de notable en materia de edificios religiosos. Estos se reducan
 pequeas ermitas fabricadas en el campo, tan miserables poco ms
 menos como el resto de las casas. Talvez en la habitacin de
cualquier magnate se destinaba algn apartamento ms decente para
servir de _adoratorio_, y an all se limitaba el culto  incensar
y perfumar, en braseritos de barro, algunos dolos de poco momento.
Pero en las naciones organizadas con regular cultura, cual eran no
slo el gran imperio mejicano, sino tambin algunos de nuestros reinos
guatemaltecos, es increble el nmero y opulencia, al menos relativo,
de los templos. He aqu la forma general de estos edificios, llamados
en unos pueblos _Ces_, y en otros _Teutcallis_, es  saber, _Casas de
Dios_.

Escogase primero el sitio ms ameno y delicioso de toda la comarca;
all se haca una gran plaza comunmente cuadrada, cercada toda de
altsimas paredes con anchas puertas, que daban  tres  cuatro caminos
principales. Para mayor belleza de la fbrica se pona grande esmero en
la construccin de estos caminos, prolongndolos por una  dos leguas
tan nivelados y tan rectos, que era un placer contemplarlos desde los
altos del templo. Dentro de aquel vasto cuadro se edificaba una torre,
que en algunas ciudades, como Mjico y Texcuco, sabemos se elevaba
 una altura prodigiosa. Sola construirse en figura de pirmide
truncada, y tena por la parte occidental una escalera perfectamente
dispuesta para subir  la plazuela que coronaba el edificio, y era
propiamente el templo sacrificatorio. Mdese la altura de aquellos
edificios por el nmero de gradas; el de Mjico tena 113 y el de
Texcuco 119. En la plazuela ya citada, y que era tan espaciosa, cuando
menos, como una buena sala, colocbanse  derecha  izquierda,  la
parte de Oriente, dos altares  uno solo si el templo no tena tan
vastas dimensiones. Segn parece, los altares quedaban cubiertos por
un terrado que haca una especie de capilla. Sobre ellos colocaban sus
dolos y sacrificaban las vctimas.

Tenan estas gentes dos gneros de sacrificios, pblicos y
particulares. Aqullos los celebraba el pueblo entero, eran grandes
solemnidades poltico-religiosas; stos eran costeados por cualquier
particular, segn su necesidad y devocin. Hablar principalmente de
los pblicos, nicos que podrn interesar al curioso lector. Ofrecanse
ordinariamente en las fiestas peridicas de cada ao,  en casos
extraordinarios, cuando alguna gran necesidad  acontecimiento nacional
lo requera. En todo caso, el sacrificio no se celebraba sin hacer
previa consulta al Sacerdocio y al Estado, juntndose el reyezuelo y
grandes de la provincia con los principales _Teupas_ para decidir,
en sesin plena, lo concerniente al da y hora, materia y forma del
proyectado sacrificio. Hecho esto,  por acuerdo de los notables, 
por embustes de los adivinos, supremos orculos de la nacin, empezaba
desde luego la Vigilia. Parecer increble lo que paso  contar, pero
nada hay en ello que no pueda explicarse por el supremo fanatismo que
ejerca la ignorancia sobre los desventurados idlatras. Preceda  la
solemne fiesta un ayuno rigurossimo,  mejor diremos, un ejercicio de
brbara penitencia, continuado por espacio de cuarenta, sesenta y aun
ms das, segn la mayor  menor importancia de la solemnidad. Durante
esta larga y horrible cuarentena, no bastaba ofrecer diariamente
sacrificios de animales, fruta, flores, incienso etc.; era preciso
sacrificarse  s mismos derramando copiosa sangre de todo su cuerpo,
arrancndosela con afilados pedernales, de brazos, piernas, ojos y
narices, y obligando  hacer lo mismo  sus hijuelos. Estos ejercicios
se practicaban pblicamente en el templo, donde era menester pasar
orando los das y las noches. Los sacerdotes y los hombres casados se
tiznaban todo el cuerpo, los que no lo eran, se ungan con una especie
de almagre  tierra colorada. Ningn hombre dorma en su casa por esta
temporada, sino en unos portales  ramadas llamadas _Calpules_, hechas
para el caso en las inmediaciones del templo. Las mujeres solas con
los nios deban permanecer encerradas en sus chozas, de donde  ratos
salan para practicar sus ritos y andar sus estaciones. Quienes gozaban
de ms libertad estos das, eran los esclavos condenados al cuchillo.
La costumbre exiga dar suelta  aquellos infelices al comenzar el
tiempo de la penitencia,  efecto de lo que, sin quitarles una argolla
que llevaban al cuello, les permitan vagar por el pueblo libremente,
introducirse y aun comer en cualquiera casa, en cuenta la del prncipe,
slo con el apremio de no salir fuera de la poblacin, ni perder de
vista  cuatro guardias que los custodiaban. Por lo dems, un resto de
humanidad haca que fuesen bien tratados por entonces aquellos pobres
hombres, cuyos descuartizados miembros no arrancaran despus un ay
de compasin  la supersticiosa muchedumbre. Pero llegaban por fin
los siete ltimos das de la preparacin, y los infelices cautivos
sepultados de nuevo en una crcel vecina al templo mismo, vean
extingurseles eternamente la luz de libertad y de vida. Sin duda para
suavizarles el horror de aquellos das de capilla, si acaso no era por
efecto de instintos repugnantes, de los que hallamos sobrados indicios
en estas mismas ceremonias, les daban de comer y de beber en abundancia
hasta el exceso y la embriaguez. Cuando ya no faltaban sino tres das
de abstinencia, el pueblo entero se esparca por plazas y caminos;
todo se barra y se regaba de flores, se cubra con menudas hojas de
pino, se adornaba en fin con cuanto poda contribuir al lucimiento
de la fiesta. Llegado el postrer da, y aseados ya los aposentos del
_Teucalli_, y bien aderezados los braseros, lavbanse todos de sus
unturas y tiznes, y se vestan las mantas nuevas, limpias y galanas.
Adornaban  su modo los altares, figurando entre los adornos la mazorca
 espiga del maz; juntaban sus instrumentos msicos, pitos y acabales,
y en fin lo tenan todo  punto para la entrada de la noche. Entonces
propiamente empezaba la solemnidad. Los hijos del rey y otros magnates
salan del pueblo, en busca de sus dioses, mientras que los ministros
sagrados y el rey mismo se disponan al gran recibimiento. Es de
saber, que en muchas de estas partes acostumbraban tener guardados los
principales dolos en lugares muy recnditos, como en la espesura de
los montes  la profundidad de las cuevas; ya porque les pareciese
ganaban en respeto sus divinidades con aquel misterioso apartamiento de
la vista de los hombres, en lo que ciertamente no carecan de sentido
comn,  ya porque los comprovinciales no se los hurtasen, envidiosos
como eran de los pueblos que posean dolos mejores. Iban, pues, los
jvenes ms notables  sacar  los dioses de aquellas honduras y
cavernas, y traanlos sobre sus hombros con gran procesin y ceremonia,
haciendo posas de trecho en trecho, para ofrecerles incienso y pequeos
sacrificios. En acercndose la comitiva, sala el _Teuti_  recibirlos
con gran acompaamiento de _Teupixquis_ y _Teupas_, y en el punto del
encuentro se haca por supuesto alguna ofrenda y se degollaba alguna
vctima. Entonces continuaba la marcha silenciosamente hasta quedar
los dolos colocados en el templo. Una seal convenida anunciaba 
todo el pueblo estar ya los dioses en posesin de sus altares. Al
anuncio sucedan los clamores de jbilo, los gritos de alegra, el
taido atronante de tambores, los bailes, danzas, cantos, regocijos,
en fin cuanto poda hacer sensible el trnsito de la penitencia  la
disolucin. En estas devotas ocupaciones les hallaba el alba del gran
da de las expiaciones. En amaneciendo volvan  sus casas, no para
suplir el sueo desperdiciado aquella noche, sino para aderezarse,
lavarse y llevar las ofrendas y vctimas particulares, que reciban y
ofrecan los ministros, mientras que los fieles hacan presentes al
numen sus necesidades. Pasada as gran parte de la maana, llegaba
la hora del grande y solemne sacrificio. El pontfice supremo se
revesta de sus ornamentos, que segn nuestros cronistas, consistan
en una capa cuya hechura no saben ellos mismos describir, una corona 
diadema de preciosa labor, conforme  la riqueza de los pueblos, con
su gran penacho de plumas de quetzal, una especie de bculo, y en fin
otros arreos que le hacan muy autorizado y vistoso. Tan ricas como el
pontifical deban ser las andas sobre que colocaban al grande dolo
para llevarlo en procesin al rededor del templo, por aquel espacioso
patio que describimos arriba. Terminada la procesin, durante la cual
suba de punto el regocijo del pblico, con las multiplicadas danzas y
msicas, paraban al dolo en su altar, junto  la piedra fatal donde
iban  ser inmoladas  los dioses las vctimas humanas. Antes de llegar
el cruel momento, cantaban al sn de sus tambores las hazaas de
antepasados guerreros. Mientras duraba el canto, iba el rey en persona
con los otros seores al lugar donde estaban los esclavos, y sacbanlos
uno  uno, llevndolos de los cabellos hasta ponerlos en manos del
sacerdote carnicero, que armado de navaja y furor los reciba. Mientras
aquellos brbaros arrancaban el corazn  las vctimas y lo ofrecan
 sus dolos de oro, los que rociaban y untaban con aquella sangre,
haciendo ridculos visajes, propios de un culto de idlatras, el
pueblo, en el colmo de su fanatismo, deca  grandes voces: "Seor,
oye nuestras peticiones, recibe nuestras plegarias, aydanos contra
nuestros enemigos, danos holganza y descanso." Y para que los dioses
no olvidasen tan fcilmente aquellas splicas, y se moviesen con ms
eficacia  despacharlas, dejaban las cabezas de los sacrificados
clavadas en astas, sobre un altar erigido al efecto. Lo restante de
los cuerpos era cocido y se coma en la mesa del rey y de los grandes,
como vianda santificada y exquisita, tenindose por mil veces dichoso
el que poda conseguir un bocado. Entre tanto, el pueblo se entregaba
profusamente  sus bailes, disolucin y borrachera. As quedaban
bastante indemnizados del spero rigor de la abstinencia, tanto ms
cuanto que aquellas pascuas se prolongaban por lo menos durante siete 
ocho das."




                            CAPITULO CUARTO

          =Sistema de gobierno  instituciones polticas que
              tenan los indios y particularmente los de
                Guatemala. Ceremonias de la coronacin
                  y orden de suceder en la monarqua=


                                SUMARIO

      Gobiernos de Mjico y el Per.--El gobierno de los pueblos
  del istmo Centro-americano era monrquico absoluto.--Consejeros 
  Oidores que haba en lo poltico y en lo judicial.--En Honduras
  no haba reyes hereditarios, sino Jueces elegidos por el
  pueblo.--Cmo se proceda  la eleccin de los reyes.--Presentes
  que se ofrecan al nuevo soberano.--Ceremonias de la eleccin.--La
  Coronacin.--La fiesta Temohu.--Arenga del gran Sacerdote.--La
  jura del monarca.--Cuatro das de ayuno que observaba el rey.--Toma
  de posesin del gobierno.--Los palaciegos.--Ceremonial de
  audiencias reales.--Cmo iba el rey en las calles.--Etiqueta de la
  mesa.--Despensas y botilleras.--Orden de sucesin de los seoros de
  Guatemala.--Consejo Supremo del monarca del Quich.--Tenientes del
  rey.--Leyes penales contra el soberano.--Opinin de Bancroft sobre el
  orden de sucesin en las monarquas de Guatemala.

Notables por muchos conceptos, y muy en especial por sus gobiernos,
fueron las monarquas indianas de Mjico y del Per. Las heroicas
figuras de Atahualpa y Guautimoc, representan el selvtico brillo de
aquellos pueblos, que guardaban en sus tradiciones las reliquias de
valerosas tribus, cuyas proezas homricas tocan los lindes de la fbula
y del mito. En las praderas del Cuzco y en las faldas del Popocatepetl
han presenciado las edades hazaas dignas de los semidioses griegos.
Los pueblos aztecas  incas tuvieron instituciones de monrquica forma,
con sus nobles de sangre real, sus reyes absolutos y plebeyos pecheros.

"Despus de los ritos y ceremonias religiosas de los antiguos
pobladores de Centro-Amrica, nada hay ms interesante que lo relativo
 su modo de administracin y gobierno. En esta parte se poseen quizs
noticias ms circunstanciadas y seguras, en la advertencia de que las
costumbres de nuestros pueblos guatemaltecos no se apartaban mucho de
los usos de los pueblos mejicanos.

Su sistema de gobierno era sin duda el monrquico absoluto. "La
monarqua, dice, un ingenuo cronista, es la ms principal repblica
y la que se conserva ms seguramente y con menos revueltas del
pueblo; y asi estos indios tuvieron la monarqua, etc." Mas, por
absoluto que fuera el seoro del rey de Guatemala, se sabe que
comparta liberalmente su autoridad con ciertos varones de opinin,
especie de consejeros  oidores, encargados as de lo judicial como
de lo poltico. Ellos eran tambin los que recogan y guardaban las
rentas del estado, siendo de su cargo el distribuirlas entre los
gastos de la cosa pblica y los de la casa real. Adems de estos
supremos consejeros, haba en cada pueblo oidores y chancilleras,
con atribuciones por supuesto limitadas, no pudiendo resolver nada en
negocios arduos aquellos administradores locales. La conducta de estos
magistrados no se escapaba  la inspeccin y vigilancia del gobierno,
antes bien eran castigados cruelmente cuando se hallaban en falta
respecto al desempeo de su oficio,  la vez que su buena diligencia
les mereca los ascensos  la perpetuidad en el empleo. De esta suerte
el magistrado supremo sola haber recorrido todos los grados de la
jerarqua civil.

Aunque la forma general del gobierno entre las tribus americanas fuese,
como se ha dicho, la monrquica, hallamos una singular anomala en la
provincia de Honduras, cual era el no tener reyes hereditarios, sino
Jueces elegidos por el pueblo. Dicen que su administracin se renovaba
cada diez y seis meses.

Verse ahora cmo se proceda  la eleccin de los reyes. Sobre el
sepulcro mismo del monarca difunto se despachaba la convocatoria  los
seores principales del reino, que se hallaban en el caso de asistir
 la eleccin del nuevo rey. La obligacin de concurrir  aquellas
cmaras era severa y urgentsima. Los electores acudan con la prisa
posible, y bien provistos de dones que ofrecer al futuro soberano.
El primer trabajo de aquella grande Asamblea Nacional era fijar los
derechos de los candidatos al trono. La ley de sucesin designaba
ordinariamente  los hermanos, y  falta de stos al hijo mayor: en
otros pueblos la constitucin era diversa. En general la eleccin
recaa en el mejor guerrero[63], no habiendo dificultad legal para
desechar al heredero inmediato, siempre que su ineptitud lo alejaba
del Gobierno. Discutida y resuelta (con ms prontitud de la que se usa
en el da) la cuestin de candidatos, procedase luego  la ceremonia
de la coronacin, cuyo ritual paso  describir brevemente.

      [63] Vala el que ms poda, y el que era ms hombre de
      guerra--Herrera.

Desnudaban al electo, y as desnudo lo llevaban desde el lugar de la
eleccin hasta el templo principal, el _Teucalli_, que hase descrito
en otra parte, todo en gravsimo silencio, sin msica ni mayor
aparato. Llegado al patio, y puesto delante de las gradas del templo,
era subido de los brazos por dos caballeros principales, especie de
regidores del pueblo, presidiendo lo mejor y ms granado de toda la
nacin. En lo alto del templo,  sacrificatorio, le aguardaba el
sumo sacerdote, con los dems Teupixquis, revestidos de sus mejores
ornamentos: all estaban tambin preparadas las ricas vestiduras que
haba de ostentar la real persona en el acto de la coronacin. Cada
uno de los seores principales  caciques tributarios, llevaba delante
de s las insignias y armas de sus ttulos, en ciertas tablas que
semejaban escudos; y una vez llegadas al adoratorio, todos desde el
rey hasta el ltimo caballero, hacan al dolo cierta reverencia, que
consista en inclinarse hasta el suelo y besar la mano con que haban
tocado la tierra. Entonces empezaba propiamente la coronacin. La
primera ceremonia que ejecutaba el pontfice era la uncin del nuevo
rey, que segn la costumbre universal de los indgenas de Amrica, no
se limitaba  slo las manos  cabeza, sino que se extenda  todo
el cuerpo, que embadurnaban con un negrsimo betn. Despus de esto,
el sacerdote con un hisopo hecho de ramas de cedro, sauce y caa,
rociaba al monarca, bandolo cuatro veces en cierta agua que tenan
por bendita y pronunciando palabras misteriosas. Luego le vestan la
_prpura_, que era una manta pintada de calaveras y huesos de muerto,
ponindole adems otras dos mantas en la cabeza, con las mismas
pinturas y de distintos colores, la una negra y la otra azul. En
seguida le colgaban al cuello unas largas cintas coloradas, de cuyos
cabos pendan misteriosas insignias; y  las espaldas le colgaban
tambin una calabacita  _tecomate_ lleno de ciertos polvos de virtud
antienfermiza y antidiablica. Con aquel rito pretendan libertar
al nuevo prncipe, as de las enfermedades, como de los engaos del
demonio y de las hechiceras de encantadores y brujas. Tenan por
cierto aquellas gentes supersticiosas, que si el rey emfermaba en
cierta fiesta llamada _Temohu_, no sanara jams. En fin, le pona
el sumo sacerdote una redecilla  bolsita en el brazo,  manera de
manpulo, llena de incienso, para que fuera en el acto  incensar 
los dioses. Hechas estas ceremonias, sentbase el gran sacerdote, y
vuelto al rey le deca, entre otras cosas: "Ya ves como todos los
altos hombres estn aqu presentes con todos sus caballeros para
honrarte.... T, como padre y madre de ellos, los has de defender y
amparar y mantener en justicia, pues ellos tienen puestos los ojos en
t solo: t los has de regir y gobernar, has de tener cuidado en las
cosas de la guerra, y has de tener gran cuenta en que el Sol ande y la
Tierra d sus frutos."--Se ve claro que no carecan nuestros indios de
habilidad para hacer un razonamiento digno de las circunstancias. El
rey no poda contestar  la arenga sino con gestos de aprobacin y de
humildad. Entonces bajaba la corte al patio del _Teucalli_, donde se
proceda  la jura del monarca, y en el acto de prestarle homenaje, los
seores le ofrecan sus joyas y dems presentes. Pero no era aquel da
el destinado  los regocijos de la coronacin. El rey deba permanecer
en el templo cuatro das ms, entretenido en dar gracias  los dioses
por la adquisicin del reino,  efecto de lo que tena que sujetarse
 ridculas y penosas ceremonias. Encerrado en un aposento construdo
en el mismo atrio, deba guardar una inviolable clausura:  la oracin
deba juntar la penitencia y el ayuno, aunque se le permita comer
buenos manjares, pero no ms de una vez al da. Babase  la maana y
 la noche, en una alberca construda all con este nico objeto, y el
resto del da, lo pasaba en ofrecer  los dolos incienso, sangre de
las orejas, vctimas y ofrendas de real munificencia. Pasados aquellos
cuatro das, venan al templo los magnates y el pueblo para conducir
al monarca  su palacio con toda la pompa y alborozo digno de tan gran
solemnidad. Instalado en su real sitio el nuevo soberano, tomaba desde
ese mismo da las riendas del gobierno.

A tanta grandeza en el ceremonial de la coronacin corresponda sin
duda la majestad del tratamiento que se daban estos reyes. Lo ms, de
lo que hallamos descrito en las historias, pertenece ciertamente al
gran dueo del imperio mejicano, cuyo poder exceda con mucho al de
todos los dems seores de la Amrica setentrional, y quizs tambin
al de los mismos incas del Per; pero no por eso deja de convenir, al
menos en gran parte,  los otros seores indianos, puesto que hablando
de los reyes de Tezcuaco y Tlacupn, tributarios de Moctezuma, nos
asegura un cronista que se trataban con _casi la magnificencia y
majestad que el de Mjico_; y sabemos por otra parte, que el rey de
Guatemala no era tributario, antes bien tena otros reyezuelos sujetos
 s, quienes reciban de l la confirmacin de sus estados.

Hecha esta advertencia, volver al asunto. En amaneciendo entraban
en palacio multitud de seores principales  innumerables criados y
lacayos, con el solo objeto de hacer la corte al soberano desde la
maana hasta la noche, aun sin poder disfrutar de su presencia en todo
el da. La ocupacin de estos tristes palaciegos era formar corrillos
en los corredores de la casa real. De estos esclavos principales,
Moctezuma tena hasta seiscientos. Por lo que hace  los que hanse
llamado _palacios_ de los reyes indgenas, digan lo que quieran los
historiadores, no es verosmil que pasasen de ser lo que eran las
dems fbricas de estos pueblos, de vastas dimensiones, si se quiere,
pero siempre algo desaliadas. Sabido es que las famosas ruinas de
que an quedan vestigios por todo el territorio americano, datan
de una fecha muy anterior  la poca de la conquista. Sin embargo,
no es difcil que an en medio de aquella rudeza arquitectnica se
hallasen en las grandes poblaciones algunos edificios de singular
curiosidad y admirable trabajo, lo mismo que jardines, fuentes, casas
de fieras &. cuales pudieron ser los que tanto llamaron la atencin
de los conquistadores. Era curiossimo el ceremonial observado en
las audiencias del rey. Ninguno entraba en la real cmara sino
rigurosamente descalzo: la gala de uniforme eran las mantas ms
viles y groseras, porque en el concepto de estas gentes, la decencia
consista en el abatimiento, y as la mayor honra del rey era el
presentarse ms miserable en su presencia, sobre todo si era elevada
la condicin del caballero; prctica ridcula por cierto, como
fundada en una mala aplicacin de principios, y en el fondo altamente
humillante. Por supuesto los ojos bajos, la cabeza inclinada y todo
el cuerpo profundamente encorbado, completaban el cuadro de la ms
abyecta reverencia. Slo seis personas tenan facultad para fijar la
vista en el rostro del monarca. Cuando ste hablaba era tan bajo, que
apenas pareca mover los labios, y an tal favor no se dispensaba
sino rarsimas veces, porque las ms se vala de intrprete para sus
respuestas, segn dicen lo usaron tambin los Asirios.

El rey sala poco de palacio, y entonces se observaban los siguientes
ritos. Preceda un oficial  macero con tres varas en la mano,  manera
de los antiguos lictores, anunciando de aquel modo la aproximacin del
monarca. Este era llevado de ordinario en unas andas magnficas, y el
suelo que pisaba deba estar limpio hasta de piedras y pajas. Todos
los que formaban el augusto squito, as fuesen cerca  lejos, deban
llevar los ojos en el suelo, reverencia que con mayor razn deban
prestar los asistentes que se encontrasen al paso, quienes adems
tenan que aguardar profundamente inclinados  que pasase la real
procesin.

No era menos notable la etiqueta de la mesa. El comedor del rey era
una sala alfombrada toda con esteras muy finas y de curiosas labores:
la mesa era el propio pavimento, pero cubierto de blancos manteles de
algodn, y el asiento real era un cojn  almohadn de cuero de venado
 otra piel bien curtida, de extraordinario precio. Sentado  la comida
el monarca, sentbanse con l, pero  una distancia conveniente, seis
ancianos venerables, aquellos solos que tenan el privilegio de mirarle
 la cara. Entraban entonces centenares de pajes, cada uno con su plato
 vasija de barro de primorosas hechuras, y en todas ellas vena un
manjar. El maestresala tomaba en seguida aquella vianda, la presentaba
al rey, luego  los seis viejos y despus  cien magnates que coman
en una pieza inmediata. Del mismo modo se serva la bebida. Los vasos
eran aquellas calabazas que hasta hoy llamamos _Xcaras_ y _Cocos_, que
bien pulidas y montadas, podran presentarse, sin recibir desaire, en
la mesa de algn prncipe europeo.

Omitiendo por ahora muchos otros pormenores, que no careceran de
curiosidad, solamente notar una singular magnificencia, que celebran
los historiadores en las casas de estos reyes, y era que en las
despensas y botilleras destinadas al servicio del monarca, siempre
haba puerta franca para cuantos quisiesen disfrutar de sus vinos y
manjares. No hay duda que esto era exceder los lmites de una grandeza
ordinaria.

Por lo dems, si se desea saber el orden de sucesin de los seoros
de Guatemala, puede consultarse  Torquemada y Juarros. Este ltimo
historiador asevera haberse acostumbrado que el primognito del rey
fuese el inmediato sucesor  la corona; y al hijo segundo le daban el
ttulo de electo, porque deba suceder al hermano mayor: los hijos de
stos tenan el ttulo de capitn mayor el hijo del primognito, y de
capitn menor el hijo del segundo: muerto el rey, empuaba el cetro el
inmediato sucesor, y el electo pasaba  inmediato; el capitn mayor
ascenda al puesto de electo, el capitn menor  capitn mayor, y el
pariente ms cercano  capitn menor. De esta suerte, subiendo por
grados al trono, se consegua que los reyes siempre fuesen provectos en
edad, y cargados de mritos y muy experimentados, as en lo poltico
como en lo militar. Pero si alguno de estos cuatro seores se adverta
ser intil, quedaba en aquel primer puesto hasta su muerte, y entraba
al grado superior el pariente ms cercano.

El Consejo Supremo del Monarca del Quich se compona de veinticuatro
grandes, con quienes consultaba el rey para el acierto de los negocios
polticos y militares. Estos consejeros gozaban de grandes honras
y privilegios, y eran los que llevaban en hombros las andas del
Emperador, cuando sala de su palacio; pero tambin se les castigaba
severamente cuando cometan algn delito. Estaba  cargo de estos
magnates la administracin de justicia y la recaudacin de la Real
Hacienda.

Tena este monarca, en los pueblos principales de su imperio, Tenientes
que gozaban de grande honor, rentas y suprema autoridad; excepto los
casos y negocios que eran contra los Ahaus,[64] que stos se remitan
al Supremo Consejo. Pero si tales Tenientes se deslizaban y cometan
algn exceso, eran brevemente depuestos y severamente castigados; y por
el contrario, si gobernaban con rectitud y prudencia, no dando motivo
de queja  los sbditos, se les perpetuaba en los puestos y engrandeca
con mayores honores, y sus hijos eran atendidos y muchas veces
sucedan  los padres en los puestos.

      [64] As llaman los indios  sus grandes, nobles y ancianos.

Estos Tenientes del rey  Corregidores de los partidos, tenan sus
Consejos en las cabeceras. I  ms de ello, cuando se ofrecan negocios
de mucha gravedad, si el asunto era perteneciente al bien pblico, se
llamaba  los Cabezas de Capul, para tomar sus pareceres: si se trataba
de materias de guerra, se oa  los Capitanes ms experimentados.

I es de advertir, que  estos oficios de Tenientes y Consejeros y aun
al de porteros de los Consejos, no entraban sino los indios nobles, no
dndose caso de que en oficio pblico alto  bajo se pusiese persona
que no fuese de la primera nobleza; y as se celaba con gran cuidado
la conservacin de los linajes, para que permaneciesen en su limpieza.
Para lo cual estaba ordenado por la ley, que si algn cacique  noble
recibiera mujer que no fuese de la nobleza, quedara el tal cacique
reducido  la categora de mazegual  plebeyo y tomase el apellido de
la mujer, sujeto  los tequios y gravmenes de los plebeyos; y que
sus bienes se secuestrasen para el rey, dejndole solamente los que
necesitara para mantenerse en la esfera de mazegual.

Tambin tenan sus leyes penales. El rey  quien se justificaba y
probaba el delito de extremada crueldad y tirana, era depuesto por
los Ahaguaes, que celebraban con gran cautela junta, para este efecto,
y colocaban en el trono al que le corresponda, segn derecho; y el
depuesto era castigado, confiscndole todos sus bienes, y algunos
sientan que era decapitado. (Torquemada. 2. p. cap. 8). La reina que,
faltando  la fidelidad  su esposo, adulteraba, si el cmplice era
persona principal, se les daba garrote  los dos; pero si era plebeyo,
eran despeados de partes muy altas.

Los Ahaguaes que embarazaban la recaudacin de los tributos,  que eran
causa de alguna conspiracin, eran condenados  muerte y todos los de
su familia vendidos por esclavos."

Brasseur de Bourbourg est de acuerdo con los autores citados y da
al rey, al electo, y  los dos capitanes los ttulos de Ahan Ahpop,
Ahan Ahpop Camba, Nim Chocoh Cahuck y Ahan Ah Tojil, respectivamente;
pero cuando el ltimo cargo quedaba vacante por muerte del rey, nos
dice el Abate que "se le confera al mayor de los hijos del nuevo
monarca,"--esto es, al mismo individuo que antes lo tuviera! El Padre
Jimnez deja entender que la corona bajaba del hermano al hermano,
y del hermano menor al sobrino que fuese hijo del hermano mayor. No
encuentro, dice Bancroft[65], autoridades que arrojen luz sobre un
asunto tan confuso; es evidente, no obstante, que si el ltimo sistema
mencionado, idntico al que se usaba entre algunas de las naciones
nahuaes, no es el cierto, nada ms se conoce en tal materia. Parece
que lo que se proponan era que no recayera la autoridad en manos
inexpertas y jvenes, para poder contar, como prendas de acierto, con
la experiencia y madurez del juicio, que la prctica de los negocios y
los aos dan  los gobernantes.

      [65] Vol. II, pg. 639, Native Races. Ximnez, Hist. Ind.
      Guatemala Escolios, pp. 195-6--Torquemada, Monarq. Ind. t. II,
      p. 338.




                            CAPITULO QUINTO

           =Leyes civiles y penales de los indios, antes de
           la Conquista, y en especial las de los pobladores
                      del istmo Centro-Americano=


                                SUMARIO

      La propiedad entre los indios.--La familia indgena de
  Amrica.--La poligama.--El matrimonio.--Solemnidades y ceremonias
  con que se celebraba.--Manera de vivir de los macehuales.--Jueces y
  Tribunales.--Castigos que comunmente empleaban los indios.--Penas
  contra los tiranos.--Manera de castigar los delitos de lesa-majestad,
  el robo, el hurto, el estupro, el adulterio, el incendio, la
  impiedad, y otros delitos.--Penas contra el cimarrn.--Las leyes
  penales en los reinos quich, cakchiquel, y sutojil.--Manera de
  computar los grados de parentesco.--Varias penas que aplicaban 
  diversos delitos.--Informe que el Oidor de Guatemala, Licdo. Dn. Diego
  Garca, dirigi al rey de Espaa sobre esos puntos.

Las naciones indgenas centro-americanas no eran pueblos nmades,
conocan el derecho de propiedad, y cada familia se hallaba establecida
en una porcin de terreno que usufructuaba, porque el monarca era
el seor de las tierras. Las tribus  parcialidades respetaban los
lmites dentro de los cuales estaban los terrenos y aguas de que era
dado disfrutar al vecino. Pueblos sedentarios, no podan dejar de ser
esencialmente agricultores.

Reconocida la propiedad, ese derecho real del que los otros dimanan,
claro est que deba haber, como en realidad existan, leyes que
reglamentaran la adquisicin del dominio, sus desmembraciones,
transmisiones y dems accidentes que lo constituyen.

La familia indgena no estaba ligada por vnculos de afectos tan suaves
y tiernos como los que forman los lazos de la familia moderna[66]. La
mujer americana,  estilo asitico, era ms bien un instrumento de
placer, un medio de procrear hijos, una esclava del aborigen,  quien
se acercaba medrosa, despus de las borracheras,  cuando aqul estaba
posedo de clera. El indio tena tantas mujeres cuantas poda comprar
y mantener.

      [66] Sin embargo, dice Las Casas que se enseaba  los nios
       que honrasen  los padres y les fuesen obedientes; que no
      tuviesen codicia de muchos bienes: que no adulterasen con mujer
      ajena; que no fornicasen, ni llegasen  mujer, sino  la que
      fuese suya; que no mirasen  las mujeres para codiciarlas,
      diciendo que no traspasasen umbral ajeno; que si anduviesen
      de noche por el pueblo, que llevasen lumbre en la mano; que
      siguiesen su camino derecho, que no bajasen de camino, ni
      subiesen tampoco de l; que  los ciegos no les pusiesen
      ofendculo para que cayesen;  los lisiados no escarnesiesen
      y de los locos no se riesen, porque todo aquello era malo;
      que trabajasen y no estuvieran ociosos; y para esto desde
      nios les enseaban como haban de hacer las sementeras y como
      beneficiarlas y cogerlas".--Kingsboroughis--Mex. Antiq, volu,
      VIII pag. 132.

Crease que la poligama ensanchaba el nmero de los parientes; pero
castigaban al que yaca con mujer ajena  con esclava de otro. Tambin
el estupro era reconocido y penado como delito.

A pesar de que la mujer no haba alcanzado, en este suelo, ni con
mucho, el estado  que la elev el cristianismo en Europa; haba
algunas que, por el rango  que pertenecan, slo se casaban con los
nobles, quienes las tenan en particular estimacin y las rodeaban
de consideraciones, dndole aparato religioso  sus bodas. Entre
los indios de Guatemala acostumbrbase tambin, cuando la novia era
doncella de calidad, que fuesen  pedirla los amigos de la familia del
pretendiente, llevando regalos  la de la mujer, que si eran aceptados
significaban el consentimiento de todos. Despus de tres instancias, en
das diversos y con dvidas repetidas, se consideraban ya los unos y
los otros como parientes afines.

El Padre Las Casas describe con colorido y detalles curiosos, como
llevaban en andas  la joven que iba  desposarse, despus de los
obsequios con que se la consideraba comprada. En alegre comitiva se
dirigan todos los parientes, amigos y vasallos de la familia de la
novia  buscar  los del pretendiente, que  su vez sala al encuentro
de su futura esposa, con flores, msicas y acompaamiento de personas,
quemando incienso y otras resinas, y cantando mitotes alusivos al acto.
Este se autorizaba por el jefe de la tribu, atando los vestidos de los
contrayentes, en seal de quedar unidos. Coman _tepexcuintes_, que
llamaban tambin _xulos_, _chumpipes_, _chachas_ y otros animales.
Despus de la fiesta, y ya solos los novios, prendan una astilla de
_ocote_ (madera resinosa del pino) y la vean atenta y religiosamente
hasta que se extingua. Entonces consumaban el matrimonio. Las llamas
simbolizaban el fuego de la concupiscencia, que si no se modera acaba
por consumir la vida.

En el reino quich se toleraba la poligama; pero una sola mujer se
tena por legtima, cuyos hijos eran tambin los nicos que heredaban
al padre. Al que mora sin herederos se le sepultaba con sus riquezas,
para que fuese l  disfrutarlas en la vida futura. Tal era la idea que
tenan de la existencia despus del sepulcro, que crean que en ella
se gozaba, con la propiedad de las cosas, como acaece en este mundo.
Los hijos del mismo hombre con diversas concubinas, no se reputaban
hermanos.

Los _macechuales_  plebeyos, vivan con sus mujeres en pobres ranchos
de caas y paja, al lado del fogn, junto  la piedra de moler el maz
y el _comal_ para cocer las tortillas. All dorman, sin ms cobija que
el mismo vestido que llevaban puesto,  algn miserable abrigo para el
fro. Las camas eran _tapexcos_,  entarimados de caas  troncos de
rboles. An viven nuestros indios en esas chozas miserables hechas
con caas y techadas con paja. Lo que ya no hacen es procurarse el
fuego como antes de la conquista se lo procuraban. Pona el indio
entre sus pis,  inmvil en el suelo, un pedazo de madera seca. Luego
daba con sus manos un rpido movimiento giratorio  una vara de palo,
cuya punta frotndose fuertemente sobre aquella madera, haca brotar
el fuego en pocos minutos. Algunas yerbas secas servan entonces para
propagarle.[67]

      [67] Este sistema se usa en China, Sumatra, Australia y algunas
      regiones de Africa.

Volviendo al punto de las leyes con que se regan los indios de los
seoros de Guatemala, ser oportuno decir que  los jueces, encargados
de aplicarlas, se les escoga entre los nobles  principales, quienes
tambin se encargaban de recaudar los tributos, con mucha fidelidad y
diligencia, temerosos sin duda de incurrir en las graves penas que 
los infidentes aplicaban.

Los grandes crmenes  otros asuntos importantes que afectaran los
intereses del rey, del Estado  de las altas clases nobiliarias se
sometan al conocimiento del consejo real, presidido por el monarca.
Los subtenientes del rey  seores de sangre real que gobernaban
las provincias, juzgaban los casos ms importantes relativos  su
territorio, mientras que las cuestiones locales de menor cuanta se
decidan por jueces inferiores de aldeas  cortijos. Pero aun en el
caso de estos negocios de pequea importancia, se oa el parecer de
un consejo de personas designadas al efecto, que eran una especie de
abogados. Segn ensea Cogolludo, tanto stos como los jueces podan
recibir presentes, con motivo del pleito. En Guatemala, al decir de Las
Casas, el juez reciba la mitad del valor de la propiedad de la parte
condenada; esto se entendera probablemente slo en los crmenes muy
graves,  cuyos autores se impusiera confiscacin de bienes.[68]

      [68] Bancroft. Vol. II. pag. 655.

Los castigos ms comunes eran los azotes, la muerte, la esclavitud
y las penas pecuniarias. Dice Villagutierre que la pena del ltimo
suplicio se aplicaba por medio de la horca, del garrote, del fuego 
del despeadero. En las crnicas y documentos antiguos han quedado
restos de la legislacin de los indios, con anterioridad  la
conquista, por los cuales se pueden notar que, si bien imponian esas
severas y atroces penas, cuidaban con afn de no dejar impunes los
delitos.

Cuando el rey se mostraba cruel y tirano con sus sbditos, dice el
cronista Fuentes, que se reunan con gran cautela los ahguaes del
reino, que eran los grandes de la monarqua, y le deponan, eligiendo
al inmediato en la sucesin hereditaria y confiscbanle todos sus
bienes; pero si el que levantaba la conspiracin contra el prncipe no
justificaba sus tiranas, se le condenaba  muerte con tormento, se
le secuestraba cuanto tuviera y se tomaban por esclavos su mujer, sus
hijos y parientes inmediatos, que se vendan  trueque de plumas, cacao
y mantas, en _caybal_, que era una especie de almoneda.

Los ahaguaes que impedan la recaudacin de los tributos del rey, eran
condenados  muerte, y quedaban esclavos todos los de su familia.

Si la esposa del rey  alguna de sus mujeres era infiel, se les
condenaba  ellas y  los cmplices  la pena de horca, si eran de los
_principales_; pero siendo plebeyos, los despeaban de alguna roca.

El que cometa delito de lesa majestad,  descubra los secretos de
la guerra,  se pasaba  la parte de los enemigos, sufra la pena del
ltimo suplicio, confiscacin de bienes y esclavitud para la familia;
pero podan los parientes ser rescatados  precio de grano y mantas.

El ladrn era condenado  restituir la cosa robada y pagar otro tanto
de su valor, en plumas  cacao  la cmara del rey, en lo cual algo se
asemeja esta pena  la establecida por la legislacin romana. En caso
de reincidencia, se duplicaba la pena, y por la tercera vez, incurra
en la muerte por despeamiento,  no ser que fuera de rico _calpul_
(linaje), que entonces se le permita redimirse, pagando todos los
hurtos y otro tanto al rey.

En el delito de estupro se impona al culpable la pena de muerte; pero
si slo haba habdo conatos, se entregaba al culpable por esclavo de
la ofendida.

Cuando un hombre iba  casarse, era ley que sirviese  los padres de
la novia durante algn tiempo y que les hiciese alguna donacin, que
devolvan ellos si no se efectuaba el enlace, y entonces los mismos
padres deban servir al novio por igual nmero de das que l les haba
servido.

El delito de infidelidad conyugal era de prueba muy privilegiada; de
tal suerte que bastaba, para condenar al acusado, encontrarle alguna
prenda de la mujer.

El incendiario se equiparaba al reo de lesa majestad, porque deca
que podan destruir todo un pueblo; as es que le condenaban  muerte
y confiscacin de bienes, con los cuales se pagaban los daos y
perjuicios que hubiera causado.

Eran los indios tan fanticos adoradores de sus dioses que imponan
atroces penas  los que osaban profanar sus dolos  adoratorios; los
despeaban  ellos y  sus familias.

El _cimarrn_, que era el que se hua del dominio  seoro de su
dueo, caa en la pena de que su _calpul_ pagara por l cierta cantidad
de mantas, y si reincida deba sufrir la muerte de horca.

La mujer que enviudaba, segn dice Torquemada, si era joven deba
casarse con el hermano  pariente cercano de su marido, y los hijos se
enlazaban con los parientes de la madre, porque ella ya no perteneca 
su _calpul_.

Cuando un reo no confesaba le aplicaban el tormento, que consista en
suspenderle de un rbol, y atndole solamente los dedos pulgares y
sahumndole con gran cantidad de _chile_ quemado, azotarle con crueldad.

En los tres reinos del Quich, Cakchiquel y Sutojil, se observaban
todas esas penas, que seguramente eran brbaras; pero no lo eran menos
las que establecan los antiguos cdigos de Espaa y otras naciones
europeas, cuya civilizacin estaba indudablemente mucho ms avanzada.

En lo que tocaba al parentesco, dice el interesante informe que el
oidor de la Real Audiencia de Guatemala, Licenciado Don Diego Garca
dirigi al rey de Espaa----tenan un rbol pintado, y en l siete
ramas, que significaban siete grados de parentesco[69]. "En estos
grados no se poda casar nadie, y esto se entenda por lnea recta,
sino fuese que alguno hubiese fecho algn gran fecho en armas, y haba
de ser del tercer grado afuera. Por lnea trasversa, tena otro rbol
con cuatro ramas, que significaban el cuarto grado; en estos no se
poda casar nadie.

      [69] Bien conocido es lo que vara el cmputo de los grados de
      parentesco en varias naciones: as p. e., los primos hermanos
      por la ley cannica estan en segundo grado, y por la romana
      en cuarto grado; porque por la ley cannica es regla _quot
      generationes tot gradus_. (Vase Compendio de los derechos de
      la Iglesia por Richter,  Historia de las costumbres de Roma
      por Friedlander.)

Fuera de otras leyes que los indios tenan en toda esta provincia,
reputaban los de esta nacin por inviolables las siguientes[70]:

      [70] Los castigos tan severos mencionados aqu, se encuentran
      tambin en otros pueblos, donde comienza la transicin de
      cierto grado de civilizacin  otro superior. Nos sorprende
      ver que el castigo que se impona por trato ilcito con una
      esclava agena se castigara tambin por los antiguos romanos con
      idntica pena.

Cualquiera que menospreciaba los sacrificios de sus dolos,  sus
ritos, mora por ello.

Cualquiera que se echaba con mujer ajena, mora por ello.

Cualquiera que tena cuenta carnal con pariente en los grados
susodichos, moran por ello ambos.

Cualquiera que hablaba con alguna mujer,  le haca seas, si era
casada, le desterraban de su pueblo y quitaban sus bienes.

Cualquiera que se echaba con esclava ajena, le hacan esclavo, si no
fuese que  la tal persona le perdonase el Papa, por servicios que
hubiese fecho en la guerra.

Cualquiera que hurtaba, como fuese grave, mora por ello.

Cualquiera que forzaba doncella, le sacrificaban por ello.

Cualquiera que menta, le azotaban bravamente, y si era en cosa de
guerra, le hacan esclavo por ello"[71].

      [71] Documentos inditos del archivo de Indas, publicados por
      el Lic. D. Len Fernndez, tomo I, pg. 44.




                            CAPITULO SEXTO

        =La instruccin pblica entre los indios de Guatemala.
               Nociones de orden cientfico que tenan.
             La poesa, el teatro y la msica en Amrica,
                antes de la conquista espaola. Fiestas
                     y diversiones de los indios=


                               SUMARIO.

      Cmo educaban los mayas  sus hijos.--Escuelas y colegios en el
  Quich.--Ramos que estudiaban.--El historiador Bancroft contiene
  datos curiosos sobre las letras, entre los indios de Guatemala.--Cmo
  contaban el tiempo.--Cundo comenzaba el ao.--Libros que escriban
  los aborgenes.--Papel que hacan en Amatitln.--Los pobladores de
  Nicaragua tenan efemrides escritas.--El Manuscrito Mejicano.--El
  Cdigo de Dresden.--El Manuscrito Troano.--Conocimiento que tenan
  los indios en ciencias naturales.--Nociones Astronmicas.--La
  poesa indiana.--Los _avaricos_  poetas peruanos.--Las odas de
  Nezahualcoyotl.--La poesa quichua.--Poesa popular de nuestros
  indios.--Las representaciones teatrales.--La fiesta de la Balsa.--El
  baile del Tun y otras diversiones de los indios.--La danza del
  Toncontn.--El baile de San Pedro y San Juan Bautista.--Descripcin
  que hace de esa danza el Padre Toms Gage.--Confesin de sus pecados
  que los indios hacan despus de decapitar  San Juan Bautista.--Cmo
  esa curiosa fiesta revela bien el carcter de los primitivos
  pobladores de Amrica.

Los mayas fueron en extremo cuidadosos de la educacin de la juventud,
lo mismo que los nahuas. Los padres tomaban mucho empeo en instruir
 sus hijos, sobre todo en infundirles mximas de respeto  la
ancianidad, de reverencia  los dioses y de honra  sus padres. Los
ejercitaban en el manejo del arco y de la flecha, desde nios, y
cuando iban creciendo los enseaban  labrar la tierra. Los muchachos
eran educados por el padre, mientras que las nias permanecan al lado
de la madre. Los jvenes en Guatemala dorman bajo el prtico de la
casa, porque se crea impropio que observasen la conducta y oyesen
las conversaciones de la gente casada[72]. En Yucatn, tambin los
muchachos permanecan separados de sus mayores. El primer artefacto que
sala de las manos de un nio se dedicaba  los dioses[73].

      [72] "Dorman en los portales, no slo cuando hacan su
      ayuno, mas an casi todo el ao, porque no les era permitido
      tratar ni saber de los negocios de los casados, ni an saban
      cundo haban de casarse, hasta el tiempo que les presentaban
      las mujeres, porque eran muy sujetos y obedientes  sus
      padres. Cuando aquestos mancebos iban  sus casas  ver  sus
      padres.......tenan su cuenta de que no hablasen los padres
      cosa que fuese menos honesta." Ximnez, Hist. Ind. Guat. p.
      181.-

      [73] Las Casas. Hist. Apologtica. M. S. cap. 179.-

En las principales ciudades haba escuelas, y los historiadores
refieren que en el Quich hubo un seminario con setenta maestros y
unos cinco mil alumnos, sostenido  expensas del tesoro real.[74] Los
hijos de los nobles reciban una educacin ms esmerada, de tal suerte,
que segn los cronistas, se les iniciaba en los misterios y ritos de
su religin; estudiaban el derecho, la moral, la msica, el arte de
la guerra, la astronoma, la astrologa, la adivinacin, la medicina,
la poesa, la historia, la escritura pictrica y los dems ramos del
saber que les eran conocidos. Las hijas de los nobles eran tenidas
en estricta reclusin, y se las instrua cuidadosamente en todas las
materias que deba saber una seora maya[75].

      [74] Juarros, Hist. Guat., p. 87; Brasseur de Bourbourg, Hist.
      Nat. Civ. T. II. p. 569.

      [75] Landa, relacin pp. 42-4; Carrillo in Soc. Mex. Geog.
      Boletn, 2. poca t. III p. 269; Norelet, Voyage, t. I, p.
      191; Brasseur de Bourbourg. Hist. Mat. Civ., t. II, pp. 61-2.

El erudito historiador norteamericano Mr. Bancroft[76], del cual he
tomado los precedentes datos, contiene interesantes noticias acerca
de la educacin de la juventud y de las escuelas de los indios en
Guatemala, que harto demuestran el alto grado de importancia relativa
que la instruccin pblica alcanz en las antiguas naciones civilizadas
de este continente.

      [76] Volume II, page 661. Native races of the Pacific states.

No obstante todo eso, siempre eran supersticiosos nuestros indios, y
as los quichs,  estilo de los romanos, clasificaban los das en
fastos, nefastos  indiferentes[77], y aceptaban la divisin del tiempo
que idearon los tultecas. Eran en un principio los meses  lunaciones
de veintisis das, subdivididos en perodos de trece, y ms tarde,
acomodndose al curso del sol, pusieron su calendario con los mismos
dos perodos de trece das, no como divisiones astronmicas, sino
como semanas. Los cakchiqueles tenan tambin su cmputo de meses,
dividiendo el ao en dieziocho, de veinte das cada uno, resultndoles
trescientos sesenta das,  los cuales tenan que agregar cinco ms,
sin darles nombre. Las seis horas que sobran, y que obligan  aumentar
un da en los aos bisiestos, fueron conocidas por los indios. No
estn de acuerdo los autores en la fecha en que comenzaba  contarse
el tiempo; pero parece que sera el 19 de noviembre, segn el curioso
calendario de Hernndez Spina,  el 24 de diciembre, segn Basseta.

      [77] Calendario de Vicente Hernndez Spina. Vase coleccin
      de documentos histricos, del Dr D. Mariano Padilla, en la
      Biblioteca Nacional.

Los sacerdotes escriban libros, y en Guatemala, segn ensea Benzoni,
de lo que ms se sorprendieron los indios, fu de la manera de leer y
escribir de los espaoles. Pedro Martyr hace una descripcin detallada
de los libros de los aborgenes, describiendo los caracteres[78] de que
se valan y las materias que empleaban para fabricar una especie de
papel, que segn se sabe, lo hacan los _amatitanecos_ de la corteza
del _amate_  _amatl_. Los pobladores de Nicaragua, al tiempo de la
conquista, tenan efemrides escritas, por medio de pinturas en colores
sobre pieles y papeles, muy semejantes al de los Nahuas, pueblo del que
los nicaragences eran descendientes.

      [78] Piter Martyr, dec IV, lib, VIII,  edicin latina de
      Cologne, 1574, pag. 354.--Brasseur de Bourbourg. M. S. Troano,
      t. I, pp. 2-3. Gmara, Conq. de Mjico, t. I. p. 424.

Del maya aborigen slo tres manuscritos se conservan,  saber: _el
manuscrito mejicano_, que se halla en la Librera Imperial de Pars;
_el Cdigo de Dresden_, que forma una de las joyas histricas de
la Biblioteca Real de esa ciudad; y _el Manuscrito Troano_, que se
encuentra en una tira de papel de maguey, de catorce pis de largo
y nueve pulgadas de ancho, y que fu descubierto por Brasseur de
Bourbourg.

En ciencias naturales tenan algunos conocimientos prcticos los
aborgenes, que se niegan siempre  revelar. Ellos han conocido, y
conocen, plantas medicinales admirables. Curaban la sfilis con una
decoccin de _guayacn_[79]; para catarros, rehumas, toses y otras
dolencias, usaban el tabaco[80]; para enfermedades cutneas recetaban
una masa de gusanos ponzoosos[81]; para llagas y escoriaciones,
aplicaban lociones de una yerba llamada _coygaraca_, junto con hojas
molidas de _moxot_[82];  los heridos en las batallas, los sanaban
por medio de medicinas externas[83]; el cacao, despus de extrada la
manteca, se consideraba como preventivo contra los venenos[84]. Eran
muy entendidos en la manera de curar otras enfermedades, como se ver
en el captulo siguiente, en el cual me propongo tratar este punto por
extenso.

      [79] Oviedo Hist. Gral., t. I p. 365

      [80] "Hay en esta tierra mucha diversidad de yerbas medicinales
      conque se curan los naturales: y matan los gusanos, y con
      que restrien la sangre como es el Piciete, por otro nombre
      tabaco, que quita dolores causados de fro, y tomado en humo es
      provechoso para las rehumas, asma y tos; y lo traen en polvo en
      la boca los indios y los negros, para adormecer y no sentir el
      trabajo."--Herrera, Hist. Gen. dec. III, libro VII, cap. III.

      [81] Hacen en el (Atiquizaya) una masa de gusanos hediondos y
      ponzoosos, que es maravillosa medicina para todo gnero de
      frialdades, y otras indisposiciones." Id. dec. IV, libro VIII,
      cap. X.--

      [82] Oviedo. Hist. Gral.; t. I, pp. 385.3

      [83] "Curaban los heridos con polvos de yervas  carbn que
      llevaban para sto" Herrera. His. Gen., dec, III, lib. IV, cap.
      VII.

      [84] Oviedo. His. Gen. t. I, p. 321.--

En astronoma tuvieron los indios muchos conocimientos; en cermica
y joyera dejaron riqusimos trabajos; en el arte de tejer eran muy
curiosos, y fabricaban telas preciosas de plumas, segn podr notarse
al tratar, en la presente obra, del estado en que se hallaban las
naciones de Centro-Amrica  la venida de Cristbal Coln.

Como los pueblos orientales, eran los originarios del Nuevo Mundo muy
dados  las obras de imaginacin y esparcimiento. "La poesa, esta flor
que brota siempre en el corazn de los pueblos jvenes, que crece al
calor de las rosadas ilusiones de la adolescencia, que toma los colores
de la naturaleza en que nace, sus acentos de los ruidos que forman las
aves, las cascadas y los bosques movidos por el viento; cun bella y
majestuosa no se ostentara entre los primitivos pobladores de Amrica,
de este gran mundo, que conservaba an intacto el sello de la mano de
Dios!

Nosotros, hombres nacidos en medio de una civilizacin que se empea
en reformar la naturaleza, en contrariarla y en vencerla, apenas si
podemos imaginar siquiera las impresiones que experimentara el alma
virgen y robusta de los aborgenes,  la vista de cataratas como la del
Nigara  del Tequendama, de volcanes como el Popocatepetl  el Masaya,
de lagos como el Titicaca  el Ontario,  de montes como el Chimborazo
 el Tupungato, de selvas como las que cubran casi todos los pases
americanos.

Suponer que hombres colocados en teatros tan esplndidamente decorados
hubieran vivido mudos y fros, ajenos  ese entusiasmo del alma y  esa
plenitud del corazn, que son dondequiera que existan seres racionales,
la inagotable fuente de la ms encantadora poesa, es un absurdo
igual  suponer, que el sol de los trpicos no produzca vegetacin
exhuberante y frutas exquisitas, que los mares, los lagos y los ros
de Amrica, no hubieran contenido variedad infinita de peces, y las
inmensas selvas no hubieran servido de morada  multitud de aves de
hermosas plumajes y cantos suavsimos.

La poesa es tan natural al hombre como el nadar  los peces y el volar
 las aves. Dondequiera que descubre en torno suyo algo que amar 
que admirar, la poesa nace fatalmente del fondo del alma, formndose
en cantos ms  menos simtricos y delicados, pero siempre hermosos y
robustos.

Desde el groelands que canta las delicias de su hogar de nieve y sus
luchas con los osos blancos en las latitudes polares, hasta el rabe
que refiere en los oasis de sus desiertos abrasados, los estragos de su
espada, las glorias de su tribu, la rabia de sus celos  las delicias
de su amor; desde las montaas cubiertas de bruma en que resuenan las
melodas del ciego de Morvn, hasta los pases donde florece el loto,
en todas partes la poesa aparece, como el sol, dando calor y vida,
, como la luna, sirviendo de confidente suave y melncolica  los
sentimientos del alma.

Siendo esto as, si es cierto que la poesa en los pueblos nacientes
es como la sonrisa en los nios, la primera manifestacin del alma
humana cmo poner en duda que sociedades tan adelantadas y cultas
como las que formaban los imperios de Moctezuma y Atahualpa, donde las
artes tiles para la vida, donde las ciencias mismas y la organizacin
poltica y civil habin alcanzado un notable desarrollo, cmo dudar,
repetimos, que en tales sociedades no existiese la poesa, esta
compaera inseparable aun de las tribus ms brbaras  incultas?

Si la magnificencia de las cortes de Mjico y del Cuzco, si las
conquistas dilatadsimas de los ejrcitos peruanos y aztecas, si la fe
viva y la religiosidad de aquellos pueblos, debieron servir de tema 
las composiciones de los poetas indgenas y ofrecer un vasto material
 su genio, no debieron ser menos favorecidos por la perfeccin y
adelanto del idioma en que componan. Sabido es el grado de armona y
riqueza  que haba llegado la lengua de los antiguos mejicanos, y hoy
mismo puede el viajero admirar la suave cadencia de la lengua quichua
en las sierras del Per y del Ecuador.

Nada tiene, pues, de extrao que los historiadores espaoles den
testimonio de la existencia de poetas y de poemas en casi todas las
comarcas que descubrieron y conquistaron. Lo que s sorprende es su
incomparable desidia para consignar esas poesas; lo que admira y
contrista es contemplar los escassimos fragmentos que de ellas han
llegado hasta nosotros.

Los historiadores que hablan de los _avaricos_  poetas peruanos, no
nos han transmitido ni una pequea muestra de sus inspiraciones, y el
inca Garcilaso, bastante digno de fe en lo que atae  las costumbres
de los indios, asegura que en la corte del Cuzco la representacin
dramtica era una de las principales diversiones de la ms alta
sociedad.

En cuanto  Mjico, las odas atribuidas  Nezahualcoyotl, que se han
salvado de la universal ruina, demuestran evidentemente que aquella
poesa, no slo haba alcanzado un alto grado de perfeccin, sino
que talvez no sera difcil descubrir en ella algunos sntomas de
decadencia.

Fuera de Mjico y del Per, no podran citarse de otros pases
americanos ms que algunas imperfectas y brevsimas muestras, slo
dignas de atencin en cuanto revelan, por una parte, cun abundante
sera la poesa indgena cuando encontramos muestras de ella hasta
entre los feroces prehuenches; y, por otra, atestiguan indirectamente
el inmenso valor de lo que se perdi para siempre con la ruina de los
imperios de Mjico y del Per.

Aunque es muy comn la opinin que asigna como un carcter distintivo
 la poesa quichua, un sentimentalismo constante y exajerado, no
es difcil descubrir que tal juicio toma erradamente por base la
literatura del Per indgena tal como ella se ha manifestado despus de
la conquista, y no tal cual debi ser bajo el cetro feliz y glorioso
de los antiguos incas. No hay,  lo menos, razn de algn valor para
suponer que los poetas peruanos de aquella poca slo se ejercitasen
en la poesa ertica, que es la nica cultivada al presente. Por el
contrario, tenemos para creer lo contrario, el testimonio ya citado del
historiador Garcilaso, y la nica muestra de poesa lrica que se ha
conservado de una poca indisputablemente anterior  la conquista, no
pertenece al gnero de los _tristes_  _yaraves_ modernos.

Lo natural, pues, es suponer que la antigua poesa quichua abundaba en
composiciones de los gneros ms variados, y que, si el amor tuvo, como
en todos tiempos y pases, inspirados cantores bajo el reinado de los
hijos de Manco no faltaron tampoco himnos sagrados que ensalzasen la
grandeza del Padre Sol, ni cantos blicos para empujar  los soldados
hacia el enemigo  encaminar sus heroicos hechos cuando volvan desde
Quito  desde Chile cubiertos de gloria y de despojos.

Empero, cuando hubo sonado la ltima hora de vida para aquel poderoso
imperio; cuando los descendientes de los godos destruyeron en pocos
aos aquella civilizacin original y adelantada; cuando, junto con su
poder, perdieron los peruanos su independencia, su religin y hasta su
dignidad de hombres hechos  la imagen de Dios, toda la actividad que
an yaca en el fondo de aquella raza infortunada, se concentr en el
corazn para llorar,  toda hora y desde la cuna hasta el sepulcro, las
pasadas glorias comparadas con las presentes y futuras miserias.

Despus de la conquista, ni era fcil que los indios tuviesen
inspiraciones que no fuesen inspiraciones de dolor, ni los espaoles
habran tolerado jams la osada del que hubiese intentado cantar las
hazaas, las glorias, las grandezas, algo, en fin, que no fuese el
abatimiento y la ruina de los enemigos de Cristo, de los idlatras
adoradores del Sol. Testigo de ello Jacinto Collahuazo, ilustre indio,
hijo de Imbabura, en el Ecuador, que, por haber escrito una interesante
historia, fu maltratado y reducido  prisin despus de haber visto
quemar su libro en la plaza pblica, para escarmiento de sus hermanos y
como justo castigo "_por haberse metido en cosas que no convenan  un
indio_."

As se explica no slo la muerte de la poesa quichua, sino tambin
la prdida de las antiguas composiciones. "Es probable que los
que castigaban tan severamente  los autores, no se mostrasen ms
indulgentes con los recitadores; y que as, aun los cantos ms
populares, fueran poco  poco cayendo en el olvido."[85]

      [85] Apuntes sobre la poesa indgena de Amrica, por Zorobabel
      Rodrguez.

La conquista de Amrica por razas europeas, hundi para siempre en los
antros del tiempo la civilizacin aborigen de este Continente,  fin de
ceder el campo, en el transcurso de las edades  otra civilizacin y 
otras costumbres;  otras generaciones de diversas gentes, que traan
al Nuevo Mundo el germen de nueva vida y la simiente de la libertad y
del progreso.

En medio de la naturaleza exuberante de estas comarcas indianas,
iluminadas por los resplandores de ardientes penachos que coronan las
cspides de montes altsimos; en las mrgenes de arenas de oro de los
caudalosos  imponentes ros, que se desploman en espumantes cascadas,
en los deliciosos valles esmaltados de perennal verdura;  la sombra
del agreste pino, del olmo y de la ceiba; en esta tierra, que se llam
despus americana, y que conserva el sello del perdido paraso, viva
feliz el indio, congregado bajo el cetro de reales estirpes. Aquellos
pueblos jvenes, inspirados por cuanto se extenda ante sus ojos,
cultivaban  pesar de su rudeza, la flor divina de la poesa, que brota
siempre al calor del sentimiento, doquiera que haya corazones que
laten, ilusiones que halagan, penas que hieren.

Teanse sus cantos del variado color del lugar donde nacieron, y
tomaban los matices del cielo sereno y transparente que cubre estas
regiones: eran el eco del gorjeo de las aves; del susurro del viento,
al sacudir los pinos, cual si fuesen las arpas del desierto; del
murmullo de los arroyos, al mezclarse con los blandos suspiros de las
flores; del rugido de las tempestades, evocando los primeros das del
mundo. Aquella poesa popular, expontnea, inspirada en la naturaleza,
debi de ser la manifestacin de las vitales energas de primitivas
razas; el tesoro de sus tradiciones; el arca santa de sus recuerdos; el
arco iris de sus esperanzas. Qu bella lucira aqu todas sus galas
esa diosa tutelar de las naciones, que llora sus glorias, canta sus
tristezas y augura sus infortunios!

Entre esos vagos presentimientos, aterraba  la raza indgena la idea
siniestra de que alguna vez sera sierva de valerosos conquistadores,
y el fantasma sombro que mostraba con aterida mano las oprobiosas
cadenas, vino  turbar el sueo puro de las vrgenes cakchiqueles.
Son al fin en la historia la hora nefasta de la desolacin y de la
ruina, como suena en el corazn del moribundo el postrer eco de los
entrecortados estertores de la vida. La raza indgena sucumbi al rudo
empuje de otras razas, venidas de allende el mar; y entre el humo
de los combates homricos; y los torrentes de sangre que tiieron
el Xequijel; y los ayes de Tecum; y los suspiros de Ashumanch;
y los vtores de las huestes castellanas al audaz conquistador;
y la hecatombe producida por una de las ms grandes epopeyas que
presenciaron los siglos;--perdironse ay! aquellas rosas silvestres
que esmaltaban esta tierra, aquellos cantos primitivos, aquellas
poticas reminiscencias, que forman la historia en sus obscuros
comienzos. Es que los pueblos que no cantan, son como los corazones
que no palpitan. La poesa, alborada de la vida, es el postrer suspiro
de la existencia. Una raza sin autonoma y sin libertad, es una raza
muerta para el espritu, muerta para el sentimiento. Cuando enmudecen
las arpas, reina el silencio de las tumbas y se apagan los rayos del
lucero de la esperanza.

El exterminio fu casi completo en las regiones que los ingleses
subyugaron, y no quedan rastros siquiera de la primitiva raza all,
donde al borde de un abismo, desplmanse en hrrido estallido las
cataratas del Nigara. Perdironse, con las brumas del Ontario y los
vapores de tnue gasa del pintoresco ro San Lorenzo, hasta los ecos
de aquellos cantares que, ante la naturaleza explndida, exhalaran
los primeros dueos de las selvas y llanuras del Norte del Continente.
Los _peregrinos_ que vinieron en la "Flor de Mayo"  la roca de
Plymouth, si no obligaron  los indios de primas  primeras  creer en
Jesucristo, como el fraile Valverde pretendi hacerlo con el inca del
Per, los ahuyentaban  balazos y los cazaban como  bestias feroces.

Con la muerte de los ltimos reyes de la raza indgena de Amrica,
se ocultaba tambin en la noche del olvido, su poesa popular, como
medrosa del estrpito de los conquistadores, y de la inclemente saa
con que, al derribar sus dolos, no se saciaban recibiendo la ofrenda
de montaas de oro, arroyos de sangre y manadas de siervos.

En las faldas del Popocatepetl divsase an la humilde choza de caas
y paja del azteca descendiente de reales estirpes; boga melanclico
por el bellsimo lago de Atitln, en estrecho _cayuco_, el hijo de
los prncipes cakchiqueles; y el soberbio inca recorre, con la cabeza
oprimida por el _mecapal_, los bosques sombros de sus padres, los
opulentos quichuas; pero ni el adorador del sol canta, ni guarda los
poemas de Manco Capac; ni el creyente en los misterios del Popol-buj
conserva el tesoro de la poesa de sus mayores; ni la enervada prole de
Moctezuma guarda completa la tradicin de las vrgenes que salvaron 
Nezahualcyotl. Es que muere el quetzal al ver rotas las plumas de su
cauda, y desfallece el guila, cuando sujeta, no puede sacudir sus alas
por el espacio del ter. El indio vive, es verdad, en esas orientales
tribus, pero vive cual la planta silvestre que arrima sus renuevos
 extico arbusto y esconde sus amarillentas hojas en el artstico
arriate del vergel. El indio guarda algunas de sus tradiciones;
pero las oculta, como si fueran ocasin de anatema y evocaran una
irreparable catstrofe para aquella raza desgraciada.

An tributa culto  sus dioses; pero lo hace  hurtadillas, bien as
cual si sus preces hubieran motivado la hecatombe de sus progenitores.
Imita idoltricamente las formas del culto de quienes lo conquistaron,
slo como para no ofrecer nuevo pretexto  la crueldad inaudita con
que sus creencias fueron castigadas. Conserva sus primitivos idiomas;
porque lo ltimo que se extingue en las colectividades humanas, es la
lengua, reflejo de la fisonoma moral de los pueblos.

En todas las poblaciones principales tenan los indios edificios
destinados  representaciones dramticas, compuestos de un terrapln
descubierto y situado en la plaza del mercado  en el atrio inferior
de algn templo, pero bastante alto para poder ser visto por los
espectadores. Uno de los ms espaciosos era, segn dice Corts, el que
haba en la plaza de Tlatclolco construido de piedra y cal.

No faltan algunos anticuarios, tan amantes de todo lo que se refiere
 la primitiva grandeza americana que, como Boturini, hacen pomposos
elogios de las composiciones que los indios representaban. Este
escritor asegura que, entre las cosas ms curiosas de su museo, tena
dos dramas sobre las apariciones de la madre de Dios al nefito
mejicano Juan Diego, en los que se notaba singular dulzura en el
lenguaje y delicadeza en los pensamientos.

Sin embargo, no es verosmil que observasen las reglas del drama, ni
que propiamente mereciesen ese nombre aquellas composiciones tan rudas
como primitivas. Antes bien, pienso que la descripcin que hace el
P. Acosta de los teatros de los indios y de sus representaciones, es
ms conforme con el carcter de aquellos pueblos. Hablando de las que
se daban en Cholula, con motivo de la fiesta del dios Quezaltcoatl,
dice: "Haba en el atrio del templo de aquel dios, un pequeo teatro
de treinta pis en cuadro, curiosamente blanqueado, que adornaban con
ramos y aseaban con el mayor esmero, guarnecindolo con arcos de plumas
y flores, y suspendiendo en ellos pjaros, conejos y otros objetos
curiosos.

All se reuna el pueblo despus de comer. Presentbanse los actores, y
hacan sus representaciones burlescas, fingindose sordos, resfriados,
cojos, ciegos y tullidos, los cuales figuraban ir  pedir la salud al
dolo.

Los sordos respondan despropsitos; los resfriados tosiendo, los
cojos, cojeando; y todos referan sus males y miserias, con lo que
excitaban la risa del auditorio. Seguan otros actores que hacan el
papel de diferentes animales, unos representando escarabajos, otros
sapos, otros lagartijas, etc. Venan despus unos muchachos del templo,
con alas de mariposas y de pjaros de diferentes colores, y subiendo
 los rboles, dispuestos al efecto, les tiraban los sacerdotes con
pequeas bolas de tierra, por medio de las _cerbatanas_, aadiendo
expresiones ridculas en contra de los unos y en favor de los otros.
Por fin, se haca un baile compuesto de todos los actores y as
terminaba la funcin."

Esta descripcin de Acosta recuerda las primeras escenas que la
historia ha trasmitido de los griegos; y no dudo que, si el imperio
mejicano hubiera durado un siglo ms, su teatro se habra reformado
como el de los antiguos.

Del amor de los primitivos habitantes de estas tierras  la poesa
y  la danza, es buena prueba la real disposicin de 1514, que cita
Herrera, por la que se prevena  todos los que tuvieran indios por
pajes, que los enseasen  leer y escribir, y que no se les impidiese
hacer sus _areitos_ y juegos, as en los das de fiestas como en los
otros, si no fuese de impedimento para sus trabajos. Entre nuestros
indios todava se conoce el baile que llaman del _Tun_ (Xahoh-Tun),
y que es ms bien un drama histrico, cuyo argumento se remonta al
siglo XII, al decir del abate Brasseur de Bourbourg, quien siendo cura
prroco de Rabinal, lo vi representar, y llamle la atencin, tanto
por el asunto  que se refiere, como por lo apropiado de la msica y
animado de la danza[86].

      [86] Histoire des nations civilises du Mexique et de l'
      Amerique Centrale, t. I. p. XXVIII.

Diversas especies de fiestas hay entre los indios moscos y de Chiriqu,
pero no mencionar sino una de las principales. La ms importante es
la de la _Balsa_; fiesta que se efecta generalmente al comienzo de
la estacin seca, y  la cual se dirigen en multitud los convidados.
Cuando una familia  un pueblo han determinado dar una _balsera_ y se
ha sealado la poca de ella, van  avisarlo  las casas distantes los
mensajeros que  ese efecto se despachan, los cuales llevan bejucos
que tienen hechos tantos nudos cuantos das deban transcurrir antes
de comenzar la fiesta. Convdase  todos, hombres y mujeres, jvenes
y viejos. Segn las distancias que hayan de recorrerse, se ponen en
camino de modo de llegar al lugar de la cita dos das antes de los
festejos; lleva cada cual las provisiones necesarias, porque los
organizadores apenas proveen de _chicha_. Por el camino, van soplando
los convidados en unas grandes conchas, cuyo taido da  conocer su
paso. El lugar elegido para el caso es por lo regular una sabana cerca
de un ro. Amanece al fin el anhelado da: todos se ponen en pi desde
los primeros albores, y se encaminan al ro  baarse. Acabado el
bao, se pintan todo el cuerpo de igual color, azul  colorado, pero
en la cara se dibujan figuras muy complicadas de hombres, animales
y arabescos como se suelen encontrar en los vasos sacados de las
_guacas_. Las mujeres hacen de artistas. Este trabajo ocupa un buen
espacio de tiempo, y cuando el convidado se halla listo, ya el sol est
casi en mitad del cielo. Por la cintura se cruza un pedazo de tela
fabricada de la corteza de un rbol (nuni), y luego se cubren la cabeza
con una piel de animal, de modo que cuelgue sobre las espaldas la parte
que corresponde  la cola y  las piernas. Los animales cuya piel se
emplea ms  menudo para este objeto son el tigre, el oso hormiguero
y el oso melero. Si es demasiado grande la piel, no hacen uso sino de
la cabeza, y de ella cuelgan la cola y las patas. Cada cual se dirige
entonces al lugar designado; y los grupos se van formando en silencio.
Poco  poco el tambor y los cantos se dejan or y se comienza  beber
la _chicha_; en esto las mujeres, que tambin se han pintado para la
diversin, vienen  juntarse  los grupos, y beben con sobriedad,
sostienen el canto  platican unas con otras en corros animados. Al
cabo de dos  tres horas, la _chicha_ hace su efecto: uno tras otro se
levanta, despus de desafiar  una de las personas del mismo grupo.
A una seal de las personas ms ancianas principia el jaleo. A esta
sazn, sigue el grupo  los bailarines, y en breve se cubre de gente
todo el llano. Las mujeres se juntan al grupo en que ven  sus maridos.
Ya los dos bailarines estn frente  frente  cosa de veinticinco pasos
uno de otro. El que ha lanzado el reto lleva en la mano un bastn
liviano y esponjoso de palo _balso_ (especie de caa); bastn que tiene
cerca de dos metros de largo con una bola en un extremo, y que va
disminuyendo en grosor hacia el puo.[87]

      [87] Chiriqu, por A. L. Pinart. Traducido para "El Repertorio
      Colombiano", pgina 116, nmero 8., ao 7. vol. 13.

El clebre Padre Toms Gage, que estuvo en Guatemala, por el ao 1625,
y que sirvi varios curatos de indios, deca[88] que aunque estos
infelices vivan bajo el yugo y la servidumbre, no dejaban por eso de
ser de muy buen humor y de divertirse  su modo en festines, juegos
y danzas; y principalmente el da de la fiesta del santo patrn de su
pueblo.

      [88] Viajes de Toms Gage, captulo XVII, tomo II.

No hay en las Indias un pueblo, grande  chico, aunque no sea ms que
de veinte casas, que no est dedicado  la Virgen  algn santo.

Dos  tres meses antes de la fiesta se renen los indios todas las
noches para prepararse  las danzas acostumbradas en aquellos das, y
en estas asambleas beben gran cantidad de chocolate y chicha.

Hay una casa ordenada expresamente para cada manera de danza, donde
est un maestro que va  ensear  los otros,  fin de que la sepan
perfectamente, antes que llegue el da de la fiesta del santo.

En todo aquel tiempo no se oye otra cosa, todas las noches, ms que
gentes que cantan, que ahullan, que dan golpes sobre conchas y que
tocan fagotes y flautas. Mas cuando llega la fiesta, por espacio de
ocho das, se les ve bailar en pblico y poner en prctica todo lo que
han aprendido, en los tres meses, en aquellas casas.

Aquel da se visten muy bien de seda y tela fina con una gran cantidad
de listones y plumas, segn la naturaleza de la danza, que ellos
comienzan en la iglesia, delante de la imagen del santo patrn de su
pueblo,  bien en el cementerio; y durante la octava, van  bailar de
casa en casa donde les dan de beber chocolate, chicha  cualquier otro
brevaje, de suerte que por ocho das no se ve otra cosa que borrachos
en el pueblo, y si se les reprenden sus excesos, responden que ellos se
regocijan con su santo que est en el cielo, y que quieren beber  su
salud, para que se acuerde de sus devotos.

La danza principal que se practica entre ellos se llama _Toncontn_,
que algunos espaoles, que han vivido entre los indios, han bailado
delante del rey de Espaa, en Madrid, para hacerle ver algunas de las
costumbres de aquellos pueblos, y se dice que su Majestad catlica
qued muy satisfecha.

Ved aqu como lo bailan ordinariamente; los indios que deben bailarla
son lo menos treinta  cuarenta, segn el tamao del pueblo: todos
estn vestidos de blanco, tanto los jubones como los calzones y
ayates, que de un lado llegan  tocar la tierra: los calzones y los
ayates estn bordados de seda  de pluma  adornados con algn buen
galn. Algunos tambin alquilan jubones, calzones y ayates de tafetn,
hechos para el caso; llevan sobre la espalda grandes ramilletes de
plumas de todos colores, pegadas  un cierto aparejo dorado que hacen
expresamente para sto, y atado  sus espaldas con cintas,  fin
de que no caiga al tiempo del baile. Adems llevan sobre la cabeza
otro ramillete de pluma, pero ms pequeo que el otro, atndolo 
sus sombreros,  bien una especie de casco pintado  dorado, que se
acomodan en la cabeza.

Tienen adems en la mano un abanico de plumas y la mayor parte lo
llevan tambin en los pis, en forma de unas pequeas alas; algunos
usan zapatos, otros no; pero estn casi todos cubiertos de hermosas
plumas desde los talones hasta la cabeza.

El instrumento de que se valen para marcar la cadencia est hecho de un
tronco de rbol hueco, que es bien redondo y alisado por dentro, y por
fuera muy suave y reluciente, el cual es cuatro veces ms grueso que
nuestras violas, con dos  tres grandes hendiduras del lado de arriba
y algunos agujeros en la extremidad. A este instrumento lo llaman
_Tepanabad_.

Lo colocan sobre dos sillas  sobre un banco, en medio de los indios, y
el maestro del baile pega en l con dos palos guarnecidos de lana en la
estremidad, y cubiertos de un cuero, dado con pez para contener la lana.

Aunque tal instrumento produzca un sonido sordo y pesado, sin embargo
el que lo toca no deja de sacar diversos tonos segn el modo de dar los
golpes, y por el cambio de este tono, hace or  los que bailan los
movimientos que deben hacer, bien sea alargndose, bien encorvndose, 
bien cuando es necesario que canten  eleven la voz.

Adems de estas danzas, bailan tambin nuestras zarabandas y las de
los negros, con castauelas; pero el baile que atrae ms al pueblo y
lo atolondra, es una tragedia que representan bailando, que consiste
muchas veces en la muerte de San Pedro  en la de San Juan Bautista.

All se representa al emperador Nern, al rey Herodes con sus mujeres,
vestidas magnficamente; y otro personaje con un vestido talar, que
hace papel de San Pedro  San Juan Bautista, el cual, mientras que los
otros bailan se pasea en medio de ellos, con un libro en las manos como
si leyese oraciones: todos los que danzan estn vestidos de capitanes y
soldados con espadas, puales y alabardas en las manos.

Bailan al sn de un tamborcillo y varias flautas; algunas veces al
rededor y otras adelante, hablando muchas ocasiones al emperador  al
rey, y despus entre ellos, con el objeto de coger y hacer morir al
santo.

El rey y la reina se sientan frecuentemente, para orlos hablar contra
el santo, y para oir tambin sus defensas; despus bailan con los otros.

El fin del baile es crucificar  San Pedro, con la cabeza abajo, y
cortar la de San Juan Bautista, teniendo dispuesta al intento una
cabeza pintada en una fuente, que presentan al rey y  la reina,
quienes de jbilo bailan despus todos juntos, concluyendo por quitar
de la cruz al que representaba la persona de San Pedro.

La mayor parte de los indios tienen una especie de supersticin y
de apego  lo que hacen en este baile, como si hubiese all alguna
realidad  algo ms que la representacin de la historia.

Cuando yo me hallaba entre ellos, el que haba representado  San Pedro
 San Juan Bautista, tena siempre costumbre de venir  confesarse el
primero, diciendo que deban estar puros y santos como el santo que
acababan de representar, y que se deban preparar para morir.

De la misma manera, el que haba hecho el papel de Herodes  de
Herodas y los soldados que durante el baile haban acusado  hablado
contra los santos, venan tambin  confesar su crimen y  pedir la
absolucin."

Es de presumirse que los indios excitados por el licor, y apegados
siempre  sus antiguas creencias y tradiciones, representaran con
mucha fruicin esa farsa que refiere el P. Gage, imaginndose ellos, en
su loca danza, que estaban vengndose de San Pedro  San Juan,  quien
le cortaban la cabeza; pero despus, para no hacerse sospechosos ante
los conquistadores,  quienes tanto teman, iban  confesar sus pecados
hipcritamente arrepentidos de la irreligiosa bulla que acababan de
armar. El curioso baile que queda descrito revela bien el carcter de
la subyugada raza americana.




                           CAPITULO SEPTIMO

        =Estudio histrico-crtico acerca de la civilizacin y
          estado de cultura en que se hallaban los indios de
              Centro-Amrica, al ser descubierto el Nuevo
                      Mundo por Cristbal Coln=


                                SUMARIO

      Numerosas y grandes ciudades que hallaron los conquistadores
  en Amrica.--Ocupaciones  que se entregaban los indios.--Cmo se
  encontraba la propiedad rural en los pueblos aborgenes.--Tierras
  realengas, comunes y del culto.--El _Calpullec_, que velaba por los
  intereses generales.--Los rebaos eran del rey.--En que consista
  el tributo real.--Los indios estaban regidos militarmente.--Deban
  dar uno de sus hijos, por cada tres que tuvieran, para sacrificios
   como esclavos.--Poblacin de Centro-Amrica, antes de la venida
  de los espaoles.--Opulencia del reino del Quich.--Peste asoladora
  en el ao 1520.--La sfilis en Amrica y en Europa.--Industrias
  de los indios de Guatemala.--Las joyas, obras de oro y plata,
  tises finsimos y mosaicos de plumas.--La medicina entre los
  indios.--Remedios para curar diversas enfermedades.--Como
  curaban la enfermedad venrea.--Aplicacin de la carne de
  lagartijas.--Memoria del Protomdico de Guatemala Dr. don Jos
  Flores, sobre ese remedio.--Empleo del achiote.--Reduccin de
  lujaciones.--Sangras.--Embalsamamiento de cadveres.--Vestidos
  que usaban los indios de Guatemala.--Utensilios y costumbres
  domsticas.--Sacrificios y usos brbaros.--Baile libidinoso
  llamado _Oxtn_.--Castigo impuesto  los indios de Alotenango,
  por haber pretendido bailarlo.--Los pipiles del Salvador.--Los
  chontales de Honduras.--Los talamancas, guaimes y chorotegas de
  Costa-Rica.--Informe del Oidor de la Real Audiencia de Guatemala don
  Diego Garca del Palacio, al rey de Espaa.--Eran independientes
  de Moctezuma los reinos del Quich, Guatemala y Atitln.--Clebres
  ciudades de esos reinos.--Cmo fueron subyugadas por los
  espaoles.--Violacin de la clebre princesa Xuchil.

Despus de haber estudiado, con algn detenimiento, en los precedentes
captulos, el origen, manera de ser, desarrollo intelectual, creencias
religiosas, instituciones polticas, leyes civiles y penales, usos
y costumbres, diversiones, poesa, teatro, msica y baile de los
antiguos indios, y en particular de los de Guatemala; es oportuno
exponer cmo se hallaban al tiempo de la conquista del Istmo
Centro-Americano.

Sin el estudio que queda hecho anteriormente, no era posible resumir
la condicin social, poltica y econmica de los poderosos reinos
y numerosas tribus que habitaban nuestro suelo,  la sazn que el
desdichado hechicero cakchiquel anunci al orgulloso rey quich
Vahxaki-Caam que pronto vendran los hombres blancos, vestidos y
armados de pis  cabeza  convertir los palacios y los templos en
habitaciones de lechuzas y gatos de monte.[89]

      [89] Ximnez refiere detalladamente la tradicin de esa
      profesa de la conquista de Amrica.

Refiere el soldado historiador Bernal Daz del Castillo[90] que los
conquistadores encontraron en nuestro suelo "numerossimas y grandes
ciudades, al punto que hablando con don Pedro de Alvarado, decanle
alegres y satisfechos que no era el caso de echar de menos  Mxico,
con lo que acababan de descubrir."

      [90] Folio 164 del borrador original de la historia de Bernal
      Daz del Castillo, que existe en la Municipalidad de esta
      capital de Guatemala.

Casi todos los indios eran agricultores, aunque no pocos se dedicaban
al comercio y otros trabajaban muchas minas en varios puntos; pero la
extraccin de los metales no tena por objeto ni la utilidad privada,
ni la utilidad comn, sino el lujo de los soberanos y el esplendor del
culto religioso. Los terrenos eran de los reyes, quienes no solo tenan
en su territorio el sumo imperio, sino que, en nombre y por autoridad
de ellos, se sealaba  cada padre de familia una extensin de tierra,
para sus sementeras. Tambin la nobleza tena sus tierras; la comunidad
de las tribus las suyas, y, por ltimo los templos  sacerdotes eran
dueos de otras. En la distribucin que los rgulos y los del _calpul_
hacan  los particulares, tocaba mayor extensin al que tena ms
hijos, y ellos distribuan las semillas y vijilaban los cultivos. Desde
que comenzaba  tener el nio algunas fuerzas, ya no estaba ocioso;
hasta el anciano trabajaba, salvo que se hallase invlido  enfermo.
La moralizadora ley del trabajo se impona por la fuerza  los indios
inclinados de suyo  la inaccin y  la holganza; pero los pobres no
eran dueos de las tierras, dado que ejerciendo los nobles y rgulos un
poder tirnico, disponan como queran de ellas. No eran propiamente
los indios, ms que colonos, trabajadores  siervos de la gleba  de
sus amos.[91]

      [91] Simancas. Zurita. Carbajal, Espinosa.

La propiedad particular del suelo, tan civilizadora, tan estimulante,
tan necesaria para el desarrollo de los pueblos, cuando se ajusta 
las prescripciones econmico-polticas en cuanto  su distribucin,
no la conocieron los aborgenes, ni en Guatemala, ni en Mjico,
ni el Per, ni en ninguna parte del Continente. El sistema de la
propiedad territorial de los indios se asemejaba mucho al de los
seores y pecheros de la edad media en Europa[92]. Los feudos, las
cartas pueblas, el derecho de pernada y otros brbaros que tenan
aquellos magnates de horca y cuchillo, los tuvieron tambin anlogos,
los indios del Anhuac y del territorio de la Amrica Central. Los
mayores de una tribu formaban el _calpul_, que elega un principal,
llamado _calpullec_, para que velase por los intereses de la comunidad.
Cada ciudad tena tierras separadas, en los suburbios para llenar las
necesidades del ejrcito en tiempo de guerra. Las aguas pertenecan
tambin al monarca, el cual mandaba amojonar los lmites de las tierras
de las comunidades y pueblos por los _geges_ (ancianos).

      [92] Torquemada.--Monarqua Indiana, tomo II, pg. 545.

Los rebaos de ganado lanar, como llamas, alpacas y vicuas, eran
tambin del rey, quien haca distribuir las lanas, sin el menor
desperdicio, ya que saban cuanto necesitaban cada uno para los
vestidos que no cambiaban ni de color, ni de clase, ni de tela, ni de
forma.

El indio estaba obligado  trabajar una parte del tiempo para el
soberano, dndole una porcin de su cosecha, en forma de tributo, una
vez que aqul, como padre de todo el pueblo, tena trojes con granos
reservados para el pobre, el desvalido,  el de mala fortuna. Rara
vez, el hambre era una plaga; porque la nacin posea sus depsitos
de comunidad, reservados al tiempo de escasez. El oficio de hilar era
de las mujeres, y el de tejer los lienzos y urdir las mantas, estaba
reservado  los varones. La construccin de las casas, la hechura de
las armas, la pesca, la labranza de la tierra y los dems oficios
fuertes, eran de los hombres, mientras que las mujeres preparaban el
alimento y cuidaban de la prole menuda. La alfarera, la hechura de
los dolos, el adorno de los palacios, la construccin de acequias
y caminos, el laboreo de metales, estaban  cargo de compaas
ms  menos numerosas de indios de todas las provincias, quienes
se renovaban, segn el tiempo que deba durar el trabajo de cada
parcialidad.

Al indio no era dado viajar por su propia voluntad, ni salir fuera del
pueblo, sin permiso del cacique, el cual poda hacerlo que mudase de
domicilio y an trasladarlo perpetuamente  otra provincia remota.

Fu tan severa  ntima la dependencia en que estaban los descendientes
de Quicab y Tecum, de sus respectivos rgulos, que divididos los
indios en porciones de  diez individuos, los mandaba un decurin, y
as sucesivamente tenan jefes de  cincuenta, ciento, mil y diez mil
pobladores. El jefe inferior informaba al superior, hasta llegar 
noticia del cacique  monarca, la ms insignificante circunstancia de
su estado, regido se puede decir militarmente. Entre los indios, el
individuo era inmolado  las exijencias  necesidades del imperio. El
_salus populi suprema lex esto_, de los romanos, constitua la ms
sabia mxima de poltica de los cakchiqueles, quichs y dems imperios
del suelo americano. Era el principio reconocido en el mundo entero,
antes de la revolucin francesa, que rescat la personalidad humana de
la absorcin social en que haba vivido.

Si se da crdito  Oviedo y Torquemada, debe estimarse el tributo que
pagaban los indios en la tercera parte de sus productos, debiendo
entregar adems uno de sus hijos, por cada tres que tuviesen, para
sacrificios  como esclavos, pena de la vida, para el que no obedeciera
ley tan brbara como tirnica[93].

      [93] Oviedo. Historia General, tomo III, pg. 502. Herrera.
      Historia Gen. Dc. III, lib. 3. cap. X.

Si al rgulo  al monarca venales en mientes apoderarse de la hija 
de la mujer de cualquiera de sus sbditos, se las entregaban, para que
satisficiesen sus torpes apetitos.

Acerca del nmero de pobladores que tendran los reinos que ocupaban
estas comarcas centro-americanas, no es fcil encontrar un dato
cierto[94]. Sbese, sin embargo, que slo el del Quich poda poner
sobre las armas doscientos mil combatientes; de donde puede deducirse
que acaso tendra ms de dos millones de hombres, sin contar los
cakchiqueles y tzutojiles, que eran tambin muy numerosos. Adems haba
varias tribus y pueblos que aumentaran probablemente aquella cifra
hasta cuatro millones de almas.

      [94] Calculan generalmente que antes del descubrimiento de
      Amrica, haba en ella una poblacin de _cin millones_ de
      habitantes indgenas. Hoy en toda la Amrica existen ciento
      veitisis millones, de los cuales ocho, sern aborgenes puros.
      Vase "Population of Amrica, before and after its discobery by
      Christopher Columbus".

Torquemada afirma que la opulencia de los tultecas en el Quich,
poda competir con la de los incas del Cuzco y de los Moctezumas en
Mxico. El cronista Fuentes, que pas en persona por el mismo reino del
Quich, confirma esas relaciones, que aunque se estimaran algn tanto
hiperblicas, ofreceran siempre una base para formarse idea, siquiera
aproximada, de aquella rica y populosa monarqua[95]. No obstante es
preciso apuntar que tan opulentas y pobladas regiones, sufrieron en
el ao 1520, una peste asoladora de clera morbus, acompaado de una
terrible afeccin  la sangre, al extremo de que en pocas semanas
desapareci buena parte de la poblacin. Atac ms rudamente  los
nobles que eran los que padecan, por lo comn, del mal venreo.

      [95] Memorial de Tecpn Altitln. Isagoge Histrico
      Apologtico. Edicin mandada imprimir por el Gob. de
      Guatemala. Ao 1892, pg. 311.

Ximnez asegura "que era una seal de grandeza el sufrir de esa
dolencia, en razn de ser un signo inequvoco de ms poder para la
unin sexsual con muchas mujeres, de donde se suele contraer, cosa que
la gente vulgar y ordinaria no podia conseguir, ya por falta de medios,
ya por prohibirlo la legislacin de estos pases, que slo permita
poseer lcitamente  las mujeres que cmodamente se podiera mantener."
Ello sucedi que ms de veinte reyezuelos murieron de aquella plaga,
que comenz primero en Ixinch (hoy Tecpn Guatemala) y despus se
propag por otras partes.

Sabido es que en el siglo XV hizo la sfilis tales estragos en Europa,
que desbast  Roma y  muchas otras ciudades importantes, creyndose
despus, por unos, que de all haba venido  Amrica, y sosteniendo
otros que de aqu se haba llevado al Viejo Mundo. La verdad est hoy
demostrada, en el sentido de que tan fatal azote es comn al gnero
humano, desde tiempos remotsimos[96]. La peste del ao 1520 y las
viruelas en 1521, acabaron con una parte de los indios de este suelo
centro-americano, que sufrieron terriblemente en aquella poca, cuatro
aos antes de la conquista espaola. As y todo, estaban tales pases
cuando vino  ellos Alvarado, atravesando el Soconusco, muy ricos y
bastante civilizados.

      [96] "Ensayo histrico sobre el origen de la enfermedad
      venrea," por el Dr. D. Mariano Padilla. Vase tambin el
      Compendio de la Historia de Yucatn, por D. Crescencio
      Carrillo, pg. 94.

Es por extremo curioso contemplar el adelanto de los indios en algunos
ramos. Esmaltaban admirablemente los metales y tallaban, con arte sin
igual, las piedras preciosas. Eran magnficas las joyas que Hernn
Corts llev de estas regiones  su segunda esposa, consistentes en
esmeraldas, amatistes, carolinas, turquesas y palos. No conocan
los aborgenes el hierro, y se servan de utensilios de piedra dura
 de una mezcla de cobre y estao, que templaban tan bien, como
hoy se templa el acero. Lucan en los palacios, sacrificatorios y
edificios pblicos, el jaspe, el mrmol, el prfido, el alabastro y
la obisidiana. De esta ltima, hacan espejos pulidos, con marcos de
oro, y fabricaban tambin cuchillos, semejantes en el filo  una navaja
de barba[97]. Las obras de oro y plata que Carlos V recibi de Corts
llenaron de admiracin  los artstas de Espaa, Francia  Italia,
que las declararon inimitables[98]. Fabricaban los indios quichs y
cakchiqueles unos tisues finsimos. No conocan ni la lana, ni la seda
ordinaria. Tejan con algodn y hacan preciossimas telas de plumas y
de pelo de liebre  de conejo. Para los gneros fuertes usaban plantas
textiles diversas[99]. Entre los trabajos en que sobresalan los
indios, no deben olvidarse los mosaicos de plumas bellas y lucientes,
que tanto ruido hicieron entre los monarcas de Europa, que se los
disputaron. Pintaban grotescas figuras, con colores que extraan de
las plantas, rboles, conchas, flores y minerales. Su arquitectura
era slida, pesada y baja casi siempre, como para contrarrestar los
temblores de tierra.

      [97] Betancourt, Teatro Mexicano, t. I, trat. 11, cap. 4.

      [98] Gmara, Crnica de Nueva Espaa, ap. Barcia cap. 79.

      [99] Torquemana, Monarq. Ind. Lib. XIII, cap. 34, et lib. 14,
      cap. 14.

Tenan los indios de Guatemala importantes remedios para muchas
enfermedades que conocan y curaban. "El blsamo (_Myroxilon
Sonnatense_) impropiamente llamado del Per, que se recoje entre
Acajutla y ro Comalapa (costa del Blsamo) se usaba mucho por los
aborgenes, quienes lo vendan  los espaoles al precio de doscientos
cuarenta reales una botija _perulera_." La raz del _mechoacn_, que
los farmacuticos denominan con el nombre de _jalapa_, la empleaban
los indios, y hoy se usa generalmente como purgante. El ruibarbo,
especfico contra la bilis, se conoci tambin desde remotos tiempos.
"En 1535 se introdujo en la materia mdica europea el uso de la
zarzaparra (_mecacpactli_) de la que dice el inca Garcilaso de la
Vega[100] "no tiene necesidad de que nadie la loe, pues basta para su
loor las azaas que en el mundo viejo y nuevo ha hecho y hace contra
las Bubas y otras graves enfermedades". Lo mismo asegura este autor de
la _coca_,  cura que empleaban en lociones par las lceras venreas.

      [100] Comentarios reales, t. I, pg. 284.

Sahagun nos transmite[101] el modo que los antiguos mejicanos tenan
para curar las _Bubas_,  indica los medios para combatirlas.
Recomienda el uso interno de la yerba llamada por aquellos
_Tletlemoitl_, de la _Tletlequetzal_, y las limaduras de cobre sobre
las lceras y pstulas venreas.

      [101] Historia Gen. de las cosas de Nueva Espaa, t. III, pg.
      100  V.--Edicin de Bustamante 1830.

En Guatemala usaban tambin remedios tan sencillos como eficaces para
la curacin de las _Bubas_,  las que, como se ha dicho, daban nombres
particulares, segn su estado y tamao.

Desgraciadamente aqu, como en toda la Amrica espaola,[102] y an en
Europa, por motivos particulares y altamente interesados, se propag
por los primitivos conquistadores y sus inmediatos descendientes,
la absurda idea de que los indgenas eran poco ms  menos que unas
bestias. En consecuencia se holl su raza, se despreci y aniquil
su primitiva civilizacin..... Se pisotearon, quemaron y echaron al
viento las pabezas de sus secretos preciosos antes de darles una sola
mirada. Los quichs y los cakchiqueles, los inmediatos descendientes
de la ilustre raza tolteca[103] fundadora de la primitiva civilizacin
mejicana, fueron vistos en Guatemala, en esta parte de la Amrica, con
el mayor desprecio, con la ms alta altanera. Hasta estos ltimos
tiempos, por una inconsecuencia de que apenas el entendimiento puede
darse razn, la clase que llamamos ilustrada, usa an con misterio
de aquellos medicamentos _nagualsticos_ de los indios, que  los
principios haba desechado, dndoles despus un valor supersticioso.
Tambin es cierto que en todo el mundo pasa esto mismo, y el vulgo
siempre gusta de medicinas raras y caprichosas para las enfermedades
que menos conoce, y en sto est fundado el imperio del charlatanismo.

      [102] "Muchas yerbas hay en el Per, de tanta virtud para las
      cosas medicinales, que si las conocieran todas, no hubiera
      necesidad de llevarlas de Espaa, ni de otras partes; mas los
      mdicos espaoles se dan tan poco por ellas, que an de las que
      antes conocan los indios, se ha perdido la noticia de la mayor
      parte de ellas". Comentarios reales del inca Garcilaso de la
      Vega. Tomo I, pg. 284.

      [103] Las famosas monarquas de los quichs y cakchiqueles
      fueron fundadas por los toltecas. Esta palabra significa
      arquitecto,  bien oficial curioso y primero. A toda obra
      curiosa y acabada, se le llamaba obra tolteca. Los toltecas
      eran los sabios, los mgicos, los sacerdotes, los astrnomos
      (ellos arreglaban el tiempo  hicieron el calendario mejicano),
      los generales, los legisladores, los mdicos, los botnicos,
      (oxomoco cipactonatl), los poetas, los estatuarios, los
      pintores, los plateros, lapidarios, tejedores, fabricantes
      de tejidos de plumera y algodn, comerciantes agricultores,
      etc. Eran, en fin, el nucleo de la civilizacin primitiva, de
      todo lo que en la sociedad civil representa al gobierno, la
      inteligencia y las fuerzas morales y materiales de que tiene
      necesidad para su sostn y engrandecimiento.--Vase  Fuentes y
      Guzmn, M. S. Historia de Guatemala, Tomo II, pgs. 222, 225 y
      273.--Juarros, Tomo II, cap. I pg. 5.--Sahagn, Tomo III pg.
      109.--Fernaux Compans, Voyages, Relations et Mmoires. Tomo
      VIII. Apendice, pg. 297, etce.

La Amrica, despus de su descubrimiento, suministr  la materia
mdica europea medicamentos preciosos, y con especialidad una multitud
de drogas de que tanto necesitaban los conquistadores para la curacin
de la _sfilis_; que segn se ha visto, era la enfermedad en su poca.

Los indios de Mjico y de Guatemala[104] adems del guayacn, de la
zarzaparrilla, etc., tenan y an tienen recursos secretos para la
curacin de aquella y otras muchas enfermedades. Es cierto que ellos
son en general los que menos molestan  los mdicos espaoles por
aquellas razones, y porque son generalmente ms sanos, infinitamente
ms sufridos, de una sensibilidad ms obtusa, de un carcter ms
concentrado, de un modo de vivir ms simple y natural, y por
consiguiente mucho menos propensos  las enfermedades. Si no se
les hubiese perjudicado por tantos aos consecutivos, si no se les
hubiese tratado tan mal como se ha dicho, poseeramos hoy sus secretos
preciosos, los de su primitiva civilizacin, casi aniquilada, y las
razas no hubieran menguado, tanto por el mal tratamiento, que es lo
que ms desmoraliza, y los vicios  que d lugar, como por la incuria
gubernativa. La embriaguez en que el despecho los sumergi[105] y
despus los vicios, hijos suyos, han puesto esta raza al borde de su
ruina, ruina comn para las otras castas europeas, que se lamentan
extemporneamente de la falta de poblacin, que con nada puede aqu
suplirse, para todas las empresas agrcolas  industriales.

      [104] El Padre Sahagn dice: "Que los toltecas tenan mucha
      experiencia y conocimiento de las plantas y yerbas, y saban
      perfectamente las que eran tiles  nocivas, y ellos fueron
      los que dejaron sealadas y conocidas las que ahora se usan
      para curar, porque tambin eran mdicos. Fueron tan hbiles en
      el conocimiento de las plantas, que ellos fueron los primeros
      inventores de la medicina y los primeros mdicos herbolarios."
      Historia de las cosas de Nueva Espaa, Tomo III, pg. 109.

      [105] Leyes represivas y muy rigurosas dicen los historiadores
      regncolas que haba contra la ebriedad, y en algunas partes
      se castigaba hasta con la pena de muerte. Fuentes y Guzmn.
      M. S. Tomo II. Ximnez, M. S.--En Zurita se lee: "_Celui qui
      s' enivre jusqu' a perdre la raison, ne mrite pas d' avoir
      une maison dans une ville et d' tre compt au nombre des
      citoyens_."

Tomaban en otro tiempo los indios, segn refieren sus antiguas
tradiciones y manuscritos, pldoras hechas con la carne palpitante de
las lagartijas, que ellos llaman Cuetzpalin (Lacerta terrestris),  las
que reputaban como un especfico para la curacin del cncer, la lepra
y el mal venreo,[106] as como en otras pocas lo hacan los europeos
con las vboras,  las que reputaban tambin como un antivenreo.[107]

      [106] "_Instruccin sobre el remedio de las lagartijas_," por
      don Antonio de Len y Gama, dedicada al Ayuntamiento de Mjico,
      ao de 1782. Discurso crtico sobre el uso de las lagartijas,
      por don Vicente Garca de la Vega.

      [107] .......D'autres marques au visage et contraint user et
      manger toutes les paliatives, demeurant le fond et racines
      empoisonns et infeutes qui est languir et mourir  petit feu
      ..."--Contes et discours d' Eutrapel.--Estos fueron impresos
      por la primera vez en Rennes, Casa de Noel Gilamet, en 1586,
      y despus en Paris, en 1842; cap. 28, pag. 520. Vase desde
      cuando ya se curaba la sfilis en Europa.

El remedio de las lagartijas de los indios de Amatitln, ensayado y
acogido por el Doctor Flores, tuvo mucho crdito en Guatemala y en
Mjico.[108] En Italia hizo tanto eco, que lleg  llamar la atencin
de la Europa[109]  fines del siglo pasado, en trminos de consignarse
en obras clsicas.[110]

      [108] Memoria del Protomdico de Guatemala. Dr. Dn. Jos
      Flores, sobre el uso de las lagartijas, Mjico, 1782.--En la
      obra de Dicterich, "_Nuevo tratado sobre las enfermedades
      venreas_," traducido por el Dr. Palacios y Villalba, pg.
      80, se dice: "_Un clrigo espaol llamado Jos Flores, cuenta
      varias curas hechas en Amrica con lagartos_"--El Dr. Flores no
      fu clrigo, ni espaol europeo, sino americano, tampoco emple
      _lagartos_ (Alligator) sino _lagartijas_ (Lacerta agilis) que
      usaban los indios de Amatitln.

      [109] En efecto, se publicaron varios opsculos y tratados de
      los cuales haremos conocer algunos: "Dello specifico delle
      lucertolle  ramarro per la radical cura del cancro, della
      lebbra,  lue venerea, por Toscanelli, Turn, 1784.--Meo
      Saggio in torno al nuovo specifico delle lucertolle, Palermo,
      1784.--Racolta di vari oposculi publicati sin ora in torno al
      uso delle lucertolle per la curaggioni de cancri et altri mali.
      Npoles, 1785. Es largo el catlogo de las memorias y otros
      escritos que se publicaron sobre el particular.

      [110] Dicctionnaire des sciences medicales, en 60
      vlo.--Dictionnaire universel de matire medicale et de
      Therapeutique generale, por F. V. Merat, et A. J. Delsus, etc.,
      etc.

Con el maz, cuyos granos son de diferente consistencia, color y
tamao, preparaban distintas bebidas, y an el da de hoy, usan
nuestras gentes muchas de ellas y las tienen en gran estima. Tuestan
los granos de maz colorado, lo pulverizan despus, y en seguida le
mezclan agua y azcar, y forman una bebida agradable  la que llaman
_Chilate_, (_Chilatl_) muy recomendada para la gonorrea. La harina
de maz negro echada  fermentar en un cocimiento de zarzaparrilla,
guacayn, etc., y despus cocido para detener la fermentacin, forma
una especie de atole[111] que por ser una mezcla de otras cosas, ha
recibido de los indios el nombre de _Xoco-atulli_.[112]

      [111] Atole. As se encuentra esta palabra en los diccionarios
      de la lengua espaola. Es una corrupcin de la palabra mexicana
      atulli. Se compone de _at_ que significa agua, y de _ulli_,
      goma,  sea goma disuelta en el agua, qu razn tendran para
      corromperla?

      [112] Xoco-atulli.--Hoy se dice, siguiendo la alteracin de sus
      palabras radicales, Xuco-atole. Quiere decir atulli mezclado
      con algn otro fruto.--_Xoco_, la x debe pronunciarse como la
      _ch_ inglesa, y entonces da un sonido perfectamente imitativo
      al de los indios.

Con el mismo cocimiento de zarzaparrilla, guacayn, cebada y azcar sin
purificar (_rapadura_), hacen una cerveza agradable (_chicha_), que
reputan como antisifiltico y tiene un uso comn en el pas. As mismo
confeccionan con aquellas sustancias distintos jarabes.

El agua de achiote (Bixa Orellana) tiene mucha reputacin para la cura
de la gonorrea. Es de creer que los antiguos indgenas considerando
esta sustancia como un remedio apropiado para la sfilis, lo aplicaran
 ttulo de cosmtico, para precaverse de ella con la mira de
simularla, segn el Doctor Esparragosa,  con los dos fines  la vez.
En Hait, los mdicos  quienes llamaban _Bohuitih  Bohuitis_, antes
de salir de su casa para ir  ver al enfermo, se ponen negra toda la
cara con holln y carbn. Las grasas unidas  otros cuerpos inertes
como el achiote, algunas tierras, el polvo de carbn, etc., ponen una
barrera entre la piel y lo que toca con ella; por este motivo no
reputaran aquellos arbitrios, adems de los otros usos que les daban,
como medios profilcticos contra la lepra, por cuya causa siempre se
presentaban los indios untados de diferentes colores?[113]

      [113] _Ensayo Histrico sobre la enfermedad venrea_, por el
      Sr. Dr. Don Mariano Padilla.

Saban bien nuestros indios reducir una lujacin, sangrar con _chayes_
(obsidiana), soldar un hueso roto, curar sus heridas con aguas y yerbas
medicinales, extirpar tumores,[114] embalsamar los cadveres etc.
Los baos fros, templados y calientes, eran muy usados para ciertas
dolencias. El bao de _temaxcal_ que es  manera de bao turco muy
rudimentario, dentro de una especie de horno, lleno de vapor de agua,
lo han usado los indgenas desde los tiempos primitivos.

      [114] Olivares--Historia Civil, Lib. I, Cap. 14.

Los vestidos, entre los indios, no obedecan, ni obedecen, al capricho
inconstante de la moda. Siempre han sido los mismos, como entre los
orientales, y slo se diferencian de un pueblo  otro. Los nobles
llevaban un vestuario de camisa y calzones blancos con flecos, y sobre
ellos otros calzones labrados que les daban  la rodilla: traan las
piernas desnudas y su calzado era una sandalia de cabulla, asegurada
con unas correas sobre el tobillo y por el taln: las mangas de la
camisa las arregazaban hasta el codo, con una cinta azul  encarnada:
traan el pelo largo y cogido hacia atrs, trenzado con un cordn
de los referidos colores, que remataba en borla, insignia concedida
 grandes capitanes: ceanse la cintura con una toalla de colores,
que terminaba en una lazada por delante: sobre los hombros llevaban
una tilma de hilo blanco, labrada con figuras de pjaros y leones,
del mismo color, perfilada de torzales y flecos: traan taladradas
las orejas y el labio inferior, y pendientes en una y otra parte unas
estrellas de oro  plata, y en la mano la insignia de su oficio 
dignidad. Los indios del da slo se diferencian de los antiguos en
que traen el pelo cortado, las mangas de la camisa sueltas y no usan
pendientes ni en las orejas, ni en el labio.

Las indias visten con grande honestidad: cubren el medio cuerpo con
unas enaguas, que les llegan hasta el tobillo y un _gipil_, que puesto
sobre los hombros las cubre hasta las rodillas: ste era todo labrado
de hilo de colores, y en el da lo bordan con seda. El cabello lo
usan trenzado con cintas de hilo de varios colores; y tambin traan
zarcillos en las orejas y en el labio inferior.

El traje de los indios mazeguales  plebeyos era muy simple y pobre:
no se les permita el uso de mantas de algodn, sino de unas telas de
pita; y ste se reduca  una camisa larga, cuya falda delantera la
entraban por entre las piernas hacia atrs, y la de las espaldas la
traan hacia adelante, cindose con una tohallita y abrigando con otra
la cabeza. Este traje lo usan todava algunos indios de las costas;
aunque lo ms comn es que los indios de tierras clidas anden casi
desnudos, sin ms que el _maztlate_, que es un pao con que en parte se
cubren.

Los indios brbaros del reino de Guatemala,  distincin de los de
Sinaloa, que andan enteramente desnudos, traan una tohalla larga en
la cintura, que entrando por la horcajadura, les cubra siquiera algn
tanto. Los nobles usaban esta tohalla de algodn muy blanco; mas los
plebeyos la hacan de cierta corteza que puesta  la corriente del ro
por algunos das y despus bien batanada, pareca una finsima gamuza
de color anteado. Andaban siempre pintados de negro, lo cual no era
slo por gala, sino por preservarse de los mosquitos: ceanse las
cabezas con una cinta de algodn blanca  de otros colores, y en ella
prendan algunas plumas rojas, que los capitanes  seores las usaban
verdes. Traan el pelo suelto hacia la espalda, y pinjantes en los
labios y narices. Llevaban el arco y la flecha en la mano y el carcax
colgado al hombro.[115]

      [115] _Juarros_, Historia de Guatemala. Tt. II, pg. 32.

Si el famoso Torquemada (2 parte, cap. 28) no exagera, hase de
creer que los indios del reino de Guatemala ponan muy particular
cuidado en la educacin de sus hijos, pues haba seminarios para
nios y nias nobles. Los mazeguales vivieron en ruda dependencia,
y las infelices mujeres llevaron siempre  sus nios colgados  las
espaldas y sostenidos por un pao, que todava se atan sobre el pecho.
As trabajan y andan grandes jornadas. No los abrigan ni los mecen en
cunas, sino que los echan al suelo  los duermen en rsticas hamacas.
Comen sin mantel ninguno, y duermen en toscos _tapexcos_, formados de
caas  de troncos de rboles. Tuvieron en otro tiempo, los magnates y
grandes muchas ms comodidades y una cultura que hoy ya no se revela en
ninguno de esos pueblos.

En medio de esa civilizacin relativa en que se encontraban los indios
de Guatemala, al tiempo de la conquista, haba sacrificios humanos
y otras brbaras costumbres, que reseadas quedan en los captulos
anteriores. Nada extrao es que, as como en la culta Roma, iban las
vestales mismas y las nobles doncellas  deleitarse al anfiteatro con
escenas horribles, de sangre y de dolor, fuesen las indias americanas
y los nios  presenciar, con uncin, las impas farsas y cruentos
holocaustos de sus idoltricos ritos.[116]

      [116] Brasseur de Bourbourg, p. 678, tt. IV: Histoire du
      Mexique et de l' Amrique Centrale.

Eran muy dados nuestros indios, segn se ha visto en el captulo
anterior,  los _mitotes_  bailes de diversos gneros, siendo digno de
mencionarse el que llamaban _oxtum_, y que lo hacan al sn de los ms
ruidosos instrumentos de msica, preparndose antes por algunos das,
sin tocar mujeres, y tomando afrodisiacos. Durante el baile, rales
lcito apoderarse de las hembras que les pluguiese escoger, para usos
torpes y deshonestos.[117]

      [117] Recordacin Florida de Fuentes y Guzmn, t. I, p. 41,
      Madrid 1882. Los indios de Alatenango, mandaron  ofrecer mil
      pesos al Capitn General Dn. Martn Carlos de Mencos,  fin
      de que les diera licencia para bailar un _Oxtum_. No se les
      concedi tal permiso, ni se les recibi el dinero, sino que se
      les impuso un castigo.

Los pipiles, en el Salvador, se contaban entre las naciones
semicivilizadas, en el siglo XVI, cuando los espaoles llegaron  estas
tierras; pero nunca tuvieron rey, sino dos capitanes, electos por los
sacerdotes,  quienes todos obedecan[118]. En realidad, esos pequeos
jefes, dice Squier, ms bien eran aliados, para fomentar y proteger los
intereses generales[119].

      [118] Garca. Origen de los indios, pg. 329.

      [119] Squier, Central Amrica, pg. 331.-4.--

Cuando los espaoles llegaron  Nicaragua, se hallaba aquel territorio
dividido en provincias, habitadas por tribus de distintas lenguas,
acerca de las cuales habla Oviedo, refiriendo que eran gobernadas por
ancianos electos por el pueblo.

Los chontales de Nicaragua eran muy incultos, y no les iban en zaga los
talamancas, guaimies, chorotegas, y otros de la parte de Costa Rica,
que casi han desaparecido.

Aunque ya se ha hablado detenidamente, en el captulo III, de los
sacerdotes, de los altares, y de los sacrificios que hacan  sus
dioses, creo muy oportuno transcribir aqu lo que acerca de esos
puntos, pudo observar el oidor de la Real Audiencia de Guatemala, D.
Diego Garca del Palacio,  raz de la conquista espaola, quien en su
informe al rey, le dijo: "Allende del cacique y seor natural, tenan
un Papa que llamaban _Tecti_, el cual se vesta de una ropa larga azul,
y traa en la cabeza una diadema y  veces mitra, labrada de diferentes
colores, y en los cabos de ella, un manojo de plumas muy buenas, de
unos pjaros que hay en esta tierra, que llaman _quetzales_[120];
traa de ordinario un bculo en la mano,  manera de obispo, y  ste
obedecan todos en lo que tocaba  las cosas espirituales. Despus
de ste, tena el segundo lugar en el sacerdocio otro que llamaban el
_Tehua-Matlini_, que era el mayor hechicero y letrado en sus libros y
artes, y el que declaraba los ageros y haca sus pronsticos. Haba,
allende de estos, cuatro sacerdotes que llamaban _Teupixqui_, vestidos
de diferentes colores y de ropas hasta los pis, y eran negros,
colorados, verdes y amarillos, y stos eran los del consejo de las
cosas de sus ceremonias, y los que asistan  todas las supersticiones
y boberas de su gentilidad. Haba tambin un mayordomo, que tena
cuidado de guardar las joyas y preseas de sus sacrificios, y el que
abra y sacaba los corazones  los sacrificados, y haca las dems
cosas personales que eran necesarias. Sin los dichos haba otros, que
tenan trompetas  instrumentos de su gentilidad, para conocer y llamar
la gente  los sacrificios que haban de hacer."

      [120] An hoy lleva el mismo nombre este pjaro en todo
      Centro-Amrica; y es sin duda alguna el de ms hermoso plumaje
      de toda la Amrica. Es el quetzal (_Trogon resplendens_ Gould,
      _Pharomacrus Mocinno_, de La Llave) del tamao de una paloma,
      su plumaje de un color tornasol verde-dorado, el pecho es de un
      color cinabrio brillante, y el macho, al tiempo de empollar,
      luce generalmente dos hermossimas plumas de tornasol, verde
      dorado que  menudo tienen la dimensin de un metro. El adorno
      de la cabeza del sacerdote mayor, mencionado arriba, debe de
      haber consistido en un penacho de estas plumas de quetzal.

No hubo, segn afirma Bernal Dez del Castillo (cap. 172) al tiempo
de la conquista, ningn camino de Mjico para estos pueblos de Centro
Amrica, sino estrechsimas veredas, que en muchos lugares se cerraban.
Eran independientes de Moctezuma los poderosos monarcas del Quich,
Guatemala y Atitln. La corte de los mames,  sea Huehuetenango,
hallse desierta y asolada,  la sazn que Gonzalo de Alvarado lleg
 conquistarlos y  batir la esplndida fortaleza de Socaleo, en la
cual murieron mil ochocientos indios. Era aquella ciudad muy rica y
populosa; pero la ms grande, opulenta y digna de atencin fu la
historica Utatln, que ha sido ya descrita en el captulo II. _Xelah_,
que hoy es Quezaltenango, estaba gobernada por diez capitanes, y tena
ms de trescientos mil habitantes. Adems, era famosa la ciudad de
_Chemeque_, que quiere decir _sobre el agua caliente_, y hoy es el
pueblo de Totonicapam, perteneciente al seoro quich, que pudo poner
 disposicin de Tecum-Umn noventa mil combatientes. La ciudad de
Quirigu es monumental, y de ella hizo una descripcin muy notable Mr.
Maudslay, viajero ingls, que visit nuestro suelo[121]. Estando en
Guatemala aquel anticuario, supo por mi amigo Don Eduardo Rockstroh,
haber otra ciudad inexplorada, que muy  la ligera haba visto en sus
excursiones. Situada en un recodo del ro Usumacinta, en un paraje
en que los violentos raudales impiden la navegacin y donde vienen 
coincidir los lmites de Tabasco, Chiapas, Petn, y Huehuetenango,
pasada la Sierra Madre, se encuentra apartada de todo trnsito, aunque
prxima al pueblo de Tenosique y  las ruinas de Palenque. Llamaban al
referido lugar _Manch_,  ciudad del Usumacinta, contndose maravillas
de los monumentos.

      [121] Explorations in Guatemala, and examinations of the newly
      discovered Indian ruins of Quirigu, and the Usumacinta. 1833.

Entre los cakchiqueles fueron clebres las ciudades de _Patinamit_
 Tecpn Guatemala, y _Mixco_, con fortificaciones excelentes y gran
cultura y adelanto. En el seoro Zutujil se admira la famosa corte de
Atitln, entre riscos escarpados  la orilla del lago ms pintoresco
del mundo. Cuando los espaoles lograron sojuzgar aquel belicoso
pueblo, era muy crecido el nmero de habitantes, de espritu altivo y
genio indomable. Hernn Corts en una de sus cartas al emperador Carlos
V, refiere haber visto en Guatemala templos como los de Mjico. El
sacrificatorio de Tohil, en Utatln, era un grandioso edificio cnico,
con una gradera al frente. En la cspide tena una planicie colosal,
con una alta capilla de piedra tallada y techo de preciosas maderas.
Las paredes eran de fino estuco, y sobre un trono de oro y piedras
preciosas estaba colocada la imagen del dios[122]. De las ruinas de las
grandes construcciones del Quich se han sacado cimientos para casi
todas las casas de la poblacin actual y materiales para construir la
iglesia que es grande y parte de los edificios pblicos que hoy existen.

      [122] Villagutierre--Historia de la Conquista Itza, p. 402.

La poderosa monarqua de Utatln se hallaba,  la venida de los
espaoles, en el colmo de su prosperidad y grandeza. Extensa de suyo,
rica en tierras y cultura, seora ya de muchos pueblos circunvecinos,
que haban sucumbido  la ambicin de Kicab Tanub, quera subyugar, en
guerra sangrienta,  los zutujiles y  los mames, para ser la duea
del ms bello territorio que se extiende entre ambos mares y en el
centro del mundo. Estaba la nacin Quich, en su mayor auge, como la
Roma de los Csares en vspera de la cada del imperio, cuando vino
 realizarse de sbito aquel vago presentimiento que aterraba  la
raza indgena; aquella siniestra idea de que alguna vez sera sierva
de valerosos conquistadores; y el fantasma sombro, que mostr con
aterida mano las oprobiosas cadenas, vino  turbar el sueo puro de las
vrgenes cakchiqueles. En vano Kicab Tanub implor auxilio del valeroso
Sinacam, rey de Guatemala, quien se declar amigo de los _teules_
(espaoles). El presuntuoso monarca zutujil contest al requerimiento
del quich, _que l solo y sin ayuda, se dara traza de defender sus
dominios de menos hambrientos y ms numerosos ejrcitos que aquel de
los extranjeros que marchaba contra Utatln_.

No bastaron  los valientes quichs ni sus numerossimos ejrcitos,
que llegaron  doscientos treinta y dos mil infantes; ni sus ardides
y celadas; ni su blico ardor, al ver muerto  su rey en el campo de
batalla; ni el recuerdo glorioso de las hazaas de sus progenitores; ni
el haber dejado, con su sangre, teido el rio _Xequijel_..... Tuvieron
que sucumbir, como buenos, al rudo golpe del destino, y el sagrado
_quetzal_ dej de serles propicio.

Entre las princesas reales del Quich, era Xuchil la ms bella y
graciosa. A la llegada de los espaoles, acababa de casarse con uno de
los primeros dignatarios de la corona. La vi el jefe conquistador, y
so pretexto de saber por ella algunos detalles del modo de ser de las
cosas, la hizo llevar ante s violentamente. Corri sobresaltado y casi
loco el marido de la princesa, se arrodill ante el espaol, ofrecile
mucho oro y joyas por el rescate de aquella joven, con quien el amor
y lazos sagrados lo unan; pero el brbaro jefe, sin piedad y sin
escrpulos, arroj de all  las esclavas que llevaban los presentes;
se qued con ellos; aprision al importuno marido; y despus de
desfogar su torpe liviandad, conserv  la desdichada Xuchil entre sus
concubinas[123].

      [123] M. S. Cackchiquel,  Memorial de Tecpn Atitln.

      Proceso de residencia de D. Pedro de Alvarado, pg. 77.
      Brasseur de Bourbourg--Histoire du Mexique et de l' Amrique
      Centrale, t. 4. p. 656.

En andas de oro y con valiosos presentes sali despus el sencillo
Sinacam, esmaltada su gloria con veintiocho coronas de sus nobles
ascendientes,  ponerse  las rdenes del conquistador Dn. Pedro
de Alvarado. El antiguo reino de _Jiutemal_ paso as rendido  los
monarcas de Espaa. El guila cakchiquel pleg sus alas, y abandon
para siempre  los primitivos seores de nuestro suelo.

Ni pudo el _Zutujil_ cumplir su palabra empeada, de defender l solo
sus dominios; ni fu dado  las otras trbus contener el mpetu invasor
de los valientes iberos, que merced  la divisin de los indios, 
sus implacables rivalidades,  la inferioridad de sus armas y  la
enorme diferencia de cultura en que se hallaban, hicieron posible la
conquista americana, en todo caso heroica; por ms que histricamente
fuera natural, y de antemano se hallase decretada por los designios
inescrutables de la Providencia.




                             SEGUNDA PARTE

        =Los indios durante la dominacin espaola en Amrica=




                           CAPITULO PRIMERO

             =Podero espaol, rgimen colonial, y suerte
               reservada  los indios por la Conquista=


                                SUMARIO

      Podero de Espaa en el siglo XVI.--No ha habido conquista sin
  atroces crmenes.--Despotismo, centralismo y errores econmicos de
  la Pennsula.--La ley cohiba la libertad, y el anatema religioso
  dominaba la razn.--A los indios se les trataba con dureza y
  crueldad.--Se populariz la idea de que no eran hombres.--Los reyes
  de Espaa, sin embargo, pusieron empeo en proteger  los indios.--La
  reina Da. Isabel la Catlica tuvo  mal  Coln que los hiciese
  esclavos.--Carlos V y Felipe II expidieron leyes favorables  los
  indios.--La Recopilacin de las Leyes de Indias.--Obstculos que  su
  cumplimiento se oponan.--Antes de los comienzos del siglo XVII ya
  haba disminudo en ms de la mitad la poblacin indgena americana.

El descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo, y las famosas victorias
que en el antiguo Continente llev  cabo Carlos V, hicieron de Espaa
la ms poderosa de las naciones, en cuyos vastos dominios jams se
pona el sol. Ms de veinte veces mayor que el imperio romano, y
con riquezas superiores  los delirantes sueos de la ambicin, se
extenda en el siglo XVI, por las principales partes del planeta, la
monarqua espaola.

Los populosos y antiqusimos imperios de esta mitad del globo fueron 
ley de conquista sometidos por los audaces aventureros, que hicieron
flamear en el Continente nuevo el pendn de castillos, smbolo de la
real majestad del trono de San Fernando. Desde Chiguagua hasta la
Tierra del Fuego, se obedecieron los mandatos y se acataron las leyes
de Felipe II y sus dems sucesores. Bajo el imperio del monarca ibero
quedaron los valientes aztecas, los indmitos quichs, los orgullosos
cakchiqueles, los sufridos zutujiles, los altivos incas, y las tribus
todas que poblaban la parte ms culta y rica de la Amrica.

Cul fu la suerte que cupo  los indios durante aquella conquista, y
cmo se les trat y gobern mientras fueron sbditos de Espaa? Tal es
la materia de esta segunda parte, que procurar tratar sin prevenciones
y odios, que hoy no tienen razn de ser, contra la Madre Patria, que
nos dej su lengua, su religin, sus costumbres y su cultura social;
pero no por eso me ser dable bosquejar el cuadro del gobierno de
la colonia, sin sombras ni manchas; dado que no hubo en la historia
conquista alguna sin violencias atroces, crmenes inauditos, dolores
indecibles y torrentes de lgrimas y sangre. Procurar, en todo caso,
al dejar correr mi pluma, que sea como quera el orador romano que se
escribiese la historia, _sin odio y sin amor_.

En cambio de la flexibilidad que los reyes espaoles mostraron para
aprovechar los elementos indgenas del Nuevo Mundo, rechazada por la
raza anglosajona como colonizadora, tena el gobierno de los virreyes
y capitanes generales, muchas desventajas. "En efecto, Espaa, que en
poltica soportaba y profesaba el despotismo, que en administracin
practicaba el centralismo ms completo, y que en economa poltica no
dej de aceptar un solo error, ni logr poner en prctica una sola
verdad, no poda dar  sus colonias americanas ms que lo que posea:
despotismo, centralismo, y en consecuencia miseria.

Segn el sistema espaol, el rey era, legalmente al menos, y acaso de
intencin, el padre  ms bien dicho el tutor de sus fieles sbditos.
Estos estaban, por lo tanto, bajo la real potestad y bajo la guarda
de sus gobernantes. Punto de partida funestsimo que haba de ser
manantial de todo gnero de torpezas  iniquidades. Una vez admitido,
en efecto, era preciso admitir que el rey era ms competente que sus
fieles sbditos, tomados uno  uno  en conjunto, para saber lo que les
poda aprovechar  perjudicar, y que por lo tanto tena facultad, y era
el nico que la tena para arreglar segn su leal saber y entender, la
religin, la familia, la industria, el comercio, las costumbres y hasta
los peinados y los trajes. Consecuencia funesta de un principio falso,
pero consecuencia rigurosa.

En efecto, en materia de gobierno,  se cree que los gobernantes,
llmense como se llamen, tienen _poderes delegados y limitados_,  se
cree que pueden y deben tomar cuantas medidas estimen conducentes al
progreso y bienestar de la comunidad. El primero es el rgimen de los
Estados Unidos; el segundo era el rgimen de Espaa."[124]

      [124] Zorobabel Rodrguez, Miscelanea literaria, t. II, p. 213.

No haba, ni nunca pudo haber expansin social, ni iniciativa
particular,  influjo de aquel prurito de reglamentarlo todo. Cuando
se estudia la antigua legislacin de Espaa, psmase uno al ver que la
voluntad del monarca intervena hasta en las cosas ms balades, en los
asuntos ms ridculos. Ni slo en Madrid _anduvieron  picos pardos_
muchas encopetadas seoras, cuando se public la pragmtica para poner
 raya  las concubinas de los clrigos, ni slo all se daban reglas,
por el legislador, acerca del tamao que por abajo y por arriba deban
tener los vestidos de las mujeres, sobre las joyas que podan usar las
nobles y las plebeyas. Fu asunto serio la forma del peinado y altura
del copete de los oidores, el traje del presidente, las etiquetas
del cabildo, el monopolio del pescado por los frailes, las fiestas
en que hubiese asistencia  la iglesia mayor. La autoridad,  ttulo
de solicitud paternal, meta la mano en los ms recnditos secretos
de la vida domstica. La ley en lo civil cohiba en aquella poca la
libertad, y el _anatema religioso_ dominaba la razn.

En cuanto  los indios, tratseles con dureza y hasta con crueldad;
crueldad y dureza que inspiraron al filntropo P. Las Casas su obra
famosa, que  la vez que revela su elevado y noble corazn, ostenta la
aspereza  inhumanidad de los procedimientos de que fueron vctimas los
dueos de este suelo. "Para tranquilizar sus conciencias, para acallar
los remordimientos, que quiz experimentaban de cuando en cuando, los
conquistadores inventaron la teora de que los indios no eran hombres
como los otros hombres; eran simplemente animales superiores al mono;
eran _siervos  natura_, segn la expresin tcnica, escolstica, que
se cre para formular la idea.

Estos indios, decan los conquistadores, son tan brbaros, que no
merecen el nombre de racionales.

"A ttulo del barbarismo, silvestre y fiero natural, de las ms
naciones de estos indios, expone el jurisconsulto Solrzano, fueron
muchos de parecer que se les poda hacer guerra justa, y aun cazarlos,
cautivarlos y domarlos como  salvajes, movidos por la doctrina de
Aristteles y otros"[125].

      [125] Solrzano Pereira, Poltica Indiana, libro, II, cap. I,
      nmero I.

Se ve, por esta cita, que aquella lleg  ser una opinin no vulgar,
sino cientfica, por decirlo as, apoyada en las ms excelsas y
acatadas autoridades.

Y efectivamente, fu defendida con el mayor calor de palabra y por
escrito; y en ciertas ocasiones solemnes delante del emperador Carlos
V, que asisti desde su trono, y rodeado de sus altos dignatarios, 
controversias sobre esta materia[126].

      [126] Herrera, Historia General de las Indias, dc. II, libro
      IV, cap. 4. y 5., y dc. III, lib. 8. cap. X.--Edicin que
      se encuentra en la Biblioteca Nacional de Guatemala.

La doctrina de la condicin inferior y servil de los indgenas
americanos lleg  generalizarse tanto, y  ser tan aceptada, que
el Papa Paulo III se crey obligado  condenarla, como lo hizo por
dos breves expedidos en Roma,  10 de Junio de 1537, en los cuales
decidi "que es malicioso y procedido de codicia infernal y diablica
el pretexto que se ha querido tomar para molestar y despojar los
indios, y hacerlos esclavos, diciendo que son como animales brutos 
incapaces de reducirse al gremio y fe de la iglesia catlica; y que l,
por autoridad apostlica, despues de haber sido bien informado, dice
y declara lo contrario, y que manda que as  los descubiertos como
los que adelante se descubrieren sean tenidos por verdaderos hombres,
capaces de la fe y religin cristiana, y que por buenos y blandos
medios sean atrados  ella, sin que se les hagan molestias, agravios
ni vejaciones, ni sean puestos en servidumbre, ni privados del libre
y lcito uso de sus bienes y haciendas, con pena de excomunin, _lata
sententia ipso facto incurrenda_, y reservada la absolucin  la Santa
Sede Apostlica,  los que lo contrario hicieren, y que esa an no se
les pueda dar sino en el artculo de la muerte, y precediendo bastante
satisfaccin"[127].

      [127] "Los Precusores de la Independencia de Chile, por Miguel
      Luis Amuntegui. Tomo II, pg. 8a. Santiago, imprenta de la
      Repblica, 1871.

Ni es slo el historiador chileno el que pinta con vivos colores la
malhadada suerte de los indios. El notable literato Gonzlez Surez,
dice "que los indios llegaron  comprender el ansia que los espaoles
tenan de oro, y en venganza y represalia de los malos tratamientos
que de ellos reciban, ocultaron todas las riquezas que en la ciudad y
en otros pueblos haba, y tan bien las escondieron, que hasta ahora,
no se ha logrado descubrirlas, y tal vez no se hallarn jams. Empero,
los conquistadores, vindose burlados en sus ms lisonjeras esperanzas,
descargaron toda su clera contra los indios, y principalmente contra
los caciques  rgulos de los pueblos,  quienes tomaban presos y
atormentaban para que declararan donde estaban escondidos los tesoros
de Atahualpa. A unos quemaban  fuego lento,  otros les cortaban
las orejas,  les mutilaban cruelmente, cortndoles no slo las
orejas, sino las narices, las manos y los pis. Amarraron  muchos
de dos en dos por las espaldas, y as amarrados los ahogaron en el
Machngara, precipitndolos desde las peas, por donde se complacan en
verlos bajar, dando botes, rodando hasta el agua. Por dos ocasiones,
encerraron  muchos en casas y les pegaron fuego, hacindoles morir
dentro abrasados. Otro gnero de crueldad usaron, que destruy 
millares  los indios, y fu la siguiente: para los viajes, para las
expediciones que emprendan, reclutaban centenares de indios, y los
empleaban en hacerles llevar  cuestas el fardaje: los pobres indios,
con mezquino y nada sustancioso alimento, durmiendo  la intemperie,
rendidos de cansancio, abrumados de fatiga, quedaban muertos en
los caminos, de tal manera, que de los muchos que eran llevados 
esas expediciones, apenas volvan  sus hogares unos pocos. En esas
expediciones no se respetaban ni los ms sagrados vnculos de la
naturaleza, ni los ms tiernos afectos del corazn: el espaol tena
en ms su rocn que un indio!!... Las familias se vean desoladas,
porque los padres, los esposos, los hermanos, eran llevados por el
conquistador lejos de sus hogares  climas mortferos, de donde les
sera casi imposible volver; as es que el viaje con los extranjeros
era la despedida para el sepulcro. Y muchas veces no era el clima
insalubre, ni la falta de alimento, ni el cansancio, lo que haca
perecer  los desventurados indios: los espaoles, para hacerse temer,
incendiaban de propsito los pueblos y los reducan  cenizas,  hacan
despedazar  los desnudos indgenas con jauras de perros, que mandaban
llevar con ese objeto; ni era menos frecuente el ver las mujeres
oprobiadas por el sensual conquistador, quien, para cohonestar sus
vicios, calumni  la raza americana, diciendo que era incapaz de los
delicados afectos de familia"[128].

      [128] Herrera, Oviedo y Castellanos hablan bien claro de las
      crueldades cometidas por los conquistadores contra los pobres
      indios en Amrica: aqu, como en todas partes, la conquista
      ofrece escenas sangrientas. Vase el Opsculo del P. Fray
      Bartolom de las Casas, sobre la _Brevsima destruccin de las
      Indias_, en el tomo 71. de la Coleccin de documentos inditos
      para la Historia de Espaa-Madrid 1879. El conocido acadmico
      de la Historia, seor Fabi, hizo una nueva edicin de los
      escritos del P. Las Casas, para completar  ilustrar con ellos
      la Biografa del famoso defensor de los indios. En el tomo
      II de la Biografa, en el apndice XXI, se halla una copiosa
      relacin de las horribles crueldades que se cometieron en la
      conquista de Amrica. Segn este documento, Rumiahui muri
      asaetado: y Zopozopangui atenaceado. Creemos estas narraciones
      no poco exajeradas.

No soy yo, por cierto, de los que creen que si nuestras miradas no
divisaran  Coln y  las Casas, no se vera en medio de las escenas
abominables que han ensangrentado la Amrica, nada que pudiese consolar
la humanidad. Con raras excepciones sin embargo, los aventureros que
venan  estas tierras, en lo que menos pensaban era en el bien y
provecho de los miserables indios, sino en hacer riquezas,  cambio de
exponer momento  momento la existencia. As es que no puede parecer
extrao que explotasen y maltratasen  los primitivos pobladores de
los pases conquistados. Ni la poca era de extremada cultura, ni el
mvil que los traa fu de civilizacin, ni las ideas de entonces,
ni el ambiente social en que se encontraron, daban lugar  otros
trmites y procederes que aquellos de los espaoles; y en medio de
todo eso, es innegable que los reyes de Espaa, desde el punto del
descubrimiento, pusieron mucho empeo en amparar y proteger  los
naturales de Amrica. La magnnima doa Isabel, cuyo corazn era fuente
inagotable de amor hacia sus sbditos, di rdenes muy estrictas para
el buen tratamiento de los indios, y hasta enfadse con Coln porque
_osaba convertir en esclavos  sus vasallos_[129]. En el testamento
de la excelsa reina, recomend muy encarecidamente que se amparase 
los aborgenes. El emperador Carlos V y el sombro y cruel Felipe II
expidieron leyes paternales en pro de los indgenas. _La Recopilacin
de Indias_ es un elocuente monumento de la regia solicitud con que, en
todas ocasiones, los monarcas espaoles se preocuparon por la felicidad
de los aborgenes; pero ya se ver por qu aquellas filantrpicas
disposiciones se quedaban casi siempre escritas en el papel, sin dar el
resultado que hubiera sido apetecible.

      [129] Navarrete--Coleccin II, nmero 45.

Con la conquista, quedaron los vencidos en verdadera esclavitud, de
hecho[130], hasta el punto de que, pasados los horrores de la guerra,
tenan los hijos de los reyes de este suelo que demandar por limosna el
pan  sus seores los espaoles, como les sucedi  los descendientes
de Atahualpa. Con todo, no fu tan absoluta la abyeccin en que cayeron
los aborgenes, que no dejasen de hacer alguna vez esfuerzos heroicos
por su libertad, sin lograr ms que promover el derrame  torrentes de
ms sangre y provocar la ira horrenda de sus dominadores, que acabaron
por disminuir en ms de la mitad la poblacin americana, antes de que
alboreara el siglo XVII, segn lo demostrar en uno de los captulos
siguientes.

      [130] Vase "Los viajes de Toms Gage"--Pars--1838, tomo II,
      pgina 71, en donde habla de la miserable condicin de los
      indios de Guatemala, "_tan triste como la de los esclavos_."

La conquista de Amrica fu, en suma, la epopeya apocalptica de
heroicos hechos, proezas increbles, vicios horrendos, actos salvajes,
virtudes filantrpicas, creaciones nuevas, destrucciones impas y ayes
de dolor de una raza entera. Necesaria evolucin, acaecida cuando el
mundo antiguo, en medio de estruendoso clamoreo, se hallaba viejo y
estrecho para el Renacimiento de la humanidad.




                           CAPITULO SEGUNDO

                         =Las leyes de Indias=


                                SUMARIO

      Carcter y tendencias de las Leyes de Indias.--Noble
  conducta de Felipe IV para con los indios.--Pragmtica de don
  Carlos II.--Privilegios en favor de los indios.--Conducta de los
  conquistadores.--El inters pudo ms en Amrica que la elevada
  actitud de los monarcas espaoles.--Informe del arzobispo
  don Cayetano Francos y Monroy acerca de la condicin de los
  aborgenes.--Cmo se desvirtuaban las filantrpicas miras de los
  reyes espaoles.--Motivos principales que se oponan al buen gobierno
  de las Indias.

Todo lo relativo al gobierno de Amrica estaba tan prolija y
menudamente reglamentado en las Leyes de Indias, que parece no hubieran
querido los monarcas espaoles dejar nada fuera del alcance de los
preceptos legales. Ni hay en el mundo otro cdigo que haya previsto
tanto caso, ni consultado con ms solicitud las ocurrencias todas que
podan acaecer en este Continente. Si la tendencia de esta legislacin
era la de alargar lo ms posible el podero espaol en las colonias,
tambin es preciso reconocer que tales leyes reflejan un espritu de
justicia y de proteccin hacia los aborgenes, de que ningn otro
pueblo conquistador, ms que Espaa, puede envanecerse.

Si se consulta la poca en que las _Leyes de Indias_ se expidieron y
el estado en que la Amrica se encontraba despus de la conquista,
se comprender por qu no era dable que se hiciera ms de loque se
hizo, en esa famosa compilacin, que si respira  las veces espritu
restrictivo, propio de aquellos tiempos, ostenta  vueltas de los
defectos de que resiente, intencin elevada y deseo de amparar  los
infelices aborgenes.[131]

      [131] El ao 1680 se public la Recopilacin de Indias.

En 1628, llegaron  noticia de Felipe IV los malos tratamientos de
que eran vctimas los naturales de estos pases, y no slo recomend
la ms estricta observancia de todas las anteriores pragmticas y
cdulas en pro de los indios, sino que, inspirado por un celo noble y
en extremo laudable, escribi de su puo lo siguiente: "Quiero que me
dis satisfaccin  m y al mundo del modo de tratar esos mis vasallos,
y de no hacerlo con que en respuesta de esta carta vea yo ejecutados
ejemplares castigos en los que hubieran excedido en esta parte, me
dar por deservido; y aseguros que aunque no lo remediis, lo tengo
de remediar, y mandaros hacer gran cargo de las ms leves omisiones en
esto, por ser contra Dios y contra m, y en total ruina y destruccin
de esos reinos, cuyos naturales estimo y quiero que sean tratados como
lo merecen vasallos que tanto sirven  la monarqua, y tanto la han
engrandecido  ilustrado."

Carlos II hizo insertar este mandato de su padre en la ley 23, ttulo
X, libro VI de la _Recopilacin de Indias_, declarando que "su voluntad
era que los indios fuesen tratados con toda suavidad, blandura y
caricia, y de ninguna persona eclesistica  secular ofendidos; y
mandando  los virreyes, presidentes, audiencias y justicias que visto
y considerado lo que el rey don Felipe IV haba sido servido de mandar,
y todo cuanto se contena en las leyes dadas en favor de los indios, lo
guardasen y cumpliesen con tan especial cuidado que no diesen motivo 
su indignacin, y para todos fuese cargo de residencia."

Aquellos soberanos, dice D. Miguel Luis Amuntegui, no se limitaron
 reconocer una y mil veces, y de la manera ms solemne, que los
indgenas americanos eran iguales  sus vasallos espaoles, y tan
libres como ellos, y por lo tanto dueos de sus personas y de sus
bienes.

Hicieron ms todava.

Decretaron en su favor todos los privilegios que el derecho ha
inventado para amparar contra los abusos del fraude y de la violencia 
las personas ignorantes  desvalidas.[132]

      [132] Los indios estuvieron  cubierto de las iniquidades de la
      Inquisicin. Ley 25, t. I. Libro 6.--Ley 17, Lib. I, de la Rec.
      de Indias.

      En el t. 1. del Cedulario de la antigua Real Audiencia hay
      muchas cdulas en favor de los indios del Reino de Guatemala.

Entre otros, son muy notables los que siguen:

Los virreyes, audiencias y dems magistrados de las Indias deban poner
particular cuidado en que los indios comprasen sus bastimentos por
precios equitativos, "tasndolos con justicia y moderacin"; y "en que
los hallasen ms baratos que la otra gente, en atencin  su pobreza y
trabajo," debiendo castigar los excesos con demostracin."[133]

      [133] Recopilacin de Indias, libro 6, tt. I, ley 26.

Eran declaradas nulas las compras que se hicieran  los indgenas, 
menos que se efectuaran en almoneda pblica, debiendo pregonarse por
el trmino de treinta das si se trataba de bienes races, y por el de
nueve si se trataba de muebles que valiesen ms de treinta pesos de oro
comn. Los objetos de menos valor no podan ser enajenados sin permiso
 intervencin de la justicia.[134]

      [134] id id id id 4, tt. I, ley 27.

Las tropelas y vejaciones perpetradas contra los infelices naturales
causaban tanto disgusto, tanta repugnancia, tal vez tanto sonrojo
en la corte, que los reyes ordenaron que en las capitulaciones para
nuevos descubrimientos "se excusara la palabra _conquista_, y en su
lugar se usara de las de _pacificacin_ y _poblacin_, pues habindose
de hacer con toda paz y caridad, era su voluntad que aun este nombre
interpretado contra la real intencin no ocasionase ni diese color
 lo capitulado, para que se pudiese hacer fuerza ni agravio  los
indios".[135]

      [135] Recopilacin de Indias, libro IV, tt I, ley 6.

Por desgracia, la supresin del nombre no importaba la supresin de la
cosa.

De los hechos que acabo de mencionar muy en resumen, aparece que haba
acerca de la condicin y tratamiento de los indgenas americanos dos
doctrinas diametralmente opuestas, sostenida la una por los reyes y
practicada la otra por los conquistadores.

La opinin real era defendida en Amrica, comunmente por los
eclesisticos y los legistas.

Segn los conquistadores, los indios eran siervos _ natura_, incapaces
de comprender y malos por instinto; especie de bestias, que no podan
tener otro fin que el de ejecutar oficios de tales. Al observar la
manera como se trata  los indios, escriba el rey  la audiencia
de Quito en 19 de Octubre de 1591, "parecen haber nacido slo para
el servicio de los espaoles"; y en efecto era lo que crean los
conquistadores.

Segn los reyes, los indios eran hombres como todos los otros, aunque
ms desgraciados y miserables,  quienes los monarcas de Espaa, por
disposicin de Dios y del papa, deban instruir en la verdadera fe,
para que en la tierra sirviesen  las dos Majestades, y pudieran de
este modo ser bienaventurados en el cielo.

El destino del desdichado indio, era para los conquistadores el
provecho personal de su amo; y para los reyes, su conversin al
catolicismo.

Cualquiera habra imaginado que la doctrina sostenida con tanto empeo
y constancia, de abuelos  hijos, por los omnipotentes reyes de Espaa
hubiera sido la que haba de prevalecer.

En abstracto, prescindiendo de las circunstancias especiales, esto
habra sido lo lgico, lo natural; pero la fuerza de la situacin pudo
ms que la voluntad soberana de una larga serie de monarcas absolutos y
venerados.

En vano dijeron: esto es lo que queremos y lo que ordenamos; y en vano
se llevaron repitindolo de ao en ao, por espacio de tres siglos.

Su generoso y ardiente anhelo de hacer  los indgenas dichosos en este
mundo y en el otro, tuvo que quebrantarse delante de una situacin
que no pudieron dominar completamente, que no pudieron amoldar  sus
benficos planes.

El genio de Coln haba dado  los reyes de Espaa la magnfica presea
de un vasto mundo, ignorado hasta entonces en medio de las aguas del
ocano.

Pero una vez descubierto el nuevo Continente, haba que tomar posesin
de l; haba que conquistarlo, como se dice en la lengua vulgar; haba
que pacificarlo y que poblarlo, como dice la ley de Indias.

La empresa era por dems ardua y dificultosa.

Para ello, haba que imponer la ley  una poblacin desprovista de
medios de ataque y defensa comparables  los de los europeos, pero en
compensacin sumamente numerosa; y sobre todo, haba que vencer una
naturaleza exuberante  imponente; los ros, las selvas, las cinegas,
las cordilleras; y haba que soportar todo linaje de privaciones y de
penalidades, desde el hambre hasta la fiebre.

Habra sido bello, admirable, sublime, el espectculo de una nacin
que se hubiera encargado de convertir  la civilizacin aquellas
poblaciones brbaras  semibrbaras, con todo desinters, sin otro
estmulo que el de servir  un principio santo, que el de cumplir un
gran deber, que el de realizar una obra que se presuma ser sumamente
grata  Dios.

Las cruzadas de esta especie  la Amrica, en el siglo XVI, para
libertar  los indgenas de los vicios de la barbarie, habran sido
harto superiores  las que en el siglo XI se dirigieron al Asia para
libertar de la dominacin musulmana el santo sepulcro.

No pretendo negar que entre las turbas de aventureros que vinieron
al Nuevo Mundo, al tiempo del descubrimiento,  en las pocas
posteriores, hubiera algunos varones insignes y preclaros  quienes
animaban los afectos ms generosos, el anhelo de la gloria, el deseo
del engrandecimiento de la patria, el propsito de ser tiles  sus
semejantes y  su religin.

Pero por desgracia esas fueron excepciones.

La gran mayora de los conquistadores y colonizadores espaoles miraban
ms por la granjera de sus haciendas, que por la salvacin de las
almas infieles.

Aquello que buscaban con empeo desmedido era, no tanto mritos para la
bienaventuranza celestial, como recursos para la prosperidad terrena.

Inmediatamente que llegaban  una comarca, preguntaban  los indios por
el oro y la plata que en ella haba, hasta el extremo de que algunos
de los interrogados se persuadieron que estos metales eran el dios que
aquellos extranjeros adoraban.

Ahora bien, no podan obtener el codiciado atesoramiento de riquezas
sin la cooperacin forzada de los indgenas.

Los conquistadores espaoles eran relativamente muy pocos: algunos
millares de individuos esparcidos en un vastsimo Continente.

An cuando hubieran tenido voluntad de trabajar, y tiempo de hacerlo,
no habran bastado por s solos, particularmente en medio de tantas
y tan variadas atenciones, para enriquecerse, y sobre todo para
enriquecerse pronto y muy pronto, como lo pretendan.

La metrpoli,  lo que se ocurre, no poda disponer ms que de dos
arbitrios para tomar posesin del Nuevo Mundo:  formar cuerpos pagados
de conquistadores,  dejar la empresa  la actividad individual de sus
sbditos.

Lo primero era materialmente imposible. La monarqua espaola, de
erario siempre escueto, no tena que gastar. Para equipar las tres
miserables carabelas de la expedicin de Coln, la reina Isabel tuvo
que empear sus joyas. Cmo habra podido la metrpoli levantar
ejrcitos asalariados para enviarlos  Amrica y en seguida proveerlos
y mantenerlos en ella?

No quedaba ms que el segundo arbitrio, que fu el que se adopt.

Pero habra sido insensato imaginarse que tantos aventureros desalmados
hubieran venido  arrostrar todo linaje de fatigas y penalidades, sin
el atractivo de una ganancia pronta y muy cuantiosa.

Y sta, dadas las circunstancias, no poda conseguirse sin la
explotacin de los pobres indgenas"[136].

      [136] "Los precursores da la independencia de Chile," por
      Miguel Luis Amuntegui, Tomo II, p. 18 y 19.

Por eso no bast el plausible anhelo de los monarcas iberos para hacer
felices  los indios. El inters, que es la gran palanca que mueve al
mundo, pudo ms en Amrica que la noble actitud de los reyes espaoles,
desde el otro lado del ocano; el inters de los que aqu venan en
busca de oro, les hizo considerar  los indios como siervos _ natura_,
 pesar de las opiniones de los legistas y de los eclesisticos, que
propalaban por lo comn, los derechos de los pobres naturales de estas
tierras, como antes se ha dicho.

El Ilmo. Don Cayetano Francos y Monrroy, Arzobispo de Guatemala, en
un informe que expidi el 13 de Agosto de 1784, deca: "Es opinin
entre algunos que _al indio hasta quitarle el dinero y el pellejo_.
Lo peor no es que se diga, sino que se ejecute........ He aqu porqu
dice el Seor Palafox que el juicio de los indios ha de ser terrible y
temible. Sin embargo, no extraar que haya quin diga que es preciso
tratarlos de esta suerte para sujetarlos y que no se subleven. Tampoco
me har fuerza que se asegure que el indio es por naturaleza incapaz,
idiota y poco menos qu irracional. Lo primero,  ms de ser por decirlo
as, una hereja poltica, es un error enorme, y sto slo se puede
decir por quien no los ha tratado, odo ni visitado, como padre y
como pastor, que como dice el Pr. Palafox, es donde nicamente se les
conoce. Lo que  m me ha enseado la experiencia sobre este punto,
es  la verdad todo lo contrario; y por lo mismo, afirmar que por lo
comn se vive muy equivocado, pues el indio es por naturaleza humilde,
agradecido, garboso, fiel y capaz para cualquier oficio y aun tambin
para el estudio, pues no ha faltado algn otro, aunque muy raro, que
habindose dedicado  las letras se ha graduado en la universidad de
Salamanca, y ascendiendo  las sagradas rdenes, ha desempeado con
acierto el oficio de prroco en el pueblo de Ocosocoutla del obispado
de Chiapa"[137].

      [137] "Gaceta de Guatemala," del lunes 6 de Junio de 1803.--n.
      306, tomo VII, folio 239.

Es innegable, pues, que  la sombra de las benficas leyes de Indias
se haban introducido en Amrica, innumerables abusos, y que, por
medios ingeniosos y atrevidos se burlaban las ms de las veces las
providencias reales. A mediados del ltimo siglo, emitieron dos
clebres matemticos, D. Antonio de Ulloa y D. Jorge Juan un informe
secreto  Fernando VI, que fu impreso en Londres el ao 1826, en la
tipografa de R. Taylor. En esa importante obra, escrita por dichos
sabios, se narra la crueldad y extorsiones de que fueron vctimas los
indios; las causas de su origen y los motivos de su continuacin,
durante tres centurias.

Ni era hacedero humanamente que, hace trescientos aos,  raz de la
conquista del Nuevo Mundo, en medio de las preocupaciones y errores
de aquellos tiempos, dejasen de cometerse abusos, desvirtundose
las filantrpicas leyes de los monarcas iberos, que no podan
ver lo que pasaba aquende el ocano. Era tarda la administracin
y dispendiosos los trmites. Para reparar una falta necesitbase
mucho tiempo y sobra de dilatorias. La precisa intervencin de los
tribunales de las Audiencias en todos los negocios gubernativos era
constantemente la causa del entorpecimiento de las disposiciones del
Consejo de Indias, de las resoluciones de los virreyes, y del curso de
los procesos, por ms serios  importantes que fuesen. Los virreyes
pasaban casi todos los asuntos  las Audiencias para evitarse cargos
en las residencias, y tenan que contemporizar con los oidores, que en
ltimo caso seran sus jueces. Las Audiencias desplegaban gran fuerza
subyugadora en sus respectivos distritos, y absorban con su influencia
todos los elementos gubernativos. Eran los territorios muy extensos,
las comunicaciones harto lentas, y la vida administrativa pausada
y soporosa. El aparato y el trmite prevalecan sobre la justicia
prctica. Los procesos y los pleitos ahogaban el derecho, mientras
languidecan los intereses y se llevaba una existencia montonamente
triste.




                           CAPITULO TERCERO

            =Fr. Bartolom de las Casas en Guatemala, y el
              tributo, los mandamientos y las encomiendas
                            de los indios=


                                SUMARIO

      Conatos de rebelin de los indios.--Malos tratamientos de
  que eran vctimas.--Fr. Bartolom de las Casas.--Su filantrpica
  misin.--Conquista pacfica de la Verapaz.--Tratado latino del P.
  Las Casas "De nico vocationis modo"--Oposicin de la Real Audiencia
  de Guatemala al obispo Las Casas.--Notas del Cabildo de la ciudad
  de Guatemala malquistando  Fr. Bartolom de las Casas con el
  emperador Carlos V--Trabajos del protector de los indios para que se
  abolieran los _mandamientos_.--El servicio personal de los aborgenes
  en Guatemala.--Las encomiendas.--Opiniones de los jurisconsultos
  Albornoz, Len, Matienzo y Herrera sobre las encomiendas.

Hacanse las reducciones de los indios  sangre y fuego por los
conquistadores, habindose aquellos sublevado ms de una vez, al
contemplar rotos sus dolos, violadas sus mujeres, y en estado de
esclavitud  sus hijos. Los incas se esforzaban heroicamente por
recobrar su libertad; los araucanos se alzaron; los aztecas pusieron
en conflicto  los espaoles en la _noche triste_; los quichs se
revelaron contra el yugo extranjero; los zendales tomaron otra vez
las armas, creyendo que volveran  ser los seores de su tierra; y
Quiruba, cacique de los jbaros del Paute, mand tocar el cuerno del
combate contra los blancos, y redujo  cenizas la ciudad de Logroo,
arrebatando para sus soldados  todas las mujeres jvenes, hasta  las
monjas de la Concepcin, que despus fueron, cual otras sabinas, las
madres de los hijos de aquellos brbaros.

Natural era que las naciones de las razas primognitas de este
hemisferio se empearan en resistir la servidumbre que les imponan los
conquistadores, que cayeron sobre ellas como una terrible maldicin,
llevando el exterminio y el llanto hasta el pueblo ms remoto y la
choza ms apartada.

En medio de este cuadro de sangre y de dolor, se alza, cual emblema
de virtud, de humanidad y de consuelo, el meritsimo Fr. Bartolom de
las Casas, protector ferviente de los indios, que vino para abolir
aqu los tributos de jvenes y nias, entregadas  la liviandad de los
conquistadores; para poner trmino  la hoguera y  la horca; y para
abogar contra la rudeza de los mandamientos y encomiendas[138]. Dirase
que fu el angel bueno, que enjugaba las lgrimas de los infelices
conquistados[139]. Fr. Bartolom de las Casas es el modelo de la fe,
la piedad y el espritu verdaderamente cristiano, que contrasta con el
fanatismo feroz de Luque, Dvila y Valverde[140].

      [138] Crnica indgena.

      [139] Las Casas vino  Guatemala  principios del ao 1531.

      [140] Oeuvres de Marmontel. Vol. III, Los Incas.

Cuando se considera que la aberracin y la codicia pusieron en duda
hasta la racionalidad de los aborgenes, y que el orgullo de los
conquistadores, en todas las pocas y en todas las naciones, ha visto
con odio  los que han sucumbido  la fuerza del destino; se magnifica
y se eleva el filantrpico misionero que abogaba por la raza vencida, 
pesar del torrente de las ideas y de la oposicin de los dominadores.
Mientras que don Pedro de Alvarado haba sometido  los indios,
por medio del terror en las tierras vecinas al golfo de Honduras,
el piadoso domnico se preparaba para la conquista pacfica de la
regin ms rica que haba entonces, por estas primitivas comarcas.
Denominbase _tierra de guerra_, lo que despus llamse _Vera Paz_,
nombre que revela la tranquilidad  que llegaron aquellos pueblos, por
el convencimiento y no por la fuerza de las armas. El P. Las Casas
haba escrito un tratado latino, con el nombre de "_Verdadero modo de
convertir_" (_De nico vocationis modo_), por medio de la predicacin.
Hizo componer en lengua quich sencillas canciones, en que estaban
expuestas las doctrinas fundamentales de la religin cristiana, y
dispuso que aprendiesen  cantarlas algunos de los naturales, que ya
se haban sometido, y que despus se presentaban como mercaderes para
despertar la curiosidad de los pueblos que iban  reconocer. La novedad
de las baratijas que vendan, y el canto y msica que empleaban, dice
Remesal, atrajo pronto  los curiosos de Tesulutln, que en 1537,
fueron visitados en persona por el mismo Fr. Bartolom, pacfico
redentor de los indios bravos de la Vera-Paz.[141]

      [141] Herrera, Dc. I, Libro IX, cap. 14.

Ni se limitaba el celo del piadoso misionero  reducir, por la razn,
 los pueblos de aquella exuberante zona; que tambin el filantrpico
discpulo de Cristo, clam por que no se impusieran los onerosos
tributos y las tequiosas encomiendas sobre aquellos  quienes llamaba
hijos suyos. La Real Audiencia de Guatemala era contraria  los
propsitos del protector de los aborgenes, quien con fe inquebrantable
en sus propsitos y alentado por su corazn magnnimo, tuvo que hacer
viaje  Espaa para abogar por los indios y por la conquista pacfica
de las tierras de la Corona. El Cabildo de la muy Noble y Leal Ciudad
de los Caballeros de Guatemala, dirigi con fechas 20 de Abril de
1540 y 10 de Septiembre de 1543, oficios al emperador, tratando de
malquistar  Fr. Bartolom de las Casas,[142]  quien llamaron "_frayle
no letrado, non sancto ynvidioso, vanaglorioso, apasionado, ynquieto y
no falto de cudicia_." Tampoco se mostr amistoso hacia l, el obispo
Marroqun, que tambin hizo malvolas apreciaciones de su conducta,
ante el gobierno de Espaa.[143] Casi todos se burlaban de las
filantrpicas ideas del Vicario de los Domnicos, quien sostuvo siempre
que slo por la persuacin era legtimo tornar al cristianismo  los
indios. Hoy la historia le ha hecho justicia, y recuerda con admiracin
al varn humanitario que indujo al gobernador del reino de Guatemala,
Alonso de Maldonado,  no establecer encomiendas en la Vera-Paz, y 
que ningn espaol entrara all por el trmino de cinco aos.[144]

      [142] Gavarrete, cop. Doc. 41, 42.--Arvalo, Coleccin
      de documentos antiguos, 15, 16.--Edicin de "El Museo
      Guatemalteco"--1857.

      [143] Bancroft, Volume VII, page 354. Ieazbalceta, Colec. Doc.
      I, 255.

      [144] Convenio de 2 de Mayo de 1537 y Cdulas de 17 de Octubre
      de 1540 y 1. de Mayo de 1543.

Los misioneros fueron hasta el centro de aquella regin, y despus de
convertir al cacique Don Juan, que as decan al jefe de las tribus,
juntronlas en pueblos, que se hallaron ricos y felices, mientras
no cayeron en manos de la codicia de los aventureros. Los choles,
los manchs y otros fueron reducidos por los religiosos domnicos,
quienes fundaron muchos pueblos; pero el ao de 1678, sin que se sepa
el motivo, volvironse  internar  los montes.[145] Sera acaso
porque comenzaron  sentir el duro yugo de los encomenderos,  pesar
de los esfuerzos del virtuoso Padre Las Casas que tanto hizo porque
se aboliera la _mita_; institucin odiosa que haca huir  los indios
 esconderse en los bosques.[146] Para comprenderla, bastar decir
que los infelices aborgenes eran vasallos inmediatos de la corona, 
dependientes directos de otro vasallo, al cual haban sido cedidos en
encomienda, durante la vida del encomendero  de sus hijos; pero en
todo caso estaba sujeto cada indio al _tributo_, que era un impuesto
que pagaban en maz, mantas, aves de corral, cacao y otros productos.
Por un salario fijo se les obligaba  trabajar en el cultivo de los
campos, en el cuidado de los rebaos, en la conservacin y construccin
de caminos y edificios pblicos. Deban concurrir al trabajo alternados
y en cierto orden. Esto era lo que se llamaba _mita_,  sean los
_mandamientos_, que hasta el da, por desgracia se conocen. Verdad
es que las leyes mandaban que no se sacase  los pobladores de una
comarca, sino hasta cierto nmero de leguas de distancia, y que se
les dejase tiempo para sus sementeras y que no se les obligara fuera
de su turno, y que no se les exijiese mayor trabajo que aquel  que
se hallaban obligados; pero no es menos cierto que la mita, como dice
el historiador Barros Arana[147] lleg  ser un motivo de terror para
los desgraciados indios. En vano se residenci  varios, entre otros
 un Gobernador de Honduras, porque mandaron repetidas veces  los
naturales de los pueblos muy lejos de su domicilio. El defecto estaba
en la institucin, y no era hacedero que el rey de Espaa, desde el
Escorial, pudiese evitar la serie de abusos infames que se cometan. En
el ao 1680 form el oidor de Guatemala Chacn Abarca unas ordenanzas,
reglamentando los mandamientos que siempre fueron manantial de
tropelas contra los indios.

      [145] Juarros--Historia de Guatemala, tt. 2 p. 131.

      [146] La Real Cdula de 30 de Octubre de 1547, dispuso que
      ningn espaol entrase en la Verapaz sin licencia del Sr. Pedro
      de Angulo y otros religiosos domnicos, y que saliese de tal
      provincia don Francisco Montejo, sin sacar indios, bajo pena de
      muerte. Otra Real Cdula, expedida  instancias de Las Casas,
      dispuso con fecha 9 de Octubre de 1549, que no se les hiciese
      guerra  los indios de Chiapa, sino que por medios pacficos se
      les indujera  la religin.

      [147] Historia de Amrica, pg. 49, tt. II.--Vase la Noticia
      Histrica de Soconusco por don Manuel Larrainzar, pg. 22.--Los
      _yanaconas_ eran verdaderos esclavos en el Per, Quito y otras
      regiones. Vase la Historia del Ecuador, por Gonzlez Surez,
      tt. III, pg. 455.

Pues bien; Fray Bartolom de las Casas predic y escribi mucho
contra los mandamientos y contra el "tributo trimestral de doscientas
cincuenta mantas, cuarenta y dos _ziquipiles_ de cacao y lo de la
sementera."[148] En aquellos tiempos de absolutismo, en que no se
reconocan derechos individuales, en que las ideas econmicas eran
erroneas,  raiz de la misma conquista, consideraba el abogado de
los indios que era una verdadera esclavitud eso de llevarlos 
trabajar de un punto  otro, sacndolos de su domicilio y forzndolos
 rudas faenas. Hoy,  fines del siglo XIX, que se oiga siquiera sea
tardamente, la voz de Fray Bartolom de Las Casas, y que queden
abolidos los _mandamientos de indios_. Antes de que se le erija la
estatua que, con tanta justicia acord el Gobierno levantarle, no debe
haber ya _mandamientos_ en Guatemala.

      [148] Pacheco y Crdenas. Col. Doc. VII 231..6. Coleccin
      de las obras del Padre Las Casas, _publicacin de
      Llorente_--_Paris_, 1822.

Empero, ya he de tratar ampliamente ese punto en el lugar que le
corresponde. Cumple ahora apuntar solamente que, desde el principio
del descubrimiento de Amrica, se establecieron las encomiendas y los
mandamientos de indios, contra los cuales trabaj despus con ardor
el fraile dominicano, sin que los espaoles cedieran ante su celo y
razones.[149] Por otra parte, los mismos eclesisticos se enriquecan 
expensas de los indios, ocupando un nmero crecidsimo en los curatos
y cofradas, pues  la verdad que no todos estaban inspirados por el
benfico anhelo del memorable Las Casas.[150]

      [149] Juan A. Llorente, biografa del P. Las Casas, al
      principio de las obras de este venerable obispo.

      [150] Por Real Cdula fecha en Zaragoza  30 de Junio de 1547
      se dispuso que el presidente y oidores de la Audiencia Real de
      Guatemala, pudiesen encomendar  los indios que vacasen.

Solrzano[151] nota que, por el ao 1568 en las provincias de
Guatemala y en otras de Chile, Quito y Nueva Espaa, no acababa de
desarraigarse el servicio personal que muchos encomenderos exigan
por va de tributo, rehusando de todo punto su tasacin. Herrera (5,
10 y 9,) hablando de mediados del siglo XVI, expone que al fin de
mucho tiempo se ejecutaron las nuevas leyes en el Per, Nicaragua y
Guatemala,  costa de mucho caudal de la real hacienda, muchas muertes
y destrucciones; y refirindose al mismo siglo XVI, aade: despues
ac por remisin de algunos viso-reyes y lo mismo presidentes y
gobernadores, y por otras razones, las reales provisiones hechas con
muy buen acuerdo de su consejo para la conservacin de los indios, se
relajaron con gran dao de ellos. Aga, que escribi el ao de 1603,
supone vigente en su tiempo en las mismas provincias esta especie de
esclavitud; y no parece haberse extinguido hasta haber sido sustituida
por otra muy diferente en sus trmites, pero idntica en la sustancia,
y acaso ms funesta en sus estragos.

      [151] Libro II, cap. II.

Otra especie de servicio personal, que tambin se enderezaba 
particulares comodidades y aprovechamientos, se introdujo antiguamente
en todas las provincias de las Indias; y an se conserv en muchas,
con haber tantas leyes y ordenanzas que lo prohiben. Pidiendo los
espaoles, pobladores y habitantes de ellas,  las justicias, que para
el servicio de sus personas y casas, y traerles agua y lea,  cuidar
de sus cocinas y caballerizas, les repartan algunos indios por semanas
 meses; que les sirvan, aunque no quieran, pagndoles un corto jornal,
 los cuales en el Per llaman mitayos de servicio, y violentndoles y
oprimindoles con este color,  servicios graves y laboriosos. Estos
repartimientos se llamaron en el pas mandamientos, y prevalecieron
despus de la edad del clebre Casas.

Apenas por el ao de 1552 se despach carta  la Audiencia de
Guatemala, encargando  los oidores de ella que saliesen  la visita
de la tierra, tuviesen cuenta de hacer que los indios trabajasen en
sus haciendas y heredades, y en las ajenas, y no se les permitiese la
ociosidad, dando por razn, que se dice, son flojos y holgazanes, y si
no se provee que trabajen para su provecho, no tendrn ningn gnero de
polica, ni aprovechamiento, lo cual sera en dao suyo. Todava en el
propio ao de 52, se prohibi, por cdula de 20 de Marzo, el dar los
indios para labrar las casas de espaoles, y se manda que no se les
den, si no los que quisieren trabajar de su voluntad, y pagndoles muy
bien sus jornales.

Pero ya en cabildo de 12 de Noviembre de 72 se recibe mal que el seor
presidente reserve del servicio ordinario de la ciudad  los indios,
y se acuerda pedir no los reserve, y no remedindolo, se apele de su
provedo para la Real Audiencia, y se siga por todas instancias. En
cdula de 74, ya se permiten estos servicios expresamente, y se ordena
que se den repartimientos para edificar y reparar las casas de los
espaoles, y otras obras pblicas, como sea con moderacin, y buena
paga en mano propia. Entre las obras pblicas cuenta este escritor
las fuentes, puentes, puertos, aperturas y reparos de caminos. Entre
tanto, en cdula remitida  Mjico se nota que los pueblos de indios
hacen las obras pblicas, que son muchas y son compelidos  poner los
materiales y el trabajo de sus personas, sin que por razn de esto, se
les descuente en sus tributos: que sobre ello son muy molestados, y por
otra parte pagan los tributos enteramente, y reciben notable dao.

No obstante, en carta de 75, se dice al virrey de Mjico, que siendo
necesario, se apremie  los indios  trabajar en las minas, sacndolos
por repartimiento de sus pueblos, como se hace para las obras pblicas
y sementeras. En cabildo de 18 de Febrero de 78 se trata sobre una
cdula que tienen los indios del barrio de la Candelaria y los de las
Milpas para no servir; y se acuerda seguir informacin secreta, con
parecer de la Audiencia, sobre ser ganada con siniestra informacin, y
ante un alcalde indio sin autoridad.

Los espaoles y pobladores no se detenan en solicitar y obtener
repartimientos de indgenas para todo gnero de trabajos, de modo que
para propender  su alivio, se fu haciendo distincin de trabajos
necesarios en la agricultura, como la sementera de granos y cuidado de
los ganados, y otros menos necesarios, como los de vias y olivares, y
en sta ltima clase se consider el beneficio del jiquilite, en cdula
del ao de 79, despachada  la audiencia de Mjico, y carta del ao 81
dirigida  esta de Guatemala."[152].

      [152] Garca Pelez, Memorias para la historia del Antiguo
      Reino de Guatemala, t. I, p. 192.

Los espaoles se creyeron con derecho  repartirse  los indios desde
que Coln descubri la Amrica, y as con mucha candidez ensea el
clebre autor de la Poltica Indiana--que tnto he citado, y que es
el que mejor describe el gobierno de estos pases--"que les pareci
preciso desde un principio  los conquistadores el aprovecharse, como
era natural, del trabajo de los aborgenes, y dando los encomenderos,
 su modo, varias salidas  las leyes y mandatos reales que se lo
prohiban, y siempre desearon el alivio de los indios"[153]. Confiesa
aquel clebre jurisconsulto que estos fueron tratados como bestias, y
que  consecuencia de las quejas del obispo Las Casas, se expidieron
varias provisiones  Diego Velzquez el ao 1518 y  Fernando Corts,
en 1523, en las que, despus de referir los daos y vejaciones, se
agrega: "Que habindose mandado platicar sobre ello  los del Consejo y
 Thelogos religiosos, y personas de muchas letras y de buena y santa
vida, pareci que Nos (con buenas conciencias), pues Dios Nuestro Seor
cri  los indios libres y no sujetos, no podamos mandar encomendar ni
hacer repartimiento de ellos  los Christianos; y as mandamos no se
hagan, y se quiten los hechos."

      [153] Solrzano y Pereira, Pol. Ind. t. I, Lib. III, cap. I.
      pg. 221.

Creerse, desde luego, que con esa expansin, por decirlo as, de
sentimiento honrado, con esa ley que abola la servidumbre de los
indios, quedaron libres; pero por desgracia no fu as. Ni los trabajos
del P. Las Casas, ni los informes de las Audiencias, ni los votos de
todos cuantos se condolan de la penosa situacin de los primitivos
pobladores del Nuevo Mundo, fueron bastantes  salvar de la esclavitud
 los infelices conquistados[154]. Los cabildos y los gobernadores
hicieron presente  S. M. que sin los repartimientos no se podan
conservar las Indias, sino que habra que desampararlas, y ante esa
alternativa, se revoc aquella humanitaria providencia. Si Las Casas
escribi contra las encomiendas, muchos otros clebres juristas, como
el Lic. Bartholom de Albornoz, Antonio de Len, Juan Matienzo y
Antonio de Herrera, las defendan con ahinco. Sobre todo, las sostuvo
el inters de los mismos encomenderos, y siguieron los indios siendo
esclavos de hecho, no obstante el cmulo de leyes que por su bienestar
promulgaban los reyes de Castilla.[155].

      [154] Las mujeres de los presidentes, oidores y otros magnates
      no andaban sino en sillas de manos,  hombros de indios; y no
      faltaron presidentes que viajaran de ese modo.

      [155] Merece citarse aqu el Auto acordado de la Real Audiencia
      de Guatemala, de 13 de Noviembre de 1801, que prohibi los
      repartimientos de indios, y comercio de los Corregidores,
      Alcaldes Mayores y dems jueces, recomendndoles evitaran los
      abusos que se cometan contra los naturales.

Para poner fin  este captulo, es conveniente transcribir lo que
escribe Gage, acerca del tratamiento que se daba  los indios en
Guatemala, all por el ao 1625. "Los espaoles, dice, que viven en
este pas y particularmente los hacendados del valle de Mixco, Pinula,
Petapa y Amatitln y los de Sacatepquez, han representado cmo todo
su comercio y trabajo tendiendo al bien del Estado, y no habiendo
bastantes espaoles para hacer todas las obras necesarias en un pas
tan grande, y no teniendo todos los medios de comprar esclavos y
negros, se encuentran en la necesidad de servirse de indios dndoles
un salario razonable. Por esto se mand que se distribuyese cierto
nmero de trabajadores indios todos los lunes  los domingos por la
tarde, y que seran repartidos entre los espaoles segn la calidad
de sus haciendas  empleos; tanto para la cultura de sus tierras como
para conducir sus mulas y ayudarles en lo que cada uno pudiese tener
necesidad en sus ocupaciones.

De suerte que en cada distrito hay un oficial para esto, que llaman
juez repartidor, el cual, segn la lista que tiene de las casas y
haciendas de los espaoles, est obligado  darles cierto nmero
de indios todas las semanas; cosa muy cmoda para el presidente de
Guatemala y otros jueces, para poder hacer adelantar  sus criados
dndoles ordinariamente estos destinos.

Ellos nombran el pueblo  sitio, donde deben juntarse los domingos 
lunes, y all se encuentran con todos los espaoles de este distrito.

Los indios de los pueblos deben tambin por su parte tener dispuesto el
nmero de trabajadores que estn obligados  suministrar cada semana,
por orden de la corte de Guatemala, que son conducidos  la asamblea
general por un oficial indio de su misma ciudad. Cuando han llegado
 este sitio, con todos los tiles necesarios para el trabajo, como
azadones, palas, picos, hachas y vveres para alimentarse una semana,
que regularmente son tortas secas de maz, frijoles  judas, un poco
de chile  pimiento largo, y algunos pedazos de carne fra, para uno
 dos das, con la cama sobre las espaldas, que no es otra cosa ms
que una manta de lana gorda con que ellos se embozan para acostarse
sobre el suelo; los encierran en la casa de la ciudad, dndoles al uno
algunos palos y  otros bofetones y puntapis si no quieren entrar.

Cuando estn todos unidos y la casa de la ciudad llena, el oficial 
juez repartidor llama  los espaoles segn el orden en que estn en la
lista, y al mismo tiempo tantos indios cuantos la corte le ha ordenado.
Hay quienes deben tener tres  cuatro, y otros quince  veinte, segn
su necesidad y el trabajo que tienen que hacer. De esta manera se
distribuyen  cada uno de los espaoles los indios que debe tener,
hasta que no quede uno.

Concluda esta distribucin, los espaoles quitan una manta  otra
alhaja  cada uno de sus indios, para que sirva de prenda, por temor
de que no se vaya, y dan al oficial que ha hecho el reparto, por sus
derechos, medio real de  cinco sueldos por cada indio, lo que les
vale mucho al ao; porque hay oficiales de stos que tendrn tres 
cuatrocientos indios para distribuir cada semana.

Si un espaol se queja de que algn indio se le ha escapado, y no le
ha servido la semana entera, se le hace buscar hasta que se encuentra,
y despus se le ata de los brazos  un poste en la plaza del mercado,
donde se le azota pblicamente sobre las espaldas.

Mas si un pobre indio se queja de que los espaoles le han engaado y
hurtado su pala, hacha, pica, su frazada  sus salarios, no se hace
ninguna justicia contra el espaol que ha robado,  engaado al pobre
indio; aunque es muy justo que se les haga justicia igual  los unos
como  los otros.

De esta manera se venden los indios cada semana como esclavos por cinco
sueldos seis dineros cada uno, sin permitirles por la noche ir  ver
 sus mujeres, aunque el lugar en donde trabajen no diste ms de mil
pasos del pueblo de su residencia; mas hay otros que llevan  tres 
cuatro leguas ms all y no se atreven  volverse sino hasta el sbado
en la noche, despus de haber ejecutado cuanto  su amo se le antoja
mandarles.

Es tal el salario que se les da, que apenas se pueden sustentar con
l; porque no llega  cinco sueldos por da lo que les corresponde, no
teniendo ms que veinticinco sueldos por semana en todo.

Este orden se observa en la ciudad de Guatemala y en los pueblos de los
espaoles, donde se da  cada casa los indios que necesita para llevar
agua  lea y otras cosas necesarias, y con tal objeto estn obligados
los pueblos vecinos  suministrar indios como he dicho arriba.

No hay un verdadero cristiano que pueda creer el mal trato que se da
 estos miserables, por ciertos espaoles, en la semana que estn
 su servicio. Hay algunos que van  abusar de sus mujeres cuando
los pobres maridos estn ocupados en labrar la tierra de otros, que
los azotan, porque les parecen demasiado perezosos,  que les dan de
cuchilladas  rompen la cabeza por haberse querido disculpar de sus
acusaciones,  bien les roban sus instrumentes  privan de una parte
 del total de sus salarios, dicindolos que ellos pagan medio real
por el servicio que deben hacer y que no habindolo hecho no estn
obligados al pago.

Yo he conocido algunos que tenan por costumbre, cuando ya haban
sembrado su trigo y que casi no tenan en que ocupar  los indios,
retener en su casa  todos los que les haban dado para la siembra, y
sabiendo bien la afeccin que estas pobres gentes tienen de volver  su
familia, despus de haberles hecho cortar lea, el lunes y martes, el
mircoles les preguntaban cunto queran darles por dejarlos ir? y de
esta manera sacaban de unos un real y de otros dos y tres, de modo que
no solamente se hacan surtir de lea para su casa, sino que sacaban
tambin bastante dinero para comprar carne y chocolate para quince
das, viviendo ociosamente  costa de estos pobres indios.

Hay otros tambin que se los alquilan  sus vecinos, que tienen que
hacer por aquella semana, en un real cada uno, que ellos tienen buen
cuidado de reducir de sus salarios.

Tambin estn sujetos  una servidumbre igual en todos los pueblos,
porque los muchos viajeros que transitan por all pueden pedir al ms
prximo, cuantos indios necesitan para conducir sus mulas y llevar sus
equipajes, y al fin del viaje les arman una querella bajo cualquier
pretexto, y las ms veces les despachan con algunos golpes por toda
recompensa.

Ellos hacen cargar  estos pobres miserables, por espacio de uno 
dos das, maletas que pesan cuatro arrobas, atndoselas  la cintura
y pasndoles por la frente una ancha correa, atada  la misma maleta,
que hace que todo el peso de este fardo caiga sobre la frente arriba de
las cejas, cuya seal les queda de tal suerte que por ella se pueden
distinguir fcilmente de los dems habitantes del pueblo, y porque al
mismo tiempo esta correa les hace caer el pelo y los vuelve calvos de
delante.

As es como este pobre pueblo trata de ganar su vida entre los
espaoles; pero es con tanto dolor y agona, que las ms veces piden 
Dios los ponga en libertad, y no tienen otro consuelo que el que les
dan los sacerdotes, aconsejndoles que sufran todo por amor de Dios y
por el bien del Estado.

Sus inflexibles capataces los hacen trabajar y caminar en todas las
estaciones, haya calor  fro en los llanos, en las montaas, en los
malos y buenos caminos, sin embargo de que sus vestidos no sirven ms
que para cubrir su desnudez, y muchas veces estn tan hechos pedazos
que no les cubren ni la mitad del cuerpo."

No hay que olvidar, en todo caso, que los monarcas espaoles, hasta el
hechizado Carlos II, todos se inspiraron en el deseo de que se tratara
bien  los indios; mientras que el inters de los conquistadores; la
codicia de los emigrantes de Espaa; el espritu de enriquecerse,
primero por aventuras y despus por encomiendas; la distancia de la
metrpoli; lo largo y dispendioso de los trmites--todo ahogaba en la
Amrica hispana el propsito laudable que doa Isabel la Catlica y sus
regios sucesores, en favor de los naturales del Nuevo Mundo tuvieron.




                            CAPITULO CUARTO

     =Vejaciones  los indios en Guatemala, y notable disminucin
                 de ellos en toda la Amrica espaola=


                                SUMARIO

      Los indios eran tratados como esclavos.--Sistema que se adopt
  en Guatemala, desde un principio, para la formacin de poblaciones
  indgenas.--Pueblos que desaparecieron.--Relacin que hace Remesal
  de cmo se despoblaban los asientos de los indios.--El P. Las Casas
  narra peculiaridades referentes  Guatemala, San Salvador, Honduras
  y Nicaragua.--A mediados del siglo XVI mudse la naturaleza de las
  encomiendas en el reino de Guatemala.--Real Cdula de 27 de Mayo de
  1582, dirigida al Presidente y Oidores de Guatemala, hacindoles
  cargo de los malos tratamientos que sufran los indios.--Informe
  estadstico del partido de Suchitepquez de 20 de Mayo de
  1814.--Queda diezmada la poblacin indgena.--Resultado funesto de
  las _Misiones_.

Por ms que, la atroz codicia y la inclemente saa de los
conquistadores espaoles hubiese sido crimen del tiempo y no de la
metrpoli, como dice el poeta clsico, no se puede desconocer que  los
desgraciados indios se les trat con suma crueldad, marcndolos  veces
con hierros candentes, convirtindolos en esclavos, martirizndolos sin
conmiseracin y hacindoles, en fin, odiosa la existencia.[156]

      [156] Ximnez, libro III. cap. 62.

      Por real cdula fecha en Valladolid  1. de Septiembre de
      1548, orden el Rey que el Presidente de la Audiencia de
      Guatemala mandase averiguar el nmero de indios que haba en la
      provincia de Honduras, y de los que hubiera en disponibilidad
      de dar en encomiendas. Vase el "_Extracto cronolgico de las
      Cdulas y Reales Ordenes referentes  Guatemala, escrito por
      don Manuel Antonio del Campo y Rivas_", que contiene 2,294
      cdulas, en II tomos, formado en la ciudad de Guatemala, ao de
      1801.

Por lo que  Guatemala concierne, el sistema que se adopt desde un
principio para la formacin de las poblaciones indgenas, no pudo
inducir otra cosa que el desamparo y desocupacin de sus labores;
porque, como escribe el arzobispo Pelez, reducindose  un pueblo,
no los caseros de las estancias, sino pueblos enteros, acumulndose
para formar uno solo, y habindose de dar un solo egido  este ltimo,
todos los dems haban de perder su territorio y pertenencias comunes y
particulares. As es que cinco pueblos grandes y otros tantos pequeos,
que formaron Chichicastenango, tenan cinco y diez egidos y entraron
 tener uno solo: once pueblos principales y otros tantos accesorios
que formaron el de Sacapulas, y disfrutaban veintids egidos, no
tuvieron en adelante ms que uno. Nebah, que se compone de diez y seis
pueblos mayores y otros tantos menores, y haba de tener treinta y dos
porciones de egidos, no tiene sino uno. Lo mismo Amatitln, cuyos seis
pueblos debieron poseer seis egidos, qued reducido  uno, dentro los
egidos de la capital; y por este tenor es de discurrir de los otros
pueblos. Por lo cual no es de extraar desapareciese entonces el pueblo
de Ucubil, en que, segn relacin de Juarros, se acamparon las huestes
castellanas y sacatepquez, como tampoco parecieron ms los pueblos de
Samastepeque  Inestiquixa en el mismo valle, y en las inmediaciones de
Escuintla los de Guacacapa, Chialchitn, Malacatepeque y Marma, que se
mencionan en actas de los aos de 41 y 42 Humboldt, en el Ens., lib.
2, cap. 6, lamentando lo deplorable que la conquista hizo el estado de
los indgenas, escribe: toda propiedad india, fuese mueble  raz, era
mirada como perteneciente al vencedor; y esta mxima atroz lleg  ser
sancionada por una ley, la cual concede  los indgenas una pequea
porcin de terreno al rededor de las iglesias nuevamente construdas.

Remesal, libro 8, cap. 25, expone: que asentados los pueblos en la
forma referida, donde daban la vuelta los padres, eran desamparados
de sus nuevos moradores, y era menester volverlos  juntar otra vez,
acariciarlos, ponerlos en sus casas nuevas, derribarles las antiguas,
deshacer los sitios de su anterior supersticin, y para todo esto,
estudiar el modo de hablarles, para que entendiesen que cuanto se
haca era por su bien. Lo mucho que los padres trabajaron, se echa de
ver claramente por una cdula del rey don Felipe II, de 5 de Marzo
de 1557, en que hace memoria de cierta relacin que le hizo el P.
Fr. Domingo de Alva, procurador de esta provincia: que los indios se
comenzaban  salir de los pueblos en que vivan, y se volvan  los
antiguos asientos que solan tener, y si se les consenta hacer esto,
sera causa para que se perdiesen, y los pueblos quedaran deshechos,
de que tambin resultara disminuirse la hacienda real, y para quitar
estos inconvenientes, manda S. M.  la Audiencia de Guatemala que no
consienta que los indios se vuelvan  los sitios antiguos. Por este
estilo debi suceder, que muchos indgenas propietarios abandonasen
uno y otro sitio juntamente: el nuevo, porque no les acomodaba, y
el antiguo, porque no se les permita, y as verse en la necesidad
de emigrar, y destitudos de propiedad. Otros adoptaran el nuevo
domicilio llanamente, mas aunque se acomodasen en l, no podan recibir
mucho contento sus antiguos moradores, llegndoles otros dueos y
vecinos, con quienes haban de partir sus terrenos y formar comunidad,
con lo que los indgenas eran mortificados en todos conceptos."[157]

      [157] Garca Pelez, Memorias para la Historia del antiguo
      reino de Guatemala, 1. I, pg. 181.

El P. Las Casas narra peculiaridades que se refieren  Guatemala,
San Salvador, Honduras y Nicaragua. La menos mala, dice, y menos fea
causa que los espaoles tuvieron para hacer  los indios esclavos, fu
moviendo contra ellos injustas guerras, segn fueron las otras llenas
al menos de mayor nequicia y deformidad, porque todas las ms han sido
espantables y nunca vistas ni odas tales novedades de maldad, para
poner en admiracin  todos los hombres. Aqu referir de muchas,
algunas pocas.

Unos, por engaos que hacan  los indios, que estuviesen con ellos,
 por miedos  por halagos, los atran  su poder, y despus les
hacan confesar delante de las justicias, que eran esclavos, sin saber
 entender los inocentes, que quera decir ser esclavos; y con esta
confesin las inicuas justicias y gobernadores pasaban y mandbanles
imprimir el hierro del rey en la cara, siendo sabedores ellos mismos
de la maldad. Otros provocaban algunos indios malos con media arroba
de vino,  por una camisa  otra cosa que les daban,  que hurtasen
algunos muchachos hurfanos,  los trajesen por engaos como para
convidarles, y con una manada de ellos venase a los espaoles y
hacindoles del ojo que los tomasen: los cuales los ataban y los metan
 los navos,  llevbanlos por tierra y sin hierro y vendanlos por
esclavos; y aquellos plagiarios primeros,  los segundos que los
compraban, iban delante del gobernador  justicia, y decan que los
haban comprado por esclavos, y luego sin ms averiguar los herraban.
Algunas veces los han herrado con hierro del rey en las caras, otras en
los muslos.

Otras veces  muchos de los indios pusironles nombres naboras por
fuerza, habiendo vergenza de llamarlos esclavos, aunque como cosa muy
segura y bien ganada, de unas manos  otras los venden y traspasan,
y de esta manera y con esta justicia, orden y buena conciencia, han
trado  las islas Espaola y Cuba, San Juan de la costa de la Perla,
de Honduras y de Yucatn, en gran manera y en inmensa cantidad, y con
detestables y tirnicas desvergenzas, del infeliz reino de Venezuela
y de Guatemala y Nicaragua, para llevar  vender  Panam y al Per.
Ninguna vez traan en navo trescientas  cuatrocientas personas, que
no echasen en la mar cien  ciento cincuenta muertas por no darles de
comer y de beber: porque tantos cargaban que las vasijas que metan
para agua, ni los bastimentos que llevaban bastaban, sino para muy poco
ms que para sustentarse los plagiarios que los salteaban,  de los
otros salteadores los compraban".[158]

      [158] Fr. Bartolome de Las Casas. La esclavitud de los
      indgenas.

A mediados del siglo XVI mudse la naturaleza de las encomiendas, que
se convirtieron en tributo. Por los empadronamientos que se hicieron,
notse bien que la poblacin indgena disminua de modo pasmoso,
debido  los malos tratamientos de que era vctima, segn puede verse
por la Real Cdula de 27 de Mayo de 1582, que muestra el empeo real
en extirpar abusos y exhibe al propio tiempo crueldades sumas. He
ah ese importante documento histrico que dice as: "Presidente y
Oidores de nuestra Audiencia que reside en la ciudad de Santiago de la
provincia de Guatemala: nos hemos informado que en esa provincia se
van acabando los indios naturales de ella, por los malos tratamientos
que sus encomenderos les hacen, y que habindose disminudo tanto los
dichos indios, que en algunas tierras faltan ms de la tercia parte,
les llevan las tasas por entero, que es de tres partes las dos ms de
lo que son obligados  pagar, y los tratan peor que esclavos, y que
como tales se hallan muchos vendidos y comprados de unos encomenderos
 otros, y algunos muertos  azotes, y mujeres que mueren y revientan
con las pesadas cargas, y  otras y  sus hijos los hacen servir en
sus granjeras, y duermen en los campos y ah paren y cran mordidos
de sabandijas ponzoosas, y muchas se ahorcan, y otras toman yerbas
venenosas, y que hay madres que matan  sus hijos en parindolos,
diciendo que lo hacen para librarlos de trabajos que ellas padecen".

Con anterioridad  esa real cdula, ya Carlos V y sus sucesores
haban expedido muchas leyes favorables  los aborgenes; leyes que
se llamaron _nuevas_ y que fueron muy mal recibidas en Guatemala,
provocando la clera de los conquistadores y del Ayuntamiento contra
el filntropo Las Casas, que como todo redentor fu calumniado y
perseguido. No faltan escritores extranjeros, como Washington Irving,
que califican de exageradas las descripciones del virtuoso defensor de
los indios, cuando narra sus padecimientos y triste situacin  que
se les haba sujetado; pero hay que considerar que un norteamericano
nunca poda mostrarse muy compasivo hacia una pobre raza que la
anglosajona destruy del modo ms inhumano y despiadado. Lo que s
llama la atencin es que nuestro distinguido compratriota, Don Jos
Milla, califique de exageradas y declamatorias las aseveraciones del
clebre misionero, en su Brevsima Relacin de la destruccin de
las Indias Occidentales", una vez que,  pesar de las "Reflexiones
_imparciales_ sobre la humanidad de los espaoles en las Indias",
del abate Juan Nuix, publicadas en 1782, es bien sabido que en menos
de trescientos aos se redujo la poblacin indgena de Amrica  la
dcima parte, segn queda demostrado en otro lugar de la presente
obra. Enhorabuena que el espritu de conquista, la sed de oro, el
frreo carcter de los conquistadores, las ideas errneas de aquellos
tiempos, sirvan de excusa  la saa cruel de que fueron vctimas los
infelices indios; pero que no por eso se deje de encomiar al Padre Las
Casas, que ha merecido grandes elogios de Quintana y de otros muchos
notables escritores espaoles, ni se desconozca, como lo hace nuestro
compatriota historiador[159], que la poblacin de Amrica, en las
regiones que Espaa conquist, se redujo  fines del siglo ltimo  la
dcima parte en cuanto  la raza aborigen. En el Per haba unos seis
millones de indios, y segn el censo hecho por orden del virrey Gil
Gamos, en 1796, quedaban seiscientos ocho mil ochocientos noventa y
nueve. En Mjico era quiz mayor la poblacin que entre los ncas, y se
minor en extremo, como lo demuestra el eruditsimo Larrinzar.[160]
En el Ecuador y en todas las dems regiones sojuzgadas por soldados
hispanos, si no acababan del todo con los indios, diezmaron su nmero
y los redujeron  dura servidumbre[161]. En los populosos reinos de
Guatemala haba ms de tres millones de pobladores, en un extenso
territorio, antes del siglo XVI, y quedaban slo seiscientos cuarenta y
seis mil sesenta y seis, segn el censo del ao 1810, relativo  todo
el istmo Centro-Americano, contando nicamente la poblacin indgena de
raza primitiva americana. En Cuba, Santo Domingo y Honduras, deca el
mismo Carlos V, con datos ciertos, que se haban destrudo ms de dos
millones y seiscientos mil indios.

      [159] Hist. de la Amrica Central, t. II., Cap. I. por Don
      Jos Milla.

      [160] Larrinzar, Apuntamientos para la Hist. de Mjico.--Hubo
      muchos que, como Nuo de Guzmn, fueron Atilas de Nueva Espaa.
      Vase "Mjico al travs de los siglos". Tomo II, pg. 203.

      [161] F. G. Surez. Hist. del Ecuador. Quito, 1890. Carrera de
      Chile, n. 14.--Informe de Ulloa y Jorge Juan al rey de Espaa,
      noticias secretas de Amrica.--Hist. Antigua del Per, por D.
      Sebastin Llorente.

En el informe estadstico del partido de Suchitepquez, que emiti el
alcalde mayor don Juan Antonio Lpez, con fecha 26 de mayo de 1814,
se lee lo siguiente: "Tena en principios del siglo XVIII, veintiocho
pueblos florescientes y bien poblados. En el da, apenas cuenta
diezisiete, de los cuales slo cinco estn medianamente poblados,
que son Santo Domingo, Mazatenango, Cuyutenango, San Sebastin,
Quezaltenango y San Antonio Retalhuleu. Los once perdidos se
aniquilaron en menos de setenta aos, y de los dems ni vestigios se
hallan en el da. Las causales de este deterioro las hizo ver, en un
informe que di  la Real Audiencia, el alcalde mayor que fu en este
partido, Don Jos Rosi y Rub".[162]

      [162] El informe citado del alcalde mayor don Juan Antonio
      Lpez lo tiene original y manuscrito el autor de la presente
      obra.

No hay, pues, hiprbole en decir que la poblacin indgena de Amrica
qued diezmada durante los tres siglos de rgimen colonial.

En aquellos tiempos no se haba comprendido que, como dice el
publicista Alberdi, _gobernar es poblar_.

Despus de la grande epopeya de la conquista, despus de las hazaas
homricas y de los horrendos crmenes de Corts, Pizarro y Alvarado,
las posesiones espaolas casi se quedan sin historia. Durante ese largo
perodo los indios desaparecieron por tribus y por naciones; pero ni
aun se oa su queja. Sin el oro del Per, la plata de Mjico y los
cortos productos que el monopolio dejaba penetrar en Europa, la Amrica
espaola habra llegado  ser un mito, habra podido ser sumergida en
el mar, como otra Atlntida.[163]

      [163] Igncio Gmez--La poesa y los poetas de la Amrica
      espaola, artculo I.

El Gobierno espaol pens que el establecimiento de las _Misiones_
sera fecundo en grandes beneficios para Amrica, dice un poltico
observador: acaso crey tambin que los misioneros seran la
compensacin de los encomenderos, y que,  falta de escuelas, colegios,
buenos caminos, comercio y dems ventajas de la civilizacin rehusadas
 los criollos, se alcanzara  lo menos el gran bien de atraer el
mayor nmero posible de indios salvajes  una semibarbarie reducida
al bautismo y la vida comn de los caseros  pueblos. Si el gobierno
procedi de buena fe en este asunto, como lo creemos, su clculo fu
muy equivocado. Los hechos probaron que las _Misiones_ nada hicieron
ganar  la civilizacin, pues slo sirvieron para dar opulencia  los
jesuitas, opulencia que fu peligrossima para el gobierno, funesta
para la sociedad, y para mantener  los indgenas reducidos  la vida
civil, en la ms triste abyeccin. Las _Misiones_ hicieron degenerar
 las razas indgenas en dondequiera; y si la historia de esos
establecimientos no estuviera probando la plena exactitud de nuestra
asercin, los ejemplos que ofrece Colombia no dejaran lugar  duda
alguna. De todos los pueblos de Hispano-Colombia el ms hondamente
atrasado-- pesar de sus excelentes elementos de prosperidad--es el
Paraguay, que fu patrimonio de los jesuitas, dignamente representados
ms tarde por el doctor Francia. En Nueva Granada, como en Venezuela
y Buenos Aires, los jesuitas tuvieron sus ms valiosas _haciendas_
 _Misiones_ en los llanos  en las pampas. All poseyeron inmensos
rebaos y cras y tierras superiores  ilimitadas, que les dieron
opulencia. I bien, cules fueron los resultados? Por una parte, las
poblaciones ms belicosas, speras y temibles de Colombia y de las
repblicas del Plata han surgido precisamente de esas _Misiones_;
por otra, el llanero y el gaucho, semibrbaros en todo y crueles y
devastadores en la guerra, no aprendieron sino  guardar resentimientos
por la dura explotacin que sufrieron; y el da en que se hizo general
la lucha por la independencia, fu de los Llanos y las Pampas de donde
salieron los ms formidables enemigos de Espaa.[164]

      [164] J. M. Samper--Ensayo sobre las revoluciones polticas 
      la condicin social de las repblicas colombianas. Cap. III,
      Pars, 1861.

      Vase tambin "La Amrica, por J. V. Lastarra."




                            CAPITULO QUINTO

        =Situacin de los indios en Guatemala  principios del
            presente siglo. Abusos de cofradas, sacristas
               y servicio parroquial. Medios propuestos
                   las Cortes Espaolas para mejorar
           la condicin de los aborgenes, el ao de 1810.=


                                SUMARIO

      Estado de la Amrica espaola, en los comienzos de la centuria
  actual.--Conmociones y movimientos en Chile, el Per, Nueva Granada,
  Guatemala y Mjico.--Situacin agrcola y econmica del reino de
  Guatemala.--Su extensin territorial.--Su poblacin.--Haba un milln
  de habitantes, de los cuales eran indios seiscientos cuarenta y seis
  mil seiscientos sesenta y seis.--Cmo se hallaban gobernados.--Su
  industria y agricultura.--Trabajos que se les imponan.--Los
  pardos.--Los blancos.--El comercio de todo el reino de Guatemala.--La
  agricultura con respecto  los indios.--Junta protectora de los
  aborgenes.--Medios propuestos por el real Consulado de Comercio
  de Guatemala  fin de mejorar la condicin de los indios.--Abusos
  en las cofradas.--Abuso en el servicio de sacristas.--Abuso en
  el servicio parroquial.--Slo en la provincia de Suchitepquez se
  empleaban doce mil setecientos setenta y cinco indios en las raciones
  para los curas.--Slo los indios componan de balde los caminos,
  puentes y calzadas.--Se perdan ms de cuatrocientos mil jornales
  en Suchitepquez, por el sistema abusivo que prevaleca contra los
  indios.--Causas que influyeron en la prdida de los cacaotales.--Hubo
  tiempo en que del reino de Guatemala salan doce mil cargas de
  cacao.--Jueces de provincia.--Cmo debieran haber sido.--Cuadro
  estadstico de las quince provincias que formaban el antiguo reino de
  Guatemala.--Tributo que se pagaba.--Renta de alcabalas.--Derechos de
  importacin.--Renta del tabaco.--Derecho del Real Consulado.--Nmero
  de habitantes.--Poblacin indgena.

Para concluir el presente libro, es oportuno examinar el estado en que
se hallaban los aborgenes de Guatemala en los albores de la centuria
actual, cuando comenz  escucharse en Hispano-Amrica el sordo rumor
de la revolucin de independencia, que se iba preparando, como se
prepara la tempestad por el acrecentamiento paulatino de electricidades
contrarias, que en un momento chocan, y despiden luz y hacen conmoverse
los espacios etreos. Turgot dijo que las colonias eran como las frutas
que permanecen en el rbol hasta que maduran; y la poca de la madurez
estaba prxima para las colonias hispano-americanas.

Despus de tres siglos de rgimen absoluto; despus de doce
generaciones de indios que haban sufrido cruda servidumbre, se redujo
su nmero  la dcima parte de los que encontraron los conquistadores
castellanos. Cuando los espaoles, en vez de aprovecharse de la
enseanza que les daban los levantamientos del Per, en tiempo del
virrey Juregui; la revolucin del Socorro en Nueva Granada, bajo
el gobierno de don Manuel Antonio Flores; la prematura intentona de
Chile; los movimientos de Mjico, la asonada de Beln en Guatemala,
y los dems sntomas que se dejaban ver en el resto de la Amrica
espaola;--cuando los castellanos, digo, en vez de aprovecharse de la
leccin elocuente que los sucesos les suministraban, slo fueron duros
 inhumanos con los vencidos, fomentaban ellos mismos, con la represin
violenta, los varios elementos de la guerra de independencia, prevista
por el poltico conde de Aranda, que anunci la emancipacin de las
colonias americanas, y reconoci que sus grandes desrdenes eran tan
aejos, arraigados y universales, que no podan evitarse ni en un siglo
de buen gobierno; sin que por otra parte, la distancia permitiera jams
el remedio radical del sistema monstruoso que se haba implantado.

Y as fu en realidad, pues poco  nada se consigui con los esfuerzos
tardos que, en los comienzos de este siglo, se hicieron en pro de la
tranquilidad de las colonias y por el mejoramiento de la triste suerte
de los indios.[165] Cuando  las Cortes extraordinarias del ao de
1810, fu electo diputado el Sr. Dr. D. Antonio Larrazbal, la Junta
de Gobierno del Real Consulado form unos interesantes "_Apuntamientos
sobre la agricultura y comercio del Reyno de Guatemala_," que dan 
conocer perfectamente el malestar en que se hallaban los aborgenes
y los abusos de que eran vctimas. Aunque bien pudiera hacer un
extracto de ese documento histrico, me he decidido  transcribirlo
ntegro, en lo que con los aborgenes se relaciona, tanto porque es
en extremo raro y curioso, como porque as pintar ms fielmente la
manera de ser de nuestros indios, en vsperas ya de la independencia de
Centro-Amrica.

      [165] Por real cdula publicada en Guatemala,  18 de marzo
      de 1802, se orden que los indios no pagaran diezmos. El
      auto acordado el 22 de abril de 1782, mand que  los indios
      no se exigiesen costas, ni carcelaje, y que se les nombrara
      intrpretes, sin costarles nada. Las tardas medidas en pro de
      los naturales, no podan contener el alud preparado antes, en
      muchos aos de opresin.

"Desde luego--dicen aquellas apuntaciones--damos  la rea de todo el
reyno sesenta y cuatro mil leguas cuadradas, pues sobre poco ms 
menos tiene de largo seiscientas leguas comunes de E.  O. y de N. S.,
en partes ciento cincuenta, en otras ciento, y en la ms angosta como
sesenta.

Esta extensin de tierra goza incesantemente y  un mismo tiempo, la
influencia de las cuatro estaciones del ao peridicas en Europa;
porque lo que se denomina la costa, esto es, la tierra contigua  los
dos mares del N. y S., y lo que tambin vulgarmente se llaman las
provincias, experimentan rigurosamente el calor del esto. Las dems
provincias conocidas por "_los altos_", el fro del invierno. Otras,
los temperamentos del otoo y primavera, cuya variacin es muy poco
sensible en todas; y generalmente, disfrutan seis meses de copiosas
lluvias, y otros seis de seca. Las cosechas de granos, frutas y dems
productos de la naturaleza, que son en Europa resultados del tiempo
favorable para su respectiva procreacin, en este reyno provienen del
terreno adecuado  la especie, de modo que los esquilmos europeos de
otoo, invierno, primavera y verano, se producen en todos los meses
del ao en el reyno de Guatemala, los unos en las tierras fras, y
los otros en las templadas y clidas, formando la enunciada extensin
un conjunto de montaas y volcanes asombrosos por sus elevaciones, y
espesas selvas abundantes de todas maderas exquisitas: de barrancos
profundsimos, no menos vestidos de cedros y tiles vegetales que
las serranas; y de llanos inmensos  sabanas de terreno feraz y
adecuado para siembras y plantos, con muchos y caudalosos ros, que se
descargan en los mares del N. y S.

Nuestra madre Espaa tiene sobre poco ms  menos cuarenta y cuatro mil
leguas cuadradas, y segn los censos modernos de diez y medio  once
millones de almas. En tiempo de los reyes D. Fernando y Doa Isabel,
tena veinte millones, y en el de Augusto de cuarenta  cincuenta,
segn atestiguan autores clsicos.

Esto quiere decir, que la rea del reyno de Guatemala, que excede
 la de Espaa en veinte mil leguas cuadradas de terreno feraz, de
temperamento fro, templado y caluroso en todo el discurso del ao,
podra ser ocupada holgadamente,  lo menos con igual poblacin, y esto
supuesto qu reino tan pujante no sera! Qu rico y que apetecible
para las comodidades de la vida.!!

Pero hallndose tan inmenso espacio de pas ocupado por un milln
escaso de habitantes derramados en todo l,  distancias enormes
interpoladas de desiertos y montaas, y en que no ha penetrado su
centro la huella humana, y de costumbres diametralmente opuestas
 todo lo que verdaderamente podra constituirlos felices en sus
respectivas condiciones: qu probabilidad ha de haber de que con estos
datos, se eleve repentinamente  un grado de opulencia que compita con
los mejores reinos del mundo! Ilustremos ms la proposicin, y digamos
que el milln propuesto de habitantes se compone de....

    646.666 indios de todos sexos y edades.
    313.334 pardos y algunos negros.
     40.000 blancos.
  ---------
  1,000.000

Los primeros, que son, hablando con propiedad, los indgenas 
naturales, gobernados inmediatamente por sus Gobernadores y Justicias
de la propia casta, bajo el dominio espaol, en lo poltico; de un
Intendente Alcalde Mayor  Corregidor, y en lo espiritual, de los curas
seculares  regulares, se mantienen hasta el presente tan adictos 
sus costumbres y usos antiguos, que verdaderamente su vida es la misma
que la de los primeros pobladores de la tierra. Al igual que aqullos,
cien sus necesidades  un alimento parco y rstico para el da, y
 cubrir sencillamente sus carnes, sin aspirar  otra cosa, porque
desconocen aquellas otras necesidades, que la vanidad y refinamiento de
las naciones que se llaman cultas, han constitudo aunque superfluas en
su esencia, precisas al orgullo humano.

Su agricultura se reduce  sus _milpas_, trigales, frijolares y
hortalizas, en terrenos para ellos precarios aunque propios, lo que
luego explicaremos, con que subsisten del modo indicado, pagan su
tributo, ocurren  los capitales de sus cofradas religiosas y cajas
de comunidades. Proveen con dichos esquilmos y frutas la plaza de la
capital y cabeceras de partido, donde se compran por las otras clases
para su sustento y regalo.

Su industria artesana est vinculada desde tiempo inmemorial en
ciertos y determinados pueblos. Una carpintera de escaos y sillas
mal forjadas, toscas y prolijas en su labor, por no emplear en ellos
instrumentos adecuados, sino un cuchillo viejo  un pedazo de machete,
y sobre todo baratsima en demasa, es peculiar por ejemplo, del pueblo
de Comalapa. En Cobn ejercen este mismo oficio con ms finura, pues
trabajan papeleras y otros muebles embutidos de madera blanca con
figuras primorosas y prolijas en su ejecucin. En la misma ciudad,
capital de la provincia de Verapaz, en Cahabn, Rabinal y otros pueblos
de ella, todos habitados de indios, se ocupan las indias en la hilaza
de algodn, con que se proveen los tejedores de ropas llamadas _de la
tierra_, que existen en la capital, en la Antigua Guatemala y otros
parajes.

En la provincia de Totonicapam se emplean tambin en el ramo de hilaza
y tejidos. Hay pueblos que slo se entretienen en hacer medias y
calcetas de algodn, como en Sumpango. Otros, loza ordinaria: otros,
esteras  _petates_, redes, sombreros de palma, hamacas &.

Lo referido, y los trabajos  que se les obliga envindolos los
alcaldes mayores en partidas con nombres de repartimientos  las
haciendas de los que los piden para sus labores, y  los que deben
drseles con arreglo  las leyes: la conduccin sobre sus espaldas,
de cargas pertenecientes  los mismos alcaldes mayores, curas y
particulares de la clase de blancos, de unos parajes  otros: la
composicin de caminos, la construccin de los edificios, templos y
casas, bajo la direccin de los maestros arquitectos  albailes, y en
fin, todo lo que es servicio penoso y molesto, est reservado para esta
gente en todo el reino de Guatemala. Ellos son el descanso de las dems
clases sin exclusin: ellos son los que nos alimentan surtindonos de
lo necesario y de regalo, al paso que ellos son tan parcos y frugales
que casi nada comen de sustancia. I si los indios trabajan como queda
insinuado, las indias hacen lo propio al tanto y talvez ms: hasta
los indizuelos trabajan, pues apenas tienen alguna solidez en sus
piernecitas, cuando van con sus madres al monte  recoger palitos para
el fuego, y  rengln seguido caminan ya con sus padres jornadas largas
con sus carguitas proporcionadas  cuestas.[166]

      [166] R. C. del Seor Don Felipe III al virrey del Per,
      Marqus de Montes Claros.

      "Marqus de Montes Claros &. Cosa sabida es la mucha gente
      espaola que hay en esas provincias, as de la que de ac va de
      ordinario, como de criollos nacidos all, y tambin se tiene
      entendido, que con ser mucha de esta gente humilde y pobre,
      no se inclina  trabajar en las labores del campo, minas ni
      otras granjeras, n  servir  otros espaoles, y los tienen
      por menos valer: de que resulta haber tanta gente perdida y
      cargar sobre los indios el peso de todo el trabajo y servicio
      de los espaoles. Y en consentir y dejar pasar por esto  los
      espaoles los ministros mos, que han gobernado, y las dems
      justicias, se ha introducido esta ociosidad  que en ninguna de
      las repblicas se da lugar. Y como quiera que en el Despacho
      sobre los servicios personales de los indios que ahora se os
      enva, se os ordena que encaminis al trabajo de todas las
      dichas labores  los espaoles de condicin servil, mestizos,
      mulatos, y zambaigos, como cosa que tanto deseo,  importa
      dar principio  esta reformacin tan necesaria para el buen
      gobierno y conservacin de esas provincias, alivios y libertad
      de los indios, os lo he querido volver  encargar aparte, como
      lo encargo y mando." (Solorz. P. V.)

La segunda clase de habitantes son los 313,334 pardos, inclusos
algunos negros; casta menos til por su innata flojera y abandono.
De esta especie se pueden hacer tres divisiones: 1 artesanos,
como pintores, escultores, plateros, carpinteros, tejedores,
sastres, zapateros, herreros &, cuyos oficios son necesarios en la
Repblica, pero de tal modo los ejercen por costumbre, capricho y
arbitrariedad, que necesitan una reforma y arreglo, que precavan los
menoscabos que sufre frecuentemente el comn, que est por necesidad
atenido  ellas, sin que esto perjudique  la habilidad particular
de algunos plateros, escultores y carpinteros; tanto ms admirable,
cuanto que parece natural, que en vista de sus principios, y falta
de proporciones no deban tenerla, ni  la formalidad y honradez de
algunos maestros acreditados por su conducta. Carecen de fondos en lo
general, para proveerse de los materiales respectivos: es menester
que el que necesite la obra, si su valor llega  una docena de pesos
los desembolse al maestro, antes de recibirla, para comprar la
materia, pagar  los oficiales, y comer mientras la trabaja, lo que
sera soportable si la recibiese al tiempo estipulado, y en aquellos
trminos y modo pactados; mas no sucede as: las ms veces se halla
frustrada la confianza del que manda hacer la obra y ha desembolsado
su dinero con anticipacin, porque si la consigue es en fuerza de sus
reconvenciones repetidas  demanda judicial  que se ve constreido por
ltimo recurso. Las de menor valor siguen el mismo rumbo de perjuicio,
porque se ha de recibir bien  mal hecho lo que el carpintero, sastre
y zapatero entrega, sin arbitrio de poder mejorar ocurriendo 
otros.--2. Gente de labranza y armera: qu penalidades, atrasos y
fatigas no experimentan los dueos de haciendas, y de recuas con ella!
Indiferencia absoluta por los intereses del amo, es el dao menor que
resulta del servicio de esta especie: su pereza y falta radical de
vergenza, hacen indispensable una continua vigilancia sobre ellos para
que trabajen algo: en no vindolos, ya no hacen otra cosa de provecho,
pasndoseles el tiempo en la holgazanera, y lo peor es que propensos
al robo por su educacin enteramente abandonada, lo ejercen al menor
descuido de los dueos y mayordomos; y un mayordomo, regular hombre de
bien y celoso por la hacienda del amo, es tan raro encontrarse, que
el que lo logra lo tiene por gran fortuna. Sin embargo, no deja de
haber porcin de gente parda que dedicada  la agricultura en pequeas
heredades, que trabajan por s, tanto en las provincias como en los
pueblos de las inmediaciones de la capital, debemos con justicia
excluirlos de la nota que slo recae en la especie que acabamos de
describir.--3. Esta, que no es la ms diminuta, se compone de una
_zanganada_ perjudicial en sumo grado  todos los dems rdenes del
Estado, porque no trabajando absolutamente para subsistir, viven 
expensas de los robos de reses y frutos, que ejecutan en las haciendas;
de los pltanos que hallan abundantes en las mrgenes de los ros y de
rapias y hurtos en poblado, con lo que pasan la vida jugando  los
dados, embriagndose, hirindose y matndose atrozmente, y en suma,
arrimados  las tapias y cercas de los pueblos, y de los barrios de la
capital, infundiendo recelo  los vecinos honrados y laboriosos.

La tercera clase de poblacin, que hacemos ascender  cuarenta
mil almas, es la de blancos. Compnese de americanos y europeos,
hacendados, comerciantes, mercaderes de toda suerte de trficos,
empleados y eclesisticos, &.

En cuanto  los hacendados, unos poseen tierras de considerable nmero
de leguas sin trabajarlas,  reserva de alguna muy corta parte,
resultando por consiguiente intiles  ellos, y al comn que carecen
absolutamente de terreno propio para sembrar su maz  otro fruto. El
ganado mayor es por lo regular el nervio y sustancia de estas grandes
haciendas, pues crindose en las de las provincias remotas y comprado y
trado para repastarlo en las de la capital, para abastecer de carne,
forma un trfico entre un orden de individuos, que ni corresponde
propiamente  la agricultura, ni al comercio.

Los agricultores que se deben considerar como tales, son los que poseen
las haciendas productoras del ail. Este fruto por su preciosidad
 importancia merece la mayor atencin, porque es toda el alma que
vivifica el reino: es su comercio activo de extraccin, de tal modo,
que sin l no habra objeto de relaciones entre la metrpoli y nosotros.

Otro ramo de agricultura, cual es el azcar y rapadura, constituye un
trfico interior que abastece al reino de este artculo, sin extenderse
 la exportacin por las distancias y costos para embarcarlo. Lo mismo
sucede con el algodn, que sin embargo es incalculable su utilidad para
los tejidos del pas, con que se provee la gente pobre, y aun la que
no lo es, de modo que si se desterrara la ridcula y muy perjudicial
vanidad de hacer uso de gneros extranjeros, de los introducidos por el
contrabando y permisos perjudiciales, ninguna clase de gente se podra
quejar con razn de no tener ropa con qu vestirse, adecuada  los
temperamentos del reino, y de una decencia sustancialmente racional,
puesto que no faltan tampoco los tejidos de lana, cuyas fbricas son
peculiares de Quezaltenango y su provincia.

Con exclusin de muy pocos, los referidos labradores,  pesar de los
vastos terrenos que abrazan sus haciendas, son pobres en realidad,
porque adems de dichas posesiones tienen sobre s capellanas,
hipotecas y otros gravmenes al par de sus valores, que los obligan 
acudir anualmente  la satisfaccin de los rditos, necesitan adeudarse
para poder trabajarlas bajo el mtodo que acostumbran, no verificndolo
casi nunca con el desahogo esencial que proporciona el provecho y
felicidad del hombre. Parece que estudian con empeo cmo ahuyentarla
de s, aun cuando por algn accidente favorable se les aproxima, porque
si tienen una hacienda gravada, y por ventura logran desempearla 
fuerza de su trabajo y  merced de algunas buenas cosechas y expendio
ventajoso, en este caso, en vez de dedicarse cuerdamente  trabajarla
con desembarazo  independencia de toda suerte de habilitaciones y
dems emprstitos que obstan  la prosperidad, compran otra  otras,
que los constituyen hombres de muchas tierras, de muchas ideas huecas
de felicidad, y de mucha agitacin en todo el curso de su vida,
emplendola en tapar y destapar continuamente los agujeros que la
codicia ocasiona en el mal cimentado edificio de sus errados clculos;
y esta es la propensin innata de los labradores de este reino.

Respecto  los comerciantes, ascendern  treinta  treinta y cinco en
todo el reino las casas mercantiles que merezcan este ttulo, siendo
las nicas que directamente reciben de Cdiz por el golfo de Honduras
anualmente el valor de un milln de pesos, sobre algunos miles ms 
menos, en gneros europeos, que distribuyndose entre los mercaderes,
los expenden por menor en sus tiendas, y aun el mayor nmero de los
primeros practica lo propio en las que en sus casas tienen con nombre
de almacenes. Los retornos se efectan en igual porcin de libras de
ail, fruto casi nico que sostiene las relaciones del comercio con la
metrpoli, debindose entender este clculo aproximado cuando la guerra
con los ingleses no pone obstculos  la navegacin, y la langosta 
algn otro contratiempo, no menoscaba las cosechas de la tinta.

Uno, dos,  tres barcos menores que vienen  Sonsonate tambin del
Per, con cargamentos de vinos de Chile, aceite, aceitunas, pasas,
almendras, pellones, de doscientos  trescientos mil pesos en moneda,
para compra de ailes, cortes, forma otra relacin de comercio entre
este y aquel reino.

De la Habana, Bataban y Cuba, llegarn  Trujillo de ocho  diez
goletas, pailebots, etc., la mayor parte con cargamentos mezquinos de
aguardiente de caa, cebollas y otros objetos que ms parecen pretextos
para ganar los registros en las aduanas, que motivo de negociacin; as
es que, importando un cargamento de stos  lo sumo, calculado por los
registros, de cinco  seis mil pesos, y llevndose en retorno, adems
de porcin considerable de ailes, de treinta  cuarenta mil pesos en
moneda registrada, y acaso otros tantos por alto, en la plata y oro
en pasta de los minerales de la provincia de Honduras, es evidente
que dicho trfico es contrabandista y clandestino, que se ejerce
impunemente,  vista, ciencia y paciencia de los mismos que debieran
embarazarlo.

Al ro de San Juan vienen tambin anualmente tres  cuatro barcos con
registros de Cartagena, Santa Marta y otros puertos espaoles, donde
no es verosmil haya almacenes capaces de formar los cargamentos que
traen, siendo consiguiente que stos se efecten en Curazao y que
los registros  sean falsos, como se ha probado repetidas veces, 
comprados  la infidelidad de algunos empleados.

De todos estos manantiales, y de las introducciones que se hacen por
el puerto de Villa Hermosa en la provincia de Tabasco, las ms de ellas
igualmente fraudulentas, se eslabona una cadena de giro, que circulando
progresivamente de mano en mano, constituye una base de comercio sobre
que estriba el segundo orden de este ramo compuesto de mercaderes
con tiendas ms  menos surtidas en la capital y dems cabeceras de
partidos, as como de viandantes, que andan por todas partes acechando
las ocasiones de proveerse de anchetas,  todo trance y riesgo.

Fuera de estos principales ramos que los forman, como dejamos
expuestos, los gneros europeos legtimamente introducidos, y los
asiticos  ingleses de algodn, que  pesar de las leyes, reales
rdenes, y contra la buena poltica del inters de la patria se nos
ingieren, tenemos otros domsticos de alguna consideracin, y fuera
en sumo grado su importancia  no obstarlo los espurios asiticos 
ingleses, contrarios  sus progresos y prosperidad, tales son los
cortes de enaguas azules, mantas blancas ordinarias, medianas y finas
para sbanas, fustanes, camisas, y otros infinitos usos: cotines de
todos colores y labores, propios para el vestido decente diario del
hombre, especialmente los ms adecuados, por su mucha duracin y
baratura, para los nios y muchachos: cotonas blancas muy buenas,
superiores  las inglesas en duracin, y por una tercera parte del
precio que stas se venden: mantelera ordinaria y hasta exquisita,
tohallas, colchas, y otros varios tejidos todos de algodn patrio
y de lana, que en el da lnguidamente se fabrican en la capital,
Quezaltenango y otros pueblos donde se consume ya muy poco; pero que no
hace muchos aos se fabricaban con ahinco  inters, se gastaban con
gusto, y se hacan crecidas remesas  las provincias, expendindose
ventajosamente, ya en las tiendas y ya en partes de las habitaciones
que se dan  los cosecheros de tintas, y en cambio tambin de stas,
de que resultaba el incalculable beneficio de la ocupacin de los
patricios, hallando fcilmente en ella la subsistencia de sus familias;
que el numerario no pasase  pases extranjeros, pues circulaba slo
en el reino, en provecho suyo; que los ociosos (muchos  su pesar,
especialmente del gremio de tejedores) de que estamos abrumados
actualmente, no lo fuesen en dicha poca; y el que la extravagancia
del lujo no tuviese corrompido, como ahora, todo el mujeriego sin
distincin de clases y condiciones, con otros infinitos males
accesorios  los indicados.

Este es en suma el cuadro analizado del estado actual del reino, que
demuestra su extensin, las cualidades de sus terrenos y climas para
las producciones propias y extraas, su poblacin dividida en las
clases que abraza, y los usos y costumbres de cada una para subsistir.
Bajo cuyo principio, entramos en materia ceida  la agricultura y
comercio, y  la indagacin de los medios sequibles  su mejora.

La agricultura, pues, ha sido siempre considerada como el manantial
ms necesario y rico de un Estado, porque alimenta  los hombres, y
proporciona las artes, siendo como el tronco de un rbol, sobre el cual
toman su incremento todas las ramas del comercio. Es el destino del
hombre en sociedad, que no cindose  clase alguna las abraza todas en
general; as es que el clrigo, el magistrado, el caballero, el espaol
llano, el indio y el mulato pueden ser labradores en su esfera, no
habiendo ocupacin ms digna del hombre libre, ms grata y mejor, que
la empleada en el cultivo de la tierra, cuya posesin es una verdadera
y slida propiedad, que la ley protege y perpeta[167].

      [167] ihil est agricultura melius, nihil dulcius, nihil nomine
      libero dignius--Cic.

En efecto, la propiedad que el hombre adquiere en el pas donde nace
 reside, es la que le inspira el amor patritico, la que lo aficiona
 trabajar para utilizarse de ella, desvindolo de la holgazanera
y vicios consecuentes; y la que en fin, lo hace miembro til 
interesante del Estado, siendo evidente que el hombre sin propiedad
nada posee, que el que nada posee, nada tiene que perder, y que el que
no tiene que perder, _no tiene patria_; de donde proviene que esta
casta de gente es la ms temible en cualquiera conmocin popular, por
presumir siempre que no puede empeorar su suerte.

Por otra parte, es cosa averiguada en este reino, que las tierras
repartidas en pequeas posesiones, trabajadas materialmente por sus
propios dueos, fructifican incomparablemente ms que las constitudas
en grandes haciendas.

Este que es un gran principio inconcuso, lo vemos puntualizado en
nuestras cosechas de ail. Chalatenango y Tejutla, en la provincia de
San Salvador, componen un vecindario de doce mil quinientas almas,
cuya mayor parte es propietario de cortos terrenos, y  pesar de
que stos son sin disputa los ms estriles de toda la provincia,
puede asegurarse que anualmente excede de mil zurrones su cosecha,
y en la del ao de 806 levantaron como se podra hacer ver, ms de
mil quinientos. Por esta proporcin y sin contar con las ventajas
del terreno, corresponda que toda la provincia con respecto  su
poblacin, levantase de catorce  quince mil zurrones anuales, y que
la cosecha de 1806 hubiese ascendido  veintiuno  veintids mil,
siendo as que no pas de cinco mil quinientos,  seis mil zurrones.
Si volvemos los ojos  las cosechas de maz que tenemos  las puertas
de la ciudad, veremos tambin en ellas confirmada esta verdad. Un
hacendado que siembra diez fanegas, no levanta arriba de seiscientas 
ochocientas, y un propietario poquitero que siembra una sola fanega,
alza sobre cien y  veces hasta doscientas: es decir que en manos de
ste, produce un doscientos por ciento sobre el labrador en grande.
Toda esta diferencia hace que la tierra est distribuida en grandes
 pequeas proporciones, cuya razn no es necesario indagar, porque
es bien obvia y conocida. De aqu, y de sus menores gastos, proviene
tambin que en manos del poquitero, tenga siempre menos precio
cualquier fruto".[168]

      [168] Informe  este Real Consulado en 1808, por don Juan
      Antonio de Aqueche y don Anselmo Quirs.


                Agricultura con respecto  los indios.

Jams nos cansaremos de clamar en favor de los indios de Guatemala
que nos tocan ms de cerca: la justicia lo requiere en razn de sus
derechos y estado. Esta clase, la ms numerosa de la poblacin del
reino, pues la hemos hecho ascender  seiscientas cuarenta y seis
mil seiscientas sesenta y seis almas, afianzados en buenos datos, es
la que segn hemos indicado, trabaja ms que las otras, resultando
casi todo su trabajo en beneficio y comodidad de ellas. A pesar de
esta verdad, resuena continuamente en nuestros odos que los indios
son unos haraganes, flojos, indolentes, borrachos, y que si no se
les apremia con rigor, nada hacen, porque son como las bestias. Y
quines son los que les hacen tales acusaciones y tan indignamente los
vituperan? Aquellos mismos que si no fuera por los indios, perecieran
de necesidad: aquellos mismos que no emplean su tiempo sino en puras
bagatelas y operaciones ftiles, cuando no perjudiciales, y aquellos
mismos, que aun trabajando, si se compara su trabajo con el del indio,
se encontrar mucho ms pequeo que el de ste. Es cierto que el
indio propende  la borrachera, pero trabaja para emborracharse, y se
emborracha con _chicha_, y borracho no daa  nadie: pasa su letargo al
lado de su fiel consorte  de algn compaero que se abstiene de beber
para velarlo mientras le dura: es indolente; pero trabaja de cualquier
modo, y las indias y los indizuelos, desde la edad de seis y siete
aos, trabajan igualmente.

Pero en cuanto  su propiedad afecta  sus ejidos, es tan sumamente
precaria que la distribucin depende del capricho de sus propias
justicias, quienes arbitrariamente les dan tierras  su antojo, se las
quitan y vuelven  drselas cuando y como quieren, dejndolos fuera
de proporcin,  lo mejor del tiempo, de poder sembrar ni para s ni
para otro alguno, y lo peor es que con este desarreglo y arbitrariedad
jams podr el indio afianzarse en el laboro de su posesin, para ser
til agricultor aunque sea de slo maces y legumbres.

Para remover este abuso y otros muchos, que luego sealaremos, juzgamos
convendra crear en esta capital una junta protectora de esta clase de
gente, compuesta del ilustrsimo seor Arzobispo, del seor Ministro
decano de la Real Audiencia, del Regidor decano del N. Ayuntamiento,
y del Prior del Real Consulado, con Secretario: que celebrase sus
sesiones una vez en la semana, para tratar en ellas de cuanto conduzca
 su bien y felicidad, oyendo sus reclamos y quejas, para ventilarlas
y satisfacerlas expedita y sencillamente: que cuando el negocio por
su naturaleza necesitase del conocimiento de la Real Audiencia 
del Superior Gobierno, se ocurriese  estas autoridades por medio
del Secretario, firmando ste los escritos con previo acuerdo de la
Junta, la cual lo debera ejecutar por s en las representaciones que
conviniese hacer  S. M.

Que al propio efecto y por el mismo orden, se creasen en las cabeceras
ms principales de las provincias otras juntas compuestas del S.
Intendente  Alcalde mayor, del Cura, del Regidor decano y del Diputado
consular, tambin con Secretario, y que stas se correspondiesen con
las de la capital en todo lo relativo  la mejora de costumbres,
agricultura y felicidad de los indios. En cuyo supuesto, convendra
estatuir los artculos siguientes:


                                 1.

El indio tendr campo propio del ejido de su pueblo, distribuyndosele
la porcin de tierra suficiente luego que se case, en que pueda
sembrar lo necesario para mantener su casa todo el ao, pagar sus
contribuciones, vestirse, y que le quede algn sobrante.


                                 2.

Estas tierras se les darn en absoluta propiedad para s y sus
sucesores, sin que sus justicias puedan ya despojarlos de ellas, como
ahora lo hacen en muchos pueblos; pero s los obligarn  cultivarlas
en el caso de indolencia del propietario.


                                 3.

En ellas debern cultivar no slo su maz y dems necesario para
el gasto de su familia, sino los frutos anlogos al clima, y
circunstancias del pas.


                                 4.

Para estos cultivos, le suministrar el Alcalde mayor, herramienta,
semillas, bueyes de arado y dems que necesiten; pero no podr
repartirles efecto alguno que les sea intil, bajo la pena de perderlo.


                                 5.

De las habilitaciones que haga el Alcalde mayor en su provincia,
formar dos notas individualizando los efectos y precios, que juradas y
firmadas entregar una  las justicias naturales y otra al respectivo
prroco, quienes firmndolas tambin las pasarn  la Junta de
proteccin.


                                 6.

Llevar el Alcalde mayor un libro tambin jurado, donde anotar por
menor los efectos que reparta, y los frutos que reciba en pago, con
expresin de precios en unos y otros.


                                 7.

El cobro de dichas habilitaciones, lo har el Alcalde mayor
precisamente en frutos de cosecha propia del indio deudor, y no en otra
especie, dejndole los sobrantes, si los tuviere, para su libre trfico
y contratacin.


                                 8.

Del mismo modo percibir en frutos el importe de las contribuciones con
que el indio deba subvenir  los cargas del Estado, y de este monto
har los enteros en la tesorera respectiva sin descuento alguno. No
obstante, si al indio le conviniere vender por s dichos frutos y hacer
el entero en dinero, se le dejar en libertad para ello.


                                 9.

Todo lo que reciba por uno  otro ttulo, lo anotar por menor en el
libro indicado, con expresin de especies y precios, y dar tambin
notas  las justicias y  los curas para pasarlas  la Junta protectora
en los mismos trminos que los del repartimiento.


                                 10.

En ningn caso podr cobrarse en maz ni otros granos del preciso
alimento del indio y su familia, sino, como se ha dicho, nicamente en
los otros frutos que cultive, pues aquellos han de ser sagrados y no
han de aplicarse jams  otro objeto.


                                 11.

Para que en uno y otro no haya atraso, ni omisin por parte del
indio, ser obligacin precisa de los Alcaldes mayores, el celar que
indispensablemente cultive todo indio aquellos frutos y aquella porcin
de tierra que se le seale, bajo la pena de perder la habilitacin, que
le haya dado aquel ao.


                                 12.

Al efecto, y siendo el objeto principal el fomento de la agricultura
del reino en todos sus ramos, y proveer adems  la cmoda subsistencia
del indio, sacndolo de su indolencia, harn los Alcaldes mayores
visitas territoriales en los tiempos de siembra, y dems beneficios de
los frutos, en las cuales se enterarn por s mismos de si todos los
indios atienden  sus labores  hay alguno que las abandone, y cul sea
la causa, con cuyo conocimiento acudir al remedio oportuno.


                                 13.

Si el motivo fuese el de enfermedad  muerte del indio, har que
las justicias obliguen  los mozos del pueblo  que continen los
beneficios que exija el fruto hasta su cosecha en los das festivos,
para lo cual acordar con el Padre Cura su habilitacin, despus de
haber odo misa, pero siempre en favor del propietario  sus herederos,
no debiendo esperarse se niegue nadie, si se les hace comprender el
comn beneficio de esta prctica.


                                 14.

De ningn modo podr el Alcalde mayor entregar sus habilitaciones  las
justicias de los pueblos para que ellas las repartan y cobren, como
han hecho muchas hasta aqu con el fin de hacerles el cargo total, y
precaver los riesgos individuales, sino que deber correr stos sin
que el comn ni los hijos y herederos del que muriere  faltare al
pago, sean responsables ms que hasta donde alcancen sus bienes, con
exclusin de las tierras, pues stas nunca debern responder  deuda
alguna del propietario, por pertenecer al ejido del pueblo, debiendo
pasar  los sucesores del difunto.


                                 15.

Respecto  que la extraccin de indios que se acostumbra hacer en los
pueblos con el nombre de mandamientos para trabajar en las haciendas
de los blancos, perjudicar infaliblemente  la labranza de los mismos
indios, teniendo stos campos propios  que atender y ocuparse, siendo
precisamente el tiempo en que se efectan dichas extracciones el
oportuno que ellos necesitan para cultivar tambin sus posesiones 
cosecharlas, parece debe considerarse este punto con mucha prudencia
y tino,  fin de que ni los unos ni los otros sufran detrimento. Bajo
este supuesto, no tan slo no se obligar  indio alguno que tenga
sementera propia,  que est para sembrarla, cuidarla  cosecharla, 
que vaya  beneficiar la del blanco, sino que aunque quiera, no se le
permitir abandonarla si de ello ha de resultar el que se le pierda.
Podr solamente echarse mano para dichos repartimientos, de aquellos
indios que por algn motivo se hallasen expeditos en la ocasin que se
pidan; y los hacendados procurarn buscar otra gente que les trabaje
por sus justos jornales, introduciendo esta prctica observada en
muchos parajes del reino, bien que conocemos las penalidades que les
ofrecen las costumbres viciosas de la gente parda y mixta si no se
logra reformarla.


                                 16.

Podrn continuar los repartimientos de hilazas de algodn en aquellas
provincias donde estuvieren en prctica, pues siendo esta ocupacin
propia de las mujeres, en nada debe embarazar la de los indios en su
agricultura.


                                 17.

Tambin deben introducirse las hilazas en todas las provincias donde
se cultive el algodn, as para dar ocupacin  las indias, como para
abaratar los hilos con el ahorro de los transportes de algodn en rama
con pepita, que los recarga en las tres cuartas partes de su peso.


                                 18.

Como el ms inmediato objeto de este plan es el insinuado de fomentar
la agricultura entre los indios, y sacarlos de la miseria en que por
lo general estn al presente, ser el primer cargo de residencia de
los Alcaldes mayores el de los adelantamientos de ambos puntos, y
observancia de estos artculos en lo que les respecta en el tiempo de
su gobierno.


                                 19.

En ella se presentarn los libros que haya llevado, la cuenta y razn
de las compras y repartimientos que hubiese hecho, y de los frutos en
que haya cobrado, todo con sus precios,  que se acompaarn las notas
que haya dado  los Curas y Justicias de los respectivos pueblos,
pasadas  la Junta protectora.


                                 20.

Si se hallase exceso y omisin culpable, se le impondr una pena
pecuniaria correspondiente, que se distribuir entre los mismos indios
 sus herederos, con proporcin al negocio que haya hecho con cada uno,
y adems pagar el costo de formar esta liquidacin.


                                 21.

Como no es fcil que ningn ladino pueda engaar al indio vendindole
al contado  fiado los utensilios y efectos que necesita para el
cultivo de su tierra, dndoselos  exorbitantes precios y hacindoles
recibir los que les son intiles, entendiendo el indio como entiende
muy bien en esta parte, lo que le trae cuenta, y regatea y examina,
como suspicaz, las cosas  la luz de su propio inters, de modo que
slo el respeto, la sumisin, y acaso la violencia de los alcaldes
mayores en tiempo de los repartimientos arbitrarios, les obligaba 
cerrar los ojos y recibir lo que dichos jefes queran, y  los precios
que les sealaban por altos que fuesen, podr cualquier mercader de la
capital  de las provincias proveer  los indios de lo que necesiten,
con tal que intervengan en la compra las justicias naturales, con slo
el fin de evitar toda sombra de mala fe y engao entre el vendedor y
comprador, observndose para el pagamento lo prescrito en los artculos
7, 10 y 14.

He aqu la constitucin poltica, que nos parece deberse estatuir para
hacer al indio verdadero agricultor, y fomentar la agricultura del
reino, pues adems de ser anloga  su carcter y costumbres, concila
perfectamente los extremos de las dos opiniones contrarias acerca de
los repartimientos, que les hacan los Alcaldes mayores, y que hoy se
hallan suspensos por superior resolucin.

A la verdad, eran repartimientos violentos y tirnicos, propios slo
para enriquecerse dichos jefes, y abismar ms y ms en la miseria  los
indios, porque les hacan tomar violentamente artculos que ellos para
nada necesitan, y  precios exorbitantes, poniendo trabas  cualquiera
otro individuo espaol, de poderlos habilitar con utilidad del indio,
exenta de vejaciones abominables, en cuyo supuesto estriba la opinin
de la negativa. La afirmativa rueda sobre que si al indio no se le
obliga con rigor al trabajo, nada hace de provecho por su indolencia
natural y pocas necesidades para subsistir  su modo, y que mediante
este principio, los Alcaldes mayores por su inters propio y codicia,
los apremiaban  que trabajasen para pagarles, siendo el resultado,
que  pesar de esta tirana clsica, trabajaban, algo les quedaba, y
los hilados y frutos que se vendan en la capital por cuenta de los
repartidores, beneficiaban al pblico.


                       Abusos en las cofradas.

Estas congregaciones (dice), segn el verdadero espritu de su
primitiva invencin, son excelentes y tiles, tanto en razn de moral
cuanto en lnea de poltica. Reunir al pueblo por turnos al pi de los
altares, suministrarle ideas y vnculos de dependencia bajo el aspecto
ms agradable y sagrado, divertirlo y complacerlo en el seno mismo de
la piedad, hacerle gastar en cosas honestas y de gusto, ensearle 
tener fondos pblicos,  aumentarlos,  socorrerse con sus productos,
son objetos muy finos, muy dignos de que agradezcamos  los primeros
conquistadores la atencin que ponan en extender, consolidar y cubrir
de flores el imperio de su nueva dominacin.

Pero en esta provincia se han alterado infinito las circunstancias y
mtodo de las cofradas, y stas han llegado  ponerse en un pi el
ms ruinoso para su poblacin y agricultura. Por decontado, ninguna
de estas cofradas tiene fondos, y todos los gastos generales 
individuales, deben salir de la contribucin, de la derrama, de la
limosna, del sacrificio del cofrade. En segundo lugar, su nmero no
es proporcional al vecindario de los pueblos. Cuando stos tenan
triple cantidad de familias contaban v. g. diez cofradas cada uno: las
mismas diez se han conservado, aunque la gente ha disminudo en razn
de tres  uno. Por consiguiente, el artculo de cofradas se ha hecho
ms pesado, en razn de uno  tres. En esta cabecera, que apenas tiene
trescientos tributarios, hay diez cofradas y noventa y seis individuos
en ellas. (San Antonio Suchitepquez).

Los gastos de un cofrade regularmente sobrepujan al alcance de sus
fuerzas. Una pobre india molendera  mujer de un jornalero infeliz,
tiene que gastar cuando menos ochenta y un pesos al ao. Ahora, pues,
una molendera gana doce pesos al ao   lo sumo diez y ocho. Un
machetero gana cincuenta pesos, y es menester para ello que sea buen
trabajador, con qu comen, con qu visten estos miserables en el
discurso del ao de la cofrada? Es verdad que algunos salen de este
ahogo vendiendo  empeando su cacaoatal, pero pocos y pocas tienen
este recurso y slo les queda el de robar y prostituirse, despus
de haberse agotado todos los dems, de vender y venderse.... Estos
inconvenientes y otros anlogos, que omito, resultan de las cofradas
en el pi en que estn de no tener fondos productivos y propios, de ser
demasiado numerosas, y ocasionar gastos excesivos.

No obstante, todo ello sera llevadero si los pobres contribuyentes
pudiesen trabajar mientras les dura esta obligacin. Siquiera ganaran
parte de lo que han de gastar; pero lo peor es, que desde que entran
en cofrada hasta que salen, quedan vinculados exclusivamente en la
sacrista............


                  Abuso en el servicio de sacristas.

Una iglesia parroquial en Espaa est perfectamente aseada y servida
por un sacristn y un par de monacillos, y en la de los anexos no hay
ms que un sacristn. Por consiguiente, las seis parroquias, los diez
anexos de esta provincia, no ocuparan en Europa ms de veintiocho
hombres. Aqu ocupan, adems de las cofradas, doscientos cuarenta y
ocho indios. Todo este nmero de indios no se desprende de los balcones
y corredor de la sacrista, y all vegetan silenciosos y miserablemente
 la sombra del campanario, olvidados de sus trabajos, y esperando que
sus mujeres les lleven all mismo la comida diaria, gnenla donde la
ganaren.

Cuando un indio de stos acaba su ao de sacrista  de cofrada,
adems de quedar arruinado, y lleno de deudas, ya no vuelve con el
amor de antes  su antiguo trabajo del monte. Un ao entero de retiro,
de sueo y de inmovilidad, entorpeci el juego de sus msculos, y le
inspir un gusto que no tena para residir en el pueblo, y abandonarse
en l  todos los resultados de una vida sedentaria  inactiva.[169]

      [169] Demuestra el observador, en dos estados, uno de las
      cofradas y otro del servicio de sacrista, el nmero de
      individuos que en ellas se emplean, con los nombres de sus
      respectivos oficios. Hace ascender el total de las cofradas,
      en los diez y seis pueblos de la provincia,  ciento setenta
      y ocho, que constando cada una de seis individuos, suman mil
      sesenta y ocho personas, de las que quinientas treinta y cuatro
      son hombres, que se deben contar por perdidos anualmente en
      cuanto  los trabajos de agricultura, y quinientas treinta y
      cuatro mujeres, que corren parejas con los hombres en su ramo
      de trabajos caseros. Sobre cuyo dato, y el de los trescientos
      sesenta y cinco das del ao, que dejan libres trescientos
      uno  los indios para poder trabajar, saca ciento sesenta
      mil setecientos treinta y cuatro jornales de prdida al ao
      correspondientes  los hombres, y otros tantos  las mujeres.
      El del servicio de sacristas en los mismos pueblos, lo hace
      subir  doscientos cuarenta y ocho, entre fiscales, maestro de
      coro, maestro doctrinero, cantores, mayordomos de sacrista, de
      fbrica, sacristanes, tambores, clarineros, pitos, criados de
      los mayordomos de sacrista, etc. etc. y deduce la prdida de
      jornales contra la agricultura, por el mismo principio que el
      de las cofradas,  _setenta y cuatro mil seiscientas cuarenta
      y ocho_.


                   Abuso en el servicio parroquial.

Los mismos fatalsimos productos saca un indio del tiempo que invierte
en el servicio parroquial. Si en este objeto se emplearan solamente
dos  tres indios, tendran ocupacin suficiente; pero su nmero es
excesivo. Ser creble que para el servicio individual de los dos
Padres Curas y dos coadjutores, que tiene esta provincia, se dediquen
diaria y exclusivamente ciento treinta y cuatro hombres, sin contar
las mujeres? Ello es dificultoso de creerse; pero por desgracia es
matemticamente cierto y verdadero. El servicio de la Casa Real ocupaba
doce, y qued reducido  tres, por el autor de estas reflexiones.

Ninguno de estos empleados gana un cuartillo, y en llegando la hora de
comer van  buscarlo  sus casas. No s adivinar qu coman ni de dnde
les venga, estando de fuerza con los brazos cruzados: si s que uno
solo de estos curas manda dar tortillas.

Como antiguamente estos pueblos eran tan populosos y administrados
por conventos de religiosos, no es extrao se adjudicase tanto nmero
de indios  su servicio personal y domstico. Con el discurso del
tiempo, los pueblos han ido perdiendo su vecindario, un solo sacerdote
secular ha entrado  desempear las veces de una comunidad regular;
no obstante, ha quedado en la trena el mismo nmero de sirvientes, y
ha quedado en el mismo pi de ociosidad y de hambre. Iguales causas
han infludo para que las raciones diarias de vveres que estos indios
dan  sus P.P. Curas sean sumamente crecidas. Mi antecesor D. Jos de
Alvarado, hizo de orden superior, una cuenta de lo que importaban en
los seis curatos de la provincia. Estas raciones reducidas  valores
numerarios, y aun calculando su importe por trminos bajsimos, hall
que pasaban de diez y siete mil pesos anuales, cuya cuenta debe existir
original en los Archivos de la Real Audiencia.

Yo no hablar nada sobre el particular de raciones, porque mi objeto no
es averiguar cunto dinero pierden los indios en este  en otro punto,
sino cuntos indios dejan de trabajar en el cultivo de la tierra, por
esta  aquella distraccin intil  la agricultura.

En el planito siguiente, trazo la cuenta de cuntos indios se ocupan
en las noventa raciones de _zacate_[170] y en las cincuenta de lea
que los indios dan diariamente  sus P. P. Curas; y me asombro al ver
que este pequeo y nico ramo tiene embarazados doce mil setecientos
setenta y cinco jornales.

      [170] Yerba  forraje para caballeras.

                     _Tercios_. _de lea_.    _De zacate_.    _Total_

  Al Cura de Mazatenango             4             16             20
  Al de Cuyotenango                  8             20             28
  Al de Zambo                        4              8             12
  Al de Rctalhuleu                   6             12             18
  Al de Samayac                      4             10             14
  Al de San Antonio Suchitepquez    6              6             12
  Al Coadjutor de San Sebastin     12             14             24
  Al de Santo Domingo                6              6             12
                                   =================================
       Total de raciones            50             90            140

Segn esta cuenta, en la que no se incluyen las contribuciones
extraordinarias, ni las que sufragan los semaneros, resultan ciento
cuarenta raciones al da, y cincuenta y un mil ciento al ao. Supngase
que un indio puede desempear la tarea de buscar, hacer y traer cuatro
tercios al da, (que no es suponer demasiado) y reduciendo este nmero
de raciones  jornales efectivos, sale demostrado que el zacate y
lea de las raciones, invierten un trabajo equivalente al de doce mil
setecientos setenta y cinco jornales. Por toda esta faena no ganan los
indios ms que tal cual piquete de culebra, mojarse, embarrancarse,
darse algn hachazo,  otra semejante adeala, pues como van al monte
muy precisados en todo tiempo, y en toda hora, no pueden proceder con
todas las precauciones ordinarias, para libertarse de los encuentros
de los reptiles venenosos, ni de las intemperies de la estacin, ni de
todos los dems productos de la prisa y del miedo.

En estos mismos tiempos de infelicidad, y con las mismas causas que
acabo de insinuar, se han establecido otras costumbres onerosas  los
pobres indios. Una de ellas es que en todos los curatos se destinan
unas cuadrillas numerosas, con el nombre de pescadores, los cuales
salen de sus pueblos precisamente el domingo de quincuagsima, van
 establecerse  orillas de los ros caudalosos, en los parajes ms
solitarios, y all se mantienen pescando hasta el sbado santo,  su
costa, sin ganar un medio, con la pensin de enviar diariamente al
P. Cura cuanto pescado vayan cogiendo, y con la otra pensin, ms
terrible, de deberlo llevar fresco, y para esto tienen unos corredores,
que van y vienen continuamente. Ello es para las raciones de toda la
cuaresma, que para todos los viernes del ao hay otros pescadores que
se ejercitan en lo mismo, dos das cada semana, y despus se aumentan,
cuando ocurren vigilias  tmporas. Parecer esto frvolo, pero vase
en el planecito nmero cinco, que esta bagatela hace perder  la
agricultura de la provincia nueve mil quinientos ochenta y cuatro
jornales al ao. Los cinco mil ochocientos cuarenta de ellos son
los ms preciosos para la subsistencia del pas, porque la estacin
cuadragesimal en que se pierden, es cabalmente la de las rozas y
siembras. El miserable indio, que en este tiempo va  pescar, se queda
sin _milpa_,[171] que quiere decir, sin el recurso de su primera
necesidad.

      [171] Siembra de maz.

Otra de estas costumbres injustas, es la de enviar de balde  los
indios  llevar los tributos  la capital. Es verdad que este dinero
es del rey; pero el rey paga  quien le sirve. Con los mil trescientos
veinte jornales que se pierden en esto, segn el plan nmero 6, haba
para mantener limpio anualmente un cacaotal de seiscientas sesenta
cuerdas.

Un poco peor es la otra costumbre de que slo los indios vayan 
limpiar y componer de balde los caminos, puentes y calzadas. No hay
motivo para que los ladinos se eximan de este trabajo tan til como
necesario. Si los ladinos llevasen siquiera por mitad el peso de esta
costumbre, no cargara slo sobre los indios la prdida de los tres
mil trescientos ochenta jornales que se invierten en estas operaciones
segn el plano nmero 7. A este total, debe agregarse los das que
pierden las indias, ya en preparar el bastimento que deben llevar  sus
maridos, y en llevarlo ellas msmas.

Por el plano nmero 8 se ver que otros mil ochenta jornales son los
que pierden gratuitamente en composturas y refacciones de casas
parroquiales, iglesias y cabildos. Tambin de esta costumbre estn
libres los ladinos, as como lo estn de todas las dems que dejo
expuestas.

Todas ellas se impusieron, como se ha indicado, cuando los pueblos eran
muy numerosos, y se hallaban en un estado pujante de cacaotales y dems
ramos de agricultura. Luego qued la carga de los mismos entables, aun
faltando sus causales y justificantes, slo en fuerza del hbito y de
la costumbre. Bien s que esto hace ley, pero como dice oportunamente
el P. Terreros en la definicin de dicha voz "esta se debe entender
cuando es buena en orden  seguirla y cuando mala en orden  huirla por
su tirana y dominio"....

Es verdad que los indios estn muy pegados  lo que ellos llaman
_costumbres_; porque como siempre temen empeorar de situacin,
prefieren un mal conocido  todo bien que no alcanzan  ver y no
creen posible. Aman sus costumbres, como aquella vieja de Siracusa
rogaba al cielo por su Dionisio. Pero este apego de los indios, slo
se exprimenta cuando se trata de establecer algn nuevo orden de
cosas: mientras se est tratando, mientras se habla, se proyecta, se
amaga para lo futuro, mientras el negocio no pasa de la hiptesis
 la realidad y de la terica  la verificacin. Hgaseles conocer
experimentalmente, que con motivo de quitarles una mala costumbre, no
se les pone otra peor como les est sucediendo casi siempre, y se ver
con que gusto y prontitud abrazan la exoneracin de cuantas tienen.
Todo hombre, y muchsimo ms el hombre infeliz, ama la bondad por s
misma, y porque en ella cree verdaderamente existente cuanto cabe en
las ilusiones de su esperanza y deseo. Y el indio ser insensible 
resistente  esta inclinacin, que es una de las ms generales de la
naturaleza!"....

Habiendo expuesto el observador sus reflexiones sobre las costumbres,
comprendiendo en esta denominacin todo lo antedicho de cofradas,
sacristas, servicio y dems tequios[172] de los indios, pasa 
vituperar _los abusos_ (no el establecimiento) de las escuelas de los
indizuelos, milpas de comunidad etc. produciendo  ms de los tres
estados, de que se ha hecho mencin, otros once individuales, que
evidencian matemticamente la enorme prdida de jornales, que pierden
forzosamente al ao los indios de la provincia de Suchitepquez, sin
ganar nada para s, ni para la agricultura, cuya recapitulacin de
dichos estados es como sigue:

      [172] Vejmenes.

                                                  _Jornales Perdidos_.

   1  Por la institucin y servicio de cofradas              160,734.
   2  Por la asistencia, y servidumbre de la sacrista         74,648.
   3  Por el servicio personal de conventos                    40,334.
   4  Por la racin de lea y zacate de los mismos             12,775.
   5  Por el ramo de pescadores parroquiales                    9,584.
   6  Por la conduccin de tributos  la capital                1,320.
   7  Por las limpias y composturas de caminos pblicos         3,380.
   8  Por composturas y refacciones de conventos etc. etc.      1,080.
   9  Por los empleados de Cabildos y Justicias                77,959.
  10  Por el desperdicio que hay en las milpas de Comunidad    17,036.
  11  Por el orden de escuelas                                  9,030.
                                                              --------
                                                   Total      407,880.

En esta suma, tan espantosa como infalible, no se incluyen los ciento
sesenta mil setecientos treinta y cuatro jornales de las indias de
cofrada de que habla el _Estado nmero 1._, ni los trece mil
quinientos cinco de las molenderas, especificadas en otro estado, cuyas
dos cantidades componen la de ciento setenta y cuatro mil doscientos
treinta jornales de mujer, que aunque no se reputen ms que  medio
real de valor cada uno, forman la suma de diez mil ochocientos ochenta
y nueve pesos, siete y medio reales anuales, que equivale talvez  la
que podan necesitar las mismas indias para vestirse todo el ao.

La prdida de los cuatrocientos siete mil ochocientos ochenta jornales
de los indios  razn de real y medio cada uno, valen en numerario
setenta y seis mil cuatrocientos setenta y siete pesos, cuya cantidad
produce menos ventajas que si se echasen al ro ao con ao. Con dichos
cuatrocientos siete mil, ochocientos ocho jornales que se pierden tan
mseramente, haba para cultivar casi doble nmero de cacaotales de los
que hay en la provincia.

Si se pregunta, porqu los cacaotales se han perdido y enmontado?
porqu se han esterilizado los que parecen limpios? porqu se han
abandonado la siembra y beneficio del jiquilite, y de la grana, que
antes se cultivaban en estos pueblos? Por qu en ellos no hay ya
cosechas ni cuidado del ramo de vainillas, en otro tiempo tan pujante?
porqu no hay haciendas ni _milpas_, ni algodonares correspondientes 
la extensin y feracidad de su terreno? porqu se han ido arruinando
las poblaciones, los caminos, las iglesias, y lo dems que se divisa de
estos objetos, el nmero de indios, el comercio, la piedad y la moral
popular? A todo se debe responder: porque se hace perder  los indios
ms de medio milln de jornales al ao. Si se reproduce: porqu los
jueces de provincia no remedian este espantoso y necio desperdicio?
Se responde: no lo hacen, porque algunos no saben, porque otros no se
atreven, porque otros no quieren, y porque no pueden.

Y si se insta de nuevo: porqu los jefes supremos no ponen este
remedio, ya que en ellos no concurren las faltas insinuadas de poder,
de voluntad, de valor y sabidura? Tambin se responde: no lo remedian,
porque ignoran el verdadero origen del mal: lo buscan en los objetos
de mayor magnitud, en los hechos de bulto, en las combinaciones ms
generales de la legislacin:  estos puntos dirigen sus providencias, y
todas caen en vago porque el mal no reside en ellos.

Los subalternos que informan y proyectan, contribuyen por su parte 
perpetuar este descamino, por adulacin, por orgullo, y por ignorancia.
Se avergenzan de contraerse  cosas pequeas, de seguir el hilo y
ltimos resultados de una friolera, de calcular sobre partes mnimas,
de dar el debido valor  las cosas obscuras: quieren informar en cosas
grandes, proyectarlas lo mismo: as todos pierden el tiempo y los
medios, pues el bien  el mal de una provincia consiste elementalmente
en la agregacin de una infinidad de poquedades.

Es bien pblico y notorio que en estas cuatro provincias de la costa,
 saber: Soconusco, Suchitepquez, Escuintla y Sonsonate, el fruto del
cacao se ha ido perdiendo progresiva y sensiblemente. Todava existen
monumentos de cuando los barcos del Per y Panam frecuentaban el
puerto de Sonsonate, y extraan anualmente los diez y los _doce mil
zurrones_. Como cuatro  cinco mil salan por tierra, en atajos para
Oaxaca y otras partes de Amrica y Europa, y otros tantos salan, en
cabezas de indios, para el resto de este reino, y toda esta extraccin
en el da se halla reducida  cero.

El nmero de pueblos y vecinos ha decado igualmente. Ahora setenta
y seis aos, por no hablar de ms atras, tena esta provincia de San
Antonio treinta y tres pueblos, los veinte de ellos muy pujantes: ahora
slo tiene diez y seis, cinco de ellos regulares, y cinco pequeos y
los seis restantes son puras ruinas.

Y supuesto que las leyes, el rey nuestro Seor, y la Real Audiencia,
 nombre de S. M., mandan y ordenan en favor de los indios y de la
agricultura cuanto se expresa en el _rescripto_, que se copia al fin
de este cuaderno, se debe guardar y cumplir lo siguiente:

1 que no haya ms cofradas que las que estn fundadas con Real
licencia, y aprobadas sus ordenanzas y estatutos por el Real y Supremo
Consejo de las Indias.

2 Que no se repartan indios de servicio en los conventos, ni en las
Casas Reales, ni indias molenderas, ni _zacateros_, ni leateros, ni
_chajales_, ni pescadores ni otro alguno, por ser esto contrario  la
razn y justicia, pues S. M. los da por libres de cualquiera obligacin
que tengan, y en caso de servirse de los indios sea _pagndoles su
trabajo y ocupacin sin apremiarles_.

3 Que los indios tengan la misma libertad individual que los
ladinos esto es lo que manda el Rescripto referido. Que tengan los
indios las mismas pensiones que los ladinos en el Arancel de derechos
parroquiales, esto es lo que se propone. La razn del Estado y la
Justicia distributiva se interesan directamente en la primera parte. En
la segunda se interesan tambin, con bastante fuerza, aunque de un modo
menos inmediato y directo.

A esto se alegar que no tendrn los indios con que sufragar estos
derechos. Y cmo tienen para sufragar los exorbitantes desperdicios
de una cofrada? Una molendera desnuda halla ochenta y un pesos para
entrar de _chajala_,  pesar de que no puede trabajar  derechas en
todo el ao. Un indio atado  una precisa y absoluta necesidad, busca y
encuentra los ciento y los doscientos pesos para servir una mayordama;
y no hallarn estando libres y trabajando, los diez  los doce pesos
que pueden caberles anualmente en este sistema, por el entierro de un
hijo  por el casamiento de una hija!

Tambin se alegar que quitando las cofradas, servicios conventuales
etc., ya los indios no irn  las iglesias. Para este caso, si llegase
 suceder, sirven mucho las persuasiones del plpito, y si esto no
alcanza al remedio, seguramente lo conseguirn las providencias del
Juez real. En diferentes provincias del Per se pasa lista de los
indios en la puerta de la iglesia cada da festivo, como se practica
aqu con los indiezuelos de doctrinas. Parece no habra inconveniente
en adoptar este mismo recurso.

A veces profieren algunos curas que los indios se sublevaran si se
les quitan sus cofradas y costumbres; pero los que esto dicen dan 
entender, que ellos mismos sern los sublevados,  ms de que no se
pretende que radicalmente se extingan las cofradas, sino el excesivo
nmero de ellas, y el exorbitante de los individuos que las componen
con perjuicio de sus intereses y del de la agricultura, y por las
dems psimas consecuencias que ya se han tocado. En fin, las leyes y
el Soberano son quienes prohiben absolutamente el servicio personal
y gratuito de los indios, sus cofradas no aprobadas, sus raciones
parroquiales, sus pescadores, sus zacateros y sus leateros.


                         Jueces de Provincias

Por lo que respecta  los Jueces de provincias, como que deben ser
los agentes principales de la felicidad, y de los progresos de la
Agricultura en ellas, haremos las reflexiones siguientes.

Hay alcaldes mayores, que apenas tienen de sueldo trescientos pesos
al ao; otros quinientos, y el que ms mil doscientos. Con semejantes
dotaciones, claro est que no pueden vivir con todo el desinters, la
imparcialidad, el honor y energa, que constituyen y deben acompaar su
carcter.

Si para compensar la falta de sueldo, echa mano el juez, y esto es
lo comn, del comercio, de la estafa, y otros infinitos arbitrios
bajos  indecorosos, disfrazndolos con cualquiera nombre honesto,
como delincuente que se juzga en ellos, no se atreve  corregir  sus
sbditos, ni menos  castigarlos, y stos por su lado lo hacen temblar
con el amago de descubrir sus transgresiones; de manera que por uno y
otro motivo, se reduce el mando  cero en la realidad, y en lo exterior
 formalidades de papel sellado, adecuadas slo para deslumbrar, y
entretener las sindicaciones de la Superioridad.

Si el juez es justo en todos sentidos, es imposible subsista con la
decencia correspondiente, ceido slo  su sueldo, y en este estado
de indigencia, el respeto y temor que necesita se le tenga para
hacerse obedecer, segn lo requiere el cargo, son muy dbiles cuando
no enteramente nulos. Mi juez, dice el intrigante acaudalado, no
tiene dinero para sostenerse en el caso que le sea necesario, _pues
no ha cuidado_, sino quiere aprobar mi inicua conducta, y he aqu que
por este otro extremo, queda tambin el mando sin el buen efecto que
conviene  la causa pblica.

Un juez de provincia en este reino necesita por lo menos de dos mil
pesos anuales para poderse mantener con decoro y sin prostituirse 
ninguna villana, y estos sueldos deben salir de las arcas reales, no
de aumento de contribuciones, capitaciones, derrames etc., establecidas
entre los sbditos, pues aunque sea verdad que del pueblo debe salir
el pago de sus magistrados, ha de ser de tal modo que no perciba los
muelles y mquinas por donde se haga la extraccin.

Respetado un juez, temido, bien quisto en su provincia, y con vigor
suficiente en su judicatura, duplicar y triplicar los proventos de
alcabalas, tanto por evitar las defraudaciones, cuanto por los aumentos
que proporcionar  la agricultura,  la industria y al comercio, y
este es el modo de que el pueblo pague los sueldos de su juez, sin que
los reciba de sus manos inmediatamente.

Remediado el desorden de los sueldos, es preciso mejorar el estado
de las esperanzas del juez, porque si los goces del empleo quedan
reducidos al slo sexenio de su concesin: si un Alcalde mayor vive
en el desconsuelo de saber que acabado su mando queda en la calle: si
tiene siempre delante de los ojos la perspectiva lgubre y segura de ir
 parar  una vida privada y desnuda, es muy natural tire  asegurarse
un pedazo de pan para el tiempo de su desolacin, y no robando por
necesidades presentes, robar por las que le esperan al fin de su corta
carrera.[173]

      [173] Hasta aqu el enunciado observador con alguna variacin
      en el estilo, y muchas supresiones para no hacer muy prolijos
      estos apuntamientos.

Para precaver esta vehemente tentacin, es muy conveniente viva
entendiendo el juez, de que, concludo el trmino de su judicatura,
residenciado y declarado justo y exacto en el desempeo de ella, se le
conferir el mando de otra alcalda  otro empleo correspondiente, 
que tendrn opcin todos los que bien se porten, prefiriendo siempre
para las mejores colocaciones  aquel que ms visible y palpablemente
haya beneficiado la provincia de su cargo en la agricultura, industria
y costumbres populares; y que si de la residencia resulta lo contrario,
se le declarar incapaz de obtener en lo sucesivo empleo alguno
pblico, y se le impondr adems la pena pecuniaria, y aun corporal, 
que haya dado causa su mala conducta, y el abuso de la confianza del
mando.[174]

      [174] Sera muy conveniente se formase escala de las Alcaldas
      mayores de las provincias para asegurar la subsistencia y los
      ascensos  los Alcaldes mayores, que se portaren bien en ellas.

Sentado este principio, ningn alcalde mayor, ni otro empleado pblico,
debern dar al rey ms fiador por las resultas del ejercicio de la
judicatura  administracin que S. M. les confe, que su honor, aptitud
y mrito personal, quitando por este medio el perjudicialsimo gravamen
que sufre el pblico y en especial el comercio, findolos para el
empleo.

Desde luego se presentan desconocidos en la capital, con algunas
cartas de recomendacin para comerciantes, que se ven por ellas en
la peligrosa precisin de fiarlos para que se les d la posesin,
acaeciendo algunas veces, que estas fianzas dan al travs con el buen
comerciante, que se franque  otorgarlas, en cuyo desgraciado caso,
queda arruinada su familia, perdiendo el Estado al mismo tiempo un
vasallo que le acuda con sus contribuciones, y era contado en el
nmero de los que lo constituyen nervioso y pujante.

Es constante, por una prctica infalible, que en tales ocasiones, la
Real Hacienda  sus Ministros, proceden con el mayor rigor al cobro
de los descubiertos que le sobrevienen; y es muy cierto igualmente,
que un comerciante, aunque tenga fondos competentes, y crditos bien
establacidos para su giro, en ciertas y crticas circunstancias en
que suele verse, basta para arruinarlo que se le apremie  un pago
perentorio con amenazas de ejecucin; y esto es lo que practica la Real
Hacienda so el colorido de sus temibles privilegios, y cantinela de que
el rey ha de cobrar  pesar de inconvenientes.

Suprmase, pues, el sistema de tener que dar fiadores los jueces por
sus resultas, y en vez del pblico inocente paguen ellos hasta con su
pellejo si delinquen,  sean premiados correspondientemente si cumplen
con sus cargos como deben.

En la suposicin tambin de que un Juez de provincia debe ser respecto
de sus sbditos, especialmente si son indios, lo que es un padre
relativamente  sus hijos, ha de procurar por todos los medios posibles
hacerlos felices, laboriosos, morigerados, y en suma hacerles conocer
y palpar sus verdaderos intereses. Para ello es sobre todo esencial,
el abstenerse de aquella detestable voz _presntate por escrito_, cuyo
fallo trae consigo el lucro del juez, y la ruina del quejoso y del
comn, puesto que de ella nacen, se fomentan y eternizan los pleitos
entre los sbditos, slo por el ruinsimo miramiento de coger costas
y derechos procesales, en asuntos que el mismo juez puede componer y
conciliar paternalmente, sin gastos ni estrpito judicial, en bien de
los interesados, de la provincia, y satisfaccin suya.


                        Ilustracin adicional.

Dividase el reino de Guatemala en 15 provincias,  saber: 5 en la
costa del mar del S.--5 en la costa del mar del N.


                           Habitantes.

  Chiapa                      99,001
  Suchitepquez               15,000
  Escuintla                   24,978
  Sonsonate                   24,684
  San Salvador               137,270
                             -------
                             300,933

                           Habitantes.

  Verapaz                     54,138
  Chiquimula                  52,423
  Honduras                    93,501
  Nicaragua                   68,930
  Costa Rica                  30,000
                             -------
                             298,992


                             5 Intermedias

                           Habitantes.

  Totonicapam                 58,450
  Quezaltenango               34,000
  Solol                      27,953
  Chimaltenango               40,082
  Sacatepquez                72,786
                             -------
                             233,271


                               Resumen:

      Provincias.          Habitantes.

  En las de la Costa del Sur 300,933
  En las del Norte           298,992
  En las intermedias         233,271
                             -------
      Total de habitantes    833,196

Comprenden dichas quince provincias, 4 Intendencias, 39
Subdelegaciones, 4 Comandancias  Gobiernos polticos y militares, 3
Corregimientos y 7 Alcaldas Mayores.


                             Hay en ellas

                             Curatos.   Pueblos.

  En el arzobispado             125     436
  En el obispado de Nicaragua    46     107
  En el de Honduras              33     123
  En el de Chiapa                40     108
                                ---     ---
                                244     774

No se incluyen las plazas militares de Omoa, Trujillo, Petn, Golfo
Dulce y San Carlos, donde hay Capellanes Reales, ni las nuevas
reducciones de ladinos  indios agregados  Curatos antiguos.

Los indios tributarios por la matrcula de 803, son 111,335.

El tributo que pagan anualmente es de dos pesos. En algunas partes diez
y doce reales. Los negros y mulatos libres, no son tributarios en este
reino.

La renta de alcabalas se regula en ciento ochenta mil pesos al ao
comn. Cedi el rey todos sus productos en el decenio de 775  784 para
la traslacin de la capital arruinada por los terremotos de 1773, 
importaron un milln, setecientos cuarenta y siete mil cuatrocientos
cuarenta y dos pesos y tres cuartillos reales. La cesin fu de la
cuarta parte de estos productos para los edificios reales, y las otras
tres cuartas partes para las comunidades, iglesias y auxilios de
particulares.

Los derechos del comercio recproco del Callao, Guayaquil y Acapulco,
con los puertos menores de Realejo y Sonsonate, en el quinquenio de 795
 99, importaron cincuenta y un mil seiscientos noventa y dos pesos,
seis y medio reales.

La renta del tabaco en el quinquenio de 799  803 rindi de utilidad
lquida novecientos cuarenta y nueve mil setecientos cincuenta y siete
pesos, tres cuartillos reales, que corresponde por ao comn ciento
ochenta y nueve mil novecientos cincuenta y un pesos.

El ramo de ventas y composiciones de tierras realengas en el decenio
de 793  802, produjo la corta cantidad de veinte mil setecientos diez
pesos, tres y medio reales.

El medio por ciento del derecho del Real Consulado desde Mayo de 1794
en que se estableci,

  hasta fin de 803, import                       $ 91,820.5-1/2
  De Enero de 804  Diciembre de 810              " 91,395. -5/8
                                                  --------------
       Inversin                                  $183,215.6
                                                  --------------

  En puentes, caminos y puertos                   " 51,009.6

  Costas erogadas en las Oficinas de la Real
  Audiencia y Superior Gobierno por los negocios
  que ha promovido en beneficio pblico           " 11,629.2-3/4

El resto se ha invertido en sueldos de los empleados, incluso el agente
de negocios en la corte, asignaciones y suscriptores  peridicos,
de orden de S. M., arrendamientos, muebles y utensilios de la casa
consular, y gastos de sus oficinas; portes y franqueo de cuentas,
cartas, etc., iluminaciones en las solemnidades de tabla. Festividad
anual de la santsima Patrona; y en las pblicas demostraciones de
jbilo en la Augusta Proclamacin de nuestro amado Monarca don Fernando
VII, que Dios guarde, etc., etc., etc.

En el quinqueneo de 798  802, se exportaron para Cdiz por el Golfo
Dulce de Honduras en buques de registro.

  Tercios  zurrones de  214 libras de ail                 22,241.
  Botijas de blsamo                                          1,347.
  Arrobas de zarzaparrilla                                    1,386.
  Cajones de cigarros de tusa                                   391.
  Docenas de mechas de papelillo                              1,139.
  Tercios de caoba                                               18.
  Plata acuada.--Pesos                                     532,158.4
  id.  en pasta                                               1,636.

                   *       *       *       *       *

Datos que se han tenido presentes para el clculo ms aproximado de la
poblacin del reino y divisin de clases.

Por el censo que se form en 1778,  virtud de Real orden, resultaron:

  Habitantes                                                 797,214

  Por la enumeracin de las provincias respectivamente,
  segn queda demostrado                                     833,196


            Por padrones posteriores de las cuatro dicesis

Por el de Guatemala, remitido en 1805  S. M. por el Ilmo. seor
Arzobispo Pealver,

                               A SABER:

  Sacerdotes seculares y regulares                               453
  Religiosos                                                     164
  Blancos, pardos y negros de todos estados, sexos y edades  225,661
  Indios de todos estados, sexos y edades                    411,561
                                                             --------
                                                             637,439
  Por el de la de Honduras: todas clases                      93,501
  Por el de la de Chiapa      "      "                        99,001
  Por el de la de Len        "      "                       131,932
                                                             -------
                                                             961,873

Hacindola ascender  un milln, y calculado por la Dicesis de
Guatemala en cuanto  la divisin de clases, resulta que el clculo ms
aproximado de stas es el establecido en la pg. 10.

Junta ordinaria, nmero 735, de 20 de Octubre de 1810.--Prrafo
4........ Y que en cuanto  la Agricultura y Comercio en toda su
extensin se forme por N.... la instruccin conveniente del sistema
general que, con presencia de las circunstancias del pas, sus climas,
habitantes y producciones, convenga adoptar en beneficio de una y otra
profesin, etc.

En junta nmero 749, de 29 de Marzo de 1811.

Present el individuo del Cuerpo comisionado, el cuaderno
concerniente  la comisin, y habindose ledo y discutido algunos
puntos, se aprob; firmando el acta los seores Prior y Cnsules, y
Secretario[175]."

      [175] "Apuntamientos sobre la agricultura y comercio del reino
      de Guatemala, que el seor Doctor don Antonio Larrazbal,
      Diputado en las Cortes Extraordinarias de la nacin por la
      misma ciudad, pidi al Real Consulado en junta de Gobierno de
      20 de Octubre de 1810.--Nueva Guatemala."




                             TERCERA PARTE

         =Los indios despus de la independencia de Guatemala.
            Estado social de esa raza. Medios de acrecentar
                           su civilizacin=




                           CAPITULO PRIMERO

         =Los indios, despus de la Independencia de Guatemala
                        del Gobierno de Espaa=


                                SUMARIO

      La independencia de la Amrica espaola fu resultado de la
  lucha entre criollos y peninsulares.--Causas que la prepararon y
  la produjeron.--Grmenes de anarqua que las nuevas nacionalidades
  llevaron en su seno.--Ingratitudes para con los prceres de
  la revolucin.--Estado y condicin de los indios durante la
  guerra de independencia y despus de ella.--En las 420,000
  leguas cuadradas de territorio que Espaa tena en sus colonias
  americanas, haba  principios del siglo actual catorce millones
  de sbditos, que mandaban unos nueve millones de renta anual  la
  metrpoli.--Quedaron unos ocho millones de indios salvados del
  naufragio de su raza.--Varias formas de gobierno que la Amrica
  Central ha ido teniendo al travs de los siglos.--Al proclamarse
  la independencia de este pas se declar iguales  todos los
  nacidos en su suelo.--Noticia geogrfica de Centro-Amrica, escrita
  por don Jos C. del Valle, en el ao 1830.--La poblacin era de
  unos seiscientos mil individuos, de los cuales las dos terceras
  partes eran indios.--Observaciones econmicas hechas el ao 1823,
  sobre disminucin de la raza indgena.--Cmo estaba el Estado de
  Guatemala, durante la federacin de Centro-Amrica.--Departamentos
  y pueblos que comprenda.--Aumento posterior de poblacin.--De la
  independencia para ac, ha triplicado la poblacin.--Falta de brazos
  para la agricultura.--Opinin del Dr. don Mariano Ospina.--Hace falta
  una buena legislacin agrcola.

El ms grandioso y trascendental de los acontecimientos verificados
en este siglo, en el Continente americano, es la independencia de las
colonias espaolas, que  la verdad no fu fruto de reaccin de los
vencidos contra los vencedores, sino ineludible y lgico final de la
tremenda lucha entre dos porciones de la raza conquistadora; entre
los miembros de la misma familia, criollos unos y peninsulares otros.
Los dueos primitivos de estas bellsimas comarcas no se alzaron en
armas, clamando libertad del rey de Espaa. El glorioso estandarte de
la rebelin no fu tremolado ni por aztecas, ni por cakchiqueles, ni
por muiscas, ni por quichuas, ni por araucanos. Los aborgenes eran
espectadores,   las veces instrumentos de los espaoles nacidos en
americano suelo, que desde Chile hasta Mjico, lucharon heroicamente
por la emancipacin de las colonias,  las rdenes de Bolvar, San
Martn, Sucre, Pez, Hidalgo y Morelos, quienes no pudieron invocar los
manes de Atahualpa, Caupolicn, Lautaro y Guautimoc, pues al fin corra
por las venas de aquellos prceres la misma sangre que diera vida, tres
siglos atrs,  Hernn Corts, Pizarro, Valdivia y Alvarado.

Sea que, desde los albores de la conquista, dejasen los esforzados
capitanes el germen de la independencia, al sembrar recelos y odios;
sea que el sistema colonial, con sus acerbas injusticias y lamentables
errores, hubiese de emancipar al cabo  la Amrica hispana; sea que
las teoras de los enciclopedistas difundieran sus efluvios en esta
tierra virgen; sea que la independencia de las colonias britnicas
estimulase el patriotismo de las colonias espaolas; sea que la
Revolucin francesa tuviera resonancia al travs de los mares; sea
que la invasin napolenica en Espaa, y el advenimiento de una nueva
dinasta, debilitasen el poder peninsular; ello es lo cierto que todo
hubo de contribuir, por los misteriosos senderos de la historia, al
aparecimiento de una plyade de repblicas, que al nacer  la vida,
vinieron como los seres humanos vienen, con dolores y con lgrimas;
porque la revolucin contena en su seno el pestilente cancro de un
militarismo turbulento y antojadizo, poco avenible con las tendencias
democrticas de entonces, menos prcticas y cientficas que vagas y
fantsticas. El camino quedaba erizado de espinas, y la planta del
ngel tutelar de las naciones se teira en sangre, para percibirse
al fin serenos horizontes iluminados por los divinos fulgores de la
libertad.

Los hroes mismos de la Independencia, que no fueron vctimas de su
gloriosa empresa, bajaron al sepulcro sin recibir ms que ingratitud
por sus blicos esfuerzos. El vencedor de Junn, despus de escapar
providencialmente, el 25 de Septiembre de 1828, de que lo asesinaran en
Bogot, muere de dolor, calumniado y perseguido, en miserable albergue;
el inmaculado Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho, cae en Barruecos, al
golpe infame de traidoras balas, que frente  frente no pudieron jams
herirlo; San Martn expira en extranjero suelo, olvidadas de los suyos
las glorias de Chacabuco y Maipo; Monteaguado paga con alevosa muerte
sus esfuerzos por la autonoma de su patria; y Portales, el regenerador
de Chile, sucumbe al golpe brbaro del ms favorito de sus amigos.

Entretanto, los descendientes de los primitivos pobladores del Nuevo
Mundo, permanecan en el mismo estado de abandono y embrutecimiento
en que haban vivido, participando de las consecuencias funestas del
desorden consiguiente  las heroicas luchas por la independencia y sin
disfrutar ni de las ventajas de los triunfos blicos, ni de las glorias
militares, ni de los frutos que produjo la emancipacin poltica. La
Amrica, que se sinti exnime bajo las espadas de Pizarro, Corts,
Valdivia y Alvarado; que fu teatro del podero de muchos virreyes; que
se vi explotada por los aventureros que venan  llevarse la plata
y el oro de sus entraas; durmi, durante tres centurias, un sueo
terrible, del cual deba despertar,  los principios del presente
siglo, entre convulsiones, delirios y esperanzas. Pas el podero
espaol en Amrica, dejando  Espaa pobre y abatida, despus que,
 costa de su grandeza anterior y merced  funestos errores y  las
circunstancias de los tiempos, implant un sistema antieconmico y
nocivo en sus colonias.[176]

      [176] Seis mil sesenta millones de pesos, poco ms  menos,
      fueron  Espaa de las Indias, desde su descubrimiento,
      hasta el ao 1787, en que escribi don Miguel de Zavala y
      Auon su _Miscelnea Econmico Poltica_, en la cual detalla
      minuciosamente la plata y oro que se enviaba de Amrica  la
      Metrpoli. Pg. 170.

Qu bienes  qu males trajo el descubrimiento de Amrica  Espaa,
al resto del mundo y  los naturales de este Continente? Cuestin es
esa muy compleja, que slo por lo que  los indios se refiere puede
tratarse en la presente obra. Ya se ha visto cual fu la suerte que
corrieron mientras dur la dominacin espaola, y puede bien afirmarse
que no sigui siendo menos precaria, atentatoria y esclavizadora con
posterioridad  la independencia. En aquellos vastos dominios que
pertenecieron  Su Majestad, en aquellas 420,000 leguas cuadradas de
superficie, haba 14 millones de sbditos, segn el censo de principios
del siglo, los cuales mandaban unos nueve millones de pesos como
renta anual  la metrpoli. Seran ocho millones de indgenas los que,
salvados del naufragio de su raza, permanecan abyectos y en la misma
situacin en que haban vivido.

La Amrica Central, al travs de los siglos, ha venido asumiendo varias
formas de gobierno. Monarqua de reyes indgenas; provincia sometida
al rey de Espaa; repblica unitaria gobernada por un capitn general,
de acuerdo con una junta consultiva; provincia sujeta al emperador de
Mjico; repblica central regida por un poder ejecutivo compuesto de
tres individuos; repblica federal dirigida por un presidente y cinco
jefes de Estado; cinco repblicas microscpicas, convertidas  las
veces en monarqua vitalicia, en autocracia tirnica  en burocracia y
personalismo. Y los indios de la Amrica Central, han sufrido con esos
vaivenes y altibajos constitucionales, siendo siempre instrumentos de
la ambicin  de la tirana.

Proclamada independiente Guatemala de Espaa, la Repblica declar
iguales  todos los que hubieran nacido en nuestro suelo, y los indios
fueron as elevados  ciudadanos, con voto activo y pasivo en las
elecciones populares; pero, como era natural, dada su ignorancia y
abyeccin, ni los indios comprendan sus derechos polticos, ni les
importaba gozar de ellos; y por esto es que ms bien han sido un
elemento de perturbacin en los pases hispano-americanos, pues  las
veces, y en nombre suyo, se han cometido ultrajes contra la sociedad.

All cuando Guatemala era uno de los Estados de la Federacin, el
sabio don Jos C. del Valle escribi una noticia geogrfica muy
interesante acerca de este pas, y calcul que era la poblacin de
unos _seiscientos mil individuos_, en una rea de siete mil leguas
cuadradas. "Se considera, dice, que los dos tercios de la poblacin del
Estado son indgenas; y las lenguas que hablan se llaman cakchiquel,
mejicana, nahuate, pocomn, aguilac, populuca, subtujil, proconch,
man, quich, sinca y caich. Cada una de ellas es un obstculo opuesto
 la civilizacin de los indios.[177]

      [177] Descripcin geogrfica del Estado de Guatemala, por don
      Jos C. del Valle. Hoy, segn el ltimo censo, hay 467,475
      ladinos y 1.042,851 indios. Total de habitantes, 1.510,326.

En las "Observaciones rsticas, sobre Economa Poltica," publicadas
en Guatemala el ao 1823, por F. G. P., se dice: "La poblacin indiana
ha rebajado notablemente del tiempo colonial  esta parte. Pinula
no es lo que era, cuando fu un seoro independiente, lo mismo que
Petapa, los cuales en unin de los Jalpataguas resistieron  Alvarado
en su regreso de Honduras. Guazacapan, Taxisco, Escuintla, tampoco
son ahora lo que fueron en esta sublevacin en que pusieron en tanto
aprieto al ejrcito pacificador. Quezaltenango fu una poblacin de
trescientos mil habitantes, y hoy no excede de quince mil, entre ellos
cinco mil naturales. La poblacin de Totonicapn, que opuso  los
espaoles noventa mil guerreros, no tiene hoy nueve mil naturales.
Tampoco parecen lo que fueron Tecpn Guatemala y Mixco, sacados de su
antiguo territorio. Iquibalam, rey del Quich, anteriormente haba
salido con doscientos mil combatientes contra Rumal Ahus, rey Zutujil,
que le opuso setenta mil; y en el da ambos reinos apenas componen los
corregimientos de Solol y Totonicapn."[178]

      [178] Observaciones rsticas sobre Economa Poltica, por el
      ciudadano F. G. P., Guatemala.--Imp. de Beteta. Ao 1823.

Para formarse una idea exacta de cmo se hallaba Guatemala, cuando era
Estado de la Federacin, conviene advertir que estaba dividido en siete
departamentos,  saber: Guatemala, Chiquimula, Verapaz, Quezaltenango,
Totonicapn, Sacatepquez y Solol.

                      EL DE GUATEMALA COMPRENDA:

                                         Habitantes

  la ciudad del mismo nombre, que tena      30,775
  el pueblo de Jocotenango                    1,316
  la villa de Guadalupe                         288
  el pueblo de Ciudad Vieja                     328
  el de San Pedro                               210
  el de Mixco                                 4,820
  el de Chinautla                             2,791
  el de Palencia                              2,243
                                             ------
                                             42,951

                      EL DE AMATITLN COMPRENDA:

  el pueblo de San Juan Amatitln             2,864
  el de San Cristbal Amatitln               3,000
  la villa de San Miguel Petapa               1,895
  la de la Concepcin  Villa Nueva           1,705
  el pueblo de Santa Ins Petapa                113
  el de Santa Catarina Pinula                 5,500
                                             ------
                                             15,087

                       EL DE ESCUINTLA COMPRENDA:

  la villa de la Concepcin Escuintla         2,660
  el pueblo de San Pedro Mrtir                 382
  el de Chagite                                112
  el de Masagua                                 189
  el de Guanagazapa                             550
  el de San Juan Mixtn                         175
                                              -----
                                              4,068

                       EL DE MIXTN COMPRENDA:

  el pueblo de Don Garca                     1,219
  el de Tescuaco                                118
  la villa de la Gomera                         252
  el pueblo de Chipilapa                        136
  el de Siquinal                                42
  el de Santa Ana Mixtn                        120
  el de Cotzumalguapa                           600
                                              -----
                                              2,487

                     EL DE GUAZACAPN COMPRENDA:

  el pueblo del mismo nombre                  2,562
  el de Tepeaco                                  63
  el de Tacuilula                                99
  el de Taxisco                               1,446
  la villa de Chiquimulilla                   3,284
                                              -----
                                              7,454

                     EL DE JALPATAGUA COMPRENDA:

  el pueblo del mismo nombre                  1,234
  el de Sinacantn                              228
  el de Ixguatn                                318
  el de Nancinta                                101
  el de Ninistepeque                             88
  el de Pasaco                                  226
  el de Tecuaco                                 419
                                              -----
                                              2,614

                    EL DE CUAJINIQUILAPA COMPRENDA:

  el pueblo del mismo nombre                  2,041
  el de Santa Rosa                            1,720
  el de las Casillas                            600
  el de Mataquescuintla                         554
  el de Jumaitepeque                          1,448
  el de Los Esclavos                            483
  el de Azacualpa                             1,394
  el de Conguaco                              2,382
  el de Comapa                                  519
  el de Moyuta                                1,001
  el de Asulco                                  326
                                             ------
                                             12,468

Despus que Guatemala se declar repblica independiente, rota la
federacin de Centro-Amrica, merced  la tranquilidad que prevaleci
y  la accin benfica del tiempo, aument la poblacin hasta alcanzar
un milln de habitantes; y calculndose siempre que las dos terceras
partes eran de indios, como puede verse en la Geografa de don
Francisco Gavarrete, que se public en el ao 1868.

En posteriores tiempos, se impuls la vitalidad del pas, y fu
aumentando el nmero de sus habitantes, hasta alcanzar hoy la cifra
de un milln y quinientos diez mil trescientos veinte y seis. Ntase,
pues, que de la fecha de la independencia para ac, casi se ha
triplicado la poblacin de Guatemala; pero no por eso se ha mejorado
la situacin de los indios, ni stos producen todo lo que debieran
producir.

Respecto de brazos para la agricultura, se presenta en Guatemala un
fenmeno que ya lo hizo notar mi maestro el sabio economista Dr.
don Mariano Ospina, en un interesante informe. Siendo muy limitada,
deca, la produccin industrial comparada con el nmero de habitantes,
la oferta de brazos deba exceder  la demanda, y sin embargo no es
as. Aunque la poblacin del pas es casi toda agrcola y pobre, los
empresarios de agricultura se ven con frecuencia embarazados por
falta de jornaleros. Procede esto principalmente de lo muy limitado
de las necesidades de la masa de la poblacin y de la facilidad de
procurarse los medios de satisfacerlas, teniendo  discrecin tierras
frtiles, que con un dbil trabajo les da lo necesario para vivir en
su parsimonia habitual. De esto ha resultado que no habiendo adquirido
la poblacin todava hbitos serios de trabajo vigoroso y sostenido,
es casi improductiva, vegeta en la pobreza y repugna el trabajo.
Esa repugnancia induce  los jornaleros  eludir los contratos de
trabajo que celebran. Urgidos por alguna necesidad,  estimulados
por el deseo de las bebidas embriagantes, reciben anticipaciones de
dinero por cuenta de trabajo, las disipan luego; y sindoles cosa
dura trabajar, prefieren con frecuencia recibir nuevas anticipaciones
de otros empresarios, ponindose en la imposibilidad de cumplir sus
compromisos. Los inconvenientes que de esto resultan  la agricultura
son generalmente sentidos en toda la Repblica, pero ms especialmente
en los territorios en que nuevas empresas agrcolas han aumentado la
demanda de brazos.

Si hubiera una buena legislacin agrcola, que sobre la base de la
libertad de las industrias y del trabajo, facilitara  los indios el
conseguirlo, y  los patrones el no verse burlados por los que tienen
_anticipos_, se podran evitar, en mucha parte, los males que resultan
del modo vicioso y primitivo, en que se halla tan importante ramo entre
nosotros. Pero ya hablar en el captulo siguiente de las ventajas de
un _Cdigo Rural_, en Guatemala.

Entretanto, es oportuno apuntar aqu que el trmino medio anual de
aumento de poblacin en Guatemala es de 7,304 ladinos, y 16,506 indios,
conforme al ltimo censo de 1892; de modo que, ms del doble del
crecimiento de los habitantes de la repblica es de esa raza que urge
se proteja y civilice. Es necesario que las leyes agrcolas,  la par
que fomenten el desarrollo de la agricultura, tiendan  atraer  los
aborgenes al camino de la civilizacin.




                           CAPITULO SEGUNDO

         =Los mandamientos,  sea la esclavitud de los indios.
             El trabajo libre. Los principios econmicos.
                           Un Cdigo Rural=


                                SUMARIO

      La situacin econmica de un pas ha de juzgarse por el mayor
  bienestar y cultura de las clases trabajadoras.--Los pueblos que
  tuvieron esclavos, sufrieron al fin grandes convulsiones.--En
  Guatemala se aboli la esclavitud desde el ao 1824; pero hasta
  el da son peores que siervos los infelices indios, que forman
  las dos terceras partes de la poblacin de la repblica.--Los
  mandamientos.--Abusos que se cometen.--Imposibilidad de
  remediarlos.--El mal est en la institucin, que ataca la libertad
  individual y la libertad del trabajo.--Los mandamientos se prestan
   preferencias odiosas.--Encarecen las subsistencias.--Slo en maz
  producen los indios ms de ocho millones de pesos anualmente.--Es
  vergonzoso que de California enven  Guatemala maz, patatas,
  cebollas, frijoles y otros artculos que aqu se producen
  fcilmente.--Los males que sufre el pas son efecto de _los
  monopolios y los mandamientos_.--Error de suponer que pierde la
  agricultura si se suprimen los mandamientos.--En ninguna parte del
  mundo subsiste esa odiosa esclavitud.--La distribucin econmica
  de la riqueza es un factor del progreso.--Teora del economista
  Droz.--Necesidad  importancia de decretar un buen _Cdigo Rural_,
  como el que existe en la repblica Argentina.

La situacin econmica de un pas, ha dicho Mr. John Mill,[179] ha de
juzgarse por el mayor bienestar y cultura de las clases trabajadoras;
de tal suerte, que las naciones servidas por esclavos, llevan en su
seno el germen de su propia destruccin, por ms que en el exterior
se ostente  las veces lozana y vida: podrido el corazn, muerta la
savia, viene al fin  corromperse todo el cuerpo social, hasta que,
arrancado el cancro, renace vigorosa la fuerza de expansin en la
colectividad.

      [179] Principles of Political Economy--London, 1866.

Esta verdad se ha confirmado en la historia de los pueblos. Roma, con
sus siervos; la Europa feudal, con sus vasallos; la moderna Federacin
Americana, con sus esclavos; el Brasil, con los suyos; y todos los
pueblos que tuvieron semejante institucin, han sufrido al fin grandes
convulsiones y trastornos.

En Guatemala fu en donde primero se aboli la esclavitud, desde el
ao 1824,[180] y por ello nos gloriamos y justamente nos envanecemos;
pero  la verdad, la esclavitud que se aboli fu la de unos cuantos
negros africanos, que no sufran malos tratamientos de sus amos. La
servidumbre de los indios, que forman las dos terceras partes de
nuestra poblacin, existe hasta el da, y acaso con circunstancias ms
perjudiciales que la de los mismos esclavos; porque stos,  guisa de
cosas, siempre los cuida y trata de conservar el patrn, dado que,
como los semovientes, tienen valor en el comercio, y constituyen una
riqueza permanente; mientras que el indio, de finca en finca, de
diversos dueos, va en trabajo nmade agotando su existencia: tiene
amos sucesivos y ninguno de ellos se preocupa por su vida, ni por su
conservacin.

      [180] _Constitucin Federal, de 22 de Noviembre de 1824, art.
      13, y Decreto de la Asamblea Nacional constituyente de 24 de
      Abril de 1824._

Cualquiera que haya visto cmo,  media noche,   otra hora del da,
de orden de la autoridad, se arranca  los indios de sus pobres chozas,
sin curarse de si tienen enferma  la mujer   los hijos; si la
_milpa_, (maizal) que con gran sacrificio han formado, necesita de su
trabajo; si van  recorrer largusimas distancias para ir  trabajar
contra su voluntad; en una palabra, cualquiera que, de cerca vea los
gravsimos abusos que se cometen para dar lleno  los _mandamientos_,
se conduele y se lamenta de la triste suerte de tan desgraciada raza.

En ciertas heredades de poderosos mandatarios, en vez de pagarles
jornal slo se les daba de comer  los indgenas, que por turno iban
 trabajarlas. Esto era peor que los repartimientos que hacan los
conquistadores. En todas las fincas hoy no se les da de comer  los
indios, que van en virtud de mandamiento, sino que ellos deben llevar
sus bastimentos.

Y no se diga que  los jefes polticos se recomienda que no vejen
 los indios, y que los repartan con criterio y atiendan las
rdenes de mandamientos procurando que no sufran los trabajadores;
porque esto era lo mismo que los reyes espaoles hicieron en vano
durante tres centurias. El mal est en el principio; y es brbaro y
anticonstitucional ese procedimiento de trabajos forzados, en un pas
en que se blasona de _libertades individuales para todos los que lo
pueblan_.

Sobre ser inmorales y contrarios  la Constitucin los mandamientos, se
prestan  otro linaje de abusos, puesto que los jefes polticos y los
alcaldes proporcionan gente para sus trabajos  aquellos que son los
predilectos;  aquellos que destruyen, mediante adulacin y bajezas--si
no por concusiones vergonzosas--la igualdad ante la ley.

Con ese trabajo forzado, no produce la agricultura todo cuanto debiera
producir, y se encarecen las subsistencias y escasean los granos y
dems artculos indispensables para la vida; porque los indios son
quienes siembran y cultivan y cosechan el maz, el frijol, las patatas,
las arbejas, el arroz, las legumbres y todo lo que abastece los
mercados.

Mucho se habla siempre de las grandes plantaciones de caf, de ese
artculo de exportacin, que enriquece  una exigua minora de
agricultores; pero se ve con desdn y hasta inconscientemente se ataca
 la gran colectividad productora de la repblica que, con slo maz,
crea una riqueza anual de ms de _ocho millones de pesos_!

Vergenza da que, desde California, nos manden ese grano los
_yankees_; junto con patatas, cebollas y otras muchas cosas que aqu
produce admirablemente nuestro suelo!

Esa caresta enorme de lo ms preciso para la vida, hace al pueblo
infeliz y menestroso. El hambre es la causa de muchos males sociales.
El pueblo no siempre razona; pero siente, y  veces se impacienta y
busca cmo mejorar su condicin.

Dos son las calamidades mayores que econmicamente canceran al pas.
Los _monopolios_ y los _mandamientos_. Los mandamientos son monopolios
de trabajadores forzados, en pro de unos y en perjuicio de la
generalidad.

No hay quien no reconozca la injusticia de los mandamientos y lo
perjudiciales que son para los indios; pero muchas personas, sin dejar
de lamentarlos, arguyen que la supresin de ellos sera un mal para
la agricultura, fuente de riqueza pblica. Los que as piensan estn
en un error. La agricultura ganara sin duda, si los mandamientos se
suprimieran; porque el trabajo libre es ms productivo y da mejores
frutos. Esos mismos indios que hoy trabajan forzados, trabajaran
libre y espontneamente, obligando la autoridad  los vagos  que se
emplearan en algo til. Lo nico que resultara, es que las fincas
de ciertas personas privilegiadas, que monopolizan  los peones,
trayndolos de lugares lejanos y sin pagarles el salario justo, ya no
tendran ese _monopolio_ que perjudica  los dems agricultores. Lo que
se extirpara sera el _abuso_; porque claro est que, al abolirse los
mandamientos, se dictaran disposiciones enrgicas para no permitir
la ociosidad, y reprimir la vagancia, procurando por otro lado crear
necesidades  los indios.

Yo no s que en ninguna parte del mundo subsistan los _mandamientos_,
que la aeja legislacin espaola toler, por no ponerse en pugna con
los que de la Pennsula venan  explotar estos pases. Los cabildos
elevaban al rey exposiciones dicindole que sin los _mandamientos_
era mejor abandonar las Indias. Hoy algunos agricultores, de esos que
convierten en granos de oro el sudor de los forzados indios, gritan
que, sin los _mandamientos_, perece la agricultura. Siempre el egosmo
pretextando el bien general, para cohonestar la servidumbre.

El hecho es que, mientras unos cuantos privilegiados ganan anualmente
miles de pesos con sus cosechas de caf, el pueblo se lamenta de la
caresta del maz, del pan y de la carne....

La distribucin de la riqueza es uno de los factores del progreso.
Cuando sta se estanca en pocas manos, sufre la colectividad. "La dicha
del Estado, dice el economista Droz, depende menos de la cantidad
de riquezas que posee, que de su oportuno repartimiento. Supongamos
dos naciones igualmente pobladas, de las cuales la una tiene dobles
riquezas que la otra: como estn mal distribuidas en la primera y bien
en la segunda, sta alcanzar mayor grado de felicidad. Ningn pas es
tan notable como la Inglaterra bajo el aspecto de la produccin: en
Francia la distribucin es ms ventajosa, y concluyo de aqu que hay
mayor masa de felicidad en Francia que en Inglaterra.

Para que la distribucin sea copiosa, es de apetecer que la produccin
sea considerable. Mas acaece con frecuencia que una idea extraa
sorprende nuestro espritu y se ingiere, sin notarlo, en nuestras
reflexiones en lugar de otra: as, ciegos ante la prosperidad pblica,
no pensamos ms que en ella, y  fin de acrecentarla, nos ocupamos
en examinar cmo pueden multiplicarse las riquezas: bien pronto lo
olvidamos todo, menos las riquezas: el medio se convierte en fin,
y la felicidad es desatendida. La facilidad con la cual se operan
estos cambios de ideas es una sentina de errores. Un distinguido
escritor de economa poltica, Ricardo, toma la pluma para ser til
 sus semejantes; pero arrastrado por sus clculos, con frecuencia
parece olvidar  los hombres, y no tomar en cuenta ms que los
productos. Asienta, v. gr., que en un pas ocupado por diez millones
de habitantes, bastando el trabajo de cinco millones de entre ellos
para alimentarlos y vestirlos  todos, nada ganara con aumentar su
poblacin hasta doce millones, siendo necesario siete de stos para
obtener iguales resultados.[181] Mustrase, pues, indiferente  que
existan dos millones de hombres  no existan, si el producto fuere
el mismo. Al leer las obras de ciertos economistas, no parece que
las riquezas sean hechas para los hombres, sino los hombres para las
riquezas.

      [181] Des principes de l' Economie politique, tomo II, p. 224,
      de la traduccin francesa.

Bien distribudas, elevan  los habitantes de un pas  una posicin
favorable, para crear otras nuevas. Si al contrario, la distribucin
es de tal suerte viciosa, que unos no tengan casi nada, y los otros
lo tengan casi todo, falta  los primeros el estmulo para alentar
la industria, y los segundos carecen de la posibilidad de hacerlo:
entonces todo se agosta, se embota la inteligencia, y los hombres
no aciertan  procurarse ni placer ni trabajo. Durante el rgimen
feudal, el fausto de los seores consista en rodearse de numerosos
domsticos, y su pasatiempo favorito era la caza. Para satisfacer
estas necesidades, bastaba la renta de sus dominios mal cultivados y
la vasta extensin de sus parques. Las artes les merecan desprecio,
y los pobres vasallos, ni aun podan excitar sus deseos con variedad
de productos. No parece sino que no hay medio alguno de salir de
un estado tal de ignorancia y de miseria, si la experiencia no nos
revelase qu cambios prodigiosos puede obrar,  la larga, una serie
de causas y de efectos, que se hacen causas  su vez y producen
efectos siempre ms notables. Sucede, andando el tiempo, que algunos
vasallos ms inteligentes que el resto, presentan en los castillos las
primicias de una naciente industria: sus ganancias infunden aliento, y
su ejemplo tiene imitadores. Los grandes propietarios vislumbran que
pueden existir placeres hasta entonces ignorados. Los que viajan, los
que se alejan por causa de las guerras, quedan absortos  la vista
de objetos que les agradan y que desearan encontrar tambin en su
pas. Sensibles  deseos nuevos, conocen la necesidad de aumentar y de
emplear de un modo distinto sus rentas: se interesan por los progresos
del cultivo,  fin de doblar el rendimiento de sus posesiones, despiden
pajes y sus sueldos se cambian en salarios de artesanos. La industria
despierta, la miseria disminuye, la inteligencia se desarrolla, los
capitales se forman, y el trabajo cobra un realce nuevo. En estos
cambios afortunados la distribucin de las riquezas se presenta, ya
como efecto, ya como causa; hija de la industria, se convierte en su
custodio y su motor.

Conviene admitir una excepcin al principio que hace depender en gran
parte la produccin de las riquezas de su oportuna distribucin. Hay
parajes en donde estn repartidas de la manera ms viciosa, y sin
embargo, la produccin es considerable. Para realizarse este fenmeno
son precisas dos circunstancias: la una es que los hombres que lo
tienen todo sean inteligentes: la otra que los que nada tienen sean
esclavos. Entonces dichos pases se parecen  un vasto taller provisto
de mquinas vivas,  las cuales seres industriosos dan movimiento.
Tales son esas extensas colonias, en donde el europeo condena  los
negros  extenuarse por l. No tratemos de probar que el trabajo de los
hombres libres cueste menos que el de los esclavos: admito este hecho
como dudoso. Acaso, bajo un cielo abrasador, el hombre libre trabajara
menos que el esclavo: acaso la superioridad de su inteligencia
no ofrecera una suficiente compensacin Qu importa que estas
conjeturas sean fundadas  no? Las cuestiones relativas  la libertad
y  la dignidad del hombre, son cuestiones mercantiles? Cuando los
partidarios del trfico de los negros,  de los mandamientos de los
indios, encomian las ganancias de que les son deudores y se imaginan
justificarlo as, creo ver  los ladrones reclamando la impunidad,
porque prueban que sus crmenes les son lucrativos.

Apresurmonos  observar que una produccin abundante no puede ser
obtenida por el medio execrable de que acabo de hablar, sino cuando
sea el trabajo tan sencillo que los obreros no tengan necesidad de
inteligencia. Si se pretende que un pas sea fecundo en productos
variados, es indispensable poblarle de hombres industriosos y
garantirles el goce del fruto de sus afanes. As la excepcin confirma
el principio de que: "la buena distribucin de las riquezas es un medio
eficaz de multiplicarlas."[182]

      [182] Economa Poltica, por J. Droz. traducida por Dn. Manuel
      Colmeiro, pg. 56.

Si se quiere engrandecer al pas, es preciso que no sean los indios,
(es decir ms de las dos terceras partes de la poblacin) para unos
pocos monopolistas; que no sean los indios para la riqueza, sino la
riqueza para distribuirse econmicamente entre todos, segn su trabajo
y actividad. A cada uno segn su capacidad y segn sus obras, como
deca el gran economista francs.

En vez de esa _Ley de Trabajadores_, que es absurda y viciosa,
decrtese un _Cdigo Rural_, un cuerpo filosfico de leyes, como lo
hay en la repblica Argentina y en otras partes, que, calcado sobre
la libertad del trabajo, estatuya todo lo relativo  los deberes,
derechos y obligaciones que entre los peones y patrones existan; los
deberes de estos ltimos entre s, para no arrebatarse al trabajador
que ya tiene compromisos; las habilitaciones que se pueden dar, y la
manera de hacerlas efectivas;[183] la polica rural, que garantice la
agricultura; las prescripciones especiales  los dueos de tierras;
las marcas y contra-marcas; los trnsitos con animales; las cercas;
el abijeato; las rondas; las servidumbres; los caminos; las armas
lcitas y prohibidas; la vagancia; las penas; las prevenciones  las
autoridades polticas; las funciones especiales de los Jueces de
Agricultura; el trabajo de los indios; las cuestiones de salarios;
los trmites fciles para decidirlas; los juegos de azar; las bebidas
embriagantes, etc.[184].

      [183] Este punto de las habilitaciones debiera estudiarse y
      reglamentarse bien. Convendra extirpar el abuso que de ellas
      se hace, en perjuicio del agricultor y del indio.

      [184] Una de las materias que debera simplificarse, en ese
      cdigo, es la venta y adquisicin de terrenos nacionales, de un
      modo fcil y expedito.

Un buen _Cdigo Agrcola_ promovera de una manera asombrosa la
agricultura en Guatemala, ya que no puede dejar de ser fenomenal que
tengamos cdigos que reglamenten hasta la marina del pas (que no
existe), y no hayamos pensado en lo que ms se necesita: en el conjunto
metdico de leyes que reglamente y garantice todo lo relativo  las
personas rurales y  la propiedad rural, en un pas como el nuestro,
esencialmente agrcola.

La estatua que se levantar  Fr. Bartolom de las Casas, deba llevar
ese libro en la mano, con un mote que dijera: _Quedan abolidos los
mandamientos! Son libres al fin los indios! Se trabaja por su
civilizacin!_

        "Ya que viven tristemente
    bajo la choza  la tienda,
    labrando la ajena hacienda
    con el sudor de su frente:
      Sin esperanza y sin luz!
    para su existir precario,
    cada hacienda es un calvario,
    cada cafeto una cruz!"[185]

      [185] Joaqun J. Palma.




                           CAPITULO TERCERO

          =Exposicin analtica de los mtodos empleados para
         mejorar la situacin de los indios, y resultados que
             dieron[186]. La Sociedad Econmica de Amigos
              del Pas. Las leyes de reforma relativas 
             tierras, censos, ejidos, bienes de comunidad
                  y cofradas, con respicencia  los
                       aborgenes de Guatemala=

      [186] Esta _exposicin analtica_, tambin la requiere el
      decreto gubernativo que abri el Concurso para que se premiasen
      las mejores obras que, despus de un _estudio histrico de esa
      raza_, propusieran los medios de acrecentar su civilizacin.


                                SUMARIO

      Espaa durante el reinado de Carlos III.--En 1795 se funda
  la Sociedad Econmica de Amigos de Guatemala.--En 1797 se
  abre un concurso para premiar la mejor obra que demostrara la
  utilidad y ventaja de que los indios se calzaran y vistieran  la
  espaola.--Diez memorias fueron presentadas y discutidas.--Obtuvo
  el premio la de Fr. Matas Crdova y el _accessit_ la del P.
  Fr. Antonio de San Jos Muro.--Juicio de dichas memorias.--En
  1799 la Sociedad Econmica abri otro concurso en favor de la
  instruccin de los indios.--Fueron muy mal recibidos en Espaa los
  esfuerzos que se hacan por los sabios de Guatemala para regenerar
   los aborgenes.--Real Cdula de disolucin de la Sociedad
  Econmica.--Nota que el seor Villa Urrutia dirigi al Gobernador
  y Capitn General, Doms y Valle.--Escuelas de Artes y Oficios que
  para los indios se establecieron.--Memoria escrita por el Dr. Garca
  Redondo.--No pudieron dar benficos resultados los esfuerzos en pro
  de los indios,  causa de las circunstancias de la poca.--Decreto
  de 31 de Octubre de 1851, en favor de los indgenas.--Las leyes de
  reforma relativas  tierras, censos, ejidos, bienes de comunidad y
  cofradas, con respicencia  los aborgenes de Guatemala.

Sabido es que en Espaa, durante el liberal reinado del ilustre Carlos
III, no slo se promovi el progreso de la Pennsula, hacindose
esfuerzos para levantarla de la postracin en que yaca, sino que en
favor de las colonias se dictaron benficas disposiciones. Se comenzaba
 comprender cunto influye el bienestar y la riqueza de los pueblos
en la grandeza de las naciones; y se fundaban Sociedades Econmicas,
encargadas de alentar el desarrollo de los elementos materiales y de
resolver las cuestiones prcticas de la administracin pblica.

En 1795 se cre para el reino de Guatemala una de esas instituciones,
que foment siempre patriticamente los intereses generales. El
problema de mejorar la manera de ser de los indios, no pas inadvertido
 la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, que abri un concurso
publico, en Septiembre de 1797, ofreciendo una medalla de oro y el
diploma de Socio de Mrito, al que escribiera la mejor memoria sobre
el tema siguiente: "Demostrar con solidez y claridad las ventajas que
resultarn al Estado de que todos los indios y ladinos de este reino
se calcen y vistan  la espaola, y las utilidades fsicas, morales y
polticas, que experimentarn ellos mismos; proponiendo los medios ms
suaves, sencillos y practicables para reducirlos al uso de estas cosas,
sin violencia, coaccin ni mandato. Ser preferido el que, en igualdad
de circunstancias, manifieste mejor, por va de ampliacin, las mutuas
ventajas que traer al Estado y  los indios y ladinos el que se haga
general el uso de cama y otros muebles domsticos de necesidad y
comodidad y la mejora de habitaciones.

He aqu  la Sociedad Econmica planteando, 96 aos hace, bajo una
forma nada pretensiosa, uno de los ms importantes problemas sociales,
en cuya resolucin podan ocuparse entonces, y al que debieran
consagrar hoy sus meditaciones los hombres pensadores del pas.
Tratbase, como se ve, nada menos que de proponer los medios de hacer
entrar en la vida civil y participar de sus beneficios  la clase
aborigen, y otra porcin numerosa de la clase menos acomodada de la
sociedad. Tenase en mira, seguramente, la asimilacin de las razas
heterogneas que pueblan este pas, y se buscaba la manera de impulsar
el comercio, la industria y las artes, haciendo que contribuyese 
este fin la inmensa mayora de la poblacin, que entonces como ahora
bastndose  s misma, llenaba con muy poco, las imitadas necesidades
de una existencia miserable. Tan ilustrados y prudentes como patriotas,
los autores de aquel proyecto comprendieron que la violencia y la
presin produciran, aun en aquellos tiempos, resultados perjudiciales;
tratndose de los indios, clase tan apegada  sus antiguos hbitos;
y por eso exigieron que el plan para civilizarlos, hubiese de excluir
precisamente toda idea de coaccin y hasta de mandato. Buscbanse los
medios morales  indirectos, como los ms adecuados al fin que la
Sociedad se propona.

Los hombres inteligentes no vieron con indiferencia el llamamiento que
este ilustre cuerpo haca al celo patritico de los guatemaltecos.
Diez memorias se presentaron al concurso, y fueron examinadas y
discutidas por una comisin compuesta de los sujetos ms competentes 
imparciales. Una que estaba sealada con el nmero 7 y se distingua
por el siguiente epgrafe, tomado de una Oda de Horacio: "_Odi profamum
Vulgus, et arceo_," fu calificada como la ms digna del premio;
y abierto el pliego cerrado, que contena el nombre del autor, se
encontr ser el del P. Fr. Matas Crdova. Obtuvo el "_accessit_"
la del P. Fr. Antonio de San Jos Muro, Asistente general del Orden
Bethlemtico, que la envi desde Mjico, donde resida. El Dr. Crdova
recibi el da 12 de Diciembre de 1797, en un acto pblico y solemne,
 que concurrieron las personas ms distinguidas de la ciudad, y sobre
ochenta maestros artesanos, el ttulo de Socio de Mrito y la medalla
de oro de tres onzas de peso, con el busto del monarca reinante, las
armas reales, inscripciones y smbolos alusivos al asunto. En aquella
poca haban recibido el ttulo de Socios de Mrito dos sujetos
solamente: el hbil ingeniero don Antonio Porta y el sabio naturalista
don Jos Longinos Martnez, bajo cuya direccin se form el primer
gabinete de historia natural que hubo en Guatemala. Esa circunstancia
hace ms valiosa la honra concedida al P. Crdova.

La Memoria premiada est escrita con sencillez, claridad y buena
lgica, y propone los medios ms adecuados para ir logrando, poco 
poco, destruir las preocupaciones que,  juicio del autor, son, ms
an que la falta de medios, las que se oponen  que las clases india
y ladina entren de lleno  participar de todos los beneficios de la
vida civil, y contribuyan al fomento del comercio, industria y artes.
Contiene algunos pensamientos que me parecen dignos de recordarse.
Hablando de la influencia que el traje ejerce en la opinin, dice:
"No acabamos de creer que el vestido forma la opinin, por una fuerza
con que atrae  los hombres la exterioridad. Todava no basta la
experiencia para hacernos conocer que los medios directos no son
los ms eficaces, y que es preciso valerse de algunas flaquezas del
corazn, para fortalecerlo en la virtud." Aludiendo  la funesta
propensin de la clase indgena al vicio de la embriaguez, el
elocuente religioso se expresa en estos trminos, que no s si podran
considerarse hoy como harto previsores: "Si no se emprende mantener
el equilibrio de las necesidades, cada da har ms progresos la
embriaguez."[187]

      [187] Jos Milla.--Discurso en elogio de Fr. Matas Crdova.

En el Archivo antiguo de la extinguida Sociedad Econmica de Guatemala,
que se conserva en la Biblioteca Nacional, se registra el legajo que
lleva el nmero 2, y en l se encuentra un expediente compuesto de
sesenta y nueve fojas, que revela con claridad el sistema poltico del
reinado de Carlos IV de Espaa, con respecto  las colonias de Amrica,
en contraposicin al del ilustre Carlos III. En dicho expediente
aparece que en el ao 1799, aquella patritica asociacin abri otros
concursos, no slo en materias artsticas  industriales, sino tambin
en asuntos econmicos de harta trascendencia, ofreciendo premios para
el que desarrollase tesis  proposiciones, como esta: "_A la que
demuestre ms fundadamente la utilidad del establecimiento general
de escuelas de primeras letras en los pueblos de indios; obstculos
que hasta aqu lo han impedido, y arbitrios para que removidas stas,
puedan lograr los naturales la conveniente instruccin recomendada por
diferentes reales cdulas_ (alude  las de Carlos III).

Hombres como Villa Urrutia, Goicoechea, el Dr. Flores, el Dr. Rayn,
Mocio, Longinos y otros sabios, pretendieron regenerar el pas; pero
cul sera su asombro y su dolor cuando despus de enviar  Espaa
algunos de los trabajos presentados  los concursos, se recibi por
toda respuesta la Real Cdula, que existe autntica en el expediente,
y que dice as: "Habiendo dado cuenta al rey de la memoria impresa,
que acompa V. S.  su carta de 3 de Junio ltimo, escrita por el
socio de mrito Fr. Antonio Muro del orden Bethlemtico, en la que
intenta persuadir la utilidad y medios de que los indios y ladinos
vistan y calcen  la espaola: ha resuelto S. M. por justas causas y
consideraciones, que esa Sociedad Econmica, de que V. S. es Director,
cese enteramente en sus juntas, actos y ejercicios. Lo que de Real
orden aviso  V. S., para que haciendo saber esta real resolucin 
los individuos que la componen, tenga cumplido efecto, avisando V.
S. las resultas.--Dios guarde  V. S. muchos aos. San Lorenzo, 23
de Noviembre de 1799.--Joseph Antonio de Caballero." El seor Villa
Urrutia, que era el Director de la Sociedad Econmica, sinti en el
alma esta resolucin, como lo expresa en una elocuente nota que dirigi
al Capitn General y Gobernador, don Jos Doms y Valle. As qued
disuelta la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, el 16 de Julio de
1800, y no volvi  restablecerse hasta 1811.

En cinco fojas tiles existe en el mismo Archivo que queda citado, una
certificacin del Juez Preventivo de San Agustn Acasaguastln, del ao
1798, en la que testifica que el Cura y Vicario don Toms Caldern,
tena fundadas en dicho pueblo cinco escuelas de artes y oficios para
varones,  saber: sastres, zapateros, herreros, pintores y canteros, 
las que concurran gustosos los indios; y pronto, dice, establecera
una de mujeres. Adems, certifica: que el mismo cura, con el objeto
de estimular  los indios, haba hecho grandes plantaciones de trigo y
lino, en las montaas hacia el norte del pueblo.

Por ese tiempo se tomaba empeo en acrecentar la civilizacin de los
indios, como puede notarse tambin por una memoria escrita por el Socio
de la Econmica, Dr. don Antonio Garca Redondo, sobre el fomento del
cacao, el bienestar de los naturales y varios ramos agrcolas. Es de
citarse igualmente,  tal respecto, la comunicacin que dirigi Fr.
Jos Muoz, Guardin de Totonicapn, en la que da cuenta  la Sociedad
Econmica de hallarse vestidos  la espaola varios indgenas, traje
que hasta hoy conservan muchos de ese pueblo.

Pero, ni los esfuerzos de aquella patritica institucin, ni las
sugestiones del Real Consulado de Comercio del reino de Guatemala 
las Cortes Espaolas, de las cuales habl largamente en el captulo
V de la segunda parte, pudieron dar resultados en pro de los indios;
porque las turbulencias en la misma Espaa, los vaivenes polticos y la
entronizacin posterior del absolutismo, no dejaban lugar para promover
la cultura de Amrica. La feroz reaccin que en un rapto de venganza,
sumi  la heroica patria del Cid en hondo abismo; los destellos de
la alborada de la independencia de Hispano-Amrica en 1810, y los
odios que se extremaban entre espaoles peninsulares y americanos, no
constituan por cierto propicias circunstancias para promover entonces
la indiana civilizacin.

Por lo dems, la Sociedad Econmica de Amigos de Guatemala, no slo
se interes por la riqueza del pas, fomentando la agricultura, la
industria y las artes tiles, sino que ms de una vez apunt muchos
de los errores tradicionales que en Guatemala subsistan. El sistema
romano de la propiedad rural; las leyes que cohiban el dominio; el
antiguo rgimen hipotecario, las trabas impuestas  las enajenaciones;
los censos; los bienes en comn; las vinculaciones; y tantas otras
rmoras al desarrollo agrcola, fueron censuradas muchas veces en las
publicaciones de aquella asociacin,  la cual tnto debe la Repblica.
Desde principios del siglo, se clamaba contra el psimo sistema,
heredado de Espaa, de tener la tierra repartida en ejidos, sin que
los indios contasen con propiedad particular, y poseyendo los pocos
hacendados espaoles reas inmensas de centenares de caballeras sin
cultivo. Lo que hace la divisin de labores en las artes--deca un
peridico del ao 1823--obra tambin en la agricultura la divisin
de las tierras. Cuando los visigodos ocuparon  Espaa, refiere
Jovellanos, se adjudicaron los conquistadores los dos tercios de la
tierra; y lo mismo parece haberse verificado en el continente americano
por sus pacificadores. En los principios, se asignaron trminos
comunes  los concejos y lugares, y tierras en propiedad  los vecinos
primgenas y colonos para sus sementeras y crianzas. Pero ya el Sr.
Carlos V, en cdula de 1 de Noviembre de 1591, comunicada  este
reino, advierte que los segundos haban ocupado la mejor y la mayor
parte de toda la tierra, sin que los concejos  indios tengan lo que
necesariamente han menester. "_El Amigo de la Patria_" en el nmero
de 15 de Mayo de 1821, forma un estado comparativo de las tierras que
posean unos y otros, y deduce de l, que las tierras de los indios son
un tercio de las tierras de los espaoles y ladinos.[188]

      [188] Observaciones rsticas sobre Economa Poltica, por el
      ciudadano F. G. P.,--Guatemala, imprenta de Beteta. Ao 1823.

Pero en realidad, la desamortizacin de la tierra, no se realiz
sino hasta que se expidieron las leyes de redencin de censos[189],
de reduccin  propiedad particular de los terrenos ejidales y
supresin de cofradas y servicios parroquiales. Esas leyes afectaron
naturalmente  los indios, sin ponerlos en aptitud de adquirir terrenos
de propiedad particular, porque fueron los ladinos los que ms
compraron tierras y denunciaron ejidos.

      [189] Decreto nm. 169, de 8 de Enero de 1877.

La propiedad territorial en comn, siempre fu sistema primitivo,
que representa pocas de atraso y de pobreza, y que redundaba en mal
de los mismos indgenas, en cuyo favor se debieron haber establecido
facilidades para que adquirieran tierras, y no que despus que ellos
redimieron muchos terrenos, se los volvieron  quitar, con la mayor
injusticia.

En el captulo V de la 2. parte de la presente obra, se hizo un
estado prolijo y estadstico de los muchos gravmenes que,  raz
de la centuria actual, pesaban sobre los indios, y se apuntaron los
innumerables abusos de que eran vctimas, y que se vinieron  cortar
por las disposiciones econmicas de que se acaba de hacer mrito.

Harto falta por decretar en pro de los aborgenes, es verdad; pero no
hay duda tampoco de que al desamortizarse el capital y la tierra, se
di un gran paso en favor de otro de los elementos de produccin, que
son los brazos.

An existen muchos pueblos numerosos de indgenas que viven
primitivamente, con sus sementeras, bosques y prados en comn, sin
tener propiedad particular, ni darle importancia al individuo, sino
solamente  la colectividad. Refractarios al roce con las dems clases
sociales; aferrados  sus usos y costumbres; hablando solamente lenguas
antiqusimas y aborgenes; se conservan,  uzanza asitica, separados
de la civilizacin, si no por murallas materiales, s por barreras de
otro linaje, ms difciles de destruir por cierto, que las ciclpeas
construcciones de los habitantes del celeste imperio.

No bast, como se hizo por el decreto del gobierno de 31 de Octubre
de 1851, recomendar  las autoridades subalternas que no vejasen
 los indios, y que los consideraran como _personas miserables_,
segn las leyes de Indias, que por ese mismo decreto se mandaron
observar en Guatemala. En vez de revivir el sistema espaol, que
jams di personalidad  los aborgenes, ni trat de sacarlos de la
tutora ominosa en que vivieron, se hace preciso considerarlos como
seres capaces de derechos y obligaciones civiles, que deben entrar
 tomar parte en la gestin de la cosa pblica. Hay que sacarlos de
ese estado de parias, para que se conviertan en ciudadanos. Hay que
atacar la propiedad en comn, la sujecin abyecta de los indios 
sus caciques; hay que ensearles el espaol y las primeras letras;
mejorar su agricultura por mtodos y mquinas usuales; hay que crearles
necesidades, y hacer que paguen un impuesto moderado, para que sean
elementos productivos al pas. Pero de todo eso me debo ocupar en
captulo aparte, que vendr  ser como corolario de las premisas
que en las diversas secciones de esta obra he ido consignando. Una
vez conocidos los vicios, fcil es poner remedio  ellos: hecho el
diagnstico de la enfermedad, no es difcil aplicar la medicina.[190]

      [190] Los indios tienen muchas costumbres peculiares que,
      siendo inocentes, deben respetarse; y an conservan en su
      organizacin social y poltica, tradiciones admirables. En
      Nahual, en Santa Catarina, en Santo Toms Chichicastenango
      y en algunos otros pueblos se gobiernan de este modo: el
      gobernador y la municipalidad actan en los casos comunes
      sujetos  su jurisdiccin; pero si es extraordinario, lo
      someten  la decisin de la Junta de Notables, que slo se
      compone de los individuos que han servido cargos pblicos, de
      alcaldes primeros en adelante. Si el negocio es muy arduo, y
      puede comprometer los intereses generales del pueblo, acuden
      al Consejo de los Ancianos, compuesto de los hombres de ms
      edad y experiencia, cuyo parecer es sagrado para todos, aunque
      contrare sus intereses  opiniones.




                            CAPITULO CUARTO

       =Ventajas  inconvenientes de la civilizacin. Elementos
             que la constituyen. Resea de los principales
             pueblos indgenas de Guatemala. Escollos con
            que tropieza el desarrollo de su civilizacin.
                Medios que pueden emplearse para lograr
                             su avance. =


                                SUMARIO

      Inconvenientes que se atribuyen  la civilizacin.--Necesidad
  de que no se pierda en costumbres lo que se gana en adelanto
  material.--El progreso es ley del individuo y de las sociedades.--La
  civilizacin no debe desentenderse del elemento fsico, moral 
  intelectual.--Divergencia de opiniones acerca de las causas que
  originan el progreso.--Teoras de Buckle, Darwin, Bahehot, Guizot,
  Balmes y Severo Catalina.--Carcter de la civilizacin antigua del
  continente americano.--La organizacin poltica de los virreinatos
  y capitanas generales de la Amrica espaola, era un trasunto
  de la preexistente manera de ser de los indios.--Los indios son
  susceptibles de desenvolver su cultura y progreso.--Resea de
  las principales poblaciones de indios de Guatemala, su nmero de
  habitantes, su agricultura, industria, comercio y dems cosas
  notables.--Los trabajos pblicos en algunas poblaciones de la Verapaz
  y de los Altos han hecho emigrar  muchos indios.--Medios de evitar
  que se ahuyenten de los pueblos.--Cmo Napolen III civiliz los
  pueblos de la Sologne y de los Landes, que estaban tan atrasados como
  los indios guatemaltecos.--Causas que se han opuesto al desarrollo
  de la cultura de stos.--Falta de estmulos que han tenido y la
  abyeccin en que han estado.--Remedios contra ese obstculo, y modos
  de removerlo.--Concursos regionales.--Los idiomas primitivos de los
  indios no los dejan progresar.--Opinin sobre ese punto del sabio
  don Jos Cecilio del Valle.--Lo que acerca de tales lenguas, pensaba
  Solrzano y Pereira.--Medios que pueden emplearse  fin de que todos
  los indios hablen castellano.--La tercera causa del estancamiento
  de los indios es que no tienen necesidades que los impulsen al
  trabajo y al mejoramiento de su condicin.--La ignorancia en que
  vegetan obsta  su civilizacin.--El mundo antiguo se civiliz por
  castas privilegiadas, mientras que el mundo moderno se civiliz por
  la instruccin primaria, gratuita, obligatoria y prctica.--Cul
  ha de ser el sistema de escuelas para los indios, que concile el
  instinto que ellos tienen de acostumbrar, desde nios,  sus hijos
  al trabajo.--Escuela Normal de indios.--Escuelas rurales.--Escuelas
  de Agricultura.--La embriaguez entre los indios.--Lo que de
  ellos dicen Acosta, Herrera y Garcilaso.--El Concilio Limense
  II y las cdulas reales que la repriman.--Auto acordado de la
  Audiencia de Guatemala de 26 de Junio de 1793, sobre la ebriedad
  de los indios.--El pueblo de Santa Catarina Ixtahuacn y el de
  Nahual no permiten licores embriagantes dentro de su demarcacin
  territorial.--Lejos de fomentar la embriaguez debe reprimirse.--Bando
  clebre del ao 1804, del Capitn General Mollinedo y Saravia
  contra las borracheras de los indios.--Medidas que  ese respecto
  deben tomarse.--La sexta causa de estacionamiento de los indios
  es la propiedad de tierras comunales.--Cmo debe fomentarse su
  agricultura.--Medidas que deben dictarse en orden  las industrias
  indgenas.--Opinin del ilustre D. Melchor Gaspar de Jovellanos,
  en cuanto  terrenos en comn.--Lo que debe hacer el Gobierno 
  ese respecto.--Malos tratamientos dados  los indios y desprecio
  con que se les mira.--Sociedades protectoras de indios, que deben
  fundarse.--Los mandamientos deben suprimirse.--Debe crearse Jueces
  de Agricultura.--La 9 causa del poco progreso de los indios es
  su pereza  indolencia.--Causas que las han producido y medios de
  combatirlas.--Las colectividades concentradas de los pueblos indianos
  que viven aislados del resto de la sociedad, se oponen al avance de
  su civilizacin.--Esas masas humanas en Amrica, al fin del siglo
  XIX, son anacronismos vivientes.--Hay que hacer por que entren en
  roce con los _ladinos_.--Lo que pas en Chile y la Argentina respecto
  de esas agrupaciones precolombinas.--Leyes que deben dictarse.--Un
  Cdigo Rural.--Lo que dice la escritora peruana Sra. Matto de Turner
  respecto  los aborgenes del Nuevo Mundo.--Las sombras de Coln y
  Las Casas demandan que se les redima, ampare y civilice.

Deca Chateaubriand que se pierde en costumbres lo que se gana en
luces, y que stas parecen de tal suerte colocadas por la naturaleza,
que las unas se corrompen siempre en favor del engrandecimiento de las
otras, cual si la balanza estuviese destinada  hacer imposible la
perfeccin entre los hombres. Los griegos al civilizarse, perdieron la
pureza de costumbres. Felices si no hubieran trocado las virtudes que
los salvaron de Jerjes, por los vicios que los pusieron en manos de
Filipo!

Y muchos, entre nosotros, aun sin saber esa cita histrica, sostienen
que los indios hoy, en su rudeza, estn mejor que si se les saca de
ella; porque, al civilizarse, tendrn todos los defectos del _ladino_
y las malas condiciones del aborigen, con los achaques consiguientes 
las nuevas necesidades que se les producen. La civilizacin, dicen, 
la par que fomenta las artes y la industria; que perfecciona, propaga
y generaliza los objetos de comodidad y lujo, dando brillo y esplendor
 la sociedad; desarrolla el deseo de adquirir, hace que la pasin
del lujo se encienda, y que todo se sujete al clculo fro y  la ley
del oro. Si los indios se civilizan sern menos morigerados y menos
dichosos, exclaman aquellos que cifran la moral en lo primitivo de la
vida, y la dicha suprema en acercarse ms al bruto.

Sin negar que la refinada civilizacin de los pueblos modernos, de
Europa sobre todo, produce ciertas excrecencias, si se puede decir
as, es evidente que las costumbres, el carcter y la ventura de las
naciones y de los individuos, ganan con la civilizacin. Lo que se
hace preciso, y no debe olvidarse en cuanto  los indios, es que,
al procurar civilizarlos, ha de tratarse de moralizarlos, de que no
pierdan en costumbres lo que ganen en adelanto material.

Los que cifran la civilizacin slo en el goce propio, y dicen como
el clebre orador revolucionario, que la sociedad humana no es ms
que una guerra de astucia, en la que la fortuna es la regla de lo
justo, la probidad un negocio de placer  de decoro, y el mundo
el patrimonio de los bribones ms diestros; los que, cual Hobbes,
proclaman el egosmo, como regla de conducta, no comprenden que la base
de la civilizacin es la moral sublime que predica la caridad y el
desprendimiento. Sin el altruismo no puede subsistir la sociedad. El
progreso es ley del individuo y de los pueblos; pero no cabe progreso
verdadero y que produzca bienestar social, si no se forman costumbres
puras. En cada sr viviente hay fuerza misteriosa de crecimiento;
en todas las agregaciones de seres animados, existe un elemento de
contnuo desarrollo, bajo condiciones favorables, en lo fsico y en
lo moral. Todo nuestro progreso, al sentir de Emerson, consiste en
el desenvolvimiento ordenado, que se asemeja al paulatino crecer del
botn, que se vuelve flor, para dar fruto.

En lo material, el hombre se halla sujeto  leyes fsicas; en lo mental
 preceptos que rigen el entendimiento; en lo moral  reglas que
estatuyen lo que es bueno. La civilizacin no debe desentenderse de
ninguno de esos tres elementos esenciales. La sociologa los estudia y
toma en cuenta.

Empero, no estan de acuerdo los pensadores acerca de las causas
que originan el fenmeno del progreso.[191] Los unos buscan en lo
intelectual el germen del desarrollo externo; los otros cifran en el
elemento del alma, el vital principio del progreso, y atribuyen  la
religin todos los beneficios del esparcimiento de las luces; ste,
hace consistir el fundamento de su teora en la moral innata; el otro,
en las fuerzas de la naturaleza y en el destino del hombre. Autores
hay que profesan el principio de que las causas morales producen las
fsicas; al paso que no faltan filsofos que piensan que las causas
fsicas engendran las morales.

      [191] La escuela espiritualista, la positivista, la
      antropolgica, la evolucionista etc., establecen diversas
      teoras acerca del progreso.

As, Mr. Buckle procura demostrar que el desarrollo del hombre es
del todo proveniente de los elementos fsicos que lo rodean. Darwin
establece la evolucin, por transmutarse el sistema nervioso de padres
 hijos. Bahehot contempla esa fuerza natural que, de edad en edad, va
creando la civilizacin, como una cinta de colores, que cada vez recibe
ms obscuros tintes, por la agregacin sucesiva de fuerzas. Guizot y
Didn atribuyen al cristianismo la actual moderna cultura. Balmes y
Severo Catalina quieren que el Pontificado Romano sea el centro de las
fuerzas morales, que han hecho crecer  los pueblos.[192]

      [192] Balmes deca "que la civilizacin es la mayor suma de
      moralidad, la mayor suma de inteligencia, la mayor suma de
      bienestar en el mayor nmero posible de seres humanos."

Cuestiones son stas, que se ven al trasluz de las ideas y
preocupaciones de cada cual; pero que demuestran en todo caso que
la frmula del progreso es complicada, y que, al tratarse de la
civilizacin de una colectividad, se han de aprovechar todos los
elementos, en el orden material, intelectual y moral.

Viniendo ya al punto del mayor avance de la civilizacin de nuestros
indios, cabe observar que la cultura aborigen se perdi por completo.
Los quichs y cackchiqueles revelan su pasada grandeza; pero no dan
muestra hoy de ella,[193] porque la ms leve chispa de desenvolvimiento
de esa raza alarmaba  los conquistadores. Que hay grmenes de
perfectibilidad en esos pueblos, lo prueba su misma historia. Lo que
se necesita es que se desarrollen y fecunden. Los abona la tradicin
de lo que fueron; les son favorables los elementos fsicos del suelo
en que viven; pero hay que poner los medios para que dejen ese sistema
de comunidad; ese traje comn  invariable; ese alimento brbaro de
_totopoxte y chile_; esas lenguas antediluvianas; ese rancho agreste,
mansin primitiva y rstica; en una palabra, hay que sacar  los indios
de la manera de ser que tienen, estancada y oriental.

      [193] Bancroft, tt. II, pg. 82.

La organizacin de los virreinatos y de las capitanas generales de
la Amrica espaola, se bas en la preexistente manera de gobernarse
que los mismos indios tenan. Ora formaron comunismos teocrticos, no
ya en favor del rgulo, sino en pro del fraile  del encomendero; ora
el socialismo gubernativo de las tribus se explotaba por medio de los
mismos seores principales indios, en favor del conquistador  del
cura; ora la plebe indiana, cual rebao de carneros, era dominada,
primero por sus caciques, luego por los gobernadores, en seguida por
los magistrados de las Audiencias y Presidentes  Virreyes, mientras
all en Espaa, dictaban leyes los monarcas iberos, con todo el
aparato del Consejo de las Indias. As nunca hubieran los aborgenes
podido mejorar de condicin; no obstante los ms filantrpicos deseos
de Doa Isabel la Catlica y todos sus sucesores regios.

Despus de la independencia de los Estados hispano americanos, puede
asegurarse que los indios siguieron casi lo mismo que antes, ya
de instrumentos de algn jefe militar afortunado; ya sirviendo de
acmilas para conducir mercaderas  bagaje de guerra; ya explotados
por algn strapa de la canalla, de esos que el viento revolucionario
ha solido convertir en mandarines de facciones y promovedores de
bochinches;--bien que con el roce que han tenido los aborgenes con los
_ladinos_, muchos de aquellos han salido de su antigua condicin, en
Mjico, Centro Amrica, el Ecuador, Venezuela, Colombia, Per, Paraguay
y Bolivia, en donde una parte de la poblacin civilizada es de raza
indiana, ms  menos pura.

No puede, pues, revocarse  duda que son los indios muy susceptibles
de desenvolver su civilizacin y acrecentar su progreso. No ser la
generacin presente de los aborgenes, la que pueda entrar de lleno
en el estado de cultura que se apetece; pero las generaciones nuevas,
tiernas y flexibles, se acomodarn  las exigencias del siglo y  las
nobles aspiraciones de los que filantrpicamente se empean por el bien
de los aborgenes y el engrandecimiento de Guatemala. Vase, si n,
cmo pueblos extensos de indios ya se confundieron con el resto de la
gente _ladina_. No hace muchos aos que en Jocotenango, exista una
numerosa poblacin de aborgenes, vestidos  usanza indiana, hablando
su primitiva lengua, y formando una villa con sus _justicias_, su
templo, su cementerio y su crcel. Hoy los hijos de esos _jocotecos_
son casi todos albailes, y ya salieron de su condicin de indios,
volvindose _ladinos_, olvidando su lengua y vistindose como las
gentes del pueblo. Cuando uno va  pasear por ese barrio de la capital,
con direccin al Hipdromo, apenas recuerda que cerca de la altsima
ceiba que est junto  la antigua fuente, hubo una iglesia y un
camposanto, de un pueblo numeroso de indios puros.

El hombre es como el diamante, que se pulimenta con el roce. Inmediatos
 esta capital, los _jocotecos_ acabaron por amalgamarse con el
pueblo ladino; y as, de esa suerte, viene sucediendo con casi todos
los pueblos cercanos  los centros de riqueza. La civilizacin es
contagiosa y se expande  infiltra  las gentes que se hallan ms
prximas  los focos de cultura y comercio.

El pueblo de Mixco, de donde vienen nodrizas  servir  las casas
acomodadas de esta capital, ya est bastante civilizado, y acabar por
tener los usos y costumbres de la gente _ladina_.

Si se fija la vista en los indios de la Verapaz, de esa zona tan rica
de la repblica, que en sus nueve dcimas partes est poblada por
aborgenes, se notar que tienen buena ndole, y que si en algunos
puntos reinan preocupaciones de castas, debe atribuirse  ciertos
ladinos que se han establecido en medio de ellos, dndoles malos
ejemplos. "Los naturales de San Juan Chamelco, el pueblo ms antiguo de
la Alta Verapaz, hacen el comercio de loza inglesa, que van  comprar
 Izabal, y que llevan  la capital, al Salvador y  otros puntos
remotos, trayendo  su regreso efectos de aquellos lugares. Los de
Rabinal vienen  la capital y  Chiquimulilla, donde se abastecen de
sal: los de Cahabn traen algodn y cacao, que van expendiendo hasta
Guatemala: los sampedranos viajan por la costa E. de Verapaz, donde
tienen sus _milperas_ y sus crianzas de cerdos, cosechan cacao y
zarzaparrilla: van  las salinas de los Nueve Cerros, al Petn, etc.
Los tactiqueos, generalmente cargadores, trafican desde Telemn y
Panzs hasta Guatemala y los Altos: los indios de San Cristbal y Santa
Cruz, venden en toda la repblica lazos, redes, _suyacales_, huevos,
etc. En fin, los de Cobn son algo ms sedentarios; con todo, algunos
de esos indios son nmades, y muchos de esos pueblos proveen de brazos
 las doscientas fincas de caf, que cuentan con tres millones y medio
de rboles.

"Poco tiempo despus de su establecimiento en la Verapaz, los
domnicos, con el doble objeto de completar la educacin religiosa de
los indios y de reunirlos en las ciudades recin formadas, instituyeron
varias cofradas, y he aqu el origen del gran nmero de estas
asociaciones religiosas.

"Ocioso me parece entrar en pormenores acerca de los gastos y varios
otros compromisos  que estn sujetos todos los individuos de una
cofrada; y son muchos los indgenas que, para evitar se les nombre
mayordomos, prefieren abandonar sus casas  internarse en las montaas.
Es mayor del que se piensa el nmero de los que se han desterrado
voluntariamente[194]. Hay tambin que advertir, que algunos mayordomos
de cofrada, que no son muy buenos administradores, por lo menos,
tienen  veces que vender sus animales y hasta su casa, cuando se trata
de celebrar la festividad de algn santo.

      [194] El obligar  los indios  trabajos pblicos, como el del
      palacio municipal de Cobn, sin retribuirles como era debido,
      ha sido una de las causas de que muchos emigren.

"He dicho que algunos indios son nmades, y esto es tan exacto, que
durante la mayor parte del ao, no se encuentra en el pueblo de San
Pedro Carch (el ms numeroso de la Alta Verapaz, que hoy tiene 4,500
habitantes), sino la dcima parte de ellos. Casi todos viven en sus
_milperas_, las cuales distan hasta treinta leguas de San Pedro. Es
bien sabido que los indios de ese pueblo en la Alta Verapaz y los de
Santa Catarina Ixtahuacn en los Altos, no cesan de pedir tierras, y
tratan de invadir constantemente terrenos ajenos. En la fiesta titular
de Carch (29 de junio) se puede juzgar del nmero de los sampedranos,
porque entonces van  celebrar la fiesta del Patrn, consumiendo en
menos de seis das, cerca de dos mil quinientas arrobas de aguardiente
flojo, de mal gusto, entregndose  los regocijos semirreligiosos,
que se resienten de antiguas costumbres,  zarabandas, bailes, etc.
Escogen estos das para traer de la montaa  los nios,  fin de
hacerlos bautizar: el nmero de bautizmos asciende  veces  ms de
ciento en un slo da; y tambin traen  los moribundos para que el
padre les administre los ltimos sacramentos. La disminucin de un
pueblo que tuvo ms de veinte mil almas, y el haberse dispersado en las
montaas, es sin duda un mal grave, que debiera remediarse por medio
de la predicacin, de la persuasin, de la instruccin pblica, del
establecimiento de un hospital, y de un asilo para los hurfanos y los
impedidos. De esta diseminacin resulta evidentemente el relajamiento
de las buenas costumbres, la falta total de instruccin en los nios, y
esa timidez casi salvaje que se nota entre muchos indios, pues en los
caminos reales se ve frecuentemente  las mujeres huir de la vista de
un pasajero, esconder sus nios y ocultarse en el monte, hasta que ha
desaparecido el _espaol_.

"Estos pormenores tienen su significacin, y por eso los refiero aqu
sin exagerar nada, y con el verdadero pesar que producen  todo aquel
que abriga simpatas por la desgraciada raza indgena.

"Los trabajos pblicos emprendidos en una grande escala, de algunos
aos ac, en los pueblos de la Verapaz, han ahuyentado  muchos
indgenas, porque no se les da salario ninguno. De ah resulta que
cuesta trabajo conseguir peones para el servicio de las fincas, que
muchas veces los mozos pagados anticipadamente, segn la costumbre, por
los empresarios de cafetales, estn ocupados por la municipalidad del
lugar, que no concede  las empresas toda la importancia que tienen,
y no preve que el engrandecimiento de esos pueblos est fundado en la
proteccin que d  la agricultura. Es, pues, necesario tratar de hacer
cesar dichos inconvenientes, nombrando _ad hoc Jueces de Agricultura_,
encargados de sistemar el trabajo de los mozos, conciliando 
la vez los intereses del pueblo y los de los agricultores, que
gastan cuantiosas sumas para dar al pas un importantsimo ramo de
importacin. Muchos son hoy da los empresarios que, alhagados por el
nmero de brazos, la feracidad del suelo, la proximidad de la Alta
Verapaz  los puertos del Atlntico, y por el decidido empeo del
supremo gobierno en el cultivo del caf, expresan los mismos deseos.
Los _Jueces de Agricultura_, bien organizados, deban existir en toda
la repblica.

"Uno de los medios que debe contribuir, con el tiempo,  impedir la
inmigracin de los indios  las montaas, consistir en el cultivo
del trigo, que se da en las partes fras prximas  los pueblos. Este
cultivo dar  los terrenos un valor ms grande, proporcionar  los
cultivadores un punto de venta seguro y lucrativo, y mejorando la
alimentacin de estos pueblos, introducir el bienestar poco  poco
entre ellos. Al lado del trigo, se podrn cultivar las papas, que se
dan durante todo el ao en la Alta Verapaz, y suministran un alimento
sano y nutritivo. El cacahuete, _manilla_  cacao de la tierra, es
otro cultivo importante, del cual pocas personas se forman una idea
exacta. El cacahuete necesita muy pocos trabajos, y produce ms que
cualquiera otra clase de plantas; las matas secas arrancadas en tiempo
de la cosecha, forman el mejor pasto que se pueda dar  los ganados;
la almendra subterrnea que se saca del suelo como las papas, es un
verdadero frijol aceitoso, es decir, un alimento de primer orden: da
un 40 p.% de un aceite exquisito, tanto para comer, como para quemar,
hacer jabn etc. El residuo de la preparacin, harto fcil, de este
aceite, es el mejor alimento que se pueda dar  los cerdos y  las aves
domsticas. En fin, el cacahuete da su cosecha  los seis meses, crece
en los terrenos ms arenosos, en tierra caliente, templada y fra. En
Cobn esta planta prospera de un modo extraordinario.

"En lugar de un cafetal de comunidad, como el que hubo en Cobn,
sera preferible una _Escuela Municipal de Agricultura_: que en un
terreno adecuado, la municipalidad enseara  los indios el cultivo
del trigo, de las papas, de la _manilla_, del lino, de las abejas, y
que distribuyera al fin del ao  los ms inteligentes, semillas para
su reproduccin, tiles nuevos de labranza, instrumentos de msica
europeos, premiando cada ao en una junta solemne, los esfuerzos de
los colonos, y distribuyendo tambin recompensas  los servidores
constantes y probos que se le designasen en todas las fincas. Acaso
los empresarios de cafetales contribuiran con gusto  los gastos que
demandase semejante institucin.

"Por medios anlogos se ha mejorado de un modo incontestable la
situacin moral y fsica de algunos pueblos de Francia, los cuales
no vacilo en decirlo, eran tan atrasados como los de la Verapaz, y
acaso ms miserables. Napolen III, realiz semejantes proyectos,
reputados poco antes de l como sueos, utopas, ideas comunistas.
As es que la memoria de este monarca,  pesar de sus errores, vivir
eternamente grabada en el corazn de los pueblos de la Sologne y de los
Landes."[195]

      [195] Julio Rossignon.--El porvenir de la Verapaz.

Los indios de los Altos, de esa parte tan rica de Guatemala, son
trabajadores, industriosos y pacficos. Hay poblaciones como _San
Pedro Sacatepquez_, con cinco mil indgenas, en una ventajosa
posicin topogrfica,  una milla de San Marcos, con buenos edificios
pblicos, con muchas fuentes de uso comn, con calles rectas y con
floreciente agricultura. Sus pobladores cultivan los cereales y
fabrican bellos cortes de enaguas, _huepiles_ y fajas de hilo y seda.
No faltan carpinteros, sastres, herreros y ladrilleros. _Santo Toms
Chichicastenango_,  cinco leguas de Santa Cruz Quich, tiene veinte
mil habitantes indgenas, que cultivan maz, trigo y papas, hacen
buenos tejidos de algodn, cran ganados y llevan una vida sobria y
laboriosa. En esta ciudad se contemplan ruinas rodeadas de grandes
fosos. _Joyabaj_ con cinco mil pobladores, que pastorean ganados y
siembran granos y frutas. _Sacapulas_, fundada por Fray Bartolom de
las Casas, cuenta con cinco mil habitantes, que elaboran sal, fabrican
telas y siembran caa de azcar, cacahuate (_manillas_), yuca, frijol
y maz. _Nevaj_, de cinco mil vecinos, que pasan la vida fabricando
canastas de caa, objetos de jarcia, y sembrando cereales. _San Miguel
Uspantn_, que tendr tres mil habitantes, cuya industria principal
consiste en fabricar sombreros de palma, esteras (_petates_), paraguas
(_suyacales_) y escobas. _Totonicapam_, cabecera del departamento
de este nombre, y ciudad de veintisis mil habitantes, casi todos
indios, se encuentra al pi de una elevada montaa, con clima benigno.
All estn todava los descendientes de los tlascaltecas que trajo
D. Pedro de Alvarado, y que tienen buenas fbricas de tejidos y
alfarera. Es poblacin industriosa y rica,  ocho mil setecientos
pis sobre el nivel del mar, con casas buenas, provistas de agua
potable. _Momostenango_,  unas siete leguas de dicha cabecera, es
pueblo importante de agricultores, que emplean variados cultivos por
la diversidad de climas. Los indios _momostecos_ tienen particular
veneracin  un retrato de Diego Vicente, aborigen que construy
por su cuenta la iglesia parroquial. _Santa Mara Chiquimula_, con
tres mil indgenas, que son comerciantes y peones agrcolas. _San
Cristbal_, compuesto de seis mil almas, con una antiqusima iglesia.
Los indios de all son tejedores, herreros, carpinteros, talabarteros,
fabricantes de trastos de barro, marimbas y cohetes. Siembran trigo,
maz, habas, frijoles, arbejas, duraznos, manzanas, nueces y ciruelas.
_Panajachel_,  orillas del pintoresco lago de ese nombre, produce
arenas de plata, caparrosa, ocre y tiza. Se cultiva el frijol, el maz
y ricas legumbres. Esos indios son dados  la pesca y al tejido de
telas de algodn. Tendr ese precioso pueblo dos mil almas. _Santiago
Atitln_, con siete mil habitantes, que siembran cacao, caf, maz,
frijol, chile y hortalizas. La industria se reduce  cuidar ganados y 
pescar.--_Santa Luca Utatln_, en donde se hacen jabones, y se cultiva
el trigo, el maz, la linaza, la cebada y la avena. _Nahual_, con
veinte mil indgenas, en clima fro, que cran ganado lanar y siembran
maz y trigo. Los terrenos son quebrados, y la industria consiste en
fabricar ropa de lana y curtir cueros. _Santa Catarina Ixtahuacn_, 
ocho leguas de Solol, con veinticinco mil habitantes, todos de raza
primitiva americana, se dedican  criar obejas y carneros,  tejer sus
ropas y  cultivar maz, frijol, trigo y frutas. No admiten ladinos en
su pueblo; no consienten estanquillos de aguardiente ni chicha; son
bravos y crueles cuando se sublevan, pero respetuosos para con las
autoridades y sumisos cuando los tratan con justicia. Es uno de los
pueblos en que mejor se pueden estudiar las costumbres aborgenes.

Todava hay en los Altos muchas otras poblaciones indgenas, aunque de
menor importancia, que guardan reliquias de los tiempos precolombinos.
Sera prolijo el enumerarlas todas.

En los departamentos del centro, existen tambin pueblos de indios,
como _Chinautla_, con mil ochocientos habitantes, que se ocupan en
alfarera y siembras de maz; _San Antonio La Paz_, con mil, que
siembran caf y caa de azcar; _San Pedro las Huertas_,  orillas de
la capital de Guatemala, tiene unos quinientos habitantes _aladinados_,
que cortan lea y siembran caf, pasturas y hortalizas; _San Juan
Sacatepquez_, con quince mil pobladores, que labran madera, fabrican
trastos de loza, siembran maz y frijol, cuidan ganados y tejen jarcia;
_San Jos Nacahuil_, con quinientos habitantes, de los cuales las
mujeres tejen y los hombres cultivan la tierra; _Mixco_,  tres leguas
y media de la capital, con ocho mil indios, que son agricultores por
lo general, y fabrican utensilios y juguetes de barro. Las mujeres
muelen maz y hacen tortillas, ocupndose tambin de nodrizas en las
casas de las personas acomodadas de la capital. _San Raymundo_, es otro
pueblo de indios que est en el departamento de Guatemala, y tiene
unos mil quinientos habitantes, que son agricultores, comerciantes, y
algunos de ellos beneficiadores de cerdos; _Paln_, del departamento
de Amatitln, tiene como cuatro mil indios que cultivan frijol y
frutas, y siembran caa de azcar; _San Vicente Pacaya_, que tendr
mil habitantes que trabajan en siembras de caf. All se encuentra una
grandsima piedra tradicional llamada _Doa Mara_; flores grandes de
madera muy curiosas y carbn mineral que arde perfectamente; _Dueas_,
en el departamento de Sacatepquez, fu erigido por Alvarado, en el
sitio en que haba l dispuesto sembrar _una milpa_ (maizal) para
las viudas de los conquistadores. Est muy cerca de la Antigua ese
bonito pueblo, al cual le asignan mil cuatrocientos indgenas. Los
terrenos producen maz, frijol, caf y cochinilla. _Alotenango_, con
mil quinientos habitantes, da buenas maderas, zarzaparrilla, granos y
legumbres. _Santa Mara_, en las faldas del volcn, cuenta unos dos
mil quinientos naturales, que se ocupan en faenas agrcolas, en tejer
sus vestidos y en elaborar carbn. _San Juan del Obispo_, fundado por
un virtuoso diocesano, apenas tiene ochocientos pobladores, y produce
cochinilla, caf, maz y frijol. _San Antonio_, da maz, caf, frijol
y garbanzos, y tiene unos mil indios, que no slo trabajan la tierra
sino que fabrican _petates_ (esteras) y hacen _ceidores, fajas y
huepiles_. _Santa Catarina_, que fu fundado por Ignacio Bobadilla, y
que hoy cuenta como mil habitantes, cuya industria principal consiste
en tejer cotones y ceidores. _San Andrs_, _San Lorenzo_, _Santiago_,
_Magdalena_, _Santo Toms_, _San Miguelito_, _San Mateo_, _San Lucas_,
_Sumpango_, _San Bartolom_, _Xenac_, _Jocotenango_, _Pastores_, son
otros tantos pueblos que rodean la antigua capital del histrico reino
de Guatemala, y que  fuerza del contacto con gente civilizada, se van
aladinando poco  poco. En Chimaltenango est _Tecpn Guatemala_, que
tendr fuera de los _ladinos_, unos cinco mil indios, que fabrican
telas y cran ganados; _Patzn_, con buenas minas y plantaciones de
caf, produce tambin trigo, maz y frijol; _Comalapa_, de unos tres
mil pobladores, da tambin trigo y cereales, siendo su industria de
tejidos de _huepiles y zutes_ (paos).

En el oriente de la repblica de Guatemala hay uno que otro pueblo de
indios; pero ya hoy estn casi todos _aladinados_.

En el Petn cuntanse varias poblaciones indgenas y existen los
_lacandones_, que no tienen por cierto la ferocidad que se les
atribuye. Son unos doscientos aborgenes, en la parte del territorio
de Guatemala, que se conservan independientes sobre las mrgenes del
Usumacinta. Los indios de Izabal se encuentran por Cahabn, Chajal y
otros puntos.

Con vista de esta breve resea, se comprende que existen an muchas
poblaciones de indgenas; pero se hace preciso advertir que entre ellas
las hay de pura raza, como Santa Catarina Ixtahuacn; mientras que
otras se hallan mezcladas de ladinos  indios. En unas, sol se hablan
las antiguas lenguas quich, cackchiquel, zutujil etc.; en otras,
prevalece el espaol adulterado.

De todos modos, para poder establecer cules sean los medios ms
eficaces  fin de lograr el mayor avance en la civilizacin de los
indios, se hace necesario inquirir qu causas son las que se han
opuesto  que se desarrollen y progresen. De la misma historia de esa
desgraciada raza, resultan las siguientes.


                                   I

La falta de estmulos que han tenido y la abyeccin en que de antao
han estado. Desde el primer da de la conquista, fueron reputados, ora
por irracionales; ora por hombres nacidos como siervos _ natura_;
ora por instrumentos de hacer riquezas; ora por _personas miserables_,
en tutela perpetua; ora por seres inferiores, en todo y por todo, al
_espaol_. El indio,  su vez, al cabo de tres siglos de opresin y
abusos, volvise suspicaz, taciturno y triste. Hoy mismo, decirle  uno
_indio!_ es una injuria  expresin despectiva, que significa rudo,
montaraz, bestia de carga.

El indio carece del estmulo de mejorar su propia condicin, estmulo
que impele  otras razas  emprender obras que requieren atencin
y fuerza de voluntad: habituado durante siglos  no ejercitar su
inteligencia, ni  concentrar su atencin, los trabajos en que se
emplea consisten en cargar grandes pesos, andar largas distancias,
abrir zanjas en la tierra,  cultivarla de una manera primitiva; alguna
vez se dedica  alguna industria tosca, pero sin cambiar la forma,
el gusto  el material de los artefactos, continuando la rutina que
siguieron sus antepasados; as fabrica tinajas, redes, _petates_,
instrumentos msicos, exactamente iguales  los que fabricaran los
antiguos aztecas, quichs y cackchiqueles. No parece que en su trabajo
tomara parte la inteligencia, sino que obrara impelido por un mecanismo
 instinto semejante al pjaro, que contruye su nido igual  los
nidos que millares de aos antes formaron los pjaros de su especie.
Convendra, pues, tratar de mejorar sus industrias, proporcionndoles
modelos, elementos, utensilios etc. y premiando sus esfuerzos, en
_Concursos Regionales_.

La separacin de la gente de otra raza mantiene al indio en los hbitos
que heredara de sus mayores: no conoce de la civilizacin sino sus
defectos y sus vicios, y las violencias  injusticias que se le hacen
sufrir, y por esto se reconcentra en s mismo y se asocia nicamente
con sus compaeros. Sacarlo, pues, de este aislamiento es un punto
esencial para ponerlo en el camino de la mejora de sus hbitos: que
tenga  la vista otras costumbres y otra manera de vivir ms fcil y
cmoda: que ntre en contacto con personas de miras ms elevadas que
las suyas, para que la imitacin, que es natural en la especie humana,
opere insensiblemente un cambio en su existencia. Mas por desgracia
las personas que hoy tratan  los indios lo hacen con tal dureza y
desprecio, que los alejan de s y mantienen en ellos la desconfianza
y el temor que concibieran por los conquistadores; si queremos pues,
reformar  los indios, debemos comenzar por reformar nuestra conducta
hacia ellos; nada importa que en la Constitucin se les declare iguales
 los dems guatemaltecos, si en la prctica se les considera poco
menos que brutos.[196] Debe, por lo tanto, emitirse una _Ley Protectora
de Aborgenes_.

      [196] Sociedad Econmica--Tomo VI n 17, pgina 2., A. B.

El Gobierno, adems, por medio de sus subordinados, debe emprender la
cruzada de hacer que se trate bien  los indios, que se les estimule
y levante. El periodismo, que es palanca poderosa, puede tambin
popularizar las ideas redentoras de esa raza; y en los clubs y en la
tribuna y en el plpito, es dable hacer que la opinin se enderece
en pro de los aborgenes, establecindose adems _Sociedades para su
proteccin y fomento_.[197]

      [197] En cada municipalidad debiera nombrarse  uno de los
      concejales _Protector de Indgenas_.


                                  II

La segunda causa que ha opuesto una barrera  la cultura indiana, son
los idiomas primitivos, que mantienen  gran parte de los indios como
sordo mudos respecto  la porcin civilizada de la sociedad. Esas
lenguas de los aborgenes impiden el contacto de la gente _ladina_ con
aquellas masas inertes y estacionarias, que se concentran en pueblos
orientales; que ven con miedo y odio  los de otras razas que tantos
males les han hecho. Sin hablar castellano los indios, no comprenden
los beneficios de la civilizacin, y s miran recelosos  los que
consideran sus enemigos natos. El sabio Valle deca que esas lenguas
aborgenes son el mayor obstculo para que entren los indios  formar
parte de la repblica. Desde el tiempo de la colonia, creyeron muchos
que los idiomas primitivos deban sustituirse por el castellano, 
efecto de que no permanecieran los pobladores de este suelo aislados
de los espaoles que venan del otro hemisferio. En el Supremo Consejo
de las Indias, se discuti si sera mejor obligar  los aborgenes 
hablar slo castellano, de tal suerte que olvidasen sus lenguas, 
por el contrario, si deban los misioneros y catequistas aprenderlas,
para hacerse entender de ellos. El Concilio Limense III, mand que
se les enseasen las oraciones en sus idiomas y dialectos, sin
obligarlos  aprender el castellano. Algunas cdulas  instrucciones
recopiladas[198] dispusieron lo mismo, de acuerdo con la opinin de
Acosta y Garcilaso. El clebre autor de la Poltica Indiana, Don Juan
Solrzano y Pereira, distinguido catedrtico de Salamanca, profundo
legista, experto en letras sagradas y profanas, que haba estado
dieziocho aos en Lima, de cuya Audiencia fu Oidor, y despus miembro
del Consejo de Indias; ese famoso doctor en leyes y cnones, dijo
siempre la ltima palabra en la direccin de los asuntos coloniales, y
opinaba que desde un principio se debi haber enseado el espaol  los
indios. He aqu las palabras del famoso autor de la obra "De Indiarum
Jure, sive de Juxta Indiarum Occidentalium Inquisitione, Acquisitione
et Retentione": "Pero, sin embargo de lo referido, dice, yo siempre me
he inclinado ms  la opinin contraria, y tengo para m, que en los
principios de las poblaciones de estas provincias de Indias, hubiera
sido fcil y conveniente, haber obligado  todos los indios, que iban
entrando en la Corona de Espaa,  que aprendieran la lengua de ella,
y que hoy an ser esto mucho ms fcil y conveniente; porque, cuando
en los viejos se diera alguna dificultad, no dejarn de aprender lo
que bastara para entendernos: y en los muchachos y en los que despus
fuesen naciendo, no poda haber alguna, pues toman y aprenden con tanta
facilidad, cuantas les quisieran ensear, como lo dice Erasmo[199].

      [198] L. 30, t VI, Libro I de la Recopilacin.

      [199] Erasm. In adag. fenis mutare linguam. Cicer. I offic.
      Sermone o uti debemus, qui notus est nobis.

"Y as, en breve tiempo, estuviera corriente y entablado nuestro idioma
 lenguaje, y se olvidara de suerte el suyo, que ya no supiramos cul
haba sido; como lo experimentamos hoy en los indios que han quedado en
la isla Espaola y sus adyacentes, aun sin haberse puesto cuidado en
ello por nuestra parte, como lo advierte Bernardo de Aldrete[200].

      [200] Aldret. de orig. Ling. Hisp., lib. I, cap. 22.

"Aadiendo luego el ejemplo de nosotros los espaoles, que en siendo
juzgados y gobernados por los romanos, comenzamos, ya voluntaria, ya
forzosamente  hablar su lengua, de suerte que dejamos y olvidamos la
propia, y antigua nuestra, en tanto grado, que no ha habido quien con
certeza pueda averiguar ni decir cul era la que tenamos, aunque han
trabajado mucho en inquirirlo doctos varones[201]"

      [201] Poza, in alio simili argum. Gregorio Lpez Madera, in
      lib. de Monte Santo Granat. cap. 18, Covarr. in Thesaur. Ling.
      Hispan.

      Juan de Solrzano y Pereira, Poltica Indiana, Tom. II., p. 193.

Qu sera de los indios, en la poca presente, si desde el principio
de la conquista,  por el tiempo en que escriba Solrzano Pereira,
en el ao 1629, se les hubiera enseado  hablar espaol? Fcil es
comprender que actualmente se hallaran confundidos con el resto del
pueblo, vestidos del mismo modo, y no formando esas agrupaciones como
galvanizadas, y hoy tan incultas como hace trescientos aos.

Cumple, pues, poner todo empeo, y emplear cuantos medios sean
posibles, para hacer que los indios hablen espaol y se rocen con los
ladinos.[202] Oblguese  los indios  asistir  las escuelas en donde
se les ensee el espaol, y establzcase que los municipales y todos
los que ejerzan cargos deban saber el castellano, exonerndose  los
que lo hablen y vistan como ladinos, del tributo moderado que deben
pagar, para invertirse en su propia educacin y mejora.

      [202] El Congreso Constituyente del Estado de Guatemala expidi
      un decreto, que lleva el nmero 14, de 29 de Octubre de 1824,
      dictando providencias para que hubiese _un idioma nacional_, y
      se extinguieran las lenguas de los aborgenes.


                                  III

La tercera causa del estancamiento en que se encuentran los indios es
que no tienen necesidades que los impulsen  progresar, ni  salir de
esa vida de atona, semiprimitiva y semibrbara. Con un pobre rancho,
sin tener ni cama, ni mueblaje, sino una hamaca  un _tapexco_, y una
piedra de moler, vive el aborigen una vida improductiva y montona,
que no puede entrar en el carril del movimiento progresivo. La idea de
la Sociedad Econmica, expuesta y demostrada por Fr. Matas Crdoba
y el P. Muro, de procurar que los indios calcen y vistan como los
ladinos contribuira  crearles necesidades, que son aguijn para el
trabajo, y que acrecentaran la riqueza nacional.[203] Dice Buffon
que se deben considerar los vestidos como parte de nuestro sr, y que
hasta los trajes influyen en las costumbres de los hombres. Se hace
preciso tambin que los indios paguen una contribucin equitativa para
los gastos que, en pro de ellos mismos, har el Estado. En vez de
tanta exaccin en cofradas, servicios parroquiales y otros tequios,
bien pudiera hacerse que de un modo prudente contribuyeran en algo
los indios, salvo los que comprobasen que trabajan como colonos 
jornaleros contratados en las fincas, para estimular  la vez la
agricultura.

      [203] Si los indios no tuvieran en cada pueblo trajes diversos
      y peculiares, habra ms roce entre ellos, y no viviran tan
      aislados de los ladinos.


                                  IV

La ignorancia en que perpetuamente ha estado sumida la pobre raza
indiana, es la cuarta causa de ese estado de salvajez en que vegeta. Si
la civilizacin significa adelanto, luz, progreso; qu progreso, ni
qu luz, ni qu adelanto, caben en esos pueblos estacionarios, que nada
comprenden de su pasado, ni se preocupan por su porvenir? El hombre que
no lee, ni escribe, no puede ponerse en contacto con el mundo culto.
Nace y muere en breves aos, sin ver ms que lo que abarcan sus ojos,
sin otro horizonte que el de una existencia material y tosca, sin otra
aspiracin que la de vegetar, sin ningn ideal generoso y expansivo.

Si en Europa y Estados Unidos el pueblo es civilizado, dbelo  las
escuelas primarias, que bajo mtodos propios esparcen y siembran los
conocimientos necesarios para que la inteligencia se desarrolle y
el espritu se cultive. Las escuelas, son la base de la prosperidad
y de la repblica en Norte Amrica. Si en pocos aos han conseguido
en la patria de Wshington el estado de grandeza y libertad, que al
mundo asombra, es  causa del sistema de pblica enseanza, gratuita,
obligatoria y esencialmente prctica.

El mundo antiguo se civiliz por medio de castas privilegiadas. El
mundo moderno se ha civilizado, merced  la instruccin popular, que
funde en un solo pensamiento  la colectividad, esparciendo  la vez
el bienestar general. La difusin de los medios de desenvolver las
aptitudes particulares, hace que una colectividad pueda aprovecharse de
los recursos acumulados de la civilizacin. Leibnitz deca: refrmese
la educacin y se reformar el mundo.

Digmoslo de una vez. Instruccin primaria, prctica y educativa, es la
que se necesita para esas masas de indios rezagados, que constituyen
una verdadera rmora para el adelanto del pas. S se han hecho
esfuerzos en favor de la instruccin, entre nosotros, pero no se ha
hecho lo bastante. Antes de ahora, multiplicbanse las escuelas, sin
verdaderos maestros y sin elementos. Un pobre hombre que ganaba veinte
pesos mensuales, como preceptor, teniendo familia, y  quien se sola
adeudar seis meses de sueldo qu poda hacer?

Que haya escuelas para los indios,  las cuales se les atraiga, y se
ver cun presto se siembran las semillas de la cultura y del adelanto
entre ellos. Las generaciones venideras recogern el fruto de lo que se
plante, por una mano liberal y benfica, en ese sentido.

Los asilos de maternidad, en los que al propio tiempo que se
establezcan _enseanzas adecuadas para prvulos_, se alivie  las
madres, siquiera durante las horas del trabajo material, del cuidado
de sus hijos; los hospitales para enfermos desvalidos, regentados
por Hermanas de la Caridad, no slo mitigaran en esos pueblos de
aborgenes incultos, las necesidades impuestas por la desgracia y la
pobreza, sino que  la vez seran medios eficaces de suavizar las
costumbres y morigerar  aquellos desgraciados.

Hgase un esfuerzo en pro de los indios, y se mejorar su condicin.
Querer es poder!

La instruccin primaria debe ser obligatoria entre los indios; pero
cuidando de que no pasen de tres las horas de escuela,  fin de que no
impidan  los indizuelos dedicarse  ayudar  sus padres en el campo 
en las faenas de la casa. No hay que contrariar al indio, que quiere
que sus hijos se acostumbren desde nios al trabajo material, para que
despus no se les haga insoportable, ni deben sobrecargarse los ramos
de enseanza, sino limitarse  lo ms necesario.

Se puede obligar  los indios  mandar  sus hijos  las escuelas,
imponiendo penas  los que no lo hagan, y exonerando adems, de la
contribucin, al que compruebe que va durante dos horas  la escuela
nocturna de primeras letras,  tiene dos hijos por lo menos en las
escuelas diurnas. Las nocturnas sern para adultos.

Es indispensable crear una _Escuela Normal para maestros indgenas_, en
donde aprendan bien castellano y los ramos de la enseanza que deben
impartir  los de su raza. Con elementos asimilables es como mejor se
hace cundir la civilizacin. Sera muy conveniente establecer _Escuelas
Rurales de primeras letras_ en los caseros aislados, y _Escuelas de
Agricultura_ en los principales departamentos.


                                   V

El vicio ms dominante entre la raza indgena es el de la embriaguez.
Este vicio embrutecedor es la quinta causa que influye muy
particularmente en el abandono y estulticia en que se hallan los
descendientes de los primitivos pobladores del suelo americano. Basta
visitar, por modo rpido, algunos pueblos de indios para persuadirse
de que la _chicha_ y el aguardiente son elementos de destruccin, de
pobreza y abatimiento para los desgraciados aborgenes. Desde el tiempo
en que el famoso Solrzano y Pereira escribi la Poltica Indiana[204]
notbase que la borrachera rales  los indios tan daosa, que poda
asegurarse que ms haban muerto del abuso de los licores que de las
guerras y las pestes. Acosta, Herrera y Garcilaso refieren las clases
de bebidas que usaban, y explican tambin lo propensos que son los
indios  embriagarse.[205] El Concilio Limense II y muchas cdulas
reales, prescribieron que cuidasen las autoridades de impedir las
borracheras de los indios, dejando que, durante los das de fiesta se
recreasen en diversiones honestas; pero todo eso se quedaba escrito,
porque lo mismo entonces que despus, esos infelices han consumido
el fruto de su trabajo y sus enervadas fuerzas en la _chicha_ y el
aguardiente.[206].

      [204] Libro II, cap. 25, nm. 27.

      [205] Acosta, Dc. 20.--Herrera, Dc. I, Libro V, cap. 12.

      [206] El auto acordado de 26 de junio de 1793, fij penas
      contra los ebrios y contra los que expendan licores prohibidos
      en Guatemala.

Los propios indios comprenden cuan perjudicial es para ellos semejante
vicio, y ha habido pueblos, como el de Nahual y el de Santa Catarina,
que solicitaron, mucho tiempo hace, pagar una cuota  la hacienda
pblica, con tal de que no hubiera ningn estanquillo dentro de su
poblacin. El indio que llegaba ebrio, sufra veinticinco azotes, en
cuanto le pasaba la beodez.

El mal depende de que siendo la renta de licores una de las ms pinges
del erario nacional, estn interesadas las mismas autoridades en que
haya mucho consumo de licores, y no persiguen tanto como debieran la
embriaguez. Mientras ms cunda el vicio, ms crece la renta, y ms
aumenta la desmoralizacin y la vagancia, y ms enfermedades resultan,
y ms se deterioran las razas, y ms disminuye la poblacin, y ms se
amengua la riqueza pblica. Esta es una verdad palmaria. Si no se pone
remedio  semejante plaga, las consecuencias sern funestsimas.

Estdiese la estadstica criminal, y se ver que un setenta y cinco
por ciento delinque en estado de embriaguez, y que es muy raro que los
indios cometan un crimen,  no ser impulsados por el licor.[207] Estn,
pues, interesadas la moral, la economa poltica y la higiene pblica,
en perseguir semejante vicio. No cabe civilizacin, ni progreso, ni
nada, en donde el pobre campesino y el fatigado industrial consumen sus
ahorros en acrecentar la renta de licores embriagantes. El termmetro
ms exacto del mal estado de un pueblo, es el rpido y crecido
desarrollo de esa renta, amasada con lgrimas y crmenes, consecuencia
ineludible del aumento de la embriaguez. A cada paso, en la aldea ms
miserable, en el cortijo ms remoto, se encuentra la _chichera_ y
el estanquillo, en donde debiera estar la escuela pblica, la granja
modelo, la caja de ahorros, el hospital, la casa de hurfanos, el asilo
maternal, y tntos otros establecimientos que civilizan, y mitigan los
odios y celos de las clases proletarias contra las acomodadas y ricas.
Si la Caridad y la Filantropa se ostentaran ah, en vez de Baco y
Venus, cun diferente fuera la suerte de nuestros pueblos.[208]

      [207] La estadstica arroja slo 520 indios criminales, por
      1,199 ladinos. Mientras los primeros tienen 1 criminal por cada
      2.005, los segundos tienen 1 por cada 390;  sea por cada indio
      juzgado hay 5 ladinos.

      [208] En tiempo del gobierno espaol se trataba de evitar la
      embriaguez de los indios, como se puede probar con muchas
      disposiciones reales. Por ser curioso se inserta  continuacin
      el bando siguiente: "Don Antonio Gonzlez Mollinedo y Saravia
      etc., etc.

      En 9 de setiembre de 1801 se public por bando la Real Cdula
      de igual da y mes de 800, en que S. M. desaprob en todas
      sus partes el proyecto formado para la libre venta de la
      bebida regional llamada _chicha_, por no haberse procedido
      en su ejecucin con arreglo  las Leyes de Indias 51 y 74,
      del Ttulo 3 lib. 3. Y en su consecuencia, se procedi  la
      total extincin del ramo, provicionalmente establecido por el
      Seor mi antecesor, declarando que el uso de la _chicha_ no se
      prohiba  los indios, pero s el fabricarla para venderla, y
      que  las dems castas se entenda prohibido de todo punto, y
      con la generalidad que lo estaba anteriormente.

      Por otro _Bando_ de 26 de octubre del mismo ao de 1801, 
      consulta del N. Ayuntamiento de esta capital, se declar  hizo
      saber que la permisin del uso de la chicha  los indios debe
      entenderse de la dulce y saludable, que no puede embriagar,
      compuesta nicamente de _jocote, rapadura y schiles_, sin que
      en manera alguna pueda mezclarse otra materia  especie que
      haga ms activo, fuerte  espirituoso su fermento, pues la
      de esta clase, como propensa  pervertir los sentidos, y por
      esta razn perjudicialsima  la salud temporal y espiritual,
      se prohiba expresa y absolutamente: declarando tambin que
      el uso de la permitida  los indios era con calidad de que
      la fabricasen en sus pueblos  reducciones, y cada uno en su
      propia casa en corta cantidad, no ms que la precisa para
      refrescar, modificar  templar los ardores del sol, cuando
      estn en sus tareas  trabajos, sin que los mismos indios
      puedan venderla  los de su propia clase, ni  los ladinos
      pblica ni privadamente en poca  mucha cantidad.

      Noticioso ahora de que estas providencias, aunque de pronto
      se ejecutaron con el mayor celo, despus no han producido el
      efecto que era de desear, y que contina el uso de la chicha
      con notable exceso, no slo de la saludable y permitida  los
      indios en sus habitaciones, sino de la mezclada y muy nociva
       la salud, originndose las embriagueces y desrdenes que
      en todo tiempo se han perseguido y castigado con el merecido
      rigor. Examinada de nuevo la materia, y siguiendo el espritu
      de dichas providencias, leyes y bandos anteriores, acerca de
      ella publicadas, he venido en resolver y mandar lo siguiente:

      1.--Las declaratorias contenidas en el Bando de 26 de
      octubre de 801, de que se ha hecho mencin, se observarn
      rigurosamente, sin interpretacin alguna.

      2.--En su consecuencia, queda prohibida por punto general toda
      negociacin y venta de chicha, sea de la saludable, permitida
       slo los indios en sus habitaciones,  de la daosa, que
      enteramente se ha de extinguir dondequiera que se encuentre.

      3.--Los que vendan chicha, de cualquier clase que sea, 
      ms del perdimiento instantneo del licor, y de las vasijas
      en que se aprehenda, sufrirn irremisiblemente las penas del
      acordado de la Real Sala del Crimen de 26 de noviembre de
      1801;  saber: los espaoles, indios caciques, justicias 
      principales, un mes de servicio de obras pblicas: los dems
      indios veinticinco azotes  la picota; los mulatos  mestizos
      de alguna reputacin, dos meses de obras pblicas; los dems de
      esta clase, holgazanes, vagamundos, desconocidos y pordioseros,
      veinticinco azotes y un mes de obras pblicas: las mujeres
      espaolas quince das de reclusin, y un mes  las indias y
      dems castas; entendindose estas penas por la primera vez,
      doblndose  la segunda, y formndose causa  la tercera, para
      proceder  mayor castigo.

      4.--Para la imposicin de dichas penas ser suficiente la
      aprehensin de la chicha, constante por fe de escribano, 
      testigos en su defecto,  parte jurado del juez aprehensor.

      5.--Al celarse y perseguirse la clandestinidad de las fbricas
      y ventas de aguardiente de caa, conforme al particular
      reglamento de este ramo, se perseguir tambin toda fbrica y
      venta de chicha, en cualquier sitio  paraje donde se sospeche
       tenga noticia de que la haya.

      6.--Si los reos de este delito tuviesen licores se embargarn,
      y  proporcin de ellos y sin perjuicio de dichas penas
      aflictivas, se les exigir una multa, aplicada ntegramente 
      los aprehensores,  por mitad entre stos y los denunciantes si
      los hubiese, declarando el respectivo juez de cuanto deba ser,
      segn los casos, personas y facultades de los reos, y cuidando
      de su justa distribucin.

      7.--Todos los jueces, justicias, ministros y empleados
      pblicos, cada uno en lo que le corresponda, celarn el
      cumplimiento de estas providencias, y concurrirn  su rigurosa
      ejecucin, bajo responsabilidad que se les declare, si al ver 
      tener noticia del menor desorden de esta clase, no procuran su
      pronto y eficaz remedio.

      8.--Al N. Ayuntamiento de esta capital se pasar el
      conveniente oficio para que segn la promesa que sus individuos
      hicieron en el ao de 180, ejercite toda su vigilancia en este
      importante asunto; comunicndose al mismo fin por circular 
      los jueces, y de ruego y encargo  los prelados eclesisticos.

      Dado etc.,  29 de octubre de 1804."


                                  VI

Es visto, por lo dicho larga y prolijamente en los captulos
anteriores, que la propiedad en comn de las tierras que los indios
han tenido, constituye una rmora grandsima  su riqueza, desarrollo
y cultura. Desde que el sabio don Melchor Gaspar de Jovellanos emiti
su clebre informe sobre la Ley Agraria, demostrando cun funesto era
el sistema de baldos, tierras de comunidad, estancamiento de grandes
terrenos en pocas manos privilegiadas, mayorazgos y otras instituciones
tradicionales, nadie puede poner en duda que las leyes espaolas, que
reglamentaban la agricultura y el dominio rural, eran de todo punto
antieconmicas y nocivas.

Esas leyes, que constituan un sistema por dems absurdo, rigieron en
las colonias; y  ellas se debe, en gran modo, el atraso en que se
hallaban. Verdad es que la mayor parte han desaparecido en Guatemala,
 impulsos de la reforma; pero no es menos cierto que todava trabajan
los indios en comunidad, y que ellos no han adquirido terrenos
individual sino colectivamente.

La ley de redencin de censos y la de denuncias de bienes ejidales,
son, como ya se dijo, leyes muy beneficiosas al pas; pero por lo que
hace  los indios, en vez de haberles facilitado la adquisicin de
terrenos, no se ha hecho ms que,  la sombra de ellas, extorsionarlos
con exacciones ilegales y _tributos extraordinarios_, para dejarles,
como por favor, algunos de sus terrenos. Cuntas veces, en tiempos
pasados, ordenaba un jefe  un pueblo de indios que, si no pagaban
unos cuantos miles de pesos, se procedera  despojarlos de sus
tierras............

Los terrenos de Pamaxn y otros muchos, propios para caf, han sido
arrebatados  los indios, y en vez de drselos  ellos mismos, en
lotes particulares, que constituyesen su propiedad privada, se los han
repartido unos cuantos que,  ttulo de polticos de encrucijada 
estadistas de baratillo, se han hecho unos Cresos en pocos aos.

El sistema ha sido quitar  los indios sus terrenos; obligarlos 
trabajar como esclavos por medio de mandamientos; no pagarles por
su rudo trabajo, en las fincas de ciertos potentados, ms que _un
cuartillo_ de real diario; venderles  rodo _chicha_ y aguardiente;
mantenerlos en la ms crasa estupidez; en una palabra, tratarlos peor
que los tratara el frreo conquistador del siglo XVI  el brbaro
encomendero de horca y cuchillo.

Hoy que el Gobierno trata de que se civilicen y mejoren de condicin,
preciso se hace remover de raz los estorbos morales y materiales
que  ello se oponen. Es menester procurar que los indios (si no
todos, por lo menos los acomodados) tengan propiedades rsticas
particulares, y que dejen de trabajar para _el comn_, y de vivir como
han vivido,  estilo oriental de tribus primitivas. Por medio de una
ley, que al efecto se dictara, y con la cooperacin de las autoridades
departamentales, se lograra realizar ese objetivo, que es de la mayor
importancia. Se podra distribuir por lotes algunos terrenos entre
varios de los pueblos de indios, extendindose  cada indio agraciado
el ttulo de propiedad de su lote respectivo, que debera ser inscrito
en el Registro, sin que pudiera enajenarlo ni gravarlo durante diez
aos,  fin de que no hubiese riesgo de que se lo arrebatase el
ladino. El sistema de propiedad particular del suelo, dice Guizot, es
eminentemente civilizador. Ya es tiempo de amparar los derechos de las
dos terceras partes de la poblacin de Guatemala, de la raza indgena,
que ha vivido vilipendiada, arrojada de sus hogares y tierras, y sumida
en oprobiosa servidumbre. "En esta parte, los principios de justicia
van de acuerdo con los de la economa civil, y estn confirmados por
la experiencia. El aprecio de la propiedad es siempre la medida de su
cuidado. El hombre la ama como una prenda de su subsistencia, porque
vive de ella; como un objeto de su ambicin, porque manda en ella; como
un seguro de su duracin, y si puede decirse as, como un anuncio de
su inmortalidad, porque labra sobre ella la suerte de su descendencia.
Por eso este amor es mirado como la fuente de toda buena industria, y 
l se deben los prodigiosos adelantamientos que el ingenio y el trabajo
han hecho en el arte de cultivar la tierra. De ah es, que las leyes
que protegen el aprovechamiento _exclusivo_ de la propiedad, fortifican
este amor; las que le _comunican_ le amenguan y debilitan; aqullas
aguijan el inters individual, y stas le entorpecen: las primeras
son favorables, las segundas injustas y funestas al progreso de la
agricultura."[209]

      [209] Don Melchor Gaspar de Jovellanos. Ley Agraria, pag. 30.


                                  VII

Los malos tratamientos dados  los indios por los _ladinos_, que se han
credo superiores  ellos desde los primeros tiempos de la conquista;
el haberlos considerado como bestias de carga; el haberlos visto con
desprecio y crueldad, como si no fuesen hombres; el no haber hallado
esos parias ningn amparo en las autoridades; el haberlos obligado 
trabajar, como si fueran siervos, llevndolos  remotas distancias,
cuando acaso su mujer  sus hijos quedaban moribundos en el infeliz
rancho; todo ello ha contribudo  apagar en esa raza digna de mejor
suerte, hasta la esperanza de levantarse al nivel de la dignidad y de
la civilizacin. Hay que trabajar con energa para que salga de la
postracin en que yace.[210]

      [210] Es oportuno citar aqu el Auto acordado de la Real
      Audiencia de Guatemala, de 8 de Abril de 1802, mandando no
      imponer pena de azotes  los indios que hubiesen servido cargos
      concejiles.

Fcil es organizar en cada departamento _Sociedades Sucursales
Protectoras de los Indios_, que tengan un centro aqu en la capital,
en donde est _La Sociedad Central Protectora de los Indios_,
con el objeto de fomentar todo lo que tienda  la civilizacin y
mejoramiento de esa raza, como sera el procurar la mejora y progreso
de sus rsticas viviendas, de los medios que emplean en sus cultivos
agrcolas; hacer que usaran mquinas y utensilios nuevos; velar por que
se cumplan las leyes favorables  los indios; procurar la extirpacin
de los graves abusos de cofradas de que largamente he hablado, etc.
Esas Asociaciones Protectoras de los Indios, amparadas y eficazmente
protegidas por el Gobierno y por las autoridades departamentales,
influiran moral, intelectual y materialmente, en desvanecer los
obstculos que evitan el desenvolvimiento y cultura de nuestros
aborgenes. Si en Londres, en Nueva York y en otras muchas metrpolis,
se revela la filantropa hasta en sociedades protectoras de los
animales por qu no hemos nosotros de tener con muy buenos resultados,
sociedades que amparen  los indios? Levntese una cruzada en favor de
ellos; que la chispa del entusiasmo prenda en los corazones generosos,
y aqu en Guatemala, que hay sentimientos elevados y nobles, se podr
hacer mucho por los primitivos dueos del suelo en que nos toc nacer.


                                 VIII

Sera intil repetir, cuanto en captulo separado, hse dicho con
relacin  _los mandamientos_; pero es preciso apuntar aqu que esa
brbara prctica,  costumbre,  abuso incalificable,  como se le
quiera llamar, constituye una de las principales causas que no slo
evitan el que los indios puedan civilizarse, sino que los empujar
rpidamente  su destruccin y ruina.[211]

      [211] Esta obra fu presentada al Ministerio de Instruccin
      Pblica el 25 de Septiembre de 1893.--Los mandamientos se
      suprimieron por decreto gubernativo de 23 de Octubre del
      mismo ao; ley que honra altamente al Gral. don Jos M. Reyna
      Barrios, presidente de la repblica de Guatemala, quien ha
      tenido la gloria de devolver la libertad  los desgraciados
      indgenas, por cuya civilizacin se interesa con patritico
      entusiasmo.

Los mandamientos deben suprimirse cuanto antes, combinando  la vez los
intereses de la agricultura, como se ha explicado por extenso en el
captulo segundo.


                                  IX

La indolencia y pereza del indio, que son vicios inherentes  la manera
en que ha vivido, forman tambin un poderoso motivo, un obstculo
fuerte, que hay que tener en cuenta al plantear el problema de su
redencin y mejoramiento. Como si los pobres naturales de esta tierra,
al verla en poder de otra raza, se hubieran credo moralmente muertos,
as se han postrado en la inercia, se han dejado caer, como el camello
del rabe, que prefiere sucumbir antes que dar un paso ms cuando se
fatiga; se han vuelto indolentes, suspicaces y perezosos. Hay que
tener en cuenta esos rasgos distintivos de la fisonoma de la raza
indiana. No porque abogue yo por la abolicin de los mandamientos estoy
en favor de la holgazanera y de la inaccin de los indios. Creo que
sera el caso de dictar una _ley especial de indios vagos_, en la que
se impusiesen penas adecuadas  todos aquellos que no trabajen como
propietarios, colonos, industriales, etc. y obligar al servicio militar
especial para los indios  los que no acrediten que son trabajadores.
Se debera adems crear _Jueces de Agricultura_, que velasen acerca del
trabajo de los indios y de las cuestiones que se susciten entre ellos y
los patrones.


                                   X

Otra causa que influye por manera directa, en el estancamiento de
los pueblos de indios es que, muchos de ellos forman colectividades
numerosas concentradas en s mismas, sin expansin ni roce con los
dems pueblos. Todos los indios de una parcialidad se visten del mismo
modo, as como se vistieron sus antepasados hace miles de aos; se
casan entre ellos; all se multiplican y extienden sin ningn elemento
extrao; y viven y mueren, y van pasando de generacin en generacin,
sin que la mano del tiempo los impulse hacia adelante en la senda
del progreso. A estilo hebreo  chinesco, los indios estn aislados,
revolvindose entre ellos y movindose en un crculo muy estrecho. Hay
en esas masas primitivas, algo de la fuerza de atraccin concntrica
que se nota en el mundo sideral. Las naciones antiguas todas tendan
 ese aislamiento,  esa centralizacin, mientras que las naciones
modernas pugnan cada da ms por el roce y la amalgama y la comunidad,
que conducen al adelanto en todos sentidos, y que puede decirse,
forman el espritu de la civilizacin moderna. En el movimiento est
la vida. Hay que hacer, pues, por que esos pueblos  que me refiero, y
que son numerosos en Guatemala, se muevan, se rocen con el resto de la
poblacin culta, tomen parte en la cosa pblica; en una palabra, que
no vivan formando un _status in statu_,  mejor dicho, un cancro en el
cuerpo social. Que se reduzcan  pueblos los caseros dispersos y que
prudentemente se procure dividir las poblaciones muy densas.

Anacronismos vivientes son esas masas humanas en Amrica,  fines
del siglo XIX. Al ver unos veinte  treinta mil indios, de esos que
llevan un turbante blanco en la cabeza, una chupa holgada negra, y
anchos calzones obscuros, con las pantorrillas al aire, y sandalias
toscas; todos del mismo color, en ese traje antidiluviano, parecen
exhumados de repente, all por los tiempos precolombinos. Fu curioso
y digno de estudio,  ese respecto, el espectculo que ofrecan en la
procesin con que se celebr en esta capital, el cuarto centenario
del descubrimiento de Amrica, las agrupaciones indgenas que de cada
pueblo vinieron. Haba all de toda clase de trajes y de idiomas, segn
el origen de cada municipio; era aquella una exhibicin ambulante, muy
propia y til para el estudio de la arqueologa, la etnografa, la
lingstica y la indumentaria; pero que, al propio tiempo, reflejaba
el atraso de miles de aos, de esos pueblos que estacionarios han ido
sobreviviendo ante el progreso, sin entrar en los rieles de la moderna
cultura. Esos desgraciados indios, celebrando por modo automtico el
descubrimiento de Amrica, slo seran comparables  los moribundos
gladiadores romanos, que exclamaban en honor del Csar _Morituri te
salutant!_

Convendra, pues, para remover aquella causa de estancamiento indgena,
que se procurara hacer que los aborgenes vistieran y calzaran  estilo
de los ladinos, como lo deseaba el clebre Fr. Matas Crdoba, con lo
cual tambin se conseguira que consumieran algo en el comercio general
y produjeran ms en pro de la riqueza pblica.

Podrase establecer que en las municipalidades no obtuvieran cargos,
sino los que se vistiesen como la generalidad. En los pueblos de
ladinos  indios debera haber municipalidades mixtas; pero vestidos
los indios como ladinos. Se podra prevenir que los que permanecieran
vestidos  estilo indgena, prestaran ciertos servicios onerosos,
mientras que sera oportuno hacer concesiones favorables  los que
abandonaran sus trajes, ellos y sus familias, y hablaran espaol.[212]
Influye ms de lo que se cree, el idioma y el vestido antiguo de los
indios. Son rmoras al progreso. En Chile, gracias  la configuracin
del territorio,  fines del siglo XVII, el castellano era el idioma
general, desde Atacama hasta las mrgenes del Bo Bo.

      [212] As lo decret ltimamente la Asamblea Nacional
      Legislativa,  mocin del autor de esta obra, quien propuso
      en la Comisin Extraordinaria, que exceptuara del servicio
      de zapadores  los indios que sabiendo leer y escribir, se
      vistiesen de ladinos, ellos y sus familias.

En El Salvador, aunque la mayora de los habitantes es de indios
pipiles  mezclados, ya entraron todos en el movimiento general, en el
comercio de la repblica; porque hablan castellano y no usan trajes
primitivos. Todos son soldados; la mayor parte es de agricultores, y
contribuyen sin excepcin  formar la riqueza pblica. Es que all se
han rozado los unos con los otros, y no existen esas masas de millares
de indios, con municipalidades indgenas y gobernadores suyos,
hablando quich, cackchiquel, zutujil y tantos otros dialectos como hay
aqu en Guatemala.

En la Argentina, al desalojar las tribus salvajes de la Patagonia, se
disolvi la familia indiana y se dispersaron sus miembros entre todas
las provincias argentinas; los hombres, en nmero no pequeo, fueron
al ejrcito y  la armada[213]. La raza india se fusion con la parte
culta del pas. Hay, pues, que procurar el movimiento y fusin de la
raza indgena primitiva con los dems elementos de cultura que existen
en Guatemala.

      [213] Vicente G. Quesada "La sociedad hispano-americana, bajo
      la dominacin espaola."--Madrid--1893 Introduccin.


                                  XI

Si en las escuelas de indgenas, y adems, por medio de los alcaldes,
gobernadores, jefes polticos, curas, sociedades protectoras de
los indios, y autoridades superiores, se procurara, valindose
de procedimientos suaves, que fueran los aborgenes cambiando de
manera de vivir, en el sentido de usar camas y algunos otros muebles
indispensables, aun  gente ruda; se habra logrado mucho, ya que nunca
fu la fuerza el medio conveniente para dulcificar las costumbres, ni
para introducir en el hogar los elementos de la cultura y de la dicha.

Si los reyes indios y los nobles de aquella raza desgraciada tuvieron
en sus mesas, antes de la conquista, platos de oro, soberbias jcaras
de conchas de mar, y vajilla de riqusimo barro de Cholollan[214], que
siquiera usen los actuales aborgenes los muebles y utensilios que la
mediana cultura demanda.

      [214] Mxico al travs de los siglos, t I, p. 820.

Los dueos de _fincas_ deberan estar obligados  proporcionar  sus
colonos y mozos siquiera unas tarimas para que durmiesen dentro del
agreste rancho, despus de las duras faenas de la labranza. Aqu en
Guatemala, que por todas partes abundan buenas maderas, no pudiera
estimarse como gravamen muy grande el ofrecer  los peones un modo
higinico de descansar, dado que el _tapexco_, cuando no el suelo puro,
es lecho harto primitivo. Si se consultan las leyes rurales de otras
partes, se podr ver que es obligacin de los patrones proporcionar 
sus sirvientes siquiera una pobre cama y sana vivienda, ya que no es
posible exigir comodidades y completo bienestar para aquellos  quienes
la fortuna no favoreci con sus halagos.

Que adems, se les garantice en sus personas y pequeos haberes, no
solamente por las leyes escritas, sino en los procedimientos diarios;
puesto que casi no hay _ladino_, sobre todo de esos de pueblo, que
no se crea con derecho de ultrajar, vejar y deprimir al indio. Al
respecto de esos abusos incalificables, es deber estricto de todas las
autoridades reprimirlos cual lo demandan la justicia y la humanidad.
Si durante la colonia se ampararon los indgenas bajo el manto de amor
y de caridad de un Fray Bartolom de las Casas, que los ampare hoy el
escudo de la Ley.


                                  XII

Y  propsito de ese ltimo punto, la falta de disposiciones
encaminadas  garantizar el trabajo rural,  reglamentarlo y
protegerlo, se deja sentir entre nosotros, con grave perjuicio de la
agricultura y de sus peones, que son por lo comn indios. Repito que
un _Cdigo Rural_, anlogo  los que en otras repblicas existen,
sera muy beneficioso al pas. Como largamente hablo, en el captulo
II de esta ltima parte, sobre esa materia, que es de trascendental
importancia, cumple slo encarecer aqu que se estudie, forme y emita
esa compilacin de leyes, que tnto fomentar el progreso nacional,
favoreciendo  la vez  los patrones y  los trabajadores; en una
palabra,  la agricultura.

Si el gobierno; la prensa; las sociedades protectoras de los indios
y sus sucursales; los jefes polticos; y la gente sensata; hacen un
esfuerzo en pro de los aborgenes, empendose patriticamente en
remover las causas mencionadas, que se oponen al mayor avance de la
civilizacin de los indios, llegarn stos  ser factores ms tiles
en la mquina social. Ese milln de parias, que hoy no forman parte
de la repblica, sern en las generaciones prximas otros tantos
ciudadanos[215].

      [215] El censo ltimo arroja 1.042,851 indios y 467.475
      ladinos. Total, 1.510,326 habitantes.

Se debe procurar la inmigracin extranjera; pero esforcmonos tambin
por que salgan de la rudeza en que estn esos infelices, que son
guatemaltecos, que aqu nacieron, y que constituyen ms de las dos
terceras partes de nuestra poblacin.

Con justicia exclamaba una literata insigne: "Amo con amor de ternura
 la raza indgena, por lo mismo que he observado de cerca sus
costumbres, encantadoras por su sencillez, y la abyeccin  que someten
esa raza aquellos mandones de villorrio, que si varan de nombre, no
degeneran siquiera del epteto de tiranos. No otra cosa son, en lo
general, los curas, gobernadores, caciques y alcaldes."[216]

      [216] "_Aves sin nido_", por la escritora peruana, seora Matto
      de Turner.

Emprndase con fe la gloriosa cruzada de mejorar la suerte de los
indios. La onda sonora que la civilizacin moderna hace repercutir al
travs del siglo XIX, debe llegar al fin  esa desventurada raza.

Las sombras ilustres de Coln y de Las Casas demandan que se redima al
aborigen de Amrica!

                           "OMNIA EX LABORE"




                                INDICE


                                                                Pginas.

  Advertencia.

  Introduccin                                                         6


                             PRIMERA PARTE

     =Tiempos precolombinos,  los indios antes del descubrimiento
                              de Amrica=


                              CAPITULO I

           ORIGEN DEL HOMBRE AMERICANO, SUS RAZAS  IDIOMAS

                                SUMARIO

  Diversas opiniones acerca del origen de los
  indios.--Inmigraciones.--Manera cmo han podido
  verificarse.--Teora del abate Brasseur de Bourbourg.--Remotsima
  antigedad del hombre americano.--Razas indgenas
  diversas.--Existen algunas tribus que parecen blancas.--Opinin
  de Mr. Bennet Dowler acerca del tiempo que lleva el Nuevo Mundo
  de estar habitado por hombres.--Lenguas que encontraron los
  espaoles al llegar  Amrica.--No hay analoga entre los idiomas
  de ste y del Antiguo Continente.--Caracteres de las lenguas
  americanas.--Opinin de Bancroft sobre dichas lenguas.--Grupos
  de civilizacin que fija el Dr. Berendt en Centro-Amrica, con
  relacin  las lenguas.--Idiomas que se hablaban en Mjico al
  tiempo de la conquista.--El quichua y el aimar en la Amrica del
  Sur.--Se rebate la opinin del abate Brasseur de Bourbourg de que
  el maya viene del latn.--Gramticas de las lenguas de los indios
  de Centro Amrica.--Doctrina Cristiana, en cackchiquel, por el
  primer obispo de Guatemala, seor Marroqun.                         1


                              CAPITULO II

           TRIBUS BRBARAS Y NACIONES CIVILIZADAS DEL NUEVO
         MUNDO, PARTICULARMENTE LAS DEL ISTMO CENTRO-AMERICANO

                                SUMARIO

  Tribus que poblaban las orillas del Mississip.--Diferencias
  que las distinguan de las otras de la Amrica del Norte.--Lo
  que dice de ellas Mr. Jocqueville.--Indios del norte de
  Nueva Espaa.--Descripcin que de ellos hace el Barn de
  Humboldt.--Tribus brbaras de Mjico.--Aborgenes semisalvajes de
  Centro-Amrica.--Naciones civilizadas del Nuevo Mundo.--Estado
  de progreso de los aztecas.--Diferente cultura de las naciones
  de Centro-Amrica, el Per y Mjico.--Primitivos pobladores de
  Guatemala.--Baln Votn.--Los nahuas  nahoas.--Origen de los
  quichs, cakchiqueles, zutujiles y mames.--Fastos de la monarqua
  quich.--El Memorial de Tecpn Atitln.--Diversos pueblos que
  existan en Guatemala.--La opulenta Utatln, corte de los
  reyes quichs.--Su palacio, fortaleza, colegios, suntuosidad y
  esplendor.--El reino cakchiquel.--Cmo estaban esos reinos cuando
  vinieron  conquistarlos los espaoles.--Sus ruinas demuestran
  la civilizacin que tuvieron en tiempos antiguos.--Los incas, su
  cultura y desarrollo.                                               14


                             CAPITULO III

           TEOGONA DE LOS INDIOS DE GUATEMALA, SUS RITOS Y
         CEREMONIAS RELIGIOSAS, SACRIFICIOS, ALTARES, TEMPLOS,
                         SACERDOTES Y FIESTAS

                                SUMARIO

  Inters que se ha tomado en los ltimos tiempos en penetrar
  los misterios de la religin de nuestros indios.--El
  sabio Max Mller consagra  Guatemala un erudito estudio
  sobre su teogona antigua.--El libro de los salvajes.--El
  Popol-vuh.--Autenticidad que tiene ese "Libro del Pueblo",  sea
  Biblia de los Quichs.--Cundo fu descubierto el manuscrito del
  Popol-vuh.--La traduccin de Jimnez.--Las opiniones de Brasseur
  de Bourbourg.--Es muy posible que los autores del manuscrito hayan
  sufrido influencia de las ideas europeas y cristianas.--Extractos
  del Popol-vuh.--El Gnesis quich.--Animales dotados de
  palabra y razn.--Resurreccin de hroes.--La confusin de
  las lenguas.--Emigraciones de Oriente.--Cmo termina el
  Popol-vuh.--Los indios de Guatemala eran muy fanticos y
  supersticiosos.--_Los brujos_.--El indio jams se crea solo,
  sino rodeado de objetos que contenan espritus ocultos.--La
  vida futura.--El miedo era la base de la religin de los
  aborgenes.--Particularidades religiosas de los indios choles y
  mames de la Verapaz.--Los indios de Guatemala dividan sus dioses
  en tres clases.--Cules eran stas.--De los sacerdotes, vrgenes y
  sacerdotisas.--Lo que escribe Brancroft acerca de ellos.--Altares,
  templos, sacrificios y fiestas religiosas de los indios de
  Guatemala.--Los calpules.--Solemnidades religiosas.--Cmo dejaban
  las cabezas de los sacrificados clavadas en astas.--De los
  mitotes.--Sacrificios especiales en favor de las sementeras.--El
  sacrificio de la caza.                                              27


                              CAPITULO IV

           SISTEMA DE GOBIERNO  INSTITUCIONES POLTICAS QUE
         TENAN LOS INDIOS Y PARTICULARMENTE LOS DE GUATEMALA.
                  CEREMONIAS DE LA CORONACIN Y ORDEN
                      DE SUCEDER EN LA MONARQUA.

                                SUMARIO

  Gobiernos de Mjico y el Per.--El Gobierno de los pueblos del
  istmo centro-americano era monrquico absoluto.--Consejeros 
  Oidores que haba en lo poltico y en lo judicial.--En Honduras
  no haba reyes hereditarios, sino jueces elegidos por el
  pueblo.--Cmo se proceda  la eleccin de los reyes.--Presentes
  que ofrecan al nuevo soberano.--Ceremonias de la eleccin.--La
  coronacin.--La fiesta Temohu.--Arenga del gran sacerdote.--La
  jura del monarca.--Cuatro das de ayuno que observaba el
  rey.--Toma de posesin del gobierno.--Los palaciegos.--Ceremonial
  de audiencias reales.--Cmo iba el rey en las calles.--Etiqueta
  de la mesa.--Despensas y botilleras.--Orden de sucesin
  de los seoros de Guatemala.--Consejo supremo del monarca
  del Quich.--Tenientes del rey.--Leyes penales contra el
  soberano.--Opinin de Bancroft sobre el orden de sucesin en las
  monarquas de Guatemala                                             45


                              CAPITULO V

           LEYES CIVILES Y PENALES DE LOS INDIOS ANTES DE LA
            CONQUISTA, Y EN ESPECIAL LAS DE LOS POBLADORES
                      DEL ISTMO CENTRO-AMERICANO

                                SUMARIO

  La propiedad entre los indios.--La familia indgena de
  Amrica.--La poligama.--El matrimonio.--Solemnidades y ceremonias
  con que se celebraba.--Manera de vivir de los macehuales.--Jueces
  y Tribunales.--Castigos que comunmente empleaban los
  indios.--Penas contra los tiranos.--Manera de castigar los
  delitos de lesa majestad, el robo, el hurto, el estupro, el
  adulterio, el incendio, la impiedad y otros delitos.--Penas contra
  el _simarrn_.--Las leyes penales en los reinos quich, cakchiquel
  y zutujil.--Manera de computar los grados de parentesco.--Varias
  penas que aplicaban  diversos delitos.--Informe que el Oidor de
  Guatemala, Licenciado Don Diego Garca, dirigi al rey de Espaa
  sobre esos puntos.                                                  53


                              CAPITULO VI

         LA INSTRUCCIN PBLICA ENTRE LOS INDIOS DE GUATEMALA.
               NOCIONES DE ORDEN CIENTFICO QUE TENAN.
             LA POESA, EL TEATRO, LA MSICA, EN AMRICA,
                ANTES DE LA CONQUISTA ESPAOLA. FIESTAS
                      Y DIVERSIONES DE LOS INDIOS

                                SUMARIO

  Cmo educaban los mayas  sus hijos.--Escuelas y colegios en
  el Quich.--Ramos que estudiaban.--El historiador Bancroft
  contiene datos curiosos sobre las letras, entre los indios
  de Guatemala.--Cmo contaban el tiempo.--Cundo comenzaba
  el ao.--Libros que escriban los aborgenes.--Papel que
  hacan en Amatitln.--Los pobladores de Nicaragua tenan
  efemrides escritas.--El Manuscrito Mejicano.--El Cdigo de
  Dresden.--El Manuscrito Troano.--Conocimientos que tenan los
  indios en ciencias naturales.--Nociones astronmicas.--La
  poesa indiana.--Los _avaricos_  poetas peruanos.--Las odas
  de Nezahualcoyotl.--La poesa quichua.--Poesa popular de
  nuestros indios.--Las representaciones teatrales.--La fiesta de
  Balsa.--El baile del Tun y otras diversiones de los indios.--La
  danza del Toncontn.--El baile de San Pedro y San Juan
  Bautista.--Descripcin que hace de esas danzas el Padre Toms
  Gage.--Confesin de sus pecados que los indios hacan despus de
  decapitar  San Juan Bautista.--Cmo esa curiosa fiesta revela
  bien el carcter de los primitivos pobladores de Amrica.           59


                             CAPITULO VII

         ESTUDIO HISTRICO CRTICO ACERCA DE LA CIVILIZACIN Y
            ESTADO DE CULTURA EN QUE SE HALLABAN LOS INDIOS
               DE CENTRO-AMRICA, AL SER DESCUBIERTO EL
                    NUEVO MUNDO POR CRISTBAL COLN

                                SUMARIO

  Numerosas y grandes ciudades que hallaron los conquistadores en
  Amrica.--Ocupaciones  que se entregaban los indios.--Cmo se
  encontraba la propiedad rural en los pueblos aborgenes.--Tierras
  realengas, comunes y del culto.--El _Calpullec_ que velaba por los
  intereses generales.--Los rebaos eran del rey.--En qu consista
  el tributo real.--Los indios estaban regidos militarmente.--
  Deban dar uno de sus hijos, por cada tres que tuvieran, para
  sacrificios  como esclavos.--Poblacin de Centro-Amrica
  antes de la venida de los espaoles.--Opulencia del reino del
  Quich.--Peste asoladora en el ao 1520.--La sfilis en Amrica
  y en Europa.--Industrias de los indios de Guatemala.--Las joyas,
  obras de oro y plata, tises finsimos y mosaicos de plumas.--La
  medicina entre los indios.--Remedios para curar diversas
  enfermedades.--Cmo curaban la enfermedad venrea.--Aplicacin de
  la carne de lagartijas.--Memoria del Protomdico de Guatemala, Dr.
  don Jos Flores sobre ese remedio.--Empleo del achiote.--Reduccin
  de lujaciones.--Sangras.--Embalsamamiento de cadveres.--Vestidos
  que usaban los indios de Guatemala.--Utensilios y costumbres
  domsticas.--Sacrificios y usos brbaros.--Baile libidinoso
  llamado Oxtn.--Castigo impuesto  los indios de Alotenango,
  por haber pretendido bailarlo.--Los pipiles del Salvador.--Los
  chontales de Honduras.--Los talamancas, guaimies y chorotegas
  de Costa-Rica.--Informe del Oidor de la Real Audiencia de
  Guatemala, don Diego Garca del Palacio al rey de Espaa.--Eran
  independientes de Moctezuma los reinos del Quich, Guatemala
  y Atitln.--Clebres ciudades de esos reinos.--Cmo fueron
  subyugados por los espaoles.--Violacin de la clebre princesa
  Xuchil                                                              73


                             SEGUNDA PARTE

             =Los indios durante la dominacin espaola en
                               Amrica=


                              CAPITULO I

         PODERO ESPAOL, RGIMEN COLONIAL, Y SUERTE RESERVADA
                      LOS INDIOS CON LA CONQUISTA

                                SUMARIO

  Podero de Espaa en el siglo XVI.--No ha habido conquista sin
  atroces crmenes.--Despotismo, centralismo y errores econmicos de
  la Pennsula.--La ley cohiba la libertad y el anatema religioso
  dominaba la razn.--A los indios se les trataba con dureza y
  crueldad.--Se populariz la idea de que no eran hombres.--Los
  reyes de Espaa, sin embargo, pusieron empeo en proteger  los
  indios.--La reina doa Isabel la Catlica tuvo  mal  Coln
  que los hiciese esclavos.--Carlos V y Felipe II, expidieron
  leyes favorables  los indios.--La Recopilacin de las Leyes de
  Indias.--Obstculos que  su cumplimiento se oponan.--Antes de
  los comienzos del siglo XVII ya haba disminudo en ms de la
  mitad la poblacin indgena americana.                              88


                              CAPITULO II

                          LAS LEYES DE INDIAS

                                SUMARIO

  Carcter y tendencias de las Leyes de Indias.--Noble conducta
  de Felipe IV para con los indios.--Pragmtica de don Carlos
  II.--Privilegios en favor de los indios.--Conducta de los
  conquistadores.--El inters pudo ms en Amrica que la elevada
  actitud de los monarcas espaoles.--Informe del arzobispo
  don Cayetano Francos y Monroy acerca de la condicin de los
  aborgenes.--Cmo se desvirtuaban las filantrpicas miras de los
  reyes espaoles.--Motivos principales que se oponan al buen
  gobierno de las Indias.                                             95


                             CAPITULO III

            FRAY BARTOLOME DE LAS CASAS EN GUATEMALA, Y EL
              TRIBUTO, LOS MANDAMIENTOS Y LAS ENCOMIENDAS
                             DE LOS INDIOS

                                SUMARIO

  Conatos de rebelin de los indios--Malos tratamientos de que
  eran vctimas--Fr. Bartolom de las Casas--Su filantrpica
  misin--Conquista pacfica de la Verapaz--Tratado latino del P.
  Las Casas "_De nico vocationis modo_"--Oposicin que la Real
  Audiencia de Guatemala haca al obispo Las Casas--Notas del
  Cabildo de la ciudad de Guatemala malquistando  Fr. Bartolom
  de Las Casas con el emperador Carlos V--Trabajos del protector
  de los indios para que se abolieran los mandamientos--El
  servicio personal de los aborgenes en Guatemala--Las
  encomiendas--Opiniones de los jurisconsultos Albornoz, Len,
  Matienzo y Herrera sobre las encomiendas.                          102


                              CAPITULO IV

      VEJACIONES A LOS INDIOS DE GUATEMALA Y NOTABLE DISMINUCIN
                   DE ABORGENES EN TODA LA AMRICA
                               ESPAOLA

                                SUMARIO

  Los indios eran tratados como esclavos--Sistema que se adopt en
  Guatemala desde un principio, para la formacin de poblaciones
  indgenas--Pueblos que desaparecieron.--Relacin que hace
  Remesal de cmo se despoblaban los asientos de los indios.--El
  P. Las Casas narra peculiaridades referentes  Guatemala, San
  Salvador, Honduras y Nicaragua.--A mediados del siglo XVI mudse
  la naturaleza de las encomiendas en el reino de Guatemala.--Real
  cdula de 27 de Mayo de 1582, dirigida al Presidente y Oidores
  de Guatemala, hacindoles cargo de los malos tratamientos
  que sufran los indios.--Informe estadstico del partido de
  Suchitepquez, de 20 de Mayo de 1814.--Queda diezmada la poblacin
  indgena.--Funesto resultado de las Misiones.                      113


                              CAPITULO V

           SITUACIN DE LOS INDIOS EN GUATEMALA  PRINCIPIOS
          DEL PRESENTE SIGLO. ABUSOS DE COFRADAS, SACRISTAS
               Y SERVICIO PARROQUIAL. MEDIOS PROPUESTOS
                   LAS CORTES ESPAOLAS PARA MEJORAR
                          LA CONDICIN DE LOS
                              ABORGENES

                                SUMARIO

  Estado de la Amrica espaola en los comienzos de la centuria
  actual.--Conmociones y movimientos en Chile, el Per, Nueva
  Granada, Guatemala y Mjico.--Situacin agrcola y econmica
  del reino de Guatemala.--Su extensin territorial.--Su
  poblacin.--Haba un milln de habitantes, de los cuales
  eran indios seiscientos cuarenta y seis mil seiscientos
  sesenta y seis.--Cmo se hallaban gobernados.--Su industria y
  agricultura.--Trabajos que se les imponan.--Los pardos.--Los
  blancos.--El comercio de todo el reino de Guatemala.--La
  agricultura con respecto  los indios.--Junta protectora de los
  aborgenes.--Medios propuestos por el Real Consulado de Comercio
  de Guatemala,  fin de mejorar la condicin de los indios.--Abusos
  en las cofradas.--Abuso en el servicio de sacristas.--Abuso en
  el servicio parroquial.--Slo en la provincia de Suchitepquez
  se empleaban doce mil setecientos setenta y cinco indios en las
  raciones para los curas.--Slo los indios componan de balde los
  caminos, puentes y calzadas.--Se perdan ms de cuatrocientos mil
  jornales en Suchitepquez, por el sistema abusivo que prevaleca
  contra los indios.--Causas que influyeron en la prdida de los
  cacaotales.--Hubo tiempo en que del reino de Guatemala salan doce
  mil cargas de cacao.--Jueces de provincia.--Cmo debieran haber
  sido.--Cuadro estadstico de las quince provincias que formaban
  el antiguo reino de Guatemala.--Tributo que se pagaba.--Renta de
  alcabalas.--Derechos de importacin.--Renta del tabaco.--Derecho
  del real Consulado.--Nmero de habitantes.--Poblacin indgena.--  120


                             TERCERA PARTE

         =Los indios despus de la independencia de Guatemala.
            Estado social de esa raza. Medios de acrecentar
                           su civilizacin=


                              CAPITULO I

          LOS INDIOS DESPUS DE LA INDEPENDENCIA DE GUATEMALA

                                SUMARIO

  La independencia de la Amrica espaola fu resultado de la lucha
  entre criollos y peninsulares.--Causas que la prepararon y la
  produjeron.--Grmenes de anarqua que las nuevas nacionalidades
  llevaron en su seno.--Ingratitudes para con los prceres de
  la revolucin.--Estado y condicin de los indios durante la
  guerra de independencia y despus de ella.--En las 420.000
  leguas cuadradas de territorio que Espaa tena en sus colonias
  americanas, haba  principios del siglo actual catorce millones
  de sbditos, que mandaban unos nueve millones de renta anual  la
  metrpoli.--Quedaron unos ocho millones de indios salvados del
  naufragio de su raza.--Varias formas de gobierno que la Amrica
  Central ha ido teniendo, al travs de los siglos--Al proclamarse
  la independencia de este pas se declar iguales  todos los
  nacidos en su suelo.--Noticia geogrfica de Centro Amrica escrita
  por D. Jos C. del Valle, en el ao 1830.--La poblacin era de
  unos seiscientos mil individuos, de los cuales las dos terceras
  partes eran indios.--Observaciones econmicas hechas el ao 1823
  sobre disminucin de la raza indgena.--Cmo estaba el Estado de
  Guatemala, durante la federacin de Centro Amrica.--Departamentos
  y pueblos que comprenda.--Aumento posterior de poblacin.--De
  la independencia para ac ha triplicado la poblacin.--Falta
  de brazos para la agricultura.--Opinin del Dr. Don Mariano
  Ospina.--Hace falta una buena legislacin agrcola.--              152


                              CAPITULO II

         LOS MANDAMIENTOS,  SEA LA ESCLAVITUD DE LOS INDIOS.
             EL TRABAJO LIBRE. LOS PRINCIPIOS ECONMICOS.
                           UN CDIGO RURAL.

                                SUMARIO

  La situacin econmica de un pas ha de juzgarse por el mayor
  bienestar y cultura de las clases trabajadoras.--Los pueblos que
  tuvieron esclavos sufrieron al fin grandes convulsiones.--En
  Guatemala se aboli la esclavitud desde el ao de 1824; pero hasta
  el da son peores que siervos los infelices indios, que forman
  las dos terceras partes de la poblacin de la repblica.--Los
  mandamientos.--Abusos que se cometen.--Imposibilidad de
  remediarlos.--El mal est en la institucin que ataca la libertad
  individual y la libertad del trabajo.--Los mandamientos se prestan
   preferencias odiosas.--Encarecen las subsistencias.--Slo
  en maz producen los indios ms de ocho millones de pesos
  anualmente.--Es vergonzoso que de California enven  Guatemala
  maz, patatas, cebollas, frijoles y otros artculos que aqu se
  producen fcilmente.--Los males que sufre el pas son efecto de
  _los monopolios_ y los _mandamientos_.--Error de suponer que
  pierde la agricultura si se suprimen los mandamientos.--En ninguna
  parte del mundo subsiste esa odiosa esclavitud.--La distribucin
  econmica de la riqueza es un factor del progreso.--Teora del
  economista Droz.--Necesidad  importancia de decretar un buen
  _Cdigo Rural_, como el que existe en la Repblica Argentina.      160


                             CAPITULO III

          EXPOSICIN ANALTICA DE LOS MTODOS EMPLEADOS PARA
           MEJORAR LA SITUACIN DE LOS INDIOS, Y RESULTADOS
                 QUE DIERON. LA SOCIEDAD ECONMICA DE
                 AMIGOS DEL PAS. LAS LEYES DE REFORMA
                 RELATIVAS  TIERRAS, CENSOS, EJIDOS,
                   BIENES DE COMUNIDAD Y COFRADAS,
                   CON RESPICENCIA  LOS ABORGENES
                             DE GUATEMALA.

                                SUMARIO

  Espaa durante el reinado de Carlos III--En 1795 se funda la
  Sociedad Econmica de Amigos de Guatemala.--En 1797 se abre un
  concurso para premiar la mejor obra que demostrara la utilidad
  y ventajas de que los indios se calzaran y vistieran  la
  espaola.--Diez memorias fueron presentadas y discutidas.--Obtuvo
  el premio la de Fray Matas Crdoba y el _accessit_ la del P.
  Fray Antonio de San Jos Muro.--Juicio de dichas memorias.--En
  1799 la Sociedad Econmica abri otro concurso en favor de la
  instruccin de los indios.--Fueron muy mal recibidos en Espaa
  los esfuerzos que se hacan por los sabios de Guatemala para
  regenerar  los aborgenes.--Real Cdula de disolucin de la
  Sociedad Econmica.--Nota que el seor Villa Urrutia dirigi al
  Gobernador y Capitn General Doms y Valle.--Escuelas de artes y
  oficios que para los indios se establecieron.--Memoria escrita por
  el Doctor Garca Redondo.--No pudieron dar benficos resultados
  los esfuerzos en pro de los indios,  causa de las circunstancias
  de la poca.--Decreto de 31 de octubre de 1851, en favor de los
  indgenas.--Las leyes de reforma relativas  tierras, censos,
  ejidos, bienes de comunidad y cofradas, con respicencia  los
  aborgenes de Guatemala.                                           167


                              CAPITULO IV

             VENTAJAS DE LA CIVILIZACIN. ELEMENTOS QUE LA
            CONSTITUYEN. RESEA DE LOS PRINCIPALES PUEBLOS
               INDGENAS DE GUATEMALA. ESCOLLOS CON QUE
              TROPIEZA EL DESARROLLO DE SU CIVILIZACIN.
                   MEDIOS QUE PUEDEN EMPLEARSE PARA
                           LOGRAR SU AVANCE

                                SUMARIO

  Ventajas que se atribuyen  la civilizacin.--Necesidad de que no
  se pierda en costumbres lo que se gana en adelanto material.--El
  progreso es ley del individuo y de las sociedades.--La
  civilizacin no debe desentenderse del elemento fsico, moral
   intelectual.--Divergencia de opiniones acerca de las causas
  que originan el progreso.--Teoras de Buckle, Darwin, Bahehot,
  Guizot, Balmes y Severo Catalina.--Carcter de la civilizacin
  antigua del continente americano.--La organizacin poltica de
  los virreinatos y capitanas generales de la Amrica espaola,
  era un trasunto de la preexistente manera de ser de los
  indios.--Los indios son susceptibles de desenvolver su cultura
  y progreso.--Resea de las principales poblaciones de indios de
  Guatemala, su nmero de habitantes, su agricultura, industria,
  comercio y dems cosas notables.--Los trabajos pblicos en
  algunas poblaciones de la Verapaz y de los Altos han hecho
  emigrar  muchos indios--Medios de evitar que se ahuyenten de los
  pueblos.--Cmo Napolen III civiliz los pueblos de la Sologne
  y de los Landes, que estaban tan atrasados como los indios
  guatemaltecos.--Causas que se han opuesto al desarrollo de la
  cultura de stos.--Falta de estmulo que han tenido y la abyeccin
  en que han estado.--Remedios contra ese obstculo, y modos de
  removerlo.--Los concursos regionales.--Los idiomas primitivos de
  los indios no los dejan progresar.--Opinin sobre ese punto, del
  sabio don Jos Cecilio del Valle.--Lo que acerca de tales lenguas
  pensaban Solrzano y Pereira.--Medios que pueden emplearse  fin
  de que los indios hablen todos castellano.--La tercera causa del
  estancamiento de los indios es que no tienen necesidades que
  los impulsen al trabajo y al mejoramiento de su condicin.--La
  ignorancia en que vejetan obsta  su civilizacin.--El mundo
  antiguo se civiliz por castas privilegiadas, mientras que el
  mundo moderno se civiliz por la instruccin primaria, gratuita,
  obligatoria y prctica.--Cul ha de ser el sistema de escuelas
  para los indios, que concile el instinto que ellos tienen de
  acostumbrar, desde nios,  sus hijos al trabajo.--Escuela normal
  de indios.--Escuelas rurales.--Escuelas de Agricultura.--La
  embriaguez entre los indios.--Lo que de ella dicen Acosta, Herrera
  y Garcilaso.--El Concilio Limense II y las cdulas reales que
  la repriman.--Auto acordado de la Audiencia de Guatemala, de
  26 de junio de 1793 sobre la ebriedad de los indios.--El pueblo
  de Santa Catarina Ixtahuacn no permite licores embriagantes
  dentro de su demarcacin territorrial.--Lejos de fomentar la
  embriaguez, debe reprimirse.--Bando clebre, del ao 1804, del
  Capitn General Mollinedo y Saravia contra las borracheras de
  los indios.--Medidas que  ese respecto deben tomarse.--La sexta
  causa del estacionamiento de los indios es la propiedad de tierras
  comunales.--Cmo debe fomentarse su agricultura.--Medidas que
  deben dictarse en cuanto  las industrias indgenas.--Opinin de
  Jovellanos respecto  tierras comunales.--Lo que debe hacer el
  Gobierno  ese respecto.--Malos tratamientos dados  los indios y
  desprecio con que se les mira.--Sociedades protectoras de indios,
  que deben fundarse.--Los mandamientos deben suprimirse.--Debe
  crearse Jueces de Agricultura.--La novena causa del poco
  progreso de los indios es su pereza  indolencia.--Causas que
  las han producido y medios de combatirlas.--Las colectividades
  concentradas de los pueblos indianos, que viven aislados del resto
  de la sociedad, se oponen al avance de su civilizacin.--Esas
  masas humanas en Amrica, al fin del siglo XIX, son anacronismos
  vivientes.--Hay que hacer por que entren en roce con los
  _ladinos_.--Lo que pas en Chile y la Argentina respecto de esas
  agrupaciones precolombinas.--Leyes que deben dictarse.--Un Cdigo
  Rural.--Lo que dice la escritora peruana seora Matto de Turner,
  respecto  los aborgenes del Nuevo Mundo.--Las sombras de Coln
  y Las Casas demandan que se redima, ampare y civilice al indio
  desgraciado.                                                       174

                                  FIN




Errores corregidos por el transcriptor:

  Pg. {II} los =inmunerables= pueblos --> los innumerables pueblos
  Pg. {VII} hay =porqne= pedir --> hay porque pedir
  Pg. {VIII} la =muerted el= espritu --> la muerte del espritu
  Pg. {IX} pocas de =cremiento= --> pocas de crecimiento
  Pg. {2} antes un =itsmo= --> antes un istmo
  Pg. {2 Nota} =Primerra= y segunda parte --> Primera y segunda parte
  Pg. {5 Nota} Repblica =Agentina= --> Repblica Argentina
  Pg. {5} extremo del =itsmo= --> extremo del istmo
  Pg. {17} =esa= regiones --> esas regiones
  Pg. {18} aquellas =nacionas= guerreras -->
            aquellas naciones guerreras
  Pg. {20} geroglficos y de =caractereres= -->
            geroglficos y de caracteres
  Pg. {25} recuerdo  =tradiccin= --> recuerdo  tradicin
  Pg. {25} colores =abigarados= --> colores abigarrados
  Pg. {26} los incas =alcazaron= --> los incas alcanzaron
  Pg. {28} los =indiosd e= --> los indios de
  Pg. {28} los =decendientes= --> los descendientes
  Pg. {29} Mr. =Schrzer= --> Mr. Scherzer
  Pg. {31} casi =todos= las naciones --> casi todas las naciones
  Pg. {32} de la =filolofia= de la Amrica -->
            de la filosofia de la Amrica
  Pg. {33} =elndose= --> elevndose
  Pg. {34} =Populvuh= --> Popol-vuh
  Pg. {54} para cocer =la= tortillas --> para cocer las tortillas
  Pg. {57} deba =casrse= --> deba casarse
  Pg. {59} San Juan =Baustista=. --> San Juan Bautista.
  Pg. {61} trescientos =sesesenta= --> trescientos sesenta
  Pg. {62} teatros =an= esplndidamente -->
            teatros tan esplndidamente
  Pg. {73} =Cistbal= Coln --> Cristbal Coln
  Pg. {73} los =interes= generales --> los intereses generales
  Pg. {77} =basnante= civilizados. --> bastante civilizados.
  Pg. {78} muchas =enfermedadades= --> muchas enfermedades
  Pg. {78} se usaba =macho= por los aborgenes -->
            se usaba mucho por los aborgenes
  Pg. {80} =caledario= mejicano --> calendario mejicano
  Pg. {89} como =colonizadadora= --> como colonizadora
  Pg. {91} infernal y =dioblica= --> infernal y diablica
  Pg. {101} los =elemeetos= gubernativos -->
             los elementos gubernativos
  Pg. {102} en =coflicto= --> en conflicto
  Pg. {103} les =impodan= los conquistadores -->
             les imponan los conquistadores
  Pg. {126} y al =cocomn= --> y al comn
  Pg. {126} trado para =repastartarlo= --> trado para repastarlo
  Pg. {137} de =cocofrada= --> de cofrada
  Pg. {162} monopolios de =trabadores= forzados -->
             monopolios de trabajadores forzados
  Pg. {164} podan =ecitar= sus deseos --> podan excitar sus deseos
  Pg. {174} no debe =desenentenderse= --> no debe desentenderse





End of the Project Gutenberg EBook of Los Indios, su Historia y su
Civilizacin, by Antonio Batres Juregui

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both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

1.F.

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effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
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works, and the medium on which they may be stored, may contain
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LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
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in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
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WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.

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warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
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with this agreement, and any volunteers associated with the production,
promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     http://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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