The Project Gutenberg EBook of De Sobremesa; crnicas, Segunda Parte (de 5), by 
Jacinto Benavente

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Title: De Sobremesa; crnicas, Segunda Parte (de 5)

Author: Jacinto Benavente

Release Date: July 3, 2017 [EBook #55038]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRNICAS ***




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                        Notas del Transcriptor

Se han respetado la ortografa y la acentuacin del original.

Los errores obvios de puntuacin y de imprenta se han corregido.

El texto en cursiva se indica entre _guiones bajos_.

El texto en letra versalita (versalilla) se ha sustituido por
maysculas.

Las pginas en blanco presentes en el original se han eliminado en la
versin electrnica.

                   *       *       *       *       *




                             De sobremesa

                               CRNICAS

                            _Segunda serie_




                           Jacinto Benavente


                             De sobremesa

                               CRNICAS


                            _SEGUNDA SERIE_


                                MADRID

                        LIBRERA DE FERNANDO F

                          Puerta del Sol, 15

                                 1910




                  ES PROPIEDAD.--DERECHOS RESERVADOS


            MADRID.--Imprenta Espaola, calle del Olivar, 8




                            [Ilustracin]




                             De sobremesa.




                                   I


EL seor ministro de la Gobernacin ha propuesto el mejor remedio para
evitar conflictos en la Plaza de Toros; que el pblico se abstenga de
asistir  las corridas si tanto le disgustan. El remedio es excelente,
pero ya dijo el sabio que:  trueque de quejarse, haban las desdichas
de buscarse. Y el gustazo de protestar nunca se paga bastante caro.
Tiene adems, ese remedio, el peligro de caer el pblico en su
eficacia y en ese caso, bien pudiera dar en aplicarlo  otros muchos
espectculos caros y malos, que l sostiene con su buen dinero. Pero ha
de comprenderse que lo de ver al pblico echarse al redondel, no puede
ser del gusto de ningn gobierno. Aunque bien pudieran pensar los
espectadores que siendo ellos los toreados, ningn sitio mejor que el
redondel les corresponde.

Y  propsito de plazas de toros; los sombreros de seora van
alcanzando sus dimensiones. En Londres acaba de presentarse una actriz
con uno que mide un metro ochenta de dimetro, y sobre l se levantan
todava culminantes dos magnficas plumas de avestruz, de sesenta
centmetros. Semejante edificio, por ms seas es de color malva y
de las plumas, una azul y la otra assorti al sombrero. No hay que
decir si habr causado sensacin. Supongo que la obra en que se ha
presentado, llevar esta acotacin: La escena representa un sombrero.
La moda es graciosa y en una mujer alta y de esbelto talle, esos
sombreros circundan como una gran flor la linda cabecita que parece
nimbada. Pero las mujeres bajas y rechonchillas deben evitarnos el
espectculo de una monstruosa seta que anda. Por fortuna, nuestras
seoras, han sido las ms dciles en atender el ruego, ms que la orden
de presentarse en los teatros sin sombrero. En otros pases, donde
las mujeres se la dan ms de superhembras, ni ruegos, ni censuras,
ni rdenes, han podido apear los sombreros de su cabeza... Siempre
se dijo que cuando  una mujer se le pone una cosa en la cabeza, es
difcil quitrsela. En este caso particular, las nuestras merecen los
mayores elogios. Nuestras mujeres son muy gobernables; no suelen ser de
oposicin ms que cuando sus maridos estn en el gobierno: dgalo la
ley de asociaciones.

                   *       *       *       *       *

Menos mal; en la manifestacin conmemorativa de la revolucin de
Septiembre hubo algunas levitas de buen corte y algunos pantalones de
airosa cada y bastante camisa limpia... Menos mal, que de otro modo ya
hubiera salido  relucir lo de Cuatro desarrapados! Populacheras!
No, justamente la blusa--tan apreciada cuando vota con los gobiernos,
tan despreciada cuando se manifiesta en contra,--es la prenda ms
retrada de manifestaciones liberales. Pobre gente! Ha odo la voz
del taimado cocodrilo Bebe quieto! Dejaos de libertades y de derechos
polticos; al pobre lo que le conviene es tener trabajo, dinero, lo
material, lo positivo... ustedes  lo suyo... Y el pobre, bastante
desagradecido con los que trajeron las libertades, gracias  las que
ha podido y podr conquistar poco  poco algo de lo suyo, se cree hoy
ms listo y ms avisado, porque, como l dice:  m ya no me la da
nadie. No, pobrecito!, te la dan los otros; que te hacen instrumento
suyo cuando les conviene... Ah, pueblo, pueblo! Has vendido tu
primogenitura por un plato de lentejas.

                   *       *       *       *       *

Contra los pronsticos metereolgicos teatrales, La Nube pas sin la
menor protesta de los aludidos. Lo supona; es gente que sabe con quin
ha de gastarse los cuartos y de la que dice: Dame pan y llmame...
lo que quieras. Que la obra  ms de haber sido aplaudida, es muy
plausible, por la valenta que supone en un autor empresario, ponerse
enfrente del pblico ms decorativo y ms saneado metlicamente, no
hay para qu decirlo. En cuanto  su eficacia, ya es ms discutible.
En esta ocasin, como en otras, por ser ms aparente van dirigidos
los ataques  lo que parece causa y no es sino efecto. Las nubes, de
cualquier gnero que sean, solo se forman en determinadas condiciones
atmosfricas. La patologa social debe distinguir las enfermedades
sintomticas de las esenciales y la nube, esa nube negra que
entenebrece el aire de Espaa y parece causa de muchos males, es solo
efecto de ellos. No es ella la que tiene culpa de nuestro atraso, es
nuestro atraso el culpable de que la nube exista. Poco se consigue con
atacar al parsito si no se robustece la naturaleza que hace posible su
vida. Esos espritus, dominados por la nube, lo seran del mismo modo
por la cocotte  por la echadora de cartas  por cualquier inventor
de la fabricacin de diamantes. Nadie abri jams tienda de gnero
que nadie solicita. Qu culpa tiene el fabricante de naipes de que
se juegue? Excelente es la obra de Ceferino Palencia, pero, crame el
distinguido autor, tantas veces aplaudido, la nube es algo, pero no es
todo.  los cascos,  los cascos! Dejad las arboladuras!

                   *       *       *       *       *

En cuanto deja uno Madrid por algn tiempo y vuelve  pasear por
sus calles, cada da encuentra un teatro y una iglesia  capilla de
nueva planta. As dice un seor: Yo no s cmo en Madrid pueden
sostenerse tantos espectculos. Pero hay pblico para todo. Como antes
al estanco, ya cada vecino puede permitirse la comodidad de ir al
teatro de la esquina. De este modo se establece cierta cordialidad de
relaciones entre los actores y su pblico. Ya que Madrid no llenaba los
teatros, los teatros han decidido llenar  Madrid. Y no hay duda que en
este caso, como con el anuncio prodigado, la sugestin triunfa... No
entrar usted en el primer teatro que se encuentra, pero al noveno 
dcimo, cae usted. Y una vez que se entr usted en uno, ya cae usted en
la mana coleccionista y acaba usted por recorrerlos todos.

Es un error de los empresarios creer que tan formidable competencia
les perjudica. Cuanto mayor sea el nmero de teatros, ms irn todos
ganando, aunque no sea ms que en la comparacin. Por malos que
parezcan algunos siempre hay otros peores.

                   *       *       *       *       *

Las reformas en la indumentaria de nuestro ejrcito, ha dado algo que
decir y ms que murmurar. Hasta verlas realizadas no sabremos si en
ellas se ha atendido ms  lo prctico que  lo esttico  viceversa.
Si fu  lo prctico, bien estar, si lo esttico no padece. Si fu
 lo esttico, quiera Marte y no pese  su amante Venus, diosa de la
belleza; que lo esttico no sea tan alemn  tan ingls  tan japons,
que al fsico nacional le caiga malamente.

Un uniforme puede ser elegante en un arrogante mocetn de una guardia
imperial, y sentarle desgarbado al airoso soldado espaol. La gorra de
plato, por ejemplo, necesita elevada estatura, que no es lo general
en nuestra raza. El soldado espaol es el ms naturalmente elegante
del mundo, sin afectacin, sin empaque; sera lastimoso que en estas
reformas no se hubiera tenido en cuenta lo que mas importa, el elemento
natural, la figura. Un ejrcito para ser verdaderamente nacional, debe
vestir nacionalmente. Hubiera estorbado algn artista, algn pintor
ilustre, en la comisin reformadora? Napolen fu un genio militar,
pero tambin fu un gran maestro en esttica. Se figuran ustedes 
Napolen con un gran casco  con un gran morrin sobre su cabeza? No
basta su inmortal sombrero para evocar toda su figura y todo su genio?

                   *       *       *       *       *

 lo mejor recibo cartas de personas desconocidas para m, cartas que
yo agradezco, porque suponen ms atencin de la que ello merece, 
estos ligeros apuntes semanales. Lo mismo  los que me celebran, porque
dije lo que ellos pensaban--qu fcil es agradar  los lectores cuando
se piensa lo mismo que ellos!--como  los que se indignan tal vez por
alguna de mis apreciaciones, les dir que, yo no pretendo sustentar
aqu doctrina de ninguna clase; que todo cuanto aqu digo es...
semanal, y muy bien pudiera decir lo contrario  la semana siguiente;
aunque no soy hombre de grandes contradicciones, acaso por no serlo
tampoco de grandes afirmaciones ni negaciones.

Tengan unos y otros en cuenta, que todo esto no es ms que charla
de sobremesa; que alguna vez estoy entre personas de confianza y
puedo decir lo que pienso, pero otras, me atengo  la opinin de los
comensales. Y no eres t siempre, lector amigo, el verdadero convidado
de piedra, con cubierto puesto siempre  la mesa de todo escritor?
Pues si t no te aparecieras de cuando en cuando, aun habras de
leer cosas que te agradaran  te indignaran mucho ms, segn los
casos! Como Polonio aseguraba  Hamlet, de los cmicos, al temer si
no se atreveran  representar cierta comedia, tambin yo pudiera
decirte: Seor, como vos no os avergoncis de oirla, ellos tampoco se
avergonzarn de representarla.

                   *       *       *       *       *

Este ltimo viaje de nuestros reyes  Barcelona, tal vez haya sido
el ms provechoso. La bella, la noble princesa inglesa, hoy reina de
Espaa, slo habr podido juzgar desde aqu, que tal vez Catalua
era una despoblada y lamentable Irlanda... Tales eran sus quejas y
clamores! Al contemplar la riqueza y prosperidad de Barcelona, su
aspecto de gran ciudad europea, lo ameno de sus alrededores, que
no habla de tristezas ni abandonos, no podr por menos de pensar,
que de Catalua  Irlanda hay mucha distancia, y que, absolutista 
parlamentario, monrquico  republicano, no habr padecido grandes
tiranas, ni grandes vejaciones, bajo ningn rgimen de gobierno
nacional, regin que entre todas las de Espaa sobresale por adelantada
y por prspera.

Mucho, no obstante, se han suavizado asperezas de all, en estos
ltimos tiempos. Bien est as, que de nada nos asustamos como que
puestos  pedir todos estamos en el mismo caso, sin salirnos de las
aspiraciones legtimas. En cuanto  la ley de jurisdicciones, la ms
pronunciada arruga en el ceo catalanista... Es tan fcil derogarla!
El legislador espartano no consign en sus leyes pena alguna contra
el parricida; juzg que en Esparta no haba nadie capaz de cometer
ese delito. Cierto que los delitos que dieron razn  esta ley--que
no debi existir nunca en Espaa, por el mismo motivo que aquella
otra en Esparta,--por su falta de grandeza y lo mezquino de sus
manifestaciones, tal vez no mereca mayor sancin que la de un agravio
 la buena educacin y al buen gusto; que no otra cosa eran aquellas
caricaturas y aquellos dicharachos ofensivos para la patria y para el
ejrcito, su ms alta y noble representacin.

Justamente, nuestro ejrcito tuvo siempre el ms amplio espritu
de tolerancia para admitir discusin sobre su organizacin, sobre
sus condiciones; no digamos sobre el pacifista antimilitarismo de
socilogos y socialistas. Si dictadores hubo en Espaa fueron civiles
 clericales; al ejrcito se debe cuanta libertad gozamos, l fu
siempre freno de la reaccin y acicate del progreso. Nada ms injusto
que considerarle instrumento de tirana. Y conste que no soy nada
militarista, que no soy de los que creen la guerra un mal necesario,
sino muy innecesario; de los que esperan y confan en que los ejrcitos
sern en lo porvenir una decorativa polica internacional; pero esto
solo ha de conseguirse por el mismo ejrcito; por eso, en su bandera,
que aprend  saludar desde nio, cuando aun no se acostumbraba en
Espaa, no saludo slo la bandera de la patria, sino la bandera futura
de ese ideal estado de paz, que slo el ejrcito puede asegurarnos.

                   *       *       *       *       *

La distinguida escritora que firma con el risueo nombre de
Colombine, propone en un artculo, publicado en Espaa Artstica,
la fundacin de un teatro para los nios.

En Espaa, triste es decirlo!, no se sabe amar  los nios. Si no
hubiera otras pruebas, bastara esta falta de una literatura y de un
arte dedicada  ellos. Qu libros espaoles pueden leer nuestros
nios? De la literatura clsica, ninguno. El Quijote es una obra de
desencanto, de desilusin, propia para la edad razonadora. Sera cruel
que los nios rieran con Don Quijote, y ms cruel que pensaran. De
los escritores modernos, tal vez Galds, en la primera parte de sus
Episodios Nacionales, fu el nico que escribi para los nios, sin
proponrselo; quizs, por lo mismo, con mayor acierto.

Digo por lo mismo, porque los escritores que deliberadamente intentan
escribir para nios, suelen padecer el error de considerarlos demasiado
pueriles y se creen en el caso de puerilizar su espritu. Por esto
las mejores obras para la infancia, son las que no fueron escritas
con intencin de conquistarla. Robinsn Cruso, algunas novelas de
Dickens... En cambio, cunta oera, cunta bobada en muchos cuentos
y narraciones pensados y escritos especialmente para los nios, que no
pueden por menos de aburrirles!

Un teatro para los nios! S, es preciso, tan preciso como un teatro
para el pueblo. Ese otro nio grande, tan poco amado tambin y tan mal
entendido!

Y en ese teatro, nada de ironas; la irona, tan  propsito para
endulzar verdades agrias  amargas  los poderosos de la tierra, que
de otro modo no consentiran en escucharlas, es criminal con los nios
y con el pueblo. Para ello, entusiasmo y fe y cantos de esperanza
llenos de poesa...

Y nada de esa moral practicona, que  cada virtud ofrece su recompensa
y cada pecadillo su castigo; esa moral que convierte el mundo en una
distribucin de premios y pudiera resumirse en un dstico por el estilo:

      No comis melocotones
    porque dan indigestiones.

La verdadera moral del teatro consiste, en que, aun suponiendo que Yago
consumara su obra de perfidia, coronndose Dux de Venecia, sobre los
cadveres de Otelo y Desdmona, no haya espectador que entre la suerte
de uno y otros no prefiera la de las vctimas sacrificadas  la del
triunfador glorioso.

La verdadera moral esta sobre los premios y sobre los castigos, est
en lo mas hondo, en lo ms ntimo de nosotros mismos, all, donde est
Dios, siempre que queremos verle y oirle... Consiste en una limpieza
espiritual de la que solo nosotros gozamos. Nadie piensa al lavarse
todo su cuerpo en que ha de ir desnudo por la calle, se lava uno por
propia satisfaccin y limpieza... Y aunque la ropa sea mala, va ms
tranquilo el que as se ha lavado, que los que, muy bien vestidos, solo
se lavaron la cara y las manos.

Esta moral es la que conviene al teatro y al arte dedicado  los nios
y al pueblo.

La amable escritora cita mi nombre entre los de otros escritores que,
seguramente, no dejarn de escribir obras para ese teatro. Por mi
parte, nunca con mayor ilusin, nunca tambin con mayor respeto  mi
pblico!

                             [Ilustracin]




                                  II


Un peridico de la cascara dulce, ya sabemos cules son los de la
amarga, celebra determinadas obras de determinados escritores, por
juzgarlas aproximacin  sus ideales. Tiene el buen sentido de no
cantar victoria definitiva. Con no tan buen sentido y en un artculo,
por lo menos indiscreto, otro peridico liberal muy significado, se
desata en denuestos contra los aludidos escritores y contra gran parte
de la juventud literaria, pluralizando de un modo lastimoso, pues bien
sabe el que escribi ese artculo, que eso de las casas de huspedes
y sus cocidos indigestos--aparte de no ser delito imputable y menos
por un buen demcrata,--eso de los busca-dotes y del Se alquila
levantado no reza con la mayora de los literatos de la actual hornada.
Eso de suponer  dos escritores poco menos que  punto de levantar
partida porque uno eligi por asunto de una novela episodios de las
guerras carlistas, y el otro present en el teatro  una hermana de
la Caridad, que no baila la machicha, es mostrar una intransigencia
indigna de espritus que se juzgan por liberales. Yo no s que mi
obra--La fuerza bruta,--sea distinta de otras muchas mas, como Alma
triunfante, Ms fuerte que el amor, etc. S, en cambio, que en otras
muchas obras, en todas, no se me ha quedado por decir nada que deje
lugar  dudas sobre mi espritu reaccionario. No as muchos autores
cucos, de los que sera difcil saber por sus obras lo que piensan de
lo divino y aun de lo humano. Si algn remordimiento escarabajea mi
conciencia artstica, es haber sacrificado muchas veces el arte  la
predicacin; pero en Espaa... hay que predicar tanto, y el teatro es
tan buen plpito!

Bien puedo exigir algo ms de reflexin al que lanza excomuniones tan
de ligero. Ya s que estas palabras escritas no lograrn convencerle,
 l que solo en la oratoria cree como fuerza persuasiva y abomina de
los que leemos cuartillas en vez de pronunciar discursos. Por eso,
todo lo fo de su elocuencia, ella sabr persuadirle mejor que cuanto
yo escriba, de que fu injusto y de que fu ligero y que en momento
de alistar fuerzas, no es la mejor ocasin para restarlas, porque,
francamente, hablar de libertad y negar libertad al arte, no es para
convencer ni  los convencidos, cuanto ms  los desconfiados!

                   *       *       *       *       *

Y ahora... El juglar caminaba por la vida y vi pasar  los soldados;
marchaban  la guerra temerosos los bisoos; jvenes, casi nios,
arrancados  todos sus amores; trazando ardides para medrar sin
peligro, los veteranos; todos ellos sin ardor y sin fe. El juglar,
al verlos, enton una cancin  la patria,  la guerra, y sobre los
soldados pas con ala de fuego la visin de la gloria y sus corazones
despreciaron la muerte...

--Ven con nosotros--dijeron al juglar...--Quien canta as la guerra
ser buen soldado...

--No--dijo el poeta.--En la batalla quizs sera el ms cobarde. Supe
infundiros valor... No pidis otra cosa...--Y el juglar qued solo y
los soldados marcharon repitiendo las estrofas vibrantes de la cancin
guerrera.

Por el camino pasaron unos monjes; unos con otros murmuraban de asuntos
mundanos.

El juglar enton una cancin religiosa, toda caridad, toda amor divino,
toda fe y esperanza.

Los monjes miraban al cielo.

--Ven con nosotros--dijeron al juglar,--sers gloria de nuestra orden y
de nuestra casa.

--No--dijo el juglar,--hoy no; maana volvera  dudar. En vez de
ejemplo tal vez fuera escndalo...

Los monjes siguieron rezando y el juglar qued solo.

Y as pasaron trabajadores y jvenes enamorados y cortejos de boda y
cortejos de duelo, y para todos tuvo el juglar cancin adecuada y en
todo dej la msica de sus canciones y todos le dijeron:

--Ven con nosotros, trabaja, ama, re, llora.

Y l  todos dej proseguir su camino y l siempre sigui solo...

--No me pidis que vaya con vosotros. Despreciadme  amadme, pero
respetad mi libre cancin, que solo sabe sentir y comprender vuestros
afanes, vuestros amores, vuestras alegras y vuestras tristezas...

No es la Venus de Milo la expresin ms sublime del Arte, no tanto por
ser bella y por ser diosa, como por no tener brazos?

                   *       *       *       *       *

Los obreros inauguran su palacio, seal de podero y de riquezas.
Ahora que el elogio pudiera parecer adulacin, lo mejor que podemos
desear es que en ese palacio no entre nunca la lisonja cortesana, como
en los palacios de los reyes y los grandes seores; que por todas sus
puertas y ventanas llegue  todas horas la verdad, que esclarece el
pasado y muestra el porvenir como un camino seguro. Y el porvenir!...
Las sombras son muchas. Acaso ser como asegura Anatole France, en
su Isla de los pinginos, el anarquismo; acaso, despus--como tras
la revolucin francesa la reaccin del Imperio,--ser un socialismo
desptico, una absorcin del individuo por el Estado, absoluta y
tirnica, pero despus... ser el verdadero socialismo, el socialismo
individualista, en el que nadie hablar de derechos, porque todos
comprendern sus deberes; porque el bienestar de cada uno depender del
bienestar de todos y ser el reino de Dios sobre la tierra; Dios, hijo
del hombre, el hombre mismo divinizado... Cuando? No maana, ni al
otro siglo, ni al otro... Muchos, muchos siglos, muchas vidas... qu
importa? Ser, y... si no fuera? Basta creerlo. No es la mejor verdad
la ms bella mentira?

                   *       *       *       *       *

Todo est compensado en el mundo: Carreras vuelve al teatro de Apolo
y el seor obispo de Jaca se ausenta del Senado. No se juzgue la
comparacin irreverente. Amenizar la vida es, segn va el mundo de
triste, obra meritoria, ya sea en el teatro, ya en sesiones de Cortes.
No fu siempre la risa el mejor vehculo de las verdades? La risa es
la gran demoledora. Cuando se re de un asunto... asunto terminado.
Por algo todos preferimos dar que llorar  dar que reir. Que se nos
tome en serio ante todo. Perdonaremos la injuria, la calumnia, por
monstruosas que sean. Ya es suponernos grandeza si nos juzgan capaces
de grandes crmenes. Pero no perdonaremos nunca el ridculo. Llegaremos
 reconciliarnos con el que nos llam ladrones  asesinos, nunca
sinceramente con el que se permiti observar que nuestras corbatas eran
de mal gusto.

Los oradores que cultivan la nota jocosa son siempre temibles para
las huestes polticas. La risa es rebelde  toda disciplina. Puede
resistirse impvido las ms tremendas imprecaciones, pero la hilaridad
general...

Lamentemos la decisin del seor obispo de Jaca. Cundo volver  reir
el Senado? Y es que ya slo las palabras sinceras tienen la virtud de
hacernos reir; por lo raras y por lo intiles.--Es verdad, es verdad;
decimos todos... Y como es verdad, nos remos mucho.

                   *       *       *       *       *

Si estaremos desengaados de todo los espaoles que, lo que nunca ha
sucedido,  estas fechas todava quedan billetes de Navidad en las
loteras? Es la bancarrota de la ilusin, mas triste que la bancarrota
de la ciencia, de que nos habl Brunetire.

Poco  poco nos vamos haciendo trabajadores y formalitos. Verdad es
que los grandes capitalistas tienen otras loteras en que emplear su
dinero. Todos los billetes premiados. Caseros, arquitectos, maestros de
obras, con la Gran Va; autores dramticos y actores, con la fundacin
del Teatro Nacional. Esto es Jauja! Quin quiere morirse? Slo algn
adorador sin esperanzas de alguna tiple. La verdad es que, cuando todo
est tan caro, el amor inclusive, no deba permitirse la exhibicin
de carne pecadora en esas especies de tablajeras que han llegado 
ser algunos escenarios. Es una crueldad ofrecer de continuo aperitivos
 los que no han de saciar despus su apetito. No se puede jugar con
ninguna clase de hambre. Los escaparates de todo gnero son grandes
desmoralizadores.  m me da tanta pena ver  un golfo hambriento
extasiado ante el escaparate de Lhardy, como  una obrerilla ante el de
una joyera, como  un estudiante  humilde empleado en su delantera
de anfiteatro, congestionado por un garrotn  unas coplillas bien
salpimentadas...

Estoy seguro de que la ltima visin de casi todos los suicidas es la
de algn escaparate deslumbrador, con sus luces elctricas, brillantes
en la sombra devoradora de la eternidad, como la esperanza de un
Paraso entreabierto.

                   *       *       *       *       *

De la Argentina, y escrita por un argentino, llega una historia de la
vieja Espaa, triste y consoladora al mismo tiempo. Lo segundo, por
que su autor, Enrique Larreta, muestra en su obra--La gloria de Don
Ramiro--un profundo y cuidadoso estudio de nuestra historia, y sabido
es que comprender es amar. Lo primero porque las pginas de esa nuestra
historia no son todo luz y alegra, aunque sean grandeza. Una vida en
tiempos de Felipe II, subtitula su autor  esta novela interesantsima
para nosotros, como lo es siempre el concepto que merecemos  los
extraos, y si el extrao es persona de quien nos importa mucho la
simpata, con mayor causa.

Evita el autor, con excelente criterio artstico, los juicios
personales. La historia, mas  menos novelesca, habla por s sola,
y habla de pasiones violentas, de austeridad, de misticismos y de
fanatismos, de torpezas polticas y de herosmos guerreros... Tal vez
no fu todo as, ni tan heroico, ni tan torpe, ni tan cruel, ni tan
mstico... La distancia, en el tiempo y en el espacio, acusa con mayor
relieve los contrastes de luz y de sombra, que de cerca parecen mas
fundidos, apenas perceptibles, en ese claro obscuro de los hechos
cercanos, que, por serlo, nos parecen siempre menos heroicos, menos
poticos, ms insignificantes... Pero somos otra cosa que lo que
parecemos? Si la verdad de nuestra historia ha de perderse entre
leyendas, no es preferible que sea entre leyendas de poesa que entre
falsedades del vulgo?

Enrique Larreta es un historiador poeta; es adems un excelente
escritor, de un estilo cuya severidad no excluye lo pintoresco, y sobre
todo hay en su obra palpitaciones de admiracin y de amor  nuestra
Espaa...  pesar de todo. Y esa es nuestra gloria, como fu la gloria
de Don Ramiro la flor que una mujer enamorada dej caer sobre su cuerpo
muerto, en que un alma espaola alent en vida, con todo lo que fu
vida de Espaa en aquel tiempo.

                   *       *       *       *       *

Yo no s si la intencin del autor puso el simbolismo. Propiedad de
toda obra fuerte es tener vida propia y decirnos ms de lo que su autor
quiso decir en ella.

En el Pedro Minio, de la admirable comedia de Galds, yo veo un
smbolo de nuestra Espaa. Como Pedro Minio, el viejo paisano de Don
Quijote--oh, la Mancha, tierra de ensueos!--el eterno enamorador,
el eterno idealista, mal comerciante y peor trabajador; as Espaa,
envejecida, derrotada, aun quiere vivir alegre en la ilusin de su
juventud, aun se embriaga de optimismo, y ante cualquier ofrecimiento,
piensa, proyecta como Pedro Minio, edificaciones, pabellones,
mejoras... El ideal apto de la indulgencia ofrece  los viejos la
ilusin de la vida integral y en ella prolongan dichosos su ruinoso
existir. Pero llegan los severos reformadores, los graves moralistas y
 la ilusin y al alegre ensueo quieren sustituirlos con la disciplina
monstica, con la austeridad penitenciaria; la alegra les parece
indecorosa; nada de esparcimientos, nada de deshonestas promiscuidades
de hombres y mujeres; acab el reir y el bromear:--Slo hablar usted
con los frailes y de los temas que ellos propongan, dice la seora
improvisada--smbolo de nuestra plutocracia--al viejo soador, Pedro
Minio. No es esto lo que nos dicen  todas horas los que pretenden ser
nuestros directores? Pedro Minio, como buen espaol, prefiere continuar
en el ideal y alegre asilo de la Indulgencia, donde la ruinosa vejez
goza las ilusiones de la juventud.

Oh, excelentes reformadores y moralistas! Pedro Minio es Espaa. Si no
sabis hacer cosa mejor, dejadle en el asilo de sus ilusiones. Mejor
una vejez alegre que una juventud triste. Preferible siempre el asilo
de la Indulgencia al de la Paciencia... que es preciso para soportaros.

                   *       *       *       *       *

Prez Galds, en mi opinin, nuestro primer autor dramtico, no acaba
de serlo en opinin de todos, acaso por ser nuestro primer novelista
y haberse declarado en nuestro pas incompatible el ejercicio de dos
soberanas.

Este es el pas del encasillado y de las especialidades.

Se estima en ms al que entiende poco de una sola cosa, que al que
entiende mucho de todas. La insistencia en un mismo asunto, basta
 darnos autoridad en la materia. Fulano pas su vida hablndonos
de antigedades fenicias  asirias  caldeas. Quin duda que sabe
de ellas? Mengano pint siempre los mismos borregos: para borregos,
Mengano.  nadie que quiera tener unos borregos bien pintados se le
ocurrir encargrselos ms que  Mengano. El da en que se le ocurra
pintar una vaca, as este mugiendo de propia, todo el mundo dir: Esto
no es lo suyo, que vuelva  pintar borregos... En borregos, el nico!

Somos poco amigos de trastornar nuestras ideas  cada paso; preferimos
creer por fe  meternos en averiguaciones. Sabiendo que cada cual no
hace ms que una cosa, y siempre lo mismo, nos ahorramos el trabajo de
examinar lo que hace.

Y no se diga de nuestro agradecimiento  los que no hacen nada! Esos
s que nos ahorran quebraderos de cabeza. Por supuesto, ellos s que se
quitan de muchos. Para los ociosos y los vagos, la envidia es siempre
admiracin, nunca censura. Bienaventurados los que jams trabajaron,
porque de ellos ser el reino de Espaa!

                             [Ilustracin]




                                  III


El ao que, con tan buen xito, hemos tenido el gusto de representar,
no ha querido despedirse sin dejar una memorable fecha en la historia
de las grandes catstrofes.

Estos cataclismos, superiores  todas las previsiones humanas, son los
nicos que tienen virtud para hacernos pensar en la muerte, como en
algo ineludible. Todos sabemos que hemos de morir; pero con dichoso
optimismo, todos nos creemos capaces de aplazar ilimitadamente el pago
de ese vencimiento. Todos nos creemos lo bastante listos y somos lo
suficiente desagradecidos, para estimar que son nuestra prudencia y
nuestro orden de vida lo que prolonga nuestra estancia sobre la tierra,
cuando en verdad, debiramos agradecer como un indulto, cada hora de
nuestra vida.

Ntese, que en el fondo, sentimos cierto desprecio por los que
tienen la imprudencia de recordarnos con su muerte, que tambin
nosotros somos mortales. El que de puro viejo est ya con un pie
en la sepultura, como suele decirse, denigra y vilipendia  sus
contemporneos, segn van cayendo...

--Fulano muri ayer  los ochenta aos.--Si no se cuidaba nada! Si
no haca ms que disparates! Ya v usted yo qu bueno estoy con mis
ochenta y cuatro. Pero es que yo me cuido...

Esto el que se cuida, que el descuidado, atribuye  su misma
despreocupacin la buena salud de que disfruta.

Y as todos; el sobrio achacar la muerte del vicioso  los excesos y
el vicioso achacar la muerte del bien ordenado  su pazguatera. El
que de continuo callejea y pasea y trisca, se reir del que no sale de
casa sin consultar barmetros y termmetros y disponer el abrigo de su
cuerpo en consecuencia. ste dir del otro: Anda, anda, toma ejercicio
y aires de invierno y calores de verano!

No digamos si la causa de una muerte fu por enfermedad crnica,
accidente de viaje, ya sea en ferrocarril, automvil  aeroplano,
lance de honor  asesinato. Entonces sobre el muerto se desatarn los
mayores denuestos: Falta de higiene, imprudencia, locura, la vida
que llevaba, la que dej de llevar!... Crean ustedes que vivir sin dar
lugar  murmuraciones es muy difcil, pero morir, sin exponernos 
ellas, es casi imposible.

Solo muriendo en uno de esos trastornos de la Naturaleza, podemos ir
relativamente seguros de que no dar qu decir nuestra muerte.

Esas cosas s, le ponen  uno serio. Caramba! Terremotos, volcanes,
la tierra que se abre, el cielo que se viene abajo!... Para eso no hay
prudencia, ni vida ordenada, ni preceptos higinicos que valgan... Eso
nos puede suceder  todos y entonces no hay ms remedio que morirse.
Por eso estas catstrofes nos conmueven  todos. Despus de leer el
trgico relato, nadie se considera inmortal. Ni siquiera cabe el
consuelo de culpar  los gobiernos, como en caso de epidemias, guerras
y otras calamidades de tejas abajo.

No hay idea del trastorno moral producido en algunos espritus ante
un Morir tenemos, anunciado en tan expresiva forma. Durante tres 
cuatro das, el avaro se siente capaz de inusitadas generosidades.
Es triste cosa morirse sin haber disfrutado de nada! Y se compra
su purito de quince  se regala con su caf con media tostada. El
malhumorado dulcifica su carcter: No vale la pena de tomarse
disgustos! La novia pudorosa se muestra ms propicia  ciertas
expansiones... Maana pudiera haber un terremoto!

Por fortuna, la idea de la muerte es pasajera y solo ante un cataclismo
de cielo y tierra, imprevisto, inevitable, consigue imprimirse
por algunos das en nuestro pensamiento.--Han visto ustedes, qu
horror?--Ya, ya... una cosa horrible!...

 los pocos das nadie se acuerda y todos volvemos  creernos
inmortales y  pensar que solo se mueren los que no viven como
nosotros, los que hacen locuras y cometen imprudencias.

                   *       *       *       *       *

Se habla de grandes fiestas de caridad,  beneficio de las vctimas
de Mesina. Es de esperar que el resultado sea brillante. El dinero de
nuestros potentados, y aun el de los que sin serlo, contribuyen  las
cargas del Estado espaol, tiene bien aprendido el camino de Italia;
pero nunca fu ms all de Roma. Justo es que en esta ocasin, ya que
de Roma misma viene el ejemplo, nuestra intransigente religiosidad
reconozca la unidad italiana; ms que esto, la verdadera y catlica
fraternidad.

El Sumo Pontfice sabr agradecer esa ofrenda, tanto como las
destinadas al dinero de San Pedro, y al bendecirla, como padre de toda
la cristiandad, sin fronteras ni patrias, estad seguro de que Italia la
agradecer con su corazn de patriota italiano. Qu hermoso hubiera
sido sobre las ruinas de Mesina, el abrazo del Papa y del rey de
Italia! Nunca como en esta ocasin, al romper su prisin voluntaria del
Vaticano, hubiera podido creerse el Pontfice inspirado por el Espritu
Santo. La infalibilidad del corazn es anterior  todos los dogmas
proclamados en los concilios.

                   *       *       *       *       *

Yo no s cmo ha podido decirse que el Cristianismo es una religin
de tristeza y que el ejercicio de sus virtudes exige todo gnero
de mortificaciones. La Caridad, por lo menos, cuando con motivo de
alguna gran desdicha pblica se manifiesta, reviste el aspecto ms
regocijado. Funciones teatrales, fiestas de toros, bailes, rifas...
Los paganos, con su alegre religin, solan mostrarse ms austeros y
entristecidos en estas ocasiones. Muy dormida debe de estar caridad
que ha menester de todo ese cosquilleo para avivarse; un severo duelo
y una noble tristeza sentaran mejor al ofrecer la ddiva. No es
esto murmurar, y siendo milagro tan dificultoso el de sacar dinero
y el dinero tan empecatado, sin duda es este de los milagros en que
puede estar ms admitida la intervencin diablica. Pero, conste,
que no hemos adelantado mucho desde los tiempos--primeros aos de la
Era Cristiana--en que los fariseos repartan sus limosnas  son de
trompetas. En fin, ya que la Caridad en todo tiempo es ms eficaz
cuanto ms sonada, quiera Dios que por esta vez, no sea ms el ruido
que las nueces: que no sea todo el metal el de las trompetas.

                   *       *       *       *       *

El arte y la moda, por lo que tiene de arte, son el ltimo refugio
de lo que est llamado  desaparecer  ha desaparecido por completo.
Por la moda resucitan el Directorio, el Imperio; hasta la poca
del buen rey Dagoberto, evocada recientemente en bellos trajes por
hermosas actrices del Teatro Francs.  medida que los ltimos pueblos
conservadores de sus trajes tradicionales, los van desechando para
adoptar las modas de los ms civilizados, stos recogen piadosamente
lo que aqullos abandonan. Del Japn vinieron los kimonos; de Turqua
llegan los turbantes; de Rusia los gorros de cosaco. Cuando las
elegantes de estos pases encarguen las nuevas modas  Pars, cul no
ser su sorpresa al ver como vuelve lo que ellas despreciaron!

La moda actual es una completa mascarada histrica cosmopolita y
zoolgica. Trajes de todas las pocas, tocados de todos los pases,
plumas y pieles de toda la fauna conocida. Pieles, sobre todo. Debe de
haber sido un invierno horrible para los gatos. Nunca se ha conocido
un mes de Enero tan tranquilo en los tejados. Estn todos haciendo de
nutria, de armio y de marta sobre nuestras seoras.  su influencia se
atribuye algunos recientes disgustos matrimoniales y algunas fugas de
enamorados.

                   *       *       *       *       *

Todo vendr  parar en que suban el vino, sola decirse; pero en esta
ocasin nos vemos ms apurados, pues todo ha venido  parar en que
suben el agua; como si desde tiempo inmemorial no estuviramos con el
agua al cuello. Ya que por la supresin del impuesto de consumos sobre
el vino y el cierre dominical de las tabernas, es el vino lo que se ha
abaratado, tal vez nuestros gobernantes quieran parodiar la ingeniosa
boutade de Mara Antonieta cuando el pueblo de Pars, hambriento,
clamaba por pan, amotinado: No tienen pan, que coman bizcochos. El agua
est cara... que beban vino. Lo malo ser si con el cambio de precio
hay tambin cambio de propiedades y es el agua la que se sube  la
cabeza.  quien no parodian nuestros directores es  Luis XV, y si l
dijo: Detrs de m, el diluvio; ellos dicen: Detrs de nosotros... la
sequa.

El caso es que, con este estira y afloja en la mejora de las
costumbres, ya no nos van  quedar ni costumbres. Cuando empezbamos 
tomar el gusto al agua y ya eran muchos los que se baaban y algunos
los que haban cado en la cuenta de que el agua hasta poda usarse
como bebida, el encarecimiento de su consumo viene  dar al traste con
tan buenos propsitos.

Y que no sabe uno  quin compadecer. Si oye usted  la empresa del
Canal, la razn est de su parte, y poco menos que le convence  usted
de que el suyo no es un negocio industrial, sino un apostolado. Si oye
usted al Ayuntamiento... El Ayuntamiento se lava las manos. Feliz l,
que puede permitirse ese lujo! Si oye usted  los caseros, infelices
caseros! Ser propietario hoy da es otro apostolado: La contribucin,
los reparos, los inquilinos morosos, impuestos por aqu, impuestos por
all!... Las mejores fincas no rentan ms de un cuatro por ciento. Una
miseria! Hasta los usureros, con lo mal que se ha puesto el negocio,
rechazan ya despreciativamente las hipotecas sobre fincas.

Si oye usted  los simples vecinos, no propietarios!...

Aunque en verdad,  stos es  los que menos se oye, debiendo ser los
que pusieran el grito en el cielo. Saben por experiencia que si no
es el agua, ser otra cosa la que se encarezca y que todo es variar
de dolor. Pero, cuando ni la tierra que pisamos es nuestra, qu de
particular que tampoco sea nuestra el agua que bebemos? Ay! El mundo,
como la isla de Caliban, es un sitio en que se encuentra todo lo
necesario para la vida; excepto el modo de vivir. Y Caliban campa por
sus respetos. Prspero lee en sus libros que el dolor es eterno y es
intil buscar alivio  los males fuera del espiritual de la lectura.
Ariel proyecta la invencin de un aeroplano, y cuando lo haya inventado
dir que el aire le pertenece, y ni el aire que respiramos ser
nuestro. Quin sabe?

Acaso debemos desear que el mal sea insoportable. Entonces estaremos
ms cerca de buscar el remedio.

                   *       *       *       *       *

Antes, si no en murmuraciones privadas, que stas son responso obligado
en el mismo cortejo funerario, por lo menos, en discursos y artculos
necrolgicos, sola respetarse la memoria de cualquier muerto ilustre,
siquiera durante el novenario. Ahora lo hemos arreglado de otra manera,
y como de la hora de la muerte se dijo siempre que era la hora de la
verdad, hemos decidido no retrasarla un solo instante y que la verdad,
como el llanto, sea sobre el difunto.

Excelente determinacin me parece; de este modo andara todo el mundo
ms derecho, sin confiar para nada en esa tregua de impunidad que
pareca asegurarnos la muerte con el respeto de los vivos. Qu se
crean ustedes, seores cadveres, que con quitarse para siempre de
delante nos dbamos por satisfechos? Que bamos  dejarles  ustedes
esperar muy tranquilos la hora del juicio final inapelable  del juicio
mas reposado de la Historia? Nada, nada: respetables muertos, no sirve
drselas de ricos! Todo lo que puede concedrseles  ustedes es la
satisfaccin de no verse obligados  volver en demanda de explicaciones
por las injurias, ofensas, calumnias y dems oraciones, piadoso
recordatorio de los supervivientes. Los muertos estn dispensados de
tener honor. Ya lo dicen las papeletas de entierro: el duelo se despide
en el cementerio.

Digo, si el pobre Catulle Mende, duelista empedernido, capaz de
batirse, como un artista del Renacimiento, por la belleza de un
endecaslabo  por la gracia de un madrigal, hubiera concedido
importancia, desde el inmortal seguro  donde asiste,  los mil
injuriosos, despectivos y desagradables comentarios  que ha dado
ocasin su desdichada muerte...

Nada se ha respetado; desde su obra literaria,  la que todo puede
negarse, menos amenidad y sincero amor al arte, sospechoso de
apasionada parcialidad  veces, por ser tan sincero; hasta su vida
privada, solo culpable tambin de sinceridad y de amor tan ferviente 
la vida que, por amarla demasiado, pretendi prolongar la juventud con
amable despreocupacin del ridculo.

Estos fueron tus pecados y no merecas por ello tan pronta
desconsideracin. Si una severa crtica, acaso no ofrenda  tu memoria,
las inmortales siemprevivas, razn de ms para no apresurarnos tus
contemporneos  pisotear tan pronto las rosas que aun cubren tu
cadver, y aun son frescura y aroma en tus poesas, en tus cuentos, en
tu obra toda de artista gentilsimo.

Por tu amor al arte, amaste tambin  nuestra Espaa, y si en tu
Santa Teresa venci la fantasa francesa  la severidad espaola,
como en Vctor Hugo, cul ser de nuestros poetas romnticos el
que pueda arrojarte la primera piedra? No sern Lope ni Caldern,
que  sus anchas y para su gloria, fantasearon con la Historia y la
vida espaolas; no ser Zorrilla, que hoy te saludar como hermano;
hermano en todo, hasta en lo de ver cernirse como t, sobre su
tumba, siniestras aves de rapia. Por fortuna, oh, poetas!, si estos
pajarracos, con su pico, pueden roer sobre vuestros huesos la carne
muerta, no pueden con sus parduzcas alas obscurecer la luz de vuestra
gloria.

                             [Ilustracin]




                                  IV


Poco sabr de la vida quien no haya vivido por edades, las edades
todas de la humanidad. Es el hombre en sus primeros aos un pequeo
salvaje, ms parecido por sus instintos al hombre primitivo que al
ciudadano civilizado de cualquier gran nacin moderna. Si la educacin
no acudiera al reparo--y no en todas partes acude,--tendramos
perfectos ejemplares de trogloditas, contemporneos nuestros. No es
preciso salir de Espaa para encontrar pueblos enteros de ellos. La
vida es el mejor libro de historia, abierto  todas horas, y ella nos
ofrece continuamente vivientes ejemplares de todos los hombres, desde
el primitivo de las cavernas, al anticipo del superhombre futuro. Con
salvar espacios podemos retroceder en el tiempo. Hay hombres y pueblos
enteros medioevales, los hay del siglo XVI y del XVII. Existen en
medio de las metrpolis mas civilizadas, verdaderos salvajes. Ya dijo
Zola, que nada puede darnos tan cabal idea de las homricas luchas de
la Iliada como las peleas entre jayanes de dos aldeas rivales. No en
documentos empolvados, en textos vivientes ha de hallar el verdadero
historiador artista, los ms fieles datos para reconstruir la vida de
los tiempos pasados.

Debemos ser tolerantes con las fiestas de Carnaval, que  tantos
espritus superiores disgustan y escandalizan, como con una niera
de la humanidad, por la que han de pasar sucesivamente todos los que
nacen. Sera muy triste que todos naciramos sabiendo que hemos de
aburrirnos en un baile de mscaras. Es, adems, acaso por primitiva,
esta fiesta de los disfraces, la nica fiesta de la verdad. Nunca
sigue tanto el hombre sus naturales inclinaciones como al intentar
travestirse en estos das. Vemos con faldas y moos femeninos  los
que debieran llevarlos todo el ao; con caretas de animales  muchos,
que ese da slo no engaan  nadie; de bebs  otros que, solo con
vestirse de ese modo, muestran que estn en lo cierto. Y de las
mujeres, qu diremos? La que sin careta tardara dos  tres das en
darse  conocer, ya est conocida apenas aparece en el baile. Dinero
podr no ahorrarse con una belleza encubierta, pero, tiempo!...

Si todos los negocios de este mundo pudieran tratarse con mascara,
cuanto enojoso trmite nos ahorraramos del mismo modo! Ah, la cara,
la cara! Mascara imperfecta que el ms hbil no lleg  dominar y 
pesar nuestro enrojece de vergenza  palidece de espanto, y llora 
re inoportuna, y es sensible, por curtida que est,  escrpulos de
conciencia,  preceptos de educacin,  preocupaciones sociales... Solo
el que haya logrado completo dominio sobre su rostro, lograr completo
dominio sobre los hombres. Por algo la glorificacin de la belleza
corporal  espiritual del hombre es su escultura: la plenitud de la
mascara.

                   *       *       *       *       *

Por qu cerrar en estos das las Cortes y no permitir en ellas una
mascarada que sera tambin su nica verdad? Los ms conspicuos
parlamentarios, tal vez bajo el incgnito de la careta se atreveran
por una vez  decir lo que sienten. Este liberal, mal disfrazado todo
el ao hablara como conservador; tal otro, forzado por compromisos
electorales  oponerse  todo negocio dudoso, pedira participacin
en l, sin empacho, y tal cual, metido por complacencia, en algn
callejn sin salida, podra hallarla con muy gentil despejo, al amparo
de un buen disfraz. Con careta de ministeriales, los conservadores
podran cantar las glorias de Catalua, y los catalanistas, con careta
de conservadores, podran desenmascararse del todo. Los republicanos
podran decir la verdad disfrazados de monrquicos, y los carlistas no
diran nada, porque entre conservadores y solidarios les daran dicho
todo lo que ellos pudieran decir. Los periodistas, con achaque de no
conocer  ninguno, suprimiran adjetivos personales y la presidencia
no se atrevera  llamar al orden  nadie, por temor  graves
equivocaciones. Los maceros podran actuar  guisa de bastoneros, para
impedir, como en los bailes, aproximaciones demasiado deshonestas.
Seran memorables estas sesiones de Carnaval. Y si se aprovechara
para confettis algunas de las leyes discutidas durante el ao!
Hecha confettis qued la famosa del terrorismo. En cambio, la de
administracin local es una serpentina que entre Maura y Camb se
arrojan jugueteando y graciosamente se enrosca sobre otras cabezas,
como debi enroscarse la serpiente diablica del Paraso en el rbol
del bien y del mal, al ofrecer  nuestra incauta madre la fruta de
perdicin.

                   *       *       *       *       *

Ningn arte tan espiritual como la msica, y ninguno tan propio de
estos das del ao consagrados  la meditacin y al recogimiento
espirituales. La devocin de nuestros buenos aficionados  la msica
bien ha tenido en donde escoger en esta temporada. El cuarteto checo
en la Filarmnica, Wagner  toda hora, y por fortuna el arte nacional,
sin llegar todava  preferido, algo sali de su condicin de
ceniciento, gracias  muy laudables empresas de nuestros msicos.
Chap, con su pera, mas apreciada  cada representacin, el cuarteto
Francs, el cuarteto Vela, el quinteto de instrumentos de viento,
nueva sociedad, de inteligentes y modestos artistas, dignos de todo
encomio y de mayor atencin por quien pueda dispensrsela, sobre todo
para mejorar su instrumental, cuyas deficiencias, vencidas en fuerza
de arte, bastaran para obligar  la admiracin. Labor es toda esta
de inteligencia y de entusiasmo que nunca agradeceremos bastante, ya
que nunca pagaremos lo suficiente. De todo podr acusarse  estos
nuestros artistas menos de interesados. Estudian y trabajan por puro
amor al arte; tal vez por esto trabajan con preferencia en Cuaresma.
Justo es que, despus de los ayunos y penitencias, llegue la Pascua
de Resurreccin para la msica nacional. No quiero ser injusto ni
egosta; soy el primero en reconocer que el autor dramtico no est
tan necesitado de proteccin oficial en Espaa, como el compositor de
obras musicales, que no sean gnero chico. La obra del Teatro Nacional,
no ser completa, si la fundacin de un teatro de comedia espaola, no
coincide con otro de pera y zarzuela. Para ste cuenta el Estado con
un edificio inmejorable; contamos con msicos y artistas en calidad y
en cantidad importantes. Qu falta?... Por vida de los inconvenientes!

                   *       *       *       *       *

Como tanto se ha discutido la sinceridad del wagnerismo de muchos
que dicen ser wagneristas, sin duda, la empresa del teatro Real ha
querido ponerla  prueba, y al mismo tiempo la resistencia fsica de
msicos y cantantes. Para ayer domingo estaban anunciados: El Ocaso
de los Dioses, por la tarde, y Lohengrn, por la noche. No creo que
el programa se haya cumplido, pero si as fuera, leer hoy lunes con
inters, las noticias, para saber cuntos profesores de la orquesta
hubieron de ser conducidos en camilla  su domicilio al final de tan
ruda jornada. Si solo el asistir de espectador tarde y noche supondra
un vigor extraordinario y por ello merecera cualquiera mencin
especial, ascenso inmediato y condecoracin pensionada en el cuerpo de
wagneristas denodados, qu decir de los ejecutantes? Para stos s
que ser da de prueba su fervor artstico y admirativo por el genio
de Wagner. Vamos, que si al caer el teln y caer ellos desfallecidos,
no reniegan de tres generaciones anteriores, por lo menos, del sublime
msico y de las posteriores, hasta la cuarta, como una maldicin
bblica, ya pueden dar fe de su wagnerismo.

                   *       *       *       *       *

Algo quisiera decir de la nueva pera espaola Margarita la Tornera;
algo de su autor tan maltratado, tan discutido, tan injuriado antes
de ahora, que siendo estas las seales ms ciertas de ser glorioso en
Espaa, no necesitaba de mayor triunfo, ni para satisfaccin propia,
ni para nuevos desahogos de sus enemigos. Enemigos? No. Enemigos son
los que usan nobles armas y combaten con ellas. Los que solo usan de
su natural veneno, no pueden ser considerados como enemigos. Tienen su
clasificacin en las ltimas escalas zoolgicas.

No parece ya  algunos que hemos hablado bastante de Margarita la
Tornera? No dicen otros que se ha abusado del bombo? Del bombo?
Y das antes del estreno nos tenan afligidos  los constantes
admiradores del maestro Chap, los agoreros de un fracaso...

Que se ha hablado bastante? No tanto como de esta pera italiana 
de tal otra francesa  de aquella otra rusa, que fatigan sin cesar
las columnas de los peridicos en todo el mundo. No tanto como del
Chantecler de Rostand, ni como del Vivillo ni la Juaneca...

Oh admirable y extrao patriotismo el nuestro, que quisiramos una
Espaa grande, pero en la que todos los espaoles fueran pequeos! Mal
pas de sembradores, pero excelente de tijereteros, dedicados  cimar
cuanto amenace ser rbol en tierra de arbustos.

Hay, por dicha para todos, un pblico, el pblico que no es de
literatos ni de msicos, que tal vez no entiende de letras ni de notas,
pero entiende con el corazn, como peda San Pablo, al artista y  todo
el que le habla con la honradez desinteresada del amor al arte y  la
verdad.

Ese pblico no ha regateado su aplauso ni su admiracin al insigne
msico espaol; ese pblico sabe cunta generosidad supone el habernos
ofrecido ese regalo de arte. Margarita la tornera le producir 
su autor... treinta  cuarenta mil pesetas de menos, que dejar de
percibir en esta temporada, por haber desatendido los trabajos del
gnero chico.

De modo que, en efecto, no debe hablarse ms de Margarita la Tornera.
Un hombre que va  hacerse rico con una pera! Y encima un poco de
gloria!... No, no es posible. Ni que furamos tontos!

                   *       *       *       *       *

Lujosos trenes, coches y automviles, forman fila, despus crculo,
despus caracol, por fin masa compacta  la puerta de la humilde
iglesia. Qu sucede? No sabis? Es la devocin  la moda. La imagen
milagrosa que, de tres peticiones, concede una. Pero una sola, y no
puede hacrsele ms de tres. De tres cosas, una. Dios mo! Cmo
pueden conformarse  tal mezquindad esas bellas y elegantes damas,
acostumbradas  conseguir todo lo que piden? Sin duda piden cosas muy
difciles  imposibles, cuando se dan por muy contentas con obtener
una. Secretos sern entre el cielo y ellas, porque en asuntos de la
tierra, todos sabemos que si ellas desearan tres cosas, no tendran
para empezar con una sola.

Quin pudiera penetrar el misterio de vuestras peticiones, y quin
tuviera poder para exaudir todos vuestros deseos! Cierto que 
la divinidad no es posible engaarla, pero es tanto el arte de
seduccin en las mujeres! que la divinidad sonreir bondadosa cuando
ellas oculten entre dos peticiones insignificantes la de verdadera
importancia. , cuando las peticiones en aparente forma distinta,
sean en realidad una misma. Yo pienso acudir uno de estos das  la
devocin milagrosa y har muy humilde mis tres peticiones. Un milln
de pesetas, un milln de francos  un milln de liras. Veremos si es
verdad que de las tres cosas se consigue una. Con cualquiera de las
tres me contentara y todas las tardes veran ustedes un automvil
ms  la puerta de la humilde iglesia, cuyo nombre y sitio no dir 
ustedes, porque los anuncios son asunto de la administracin. Y qu
mejor anuncio que tanto coche blasonado y tanta distinguida dama en la
plazoleta antigua del Madrid viejo; este Madrid que tantos rincones
guarda de siglos pasados en sus calles y no menos en el espritu de sus
nobles y bellas damas!

                   *       *       *       *       *

Si alguien dudara de los sentimientos religiosos de este pas catlico
por excelencia, de la honda preocupacin religiosa de nuestro espritu,
de lo importante que es para los gobiernos el no ofender ni menoscabar
en nada nuestras venerandas creencias, bastara con la ms superficial
observacin de lo que significan para nosotros estos das solemnes en
que la Iglesia, nuestra madre, conmemora la Pasin y Muerte de Jess.

En calles y templos las ms expresivas muestras de verdadero fervor
cristiano. Severidad en el adorno y en las ceremonias de iglesia;
raudales, cuando no de arrebatada elocuencia, de sencillez evanglica,
en los plpitos; los pocos lugares de esparcimiento ofrecidos al
pblico, como cafs, pasteleras, etc., abandonados de su habitual
parroquia masculina, no digamos de seoras y seoritas; todas
fidelissimas observantes del riguroso ayuno. Las mujeres desdeosas
de solicitar la atencin de los hombres, en estos das consagrados 
la meditacin y al recogimiento, con la mayor sencillez en su persona;
los hombres, respetuosos con la actitud severa de ellas, sin atreverse
 ofenderlas con un mal piropo. Oh! Es un espectculo edificante.
La vida parece haber suspendido todo el anhelo pecaminoso con que de
continuo nos solicita para perpetuidad de la especie y del pecado.

No es de extraar que los extranjeros que en estos das solemnes
visiten principales ciudades de Espaa: Madrid, Sevilla, Murcia,
Toledo, etctera nos juzguen de una imponente austeridad religiosa,
que les hace ms comprensible el legendario fanatismo que propag las
hogueras inquisitoriales de Espaa por medio mundo.

Y si en algo puede haber disculpa para tantas atrocidades cometidas
en nombre de la Religin, nuestra mejor disculpa est en eso, en la
sinceridad del sentimiento religioso de nuestro espritu; el mismo
que sobrevive con la misma sinceridad y del cual pueden hacerse cargo
cuantos nos visitan en estos das solemnes de meditacin y recogimiento.

                   *       *       *       *       *

Ningn ejercicio espiritual ms propio del bondadoso escptico en
estos das, que la lectura de un bonito libro, recientemente publicado
en Pars. Su autor, Salomn Reinach; su ttulo Orfeo. Historia de
las religiones. Un substancioso compendio, acaso despreciable para
los eruditos especialistas que sonren desdeosos  todo extracto de
ciencia: pero muy de agradecer para los pica-platos intelectuales,
deseosos de asomarnos  todas las ventanas y aun  todas las alacenas
de la inteligencia, sin tiempo para otra cosa que oler donde se guisa y
pellizcar donde se sirve. Y como bien guisado y bien servido, est el
manual en cuestin. En un perspicaz vistazo de pjaro sobre todas las
creencias religiosas que han inquietado al mundo.

Desde la altura todas parecen en el mismo plano y, cuando menos,
aprendemos  estimarlas lo mismo, como una necesidad universal del
humano espritu: nio preguntn que quisiera saber el por qu de todo,
y  falta de verdades ciertas se contenta con suposiciones fantsticas.

En los ms claros y habitables aposentos de nuestra inteligencia,
asentamos las pocas verdades que poseemos; all, en los camaranchones
interiores y obscuros de nuestro cerebro,  arrinconamos los trastos
inservibles que nos correspondieron por antiguas herencias,  suponemos
duendes y fantasmas que justifican nuestro horror  penetrar en ellos y
la imposibilidad de habitarlos.

Cierto que, puestos  elegir fantasmas, debiramos elegir los ms
gratos, y es preferible imaginar duendes alegres y juguetones  trasgos
espantables. Pero ay! que son los hombres los que hicieron  sus
dioses  su imagen y semejanza, y as hay dioses bondadosos, dioses
crueles, dioses vengativos, dioses indiferentes, dioses ridculos,
dioses respetables, dioses humanos y dioses divinos. Dioses para todos
los gustos y para todas las aspiraciones.

Somos el molde de nuestras creencias, y no ya cada pueblo, cada hombre,
llevamos  nuestro dios, hecho carne en nosotros. Por eso, entre todos,
ningn smbolo tan espiritualmente bello, como el de nuestro Dios,
hecho hombre, hijo del hombre, hombre como nosotros; que en nosotros
puede nacer, y en nosotros y por nosotros padecer pasin y muerte y en
nosotros resucitar y divinizarse.

                   *       *       *       *       *

Un distinguido pintor escengrafo y dos populares y aplaudidas tiples
han tenido uno de sus ms ruidosos xitos... En dnde, dirn ustedes?
En la parroquia de San Sebastin.

El Teatro y la Iglesia  la Iglesia y el Teatro--las seoras
primero--aunque alguna vez hayan andado  la grea, en el fondo han
sido siempre buenos amigos. No es preciso remontarse  los orgenes
del teatro ni  la representacin de los Autos Sacramentales para
demostrarlo. La capilla de la Virgen de la Novena, que el fervor de
nuestros actores costea y sostiene sin decaimiento de su original
esplendor, lo atestigua bien claramente hoy en da.

En esta Semana Santa, con su decoracin teatral y la presencia de
nuestras ms bellas actrices, la capilla de la Novena ha conseguido
la mejor entrada. Los devotos tal vez se escandalicen; pero, nada
importara que los templos tuvieran algo de teatro, si los teatros
alguna vez tuvieran algo de templo.

                             [Ilustracin]




                                   V


La capa, la espaola capa, prenda inseparable de la mantilla, en todo
canto al espaolismo, pareca desmentir hasta ahora, el mayor apego
en la mujer  lo tradicional y castizo; pues mientras sobre femeniles
cabezas pasaron mil hechuras de sombreros, relegada la mantilla 
fiestas de religin  de tauromaquia--los extremos se tocan y las
tradiciones se semejan,--la capa persista con firmeza, gallardeando
sobre varoniles hombros, en amistosa alternativa con toda clase de
abrigos, nobles y plebeyos; desde el gabn aforrado en nutrias  martas
cibelinas,  la bufanda con honores de manta.

Y, en este invierno, sin prescripciones de la moda, ni de la higiene,
la hemos visto de pronto desaparecida; tan de pronto, que mal puede
decirse que la hemos visto desaparecer.

Y el pueblo; el ltimo baluarte siempre del casticismo pintoresco, en
lenguaje, vestidos y costumbres, ha sido el primero en desecharla,
sustituyndola por la zamarra; prenda sin carcter, sin gracia, sin
historia, sin nacionalidad.

Habrn infludo las recientes disposiciones sobre las casas de
prstamos, con la menor facilidad en la pignoracin, al desprestigio
y abandono de la clsica prenda, considerada antes como un billete de
Banco, valor al portador?

Ser que todas las capas madrileas padecan cautividad, y el negarse
los prestamistas  la renovacin de papeletas, ha hecho imposible el
rescate en esta temporada de invierno?

Si as fuera, esperemos el saldo del ao prximo, que volver 
ponerlas al alcance de todas las fortunas, sin menoscabo de la de sus
actuales poseedores. Habr capa que pudiera estar bordada en oro, si 
enriquecerla con tal adorno se hubiera aplicado el inters cobrado en
tantas renovaciones!

Pero, si la causa no fuera esta y la zamarra triunfara en definitiva,
como prenda de abrigo popular, entonces la capa no tardara en ser el
abrigo aristocrtico, y por imitacin volvera  serlo de la clase
media, y por fin volvera  ser el de las clases populares, deseosas
siempre de igualarse con los de arriba, mientras stos quisieran
diferenciarse de todos.

No estn recientes las luchas y protestas de los camareros de caf,
hasta conseguir les fuera permitido el uso del bigote, por considerar
como signo deprimente de servilismo la cara rasurada? Y he aqu, al
poco tiempo, que ya son los mozos de caf los nicos que llevan bigote,
y todo pelo en la cara es anatematizado por la distincin y por la
higiene. Ni una ni otra son seoras muy de fiar, por lo veleidosas.
Ahora nos dicen las dos, puestas de acuerdo, que barbas y bigotes son
terribles nidos de microbios y, aun cuando vaya uno para viejo, no har
muchos aos, lea yo, en los libros que tena--como dice Segismundo,
el de La vida es sueo, no confundirle con el de El sueo es
vida,--lea yo, como iba diciendo, en mis buenos libros de higiene,
cmo era menor la mortalidad y el peligro de la tuberculosis, entre los
obreros que, empleados en industrias, como la fabricacin de hilados
y otras similares, dejaban crecer barbas y bigotes, que entre los
afeitados  barbilampios; pues barbas y bigotes eran como red cazadora
de partculas que, sin ese natural obstculo, penetraran directamente
en los pulmones. Toda esta explicacin vena muy cimentada sobre
slidas estadsticas y lo mismo vendrn stas de ahora, que afirman
todo lo contrario.

Yo no s si ahora ser cuando la higiene est en la fija; de la moda,
s decir que, para rostros de pura cepa castellana, no puede ser ms
desfavorable. Para bien parecer un rostro varonil afeitado, necesita
ser de buen color y armonizar con rubios cabellos que den claridad y
juventud  la fisonoma. Pero el ceudo castellano, de negro pelo,
color verdinegro  amarillento, cobra un aspecto duro de presidiario 
cura de faccin, con el rostro afeitado, ms sombro sin el contraste
de bigote  barba.

Y qu diremos de los que deciden el afeitado sin contar con los
veinticinco cntimos necesarios para la diaria operacin? Entre stos
figuran muchos jvenes artistas, que estaran mejor con su buena
melena y todo lo que buenamente quisiera crecerles. Todo, mejor que
verles con la pelusa de una semana, como quincenarios, y oirles decir
todava:--Sabe usted? No llevo nada en la cara porque es mucho ms
limpio y ms higinico.--Vaya con la limpieza y con la higiene!

                   *       *       *       *       *

De las famosas turbias del Lozoya, ninguna tan turbia como esta de
ahora, tan de color de chocolate, que pasa de castao obscuro. El
Manzanares, por otra parte, celoso al cabo de los aos del injusto
predominio sobre Madrid, que su rival le usurpaba, y de las clsicas
burlas  su pobre caudal, quiere probarnos que, si no en agua, en lodo,
tiene fuerza bastante para alcanzar  respetables alturas. Por suerte,
aqu todos sabemos nadar entre dos aguas, y aun entre agua y lodo,
que no siempre el ser animal anfibio tiene sus inconvenientes, como
aseguran en popular zarzuela.

El Seor nos libre de juicios temerarios, pero es desgracia nacional
que todo negocio y toda industria emprendidos en tierra espaola, aun
los que mas beneficiosos parecen para el inters general, lleven mancha
de origen por la pcara intervencin poltica en todos los asuntos.
As el trabajo honrado y el dinero, nunca ms honrado, que cuando
al servicio del trabajador se pone, andan siempre tan desconfiados
de emplearse en nuestra industria y en nuestros negocios. Apenas se
proyecta algo provechoso, todo el mundo se escama: Chanchullo! Manos
puercas! Escuadra? un momio. Gran Va? otro momio. Teatro Nacional?
momio de ambos sexos; si ha de venir  ser refugio hospitalario de
ruinas artsticas y literarias. De toda empresa espaola puede decirse,
como de aquellas famosas Cortes: deshonradas antes que nacidas!

De aqu proviene que el celoso de su buena opinin huya, como el
diablo, de intervenir en todo negocio, y vienen  parar todos ellos
en manos de gente despreocupada,  la que, al fin y al cabo, hay que
agradecer su despreocupacin, que ya es una prueba de valenta, y tan
necesitados estamos de emprendedores, que bien podemos decir: Hgase el
milagro y hgalo el diablo. Hgase el negocio, aunque saliere un poco
sucio.

Todas estas desconfianzas y recelos, ms son seales de nuestra
pobretera que de nuestra moralidad. Hay tanta escasez de dinero que no
se comprende cmo nadie puede manejarlo sin resistir  la tentacin de
quedarse con algo entre las uas. Para juzgar de los dems no solemos
tener ms norma que nosotros mismos; lo que haramos en su caso.

Nunca he odo  ningn gran seor quejarse de que le sise su cocinero,
ni su jefe de cuadra, ni su administrador. Verdad es que su mesa est
bien servida, sus trenes bien presentados y  l nada le falta.

Esto es lo que no nos sucede  los espaoles.  poco que nos sisen, ya
se nota en todo, particularmente en la mesa, falta que no se disimula.
Y no es que nuestros cocineros tengan menos conciencia que los de otras
partes, es que damos menos dinero para la compra, y para comer bien hay
que contar con la sisa.

Somos, adems, tan apegados  rancias hidalguas que, aunque tan
necesitados de dinero, seguimos considerando como despreciables los
medios para su adquisicin; as es que preferimos buscarle ocultamente
por caminos subterrneos, como si fuera un crimen buscarle  la luz,
abiertamente. Aqu es todava la mayor gloria de un poltico, de un
artista, de un hombre de ciencia, decir: Muri pobre. Por qu? Han
de ser solo el dinero y la independencia que da el dinero, de los que
explotaron la influencia del poltico, la gloria del artista y la
ciencia del sabio?

Cuando el dinero lo compra todo, no habr algo que pueda comprar el
dinero?

Hacer valer dinero  nuestra inteligencia no es envilecerse, es
ennoblecer al dinero.

Cuando los hombres inteligentes dan en no venderse, por escrpulos de
conciencia, entonces es peor; porque todos los negocios van  parar 
los tontos, que para la circunstancia, se meten  pillos: ya se sabe
que nada imita mejor  la inteligencia que la pillera.

                   *       *       *       *       *

Se anuncia en Madrid y para fecha prxima una Exposicin, la ms
simptica y la ms conveniente para ejemplo y estmulo de todos: la
Exposicin de la Infancia.

De todos los dicterios con que el mayor enemigo de Espaa pudiera
ofendernos, el de infanticidas sera, quizs, el ms merecido.

No ser Malthus nuestro previsor apstol; pero es, en cambio, Herodes,
el buen reparador de nuestra prolfica imprevisin. Tan descuidados
sembradores como descuidados cultivadores y recolectores. Al celo
previo, en que cualquier hombre se iguala al animal, no corresponde el
celo ulterior por la prole, en que cualquier animal puede dar lecciones
al hombre.

Y no haya ofensa para las madres y los padres espaoles. Cmo
suponerlos menos amantes de sus hijos que en otros pases? Los aman
con ceguedad; pero ay! con ceguedad de ignorancia, que es la peor de
las ceguedades.

Dos tristes suertes hay en el mundo; verse pjaro en manos de nio;
verse nio en manos de padres espaoles.

Dijrase que la fe cristiana, en la seguridad de verlos al morir
nios, trasplntalos ngeles al cielo;  las inseguridades de nuestro
vivir nacional azaroso, consuelan y hasta estimulan  los padres en la
temprana muerte de sus hijos.

No es que no los amemos mucho; es que amamos tan poco la vida, que
acaso el haberlos trado  ella nos pesa como un remordimiento, de
que slo su muerte prematura puede aliviarnos...--Para l ha sido un
bien!... Angelitos al cielo!--Se ha quitado de penas!--Quin sabe lo
que hubiera tenido que pasar en este mundo!--Hay en todas estas frases
vulgares, al morir un nio, una resignacin que, siendo amor, ms
parece feroz egosmo.

Y es el espritu espaol, seco para el nio, y esta sequedad se refleja
en nuestro arte, apenas esclarecido por gracias infantiles, en los
cuadros de Murillo y en alguna imagen del Nio Jess del escultor
murciano Salcillo.

No hay en Espaa una literatura, un arte para los nios. Nos
preocupamos poco de higienizar ni de alegrar su vida.--Hay mejor
higiene que la alegra?--Aun los nios ricos son aqu ms desgraciados
que los nios pobres de otros pases.

La Exposicin puede ser una buena obra, si  ella acuden con la mejor
voluntad todos los que, sin haber perdido la fe en otra vida con su
cielo saben que ya es bastante antesala para esperarla sta nuestra
tierra, tal como ella ser siempre, por mucho que procuremos mejorarla
entre todos, y no hay necesidad de hacer de ella un infierno, nico
lugar que no admite mejora; porque nada puede mejorarse en lugar donde
no se ama, que es tambin lugar donde no se trabaja.

                             [Ilustracin]




                                  VI


Parceme que, en la admiracin de nuestros jvenes por Larra, entra
por mucho el atractivo de su fin prematuro. Hay quien juzga que fu
mejor as; pues acaso la vida, con su roce desgastador de energas
y suavizador de asperezas hubiera subyugado altiveces en el rebelde
espritu de Fgaro, y una vez ms hubiramos asistido  la abdicacin
de una inteligencia vencida por algn inters.

Qu importaba? Hubiera sido tan interesante! De un alto entendimiento
es tan admirable la sumisin como la rebelda. No fu admirable
la aparente conformidad de un Campoamor, de un Valera, por todo lo
establecido? Y despus, cuando la aparente sumisin, efectiva para el
vulgo oficial, nos ha dado autoridad y respeto, no podremos con mayor
eficacia volver  decir la verdad,  los que antes no quisieron oirla?

Fgaro sometido, acaso nos hubiera dicho algo ms profundo que
Fgaro rebelde. Sobre la verdad de nuestra vida, que l crey afirmar
dndose muerte, est la verdad de la vida; sobre la que, acaso, podemos
triunfar cuando ms abdicamos de nuestra voluntad.

Cuando hemos renunciado  nuestra dicha y nos contentamos con ver
dichosos  los que nos rodean, es quizs cuando empezamos  serlo.

Qu inaccesible ideal si pensamos al escribir una obra en la gloria
sin trmino! Qu fcil, si pensamos en comprar con su producto
inmediato el juguete que alegre  un nio querido! Vender la gloria
remota por sonrisas cercanas! Si la gloria tiene algn camino, no es
el amor quien por l ha de llevarnos?

Poner muy alto y muy lejos el ideal, tal vez es airoso pretexto para
la cada al alcanzarle. Acerqumonos, aunque se empequeezcan nuestros
ideales.

Fingi la fbula que el guila volaba por llegar al sol, y en realidad
slo vuela por traer alimento  su nido. Y por eso no es menos
arrogante su vuelo.

Jvenes admiradores del fin prematuro de Fgaro, no pretendis volar
tan alto por el aire, que olvidis deberes de la tierra! El tambin os
lo hubiera dicho si hubiera vuelto de su volar altivo.

                   *       *       *       *       *

_El Teatro en Espaa_, interesante libro publicado por Francos
Rodrguez,  mas de muy atinados juicios sobre muchas de las obras
estrenadas en el ao de 1908, contiene una parte de estadstica,
reveladora de la desproporcin alarmante entre la cantidad y la calidad
en el producto dramtico. Asusta lo que devora el pblico en un ao, y
no ser de extraar que, por no exponerse  morir de empacho, prefiera
ponerse  dieta rigurosa, de ms rigurosa repercusin en estmagos de
autores y comediantes.

 bien que el pblico toma el prudente partido de no interesarse por
nada y ha delegado su misin de juzgador en manos de la claque y de
los amigos del autor, prdigos en aplausos que ya nada significan ni 
nada comprometen, ni siquiera  que la obra permanezca en el cartel los
tres das de reglamento. Se ha conseguido con esto, que ya no haya ms
opinin valedera que la de la taquilla, y que los empresarios despus
del buen xito, ms ruidoso, en vez de regocijarse, digan desconfiados:
Maana veremos... Y lo que ven maana es... tres pesetas.

No ha de pedirse  la crtica mayor severidad que al pblico, y si
ste adopt por sistema el muy cmodo de Dejad hacer, dejar pasar,
qu ha de decir la crtica? Por m que hagan, y por m que pasen.
La indiferencia, tal vez cruel del pblico, es en la crtica ms
compasiva. Aquella obra es acaso el pan de una familia  la felicidad
de un ilusionado,  la satisfaccin vanidosa de un majadero. Para qu
privarles de esos goces materiales  espirituales? No es injusticia
toda justicia innecesaria? Pesan ms los agravios al arte que la
miseria  la pena de un autor desdichado?

Como deca aquella dama, dadivosa de suyo, para justificar sus
prodigalidades:  una le cuesta tan poco, y ellos se quedan tan
contentos!...

Es hoy el teatro rama de la Beneficencia. Y no est mal as; que es
tan dura la vida, que en nada puede emplearse mejor todo templo, sea
artstico  religioso, que en asilo benfico del dolor y de la miseria.
El Arte como la Divinidad es bondadoso, y sonre sin ofenderse al que
llega en nombre del Arte  pedir  su puerta una limosna, ya de pan,
ya de aplauso.

                   *       *       *       *       *

Tan poco acostumbrada est la Gloria  coronar en vida frentes
espaolas y tan hecha  no llegarse  las ms excelsas, si no es trada
por mano de la muerte, que, cuando por no poder menos, la hora gloriosa
llega en vida, no es de extraar que la muerte crea tambin su hora
llegada y slo por ver al luchador triunfante, con razn crea que ya le
pertenece.

Era, para el msico insigne, un descanso en la lucha incesante, era el
triunfo, concedido por los ms rehacios en otorgar honores de vencedor
 quien todava pelea en pie con denuedo; era la gloria: pero era
gloria espaola... Tena que ser la muerte!

Mezquina concepcin de la divinidad es considerarla como  maestro de
prvulos, distribuyendo vales de buen comportamiento para un premio
futuro; pero, ante el rudo corte de una noble vida, toda honrado
trabajo y fecunda lucha, que no pudo hallar aqu justa recompensa, no
hemos de pensar en una satisfaccin suprema, en una gloria sobrehumana
de luz y de armona?

Ah, los que juzgis escepticismo la irona, no sabis cmo el irnico
guarda la sinceridad de su sentimiento para cuando es bien emplearlo,
ms entero cuanto menos gastado!

Porque sabe de la verdadera bondad, burla de apariencias virtuosas;
porque sabe del esfuerzo y de los sacrificios que impone el verdadero
arte, burla de esos simuladores, bien hallados con la fcil gloriola,
ms contentos con aparentar que con ser. Esos que pueden reposar
satisfechos al decir: Hemos llegado; cuando llegaron  una posicin
oficial, obtenida  fuerza de intrigas y de concesiones.

Pero ante un nombre como el de Chap, ante una vida de trabajo digno,
en que todo se debe al propio esfuerzo, la admiracin es culto y el
respeto obliga al ejemplo... Y el cronista llora con limpio llanto,
porque nunca llor con llanto intil por farsantes ni por malvados.

                   *       *       *       *       *

Sobremesa es esta de espiritual convite, de mstica comunin, como en
la ltima Cena de Cristo, como en torno al Santo Grial, la de sus
caballeros guardadores, los hermanos de Percival y de Lohengrn.

Sobre la vulgaridad cotidiana de nuestra vida, resplandeci la gloria
del Arte y sus alas de luz nos elevaron, aliviados de toda terrenal
pesadumbre, y la caricia de lo sublime estremeci nuestras almas
transfiguradas por el divino milagro del Arte.

Y cuanto hay de divino en nosotros nos habl de inmortalidad. No es
esta la verdadera, la nica moralidad que debemos pedir al Arte?

Despus de oir El Ocaso de los Dioses, yo no creo sinceros los
aplausos; esa vulgar aclamacin no es digna de tanta grandeza. Nadie
palmotea ante el mar, nadie palmotea ante las tempestades, nadie ante
la serenidad armoniosa del cielo en una noche de verano. El espritu
se recoge como en oracin, y un silencio solemne de llanto contenido,
el llanto bueno que purifica como fuego sagrado, es la mejor accin de
gracias de nuestras almas.

El nico aplauso digno sera caer de rodillas, prosternados como ante
la elevacin eucarstica.

                   *       *       *       *       *

Qu nos dirn ahora para justificar su desdn por el pblico, los
inmaculados castellanos de las marfileas torres? Es intil pretender
llegar  la multitud, como ellos aseguran? Solo ignorancia y grosera
encontraremos en ella? El pblico madrileo respondi el domingo pasado
y en noches sucesivas, como acaso no esperaban muchos,  cuantos
quieren disculpar su vagancia  su impotencia con la falta de sentido
artstico en el pblico.

Con ser todo admirable--pasemos por alto deficiencias en la
interpretacin y presentacin de la obra,--lo ms admirable, sin
duda, lo mejor de la gloriosa jornada, fu la actitud del pblico;
este admirable pblico madrileo, tan calumniado, pero de un instinto
artstico tan seguro, que, al contrario que en otros pases, antes
que en la crtica sabia, hallan en el sostn y aliento los luchadores
sinceros por nuevas formas de Arte.

                   *       *       *       *       *

Y, en el triunfo del genio, ser justo olvidar  su compaera
inseparable la locura--segn los modernos, algo ya anticuados
antroplogos,--personificada en el caso de Wagner, por aquel rey Luis
de Baviera; Nern de poquito, Nern todo dulzura, solo tirano en el
Imperio del Arte?

Hubiera triunfado el genio sin el loco? Gran asunto para nueva
triloga! El emperador Guillermo, el rey Luis de Baviera y Wagner. La
fuerza, la locura y el genio, unidos para gloria del imperio grande y
fuerte.

La crtica histrica minuciosa distribuir razonablemente alabanzas y
censuras. Todas stas para el noble rey loco. Qu importa? l tambin
fu necesario para la grande obra, y en la universal armona, el fuerte
y el genio llaman hermano al loco.

                   *       *       *       *       *

Despus de una representacin del Ocaso de los Dioses, pensaba yo,
cmo yerran los sintetizadores rotundos que para mayor comodidad,
clasifican  todo pueblo del Norte, como razonador y positivista, y 
todo pueblo meridional como idealista y soador. Y he aqu, cmo en el
arte germnico, perduran los mitos heroicos y legendarios, y cmo entre
nosotros, apenas si concedemos un modesto lugar en la tradicin; muy
desposeda de leyendas,  nuestros hroes. Nosotros s que sabemos
del Ocaso de los Dioses! Aquel gran socarrn de Cervantes fu el gran
enterrador de Espaa. Verdad es que el entierro fu suntuoso, con gran
asistencia de monjas y frailes. No se puede morir ms devotamente. Toda
la herencia se nos fu en fundaciones piadosas. Espermoslo todo de
la desesperacin de los desheredados. Cuando falte toda esperanza, la
desesperacin puede ser tambin madre del herosmo.

Triste Rocinante, triste rucio de Sancho Panza, que vais tardos y
fatigosos por ridas llanuras, no hemos de trocaros por el caballo de
Brunilda, que galop sobre nubes y en carrera loca fu conducido al
fuego, para que sobre la muerte del hroe y el perecer de los dioses,
triunfara el amor ideal de dos almas heroicas!

Qu impropiamente llamado Marcha fnebre el mas sublime pasaje
musical y dramtico del Ocaso! Marcha al combate, al triunfo,  la
inmortalidad, debiera llamarse.

Hay en la msica de Wagner ms filosofa que en todos los filsofos
alemanes. La que despierta en lo ms ntimo y en lo ms hondo de
nuestro espritu el sentimiento de inmortalidad.

La Vida es un enigma, el Arte es su revelacin. Nos dice la verdad?
No. Para qu? Nos hace olvidarla.

                             [Ilustracin]




                                  VII


La coincidencia en el arribo  Buenos Aires de dos gloriosos
escritores, de tan opuesto carcter y tendencias, como Anatole France y
Blasco Ibez, es comidilla en crculos literarios, donde se discute en
pro y en contra del efecto que cada uno podr lograr con sus anunciadas
conferencias.

Cuentan, los mantenedores por el gallo francs, con el snobismo
porteo, tan afecto  cuanto proceda de Pars, sean figurines de
modisto, sean figurines de literatura. Confiamos, los que ponemos por
el nuestro, fuera de mritos, que no es ocasin de parangonar, con la
indudable supremaca que la literatura espaola va logrando en aquellas
tierras, lenta, pero seguramente con el mayor entusiasmo que aportar
nuestro Blasco Ibez, y el mayor conocimiento del terreno que pisa,
con el espritu espaol, ms efusivo que el francs para entregarse al
extranjero; no digamos  lo que nosotros no podemos llamar extranjero,
por ser tan nuestro, hasta en eso de haberse entregado al francs
incautamente.

Anatole France ir, de seguro, muy posedo de su superioridad, que es
la superioridad francesa; ms dispuesto  ser admirado que  admirarse;
ir con la misma displicencia que los grandes actores franceses en sus
tournes por Amrica, que suelen presentarse con lo ms rampln de su
repertorio y de su equipaje; muy convencidos de que les basta con su
nombre de Pars, para ser aplaudidos.  esto se debe algunos fracasos
muy sonados y el que hoy sean preferidas las compaas espaolas 
italianas.

Yo deseo un viaje triunfal  Blasco Ibez, y desde ahora me atrevo 
pronosticar que lo ser seguramente; sin desconocer que para Anatole
France sern los mayores xtasis de los exquisitos. Lo mejor que
pueden desear los argentinos es que el sutil ironista francs quede
tan satisfecho de su viaje, que pretenda volver por all, ms tarde 
ms temprano; porque si no entra en sus planes el volver... ya pueden
prepararse para leer lo que escriba de ellos  su regreso! De menos
hizo Dios  Juana de Arco.

                   *       *       *       *       *

 la distinguida seora que me escribe, indignada por algunas
apreciaciones mas referentes  los padres espaoles, recomiendo
para mi disculpa y su consuelo, la lectura de un libro recientemente
publicado en Francia: La educacin en la familia, por Thomas.

Dice el autor: Al tratar de la educacin, y en particular de la
educacin de los hijos en la familia burguesa, procuramos destacar los
pecados de los padres, persuadidos de que de ellos proviene la mayor
parte de los males que afligen  la sociedad. La tarea es ingrata,
porque pocas veces agradecemos las censuras.

Cunto ms agradable sera exaltar los mritos del padre y el de
la madre; disculpar sus errores y sus preocupaciones y cultivar con
engaos discretos sus ilusiones! Tarea ingrata por su misma vulgaridad.
No se ha dicho ya todo sobre este asunto y no llegamos demasiado
tarde? Todo se ha dicho, pero ya que parece que no se ha odo, haremos
mal en decirlo otra vez? Es conveniente, dijo Voltaire, despertar 
menudo la conciencia de las modistas y la de los reyes con una moral
que puede causarles impresin. Lo mismo puede decirse de la conciencia
de los padres.

Como v mi ofendida comunicante, tambin en Francia hay padres
descuidados, y lo mismo podra decirse de todo el mundo, y si el autor
francs particulariza, como yo, por mi parte, es porque, adems de que
cada uno habla de la feria segn le va en ella, es natural que cada uno
hable de la feria que mejor conoce.

No es que yo no haya conocido excelentes y admirables madres 
inteligentsimos padres. Tal vez por haber conocido lo mejor, soy ms
exigente con lo mediano y con lo malo.

Y si slo  la salud fsica atendemos, ya no soy yo, es la estadstica
implacable la que acusa  los padres espaoles. Y nos quejamos de
Madrid, pero cuando ve uno de cerca pueblos y aldeas!... Diga mi
amable, aunque airada comunicante, que, al juzgar por s misma,
pretende igualar  todas las madres espaolas: no vi nunca en
apreturas y bullangas callejeras, en teatros y hasta en tendido de
sol en los toros mujeres con nios de muy corta edad, de pecho, en
los brazos, y no sinti indignacin muy justificada? Es por exceso
de cario, es por lo que puedan gozar los angelitos  esa edad con el
espectculo? Que son pobres mujeres sin ilustracin? No siempre; que
tambin en la clase media y en las ms elevadas se cometen  diario,
como esos conatos de infanticidio, que alguna vez llega  consumacin
y entonces es el acudir  los santos, porque al mdico tambin suele
acudirse tarde.

De la educacin en su parte moral no hablemos, y vuelvo  recomendar el
supradicho libro; pero quin no ha presenciado, aun en familias muy
distinguidas, discusiones violentas entre marido y mujer, en presencia
de los hijos? Quin no conoce padres de esos que tienen por sistema
desautorizarse mutuamente ante los hijos, por ridcula competencia
de cario y basta que el uno reprenda para que el otro disculpe y
viceversa; de modo que los hijos, dueos de la situacin, acaban por
provocar  cada paso estas disidencias paternales, sabiendo que al cabo
siempre han de resultar gananciosos?

De otros muchos errores y torpezas, no menos graves por ser hijas del
cario, todos podemos catalogar por observacin personal, un buen
nmero.

No vale, pues, ofenderse, seora ma. Los ejemplos hay que buscarlos
en singular; las razones en plural. Yo s de algunos admirables
ejemplos de padres y de madres; pero tengo muchas razones para hablar
como he hablado de las madres y de los padres. Por algo soy hijo de
quien mereci el nombre de Mdico de los nios, y ms que contra las
enfermedades tuvo que luchar en su vida profesional con la ignorancia
de muchas madres y de muchos padres. Recuerdo haberle odo decir 
una madre que no saba cmo expresar su agradecimiento, por creer que
le haba salvado la vida de su hijo, enfermo de difteria, entonces
de ms complicada y difcil curacin que ahora.--No tiene usted que
agradecerme nada. Su hijo se ha salvado por bien educado. No he visto
nio ms dcil para dejarse curar.

Ya ven los padres cunto importa una buena educacin, hasta para las
enfermedades de sus hijos.

                   *       *       *       *       *

Algernon Carlos Swinburne era, con Jorge Meredith, el nico gran poeta
ingls viviente; ltimos los dos de aquella serie de grandes poetas
ingleses del siglo XIX, que empez con Byron, Wordsworth, Shelley y
Keats, para continuar con Tennyson, Browning, Rossetti, Morris y el
que, aunque menor, no menos Thoug the last not least, como Cordelia;
entre todos pudo brillar y con los mayores competir.

Sus principios poticos, de una escabrosidad que la Inglaterra oficial
no pudo perdonarle nunca, impidieron que,  la muerte de Tennyson--que
tan bien supo guardar todas las formas poticas y sociales,--fuera
Swinburne nombrado poeta de cmara; que no otra cosa viene  ser el
ttulo de laureado poeta, concedido en Inglaterra.

Como Shelley, como Byron, qu ingleses en esto! pretendi ser un
revolucionario social, sin conseguir ser ms que un admirable poeta.
Nunca el verso ingls, tan perfecto desde sus orgenes, con Spencer,
con Shakespeare, con Milton, alcanz la fluidez, la variedad, la
armona de las estrofas de Swinburne, de imposible traduccin  otro
idioma. Cmo ni  qu lenguaje se traduce una sonata, una sinfona de
Beethoven?

Fu el cantor de los mares y lo fu tambin de los nios, y al morir,
si no el aura popular de los contemporneos, pudo sentir sobre su
frente el viento de los mares; el viento que l supo cantar y de quien
l dijo cmo senta:

      The delight that his doom is forever
    To seek and desire and rejoice.
    And the sense that eternity never
      Shall silence his voice.

                             [Ilustracin]




                                 VIII


Cuando surge el hroe popular, ya sea hroe de un da, ya de los que
dan nombre y gloria  toda una poca, criminal  santo, vctima 
triunfador, no importa estudiar la persona del hroe tanto como las
circunstancias, el ambiente social de que fu producto. Hroes causa
hay muy pocos; la mayor parte son hroes efecto.

El hroe de estos das estaba en el ambiente; en las conversaciones
familiares, en las tertulias de caf, en las discusiones tcnicas,
en los bastidores de la poltica. Murmuracin que apunta  ciegas,
acusaciones injustas tal vez al particularizar, pero qu lgicas al
ser castigo, aunque no castiguen la verdadera falta!

Y la falta no es de ahora, la falta es de origen; estuvo en aquella
memorable sesin, no lejana, que hizo vibrar las fibras ms hondas del
patriotismo de aquellos, todo superficie, que lo echan todo en flores
ms que en races.

As se hubiera encargado de la construccin de la escuadra un gobierno
de ngeles y los barcos hubieran cado del cielo  punto de navegar por
esos mares, la voz popular hubiera tenido siempre que poner tilde en
ellos, desconfiada del divino milagro.

Por qu? Porque el pas aun tiene la ropa en la orilla, tendida 
secar, como dijo el poeta; porque la herida an no est cicatrizada;
porque quien una vez fu engaado en su confianza, tarda mucho en
volver  confiar, y acaso exagera su malicia por temor  caer otra
vez en confiado; porque el pas sabe que dos ni cuatro barcos no son
una escuadra; porque haba otras cosas ms urgentes que recomponer,
y  ellas debi atenderse con preferencia, y la prisa en nuestros
directores por atender antes que todo  lo que el pas no consideraba
tan apremiante hizo que el pas desconfiara desde un principio. Aqu
hay negocio, se dijo. No lo habr, no debe haberlo, la intencin y los
hechos sern los ms puros del mundo, pero los errores se pagan como
las culpas, y la acusacin, las murmuraciones, la calumnia quizs,
si son injustas al sealar culpables, son justicieras al castigar la
culpa. No es hoy, fu el da de la memorable sesin, cuando alguien
debi levantarse y acusar muy alto. Aquel da fu cuando se enga
al pas, y eso es lo que el pas no ha perdonado, y acusando hoy sin
pruebas, queremos creerlo, sin acertar en sus acusaciones, acusa con
justicia.

                   *       *       *       *       *

La gente anda por las calles como de costumbre; unos  sus ocupaciones,
otros  sus ocios, nadie piensa en asonadas ni en revoluciones; la
mayor parte de las calles tienen piso de asfalto y las barricadas no
son posibles sin adoquines.

Pero, ante el alarde de fuerzas, el ir y venir de la polica, los
preparativos blicos de enarenar las calles, la gente se detuvo
curiosa, los curiosos aumentan, se empieza  temer algo. Qu va
 pasar aqu? Los comerciantes se alarman, entornan sus puertas y
resguardan sus vidrieras; la circulacin de coches se dificulta, los
guardias pretenden despejar la calle, se discute, se protesta; un
guardia, malhumorado por el exceso de horas de servicio, increpa al ms
pacfico curioso, que al verse increpado tan  destiempo se insolenta
con el guardia; un grupo toma partido por el transente, increpa  su
vez al guardia, otros guardias intervienen  favor de su compaero,
salen los sables, gritos, carreras, atropellos.

Al otro da el gobierno anuncia en nota oficiosa que no est dispuesto
 consentir que nadie altere el orden pblico con ningn pretexto,
y que tomar las ms rigurosas medidas, y vuelve  desplegar gran
aparato blico y vuelven los curiosos  curiosear, y vuelve  repetirse
la misma escena. Y yo pienso: Quin altera el orden? Si la gente
no viera guardias, ni arena, ni parejas de la Guardia civil... con
quin discutira? Por qu se formaran grupos  ver lo que pasaba?
Y qu pasara? Probablemente, que la gente ira tranquilamente por
las calles, como de costumbre, unos  sus ocupaciones, otros  sus
ocios. Si cuando uno no quiere, dos no rien, qu ser cuando, aunque
uno quiera reir, no tiene con quin? Pues en este procedimiento tan
sencillo, todava no ha cado ningn gobierno, y esta medida de sentido
comn es la nica que no se le ocurre tomar para que nadie, con ningn
pretexto pueda alterar el orden pblico. Y, el orden pblico no se
alterara si los del orden pblico no se alteraran tanto.

Los detenidos ingresan por docenas en la crcel. Si la detencin se
prolonga, mal principio van  tener las primeras elecciones con voto
obligatorio, y si antes de ese da les dan suelta... votos seguros para
la candidatura ministerial,  no hay gratitud en el mundo.

                             [Ilustracin]




                                  IX


Basta que el seor obispo de Orense lo afirme, para creer que
el baldaquino famoso, amenazando ruina, el peor da, se hubiera
desprendido sobre los devotos y causado mayor nmero de vctimas que
las ocasionadas ahora por unos disparos de fusil, de mas inminente
efecto que el baldaquino. La letra, aunque sea episcopal, con sangre
entra y con sangre estn regadas las pginas del Evangelio y las
pginas ms gloriosas de la historia de la Iglesia; pero bueno
hubiera sido que el seor obispo, antes de la efectiva persuasin
de los fusiles, hubiera empleado algo de persuasin pastoral, hasta
convencer  sus borregos de la necesaria obra. No es de creer, por
muy duros de mollera que fuesen, capaces de resistir sobre ellas todo
el peso del baldaquino; ni por muy recelosos, como buenos aldeanos
gallegos, de que alguien tratara de lucrarse, como tantas veces en
casos semejantes;  poco que el Espritu Santo hubiera inspirado  su
Ilustrsima, y mostrndoles adems con razones la verdad del peligro,
hubieran desatendido  su buen pastor, obligndole  valerse del brazo
secular, como en los mejores tiempos del feudalismo episcopal; aquellos
buenos tiempos, ms recordados en Galicia que en regin alguna, por la
dramtica leyenda del obispo D. Suero.

Por algo el obispo de Jaca quiere, ante todo, contar con sus buenos
rganos en la prensa; as, en casos semejantes podr llevar la palabra
persuasiva  sus feligreses, sin necesidad de convencerlos  tiro
limpio. Quizs con un buen peridico se hubiera evitado el sangriento
conflicto y muy desacertados estn cuantos censuran al seor obispo de
Jaca por su propaganda. Comprese un procedimiento con otro. Siempre
ser mejor poner peridicos que fusiles  disposicin de los seores
obispos.

                   *       *       *       *       *

Valiente mico!  mejor valiente lapin! como all se dice, le ha
colocado  su dulce amiga la Repblica francesa, su aliado el Imperio
ruso. Para que veas Marianita con quien te gastas los cuartos! Por
esta vez tu soberano amigo se ha mostrado digno de la casquette 
trois ponts, distintivo clsico del souteneur parisiense.

Despus de haber sido su marmita apresurndote  cubrirle sus
emprstitos, en la primera ocasin que se le presenta de corresponder,
al muy cosaco, sale con que se niega  pagarte derechos de traduccin
y representacin por tus obras, fundado en que la pobreza de su pas
no le permite esos lujos; aunque le permite el de sostener  sus
grandes duques; algo ms prdigos en pagar, sin traducir,  las grandes
cocottes que  los grandes escritores franceses. Estos, aparentan no
darse por sentidos; altas razones patriticas les obligan  ello, pero
otras les queda dentro y la alianza franco-rusa, ya muy resquebrajada,
quedar con esto para el divorcio; tema preferente de los escritores
franceses.

El pueblo francs, tan amante de sus artistas, no tolera desdenes ni
ofensas para los gloriosos representantes de su intelectualidad.

En cambio no sabrn agradecernos  nosotros, aunque no les debemos
las atenciones ni el dinero que los rusos;  ms de los derechos
de traduccin y de representacin, nunca escatimamos, la oficial
oficiosidad de no molestarles en lo ms mnimo con el recuerdo del Dos
de Mayo; cuya conmemoracin, segn rumores, quedar suprimida este ao.

No hay bien ni mal que cien aos dure, y este recuerdo, que cumpli los
cien aos en el pasado, no era justo que durase uno ms en memoria tan
olvidadiza como la espaola.

En vez de estas fiestas nacionales, podemos ir celebrando por
regiones, por pueblecitos y hasta por barrios, una porcin de fiestas
conmemorativas de nuestras guerras civiles, pronunciamientos y motines.
As, todo quedar en casa sin molestia para los de fuera. Cada uno
lo suyo, y  lo suyo. Por eso, ya que el Dos de Mayo no se celebre
como fiesta nacional, en recuerdo de una gloriosa guerra por la
Independencia espaola, no ser permitido  los madrileos celebrarla,
siquiera como recuerdo de un motn madrileo, un modesto motincito sin
importancia? Siquiera en el barrio de Maravillas, con mucha modestia,
no vayan  molestarse en Francia y paguemos nosotros el enfado que no
se han atrevido  mostrar  Rusia.

                   *       *       *       *       *

El honor de las mujeres hemos convenido desde muy antiguo, en
localizarlo. Por fortuna para ellas y aun para nosotros, la bondad
no es lo mismo que el honor y no tiene tan frgil asiento. El honor
de los hombres... ya anda ms repartido; por la inteligencia, por el
corazn, por los brazos, por los bolsillos; por regiones materiales
y espirituales. Por lo mismo es ms opinable y por lo mismo no debe
opinarse de l con tan ligera facilidad como ha dado en opinarse
ahora, de un modo definitivo  inapelable, por medio de los llamados
tribunales de honor. Bastaba con los tribunales de justicia, slo
llamados  juzgar de los hechos, nico juicio que en lo humano, puede
presumir de acercarse  la verdadera justicia. Juzgar del honor! Quin
sabe de eso? Quin sabe en dnde est nuestro deber ms cercano, ms
imperativo?

Aceptar todava los tribunales de honor y sus juicios, en cuerpos que
por tener sus deberes bien definidos, al cumplimiento de ellos han de
ajustar sus resoluciones. Pero en un crculo de sociedad, de recreo,
fuera de las incorrecciones cometidas en l, en nombre de qu justicia
va  juzgarse?

No han tenido confirmacin determinaciones apuntadas con maliciosa
intencin, y la verdadera justicia y el buen gusto deben celebrarlo. El
honor no se gana en un da, para que en un da pueda perderse. Quien
en una hora puede dejar de ser honrado es que no lo fu nunca. Todos
los que somos amigos del Sr. Macas sabemos que no es este su caso.
Podramos dudar de sus razones, hasta de su razn, nunca de su honradez.

                             [Ilustracin]




                                   X


Oh, el sport de Pars! En una revista representada en
Folies-Bergre--el que no haya visto una de estas revistas no
tiene idea del ingenio parisiense; es para elevar un monumento al peor
de nuestros currinches,--se ha introducido una escena: El presidente
Castro en Pars, y qu dirn ustedes que se les ha ocurrido? Hacerla
representar por Cnsul Peter; un chimpanc inteligentsimo; superior,
seguramente, en inteligencia al autor de la escena, al pblico que la
re y al que sin rerse la tolera.

No es ocasin de juzgar la figura poltica del presidente Castro, y
mucho menos su figura particular; pero, habra de ser muy despreciable
y siempre merecera siquiera por ciudadano de un noble pas, algo ms
de consideracin que la simiesca caricatura. No ser por tirano por lo
que merezca de los franceses un desprecio que no han merecido de ellos
el zar de Rusia ni el sultn de Turqua. Ni por especulador de mal
gnero, suponiendo que lo hubiera sido; cuando ellos estn  partir
un pin con el buen Leopoldo de Blgica y del Congo. Qu espritu
de moral justiciera es ese, tan severo con un presidente cado, como
tolerante con majestades encumbradas? Es que los franceses le hubieran
perdonado todo al presidente Castro; lo que no pueden perdonarle es la
oposicin  dejar explotar su pas por los especuladores franceses.

Aprendan, aprendan los buenos americanos, lo que significan para
esa Francia y su Pars, al que ellos adoran y  donde ellos acuden
inocentes  copiar todos los figurines materiales y espirituales.
Pars que invent por ellos y para ellos las palabras rastaquere y
rastaquerisme; Pars, que los arruina y se re de ellos.

Por si la escena del mono, por ser en tal lugar y de tal arte, no
mereciera tomarse en cuenta como sntoma caracterstico, ah est
flamante y literaria la obra de Abel Hermant: Trenes de lujo; en
donde los americanos hacen tambin un papel ridculo. Y tan contentos!
Qu diran si en Espaa, donde siempre se les ha tratado con respeto,
los escritores nos permitiramos esas desconsideraciones? Pero en
Pars... Ah, en Pars! Son tan ingeniosos, tan espirituales! En
cualquier parte un chimpanc sera un chimpanc; pero all no; es el
presidente de una nacin americana; es todo un smbolo... Ni los de
Ibsen!

                   *       *       *       *       *

La masa neutra ha demostrado en su primera presentacin y  pesar de la
falta de ensayos, que no es tan neutra como algunos crean. Gran error
pensar que los que no estn con nadie no estn en contra de uno!

No ha sido el despertar de ningn len, seguramente, el pacfico salir
de sus casillas, aunque no del encasillado--todo se andar,--de los
retrados electores. Pero vamos, como despertar de gato domstico,
que duerme sosegado y vienen  molestarle, no ha estado mal el primer
araazo.

Algunos disgustos est llamada  dar esta masa neutra, que una vez
despierta, ha de avisparse ms cada da. Malo para los gobernantes
si lo toman en serio, y peor si lo toman  broma y las elecciones
se convierten en sport  la moda. Por lo pronto, en estas
elecciones, las seoras se han movido como nunca... No sean ustedes
maliciosos! Muy pronto habr ts electorales y soirees de seoras
compromisarias. En las reuniones cursis se jugar  sacar diputados,
como antes  la lotera y  los estrechos. El clsico pucherazo,
reservado para interventores traviesos y secretarios de Ayuntamiento
marrulleros, correr ahora  cargo de femeninas manos: ms propias para
manejar pucheros. Con el voto obligatorio, la intervencin electoral de
las mujeres ser decisiva. Con cada varn votarn su esposa, su novia,
sus amigas. Ser el voto neutro. Pero la masa ser lo menos neutra
posible. Nada de medias tintas. Las mujeres son extremosas en todo; con
Dios  con el diablo. Por eso, con la intervencin de la masa neutra
en las votaciones, los que deben decidirse pronto por uno de estos
extremos, son los partidos neutros. Hay que decidirse; el pas ya se ha
visto que esta decidido.

                   *       *       *       *       *

D. Enrique Vargas, en la redondez del mundo; Minuto, en la redondez
de las plazas, publica un reglamento de apuestas, con aplicacin 
las corridas de toros, que vendran  competir de esta suerte con los
frontones, hipdromos, casinos veraniegos y crculos aristocrticos.
Los verdaderos aficionados pondrn el grito en el cielo, al saber cmo
intenta desnaturalizarse nuestro castizo espectculo; el ms tpico
ejemplar de arte por el arte mismo; esttica pura.

Mal sntoma es, en verdad, que ya sea preciso aderezar el filete,
como si lo sangrante no le bastara, con esta salsilla picante. Y peor
sntoma que haya sido un lidiador el primero que lo proponga; porque
indica cierta desconfianza en los propios recursos para amenizar la
fiesta.

No es decir que ya no se haya puesto en prctica lo que ahora se
pretende. Recuerdo haber jugado varias poules en corridas de toros,
en que haba de ganar el agraciado con el toro que ms caballos
destripase. Recuerdo tambin, que para mayor aliciente, jugbamos
alguna vez una poule ilustrada, en las que un picador cogido vala
por un caballo, un banderillero por dos y un matador por cuatro.
La equivalencia, como puede juzgarse, era por sueldos. Esta ltima
combinacin en las apuestas hubo de suprimirse  ruegos de una
distinguida seora, abonada  delantera de grada; porque, segn nos
dijo aquello le pareca una barbaridad, porque cuando el toro que
se jugaba no haba matado ningn caballo, no poda uno evitar el
mal pensamiento de desear que cogiera  alguien, aunque no fuera ms
que un rasguito, claro est... Todos los jugadores convinimos en
que, efectivamente, se senta uno brbaro, y suprimimos la poule
ilustrada. Nos sentamos compasivos y era de ver cmo, en nuestro toro
increpbamos  los monos sabios porque no daban la puntilla en el acto
 los pobres caballos heridos... Era una crueldad verlos padecer! El
corazn humano guarda tesoros de bondad incalculables; todo est en
saber llegar  su fibra sensible.

                             [Ilustracin]




                                  XI


Por mi parte, no s cmo corresponder  la atencin del nuevo jefe
superior de polica. Su reciente circular, encaminada  la represin de
la blasfemia, trae,  modo de brindis, ofrecimiento  envo, como en
balada antigua  modernista--los extremos se tocan,--los nombres de D.
Mariano de Cvia, el mayor maestro, y el de este su menor discpulo.
Y ya quisiramos pardiez!  tan poca costa, ser siempre atendidos en
empresas de mayor empeo; porque, en verdad, si no da muy buena idea de
la cultura de un pueblo, ese verdadero derroche de torpes vocablos y
groseras frases y, repetidas veces, en cuanto al teatro se refiere, he
censurado el abuso de chuleras; de eso  pedir la intervencin de la
autoridad, hay un abismo; temible siempre, como lo es toda intervencin
de la autoridad en Espaa.

La grosera en el lenguaje, es slo sntoma de la grosera espiritual,
que podr taparse, pero no desaparecer con cataplasmas y parchecitos.
Buenos reconstituyentes y depurativos  cargo de padres, maestros y
educadores, han de ser ms eficaces y procedentes.

Entre tanto, sera de lamentar para nosotros, de reir para todos, que,
los mal supuestos inspiradores de la circular, furamos los primeros
en caer bajo su peso. Quin puede responder de su pcara lengua en
cualquier momento? Y que, hay das, la verdad, en que sin dos  tres
palabrotas bien colocadas, reventara uno. Los fisilogos saben que
esto de blasfemar y palabrotear, no tiene muchas veces ms importancia
que la de cualquier otra necesidad fisiolgica: una expansin de los
nervios, un escape de energas en palabras rimbombantes que acaso no
tienen ms valor que el puramente onomatopyico.

Sabido es el cuento de aquel marinero que, desde la punta del palo
mayor, sinti escurrrsele pies y manos, y al prorrumpir en horrible
blasfemia, con desesperada contraccin, logr asirse  una escala, casi
en el aire y salv su vida. El cura del barco, espectador y oyente de
todo, le reprendi despus muy severo: Desdichado! En tan horrible
peligro y no encontrar otras palabras que esa infernal blasfemia! No
pensaste que Dios pudo haberte castigado? Ya puedes darle gracias.

--S, padre; tiene usted razn... Fu una barbaridad lo que dije; pero,
mire usted, padre, como en vez de decir eso, me hubiera entretenido en
decir: Jess mo, Virgencita ma, salvadme!... Entonces es cuando no
agarro la cuerda y me descrismo...

                   *       *       *       *       *

Otra aplicacin del sistema tan nacional, de preocuparse por lo
sintomtico, es lo de andar pensando en festejos para remediar la
llamada crisis del comercio madrileo. Pobre ciudad y pobre comercio
los que no cuenten para atraer viajeros y compradores con otros
recursos que unos malos festejos de feria!

La gente sabe ya lo bastante, para haber aprendido que, justamente en
das de fiestas y jolgorios, es cuando se hace ms insoportable la
estancia en cualquier parte. Esos seores comerciantes y fondistas,
tan interesados ahora en el atractivo de las fiestas, son despus
los primeros en contribuir  que los pobres forasteros salgan de
Madrid como gatos escaldados. No hay en Madrid un solo hotel en
justa proporcin de sus precios con sus comodidades. Hoteles que, en
cualquier capital del mundo, se consideraran como de tercer orden,
tienen aqu pretensiones como de primero. Del estado de calles, paseos,
coches de alquiler, servicio de tranva, de la novedad y buen gusto
en los espectculos pblicos; de todo, en fin, lo que contribuye de
un modo permanente  la atraccin de viajeros en otras capitales, no
hay para qu hablar, porque ya es milagroso, en estas condiciones, que
Madrid no se despueble  toda prisa para pensar en que vengan los de
fuera  gozar de sus encantos.

Antes de pensar en fiestas, pensemos en barrer y en fregar la casa. Ya
que no vengan los de fuera, que estemos ms  gusto los de dentro.

Y cuando se piense en fiestas, sea en verdaderas fiestas de arte.
Bayreuth, ahora Munich, llaman gentes de todo el mundo, con sus ciclos
wagnerianos; Dresde con su teatro de arte; Strafford-sur Avon con sus
representaciones de obras de Shakespeare. Contamos nosotros con un
teatro clsico que es admiracin de los extranjeros; representaciones
artsticas de sus obras ms famosas atraeran, seguramente,  muchos
de sus admiradores, franceses, ingleses, alemanes particularmente.
Exposiciones arqueolgicas, msica y bailes nacionales; cabalgatas
histricas, en que no se desdearan de tomar parte activa, como
en otros pases se acostumbra, sin el ridculo temor al ridculo,
nuestros aristcratas y nuestros artistas. Mucho puede hacerse con
buena voluntad y verdadero patriotismo, del grande; el que consiste en
hacer cada uno lo suyo, en vez de irle pidiendo al vecino que haga por
nosotros.

                             [Ilustracin]




                                  XII


El piropo supone amabilidad y galantera; cuando era verdadero piropo
no era lo peor que las mujeres podan oir al pasar por las calles. Con
prohibirlo, dejarn de oir groseras? El respeto  la calle que, por
ser tan de todos, es donde menos debemos ser cada cual como somos,
es la seal mas evidente de la cultura de un pueblo. Y aqu cielo
santo! por la calle se habla  gritos de religin y de poltica, y
de mujeres y de hombres; por la calle le espetan  uno en su cara lo
mismo la admiracin que el desprecio; que el comentario  la figura
que el juicio crtico del atavo, modesto  llamativo; en la calle le
para  uno cualquiera, al sol  la lluvia, sin conocernos mas que de
vista, y de plantn, nos refiere su lastimosa historia  nos anuncia la
lectura de una comedia; en la calle nos interpela el amigo francote,
de acera  acera, sobre los asuntos ms reservados:--Ya habl con ese
hombre... Dice que te llevara al Juzgado... Ya nos veremos... Otras
veces, desde la plataforma de un tranva, otro campechano, pero algo
ms discreto, nos grita, cuando vamos sentados en el interior, entre
otros viajeros:--Cmo va? Se le arregl  usted aquello?... Aquello!
que abre amplios horizontes  la imaginacin, y lo mismo puede ser
un pleito, que un disgusto de familia, que un rgano importante...
Habr ordenanzas de polica capaces de evitar estas y otras mil
impertinencias callejeras, que no son piropos, ni blasfemias, ni
vendedores ambulantes?

                   *       *       *       *       *

Acabo de leer el nuevo libro de poesas de Fernndez Shaw: La vida
loca. Yo dira del libro y del poeta... Pero no; seamos discretos.
El propio autor nos ha dado una provechosa, y quiero demostrar que
aprovechada, leccin de tacto y de mesura en esto de opinar sobre
autores contemporneos. Preguntndole un crtico su opinin sobre el
teatro moderno, el seor Fernndez Shaw no quiso en modo alguno soltar
prenda, se limit  sonreir. Oh, la sonrisa, qu discreta opinin! Y
 decir: No me pregunte usted. De los autores del siglo XIX, admiro 
Tamayo y  Ayala.--S que es un gusto; teniendo  Zorrilla y  Garca
Gutirrez, ms propios para ser admirados por un poeta. Pero el Sr.
Fernndez Shaw respondi muy juiciosamente. No se debe opinar en
pblico sobre autores vivos; otra cosa es en dedicatorias particulares.
Preferir  unos es molestar  los otros; celebrar  todos por igual, es
demasiado; decir francamente que todos son malos, es contradecir las
dedicatorias... Nada, nada; lo ms discreto es sonreir y remontarse 
los muertos. Prudentsima actitud que yo tengo ahora muy en cuenta
y, aunque sabe Dios, que slo flores pensaba decir del nuevo libro,
me limitar  sonreir y  decirles  ustedes: Admiro  Gngora y 
Garcilaso. Ni con los del siglo XVIII ni con los del siglo XIX quiero
compromisos.

                   *       *       *       *       *

Los buenos propsitos duran poco. Leo otro libro: Tardes del
Sanatorio, de Silvio Kosstti, y sin saber quin sea el autor, ni
tener de l otra noticia que su libro y nombre--suponiendo que sea el
verdadero y no un pseudnimo, como parece,--me atrevo  opinar y 
proclamarlo como libro de muy agradable y sabrosa lectura; libro que
sabe  vida, entre tantos que slo saben  libros. Libro de humor y de
donaires,  la manera de aquel D. Francisco de Torres y Villarroel,
original excntrico de nuestra literatura, tan poco estudiado todava y
tan digno de serlo.

                   *       *       *       *       *

Un nuevo nombre viene, sacado  luz por minuciosa crtica literaria, 
disputar una vez ms  Shakespeare la paternidad de sus obras. Antes
fu el de Bacon; despus el del conde de Pembroke; ahora es el de
Rutland... Crtica sabia, crtica erudita, que no puede resignarse
 juzgar obras tan admirables, como obra de un comediante vulgar;
de un hombre que no poda ser literato... Pero hay literatura en
las obras de Shakespeare? Literatura personal, literatura que no
sea la de todos los predecesores y contemporneos suyos en el teatro
ingls? Hay en la tcnica, en los asuntos, en la composicin de sus
obras algo que no est en los dems autores de su tiempo? Qu hay
sobre todo esto en las obras de Shakespeare, para que  todas sean
superiores? Es literatura? No. Es saber de la vida, del bien y del
mal de ella, de los palacios y de los tugurios, de los reyes y de
los rufianes... Y para esto, quin mejor que el humilde comediante?
Shakespeare, literato, hubiera sido solo el autor de Venus y Adonis;
como Cervantes lo hubiera sido solo de La Galatea  del Persiles.
Shakespeare, como Cervantes, fueron ellos... por ser ellos; los que de
todo sufrieron y por todo pasaron... Pasaron! Esa es la grandeza de
los espritus superiores; pasar por todo. Los pequeos son los que no
pasan; se quedan en cualquier parte: en la literatura, por ejemplo:
Como esos crticos, empeados en encontrar al literato en las obras
de Shakespeare; sin saber encontrar al hombre; el que revel todo el
secreto de su alma y de su arte en aquel: And I, Poor monster! Y yo
Pobre monstruo! de su Noche de Reyes.

                             [Ilustracin]




                                 XIII


No s si algn liberal de los fsiles, despus de leer El resplandor
de la hoguera, la ltima novela de Valle Incln, le juzgara
definitivamente afiliado al partido carlista y le llorara muerto
para la literatura; para la literatura liberal, que no es toda la
literatura, por lo mismo que toda la literatura sea ante todo libertad.

Por m, s decir que no conozco narracin de nuestras guerras civiles
tan artsticamente desapasionada de toda idea de partido. Son en ella,
los de uno y otro bando, seres humanos de toda humanidad, y sobre ellos
pasa, fatdica, esa ventolera de locura colectiva que de cuando en
cuando enardece  los pueblos y los lleva  guerrear por cosas que el
da antes nada les importaban y que, en razn, no debieran importarles
nunca. Pasa entonces, sobre los espritus ms vulgares y pacficos,
un aliento de grandeza, que convierte en gran estratgico  un rudo
cabecilla; en hroe, capaz del martirio,  un rstico idiota, en madre
de los Gracos,  la menos cvica campesina... en temibles conspiradoras
 buenas seoras de pueblo y  monjas bobaliconas... Los espritus se
afinan, se sutilizan, se subliman... En nombre de una idea? Bah! Esto
de tener simpata por una idea  por otra, depende de tan poca cosa!
Que fueran los carlistas  los liberales los que robaron unas gallinas
 los que llegaron con mal modo; que fuera de un partido  del otro el
que prest los cuartos sobre las tierras... Ideas! Qu saben de ideas
los que matan y los que mueren? We are flies that gods kill for their
sport. Como deca el rey Lear: Somos como moscas, que los dioses matan
por pasatiempo.

Este pasatiempo de los dioses, que se llama la guerra; esta fatalidad
de las pobres moscas humanas, que las lleva  combatir unas contra
otras, enloquecidas, parece sobre todo en la admirable narracin de
Valle-Incln; cuyo espritu de artista no permite vulgares filiaciones
de partido poltico, ni siquiera de escuela literaria.

                   *       *       *       *       *

La Asociacin Matritense de Caridad vuelve  solicitar el auxilio
y la atencin de todos, en su loable propsito de extinguir la
mendicidad callejera. Para conseguirlo por completo hay algunos graves
inconvenientes. Somos desconfiados y sensibleros. Para ser desconfiados
tenemos muy buenas razones. Muchos siglos de psima administracin.
Para ser sensibleros no tenemos tantas, si consideramos que el problema
de la mendicidad no se remedia con sentimentalismos. Se trata de una
enfermedad social que es preciso combatir en sus races. Mdicos y
socilogos son los llamados  proponer remedios.

El emplastito de los cinco cntimos, que nos quita por el momento
al mendigo molesto de delante, si basta  tranquilizar conciencias
fciles, no basta  remediar miseria alguna. Slo contribuye  fomentar
la vagancia. Tngase en cuenta que muchos de esos pobres madrileos
bigardos de todos conocidos, suelen ser santeros de ladrones y rateros,
cmplices de estafas y de mil trapisondas. No poco contribuyen
tambin al fomento de la vagancia y de la pillera nuestros seoritos
chirigoteros que dan en proteger  cualquier golfo desvergonzado y
le ren las bufonadas y le celebran las desvergenzas. Esa simpata
estara mejor empleada en el trabajador; pero acaso les es ms fcil
ponerse en el caso del golfo y de ah la simpata.

Triste es, tambin, rechazar con dureza al nio que nos tiende la mano;
pero debemos pensar que, si explotado por sus padres  abandonado  s
mismo, halla mayor facilidad en el pordioseo que en el trabajo  en la
escuela, ser ya imposible que desista de tan fcil vida.

Dejmonos, pues, de sensibleras; dejemos tambin la desconfianza.
Ayudemos entre todos  la Asociacin de Caridad; que no hay motivos
para que en Madrid sea imposible lo que ha podido ser en otras
capitales de menos dinero, y tal vez de menos caridad. Un poco ms de
cabeza y menos corazn. Cuando habiendo contribudo todos con la mejor
voluntad veamos que nada se ha remediado, tiempo ser de considerar
fracasadas las gestiones de la Asociacin y de las autoridades, y
podremos volver  repartir perritos chicos  tontas y locas, es decir,
 vagos y  pillos. No hay idea de lo bien que se duerme, cuando con
veinticinco  treinta cntimos, cree uno haber resuelto el problema
social y haber ganado un buen asiento de paraso.

                   *       *       *       *       *

El aristocrtico pblico que asiste  las representaciones de Tina de
Lorenzo, en el teatro de la Comedia, no suele acudir hasta hora muy
avanzada de la noche. En este tiempo se prolonga el paseo, se come
tarde... Si alguna vez veis llegar presurosos,  las nueve en punto,
coches y automviles, y al levantarse el teln, veis el teatro lleno,
podis asegurar  qu gnero pertenece la comedia representada: es una
obra verde. Ahora s, es preciso que la verdura sea alegre; que d que
reir y no d en qu pensar. Entre La Sfumatura y La Donna Nuda, no
hay comparacin posible.

En los turnos blancos triunfan Feuillet y Ohnet, ms blancos que la
nieve. Seor! Y  m que no hay nada que me parezca tan inmoral como
la tontera!

Por fortuna, las preciosas nias abonadas tienen cara de estar pensando
en otra cosa. Y las mams tambin, rejuvenecidas por los recuerdos del
Romanzo d'un giovane povero... Recuerdos y esperanzas de vida! La
moral llama al orden desde el proscenio, con severa campanilla. Por la
sala, la vida agita sus cascabeles que suenan  risas.

                             [Ilustracin]




                                  XIV


 las naturales bromas, inspiradas por la natural desconfianza en la
aplicacin de tanta y tanta pragmtica como diluvia sobre madrileas
cabezas--porque en provincias, ranse ustedes de cierres  hora fija,
descansos dominicales, etc., etc.,--responden los ministerialsimos,
con atribuirlas  crticos de caf. Y en esa frase ponen todo el
desprecio que les inspiran los cuatro madrileos gatos que,  falta de
una tertulia ministerial, donde tomarlo de gorra, van  tomar un caf
al caf, con gotas de censura  la infalible poltica que nos gobierna.

Estos crticos de caf, gentecilla de poco ms  menos, con echarlo
todo  crtica y  broma, son los que impiden el buen xito de tanta
sabia y moralizadora ordenanza. Se trata de prohibir la mendicidad
callejera; el crtico de caf, habr escptico! como va de su casa
al caf por sus pasos contados y no en coche como las autoridades,
y en cada esquina le acosan veinte pobres, y si lleva prisa, ha
de echarse por medio de la calle,  riesgo de ser atropellado por
los automviles--obedientes tambin  lo ordenado para regular su
marcha,--porque las aceras son crculo de recreo  los de la venerable
y castiza orden del Plantn;  poco prctico que sea en los golfos
de este mar, como dijo Tirso de Molina, ver cmo campan hampones,
recin salidos de presidio, vagos de profesin, agentes de toda clase
de negocios, toreros sin contrata, vendedores del ful, libreros  la
menta... Cmo no ha de tomar  broma las ordenanzas?

Se prohibe la blasfemia, y hasta en los salones de conferencias del
Senado y Congreso, no hay divinidad que se respete, ni la de D.
Antonio Maura, y los que tenemos creencias, no sabemos ya  qu santo
encomendarnos, de quien no se haya dicho algo.

Se prohibe molestar  las mujeres con piropos y se las deja  ellas en
libertad de molestarnos, como si nosotros no tuviramos tambin nuestro
pudor y cada uno no supiera cuando le aprieta el zapato, y dnde ir 
calzarse lo que mejor le convenga.

Y cuando todo esto vemos  cada hora, no ha de sernos permitida la
ms ligera crtica de caf, sin vernos tratar de vulgacho? Todos no
podemos ir  murmurar en las mismsimas antecmaras de los ministerios,
ni en dorados salones, ni en despachos de directores de peridicos
ministeriales. Oh! No hay duda de que all la murmuracin es ms
sabrosa que en el vulgar caf. Como que all se cobra y aqu se paga.

Pero en la poltica sucede como en el teatro; el pblico que paga es el
que menos aplaude ni silba; en cambio los de la gorra, sin perjuicio de
aparentar que aplauden en pblico, son los que desacreditan la obra y 
los actores en los corrillos del vestbulo.

No, seores ministeriales, la opinin, la prensa, el pas, en general,
nunca han estado mejor dispuestos; nunca han querido creer, tanto
como ahora, en que sera posible mejorar en algo, nunca han esperado
tanto... Y aun lo envuelven ustedes todo en el despectivo nombre de
crticos de caf! Como estn ustedes tan mal acostumbrados! No han
tenido ustedes otra verdadera oposicin que la de esos crticos. Porque
la otra no ha sido de caf, precisamente: ha sido... lo que suele
acompaarle  ms del azcar.

                   *       *       *       *       *

Nada ms fcil que un poco de sociologa  propsito del dispendio que
supone la nueva banda municipal. Pero yo, que en la aldea, en donde
paso largas temporadas, cuando llega algn pobre chicuelo  mi puerta y
all se para  admirar las rosas del jardn, nicas flores en tan pobre
tierra, suelo unir  un pedazo de pan una rosa, no sin que alguien me
advierta que con el pan bastaba, aunque yo veo cmo muchas veces, la
boca hambrienta del chicuelo, antes que morder el pan, sonre  la
rosa... Cmo no he de estimar en lo que vale, aunque mucho cueste,
esta flor de arte prendida en nuestra pobreza, para alegrarla? Bien
est el pan, pero no estn mal las rosas.

Y bien est la banda municipal, y por esta vez slo plcemes merece
nuestro Concejo. No frunza el ceo el leader del socialismo que, al
fin, el socialismo, por lo que tiene de armona social, tiene mucho de
ideal artstico y mucho debe al arte, aunque nuestros socialistas le
traten con despego.

Magnfico instrumental, excelentes msicos, direccin entusiasta. El
maestro Villa nada tiene que envidiar  los directores alemanes en
precisin y en claridad, con algo que no estorba nunca, el calor y la
sangre de la tierra. Como aqu trabaja uno por cada veinte que no hacen
nada, ese uno trabaja por los veinte: gracias  eso vamos tirando. El
maestro Villa es de los que trabajan.

La banda madrilea, que desde hoy ser orgullo de este pueblo, el del
gracioso andar de sus mujeres, aprendido al sn de msicas callejeras,
tuvo un digno comienzo; saludar con la marcha de infantes  la
madrilesima infanta Doa Isabel. Despus... hubo alguien que pensara
en lo que puede costar la banda? Poder soberano del arte! Al salir del
concierto, nos pareca que los faroles de la villa alumbraban con mayor
claridad y que las calles estaban mas limpias y mejor cuidadas.

                   *       *       *       *       *

Moritz I es un chimpanc de los que alegran la vida  un darwinista.
Que ocasin para un sabio aspirante  Menelao cientfico! como el
gracioso doctor de Las tardes del Sanatorio.

Pero no hay que olvidar  los de casa por los de fuera. Ustedes no
conocen  la Nena, chimpanc hembra, residente en nuestra Casa de
fieras del Retiro? Nada tiene que envidiar  Moritz I, ni  Cnsul I y
II, ni  la mismsima Eva mona, de la que, acaso, todos descendemos.
Nena es una verdadera monada; posee todas las virtudes femeninas y una
ms, la de vestirse con muy poco y no llevar sombrero. Tiene adoracin
por el encargado de cuidarla, es cariosa con los nios, rara condicin
en monos y en institutrices; sus gracias son muchas y no profesionales,
ni enseadas, sino de lo ms espontneo  instintivo. No debe
avergonzarnos nuestro origen. Yo no creo  Nena capaz de ir  sonsacar
 ningn mono Adn con la manzana. Nena se la hubiera comido ella sola.

                             [Ilustracin]




                                  XV


Verdaderas fiestas de arte son las que prepara la ciudad de Munich,
para lograr honra y provecho que  despecho de nuestro pesimista
proverbio, bien caben en un saco. El programa no puede ser mas
atractivo. De Julio  Agosto, en el teatro Real de la Residencia,
festival de Mozart, en dos series de representaciones. Las bodas de
Fgaro, Don Juan, El rapto en el serrallo, As hacen todas;
obras maestras de gracia, de sentimiento, de cortesana, propias para
ser cantadas en salones de prncipes artistas. De Agosto  Septiembre,
en el teatro del Prncipe Regente, ciclos wagnerianos: Los maestros
cantores, Tristn  Iseo, Tanhauser y la triloga con su prlogo
El oro del Rhin. Estas representaciones, al decir de cuantos han
podido comparar unas y otras, exceden  las de Bayreuth por el mrito
de los cantantes y lo perfecto de la presentacin en escena. Por si no
fuera bastante, de Junio  Septiembre actuar la compaa del teatro
de los Artistas, la ms renombrada de Alemania, bajo la direccin
del profesor Max Rheinhardt. En el repertorio figuran: Hamlet,
Sueo en noche estival, El mercader de Venecia, de Shakespeare;
Fausto, de Goethe; Los bandidos, de Schiller; Lisistrata, de
Aristfanes. Obras que estamos hartos de ver por aqu,  peticin de
los distinguidos abonados  turno de moda.

Con estas bagatelas basta para que  la ciudad de Munich llegue
gente de todas partes  dejar muy gustosa su dinero. El arte bien
administrado puede ser industria muy provechosa. No lo olviden nuestras
inevitables comisiones cuando vuelvan  pensar, con mejor fortuna,
en organizar festejos. El Teatro Nacional, bien organizado, pudiera
ser excelente base para estas fiestas de arte. El Teatro espaol,
antiguo y moderno, interesa ms de lo que nosotros creemos  muchos
extranjeros. No hay que juzgar por lo que signifiquemos en Francia. Es
vulgar creencia espaola que, por nuestra amable vecina, nos llega 
los espaoles toda claridad intelectual. Yo creo que en muchos casos, 
la intercepta  la refleja del color de sus cristales; que no son los
ms claros. Los franceses  no se interesan por lo extranjero, , si se
interesan por algo, han de decir que es suyo. Ahora mismo, admirados
ante los bailarines rusos, aseguran que si son admirables es porque han
recogido la tradicin del baile francs, casi perdida en Francia. En
los saltos prodigiosos del bailarn Nijinsky aplauden, ms que nada, lo
que tienen de salto hacia atrs, hacia el gran arte del baile francs.
De los franceses procede todo; ellos solos son principio y fin de todas
las cosas.

                   *       *       *       *       *

La Exposicin de la Infancia no ha pasado de ser una plausible
buena intencin; un modesto ensayo, que no debe desanimar  sus
organizadores, para acometer de nuevo la empresa. Tal como esta es muy
poco, en algo de tan sagrado inters como la infancia. Una escuela
modelo que, en efecto lo es, si recordamos muchas que hemos visto.
Libros para nios, con vistosas, no muy artsticas cubiertas... Ah,
los libros ingleses para nios, primores de arte!

En la Exposicin se muestran cerrados; y si hemos de juzgar por algunos
que en alguna ocasin hojeamos, bien estn as; es como pueden ser ms
provechosos.

Aun as, la Exposicin debe ser visitada por todos. Lo deficiente
es el mejor acicate al deseo de mejorar. Si hubiramos llegado  la
perfeccin, tal vez nos dormiramos; y ahora que  muchos sabios les
ha dado por predicar las ventajas de la ignorancia, no es hora de que
duerman cuantos creen, como dijo Jess, que slo no es perdonable un
pecado; el pecado contra el Espritu. En Espaa llevamos mucho tiempo
de pecar contra l; porque el mayor pecado es la ignorancia.

                   *       *       *       *       *

Llueven censuras sobre Felipe Trigo  cada nueva novela que publica.
Graves moralistas lanzan contra l los ms terribles anatemas. Dicen
sus detractores que abusa de la cuerda sensible amatoria. No hay
asunto ms interesante para el seor Trigo que este de la sexualidad? Y
creen ustedes en efecto, que hay otro mas importante? De ah nacimos
todos y esa es toda la vida. No sirve hacerse los desentendidos. Si
hombres y mujeres civilizados pretenden hacer asunto de misterio de
ese asunto, es porque saben bien que en l est el verdadero secreto
de nuestra vida y hay pocas vidas que puedan mostrar sus secretos.
Dime cmo amas, te dir quin eres. Obras de arte, empresas guerreras
y polticas, herosmos de la santidad, monstruosidades del crimen...
Todo lo que admira  espanta en la historia de la humanidad... En
dnde est nuestro secreto? Behind the veil; detrs del velo, como
dijo Tennyson, en otro sentido, pero ms exacto en ste. Detrs del
velo pudoroso con que todos procuramos ocultar el misterio de nuestros
amores... Todos, y ms que nadie, los fanfarrones del amor... Ah! De
esos, ya se sabe: dime de lo que presumes y te dir lo que no tienes.
De Don Juan Tenorio se sabe lo que l pregonaba, la lista de sus
conquistas; pero tambin se sabe que no tuvo hijos. Hay para dar en qu
pensar. En cambio, hay tantos que no presumen y podran llevar una
lista ms numerosa y ms completa que la de Don Juan Tenorio!

Y en las mujeres... Pobre Don Juan, qu saba l de las muchas mujeres
que le haran cara slo por el gusto de aadir uno ms  su lista!

Los ms impenetrables secretos de la historia seran de una diafanidad
asombrosa si los historiadores hubieran sabido darnos tan cabal cuenta
del acto de amor, en sus personajes, como Felipe Trigo sabe drnosla de
los suyos en sus novelas.

Por ejemplo; del proceso y prisin del prncipe D. Carlos, tan
diversamente comentado por historiadores y poetas, yo creo... Pero
seamos pudorosos. Si yo dijera lo que creo, se escandalizaran ustedes
como de una novela de Felipe Trigo.

                             [Ilustracin]




                                  XVI


Nuestro previsor y paternal gobierno, en vista de que el verano se
presenta aburrido, y acaso la banda municipal, no por falta de mritos,
sino por falta de lugares acomodados en que lucirlos, no baste  la
amenidad de nuestra vida, ha resuelto sustituir el acreditado crimen
misterioso de todos los veranos con algo tan interesante por lo menos:
la guerra misteriosa. Ella ser el acertijo, la inquietud y el inters
de todos: Iremos  Marruecos? Vamos? No vamos? Tenemos que hacer
all? No tenemos que hacer all nada?

Nuestros mejores talentos geogrficos, diplomticos, sociolgicos,
financieros, los que conocen el imperio vecino como su propia casa
y los que pasaron cuatro das en Tnger en aventuras exticas  lo
Loti, hartndose de judas, que ellos toman por moras, y figurndose
correr mil peligros en la conquista de alguna noble favorita de moro
rico, que luego resulta ser una bella Ftima de Marsella y su dueo
y celoso seor un apache con turbante y babuchas; todos ellos pueden
hacer gala en artculos periodsticos y conversaciones de playa 
Casino de sus profundos conocimientos, y volveremos  oir aquello de:
El pas no quiere aventuras,  No debemos renunciar al importante
papel que, por nuestra historia y nuestro porvenir, estamos llamados
 representar en Marruecos. Y habr planos trazados en las arenosas
playas  en los tableros de mrmol de los cafs, y habr estadsticas
comerciales abrumadoras. Nuestro comercio de exportacin, nuestra
industria... Y unos gritarn: Guerra, guerra!, y otros clamarn que
la guerra sera el fin de Espaa, ese fin anunciado tantas veces y que,
por fortuna, no llegar nunca; porque Espaa es tan dura de pelar como
el imperio de Marruecos, amenazado siempre tambin de aniquilamiento
y ruina. Nadie puede calcular la fuerza de los dbiles! Ni nadie en
mejores condiciones que ellos para atreverse  todo. Si algo debe
hacernos dudar en acometer la aventura, es esa consideracin: Por poco
que tengamos que perder nosotros, an tienen menos que perder ellos,
y esa ventaja es inapreciable para toda clase de luchas. Las guerras
y los negocios, sin dinero; es el nico modo de no perder nunca. Yo
creo que si algo nos estorba en Espaa para volver  recobrar nuestro
prestigio en el mundo, no es nuestra pobreza, sino los cuatro cuartos
que tenemos. El da que nos decidamos  tirarlos por la ventana,
empezaremos  ser alguien.

                   *       *       *       *       *

El seor ministro de la Gobernacin piensa en enrgicas medidas para
evitar que en lo sucesivo registre la crnica tauromquica jornadas tan
desastrosas como la ltima de las cinco cogidas. Cinco en un solo da!
Es demasiado. Y en distintas plazas! Para que no puedan disfrutar de
todas ellas los mismos espectadores... Es lamentable.

Medidas enrgicas?

La profusin de accidentes no es el mejor motivo para tomar medidas
enrgicas contra la fiesta taurina. Qu ms enrgica medida que la de
los mismos toros?  pocos domingos como el de marras, no quedaba un
torero, y asunto resuelto.

Vendr la supresin en absoluto? Hombre es D. Juan capaz de
atreverse, no digo con la torera, hasta con el clero, si esto no fuera
contra la doctrina conservadora. Ah, si D. Juan fuera liberal como es
conservador, la ley de Asociaciones no hubiera quedado en proyecto!

Tendremos corridas  la portuguesa? Se exigir  cuantos toreros
pisen plazas un certificado de suficiencia; bachillerato para torear
novillos, licenciatura para toros y doctorado para miuras?

Por dnde vendr la muerte? Mal hara el seor ministro en querer
precipitarla, exponindose por el contrario  levantar al toro,
como cachetero desmaado. Deje, deje  toreros, ganaderos, toros y
pblico, que ellos solos se bastan para concluir con la fiesta, por
aburrimiento, que es la ms segura muerte.

Entre esos toreros, en vano aupados por los amigos; esos toreros de una
estocada, que bien pudiera llamarse la estocada del hambre, cada cinco
aos; las exigencias de los eminentes, la falta de tradicin en los
aprendices toreros y en el pblico aficionado que ya, por no haberlo
visto en muchos aos, no sabe distinguir un volapi de una carrerilla
de esas con que ahora se caza, no se mata,  los toros... Adems, las
clases obreras estn ms alejadas cada da del espectculo, sostenido
por la clase media desocupada y la aristocracia aburrida, y... sntoma
significativo:  los nios de ahora no les gustan los toros. He podido
comprobarlo en repetidas observaciones.

Unos cuantos aos ms y habr que sostener las corridas de toros con
subvenciones del Estado, como una curiosidad arqueolgica que puede
interesar  los extranjeros.

                             [Ilustracin]




                                 XVII


Y aun hay vanidosos! Esto pensaba yo el otro da, ante el mausoleo de
Chueca, inaugurado con... solemnidad? Oh, s! Demasiada solemnidad.

Amables oradores, lisonjeros poetas nos hablaron del pueblo all
presente para honrar  su msico... El pueblo? Yo no le v por ninguna
parte. All no estbamos mas que los precisos operarios, el grupo de
siempre, los de obligacin. Y no todos. Las bellas artistas de nuestros
teatros alegaron en disculpa de su ausencia, la hora inconveniente;
hora de ensayos  de seccin vermouth... Vaya por Dios! Para qu
mejor ocasin juzgarn las empresas que vala la pena de conceder un
da de asueto  sus artistas?

Y esto por Chueca, el popular, el glorioso entre todos. Se entera
usted, seor don Nadie? Usted, el que cree haber conquistado el
derecho  la inmortalidad, con una crnica colorista  con un soneto
cincelado; usted, el que apenas se digna saludar  los amigos, y va
usted, por esas calles, despreciando las baldosas que pisa; indigno
pedestal de su grandeza... No le aprovechar  usted de nada esta
leccin y tantas otras? Crate vanidad!, como dice el Rey Lear.
Aprende que no es preciso salir de Espaa para que el nombre de
Cervantes sea ignorado; que de Zorrilla, el popular poeta, no hay,
fuera del consabido crculo, quien sepa ms all del Tenorio; y yo s
de personas bastante cultas, que confundieron al poeta con el poltico.

Cmo nos engaamos unos  otros con esto de la popularidad! Se
lamentaba un buen seor, indignamente puesto en ridculo por su
esposa... Ya ve usted! Todo Madrid lo sabe!--Bah!--le consolaba un
amigo;--todo Madrid? Vyase usted  Carabanchel.

Es usted popular? Pues pregunte, pregunte al primero que pase por la
calle... Y aun queda mucho mundo y otros mundos... y aun hay vanidosos!

                   *       *       *       *       *

El reglamento del Teatro Espaol--por fin, es Espaol,--aun no esta
aprobado oficialmente, y claro est que cuanto de l se anticipe,
estar expuesto  rectificaciones. Mas, como una vez aprobado, sera
tarde para ponerle peros, es preferible pecar de anticipado, llamando
la atencin sobre algunas ligeras enormidades anunciadas, que aun es
tiempo de rectificar.

Primeramente se anuncia que el cuadro de artistas se dividir en dos,
uno dramtico y otro cmico.  qu esa divisin? En el Teatro Francs
puede estar justificada, porque en Francia la tragedia clsica es un
gnero aparte, y es tragedia desde antes de levantarse el teln hasta
que termina, sin mezcla de comedia alguna. Pero en el Teatro Espaol,
aparte media docena de tragedias  lo clsico, de que vale mas no
acordarse, lo mismo en el teatro antiguo que en el moderno, lo trgico
y lo cmico se entremezclan de tal manera, no ya en cada obra, sino en
cada personaje, que esa divisin entre actores dramticos y cmicos
slo puede conducir  promover un conflicto por obra.

Se reparte El alcalde de Zalamea. Que cuadro debe representarlo? El
dramtico? El cmico? El papel de Don Lope de Figueroa, es trgico?
es cmico?

As que nuestros actores necesitan mucho para clasificarse y rechazar
papeles que no creen de su cuerda! Yo soy del cuadro dramtico--dira
alguno,--y en este papel que me han repartido hay dos chistes y una
situacin cmica. Yo estoy aqu para hacer reir--dira el otro,--y al
personaje que represento se le muere un to, que no le deja nada, en
el segundo acto. Suprima, suprima la comisin ese articulito. Compaa
una; dramtica y cmica. Nada de clasificaciones. Jvenes, los jvenes;
actores de carcter, los veteranos; graciosos  tristes, segn pida
el carcter de los personajes. Nada de damitas con cuarenta aos de
servicios, poniendo la boca chiquita para decir: pap y mam! Nada
de galanes jvenes con biso y dentadura postiza. Esto en cuanto se
refiere  la organizacin de la compaa.

La otra pequea atrocidad es la siguiente: El criterio para retirar las
obras del cartel no ser otro que el ingreso en taquilla. S? Pues
vive Dios! que para eso no haca falta teatro subvencionado, y ese
criterio es el de cualquier empresario negociante y aun no tan  punta
de perro chico. Segn ese criterio, muy expuestos estarn Lope de Vega,
Caldern y el mismsimo Shakespeare,  tener que ceder el sitio ms
que  paso  cualquier bufonada  melodrama de pblico. Todos creamos
que, justamente, la subvencin sera para eso; para imponer una obra de
arte, cuando el dinero del pblico no bastara  sostenerla.

Con ese criterio, el Museo de Pinturas ya debiera de estar cerrado 
haberse sustitudo por un cine; si se fuera  juzgar del mrito de
Velzquez por el nmero de entradas vendidas para ver sus cuadros!

Claro es que no hay autor vivo que no crea sus obras del ms soberano
arte, y todos pretenderan verlas perpetuarse en el cartel,  costa del
Estado. El criterio del ingreso es el ms seguro... La obra de usted
es una obra de arte, pero no da tres pesetas... Mal, muy mal van 
pasarlo nuestros clsicos, con Shakespeare, Molire, Ibsen, etc., en el
nuevo Teatro Espaol!

Los vivos, los verdaderos vivos, menos mal, ya se ingeniarn para
tomarle el aire al abono, al pblico y  la direccin artstica; y el
teatro subvencionado ser... un teatro ms. Y es lo menos malo que
puede sucederle.

Conste que en nada de lo dicho, hay el menor deseo de destripar el
cuento. Muy pocos se habrn interesado, mejor dicho, desinteresado
tanto como yo, por el nuevo teatro. Por lo mismo, quisiera verle nacer
en las condiciones ms viables y, si de m dependiera, su vida sera
larga y prspera. No es de agradecer todo esto? Porque, en fin, que
recen y practiquen los creyentes, que algo esperan, despus de todo,
bien est... Pero, los que no creemos y rezamos? Y eso me pasa  m
con el Teatro Espaol...  ver si no es virtud!

                             [Ilustracin]




                                 XVIII


Si en casa del jugador poco dura la alegra, en casa del aficionado
 toreros aun suele durar menos. Es tan natural orden de la vida
una alternada distribucin en los sucesos, que las rachas son algo
extraordinario, y el jugador prudente se atiene en sus combinaciones al
ms probable tierce  tout; dejando lo de jugar  la repetida para el
jugador de fortuna, siempre en espera de lo inusitado y fuera del orden.

Del mismo modo los buenos aficionados saben de antiguo lo ocasionado
que es con toreros y toros jugar  la repetida; como saben las empresas
lo fcil de engaar al pblico, con anunciar el mismo juego.

En esta temporada los aficionados quieren distraer su aburrimiento,
dedicndose  la inocente ilusin de inventar toreros. Para que
aprendan los eminentes! Ya en tiempos del Guerra fueron muchos los que
pusieron el mismo empeo en la misma empresa. Pobres flores de una
tarde con suerte!; todo lo ms de una temporada. Y menos mal, cuando
no dejndose inventar, se resignan  volver al montn y no toman en
serio un papel superior  sus fuerzas y conocimientos, que, de otra
suerte, el desengao suele llegar con una cornada, de las muchas que
los espectadores tienen  su cargo.

No es hora de predicar contra la sublime fiesta y no soy de los que
creen que ella tenga gran culpa en el atraso de Espaa. De los toros,
como del clericalismo, creo que no son causa de nada, sino efecto de
mucho. No son unos ni otro los que tienen la culpa de nuestro atraso;
es nuestro atraso el que tiene la culpa de toros y de clericales.

El que no tiene inteligencia bastante para pensar por s propio, si no
se dejara influir por un director espiritual, ira  consultar con la
sonmbula  con la echadora de cartas  con el primer embaucador que
se le presentara. El que no halla diversin ms de su gusto que una
corrida de toros, si se las suprimieran, buscara otra ms brbara, ms
estpida, y nada abramos adelantado.

Cuantos han combatido las corridas de toros, han fundado siempre sus
invectivas en la parte menos vulnerable del espectculo, lo peligroso
y lo sangriento. Bah! Si  eso furamos... Todo el mundo es plaza y
toda la vida es lidia.

Por esa parte, el espectculo hasta es beneficioso; un derivativo
muy atenuado para nuestro espritu inquisitoral, atormentador... El
fogueo de toros nos compensa del fogueo de herejes; cada gritera al
presidente, acaso evita un motn popular, y cada cincuenta corridas,
por lo menos, suponen un desgaste de ferocidad que hace imposible una
guerra civil.

No es por lo cruel, ni por lo sangriento, por donde hay que atacar al
espectculo, es sencillamente... por tonto.

El toro bravo, verdaderamente de lidia, es un producto artificial, cada
vez ms raro y ms difcil de obtener. La natural condicin del toro es
pacfica; por algo el ornamento cornamental fu siempre smbolo de la
ms apacible conformidad conyugal. As, bien puede asegurarse que de
cien toros, los noventa y nueve salen al coso ms dispuestos  mugir
saudades dehesiles que  meterse en pelea. Y es de ver el lastimoso
espectculo del acoso, en torno al triste animalito! Se le persigue, se
le azuza, se estrecha el crculo de tortura... Por fin, se consigue
enfurecerle, empuja, derriba  ciegas... Un triunfo de arte y de
gracia!

Qu diremos de la elegante suerte de varas? Qu diremos del forzado
valor, todo para la galera; el chulesco valor de los lidiadores? La
palidez de los rostros, distendidos los msculos en rictus, que bien
quisiera aparentar una sonrisa... Ah, la sonrisita del torero! Un buen
anatmico  buen pintor pueden dar razn de ella...

Y qu diremos de la alegra del espectculo? Alegre un espectculo en
que el espectador se pasa la tarde rabiando. Rabieta si rajaron al toro
de un puyazo y le quitaron facultades; rabieta si no le castigaron lo
bastante y conserva demasiado poder; rabieta si le recortan; rabieta
si no le paran los pies; rabieta si el torero de las simpatas no
estuvo muy afortunado, y rabieta si lo estuvo el de las antipatas...
Rabietas regionales, si qued Crdoba mejor que Sevilla  Sevilla mejor
que Madrid... Rabieta con el presidente; rabieta con el matador de las
6.000 pesetas; rabieta y discusin acalorada con el espectador de al
lado y con el de detrs y con los de delante... Si les digo  ustedes
que no hay diversin que se le parezca! Y despus de proferir toda
clase de insultos, de injurias, contra los toreros sobrado prudentes,
de echarles en cara sus ganancias y sus glorias, cuando la desgracia
ocurre y el torero es entre los cuernos y las patas del toro un
andrajo humano... la compasin ms sensiblera; una compasin que, no
diremos mal empleada en este caso, pero s que debiera repartirse ms
equitativamente entre el obrero vctima de un accidente en su trabajo,
la costurera enferma de tuberculosis, de tanto darle  la aguja y
tantas otras vctimas de un trabajo sin luz, sin aire y sin aplausos.

Que hay exageracin en todo esto? Prueben, prueben los aficionados 
dejar de asistir  las corridas durante una temporada, y si despus de
algn tiempo, al volver  presenciar una, no sienten como yo toda la
estupidez del ridculo espectculo, ser... Triste sera! porque la
verdad no tiene para ellos ningn camino; ni el del aburrimiento.

Solo el valor de un Frascuelo, superior  las cobardas del pblico,
 el arte primoroso de un Lagartijo y su frescura y despreocupacin,
superior  los insultos de ese mismo pblico,  la maestra suprema de
un Guerra, superior  los toros, al pblico y al espectculo, pueden
dar un aire de grandeza  las corridas. Pero la excepcin confirma la
regla, y el genio es superior  todo,  la misma esfera social en que
emplea su actividad. Han existido ladrones y asesinos de genio, que no
disculpan por eso el robo ni el asesinato.

Algo hay en los toros, no obstante, que les hace ser digno espectculo
de un filsofo. Si en la vida fuera todo bondad; si los hombres fueran
siempre dignos y justos y razonables, la idea de la muerte sera
tormento insoportable para el espritu... Dejar un mundo de delicias;
separarse para siempre de una humanidad tan perfecta!

Conviene de cuando en cuando asomarse  donde toda la estupidez y la
bajeza humanas se muestran en toda su desnudez, para que la idea de la
muerte no nos parezca tan triste y hasta nos sea apetecible. Y hay que
confesar que nada para esto como una corrida de toros.

                             [Ilustracin]




                                  XIX


El verano es la estacin de las grandes crisis en las compaas
teatrales. Se comprende; despus de toda una larga temporada de
invierno, los artistas con los empresarios, stos con los artistas, y
los artistas unos con otros, estn que no pueden ya aguantarse. Tiene
la vida del teatro algo de la vida  bordo; los primeros das todos
los pasajeros simpatizan, todos parecen encantadores, se organiza
toda clase de fiestas en que todos toman parte; poco  poco se van
separando en grupos, cada da mas reducidos; en cada uno se murmura de
los otros; al final de la travesa, ya no hay ni grupos; cada pasajero
pasea solitario  lee apartado de los dems, y en su interior piensa
que en su vida ha tratado con gente ms antiptica y desagradable. Unos
das ms, y acabaran todos arrojndose unos  otros por las bordas en
descomunal pelea.

El teatro es lo mismo.  principios de temporada todos se adoran, se
recibe con efusin  los recin llegados.--Aqu, aqu es donde tiene
usted su puesto.--Qu gusto verme entre ustedes!--Las actrices se
hacen confidencias de todo gnero. Los actores se muestran galantes con
todas ellas. Aquello es un paraso... Pero no va mediada la temporada,
cuando ya slo se juntan unos para murmurar de los otros, y viceversa;
y si se juntan todos es para conspirar contra el empresario  hablar
mal de una obra. Y al terminar la temporada, ni para eso.--Ciascun per
se--como cantan en Los Hugonotes.

No hay que pensar por esto que los actores sean de peor condicin que
los dems humanos. Si en todas las profesiones el trabajo hubiera de
ser en comunidad y las relaciones tan constantes, tambin veramos
cosas. Ms separados viven unos de otros pintores, escritores,
mdicos, abogados, y no se quieren ms ni mejor por eso. No hablemos
de la fraternidad periodstica... Y los chismes de bastidores no
son nada, comparados con los de sacrista. Hay cada prroco y cada
teniente cura, que... ranse ustedes de las primeras tiples en lo de
despellejarse unos  otros!

En fin, que la temporada prxima promete, y lo nico de lamentar por mi
parte es... que me coger sin dinero...

Porque en el teatro, como en todo, es tan agradable el papel de
espectador!

                   *       *       *       *       *

Son muchas las personas que me escriben, unas para felicitarme, otras
para increparme, por mis ligeras consideraciones sobre las corridas de
toros; otras, sencillamente, para mostrarme su extraeza.

--Hombre, usted tan aficionado antes!...

--Aficionado? Le dir  usted.  no ser en los tiempos del Guerra 
mi juicio el torero ms asombroso, la verdad es que siempre me han
aburrido las corridas de toros. Esto, en cuanto al espectculo; que
de los espectadores, no se diga! Siempre he buscado la localidad ms
tranquila de la plaza. Me han indignado siempre esos energmenos que no
se divierten si no pasan la tarde gritando, molestando  todo el mundo;
que si Ladrn!, que si Criminal!, que si Por derecho!, que si  la
crcel!, que si la madre, que si toda la familia... todo un specimen
de educacin nacional. Esos energmenos son los mismos que en el
teatro no se contentaran con menos que ver ahorcado al autor que tuvo
la desgracia de equivocarse; los mismos para quienes no hay poltico
honrado, ni escritor que no se venda; los mismos que piden desde la
mesa del caf herosmos sobrenaturales en la guerra, para poder decir
ellos:--Qu valientes somos! No hay quien pueda con nosotros!--Los
mismos que van por esas calles perdonando honras  las mujeres... Y
como este es el espectador, no dir ms frecuente, pero s el que da
tono al espectculo, l por s solo se basta para hacer de una fiesta,
que poda ser una de tantas como andan por esos mundos civilizados, la
de apariencia ms salvaje.

En Barcelona se ha celebrado,  va  celebrarse, una manifestacin
contra las corridas de toros. En esto ya no estoy conforme; creo que
todo eso es contraproducente. Los toros, como tantas otras cosas,
caern por s solas, cuando deban caer. Encomendemos la tarea  los
educadores. El maestro es el que ha de acabar con los maestros.

Ha de notarse que la Iglesia, tan intransigente en ocasiones con
el teatro, con el libro y con la prensa, dispensa la ms benvola
tolerancia  las corridas de toros. Las seoras, tan infludas por la
Iglesia, no ponen tampoco todo el empeo que debieran en combatirlas.
Nada de esto habla muy en favor de la delicadeza de sus sentimientos.
En cuanto  la Iglesia, ya es sabido que todo lo que no sea pensar le
ha preocupado siempre poco.

                   *       *       *       *       *

El ms cordial saludo al boletn Pro Infantia, publicado por el
Ministerio de la Gobernacin. Todo en l es buenas intenciones, que
debemos desear no vayan  empedrar el infierno,  cuya pavimentacin ya
han contribudo no poco los legisladores espaoles. Los hombres tienen
mal gobernar; acariciemos la ilusin de que estarn mejor empleados
nuestros desvelos en los pequeos. No olvidemos, como dijo el admirable
poeta Wordsworth, que el nio es el padre del hombre.

                             [Ilustracin]




                                  XX


Moral del ltimo--esperemos que aun sea el ltimo--crimen. Los
peridicos se recriminan unos  otros por sus indiscreciones y juicios
temerarios; naturalmente, los ms clamorosos en lamentarlas son los que
siempre estn ms dispuestos  recoger cualquier especie del arroyo.

Una vez ms salen  relucir las deficiencias de nuestras leyes
procesales, en cuanto se refiere  supuestas culpabilidades y prisin
preventiva. Y una vez ms, nadie ser osado  poner remedio. Lo de
considerar  todo sospechoso como criminal es antiguo achaque de la
Seora Justicia. Y aun peor al sospechoso que al verdadero criminal,
que  ste, en fin, cuando ya est convicto y confeso, siempre se
le agradece el descanso de tanta molestia como ocasion su captura,
y al otro, en cambio,  cada negativa se le pone peor gesto y se le
considera como criminal ms empedernido.

Y es de notar, tambin, el mayor respeto que inspira todo delincuente
cuanto mayor sea la fechora cometida. As, tal vez el raterillo
primerizo no escape de una buena solfa, como primera diligencia; pero
 un feroz asesino nunca le faltar un admirador que le obsequie con
un suculento beefsteak, para que reponga sus fuerzas, despus de una
declaracin emocionante.

El buen burgus, por su parte, tambin moraliza  cada crimen de
estos sensacionales; habla de la corrupcin de costumbres, se promete
mayor cuidado en la seleccin de sus relaciones y ms severidad
con el pariente derrotado, que de vez en cuando suele pedirle dos
pesetas:--Cuando venga el seorito Fulano, dicen  la criada, dgale
usted que no estamos en casa, y no abra usted la puerta.

Las criadas ven  un posible asesino en toda persona regularmente
trajeada; no se arriesgan  franquear la puerta sin minuciosa
inspeccin por el ventanillo, y en resumen, las casas estarn mejor
guardadas por unos das y los parientes pobres se morirn de hambre
ms pronto. Y esta es toda la moral de estos crmenes, en que todo el
mundo slo atiende  los hechos, los hechos brutales, unnimemente
reprobados por los buenos burgueses,  la hora de la digestin,
ligeramente entorpecida por algo as, entre indignacin y miedo.

                   *       *       *       *       *

Los congresistas de la Paz, los creyentes en la eficacia de los
tribunales arbitrales, para dirimir pacficamente toda cuestin
internacional, estarn encantados con el feliz xito del arbitraje
argentino, entre el Per y Bolivia. Ambas modernas y civilizadas
repblicas, acudieron muy humildemente y bien dispuestas  respetar
el fallo del presidente de la Repblica Argentina. Para que vea el
viejo mundo europeo cmo arreglamos estos asuntos los del nuevo!
Pero, apenas se enteraron los de Bolivia de que el fallo no les era
todo lo favorable que ellos apetecan, adis mi rbitro y adis mis
procedimientos modernos!

No es el primer caso en las repblicas americanas, y en alguno de
estos enojosos arbitrajes anduvo la vieja madre Espaa de por medio y
como ahora, la repblica que se crey perjudicada puso el grito en el
cielo. Por donde, si el rbitro toma su divino papel en serio, en vez
de un disgusto y de una guerra, pueden resultar dos guerras y muchos
disgustos.

Pasarn muchos aos hasta que el can deje de ser el gran pacificador
y el supremo rbitro. Para ello ser preciso ante todo que las naciones
no se preocupen tanto de aadir unas leguas de tierra  su territorio;
como si la nacin ms floreciente no tuviera ya bastantes incultas y
despobladas.

                   *       *       *       *       *

Muy moderno tambin, muy europeo, muy culto y muy lindo, el bando de
nuestro seor alcalde; enderezado, con la mejor intencin,  proteger 
los animales. Muy bien est el bando, que los animales deben agradecer
tanto como debiera ofendernos  las personas. Porque, quin duda
que si bien est el bando, mucho mejor estara que no hubiera habido
necesidad de dictarlo? Por eso mismo creo muy poco en su eficacia.
Buenos sentimientos por ordeno y mando?  otra puerta. Fu siempre la
nuestra de las ms cerradas  toda blandura con los animales. Y cuanto
ms cerca el hombre de la Naturaleza, cuando ms parece que debiera
sentir la simpata por sus compaeros de trabajo, ms duro se muestra
con ellos. Parece que ya no debiera tratarse de compasin sino de
inters propio. Pues hay que ver cmo trata el labriego  su yunta y
el carretero  sus mulas y el traficante  su infeliz borrico! Pero,
lo que ellos dirn en su disculpa: Estamos nosotros mejor tratados?
Cundo la misma Naturaleza, con sus rigores, siempre en contra del
logro de nuestro trabajo; cuando los dems hombres son tan crueles con
nosotros, vamos  ser nosotros ms piadosos con los animales?

Para la pobre gente, esto del amor  los animales, es un lujo de
afectividad imposible para ella, como todo lujo. Para la gente rica
suele ser una dulce forma de misantropa. Se ama  los animales...
porque los animales no suelen ser ingratos, porque no dan malas
contestaciones, porque los manejamos mejor que  los hombres y los
tenemos ms sujetos  nuestra voluntad. No hay que fiar mucho en la
bondad de estos ricos que aman demasiado  los animales.

Amarlos en justa proporcin, tratarlos, no tan mal como  los criados
ni mejor que  tantos nios desvalidos, sera lo justo, lo natural, lo
que debiera hacer innecesario ese bando, en todo pas digno de llamarse
cristiano y civilizado. Pero... con la excepcin de San Francisco
de Ass, nuestra religin no fu nunca muy dulce con los animales.
Recurdese cmo en la Biblia, casi siempre les toca  ellos pagar el
pato en los sacrificios. Isaac se salva; pero en su lugar se sacrifica
 un pobre corderillo. En el mismo Evangelio, de ms suave doctrina,
Jess lanza  la legin de demonios, expulsada de un posedo, sobre una
piara de cerdos, que corre  arrojarse al mar, alocada por los malos
espritus. Pobres cochinos! Qu culpa tenan ellos?

El origen superior atribudo al hombre por nuestra catlica doctrina,
limita el sentimiento de fraternidad universal entre el hombre y los
dems seres de la creacin. No hay en la religin cristiana ninguna
plegaria tan hermosa como aquella del Budha: Dios mo, librad del
dolor  cuanto existe!

                             [Ilustracin]




                                  XXI


No podemos quejarnos del actual verano; l ha sido tardo en calor
y en sucesos, pero bien quiere desquitarse en pocos das, y el
calor aprieta y los sucesos se precipitan, sin tiempo apenas para
solicitar la atencin ni el par de das que se concede de comentarios
 la actualidad ms pasajera. Dnde est ya la romntica boda del
infante? Dnde est ya la muerte de Don Carlos? Cualquiera de estas
actualidades hubiera bastado en otro verano para abastecer peridicos
y tertulias. Pero baza mayor quita menor, y nuestra baza, la que nos
hemos credo en el caso de meter en los asuntos de Marruecos, es de tal
importancia, que ella sola se impone  nuestra consideracin, con todos
sus prestigios seculares. Porque desde los tiempos de D. Rodrigo y la
Cava, cundo ha dejado de ser actualidad para los espaoles alguna
cuestin africana? Dividida Espaa en regiones, guerreando unas con
otras muchas veces, slo al combatir contra el agareno y en ponerse 
su avance solan estar de acuerdo las ms enemigas; y ahora que somos,
 parecemos, una nacin unida, no hay dos... no digamos regiones,
personas que parezcan animadas del mismo espritu, y mientras unos
gritan: Arma, arma! Guerra, guerra! como en los mejores tiempos del
romancero y de nuestras comedias de moros y cristianos, otros claman
por la paz  todo trance, y no diremos  toda costa, porque la paz es
mucho ms barata.

Difcil es decidirse por unos  por otros. Los que piensan ms
razonablemente... no saben qu pensar en este caso. Ni vale refugiarse
en las serenas regiones idealistas porque... el ideal est en todo, en
la paz y en la guerra; en la evanglica resignacin  perderlo todo
y en la fuerte voluntad de ganar algo... Lo peor, lo ms triste para
los pueblos como para las personas, es la indecisin... Fluctuar, como
Hamlet, resistirse  ser instrumentos conscientes del destino, para
que, al fin, el destino se imponga brutalmente, inexorablemente, 
nuestra indecisin.

Fortimbrs, inventando pretextos pequeos para grandes acciones, es de
mejor ejemplo que Hamlet, quien, con grandes motivos, no supo decidirse
 la accin nunca.

Por fortuna para los pueblos y para los gobiernos, en estos casos de
incertidumbres, de desalientos, de indecisin nacional, estn banderas,
trompetas y tambores; est el marchar de las tropas juveniles, y... 
su paso todo se olvida, es uno el sentimiento y una la aspiracin. El
mismo Pablo Iglesias dara un Viva! Y decir vivir, es decir pelear.

                   *       *       *       *       *

El papel de rey destronado es siempre algo ridculo. El de rey
aspirante, idealizado con aureolas de esperanzas que nunca nubl la
realidad, es, en cambio, de tan romntica poesa, que una regular
presencia y una regular discrecin bastan  sostenerle con decoro. Y
as supo sostenerle Don Carlos, muy  gusto de todos. En Espaa muchos
le amaban, y...  pesar de todo, nadie le odiaba. Supo salvar la
majestad de su figura, del vencimiento y de la difamacin. No fu nunca
ridculo, cosa que no consiguen siempre muchos reyes reinantes. Dicen
que amaba mucho  Espaa. Era ms de agradecer ese cario, por lo mismo
que haba de expresarlo con acento extranjero.

                   *       *       *       *       *

Azorn ha aprovechado la ocasin de haberse publicado en el peridico
en que l dogmatiza,  mejor dicho, esceptiza  lo Montaigne,
la fantstica noticia de mi viaje  Buenos Aires,  servir unas
conferencias  cien mil pesetas... Cincuenta mil ms que Anatole
France! Muchas gracias por la tasacin, querido compaero, para
significar su displicencia por estas idas y venidas, al mismo tiempo su
desprecio por las glorias populares... Ah! La popularidad!...

Claro es que yo no puedo darme por aludido. Yo estuve ya en Buenos
Aires, y no fu en clase de popular, ni me recibieron con msicas, ni
pronunci discursos, ni nos volvimos nadie loco, ni ellos conmigo, ni
yo con ellos. Fu... por viajar, por ver; sin darle ms importancia
que  otro viaje cualquiera. Ni me cre en el caso de publicar,  mi
regreso, Impresiones, Mi viaje  la Argentina,  cualquier otro
libro por el estilo, porque no creo que un mes ni dos sean lo bastante
para conocer nada, ni perorar del porvenir de la Argentina, de su
intelectualidad, industria, etc... Lo que v, para m lo guardo, y lo
que aprendiera... ya ir saliendo. Conste solamente que yo no fu all
en clase de conferenciante. Sin que esto quiera decir que si alguna
vez se me propusiera, y sobre materias de que pudiera tratar, como arte
dramtico, presentacin de obras, etc., no aceptara muy gustoso, sin
creer por eso que iba  estrechar lazos,  reconquistar Amrica, ni
otras fantasas castelarinas.

En lo modesto de mi representacin, s procur, mientras all estuve,
considerarme como, segn un escritor francs, debe considerarse todo el
que viaja por pas extranjero, representante de mi propio pas, y en
toda ocasin procur cumplir mi deber de viajero.

Sabiendo muy bien que ni en sus correspondencias ni en sus
conversaciones, muchos me tratan del mismo modo, habl bien de todos
los escritores espaoles de quien me pidieron noticias. Por cierto que
nadie me pregunt por Azorn, y esto debe servirle de satisfaccin,
dado su desprecio por la popularidad.

Y este era el punto  discutir. Azorn sostiene que el mrito de todo
escritor est en razn inversa del nmero de sus admiradores. Un gran
escritor debe ser letra cerrada para el vulgo. Quisiera yo saber cundo
lo fueron Homero, Dante, Shakespeare, Cervantes, etc. Si no es que por
vulgo entendemos al que ni de letras sabe. Entindase que hablo del
vulgo literario.

Y este, en verdad, es muy reducido, aun para esos grandes hombres.
Pero decir que en su tiempo ninguno fu estimado! Algunos, quizs,
ms justamente y en su punto que lo habrn sido despus; al travs de
estudios crticos que los desfiguran.

Ya s yo que hay ejemplos para todo, Wagner, Bizet, Ibsen... Pero nunca
fu el pblico el que los rechaz; si as hubiera sido en absoluto,
toda reparacin hubiera sido imposible. Quin iba  resucitar obras
de quien nadie se acordaba? No el pblico, la crtica, siempre ms
conservadora que revolucionaria, fu la que ridiculiz, combati y
retras el triunfo de muchos artistas. El pblico? S... extraa, no
comprende tal vez del todo... pero algo queda, y, como dice Bernardo
Shaw: El que ha visto una vez un drama de Ibsen, acaso se aburri
durante su representacin, acaso dice: Esto no es teatro; pero, 
pesar de ello, sigue pensando en l, y... acaso no le gusten los dramas
de Ibsen; pero lo cierto es que no vuelven  gustarle los de Sardou.

No, no hay que maldecir del pblico y de las glorias populares.
Azorn es demasiado modesto. Acaso cree que l no puede ser popular.
Pues qu, cree usted que si slo le leyeran  usted en la tertulia de
D. Antonio Maura, iba usted  ser tan apreciado y tan conocido? Y si ya
cree usted que le lee toda la mayora... ah es nada! Contar con una
mayora. No cuenta con ms el Sr. Maura, y nos gobierna  todos.

                             [Ilustracin]




                                 XXII


Es para que reflexionen los partidarios de la paz  todo trance; hasta
para pedir paz hay que armar guerra, y en verdad, sera muy triste que
para convencernos unos  otros de que no debemos pelear con el moro,
diramos en pelearnos dentro de casa, sin que por eso el moro dejara de
pelear con nosotros.

Lo de cuando uno no quiere dos no rien, no siempre es cierto entre
particulares; pero, en fin, siempre le queda al ms prudente el recurso
de acudir  la polica   los jueces, si se ve atropellado y no quiere
responder al atropello en la misma forma brutal. Por desgracia, para
las agresiones colectivas no hay otra apelacin que la fuerza, y eso
es lo que no han comprendido muchos en esta ocasin. No queremos
guerra, no queremos guerra! Nadie la quiere; pero... Vamos  llamar
 la pareja de la esquina  vamos  querellarnos al juez de guardia?
Y que son de confianza los mirones que nos rodean para irles con el
cuento de que no queremos belenes! Ah! No quieren ustedes guerra?,
nos dirn. Pues ya estn ustedes dems aqu... Y qu dirn entonces
los pacficos? Habra aquello de: Gran vergenza! Estamos vendidos!
Lo ltimo que nos quedaba!...

Lo que hay es que no se saca  los nios de casa, hacindoles creer
que se les lleva de paseo, para meterlos en el colegio. Y no se lleva
 un pueblo  la guerra, hacindole creer que no se trata de semejante
cosa. El funesto sistema de tratar al pueblo como  eterno nio, suele
traer malas consecuencias. Honesty is the best policy, dicen los
ingleses. La verdad es la mayor habilidad en poltica. Cundo acabarn
de comprenderlo as nuestros gobernantes? Gran lstima, cuando les
ha tocado gobernar un pueblo con tesoros inagotables de herosmo y de
resignacin!

                   *       *       *       *       *

No es por amor propio el insistir. Pero, contra todas las razones,
textos y ejemplos aportados por Azorn, sigo creyendo: que la
popularidad no est nunca en razn inversa del mrito; que han sido
pocos los talentos mal apreciados en su tiempo, y si alguno lo fu,
tal vez tuvieron ms parte en ello motivos de presencia, carcter
antiptico del artista, vida desordenada, etc.

Shakespeare fu apreciado en su tiempo y no slo logr glorioso nombre
sino muy buen dinero, que le permiti retirarse  su lugar, aprs
fortune faite, como un buen comerciante. La obra de Cervantes, ni
en cantidad ni en gnero, era para enriquecer  su autor, pero de su
relativa popularidad--la popularidad es siempre relativa,--en vida
misma del autor, no existen numerosos testimonios? Azorn cita el
ejemplo del Greco. No sera tan menospreciado en su tiempo, cuando
nunca le faltaron encargos, que no le pagaran tan mal, cuando dej
fama de hombre caprichoso y dado  lujosas fantasas.

Qu ms? Yo cre halagar  mi contradictor en sus convicciones,
dicindole que nadie me haba preguntado por l en Buenos Aires, y l
me contesta que es all muy conocido. Ya ve Azorn cmo se puede tener
talento y ser apreciado.

Y de mi, qu voy  decirle? Soy el mismo que en el ao 97; hasta mis
concesiones al sentimentalismo burgus, pudiera demostrar con textos
que no son de ahora... Y por qu no? Tiene uno toda la obra para
decir lo que siente y lo que piensa; despus, en el desenlace, puesto
que la vida no desenlaza nada, por qu no complacer al pblico? Pero
si ste, con concesiones  sin ellas, no hubiera estado de mi parte
desde mis comienzos como autor dramtico, hubiera yo podido continuar
estrenando? El pblico fu mi verdadero apoyo contra la crtica, casi
unnime en afirmar que aquello no era teatro. Cuntas obras, con
asombro de empresarios y actores, cuando parecan enterradas por la
crtica revivan por el pblico! Cralo Azorn, no es el pblico, que
pudiramos llamar vulgar, es el literario el que ms resistencia opone
 toda novedad y  todo mrito. Son los intereses creados los que
protestan siempre. El mismo Azorn declara que no hay novedad absoluta
en ninguna forma, ni expresin de arte, que todo exista antes en el
ambiente. Si es as, si el ambiente es anterior  la obra, cmo no ha
de caer bien la obra, que el pblico no puede por menos de conocer por
suya? Azorn sabe bien que los grandes artistas son quizs los menos
originales; su obra es de todos; alma de muchas almas.

Yo me explico perfectamente la conviccin de Azorn. Alguna vez,
comparando en justicia mritos con glorias, habr pensado que el ruido
de su nombre es menor que el de algn autor dramtico, por ejemplo.
Esto ya es cuestin del gnero cultivado, no del mrito de los
escritores. Cralo Azorn; en vida y en muerte, al cabo del ao todos
estamos en el sitio en que debemos estar; el vulgo no es tan vulgo como
creemos.

En fin, el mejor ejemplo, no es el mismo Azorn? Segn l, pocos
debieran apreciarle, supuesto que la popularidad est en razn inversa
del talento. Yo s, aparte la broma de Buenos Aires, que son muchos
los que le admiran como se merece. Acaso l juzgue equivocadamente del
pblico, como tal vez juzga de m: Ese Benavente!--dir,--siempre me
lleva la contraria; se ve que me quiere mal... Azorn dir si prefiere
mi malquerencia, que le lee siempre con atencin y toma muy en cuenta
sus opiniones y juicios,  la buena amistad de los que le felicitan sin
discutirle por cada artculo... sin haberlo ledo.




                                 XXIII


En la ms que intrincada, pintoresca selva de nuestra poltica, hay
ms murmullos que en la de Sigfredo, cuando nada sucede  cuando ha
sucedido ya todo, en cambio, cuando sucede algo, reina el silencio ms
absoluto; que,  pesar de lo absoluto, es el rey ms constitucional,
por lo irresponsable.

Apenas suenan cuatro tiros, material  moralmente, ya se sabe, silencio
sepulcral en la selva; sus ms canoras aves enmudecen y antes que en
los valores pblicos, con ser de suyo apocaditos, hay una baja sensible
de elocuencia en nuestros mas notorios y fluidos oradores. Valientes
pjaros! Y estos son los que miran de sobrehombro  la gente de pluma,
de otra pluma!

El escritor, aun sin estar amparado, en muchos casos, por la inmunidad
parlamentaria, arrostra el peligro de la suspensin de garantas y se
atreve  opinar, en las circunstancias ms difciles, comprometiendo
tal vez su popularidad. Pero los otros,  casita, que llueve! Y
tenemos aquello de: Callaremos hasta que llegue el da de exigir
responsabilidades... Exigir responsabilidades? No lo dirn ustedes de
veras. Si ese da llegara, quin escapara de ser ahorcado?, como le
deca Hamlet  Polonio, aconsejndole tratara  los comediantes mejor
de lo que se merecan.

Tambin justifica muy bien el mutismo aquello de: Es preciso prescindir
de toda idea poltica mientras se hallan comprometidos ms altos
intereses... Dnde est la verdad? Dnde estarn los ms altos
intereses? Y qu ideas polticas sern esas que estorban precisamente
cuando de altos intereses se trata?

En los sucesos de Barcelona, por ejemplo, todos, como en Cristo,
pusieron sus manos. Quin no ha dejado caer su gota de agua  su
salivita para contribuir en algo  la disolucin y desmoronamiento de
lo que debiera ser ms firme que roca viva, la idea de la patria? Y
ahora... todos son  lavarse sus manos...

No, no ha sido el anarquismo; ha sido el sanchopancismo burgus,
el bien sesudo, que de un caso particular quiere deducir una regla
de conducta para toda la vida. El mismo que dice cuando sucede un
descarrilamiento: No se puede viajar en ferrocarril; el mismo que al
ser una vez engaado, proclama: No puede uno fiarse de nadie. Ese buen
sentido de gato escaldado, era el que haba decidido para siempre no
volver  meterse en aventuras. Qu rica paz!--No queremos guerra, no
queremos guerra! Pero al ver cmo cuatro locos--los locos, como los
hroes, el xito los diferencia, son los que van siempre en lnea recta
del pensamiento  la accin,--les armaban la guerra en su misma casa,
volvieron los ojos acongojados  todo lo que ellos haban tratado de
desprestigiar: poder del Estado, fuerza... Y los cuatro locos pagaron
por todos, y los muchos cuerdos dicen ahora:--Caramba! Si fuera 
hacerse todo lo que se piensa, no se podra vivir en el mundo!

                   *       *       *       *       *

El dolor es el gran desinfectante moral. Tanto como el herosmo
de nuestros soldados, conforta el espritu ver cmo de todas
partes--olvidemos  los cuatro locos!--se acude y se atiende  los que
pelean y  los que sucumben. El ambiente nacional tal vez necesitaba
esta sacudida para purificarse.

Ahora, yo deseara que esta vez, se acudiera  todo con severa
dignidad. Nada de fiestas, nada de espectculos benficos. El que
buenamente quiera divertirse, por qu no?--todava no es el fin del
mundo,--que no invoque el pretexto del socorro, y el que no hubiese de
dar nada, sino  cambio de una localidad de teatro  de plaza de toros,
ms vale que no d nada. Mezquina ddiva la que necesita mejor ocasin
que la verdadera para ofrecerse!

Agradzcase  los toreros su generosidad; ofrecen su vida, pero nada
de corridas patriticas. Aparte el que suele traer mala pata, no hay
espectculo ms lastimoso. All, hombres que arriesgan, que pierden
su vida; en la plaza, hombres tambin que la exponen y tambin pueden
perderla... Y una multitud que se divierte con todo esto y cree estar
haciendo por la patria con aplaudir  una hembra que se adorna con los
colores nacionales  rugir de entusiasmo por un brindis torero: porque
el toro fuera uno de esos rifeos!... Es cuestin de seriedad, de buen
gusto. Guardemos las fiestas para el da--quiralo Dios cercano!--de
verdadera fiesta. Pongamos dignidad en nuestra ddiva. D cada uno
lo que pueda, sin ms estmulo. Crispa los nervios, despus de leer
hazaas y trabajos de nuestros soldados, tropezar ms abajo con la
relacin de una kermesse en Pantanillo  en Lagunilla, organizada por
la colonia veraniega y las seoritas ms distinguidas de la localidad.
Tiempo habr para todo, hasta para ser cursis.

                             [Ilustracin]




                                 XXIV


La opinin general, tan reacia  toda empresa guerrera en un principio,
se halla al fin poseda de tan belicoso entusiasmo, que sera
defraudarla no terminar, por lo menos, con la conquista del imperio
de Marruecos. Con menos entusiasmo, pero ms constancia, aos ha que
esa conquista debiera haberse llevado  cabo lo ms pacficamente del
mundo. Pero ay! el dinero de nuestros capitalistas no es tan valiente
como nuestros soldados, y cuesta ms encontrar hombres de voluntad que
de corazn.

Hemos convenido en que  ciertos pueblos slo es posible civilizarlos
 caonazos. Sin duda es el medio ms cmodo, aunque no sea el ms
eficaz. Yo creo que no hay pueblo tan salvaje en el mundo que se
resista  las ventajas de la civilizacin, cuando los civilizadores le
permiten disfrutar de esas ventajas.  lo que se resiste todo el mundo
no es  que la civilizacin se le entre por las puertas, sino  que
le pase por encima. Civilizacin automvil; atropella con todos los
adelantos modernos, pero, mal consuelo para el atropellado!

Nada de esto es pretender quitar hierro. Aunque otra cosa afirme
Metternich, en su admirable libro La prudencia y el destino, no hay
prudencia, suficiencia  sabidura, como quiera traducirse, sagesse,
capaz de oponerse al destino de los pueblos  de las personas. Y mucho
menos cuando el destino tiene ya la palabra. En aquellos das de la
Conferencia de Algeciras, gloria de nuestra diplomacia... Entonces,
s; entonces acaso hubiera podido escucharse la voz del prudente.
Una nacin poderosa, rival de otra no menos fuerte, slo procuraba
aislar  su enemiga y halagando  otras dos naciones, rivales  su
vez en intereses, procur conciliarlas por eso mismo. Como si dos
intereses iguales pudieran conciliarse nunca! No era preciso ser un
Maquiavelo ni un Metternich para pensar que entre una nacin interesada
en dominar por completo  Marruecos y otra interesada en oponerse 
esa dominacin, nuestro inters, aparte simpatas de raza tan mal
correspondidas en ocasin, estaba en inclinarnos al lado del contrapeso.

Ahora slo podemos desear que se enmiende con gloria un nuevo error
de nuestros estadistas, hombres de pocos libros y de menos mundo. 
Dios sean dadas! Que la gloria se logre  costa de la menor cantidad de
sangre posible, y que la opinin, sin desmayar en sus entusiasmos, no
llegue  exaltarse tanto que sea bien recordar aquello de El gaitero
de Bujalance: un maraved porque empiece y dos porque acabe.

                   *       *       *       *       *

Sabido es que  todos los padres les parece siempre que estn muy mal
educados los hijos... de los dems, y  los que no tienen hijos, no
se diga! Por lo que no sera mal acuerdo que cada padre se encargara
de los hijos del vecino, y  su vez le confiara los propios, y los
solterones  matrimonios sin prole se hicieran cargo de los ms
rebeldes y empecatados. Y aplicando  todos los rdenes de la vida el
sistema, acaso todo andara mejor con este procedimiento. En Espaa,
por lo menos, es admirable cmo los que nunca dieron pie con bola en
asunto propio, se echan  discurrir y disponer por los ms ajenos  su
profesin y conocimientos.

 estas horas tenemos un Napolen  un Moltke en cualquier ciudadano,
antes de paz y hoy tan de guerra que no deja vivir  nadie. Quin no
tiene su plan estratgico? Quin no ha tomado algo  estas horas? Oh,
pas admirable en que todos entendemos de todo sin haber estudiado de
nada!

Cuentan de un zapatero remendn, de cierto pueblo, que era el ms
severo crtico de sermones. Predicador que se presentara en la fiesta
del Santo patrono  cualquier otra solemnidad, poda darse por perdido
si al zapatero no le caa en gracia. El pueblo no tena ms opinin
que la emitida con inapelable autoridad por el crtico. Sucedi que
un predicador, advertido de antemano, al observar durante un bien
estudiado sermn, el gesto desdeoso del zapatero y en consecuencia
el de todos los oyentes, se apresur, apenas baj del plpito 
preguntarle los motivos de su disgusto. Qu le ha parecido  usted el
sermn?--Phs! No est mal... pero poca teologa.--Pero, usted sabe
de teologa?, pregunt el predicador asombrado.--Anda!, replic el
zapatero. Pues si yo supiera de leer y escribir lo que s de teologa!

No es este un poco el caso de todos los espaoles?

El Seor nos libre de los telogos militares que andan desatados en
estos das y no son la menor calamidad, con ser tantas las calamidades
de la guerra!

                   *       *       *       *       *

Dice Bernardo Shaw que los ejrcitos se pasan la vida preparndose
para una guerra que,  no sucede nunca  cuando sucede, sucede del
modo contrario  como se haba previsto. Bueno fuera, no obstante, 
pesar de que lo imprevisto est sobre todo, alguna mayor discrecin
en apuntar planes y posibles acciones. Hay siempre entre los rifeos
quien se entera de todo. No hay que fiarse en esa aparente indiferencia
salvaje, que no es tan salvaje como parece. Yo conoc en Tnger  un
moro de la ltima condicin; acarreaba equipajes y fregaba los suelos
en el hotel; pues cualquiera de nuestros ministros de Estado no est
tan enterado como l de asuntos internacionales. Hablaba, aparte del
rabe vulgar y el hebreo, ingls, francs, espaol; conoca los nombres
de todos los ministros del gobierno espaol entonces, saba historias
muy sabrosas de muchos personajes espaoles, y hasta de los amantes
de algunas damas empingorotadas, como cualquier cronista de salones.
Era extraordinario, sin ser excepcional. Claro es, que el Rif no es la
Cosmpolis de Tnger; pero la natural sagacidad del moro es la misma.
Raza inferior, raza de salvajes! Se dice muy pronto, cuando hablan el
odio  la conveniencia. Acercndose con simpata, con verdadero amor de
civilizacin, en todas partes hay hombres buenos y malos, pero no hay
razas inferiores, no hay razas de salvajes. La bondad del corazn, la
perspicacia del entendimiento florecen en todas las tierras; aun en las
que solo se ha sembrado odio, con pretexto de civilizarlas.

                             [Ilustracin]




                                  XXV


No tendr queja el seor presidente de la Sociedad de Conciertos, en el
mundo ministro de la Gobernacin. Su soberana batuta se impone  todos.
Que allegro vivace, pues allegro; que andante maestoso y con
sordina, pues ya se percibe el aleteo de una mosca. Verdad es que su
tiempo preferido es forte che forte, y el del pas sera un largo
que no tuviera fin.

Que hoy podremos decirles  ustedes algo, pues todo el mundo  esperar
noticias, con la ms justificada ansiedad; que tengan ustedes un poco
de paciencia; pues  esperar en calma: quiz, recordando aquellos
alambicados versos, que tanto sublevaban el buen gusto de Alcestes
el Misntropo de Molire: Phyllis, on desespere alors q'on espere
toujours!

Ah, si en tiempos de paz y de continuo todos nos preocupramos tanto
del avance como ahora! Aqu, donde por el contrario, son tantos los
que en todo quieren  cada paso hallar motivo, ocasin  pretexto para
un retroceso, y hay gente que no se hallara  gusto con menos de
recular hasta la Edad Media!

Sucesos de Barcelona? Ah! Todo es por haber fracasado la ley del
terrorismo, y si se restableciera la Inquisicin... nada habra que
temer en lo futuro.

El avance! Santa palabra! Que ella sea siempre nuestro santo y sea!

Hoy por hoy no se oye otra cosa. Yo s de algunos maridos que
sintindose gubernamentales, han prohibido  su mujer hablar de
esto. No hay idea de los horizontes que abren  la imaginacin estas
palabras, pronunciadas por labios femeninos: Cundo es el avance?

                   *       *       *       *       *

Los autores dramticos franceses estn que trinan con sus colegas de
Italia, porque stos pretenden defenderse no de la invasin de obras
francesas, sino de la exclusin de las propias, por las facilidades
que los empresarios y directores de compaa hallan en los autores
franceses y en sus traductores para pagar derechos convencionales.
Recurdese el atracn de obras francesas con que suelen obsequiarnos
las compaas italianas. Preferencias artsticas? Nada de eso.
Baratura y rico saldo. Es como el amor al teatro antiguo de algunos de
nuestros directores artsticos... Que no hubiera facilidad de cobrar
las refundiciones, muchas veces refundicin de refundicin, como una
obra original y nuevecita, y veramos quin se acordaba de Lope ni de
Caldern.

Por cierto que en una gacetilla del peridico Comedia, que trasciende
 conferencia con alguien de casa, se asegura que tambin algunos
empresarios espaoles piensan prescindir de las traducciones,  pesar
de que cuentan con pocas obras originales, para evitar el disgusto de
los autores, aunque algunos, refractarios  las traducciones, no lo
sean tanto  los plagios. Es posible. Eso de los plagios puede probarse
siempre. Y de los plagios de los actores, no se dice nada? Porque hay
eminencias que no viven de otra cosa. Si Sarah y la Duse y la Rjane,
Le Bargy  Guitry cobraran derechos de traduccin y reproduccin!

                   *       *       *       *       *

El teatro de los Nios es una de tantas ilusiones mas; pero nada de
monopolizar ideas; no es ma solo: son muchos los autores dispuestos
 realizarla. Uno de ellos, el simptico Lpez Marn, se propuso nada
menos que edificar un teatro de nueva planta, para este especial
objeto. Echse  buscar capitalistas con el mayor optimismo. No le
acompao en l, no tratndose de consagrar como primera tiple  una
corista distinguida por algn ricacho de aluvin  de abrir una nueva
tablajera escnica de carnes averiadas, bases de los ms slidos
negocios teatrales. Ignoro el resultado de sus gestiones. Pero, en fin,
con dinero  sin l, con nuevo teatro  en cualquiera de los muchos
existentes, el Teatro de los Nios empezar en la prxima temporada,
modestamente, como un ensayo. Como los empresarios grandes tienen
bastante en qu pensar con su gran pblico, preferiremos un pequeo
empresario y un pequeo teatro. Fernando Porredn y el Prncipe Alfonso.

No es tan fcil como parece divertir  los nios, sin aburrir demasiado
 los grandes. Los nios modernos nacen enseados. Oyen unas cosas
en casa! El numeroso repertorio de obras infantiles con que cuenta
el teatro ingls, no es aprovechable. Demasiado inocente. No por lo
fantstico de sus asuntos, casi siempre basados en los cuentos de
hadas ms populares; no soy de los que abominan de la fantasa en la
educacin, como el maestro de Los tiempos difciles de Dickens, con
su muletilla: Hechos, hechos! Al contrario, es preciso huir de toda
pretensin docente, y mucho ms, utilitaria. Lamartine abominaba de las
fbulas de Lafontaine, como obra educadora. Tena razn; su moralidad,
mejor dicho, inmoralidad practicona, desengaada, toda malicias y
desconfianzas de rstico, es deplorable para el espritu de los nios,
abierto siempre  la generosidad y  la esperanza.

Contra la opinin de Lombroso, que ve en el nio  un pequeo salvaje
y casi  un criminal en germen, y asegura que todo nio es egosta,
embustero y ladronzuelo, menos uno que era un encanto; uno que se le
muri al doctor... Oh, bancarrota de la ciencia en esta pgina de
uno de sus libros, que contradice con lgrimas la afirmacin rotunda!
Yo creo que todos los nios son buenos... hasta que los padres y los
educadores los hacen malos.

Cuando se oye  algunos padres decir: Qu nio este! Es muy malo,
muy malo!, pensad siempre: Y ustedes, son ustedes buenos? Lo que hay
es que el nio manifiesta sin fingimiento las malas cualidades que los
padres encubren con la hipocresa que da la experiencia. Cuando ellos
se lamentan de que el nio les pone en ridculo, sacando  relucir los
defectos de alguna visita, no ser que el nio les oy murmurar en su
presencia de todos los conocidos y amigos?

Sucede muchas veces que el nio es quien no puede explicarse por qu
sus padres y los mayores de la casa, hablan siempre mal de alguna
visita que l no encuentra antiptica por ningn estilo. Claro es,
que en fuerza de oir cmo los mayores la ridiculizan y menosprecian,
l acabar tambin por retirarle su simpata, aun sin explicarse las
razones.

Cuando reprendis  un nio porque trata con altanera  un criado,
estis seguros de que no imita vuestro tono, al reprenderle cuando
cay en vuestro desagrado? Por lo regular, muchos padres slo reprenden
 sus hijos cuando les molestan  ellos, aun con juegos  travesuras
propias de nios; en cambio, son de una lenidad punible, cuando
molestan  los dems, con cosas que suelen ser aprendidas de los
padres.

Entonces, dirn ustedes: ms que un teatro para divertir  los nios,
haca falta uno para educar  los grandes... Sera intil. Habra que
cerrarlo. Parecera inmoral.

                             [Ilustracin]




                                 XXVI


Me preguntan, unos de buena fe, otros, acaso con la misma intencin
con que el cura del cuento preguntaba al muchacho si, puesto que Dios
estaba en todas partes, estara tambin en el corral de su casa; para
poder decir: Cogte!, si en el futuro teatro de los nios tomarn
parte principal actores infantiles. No, seores, no; no hay cogte,
que en casa no hay corral. Y si el teatro de los nios  divertirlos
ha de estar dedicado, mal cumplira, si para divertir  unos haba de
mortificar  otros. Cuando alguna obra exija algn personaje infantil,
nia  nio, no faltarn zangolotinos de ambos sexos que sepan dar al
pblico la ilusin de la infancia.

Garridos muchachotes fueron Ofelia y Julieta, en tiempos de
Shakespeare--sin que el autor de _Un drama nuevo_ se hubiera
enterado.--Y despus de todo, de la juventud  la niez no es tanta
la distancia como de la juventud  la madurez bien madura, y todos
los das vemos en esos teatros galanes y damas polleando--sobre todo,
damas, que ya eran gallos, con sus patas de lo mismo y todo, cuando uno
estaba en plena edad del pavo. Como que al verlos suspirando amores,
ms  menos contrariados le dan  uno ganas de vestirse de marinero y
rodar una naranjita, si no fuera el temor, que ellos no tienen,  la
voz implacable que oy en semejante caso, el famoso Sr. Patio.

No quiere esto decir que, el estudiar y representar comedias, no
sea conveniente para los nios. Es un buen ejercicio de memoria, de
entendimiento y de pulmones; se adquiere, adems, soltura y elegancia
en la diccin y en los modales. Para nios estn escritas y para ser
representadas por ellos, numerosas comedias inglesas y quin duda que
los ingleses saben educar  sus nios? Pero una cosa es representar
particularmente para recreo propio y de los amigos, y otra la profesin
teatral, ms agradable en apariencia, pero no menos nociva que otras
para la salud de los nios.

Tranquilcense, pues, los que quisieran verle  uno cogerse los dedos
 cada paso. En el teatro de los nios no habr ms nios que los
espectadores.

                   *       *       *       *       *

Algo de bizantinismo puede parecer en las presentes circunstancias,
preocuparse por frusleras; aunque quin sabe en el mundo cules sern
las verdaderas frusleras? Todo consiste en contemplar el hormiguero de
la tierra  el hormiguero de los astros, como lo contemplaba Orozco, el
magno personaje de Galds, limpiando en la contemplacin su espritu de
mezquinas pasiones terrenas.

Nada se dice del Teatro Nacional, nada tampoco de la concesin
del Espaol. El primero, ya sabemos que lucha con dificultades de
instalacin. Pero el segundo...  qu se espera? Se adjudicar,
como siempre  ltima hora, sin tiempo de preparar compaa ni obras?
No vala la pena entonces de mostrarse tan intransigentes con otros
concesionarios, ni de negarse  ceder el teatro al Estado.

Una temporada digna del que hemos convenido en llamar nuestro primer
teatro, no se improvisa en cuatro das. Se asegura que son varios
los solicitantes; que la santa recomendacin hace de las suyas. Entre
los nombres que suenan--y este no necesita recomendacin,--figura el
de Carmen Cobea. De otros se habla tambin con grandes mritos y
prestigio... para el teatro francs. El Ayuntamiento tiene la palabra.
No creemos que por ser de Madrid, pretenda hacer en su teatro un Dos de
Mayo  la inversa.

                   *       *       *       *       *

Continan en Munich las representaciones del teatro Artstico;
muy interesantes para todos los que de arte teatral se preocupan.
Su sistema de _mise en scene_, que pudiera llamarse sinttica 
simplificada, es muy digno de estudio y debiera aplicarse siempre que
de obras de imaginacin y de poesa se trata. Las obras de Shakespeare
pueden as representarse con todos sus cuadros y mutaciones, sin el
cansancio que producen los repetidos intermedios prolongados. Contra el
sistema de acumular detalles, de mayor vistosidad que buen gusto, casi
siempre, la decoracin, en el teatro Artstico, es slo un fondo de
cuadro, lo preciso para animar  las figuras con su propio ambiente,
sin avanzar ni sobreponerse  ellas. La armona de luces y color es
perfecta. En _El Mercader de Venecia_, un fondo de cortinas verdosas,
una mesa con las tres cajas del enigma; la figura de Porcia, vestida de
un brocado de rosa y oro; la de su dama, vestida de verde, en tono ms
claro que el fondo; la figura del prncipe de Marruecos, envuelta en un
blanco albornoz; la del prncipe de Aragn, como figura de una talla
del siglo XV, forman un cuadro acabado, con los ms sencillos medios
de ejecucin. En el ltimo cuadro, un muro agrisado, la sombra de unos
pinos, bastan  proclamar toda la potica emocin de aquellas ltimas
escenas en el jardn de Porcia, saturadas de poesa.

No en todas las obras representadas se ofrece el mismo artstico
conjunto. En algunas, la _mise en scene_ es del antiguo rgimen, y en
alguna del malo. Pero en _El Mercader de Venecia_, en _Lysistrata_,
en _Hamlet_, tienen mucho que aprender los directores de escena y los
escengrafos.

Sabido es que en Alemania fracas el clebre actor ingls Mr. Tree,
que presenta las obras de Shakespeare con una suntuosidad ms propia
de comedias de magia  revistas de espectculos. Los alemanes,
acostumbrados  su teatro Artstico, opinaron que en el Shakespeare de
mister Tree, como en el conocido cuento, los rboles no dejaban ver el
bosque. Y cuando el bosque es Shakespeare!

                             [Ilustracin]




                                 XXVII


El Seor nos libre de jueces negligentes  corruptibles; pero no deje
de librarnos tambin de los ntegros y celosos, que apenas tropiezan
con persona de algn viso social en el enredijo de sus actuaciones, por
dejar bien sentada la inflexibilidad de su justicia, al menor indicio
no dudarn en presumir la culpa; como si quisieran decirnos: Aqu, que
no me dirn que peco.

Bien est que la recta espada y la fiel balanza no distingan de clases
ni de personas; pero no por igualar desigualemos tanto que la camisa
limpia venga  ser un indicio de culpabilidad, y el ser grande de
Espaa y caballero de alguna orden, antecedentes penales. Peligrosas
prendas son en estos tiempos la levita de los caballeros y el sombrero
de las seoras; pero aun no deben considerarse como agravantes. Se
puede vestir bien y ser persona decente.

                   *       *       *       *       *

Aunque otras ventajas no tuvieran las guerras--deben de tener otras
muchas,--la ms indudable es la de contribuir  la difusin de la
cultura. As, en Espaa, gracias  las algaradas rifeas, es seguro que
cada diez  doce aos venimos  enterarnos de una porcin de cosas que,
apenas pasada la excitacin guerrera, nos apresuramos  olvidar, para
tener el gusto de volver  recordarlas  la primera ocasin.

Difcil es, sin embargo, poner de acuerdo las diferentes versiones.
 estas horas hay quien nos ha mostrado el Rif como una tierra de
promisin; y slo le ha faltado enviarnos de muestra un buen racimo
de uvas, como aquel de que nos habla la Biblia. Otros, en cambio, nos
dicen que aquello es de una aridez que espanta; arenales  riscos. Ello
depender de la parte que cada uno mire, y lo ms probable es que all
haya un poco de todo. Ms cerca est nuestra Castilla y hay quien la
supone una llanura sin fin, seca y desolada; mientras otros nos hablan
de sus sierras pintorescas, de sus arboledas frondosas...

Sin ir ms lejos; se habl de la utilidad que en la campaa podran
prestar los camellos--produciendo la natural alarma en algunos
organismos oficiales docentes.--En seguida hubo quien puso el grito
en el desierto. Camellos? Los camellos no sirven all para nada. Y
nos dieron un curso de zoologa y otro de topografa, y  todo esto
sin saber  qu joroba quedarnos. Sirve el camello? No sirve el
camello? El camello es lo mismo que el dromedario? El camello tiene
una sola joroba  puede tener dos jorobas, como se puede ser miembro de
dos Academias  presidente de varias corporaciones, como D. Alejandro
Pidal: pongo por compatibilidades?

No hay duda; las guerras ilustran. La letra con sangre entra. No
hay idea de lo que vamos aprendiendo ahora, y que nunca hubiramos
llegado  saber en tiempo de paz. La paz enmohece los espritus. Sin
las guerras napolenicas, el espritu de la Revolucin francesa no
se hubiera difundido tan rpidamente por Europa. Hay quien dice que
nada se hubiera perdido y hasta que poda perdonarse el bollo por el
coscorrn, como si todo progreso de la humanidad no hubiera costado
muchos coscorrones.

Hay quien contradice: Y las conquistas de la Ciencia y del Arte y de
la Industria, no son pacficas? Tampoco. Pacficas para los pueblos;
pero los hombres de ciencia, los artistas, los industriales, los
trabajadores, no han regado con su sangre--del cuerpo y del alma,--el
campo fecundo de sus descubrimientos, de sus creaciones, de sus
inventos? No hay trabajo sin pena, y hasta la contemplacin es dolor.

Guerra, guerra siempre y en todo! El reino de los cielos ha de ganarse
con violencia, nos dice el Evangelio. Sin duda, con violencia sobre
nuestras pasiones, sobre nuestros instintos. Qu mayor combate? El que
quiera lograr algo en la vida, hay da que pueda encontrarse sin alguna
baja en su corazn y en su entendimiento: El amor de ayer, la verdad de
ayer, la ilusin, que pareca de toda la vida...

Cuntos muertos enterraremos al cabo del tiempo en nosotros! As,
cuando alguien nos dice: Usted, que ya ha triunfado; nos da ganas de
decirle: Triunfar, dice usted?... Y yo cre que vena derrotado. Y es
que si nos paramos  contar nuestros muertos, cualquier triunfo parece
una derrota.

                   *       *       *       *       *

Ecos del veraneo. En la terraza de un casino.

Se habla de una seora casada, que se permite los ms variados y
escandalosos coqueteos con unos y con otros.

--Est dando mucho que hablar--dice una amiga.

--Pues hace muy mal--dice otra.--Porque ella no tiene posicin.

                             [Ilustracin]




                                XXVIII


Peligroso sistema es el de algunos predicadores y moralistas, que
para llevarnos despus con mayor fuerza al aborrecimiento de vicios
y pecados, van puntualizndolos y describindolos primeramente, con
tal viveza de colorido, que tal vez cuando llega la ducha fra de la
moraleja, anda ya el mismo demonio desatado por nuestra imaginacin,
impresionada por la primera parte del discurso, ms pintoresca y amena
que la segunda. Sabido es que de cien lectores de la _Divina Comedia_,
noventa y nueve no pasan ms adelante del Infierno, y si algunos pasan
del Purgatorio, pocos son los que llegan al Paraso.

Los episodios dramticos y pasionales del Infierno, con la sabrosa
comidilla de saber all  muchos ilustres personajes, interesan
nuestra atencin con mayor fuerza que las disquisiciones teolgicas y
descripcin de celestiales bienaventuranzas de la segunda y la tercera
parte.

Cuando se quiere moralizar con fruto, bueno es ir  lo moral por lo ms
derecho, sin entretenerse en pinturas de inmoralidades, porque, aparte
de que las comparaciones son odiosas, es el espritu humano de tan
depravada condicin, desde la cada del primer hombre, que quin nos
asegura de que metidos en comparaciones no salga perdiendo la moralidad
y todo el sermn venga  ser perdido? Sin contar con que nunca faltan
descreidotes y socarrones, muy al tanto de los efectos oratorios, que
acudan  divertirse con la primera parte, la de las vivas pinturas, y
cuando toquen  moralizar salgan ms que  paso y ms empecatados que
vinieron.

Por todo esto, y algo ms, tengo por peligrosa la publicacin de
proclamas disolventes en que se abomina de todo el orden social. Este
admirable orden social en que tan  gusto vive una pequea parte de
la sociedad que, por fortuna, es la que tiene el dinero. Claro es
que  sta le pondr carne de gallina la lectura de esas abominables
proclamas, y comprender la buena intencin al publicarlas en poner
de manifiesto lo que tanto energmeno piensa y maquina para acabar
con el mundo, si les dejaran. Pero y  la otra mayor parte, no tan
bien hallada en este rico mundo?  tanto cerebro debilitado por la
escasa alimentacin, qu efecto puede producirles? Son lecturas esas
demasiado fuertes para estmagos desfallecidos.

Y si despus de las terribles proclamas, el moralista nos brindara con
palabras de paz y de dulzura!, pero no;  la proclama del desorden,
responde la del orden; no sabemos cul ms temible; energmenos por
abajo y energmenos por arriba... S que es para pacificar los
espritus!...  los de casa no nos llega la camisa al cuerpo. Qu
extrao es que los de fuera quieran meterse en camisa de once varas!
Y  todo esto sin saber si Anatole France vale  no vale. En la duda,
bueno es volver  leer _La Isla de los Pinginos_, mas que traducida al
espaol, adaptada  la vida espaola. Porque vaya si estamos pinginos
unos y otros! Y el que quiera salirse del corro, que levante el vuelo.

                   *       *       *       *       *

Tan metidos estamos en pelea, que hasta de asunto en apariencia tan
pacfico como la adjudicacin de un teatro--verdad es que se trata del
teatro Espaol, y el nombre obliga,--damos batallas y nos dividimos en
bandos.

Se habla de intereses materiales y de intereses artsticos. Otro afn
espaol, este de separar lo material y lo espiritual, como si fuera
posible plena vida sin el sano consorcio de espritu y materia!

La palabra negociante est muy desacreditada, y conviene rehabilitarla.
De lo que hay que huir es de un mal negociante, pero del que sepa
serlo, nunca. El buen negociante sabe lo que son cantidades morales y
sabe sumarlas. El mal negociante cree que el arte no da dinero; el buen
negociante sabe que el arte puede dar dinero, si es verdadero arte. No
es bueno todo lo que da dinero por esos teatros; pero obsrvese que
siempre es lo menos malo.

Yo aconsejara  Federico Oliver, ya que por garantas artsticas
ha conseguido la concesin del teatro, que se sintiera ahora lo ms
negociante posible, y en este caso, atento al negocio sobre todo,
contratara una buena compaa; admitiera muy buenas obras y las
presentara con la mayor propiedad. En esto consiste el buen xito de
los negocios teatrales, y del conjunto de todo esto--qu rareza!,
verdad?--cuando se ha hecho un buen negocio, suele resultar que
tambin se ha hecho arte.

Ah! Evtense las falsificaciones. Las ms corrientes en las obras
teatrales suelen ser: de lo literario con lo soso, de lo profundo
con lo aburrido, de lo nuevo con lo extravagante, de lo potico con
lo cursi, de lo atrevido con lo grosero. Todas estas falsificaciones
se encierran en una: Tener el teatro vaco y decir que fu porque
se hizo arte y el pblico no supo apreciarlo. El verdadero arte del
teatro es... hacer negocio, y el verdadero negocio es... hacer arte.
Shakespeare y Molire ganaron mucho dinero como empresarios. No s si
podr decir lo mismo el seor Reinot.

                             [Ilustracin]




                                 XXIX


Si alguna vez--no lo permita Clio,--me viera precisado  escribir 
 explicar un curso de Historia de Espaa en los tiempos modernos,
por cuanto  su historia poltica se refiere, les aseguro  ustedes
que saldra pronto del paso. Gobiernos? Cambios de poltica?
Conservadores, liberales? Es lo mismo. En Espaa, en los modernos
tiempos, no hemos tenido mas que un solo gobernante: el miedo.

Vase la clase: perodo de la Restauracin; miedo  los republicanos.
Todos los esfuerzos, toda la energa y todas las habilidades del
que por entonces fu el amo de Espaa, no tuvieron ms alto fin que
desbaratar y quebrantar  los republicanos. Acaso hubiera sido mejor
poltica educar al pas y fortalecer su voluntad por si llegaba el
caso en que tuviera que gobernarse por s mismo... Pero no, aquel
gran pedagogo  la antigua espaola era de los que consideraban 
los pueblos como eternos nios  incapacitados... Adelante. Perodo
de la Regencia: miedo  los carlistas, concesiones y mimos  Roma y
contemplacin de toda clase de gaitas eclesisticas... Despus, hasta
nuestros das, un poco de miedo  los obreros; coqueteos socialistas,
leyes y disposiciones mal meditadas, como procedentes del miedo ms que
de un espritu de justicia... Despus, miedo al catalanismo. dem, dem
de lienzo, con el feliz xito que todos hemos podido apreciar... Ahora,
miedo ... Miedo al valor, que es un colmo; miedo siempre y  todo. Y
es posible que una nacin gobernada por el miedo pueda prosperar ni
engrandecerse?

Muchas vueltas da en estos das el espritu nacional en torno al
Gurug; esos riscos que han llegado  ser como smbolo de la barbarie
atrincherada entre piedras y sombras... Ms debiera de preocuparnos los
muchos _gurugs_ que tenemos en nuestra casa.

Hay en Espaa una juventud que,  se ha educado por s misma,  ha
sabido elegir mejor conductores que los designados por la sabidura
oficial; hay en esa juventud polticos no malogrados todava por el
contacto con _los viejos_, aunque por mal entendidos respetos parezcan
dejarse dirigir por ellos... Djense de respetos que nadie ha de
agradecerles! Juventud espaola, adelante, arriba  la conquista del
Gurug nacional! El Miedo ha gobernado bastante.

                   *       *       *       *       *

En estos das, principio de la temporada teatral, es cuando mas
compadezco  los ministros y grandes personajes. Qu ser de ellos
todo el ao, si uno, pobre autorcillo de comedias, con esfera de
influencia tan reducida, se ve abrumado de solicitudes y demandas de
recomendaciones?

De todas ellas, ningunas tan embarazosas como las acompaadas de
manuscrito; con aquello de: Deseo conocer su sincera opinin... Y aqu
del problema. Puede darse la sincera opinin? _Doit-on la dire?_ Como
preguntaba el autor cmico francs, en asunto no menos peliagudo que
este de opinar sinceramente sobre una comedia.

Aparte la desconfianza en el propio criterio y mucho ms en el del
pblico. Ve uno aplaudido tanto desatino! Quien cae en el lazo de
opinar sinceramente, cuando la opinin es desfavorable, y por serlo,
inmediatamente ha de parecer equivocada,  lo que es peor, tal vez
envidiosa?

Pedirle  uno opinin en materia tan delicada, que atae al buen juicio
y entendimiento del demandante, es examinarle  uno de educacin ms
que de otra cosa.

Del: Usted, que es una autoridad; al: Quin es l para juzgar mi
obra?, no hay ms que un tramo de escalera. Y, sin embargo, hay
ocasiones en que quisiramos bien ser sinceros y que nuestra sinceridad
no dejara lugar  dudas. El desengao es triste, pero el engao es
cruel. Si aun las verdaderas y legtimas musas suelen causar muchos
destrozos  su paso, qu estragos no causar la _musa loca_?; esa musa
que tan bien nos presentaron los Quintero en los lances sainetescos y
trgicos de una bella comedia.

No saben los portadores del manuscrito de sus ilusiones, el verdadero
conflicto dramtico que nos plantean al solicitar humildes una opinin
franca.

Cuntas veces  trueque de antipatas, con la dudosa esperanza de
que algn da fuera mejor apreciada mi lealtad, he preferido como
Segismundo: _Por ser piadoso contigo, ser cruel contigo ahora_!...
Pero advierto una tal expresin de tristeza ante el desengao! Hay
tan pocas verdades que compensen la prdida de una sola ilusin! Y,
despus de todo, para qu anticiparnos unos aos, unas horas,  la
verdad que ha de decidir, por fin, la vida, con su autoridad inapelable?

Y aun la vida no suele convencernos. Tambin puede equivocarse. Y
nosotros, ya que podamos como ella equivocarnos, no seamos crueles como
ella. Permitid, seora conciencia, que nunca falte una amable mentira
en nuestros labios, cuando alguien se llega  pedirnos una opinin
sincera!

                             [Ilustracin]




                                  XXX


Sultn estar amigo, francs estar amigo, todos amigos; pero entre las
grandes potencias y las pequeas impotencias, entre notas diplomticas,
manifestaciones callejeras delante de nuestras embajadas y artculos
periodsticos, nos estn poniendo por esos mundos, cual diran
conservadores, si estuvieran en el poder los liberales.

En vano es que de cuando en cuando, la contadura de aqu procure
endulzarnos tanta amarga pldora, copiando algn artculo  sueltecillo
de las contaduras de por ah. Todos sabemos  qu atenernos, y el
pblico hace de ellos el mismo caso que de los desacreditados reclamos
teatrales cuando anuncian despus de un fracaso en parecidos trminos:
Cada da es ms aplaudida la obra tal, estrenada con tan extraordinario
xito. Aligeradas algunas escenas, suprimidos varios nmeros de msica,
ms seguros los actores en sus papeles y corregidas las deficiencias en
decorado y vestuario, las representaciones se cuentan por llenos. En
vista de tan extraordinario xito, la empresa ha acordado rebajar el
precio de las localidades.

Una cosa as, salvo la rebaja, vienen  ser esos sueltos, soltados
por algn amable peridico europeo, con los que se ufanan nuestros
gobernantes, como se ufana el que solt una paloma mensajera, al verla
regresar con toda felicidad al palomar de procedencia.

Entre tanto, vuelan  su antojo aves de rapia; aves de mal agero y
toda clase de canards.

Siempre fu prudente regla de conducta lavar en casa la ropa sucia;
ahora nos hemos vuelto rumbosos y la damos  lavar fuera, y como est
algo pasadita, van  dejarnos sin tener que ponernos, como no sea
un conservador atrs y un neo _alante_; traje poco  propsito para
presentarnos en la buena sociedad europea.

Los franceses, sobre todo, se exceden en demostrarnos su buena amistad.
Estn seguros de que no hemos de enfadarnos. Tenemos all, para
corresponderles con agradecimiento,  la flor de nuestra aristocracia y
de nuestra elegancia, veraneando en Biarritz y vistindose en Bayona.

En Espaa no hay donde veranear  gusto. San Sebastin es demasiado
ciudad para vida de veraneo, y las pequeas playas carecen de todo
confort... Es posible; pero, faltan veraneantes porque faltan
comodidades,  faltan comodidades porque faltan veraneantes? San
Sebastin y Biarritz no improvisaron hoteles, villas y casinos en
espera de gente; fu la gente, prefiriendo esos, que eran pueblos de
pescadores, y pasando por mil incomodidades en los primeros aos, la
que fu dando vida y comodidad  esos pueblos. Como ellos hay muchos en
Espaa, que pudieran rivalizar con las playas francesas y con la nica
de moda en Espaa. Claro est que es ms cmodo encontrarse con todo
hecho y bien dispuesto que pasar fatigas y molestias de descubridores
y colonizadores. Pero, seoras y seores mos! El patriotismo no debe
mostrarse slo en caso de guerra, hay un patriotismo de la paz, tal vez
ms difcil y menos brillante, que consiste en una porcin de pequeos
sacrificios por parte de todos; pequeos sacrificios que hacen  las
naciones grandes.

Esos pequeos sacrificios, no tan penosos como labrar surcos, partir
piedras  sepultarse en minas, consisten para las clases pudientes
y directoras en bien poco; en vestir algo ms cursi unos cuantos
aos con lo de casa, para enriquecer  la industria y al comercio
nacionales, y llegar  vestir con lujo y con gusto, sin necesidad de
acudir para ello  Bayona y otras grandes capitales extranjeras; en
conformarse con veranear modestamente en un modesto pueblecillo, para
que vaya prosperando, y al cabo de unos aos nada tenga que envidiar
 esas encantadoras playas francesas; en aburrirse por algn tiempo
benvolamente, como saben aburrirse los grandes seores, con nuestros
novelistas, con nuestros autores dramticos, con nuestros msicos, con
nuestro pobre, pero bien intencionado arte, para que, animados nuestros
modestos artistas con nuestra benevolencia, lleguen  sentirse grandes
y capaces de producir grandes obras.

Todo esto y algo ms, por este orden, supone pequeas molestias,
ocultos sacrificios que no hallarn eco en las crnicas de sociedad
ni harn figurar tanto nuestros nombres como las listas de las
suscripciones benficas y patriticas. Es tan fcil ser generoso y
magnnimo y valiente, cuando todos nos miran! Lo difcil es serlo
humildes y callados, en el annimo de una obra donde slo se lea un
nombre: Patria.

                   *       *       *       *       *

Todos los das y en los sitios ms cntricos, saluda uno  procura _no_
saludar, aunque en Madrid  nada compromete el saludo,  conocidos
carteristas, estafadores, _chanteurs_, jugadores de ventaja, etc. etc.;
el que ms y el que menos con una docena de causas pendientes y todos
ellos pasendose en la ms dulce libertad y sin desatender los negocios
de su profesin, mediante fianza pecuniaria  personal, prestada por
algn conocido tabernero.

Estas facilidades no rezan con el escritor procesado por delitos de
pluma, que no fu falsificadora.  ste no se le excusan rigores ni
molestias. Suprema voluptuosidad de unos Nerones de poquito!

No estn los tiempos para hacer de tigres y se contentan con ser
chinches. Porque toda esa rigurosidad, cuando en la conciencia de
todos est que, por muy excepcionales que sean las circunstancias,
no puede ser delito un mes al ao, lo que no debe serlo nunca, no
pasa de ser... chinchorreras. Gusto de poder decir  cuatro amigos,
frotndose las manos de gusto: Para que vean cmo las gastamos. Que se
fastidien!

S que saben ustedes fastidiar, pero si ustedes vieran que no es por
eso!

                             [Ilustracin]




                                 XXXI


Impacientes por recibir una ovacin, los autores de la obra
representada, con mejor xito para la interpretacin que para la obra,
han querido aprovechar un aplauso arrancado por los intrpretes, para
dar la obra por terminada; cuando en realidad, slo estbamos en un
final de acto. Ya nos disponamos todos  regocijarnos con el fin de
fiesta, cuando por orden superior ha vuelto  levantarse el teln con
gran descontento de algunos impacientes. Todo por no haber rehusado
modestamente los autores, aplausos prematuros, como es uso y costumbre,
con la consabida frmula: Los autores suplican al pblico reserve su
juicio hasta la terminacin de la obra. Poco seguros deben de estar
de su xito personal, cuando tales impaciencias revelan! Gracias  que
el pblico es bonachn de suyo y est ya resignado  todo, pero no
es bueno jugar con l  este tira y afloja, porque cuando menos se
espere, pudiera tirar las butacas al escenario.

Todos confiamos en que el xito ser brillante, aunque la obra no d
grandes rendimientos. Pero aqu se trabaja por el arte. Cuando todo
est apaciguado, nosotros sostendremos un ejrcito de ocupacin,
los ingleses y los franceses explotarn las minas, y los alemanes
explotarn  todos, vendindoles sus gneros. Nuestros capitalistas
continuarn prestando al Estado y  los particulares en buenas
condiciones, los trabajadores continuarn emigrando y no hacia el Rif,
precisamente, porque sern tan torpes que no se habrn dado cuenta
todava de que nuestro porvenir est en frica, como dijo la buena
reina Isabel la Catlica, que no sabemos por qu empeara sus joyas
para descubrir Amrica.

Est visto que nuestra historia es una lamentable serie de
equivocaciones, y mientras apuntamos al pjaro que est en el aire,
dejamos escapar al que tenamos en la jaula.

                   *       *       *       *       *

Las _sufragitas_ de Londres son unas fieras y no reparan en gasto
ni sacrificio para salirse con la suya. Encarceladas las ms
recalcitrantes, decidieron dejarse morir de hambre, para que su muerte
pesara siempre sobre la conciencia de los hombres, sus perseguidores,
polticos, se entiende, que de perseguirlas en otro orden de ideas, no
seran ellas las que se dejaran morir de hambre.

Ello es que los mdicos y empleados de la crcel, se vieron precisados
 violentarlas--en el mejor sentido de la palabra,--echndolas de comer
como quien ceba pollos. Y ahora ellas protestan como un solo hombre
contra ese atropello en tan mala forma. Si el atropello hubiera sido
integral! Lo que dirn ellas: No slo de pan vive el hombre, y la mujer
mucho menos. Pero el hombre es brbaro y tirnico hasta cuando quiere
ser compasivo. Las atraca para no dejarlas morir de hambre material
y grosera, y no repara en otros ayunos ms espirituales, que acaso,
remediados  tiempo, hubieran evitado la excitacin poltica de esas
denodadas mujeres. Pero el hombre, brbaro y tirnico para esos ayunos
espirituales, slo tiene una despectiva frase:  falta de pan buenas
son tortas. Y esto lo saben bien las _sufragitas_.

Y por qu no conceder  las mujeres todos los derechos, civiles y
polticos? Aunque ellas con uno solo se contentaran y mejor si era de
los civiles.

                   *       *       *       *       *

Como los teatros serios aun no han inaugurado su temporada, y los
semiserios ofrecen tan pocas novedades, el pblico llena los salones
de _variets_. Por poco dinero se siente uno sultn de un sin fin
de odaliscas dispuestas  divertirle con danzas y canciones. Cierto
que las hay del tiempo de Muley el Abbas, pero con las luces y el
colorete, y considerando la eternidad del tiempo, an dan su golpe.
Ojal!--pensarn algunos de los contemporneos al contemplarlas--que
uno pudiera darlo lo mismo.

Los estudiantes, recin llegados para emprender sus tareas del curso,
acuden presurosos  iniciarse en los placeres de estos parasos
artificiales, y desde luego empiezan  tomar apuntes.

Los tangos y los garrotines se suceden, y lo que es peor, se parecen.
La juventud relincha y patea, la formalidad se congestiona, los
acomodadores estn plidos y ojerosos. Las odaliscas se deshacen por
complacer al pblico, y lo mismo sonren  un aplauso que  una
grosera; all todo es lo mismo. Lo que ellas dirn, parodiando al
torero: Mas grosera es el hambre.

Alguna vez pasa una rfaga de belleza  de arte, y el pblico guarda
respetuosa compostura. Para que el pblico respete hay que empezar
por respetarle... pero en seguida vuelve el garrotn, vuelve el
tango, vuelve la cancin grosera y las patadas y los dicharachos, y
un matrimonio de burgus aspecto que, sin duda, entr all por ver de
todo, se levanta antes de que termine el espectculo y sale presuroso.

--Ese seor se lleva  su seora. Si no la trajera  estos sitios!

--Pero, usted cree?--dice otro mejor informado.--Si es ella la que le
trae  l, y es ella la que se le lleva... Y es un matrimonio que se
lleva muy bien.

--Ya lo creo. Aplicado as el _cine_ es un espectculo moralizador y
reconstituyente.

                             [Ilustracin]




                                 XXXII


Hay algo ms triste para el escritor que no ser ledo: ser
mal interpretado. Un annimo comunicante, persona de gran
inteligencia--esto no lo encubre el annimo,--me censura por no mostrar
grandes entusiasmos blicos. Con la lectura de anteriores artculos
podr convencerse de lo contrario. Fu de los primeros en censurar
el _sanchopancismo_ que huye de las aventuras como del agua fra
gato escaldado. S, que soy yo autoridad para burlarme del espritu
aventurero, cuando casi no me queda por correr ms aventura que la de
meterme fraile! Todos los peligros y contingencias que mi comunicante,
con gran acierto, prevea para Espaa de no haber aceptado la guerra
del Rif, son para m evidentes, y siento no poder publicar su carta,
pues, sobre todo en lo que se refiere  la cuestin de Catalua, es de
una clarividencia proftica.

Lo que yo lamentaba no es la guerra, sino la ineficacia de sus
resultados. Nos falta idealismo del mejor, que es el idealismo
prctico. Triunfaremos en el Rif con las armas y no triunfaremos con
el espritu, y sin l todas las ametralladoras, escuadras y soldados
del mundo son intiles. Despus que las armas y la sangre vertida nos
hayan abierto el camino, ir all el dinero que duerme en nuestros
Bancos, esperando la buena hipoteca  el buen emprstito que venga 
despertarlo? Ir nuestra industria? Ir nuestro comercio? Lo difcil
no es emprender, sino persistir. Delante Don Quijote

    con su adarga al brazo todo fantasa;
    con su lanza en ristre, todo corazn,

como canta Rubn Daro; pero detrs Sancho, con sus buenas alforjas y
su manso rucio,  gobernar las nsulas ganadas por su amo, con buen
juicio y mejor sentido. Y quiera Dios que algn Tirteafuera de por
esos mundos diplomticos no deje caer su varita privativa al primer
bocado! Por lo dems, muy agradecido  mi comunicante por su corts
misiva.

                   *       *       *       *       *

Hay quien reniega de toda blandura con el enemigo y pide guerra de
exterminio. Exterminio de qu? Porque no es tan fcil exterminar una
raza, y exterminarla  medias es dar vida perdurable al odio, y medio
pueblo con odio vale por un pueblo entero.

Los ejemplos histricos de la guerra sin cuartel no son de lo ms
convincente. Todava sirve para espantar muchachos el recuerdo del
duque de Alba en los Pases Bajos; pero, son independientes? Los
rigores de algn general en provincias espaolas, han servido de algo?
Recientes sucesos son la mejor respuesta. En Argelia y en Casablanca
los franceses, y los ingleses en sus posesiones y en la ltima guerra
del Transvaal, despus de los primeros furores, no tuvieron que
pastelear dulcemente, como cualquier hijo de vecino?

Dejemos el espritu inquisitorial, nico que hemos paseado por el
mundo y as nos ha lucido el pelo. Dejemos de ser el pas de las
intransigencias feroces, donde no es raro oir, como o yo  un buen
seor, posedo de la mayor indignacin.

--Quite usted! Al que hace eso, yo le mataba. Y saben ustedes lo que
haca quien as se indignaba? Aadir un poco de agua  media jcara de
chocolate. Figrense ustedes; si  tan inocente porquera sealaba
tan terrible pena en su cdigo particular, qu no sera en ms graves
asuntos? Yo sal aterrado del establecimiento lugar de la escena.

                   *       *       *       *       *

_Chantecler_, el ms cacareante gallo de todos los gallos tapados,
se apresta  la pelea. Las butacas para la _premire_ se cotizan 
cien francos.--Hay _premires_ de ms importancia que no se cotizan
tan alto; verdad que luego se encarece el precio en sucesivas
representaciones.--Esta reflexin es de una _cocotte_, celosa de
Rostand. Los palcos estn _hors de prix_.

De los Estados Unidos encargan localidades por lo que sea. Los que
de mejor  peor fe hacen el reclamo, y los que con absoluta buena fe
protestan contra el reclamo, hablan de lo mismo y todo es reclamo. No
parece sino que ese gallo es el mismsimo gallo de la Galia, que no
cant nunca ms sonoro ni desde Vercingitorix  Napolen el Grande, ni
desde Ronsard  Vctor Hugo.

Todo esto sera ridculo si no fuera simptico. No es de Rostand ni de
su obra de lo que se trata, para los franceses, es de la supremaca
del Arte francs, que ellos, con noble aspiracin, quieren sobreponer
al del mundo entero. Algo parecido  lo que hacemos aqu con el nuestro.

Apenas alguno de nuestros escritores viaja por el mundo  le piden
noticias de otros escritores espaoles (hay algunas excepciones), se
arrea un formidable bombo  s mismo, y  los dems los deja como para
que nadie quiera saber de ellos. As lee uno tan peregrinas cosas en
esos libros de hispanfilos, al travs de los cuales no es difcil
descubrir al Pjaro Pinto  Ninfa Egeria que apunt nombres y adjetivos.

Hay quien se cartea con medio mundo por el gusto de desacreditar al
otro medio. De las obras de nuestros autores no se sabr mucho por
tierras extranjeras, pero de si Fulano maltrata  su seora y atormenta
 sus nios, y si Mengano estuvo complicado en un escalo, eso, como en
casa.

As es, que al primer escritor espaol que visita  un escritor
extranjero, se le recibe con agrado; pero cuando llega el segundo...
encierra la plata. El primero dej preparado el terreno  los dems, y,
para que no cupiera duda de sus afirmaciones, se llev unas cucharas.

                             [Ilustracin]




                                XXXIII


Perdonen los jvenes autores, que por varios peridicos y
particularmente me han enviado una carta abierta, mi tardanza en
contestarles. Falta de salud, no de buena voluntad, ha sido culpable de
mi descortesa.

Cuenten ustedes con que no han de hallar en mi respuesta ni desdenes ni
adulaciones. Tienen ustedes mucha razn de su parte, pero no toda la
razn; por lo menos, en los medios que quisieran ustedes emplear para
imponerla.

Aun las dificultades para darse  conocer un autor son muchas, no lo
niego, y no pretender consolarles con la consideracin de que son
ahora mucho menores que en mis tiempos, con el recuerdo de luchas y
amarguras propias, con el sinnmero de obras que yo hube de escribir
antes de lograr que se representara una, no la mejor, de las que tena
escritas, que alguna fu despus tambin representada con mejor xito
que la primera. Todo esto que digo pudiera ser consuelo, pero no
remedio, y como dice Brabancio en Otelo: Nunca se curaron heridas
del corazn con emplastos para los odos. Ustedes hablan por su
herida y es justo acudir  ella con algn remedio prctico. Este slo
puede consistir en buena voluntad por parte de todos; de ustedes en
primer trmino, trabajando con fe, con entusiasmo, sin desmayar por
la primera, ni la segunda, ni muchas obras rechazadas. Todo llega 
su hora, cuando debe llegar. Si ustedes supieran cuntas veces me he
alegrado despus de no haber empezado demasiado pronto!

Las empresas, dicen ustedes, no admiten obras de los desconocidos;
desconfan de ellas. No obstante, en estos cuatro  cinco aos ltimos
ha aumentado la lista de autores seguramente en doble nmero que en
cualquier perodo anterior de veinte aos. Esto prueba mayor fecundidad
 mayor consumo; de cualquier modo, mas facilidades. Las empresas no
temen tanto los fracasos posibles como los falsos xitos. He aqu
la plaga que todos debemos combatir. Los estrenos con el teatro
lleno de amigos y abarrotado de _claque_; la crtica abrumada de
recomendaciones. Nuestra crtica es con exceso benvola; de ah que
alguna, vez, cuando deja de serlo, parezca injusta. El pblico, cansado
ya de ver obras muy aplaudidas y muy celebradas que no corresponden 
sus esperanzas, acaba por no acudir ni  los estrenos como la firma del
autor no le d alguna garanta. Teatro ha habido que bien pudo poner en
sus puertas: Cerrado por xitos. Todas las obras eran ovacionadas y
ninguna daba dos reales. Esto hace  las empresas huir de los estrenos
y preferir el repertorio, de no contar con obras de alguna garanta,
siquiera para que el pblico acuda al estreno. Hay autores que se
contentan con esta _gloriola_ del parecer y no ser, y salen  escena
tan satisfechos, sabiendo que todo el teatro ha sido regalado por ellos
y que las crticas  sencillas gacetillas del da siguiente les ha
costado mas pasos y mas recomendaciones que trabajo les cost componer
la obra.

Y pobre empresario si ante el vaco de los das siguientes se decide
 retirar la obra!--Cmo! Un xito de pblico y de prensa! Y la
obra tal que fu pateada sigue en el cartel todava!--Qu quiere
usted?--protesta el empresario.--La gente viene  verla.--Ellos no
comprenden que de un pateo del pblico verdadero pueda salir una obra
con ms vida que de los aplausos de un pblico amaado.

Verdad en los estrenos; equidad en la crtica. He aqu la mejor
garanta para las empresas. Limtese el nmero de billetes de autor,
suprmase la _claque_, si es posible, y djense de recomendaciones para
la crtica. Una friolera! Dirn ustedes. No es tan difcil el remedio.
Bastara con que la Sociedad de Autores publicara el ingreso verdad de
cada estreno y las empresas el nmero de localidades regaladas.  m no
me duelen prendas.

Ya es ms difcil y atentatorio  la libertad de los empresarios,
dueos de un negocio, imponerles la obligacin de estrenar  de no
estrenar obras de determinados autores. En primer lugar, dnde
empieza, y sobre todo, dnde y cundo acaba lo que ustedes llaman
_firmas_? Y suponiendo que los autores se dividieran en categoras y
solo pudieran estrenar en los teatros de categora correspondiente,
cmo impedir las representaciones de obras del repertorio, que seran
obstculo  los noveles, lo mismo que los estrenos de _firmas_?

No puede decirse tampoco que stas han abusado de un perfecto derecho
 estrenar en los _cines_. Ni podr suponerse que ha sido por idea
de lucro. Cualquiera de las obras estrenadas en ellos, en teatros de
mayor categora les hubiera producido cuatro veces ms en menor nmero
de representaciones. Estoy seguro de que algunos de estos escritores
de firma no han llevado ms idea que la de complacer  un empresario
  un actor amigo; la de favorecer con la mejor voluntad  un gnero
de teatros populares que merece toda simpata. Es injusto acusar de
egosmo ni de pretensiones de monopolios  estos autores. Cada uno de
ellos recomienda por lo menos cinco  seis obras de autores noveles por
temporada.

Mucho ms dira  mis amables y simpticos comunicantes si no temiera
entrar en particularidades poco interesantes para el pblico.

Tengo mucho gusto en ponerme  su disposicin para hablar ms
largamente de este asunto y perdonen si la contestacin no fu del todo
 gusto suyo. Ya empec diciendo que no hallaran en ella ni desdenes
ni adulaciones.

                             [Ilustracin]




                                 XXXIV


Si en Espaa no pensara una el bayo y otra el que lo ensilla, y el
bayo mejor que el palafrenero, en poco hubiera estado no tener nuestro
poquito de asunto _Dreyfus_, con su guerra civil _ideal_, al grito de
Patria, patria! de una parte, y de otra al de Humanidad, humanidad!
Por fortuna,  por desgracia, no hay asunto que nos interese ms de
cuatro das, y  las cuestiones ideales se sobreponen las personales,
que son las que ms nos preocupan. Todo cede ante el inters de los
nuevos nombramientos. La designacin de un gobernador importa ms que
nada; dentro de poco las elecciones, y vamos viviendo.

En el extranjero, aunque en apariencia parezca un disfavor, nos hacen
el favor todava de juzgarnos fanticos luchadores por las ideas... S,
s; buenas ideas nos d Dios! Personas, personas y personas! como
dira Hamlet, si hubiera nacido espaol. Somos realistas, en el sentido
filosfico de la palabra. Aqu las personas no son smbolo de nada,
sino de su persona misma. Se dir que hay pocas personas capaces de
elevarse hasta el smbolo. Pero, no; son creyentes los que faltan, no
son santos. Con un poco de devocin no es difcil levantar altares.

Ahora, digamos: Por qu siendo el pueblo ms indiferente en todo, en
Religin, en Poltica, en Arte, nos damos traza para parecer  los
extraos un pueblo intolerante y fantico? Es todo desconocimiento
de los extranjeros,  no habr algo de culpa por nuestra parte? Esto
es lo que debe interesarnos ms que todos los dimes y diretes de
casa y de fuera de casa. Por qu somos una cosa y parecemos otra? 
es que nosotros mismos no nos damos cuenta de lo que somos ni de lo
que parecemos? Es lo que importa averiguar. Nada ms triste que la
inconsciencia para los pueblos y para las personas. Fanticos por una
idea, tuerta  derecha, todava podemos parecer grandes; inconscientes
de todas, slo podemos parecer ridculos.

                   *       *       *       *       *

Quin haba de decirnos, pocos das antes que, en esta prxima
conmemoracin de los difuntos, nuestro ms fervoroso responso
sera por el partido conservador? No somos nada!  bien que los
conservadores podrn consolarse con la idea de que en este pas no se
puede ser cosa mejor que difunto. Por algo, entre nosotros, tiene su
conmemoracin tanto de fiesta pagana, con su bulliciosa visita  los
cementerios, el vistoso adorno de sepulturas, sus buuelos de viento
y sus representaciones del Tenorio,  modo de auto sacramental, ms
regocijado que severo. Tierra de un glorioso pasado, nuestro mayor
consuelo est en los muertos. Hay quien llora todava por Felipe II, y
quien suspira por no haber conocido  Doa Juana la Loca.

Al poltico joven y bien intencionado se le abruma con el recuerdo de
Cisneros, y al escritor novel se le aplasta con la balumba de nuestra
literatura clsica. Intil escribir despus de Cervantes; vano esfuerzo
pintar despus de Velzquez.

Lo que puede uno hacer de ms provecho es... hacerse el muerto.
Esto es lo que acaso no comprende el partido conservador, que ahora
quiere mostrarse ms _vivo_ que nunca. Gran desconocimiento de sus
intereses! La agitacin de tantos aos de mando no puede por menos de
haber alterado su organismo. Nada mejor que el reposo y el silencio.
Es el mejor sistema curativo para la neurastenia. Crean en mi consejo
desinteresado: cuanto ms quietecitos y ms muertos parezcan, ms
pronto lograrn nuestra admiracin. Los vivos molestan  todo el
mundo. Los muertos sirven para que medio mundo moleste al otro medio,
recordando las virtudes de los difuntos. Procuren sacar todo el partido
posible de su papel de muertos, que es el ms airoso en esta tierra de
los recuerdos... y de los olvidos fciles. Ellos deben saber mejor que
nadie cmo una corona de difunto puede convertirse en aureola.

                   *       *       *       *       *

Entre todos los personajes de nuestro teatro ninguno despierta tanta
simpata como Don Juan Tenorio. Ningn otro podra soportar la
peridica reaparicin con tanta seguridad de aplauso. Es tan espaol
este Don Juan, de Zorrilla, de quien hay que creer en empresas y
amoros, ms por lo que dice que por lo que hace, como  casi todos
nuestros polticos!

Y de un pueblo que adora  Don Juan, no podr decirse como  l mismo
su amada: Con Don Juan te salvars  te perders con l? Confiemos,
como Don Juan, en la infinita misericordia divina que le abri las
puertas del cielo, no por sus acciones, seguramente, sino por los
bellos versos en que supo decirlas. Por qu no han de pesar tanto en
la justicia divina las bellas palabras como las buenas obras?

                             [Ilustracin]




                                 XXXV


Quien llam  Pars _Cabotin ville_ vaya si supo ponerle nombre! Todo
en ella reviste aspecto teatral, y no es extrao que los comediantes de
Pars sean, si no los ms artistas, los ms actores del mundo; porque
en todo parisin hay un comediante nato, y en toda parisiense no se
diga!

El proceso Steinheil es en estos comienzos de temporada, la
pieza de mejor xito, y lo ser, por lo menos, hasta el estreno
de _Chanteclair_. Slo Rostand puede competir con esa admirable
artista hembra, que es  la vez autora y actriz en la interesante
obra representada. Hay que convenir en que cuenta con inteligentes
_partenaires_ para darle la rplica, y el pblico, por su parte,
interviniendo en la accin, como el coro en la tragedia griega,
contribuye  sostener el inters de la enredada trama, que para s
quisieran todos los escritores _rocambolistas_ y _sherlockholmistas_
que en el mundo han sido.

Difcil ser para los magistrados desenlazar la obra  gusto de todos,
y de condenar  la protagonista, todos podrn exclamar con ella misma,
y con mayor razn que Nern: Qu artista pierde el mundo! He ah
una mujer que no pudo  no supo acertar con su camino. En el teatro
hubiera llegado  _socia_ de la Comedia Francesa. No le hubiera servido
de poco, aparte las condiciones artsticas, su mano izquierda... 
su derecha vaya usted  saber! con personajes polticos de talla.
Obligada  emplear sus condiciones dramticas en la vida, quizs el fin
de su carrera sea lo ms desastroso.

Eso s; lo de _socia_ no se lo quita nadie, y de la mejor sociedad.

De lo que han sido privadas las elegantes, con el rigorismo del
presidente no permitiendo la entrada  las seoras, es de saber 
qu atenerse respecto al ltimo figurn para vistas de procesos
sensacionales Cunta exquisita _toilette_, dispuesta para la ocasin,
habr quedado en esos roperos! Infeliz seora; tan odiada por unos,
tan compadecida por otros... y tan envidiada por todos!... Porque
vaya si se ha divertido en este mundo! Y eso ser lo que acaso no la
perdonen, aunque su inocencia quedara demostrada.

                   *       *       *       *       *

Supongamos que en cualquier parte del mundo se hubiera estrenado una
obra pstuma de tan gran artista como el maestro Chap, y as hubiera
sido esa obra--y no lo es sta--lo mas endeble  insignificante, con
qu respeto no hubiera asistido el pblico  la representacin! El
nuestro no lo entiende de esa manera y di un lamentable espectculo
en el estreno de _El diablo con faldas_. Y eso con una obra que era
de su agrado. Y es que esos _cines_ del garrotn y de la machicha
son grandes centros de cultura, y hay espectador que si no berrea y
patea y relincha y suelta cuatro palabrotas, se figura que no se ha
divertido, y cuando asiste  otros espectculos cambia de lugar, pero
no de costumbres. Si el glorioso msico espaol, que tanto padeci
en vida de esas irrespetuosidades de nuestro pblico, pudo, desde la
regin _donde asiste eternamente_, contemplar el estreno de su ltima
obra, qu satisfaccin la suya haber abandonado este pequeo mundo!
Cuando espera todava la iniciativa para erigir un monumento que
d testimonio  la posteridad, no de su gloria, pero s de nuestra
gratitud, pateo, protestas, groseras!... Es que ya no se perdona la
gloria ni  los muertos?

                   *       *       *       *       *

Yo, que este ao me senta un poco muerto, con tantos honores. Hay
aos felices! Un teatro con mi nombre. Ustedes no saben el efecto que
produce ir por la calle y oir de pronto  unos seores que dicen:
Vamos  Benavente esta noche?  Qu _echan_ hoy en Benavente? Yo
procuro, por no hincharme de vanidad, suponer que se refieren 
Benavente, provincia de Zamora; pero... vamos, me siento cadver.

Adems, mi retrato en el saloncillo del teatro Espaol. Gracias mil 
sus amables directores; gracias tambin  Juan Antonio Benlliure, y
ms agradecido  todos, si ya que, por aquello de los ltimos sern
los primeros, se acordaron de m para anticiparme en vida este honor,
no tardan en aumentar la galera con otros retratos que all faltan,
y que yo soy el primero en echar de menos, y mucho ms cuando el mo
sobra--Sells, Galds, Dicenta,--y slo nombro  los que son anteriores
por orden cronolgico en la historia del Teatro Espaol. Slo en la
seguridad de que ms se atendi  facilidades de ejecucin, por mis
muchas desocupaciones, puedo aceptar una primaca que de ningn modo
me corresponde. Y si alguien lo juzga falsa modestia, no sabe que yo
tengo una vanidad tan grande que est por encima de esas vanidades. Yo
quisiera ser cien veces mejor autor dramtico de lo que soy, y ser, sin
embargo, el peor de todos entre cien autores ms que honran el Teatro
Espaol. Espaa sobre todo y sobre todos!

                             [Ilustracin]




                                 XXXVI


El sentido moral indignado sera muy respetable si se indignara 
tiempo y con absoluta justicia. Por ejemplo: con tantos malos maridos
y peores padres como andan por todas las esferas sociales; con el
que vive  costa de su mujer  de la ajena; con el que no repara en
transmitir  sus hijos dolorosa herencia de enfermedades, por lograr
su bienestar con un matrimonio conveniente; con el funcionario torpe
 prevaricador; con el adulterador de substancias alimenticias; con
el usurero sin entraas; con el explotador sin conciencia... En todos
stos poda emplearse mejor esa indignacin derrochada por ligeros
indicios contra mujeres indefensas, siempre respetables. La descortesa
masculina sera disculpa en este caso, y en otros parecidos, de lo
mismo que con ella pensaban castigar. Si as son los hombres, se
comprende que toda mujer de sentimientos delicados procure evitarlos.
De estas cosas, como de la influencia clerical en el espritu de las
mujeres, como de todos sus extravos, tiene siempre la culpa el hombre,
por su grosera  por su indiferencia. La mujer necesita una fe, un
apoyo, una creencia en algo, humano  divino. Si el hombre renuncia 
ser el sacerdote de su casa, en doctrina y en ejemplo, cmo impedir
que la mujer acuda  otros altares, paganos  cristianos? La mujer
que acude al hombre de su cario en demanda de ayuda y consejo y le
oye contestar desalmado: Djame en paz! Qu entiendo yo de eso?
Cosas de mujeres! No se sentir desligada de l para siempre, por el
corazn y por la inteligencia? Gran cosa es entender un alma!--dijo
Santa Teresa.--Mientras los hombres ignoren el alma de la mujer,
pueden quejarse de que ella busque ser entendida? Por algo la Iglesia
catlica, gran conocedora de la psicologa femenina, viste con traje
talar  sus ministros. Sabe que sus mejores conquistas espirituales
son las de las mujeres que llegan desengaadas de los pantalones.
El confesor no dice nunca como el marido: Qu entiendo yo de eso?
Cosas de mujeres! El entiende de todo. Por eso domina sobre nuestras
mujeres. No le culpen los hombres, ni las culpen  ellas; clpense 
s mismos, y no se quejen de que el sacerdote llegue  ser padre de
familia, cuando ellos no supieron ser los sacerdotes de su casa.

                   *       *       *       *       *

De todos los problemas que deben solicitar la atencin de nuestros
gobiernos, ninguno tan urgente, tan necesario como el aumento de
sueldos. Existe una desproporcin monstruosa entre el aumento de
necesidades en la vida moderna y la mezquindad de los sueldos; aun
los que parecen ms excesivos por comparacin con los inferiores. No
hay derecho  exigir solicitud, diligencia, ni siquiera honradez, 
servidores que carecen de lo necesario y han de aparentar lo superfluo.

Y mientras tan urgente resolucin alcance  todos, me dirijo  la
noble inteligencia y al gran corazn del nuevo director de Correos,
seor Francos Rodrguez: No cree de justicia--no he de invocar la
compasin con tan recto espritu--el aumento de retribucin  los
peatones de Correos, verdaderos parias entre los servidores del Estado?
Todo el que haya residido algn tiempo en lugares donde estos humildes
depositarios de tantos intereses prestan sus penosos servicios,
sentirn que nada ms justo ni ms urgente. Y despus... olvidarn 
los maestros y  toda esa clase media burocrtica, tan desdeada, que
nunca se declar en huelga, ni alarm con manifestaciones, ni tiene su
Primero de Mayo, ni sus sociedades de resistencia, ni una lujosa casa
donde congregarse?

Los gobiernos, demasiado preocupados con los que pueden hacer alarde
de fuerza, se preocupan muy poco de los que slo pueden hacer alarde
de debilidad. Es preciso fortalecerlos, siquiera para contar con
aliados el da de la gran batalla; porque al chocar de dos fuerzas
contrarias y poderosas, nadie sabe lo que puede influir de un lado  de
otro la indiferencia de los neutrales que, cruzados de brazos, con la
impasibilidad de la desesperacin, exclamen: Y  m, qu? Hay que
procurar que todos tengan un por qu para luchar por algo.

                   *       *       *       *       *

El pueblo madrileo no ha podido demostrar sus simpatas al pueblo
hermano en la representacin visible de su monarca. Comprendo la
difcil situacin de un gobierno que, si peca de confiado, puede
incurrir en grandes responsabilidades, y si peca de previsor desagrada
 todos, quizs  los mismos con tan excesiva solicitud guardados.
Los tiempos no estn para excesivas confianzas; acaso tampoco para
excesivos recelos. Lo mejor en estos casos es dejar algo en manos de
Dios, ya que los ojos de la polica no pueden estar en todo, y algo
tambin al corazn del pueblo, que siempre responde  toda confianza, y
 quien siempre ofende todo recelo.

Triste cosa es que el temor  un loco   un malvado haya impedido al
rey de Portugal conocer al pueblo madrileo! En cambio habr conocido
mejor nuestra poltica. Cuando tantas precauciones hay que tomar--se
habr dicho,--no hay duda, por aqu ha pasado un Juan Franco. En
efecto, seor. Esperemos que vuestra majestad vuelva  visitarnos
cuando ni en Espaa ni en Portugal quede sombra de estas pesadillas.
Slo en los pueblos verdaderamente libres pueden pasear los reyes
libremente. Ahora os lo podr decir el rey Eduardo.

                             [Ilustracin]




                                XXXVII


Se acaba la guerra? No se acaba? Se acab ya? Todo hace esperar y
creer que s; slo algunos espectadores del antiguo rgimen echan de
menos un final de efecto; alguna gran batalla decisiva; una apoteosis
con bengalas y desfile general, como en zarzuela de espectculo. No
tienen en cuenta que la guerra moderna no admite esos finales de efecto
preparado. Ya no son posibles caballos de Troya, buen cuadro final de
una empeada guerra; ni el asolamiento de ciudades y reinos, ni la
cautividad de pueblos enteros. Hay que contentarse con un desenlace
modesto, y es de notar que ahora les parece poca guerra  muchos de
los que antes les pareci demasiada, y hubieran renunciado  todo
por no vernos metidos en aventuras. No  ganar ms, sino  conservar
lo ganado debemos aspirar todos, y  que la gloriosa sangre vertida
no sea infecunda, y esa ser la mayor gloria de los que sucumbieron.
Seores capitalistas espaoles: ya que no sea todava ley el servicio
obligatorio para vuestros hijos, se impone el servicio obligatorio para
vuestro dinero.

                   *       *       *       *       *

De ser cierto lo que se murmura, el solar de la Zarzuela viene 
ser como smbolo del solar de Espaa. De una parte, los autores y
msicos espaoles pretenden reivindicar su dominio, como de propia
casa solariega; de otra parte, una poderosa Compaa de electricidad,
smbolo de la ciencia y de la vida modernas, pretende hacerlo suyo, y,
por ltimo, otra poderosa compaa, smbolo de obscurantismo, segn
muchos--aunque no es tan negro el cuervo como sus alas, y si de cerca
se advierte, ms que de cuervo tiene de cuco el pjaro,--aspira tambin
 levantar una de sus mansiones, que algunos veran complacidos, como
monumento expiatorio. Quin vencer? El Arte? La Ciencia? La ola
negra? Admirable asunto para un poema simblico! Me recuerda la
explicacin que daba un pintor, de ms colores que luces,  la alegora
de un gran techo pintado por l, en un edificio consagrado  la
enseanza: De una parte los murcilagos del obscurantismo, huyendo de
la luz; de la otra, los papagayos de la libertad, _personificando_ el
descubrimiento de Amrica.

Debemos desear que, en esta lucha de Compaas, triunfe la que
representa el Arte lrico espaol, ms necesitado que nadie de templos,
y,  no poder ser otra cosa, de capillas en que ofrecerle culto. Las
Compaas de electricidad no necesitan un sitio cntrico; las otras,
menos; tienen un pblico fiel que va  buscarlas, aunque sea al
extrarradio. Todos sus parroquianos tienen coche propio y automvil.

                   *       *       *       *       *

En la _Carmen_, de Merime, como en la pera de Bizet, inspirada en la
novela, se sobreponen la pasin y la vida; verdad humana,  la verdad
local; que, en este caso, debiera ser espaola y lo mismo pudiera ser
japonesa, como en la _Butterfly_, de Puccini.

Esta funesta Carmen, con el contoneo de sus caderas, sus toreros,
sus contrabandistas, sus trabucos y sus navajas, ha sido la mayor
contribuyente  la representacin de esa Espaa de pandereta, tan
impresa en el extranjero, que nos seala como un pueblo aparte de
Europa.

Una gran artista espaola se atiene, en la interpretacin de Carmen,
 la verdad del novelista y del msico. Es el deber de todo artista
intrprete. La Carmen de Merime y de Bizet es sa. La mujer espaola,
la andaluza en particular... Son as? De ningn modo. Justamente
en Espaa, la mujer meridional es mucho ms reservada, ms casta en
sus manifestaciones amorosas, que la mujer del Norte. Ninguna menos
provocativa, como no sea por su propia belleza, que la mujer andaluza;
ninguna que, aun muy bajo cada, guarde siempre ms esquivos pudores.

Yo he visto bailadoras sevillanas que, en sus momentos de reposo,
evocaban ms el recuerdo de las vrgenes de Murillo que el de la Carmen
de Merime.

El baile andaluz, el verdadero baile andaluz, no el adulterado por
escenarios franceses y espaoles, es de un ritmo sacerdotal, religioso;
como Romero Torres, pintor artista, lo represent en uno de sus cuadros.

_Carmen_ es una calumnia ms del extranjero. Un tipo de mujer que los
franceses no debieron buscar en Espaa para darle ms realidad. Mucho
ms parecido  Mad. Steinheil, sin ir ms lejos, que  cualquier mujer
espaola. Pero, en fin, digamos como el duque de Glocester en el _Rey
Lear_: No he de sentir desliz que di tan buen fruto. Por admirar 
una gran artista espaola, tan admirable intrprete de esa calumnia,
dmosla por bien empleada.

                   *       *       *       *       *

 propsito del _Rey Lear_. No le parece  Enrique Borrs, nico
primer actor que _llena la escena de actor_, como en sus tiempos
Valero, Rafael Calvo y Antonio Vico, que nos debe una interpretacin
de la tragedia de Shakespeare? Hay que agrandar y que engrandecer
ese repertorio. Tan extraordinarias condiciones de actor no pueden
limitarse al repertorio cataln; ni siquiera al castellano:
Shakespeare, Ibsen, esperan su intrprete en la escena espaola.
Ninguno como Enrique Borrs puede acometer esa empresa, que es de
Arte... y de dinero.

                             [Ilustracin]




                                XXXVIII


La Rjane, propietaria y empresaria del teatro que lleva su nombre,
cansada de ver fracasar obras y obras, excepto _Raffles_, en que ella
no tena papel--otra contrariedad, capaz de entristecer el mejor xito
 una actriz directora,--ha discurrido convocar  la crtica, durante
los primeros ensayos de las obras, para atender todos sus juicios y
observaciones, y poder, con tiempo, reformar las comedias de acuerdo
con ellos. De este modo, la obra sera de los crticos ms que del
autor, y, naturalmente, no habran de meterse con ella al estrenarse.
La crisis del teatro francs, acostumbrado  dominar en todo el mundo,
es tan notoria, que empresarios y autores no saben como defenderse,
y es natural que la Rjane, mujer inteligente, crea haber dado con
la mejor solucin. Pero, suponiendo que toda la crtica,  una gran
mayora, por lo menos, fuera de una misma opinin respecto  las
reformas, no faltara siempre el fallo inapelable del pblico, ms
que espectador, colaborador insustituble en toda obra dramtica?
Difcil es explicar la causa: la psicologa de las multitudes an no se
ha estudiado bastante; pero es tan distinto el efecto de una comedia
en la lectura  ante un limitado auditorio, al que produce la misma
comedia ante un pblico numeroso! Aun los que ya creyeron ms seguro un
juicio en el primer caso, sienten que la impresin es distinta, y no
pueden substraerse  la influencia del pblico. En la lectura, en los
ensayos, ms que el efecto total de la obra, se aprecian el detalle, la
finura de los trazos y de la observacin. En las representaciones, todo
esto se pierde, se funde en el conjunto, y el brochazo parece finsima
pincelada, y la caricatura retrato, y lo ms fuera de juicio, lo ms
encajado y, en cambio, primores de dilogos, sutilezas de observacin,
pasan inadvertidas.

Sucede muchas veces con las comedias como con algunas telas, que por el
revs tienen mejor vista, y es lo mejor que puede sucederles, porque
lo cierto es que el pblico siempre ve el revs de las comedias. Por
eso, el autor hbil debe cuidar el tejido de las dos caras: la una, de
esmerado dibujo; la otra, de llamativos colorines.

                   *       *       *       *       *

Por los teatros madrileos han causado la natural alarma no s qu
nuevas disposiciones de la autoridad, que amenazan complicar la ya
difcil marcha de los negocios teatrales. Son las tales disposiciones,
 lo que se dice, de lo ms arbitrario  injusto que darse puede, y
las empresas, muy cargadas de razn, se aprestan  protestar contra
ellas. Si no es que, dada la buena armona que entre ellas reina, y la
natural y espaola satisfaccin de quedarse sin los dos ojos por el
gusto de ver al vecino tuerto, no les lleva  pasar por todo, como en
otros asuntos que les interesan: las representaciones de tarde, por
ejemplo, en el extranjero teatro Real, que nunca estuvieron permitidas,
con excepcin de las fiestas de Navidad, y que tanto perjudican  los
teatros nacionales.

Dichoso pas ste, en que gozamos de una Constitucin y de Cdigos
que parecen garantizar todas las libertades y derechos individuales,
para que despus, cualquier tiranuelo de monterilla, entre ordenanzas,
bandos y reglamentos de polica, deje Constitucin y Cdigos, derechos
y libertades como para limpiarse las narices!

Trtase, segn parece, con este nuevo atropello, de reglamentar el
nmero de localidades que han de venderse en contadura y las que han
de venderse en despacho; del precio y sobreprecio que ha de fijarse en
das de moda  de estreno. Como si cada uno, y tratndose de algo que
no es artculo de primera ni aun de ltima necesidad, como el teatro,
no fuera dueo en su casa, de vender cundo, cmo y  quin mejor le
parezca.

Pero siempre fu achaque de nuestros gobernantes, altos y bajos,
gobernar  gusto de sus amigos. Llega  casa de uno de ellos una seora
amiga, muy sofocada:--Lo que pasa en este Madrid no pasa en ninguna
parte!--Qu es ello?--le pregunta el seor de autoridad--Figrese
usted que yo quera ir esta noche al estreno de...   la inauguracin
  lo que sea. Mando esta maana por localidades, y me dicen que
no queda ninguna. Ha visto usted qu abuso?--Escandaloso! Esas
empresas abusan del pblico! Habrse visto! Vender todo el teatro!
Hay que poner orden en ello.

Y cataplm!, al da siguiente _ukase_  rajatabla para que  la buena
amiga no vuelva  sucederle lo de quedarse sin billetes  la hora
que le acomode ir por ellos. Las felicitaciones de los amigos bastan
 compensar al seor autoridad de las pestes y maldiciones de los
molestados por sus sabias y bien meditadas disposiciones.

Como no se puede dar gusto  todo el mundo, es natural que se prefiera
contentar  los amigos. Bien vale la pena de que los empresarios,
pudiendo vender sus localidades anticipadamente, tengan la galantera
de reservarlas para que, cuando  la buena seora amiga se le ocurra ir
al teatro, tenga dnde escoger.

                   *       *       *       *       *

El divino Emperador de Alemania, en su deseo de fomentar por todos los
medios la cra y reproduccin de sus sbditos, se compromete  ser
padrino del octavo hijo que se digne tener cualquier matrimonial pareja
de su Imperio. Cmo han de oponerse sus leales sbditos  tan amable
Creced y multiplicaos, de tanta fuerza como el divino precepto? Ya me
figuro  los matrimonios alemanes empeados en esta especie de juego
de la siete y media  la treinta y una. Cuando una seora, cansada ya
de juego tan poco divertido para ella, se atreva  decir con cuatro
 cinco: Me planto! Su marido replicar furioso: Cmo! Vas 
plantarte en tan buen punto? Carta, seora. Hay que abatir con ocho!
Cualquiera renuncia al honor de llamar compadre al Emperador!

Estas naciones montadas militarmente, y en las que todo ha de estar
montado por el mismo orden, son un puro contrasentido. Por un lado,
prohiben  los jvenes contraer matrimonio mientras estn sujetos
al servicio militar; prohiben el matrimonio de los subalternos y
dificultan el de los oficiales hasta cierta graduacin y cierto sueldo.
Y por otra parte, todo es achuchar  los ciudadanos pacficos para
que no se paralice la produccin de soldados. Cualquiera entiende el
lo! Hay que contar tambin con que, ocupados en el servicio militar
los campesinos ms jvenes y vigorosos, la produccin de las tierras
decrece, y hay menos probabilidades de que los recin nacidos puedan
traer un pan debajo del brazo. Pero, qu importa? Con que traigan
brazos para coger el fusil de mayores, el Emperador se da por
contento. Antes que en el campo de batalla hay que vencer al enemigo
en lo que Gngora llam campo de pluma. Esto es lo que se llama
la Nacin armada, en paz y en guerra. Oh! Felices los matrimonios
alemanes que, cuando ya estn ms disgustados de la vida matrimonial,
todava continuaran en buenas relaciones con el consuelo y la
satisfaccin de complacer  su Emperador!

Lo que deca aquel matrimonio que fu al teatro con sus chicos:
Nosotros no nos divertimos nada, pero los nios se han redo mucho.

                             [Ilustracin]




                                 XXXIX


La vida de sociedad, lnguida en otoo, estacin de parada, renace
con los rigores del invierno. Los turnos de moda en el Real, en la
Princesa, en la Comedia, resplandecen de lujo y de elegancia. Para
los que van y vuelven en coche, de los teatros y reuniones, Madrid es
alegre. Para los noctmbulos callejeros hay algo ms entre cielo y
tierra de lo que suelen decirnos los revisteros de salones.

La Escalerilla, los soportales de la Plaza Mayor, las puertas cocheras
de calles poco frecuentadas, tienen tambin un pblico de abonados 
diario: el pblico de todos los inviernos. Evocan horrores de campo de
batalla los cuerpos tendidos, amontonados; y qu son, sino bajas en la
batalla de la vida? Unas por inutilidad fsica, otras por inutilidad
moral; irredimibles muchos; algunos, tal vez, capaces de redencin. Una
noche y otra pasamos indiferentes ante ellos, porque las preocupaciones
propias no dejan lugar  preocuparnos por los dems. Alguna vez,
una clara espiritual nos predispone  la compasin, y dejamos unas
monedas que alivian el fro y el hambre de una noche; pero son tantas
y tan largas las noches del invierno! Procuramos tranquilizar nuestra
conciencia  nuestro miedo, considerando la ineficacia de nuestra
compasin individual. Las autoridades no debieran consentir esto,
decimos, y todos asienten. Es un horror!

Las autoridades, en efecto, empiezan  preocuparse al principio de
todos los inviernos, y siguen preocupndose hasta la primavera.

Unos cuantos beneficios, unas cuantas raciones de sopa distribudas,
nos permiten creer que hemos hecho todo lo humanamente posible.
Siempre ha de haber pobres y ricos! Ese es el mundo!

Hay asilos de noche; pero esa gente, sin duda temerosa de dar la cara 
luz alguna, prefiere dormir  la intemperie. Ama la libertad con todos
sus rigores. Tal vez s; pero tngase tambin en cuenta que los asilos
estn todos en barrios extremos, y mucha de esa gente, que vive de las
sobras del lujo, tiene sus negocios en el centro, y no le conviene
alejarse tanto si ha de acudir, desde muy temprano,  sus empleos y
negocios.

Un asilo en cada distrito sera algo ms prctico y ms  vista de los
ricos, que con mayor solicitud podran acudir con mucho de lo que sobra
en sus casas.

Hay, lo sabemos, entre esa gente miserable, muchos indignos de
compasin; si alguien puede ser indigno de compasin, y si el llegar
 ese extremo, no fuera mayor motivo de ser compadecido. Pero y los
nios? Qu culpa puede haber en los nios? Y mientras haya uno, uno
solo que duerma al aire fro en estas noches crueles de invierno, no
es verdad que no tenemos derecho  vivir tranquilos, ni  llamarnos
cristianos, ni  creernos civilizados?

                   *       *       *       *       *

Eduardo Marquina, el admirable poeta, no debe dejarse seducir por
los que vuelvan  decirle, con el mejor deseo: Hay que hacer teatro,
usted es un gran poeta, pero le falta  usted picarda teatral. Hay
que tener picarda! Y cuenta que el consejo es de quien, alguna vez,
tambin se dej seducir por complacencias y cay en el mismo pecado.

 su hermoso romancero histrico Doa Mara la Brava nada le falta,
y si algo le sobra es, justamente, lo que ms habrn celebrado en l
gentes expertas en teatros; las picardas teatrales. Para triunfar le
hubiera bastado el ambiente histrico, de romancero popular, la noble
figura de Don lvaro de Luna, ambicioso de guerrear contra los moros
por su rey y por su Castilla, y obligado  contiendas civiles, sin
provecho y sin gloria. Qu hermoso y claro smbolo de Espaa!

Por qu prefiri el poeta interesarnos con amores y asesinatos
misteriosos? Yo, menos que nadie, le culpo; s lo que influye en el
artista ms seguro y consciente esa preocupacin de que el teatro es
una cosa aparte.

Crame el admirable poeta Eduardo Marquina: no se deje influir nunca
por los que dicen conocer al pblico. El pblico es como las mujeres,
slo ama  quien le domina, aunque por el pronto parezca inclinarse 
quien le halaga. Pero un poeta como Marquina no debe contentarse con
ser el amante de una noche, sino el esposo de toda una vida.

                   *       *       *       *       *

Cuando empresas y autores y pblico padecemos  tantas seoritas de
mejor  de peor familia, que sin figura, sin condicin alguna, y hasta
sin vocacin, se dedican al teatro, bien merece un aplauso excepcional
la que, sin necesitar del teatro para nada, le ofrece por verdadera
vocacin todos los prestigios de su figura, de su talento y de su
nombre ilustre. El xito de Anita Martos, en su presentacin, es de los
que permiten toda sinceridad sin ampararse de la galantera. Tenemos
una excelente actriz, y cuantos se interesan por el Arte dramtico
deben alentarla y sostenerla, no con el pblico y con la crtica, que
en esto, como Csar, lleg... la vieron y venci, sino con ella misma,
para que no desmaye en el camino emprendido, que no es todo de flores,
y quien tantas venturas puede lograr en la vida, no es difcil que  la
primera contrariedad renuncie  las del Arte. Hagamos votos por que los
suyos sean de verdadera profesin. El Arte es un divino seor que bien
merece todo sacrificio.

                   *       *       *       *       *

_Quin dispar?_--Novela de Joaqun Belda--bien pudiera ser el
_Quijote_ de las novelas policacas, de las que Sherlock Holmes es algo
as como el Amads de Gaula.

Decir que en la novela de Belda hay risa para todo el ao, es decir
muy poco; porque estamos  fines del de gracia de 1909. No conviene
tampoco tal avidez de placeres desordenados; segn estn el mundo y
la literatura, con unas horas de regocijo sano bien puede darse por
contento el ms asiduo lector de libros modernos. Sobre la risa,
hallaris por adehala, y, burla burlando, primores de estilo y hasta
un poco de verdor; con que nada echaris de menos de lo que cualquier
novelista del da puede ofreceros por el mismo precio y sin la risa,
que vale ms que todo; que no es lo mismo rerse de un libro que rerse
con un libro.

                             [Ilustracin]




                                  XL


 los que andbamos  gatas--primeros animalitos femeninos  los que
acude el hombre en su vida--cuando Juana Granier estrenaba el famoso
Petit Duc del Maestro Lecoq, no puede por menos de rejuvenecernos
el saber que la graciosa divette an se halla en condiciones de dar
juego por esos mundos y de favorecer segn unos, de perturbar segn
otros, las relaciones diplomticas entre Francia y Alemania.

Las mujeres no pueden soportar los irreparables ultrajes del tiempo,
como dijo el trgico, y no tienen razn para lamentarse. La mejor edad
para las mujeres empieza  los cuarenta aos. Recurdese qu mujeres
son las reinas de la moda, del arte y la galantera en Pars. Sarah,
la inmortal Sarah, que  sus aos,  sus aos haba de ser, representa
 la Pucelle de Orleans muy  satisfaccin del pblico; Mme. Bartet,
la divina, que tampoco es de ayer por la tarde, y an interpreta las
ingenuas de Musset y la Antgona de Sfocles; Cecilia Sorel, algo ms
nuevecita, por comparacin, por eso no representa damitas jvenes,
pero tambin con lo suyo, muy bien llevado, eso s; la Rjane, 
quien el divorcio ha rehecho una segunda juventud, y en otro orden de
ideas recordemos  Carolina Otero,  milienne d'Alenon,  Colette
Willy, ahora en dimes y diretes con su marido por un qutame all esas
colaboraciones, que tanto les han producido en uno y en otro gnero.
La ms elemental discrecin impide citar ejemplos de casa. Pero aqu,
como en Francia, como en el mundo todo,  excepcin de los pases
salvajes, el jamonismo impera. Esto habla muy alto en favor de la
espiritualidad masculina, que aprecia en ms lo cultivado por el saber
y la experiencia, que lo natural sin apresto. Tambin puede significar
ilusin de creerse ellos ms nios al aprender que con ensear. La
mujer tiene ms vocacin docente que el hombre. Verdad es que no han
fatigado tanto su inteligencia durante el da. Adems, en el camino del
amor, como por los caminos de la vida, es menos frecuente alcanzar al
que nos lleva delantera en la misma direccin, que encontrarse con el
que viene en direccin contraria. Y el que va con nosotros y adonde
nosotros, qu noticias puede darnos? En cambio, el que regresa puede
darnos informes interesantes y provechosos.

                   *       *       *       *       *

Gmez Carrillo comenta, y me dedica sus comentarios, el nuevo sport
 que se han entregado los elegantes de Pars. Novedad de retorno,
como todas las novedades; porque en otros tiempos, cuando la fuerza
fsica era plebeya y la cultura del espritu noble--tiempos hubo en que
fu todo lo contrario, y as va el mundo,--fueron muchos los grandes
seores y damas aficionados  representar comedias. Luis XIV dignbase
danzar en los intermedios de algunas farsas de Molire; Mara Antonieta
represent, en lo ms florido de su corte, El matrimonio de Fgaro,
con una inconsciencia propia de una cabecita que haba de truncar la
guillotina; Catalina de Rusia tuvo un teatro en su palacio y dej todo
un repertorio de obras, si no escrito,  lo menos inspirado por ella.
Claro es que entonces no hacan lucro los seores de sus gracias y de
sus aficiones; como tampoco lo hacan de los productos de sus fincas y
de sus tierras. Pero ahora, cuando escudos nobiliarios son el mejor
anuncio de un vino  de unas conservas, por qu no ha de sacarse
producto de todo?

Dolencia del siglo es el exhibicionismo. La prensa moderna, causa 
efecto de este gran impudor pblico, con sus informaciones ntimas,
con sus fotograbados, con su persecucin incesante de la actualidad
en todas las esferas sociales, nos ha quitado  todos la miaja de
vergenza que nos haca reservar ciertas gracias para el sagrado de
la intimidad. Ahora, cuando la gran seora y el noble caballero saben
que todo el mundo ha de saber si pintan, si esculpen, si representan
comedias, si voltean sobre un caballo  si hacen cuadros plsticos en
familia, por qu no solicitar directamente el aplauso y la admiracin?
Y como el dinero es la medida y tasa de todo, cmo no buscar en el
dinero la verdad de ese aplauso y de esa admiracin?

En los primeros momentos podr perjudicar  los verdaderos artistas la
invasin de los nobles actores, pero pronto vendr el desengao. El
verdadero pblico no es adulador. Sabido es el caso de aquella dama de
continuo celebrada de hermosa entre las hermosas por cuantos formaban
su crculo, y como un da quiso probar el atractivo de su hermosura en
lugar donde se cotiza sin galanteras, padeci el ms cruel desengao.
 todas las sacaban  bailar menos  ella. Al otro da despidi con
cajas destempladas  todos sus adoradores. El pblico se encargar de
desengaar  muchos de estos artistas, y si alguno triunfa con arte
verdadero, bien venido sea! Y aun los que destrozan las comedias...
De todos modos haban de destrozarlas, con su charla y su crtica
insustancial, desde sus palcos  desde sus butacas. En el escenario,
siquiera pueden aprender lo que cuesta divertir  un pblico. Algo
ms que disponer una comida  una soire. Todos debiramos ser un
rato algo de todo. Una indulgencia y una tolerancia universal haran
entonces del mundo un Paraso; algo aburrido, eso s, como todos los
parasos.

                             [Ilustracin]




                                  XLI


Muy prxima la fecha en que ha de celebrarse en la Repblica Argentina
el Centenario de su Independencia, no se advierte, en las esferas
oficiales ni en las particulares, seal alguna de preparativos
para la representacin lucida de Espaa en tan sealada fiesta.
Desdicha es que siempre cuidados propios nos impidan estar con toda
tranquilidad de espritu y holgura de bolsillo necesarias para asistir
 fiestas ajenas; pero pocas veces, como en esta ocasin, era preciso
sobreponerse  todo y hacer lo que se debe; aunque se debiera lo que se
hiciese, como dijo el clsico.

Cuando tan trada y tan llevada anda nuestra reputacin por esos
mundos, era ms urgente demostrar  todos que la vida poltica no es
toda la vida espaola. Nuestra industria y nuestro arte pueden hacer un
brillante papel en la Argentina; pero de nada servir algn esfuerzo
y algn alarde aislados sin la iniciativa y la proteccin oficiales.
Queda poco tiempo; no hay que malgastarlo en nombrar comisiones.
Piensen todos que sobre la Amrica espaola, toda Europa y Amrica
del Norte tienen puestos sus ojos y sus manos, y entre todos tienden
 desespaolizarla. Hasta ahora tuvimos en los naturales la mejor
defensa. Pero vamos  pedirles que sean ms papistas que el Papa? Si
nosotros, que tenemos all mucho en qu comerciar y mucho que explotar,
no nos acordamos de ellos, van ellos  acordarse de nosotros, si para
nada nos necesitan?

El que Espaa figure dignamente,  costa de todos los sacrificios, en
el Centenario de la Independencia argentina, es de un inters del que
no se han dado cuenta nuestros gobiernos. Algo ms importante que unas
elecciones.

                   *       *       *       *       *

Hoy empezar sus representaciones el Teatro para los nios. Nada dir
de sus principios, por tener yo tanta parte en ellos. Otros autores
vendrn despus que justifiquen el elogio. Por ahora, baste con alabar
la intencin y agradecer  la compaa del teatro y  su director,
Fernando Porredn, el entusiasmo, la fe ciega, el desinters absoluto,
puestos al servicio de la idea. En compaas de pretensiones y en
empresas de fuste no es tan fcil encontrar todo eso.

No se aspira  la perfeccin, ni mucho menos; es un ensayo, un modesto
ensayo de un teatro en que los nios no oirn ni vern nada que pueda
empaar la limpidez de su corazn ni de su inteligencia. No saldrn de
all con adquisiciones preciosas en su vocabulario, como la vrtiga,
la rdiga y otras expresiones. No se iniciarn en los encantos del
garrotn y del molinete.

Si la idea fracasara y yo tuviera la conciencia de que no era por culpa
ma ni de cuantos han de ayudar y servir en la empresa, hago voto
solemne de escribir, en desagravio de mi error y agravio del ajeno,
Una cachunda de gran espectculo, que dedicar  cuantas y  cuantos
se lamentan de la inmoralidad en el teatro.

                   *       *       *       *       *

En Alemania, tan atenta  la reproduccin y  la cra de la raza
humana, se proyecta una ley encaminada  su seleccin, impidiendo
contraigan matrimonio los individuos que padecen enfermedades
hereditarias  incurables.

En verdad, que cuando todo se cultiva, se selecciona y se mejora por el
cultivo  el cruce, en las especies vegetales y animales slo al hombre
se le permite la ms inculta espontaneidad en su reproduccin.

El fetiche de la espiritualidad del amor--espiritualidad que es slo
una coquetera ms del celo--ha impedido hasta ahora la intervencin de
la Ciencia en los matrimonios desiguales y disparatados.

El remedio no ser todo lo eficaz que la ley se propone, porque fuera
de la ley, justamente, queda siempre el ms vasto campo al amor, y
cualquiera le pone puertas al campo! Pero algo podr conseguirse Otro
remedio ms eficaz? No es este lugar para exponer algunas atrevidas
consideraciones sobre este asunto. Algn da las expondr con entera
libertad en un libro  folleto,  lo que salga, con espanto de muchos,
como todas las verdades.

                   *       *       *       *       *

Odo en el da de las ltimas elecciones para concejales:

Un cochero de punto ve pasar desde su pescante  un compaero, fuera de
servicio y algo apuntado de bebida.

--Eh! Ests de fiesta? Adonde vas?

-- votar!

-- votar, t!  quin?

-- quin ha de ser?  los socialistas;  los hijos del trabajo... Yo
soy tambin un hijo del trabajo! Slo que yo estoy reido con mi padre.

                             [Ilustracin]




                                 XLII


Ya pareci Maese Reparos; y cmo pudiera faltar? Con motivo de la
inauguracin del Teatro para los nios, hay quien advierte que los
nios estn mejor en el campo que en el teatro. De veras? Creen
ustedes que yo lo haba puesto en duda por un momento? Slo que...
Campo en Madrid y en invierno? Yo slo crea que, dado el egosmo de
ciertos padres, incapaces de privarse de un espectculo impropio de
nios y capaces de llevarlos al teatro, lo mismo  un terrible drama
con su buen adulterio, que  una comedia de malas costumbres, que  una
chulera del gnero chico, donde nada bueno pueden oir los muchachos,
siempre sera preferible que existiera un teatro en que, aunque por
sistema no se moralice, nada se oiga al menos que pueda manchar, esta
es la palabra, el espritu de los nios.

No es que yo considere ese teatro como remedio de todos los males;
supongamos que es un mal menor: ya ser algo. Pero, francamente, de eso
 que unos cuantos seores,  quienes nunca se les ocurri protestar
por ver  los nios en otros teatros, nos vengan ahora con la monserga
del campo y del aire puro,  propsito del Teatro para los nios, hay
la distancia del criticarlo todo al hacer algo, aunque sea poco. Yo
no me considero un hroe ni un bienhechor de la humanidad por haber
patrocinado ese teatro, pero tampoco es para que se me considere como
un malhechor. Con menos trabajo y menos entusiasmo, un par de piezas
sicalpticas me dejaran ms en limpio. Bello pas! Cuntas veces
hubiera uno emigrado si no hubiera uno aprendido  despreciar desde muy
joven!

                   *       *       *       *       *

Vaya si est vidriosa nuestra moralidad! La gente se ha indignado
mucho con un torero que fu dolo de una tarde--cmo le gustan 
Madrid los dolos de un da!--por creerle culpable del suicidio de una
seorita mejicana. Nunca he credo en el poder de seduccin de los
hombres, que, por lo regular, siempre predican  convencidas; pero en
este caso, y segn referencias, mucho menos. La seorita haba mostrado
grandes deseos de conocer al torero; la seorita acept una invitacin
para asistir  una juerga, y la seorita... se llam despus  engao.
Caramba con la seorita!

Siempre es bueno recordar aquellos versos del maestro Tirso de Molina:

      Yo aseguro,
    si como echa  galeras la justicia
    los forzados, echara las forzadas...
    que hubiera menos, y esas ms honradas.

                   *       *       *       *       *

El que ha ido bien despachado en las oraciones fnebres ha sido el rey
Leopoldo de Blgica. Si por historia puede tenerse el juicio apasionado
de los contemporneos, no ha sido tardo para l el fallo de la
historia.

Y por qu tanto rigor? Por enamorado. Bah! Hubo muchos grandes
reyes que lo fueron mucho ms y con mayor escndalo. Por explotador
del Congo? Ah! Ser Inglaterra la que pueda arrojarle la primera
piedra? Por administrador prudente de su capital? Pues qu, no hemos
censurado mil veces  los reyes prdigos y dilapidadores? En qu
quedamos? El papel de rey se va poniendo muy difcil. Lo cierto es
que Blgica ha prosperado bajo su reinado en industria, en comercio,
en arte, y que el buen Leopoldo no mereca tanta severidad de los
contemporneos. Por fortuna, la historia tiene sus modas, y ya se sabe
que cada cinco aos las grandes figuras pasan  ser insignificantes,
y viceversa. Hoy es moda presentar  Nern como un monstruo, y maana
como  un excelente hombre. Un da escribe Voltaire su Pucelle
d'Orleans con regocijo de todos, y  la vuelta de unos aos se la
canoniza. Todos hemos conocido estas alternativas de la historia con
Don Pedro el Cruel, con Felipe II, con Isabel la Catlica y otras
grandes figuras, tan pronto admirables como despreciadas. En algo
han de entretenerse los historiadores. Siempre hay nuevos documentos
para la historia. Es natural. Pregunten ustedes por cualquiera de sus
ms ntimos amigos  su portero,  su criado,  otros amigos,  sus
acreedores, etc. Vern ustedes qu distintas versiones de su vida y
costumbres! Somos una serie de imgenes falsas y ridculas, como las
mltiples fotografas de una vista cinematogrfica. El pasar rpido por
una luz poderosa es lo que puede darnos unidad y verosimilitud. El
cielo depare  los grandes hombres un buen manipulador!


                                  FIN





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(de 5), by Jacinto Benavente

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START: FULL LICENSE

THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
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1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the
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States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
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  License. You must require such a user to return or destroy all
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violates the law of the state applicable to this agreement, the
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including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or
additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
Defect you cause.

Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of
computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
from people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
www.gutenberg.org Section 3. Information about the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
volunteers and employees are scattered throughout numerous
locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
date contact information can be found at the Foundation's web site and
official page at www.gutenberg.org/contact

For additional contact information:

    Dr. Gregory B. Newby
    Chief Executive and Director
    gbnewby@pglaf.org

Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment. Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements. We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
state visit www.gutenberg.org/donate

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations. To
donate, please visit: www.gutenberg.org/donate

Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.

Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
freely shared with anyone. For forty years, he produced and
distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
volunteer support.

Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
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facility: www.gutenberg.org

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