The Project Gutenberg EBook of De Sobremesa; crnicas, Tercera Parte (de 5), by 
Jacinto Benavente

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Title: De Sobremesa; crnicas, Tercera Parte (de 5)

Author: Jacinto Benavente

Release Date: March 18, 2018 [EBook #56770]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; TERCERA PARTE ***




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  Nota del Transcriptor:


  Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original.

  Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

  Pginas en blanco han sido eliminadas.

  Letras itlicas son denotadas con _lneas_.

  Las versalitas (letras maysculas de tamao igual a las minsculas)
  han sido sustituidas por letras maysculas de tamao normal.




                             De sobremesa

                               CRNICAS

                             Tercera Serie




                           Jacinto Benavente


                             De sobremesa


                               CRNICAS


                             TERCERA SERIE


                                MADRID
                       PERLADO, PEZ Y COMPAA
                         SUCESORES DE HERNANDO
                    Arenal, 11 y Quintana, 31 y 33
                                 1912




                  ES PROPIEDAD.--DERECHOS RESERVADOS

         Artes Grficas MATEU.--Paseo del Prado, 30.--Madrid.




[Ilustracin]




De sobremesa




I


Si la propaganda cunde, pueden regocijarse los padres, los maridos y
todos los paganos de lujos femeninos, cualquiera que sea su grado de
aproximacin masculina. Las damas de los Estados Unidos patrocinan,
protegen y alientan una huelga de modistas. Tendra que ver, ya
lo creo!, que un exceso de civilizacin volviera  las refinadas
norteamericanas al primitivo atavo de la hoja de parra, y que, por
evitar la desnudez de las obreras, llegasen sus distinguidas clientes
 la suya propia. No poda perdirse mayor altrusmo. Pero si contra
toda moda, con procurar siempre el mejor parecer de la mayora, hay
siempre resistencias y rebeldas por parte de las no agraciadas con
ella, figrense ustedes si vestidura tan difcil para las feas y las
mal formadas, como el natural fsico, no ha de encontrar protestas!

De temer es que la huelga, alentada en pblico por las damas, sea
contrarrestada en privado por ellas mismas, como aquella famosa huelga
de _Lysistrata_, tan graciosamente dramatizada por Aristfanes. Es
tambin un peligro que esta huelga modistil traiga otras muchas
huelgas de mayor transcendencia. Huelga de seoras: porque en qu
han de ocuparse muchas de ellas si no se ocupan en andar de modista
en modista y de tienda en tienda, eligiendo, revolviendo y comprando
trapos y moos? Huelga de maridos y de amantes: porque parecern lo
mismo muchas mujeres sin los encantos artificiales de la _toilette_?
Huelga de autores dramticos: porque si las actrices dan en vestir con
sencillez, qu defensa tendrn muchas comedias? Sabido es que cuando
en el teatro se llega  la desnudez, sobra toda literatura, con un
poco de baile basta. Cuando hay mucho que ver, el odo no est para
nada y el entendimiento mucho menos. Huelga general, en fin, con cierre
y quiebra de balnearios, hoteles, playas  la moda, teatros, iglesias,
etc., etc.: porque si las seoras no podan lucir trajes en todos estos
sitios, sostenidos por ellas, para qu haban de asistir  ninguno de
ellos?

Vase cmo una sencilla huelga de modistas, que en su origen puede
parecer cosa de broma, podra ser el principio de una revolucin social.

       *       *       *       *       *

El comienzo de ao nos llena siempre de melancola. Un ao ms? Un
ao menos? Depende del estado de nimo. De cualquier modo, es otro ao;
y lo que nos entristece es que, con ser otro, ser lo mismo. Los das
nacen unos de otros, y el nuevo da no amanece nunca. Los que no se
resignan  vivir sin esperanza la ponen ms all del sol, ms all de
la vida. Su ao nuevo, no es vida nueva; es otra vida.

No pensemos en qu nos traers, ao nuevo; ya nos contentaremos con
que no te lleves algo!

El ao pasado nos trajo algunas glorias, bien pagadas con muchas
inquietudes y tristezas! Se despidi con inundaciones, lo mismo que el
partido conservador. Bien puede ser generosidad, para que luzca ms el
sol del ao nuevo. Hay calamidades fertilizadoras.

       *       *       *       *       *

Los autores noveles protestan contra la precipitacin, reserva y
sorpresa con que se ha declarado cerrado el concurso de sainetes
para el teatro Espaol. Prueba de ello es el escaso nmero de obras
presentadas, cuando en cualquier otro concurso, anunciado con la
necesaria publicidad, se cuentan por millares. Dganmelo  m, que
llegu  leerme, en algunos de ellos, noventa y cuatro comedias!

Lo mejor que puede hacerse es ampliar el plazo y no dar ocasin, de
ningn modo,  que nadie pueda sospechar que hubo mala fe en lo que
slo pudo haber ligereza. Considrese que estos concursos, con todas
sus deficiencias, son la esperanza de muchos autores inditos y la
mayor probabilidad de verse atendidos y juzgados imparcialmente. Si
la atencin y la justicia de los que han de juzgar se bambolean  se
tuercen en ocasiones, culpa es de los propios concursantes, que suelen
mover una de recomendaciones, influencias y hasta intriguillas  las
que slo con gran energa, y  riesgo de enemistarse con muchos, puede
uno sustraerse. Esto de la recomendacin para todo es achaque muy
nacional. El donoso escritor que en peligro de muerte, al ir uno de sus
allegados  pedir los ltimos Sacramentos, le recomendaba: Di que son
para m; que los traigan buenos, satirizaba esta arraigada costumbre
espaola de creer que la recomendacin alcanza para todo, hasta en lo
divino. No es este el pas en que ms se reza y se pide  una multitud
de vrgenes, santos, abogados y abogadas celestiales, que  Dios, uno
y trino; en que se cree necesario pedir por favor lo que es ms de
justicia; en que hasta para comprar en una tienda, por su dinero, se
cree uno en el caso de decir: Vengo aqu recomendado por don Fulano,
que le compra  usted mucho; en que hasta para morirse le confortan
 uno con lo que se llama recomendacin del alma?... Y no digamos,
despus de muertos, la de recomendaciones que son precisas para que le
entierren  uno en buen sitio y lo ms arreglado posible.

Por todo esto, yo me permito recomendar que se atienda la justa queja
de los autores. En cambio, me comprometo  no recomendar  ninguno en
particular.




II


Parece ser que ahora va de veras: Madrid ser agrandado y...
embellecido? Como en las casas cursis, tendremos sala y gabinete
decentemente amueblados, y lo dems qu importa? Lo dems es para
vivir. Gran tocado y chico recado. Si la nueva Gran Va y cuanto se
mejore y ensanche ha de verse tan mal barrido, tan mal pavimentado, tan
puerco como lo que ahora tenemos, ms valiera dejarlo todo como est.
Pasan ustedes alguna vez por la calle del Barquillo? Y por la de...?
Para qu enumerar? Andan ustedes por esas calles? En las aceras no
hay losa en su sitio; el arroyo lo es de polvo y papeles y todo gnero
de suciedades; ir en coche es ir botando como pelota; ir  pie es ir
votando como ciudadano. El sistema de barrer las calles es para optar 
un premio en cualquier Exposicin de higiene. Y qu admirable orden
en la circulacin! Carromatos con siete mulas de reata interceptan el
trnsito  cada paso. Pobres traficantes, no es cosa de molestarles
con ordenanzas que fijen horas  propsito para sus acarreos! La
molestia libre en el Estado libre.

Bien est que aplaudamos todas las grandes iniciativas del alcalde y
del Municipio, pero entretanto tuvieran algunas pequeas iniciativas...
Verdad es que la mayor parte de la gente vive tan  gusto. Las malas
casas les han acostumbrado  las malas calles. Digo! Si las calles
fueran agradables... Como son, hay quien se pasa la vida trotando por
ellas, slo por no estar en su casa.

       *       *       *       *       *

No puede creerse en la indignacin de Rostand al ver destripado su
gallo por las indiscreciones del _Secolo_, cuando, por indiscreciones
parciales, muchos sabamos ya el argumento y aun los chistes y
cantables que tiene la obra. Aparte de esto, poco tiene que perder una
obra que todo lo ha perdido con la publicacin de su asunto. Pobre de
nuestro _Don Juan Tenorio_ entonces! Quin ira  verlo, si la novedad
de su trama fuera su nico atractivo? En el mismo Pars, tan novelero
en apariencia, sostienen mejor su cartel muchas obras clsicas de
Corneille, Racine y Molire, que algunas flamantes comedias, ms viejas
al nacer que las otras antiguas. _Chantecler_ ha logrado ya categora
de obra clsica, en que el asunto es lo de menos. Muchos que ahora
asistirn al estreno, tal vez como crticos, no haban nacido cuando
empez  hablarse de _Chantecler_.

De las actrices y actores que estrenaron anteriores obras de Rostand,
slo por Sarah inmortal, no han pasado los aos. Hagan las Musas que
tan esperada obra interese por tanto tiempo  la posteridad, como 
la anterioridad ha interesado! Despus de todo, la gloria anticipada
es la ms segura, y la cera que va delante es la que alumbra. Y en
este particular de la luz, parece ser que para el gallo de Rostand
amaneci hace mucho tiempo. Tal vez ya no quedaba ms resquicio por
donde percibirla que esas indemnizaciones exigidas  los peridicos
indiscretos. De este modo s que el gallo no puede ser nunca un albur.
Todo va copado. Que al estrenarse no le cambien una letra! Pobre
gallo entonces!

       *       *       *       *       *

No hay nada ms peligroso que un incensario en manos indiscretas.
Representacin de algo divino  humano, los golpes ms peligrosos para
los dolos son los de sus fervorosos adoradores. Cuando todo el mundo
dice: Est bien, para qu empearse en que todos digan: Est mejor
que bien. El deber cumplido tiene en s mismo la mejor recompensa, y
cuando el deber es tan propio del cargo y por lo elevado de la posicin
trae consigo el conocimiento y la admiracin de todos, qu se le aade
con una recompensa que, por estar tan al alcance de la mano de quien
ha de obtenerla, pierde todo su valor en este caso? El reconocimiento
oficial nada aade al reconocimiento nacional. Sera, como dijo
Shakespeare: Pintar al lirio, dorar el oro, endulzar lo dulce.




III


El peridico de Buenos Aires _Caras y Caretas_, en circular dirigida
 personas significadas, solicita un pensamiento con motivo del
centenario de la Independencia argentina. La circular viene en francs.
Ya sabemos que por ser el idioma usual en relaciones diplomticas
universales, puede serlo tambin en las literarias. Pero en este caso,
y tratndose de una Repblica en que nuestro idioma es y ser por mucho
tiempo el oficial, el literario y el vulgar, no hubiera estado mejor
en castellano la circular dirigida  Espaa? Yo, por m, s decir que
nunca entend peor un idioma extranjero, y no sabr contestar  lo que
se me pregunta.

No ya consolarnos, enorgullecernos debemos de la independencia de todas
las Repblicas americanas que fueron colonias espaolas, mientras en
ellas impere nuestra lengua, y con ella mucho de nuestro espritu.
Comunicarnos en lenguaje extrao, ms que independencia nos dice
desvo. Nuestras relaciones deben ser ms que diplomticas; y esa
circular en francs tiene toda la frialdad de una nota de Estado. Le
agradara al simptico semanario porteo que saludramos en francs la
conmemoracin de la Independencia argentina?

       *       *       *       *       *

Los sucesos culminantes de estos das entran en la clasificacin de
podencos, tan respetados por el escarmentado loco de que nos habla
Cervantes. Guarda, que es podenco! No entremos ni salgamos en plticas
de familia, aunque la familia nos sea muy allegada, que siempre
llevaremos la de perder, mientras no caigamos en la cuenta de que,
civiles  militares, todos llevamos el mismo uniforme: el de ciudadanos
espaoles, y  todos nos interesa por igual el respectivo prestigio de
unos y otros. Malo es dividirse en castas. Todos hemos de ser paisanos,
en el amplio sentido de compatriotas; todos hemos de ser soldados,
en paz y en guerra, cada uno en su puesto, para responder siempre al
quin vive? de todo alerta!: Espaa!

       *       *       *       *       *

Oh, admirable pblico nuestro! Se acostumbra  lo malo; tolera
indefinidamente lo mediano, y slo ante lo bueno se cansa su admiracin
y hasta se irrita si alguien se obstina en pretender sostenerla. Este
es el caso de Titta Ruffo en la actual temporada. Nada en la voz ni
en el arte del gran bartono justifica un cambio de actitud en el
pblico. El artista es el mismo, y eso es lo que parece sentir el
pblico, obligado  seguir admirndole todava. Oh, nio caprichoso, 
quien hay que retirarle las golosinas antes del enfado y los juguetes
antes del destrozo! Pocos poseen, como el Guerra, el difcil arte de
retirarse  tiempo, nico recurso del artista que no quiera sentir tus
rigores!

En ningn pblico, como en el nuestro, se advierte esa actitud
defensiva contra la admiracin; esos gestos malhumorados al
soportarla. En cualquier espectculo parece como si el pblico fuera
violentado, por fuerza mayor y no por gusto,  distraerse un rato.
El autor es como un enemigo personal; el artista, como un acreedor
molesto. En ninguna parte puede hablarse con tanta razn de batallas
al tratarse de arte.

       *       *       *       *       *

Por mucho que moralistas y socilogos prediquen contra el suicidio,
mientras el ridculo no se atreva con l, por respetos que siempre
impone la muerte, seguir siendo potico final de muchas historias
vulgares. El solo basta para dar grandeza trgica en un momento al ms
chocarrero sainete. Cuntos no habrn redo al ver pasar en vida el
idilio amoroso del viejo cojo y la nia lozana? Y aquella unin, que
en vida acaso slo en el inters tena explicacin para las gentes,
con la muerte es algo inexplicable, con todos los prestigios del amor
y de la muerte; deidades poderosas  inmortalizar  sus elegidos,
como los dioses paganos  sus amadas mortales. Los vulgares amantes,
que en vida tal vez dieron que reir  las gentes, hoy van en la divina
potica teora inmortal de Hero y Leandro, Pramo y Tisbe, Romeo y
Julieta, Francesca y Paolo, Isabel y Marsilla; sin olvidar  aquellos
otros amantes madrileos que inmortalizaron la frase suprema: Que los
entierren juntos! Hallen todos un Ovidio, un Dante, un Shakespeare! Y
 no poder ser otra cosa, un buen romance de plazuela. Hay que poetizar
la muerte por amor todo lo posible. Es el mejor medio de evitar muchos
matrimonios desgraciados.

       *       *       *       *       *

Los empresarios de _music-halls_ estn consternados. Ante la amenaza de
la subida de la carne, algunas artistas han pedido aumento de sueldo.
Lo que diran ellas, si conocieran la clebre cancin de _La camisa_,
de Hood--pero cmo han de conocerla, si las pobres hasta habrn
olvidado que hay camisas?:--Que la carne de vaca sea tan cara y la
carne humana tan barata!

Por fortuna para los empresarios y traficantes en carne humana, la
caresta de la primera trae por la mano la baratura de la segunda.

A poca costa podramos traer buena carne de Amrica cuando aqu nos
faltara. Preferimos enviar all carne humana. Dentro de poco slo
quedarn aqu los que puedan pagar el solomillo. Qu agradable ser
no ver ms que gente bien alimentada por esas calles! Cmo van 
dulcificarse las relaciones sociales, y sobre todo las polticas!




IV


Para los espritus abatidos, propensos al decaimiento, como nuestro
espritu nacional, no importa tanto saber si hay causa para tanta
alegra como saber que el efecto fu el de una alegra verdadera.
Cuando hay tales tristezas sin motivo, por qu no entregarnos sin
discusin  una alegra, que, desde hace mucho tiempo, con ningn
pretexto hubiramos podido justificar? En otros tiempos, tan ricos
ramos en glorias, que, acaso stas de ahora nos hubieran parecido
mezquinas. Hoy... bien venidas sean, y mejor si sabemos apreciarlas
con serenidad y ms que de envanecimiento nos sirven de estmulo para
glorias mayores. De tremenda crisis triunf el espritu nacional
en los principios de la campaa. Por el mundo no falt quien se
apresurara  cantar nuestros funerales. El Ejrcito espaol ha sabido
extendernos nueva fe de vida ante el mundo. Tal vez pocas veces fu
tan depositario del honor y la vida de Espaa como en esta ocasin. No
quede todo en aclamaciones de entusiasmo. No olvidemos nuestro deber
en la paz, si queremos tener el derecho de exigirle todo su deber en
la guerra. Es triste cosa resignarse  tener mrtires cuando se puede
tener hroes. Hoy sustituyamos el grito de Viva Espaa!, que puede
parecer un deseo, con este otro ms afirmativo: Vive Espaa!

       *       *       *       *       *

Por dichosa casualidad, al mismo tiempo que nuestras armas victoriosas,
llega de la Repblica Argentina, en la persona de Belisario Roldn,
mucho de nuestro espritu triunfante  decirnos cunto queda en Amrica
todava de nuestro Verbo glorioso. Siempre leal amigo de Espaa, no
puede considerarse ni ser considerado en ella como extranjero. La
fogosa elocuencia de nuestros grandes oradores, la que fu admiracin
de todo el mundo espaol, alienta vigorosa en el joven orador
argentino.

En los oradores de casa, tal vez nos pareciera demasiado vehemente.
Hemos bajado tanto el diapasn para todo! El grito, el rugido, el
apstrofe nos asustan. Amamos la discrecin sobre todas las cosas en
poltica, en arte, en el trato social, La discrecin! Triste cosa es
un pueblo que no tiene mayores glorias que las de sus locuras.

       *       *       *       *       *

Amable lectora, la que en discretsima carta me consulta sobre el
mejor sistema de educar  los hijos; sin duda sabe que nadie los
educa mejor que los que nunca los hemos tenido. Severidad? Dulzura?
Proporcionarles toda la alegra posible  prepararles con privaciones
 soportar las tristezas futuras? Hoy... son los padres; pero los
padres no viven siempre. Maana... son los extraos sin cario,  con
otro cario que nada se parece al de los padres... Pero, no ser, por
lo mismo, crueldad en los padres anticipar tristeza  la tristeza?
Y si el hijo muriera antes? Maana es la vida, pero tambin es la
muerte. Los juguetes comprados sern entonces recuerdo triste; pero
los juguetes que el nio dese y que le negamos sern un remordimiento
constante... Oh, s; dulzura, dulzura para vuestros hijos, que la
vida es madrastra terrible, como las de los cuentos de hadas; esas
madrastras que encierran en torres  las princesas delicadas  las
envan al bosque  guardar gansos. Peor la vida, que suele traerlas,
no  guardarlos, sino  casarse con alguno de ellos. Pero, y si
acostumbrados al mucho mimo no hay fuerza en ellos despus para
conllevar las contrariedades?

La vida es la mejor educadora, y ella sola se basta para enmendar
errores de educacin en los padres... Todos, menos la falta de besos,
de caricias, de juguetes en los primeros aos... La vida puede ser
madrastra, puede ser maestra, pero no es madre...

En los primeros aos del mundo, cuando Adn y Eva, arrojados del
Paraso, luchaban contra los rigores de la naturaleza primitiva, Eva
lloraba por sus hijos, al verlos muchas veces heridos por las fieras,
desgarradas sus carnes por las asperezas de los troncos y de las
piedras... Mis hijos! Qu horrible vida! Para ellos no ha habido un
Paraso terrenal, como para nosotros... Ellos no sabrn nunca de sus
delicias... Nosotros hemos sido ms felices!

--S--dijo el primer hombre.--Ellos no han tenido, como yo, un Paraso;
pero, yo no he tenido una madre, como ellos! Y al verlos acariciados
por la madre, en su amor paternal haba algo de envidia. Y era el
hombre que haba sido formado por Dios mismo!




V


El mes de Enero suele ser fecundo en calamidades. Para que sepamos 
qu atenernos durante todo el ao. Es un modo de anunciarse. Queda
la duda, en estas primeras calamidades del ao, de si pertenecen al
ao entrante  sern saldo del anterior, que no quiso marcharse sin
soltarlas. Lo cierto es que la Naturaleza, como una gata cualquiera,
anda fuera de s y desatinada en este primer mes del ao. Tempestades,
inundaciones, lluvias torrenciales de gracias, condecoraciones y
entorchados, y el cometa apocalptico, y _Chantecler_ en puerta. Vaya
un aito!

La inundacin de Pars retrasa una vez ms el acontecimiento que slo
pudiera consolarnos: el estreno de _Chantecler_, antes retrasado por la
discusin que pudiramos llamar del huevo de Mme. Simone. Se comprende
en una actriz recin divorciada y recin vuelta  casarse el escrpulo
en poner un huevo, sobre cuya pertenencia pudiera haber dudas.

Por fortuna, el poeta no pele por el huevo ni por el fuero, y la
postura se supondr entre bastidores, lugar ms conveniente para
posturas difciles, en la vida como en el teatro.

       *       *       *       *       *

Luego diremos que aqu no hay libertades y que el clericalismo nos
domina. En Inglaterra, la nacin trada siempre  cuento, cuando de
libertades se trata, no pudo representarse, hasta ahora, la pera de
Saint-Saens _Sansn y Dalila_ porque su asunto bblico escandalizaba
los sentimientos religiosos. Sobre la _Salom_, de Strauss y de Wilde,
creo que todava pesa la prohibicin. Los ingleses slo han consentido
en ver la danza de _Salom_ separada del texto y de la partitura.
Parecen tontos! Verdad?

Aqu, donde nos quejamos  todas horas de la presin clerical, triunfa
_La corte de Faran_, opereta del todo bblica, sin protestas de
nadie. Yo he visto en primera fila  muchos graves seores de los que
suelen ser ornato de cofradas y procesiones. En Inglaterra se ensea
ahora  los nios la Historia por medio de representaciones teatrales.
Por qu no ha de ensearse la Biblia por el mismo sistema? No hay en
_La corte de Faran_ mayores atrevimientos que en el Sagrado libro.
Los autores han estado muy hbiles en quitar crudezas. A las artistas
nadie les agradecera que ocultaran las suyas. Admiremos al Seor en
sus obras! No ser tan difcil hallar un sentido mstico  la cancin
babilnica, que pronto oiremos en labios de muchos senadores; como al
_Cantar de los cantares_ y  otros pasajes no menos escabrosos.

Lo malo es que la Iglesia catlica haya perdido aquel buen humor y
aquel sentido artstico que fueron todo el espritu del Renacimiento.
Ah, el bribn de Lutero, que la oblig  volver  tomar en serio su
divino papel, que ya empezaba  ser humano!

Ahora llueven imprecaciones y anatemas sobre el Arte y sobre los
artistas. Los tiempos son difciles. La competencia comercial es muy
dura. No hay bastante pblico para todos. Y el Teatro y la Iglesia son
espectculos tan caros! Por fuerza tienen que perjudicarse mutuamente.

       *       *       *       *       *

Prez Galds, el maestro glorioso, consagrado por el monumento inmortal
de toda su obra, y Ricardo Len, escritor joven, con razn estimado
entre los buenos, coinciden, no en lo exterior, s en lo interno, en
sus dos ltimas novelas: _El caballero encantado_ y _Alcal de los
Zegres_. Novelas de smbolo, de alegoras, que nos hablan de Espaa,
de sus glorias pasadas y de su futura gloria posible. Quizs seales
de los tiempos! con mayor fe en la del viejo maestro que en la del
poeta joven.

Son los dos libros precioso documento para el estudio de nuestra
psicologa nacional.

Limtome al acuse de recibo y  mi particular aplauso, sin invadir
la seccin Revista literaria, en la que escritor de toda mi
consideracin y respeto sabe, con admirable acierto y con respeto 
las personas, que cada vez va siendo ms raro, distribuir elogios y
censuras.

       *       *       *       *       *

De la excelente acogida al Teatro para los nios y del inters con que
un pblico, si no tan numeroso como fuera de desear, todo lo selecto
que puede pedirse, sigue sus representaciones, nada me satisface tanto
como el buen xito obtenido por las lecturas de poesas. Versos,
poesa! Eran una especie de coco para las empresas teatrales. Hoy
ya empieza  creerse en ellos, y todo hace presumir un glorioso
renacimiento de la poesa en el teatro.

Por qu en el teatro Espaol, en el de la Princesa, que cuentan con
admirables intrpretes de los poetas, no inaugurar una serie de veladas
poticas, que seguramente tendran su pblico?

Omos muchas veces quejarse  unos y  otros de que el pblico no est
educado; esto sirve de pretexto para rechazar muchas obras de indudable
mrito. Corriente, el pblico no est educado; pero si nadie se toma
el trabajo de educarle! Es mucho ms cmodo y provechoso llevarle el
humor y no luchar con l. Pero los que pueden permitirse ese lujo con
menos riesgo estn ms obligado  ello. A todos nos toca un pedacito
del mundo en que podemos hacer algo til y provechoso, y no es desde un
escenario donde menos puede hacerse por la cultura y la educacin, que
es hacer por la Patria.




VI


Mariano de Cvia me propone un Teatro para los viejos, que vendra 
ser, no contraposicin, sino complemento del Teatro para los nios. Los
extremos se tocan, y acaso viniera  suceder, por el humano y natural
prurito de aniarse en los ancianos y de hombrear en los infantes, que
el Teatro dedicado  los primeros fuera el favorito de los segundos,
y viceversa. Pero ay! es tan necesario el teatro para los viejos?
Llenaramos con l algn vaco, ni siquiera el del teatro mismo? Si el
teatro pretenda ser educativo, ya en el ms amplio sentido moral  en
el puramente artstico, qu provechosa enmienda podra esperarse en
nuestros venerables? Ninguna. Ya dice la vulgar sabidura que el rbol
ha de enderezarse desde pequeito, y quin es capaz de enderezar, en
todo  en parte,  los que ya se rinden al peso de los aos? Ni _La
corte de Faran_ ni el Royal Kursaal, con esas admirables artistas,
cuyo mejor anuncio es el de la prdida de su equipaje, podran realizar
el milagro.

Teatro de puro entretenimiento? Basta asistir  los antes citados
y  otros del mismo gnero para comprender que nuestros viejos no
necesitan de un teatro especial en donde solazarse. No de los viejos,
de los decrpitos, pudieran llamarse esos teatros en que reverdece el
chiste de Instituto y de caf estudiantil, para regocijo de viejos
ms verdes que los chistes. Y no os engaen algunas caras juveniles
de los espectadores; no est en la cara la edad, sino en el espritu,
y por esos teatros, como por los meetings clericales de estos das,
no busquis jvenes de espritu; el de aspecto ms infantil lleva por
dentro la vetustez de diez siglos.

Grave error es clasificar por edades en jvenes y viejos. Nios seremos
t y yo, querido Mariano, aunque muchos nios viejos ya nos echen del
corro; porque siempre ser para nosotros la vida un buen campo de
recreo en que saltar, brincar y jugar  todo, por pura expansin de
nuestro espritu, sin ninguna utilidad prctica. Jugando y saltando no
se llega  parte alguna; si bien puede servirnos de consuelo que hay
partes  las que ms conviene no llegar nunca. Para llegar  muchas
de ellas, suprema ambicin de todo hombre serio, ya sabemos que,
en Espaa, no hay medio mejor que ser viejo  aparentar serlo. Con
nuestros doctores Faustos, aqu, Mefistfeles obrara la transformacin
contraria. Hay quien le vendera el alma por transformarse en viejo,
no en joven. Y en vez de cantar: A m la juventud,  m los delirios
del primer amor!, cantara: A m las prebendas y  m los cargos
oficiales;  m las Academias y la respetabilidad, y... llvese el
demonio mi alma y mi alegra!

Dejemos, pues,  los viejos, que para nada necesitan teatros, cuando
todo el mundo es teatro, de moda y lucimiento para ellos. Pensemos en
los nios, en los verdaderos nios, hijos de padres verdaderos jvenes,
que slo de ellos puede esperarse la nueva vida por la nueva escuela.
Religiosa? Laica? All unos y otros. El Arte es religin neutral.
No es en el Vaticano donde se guardan las ms bellas reliquias del
Paganismo? Quin sabe si no ser en un templo pagano de Arte donde se
guardar lo ms bello del Arte cristiano! Nunca fueron las ideas viejas
tan respetuosas con las nuevas, como las nuevas lo sern siempre de las
viejas. Y vive Dios! que hay entre nosotros vejestorios, en todos los
rdenes de la vida, que no son dignos de ningn respeto.

       *       *       *       *       *

Fu Balbina Valverde una actriz de la ms pura cepa espaola, y si la
vanidad regional no temiera empequeecer su castizo arte, diramos
mejor de la ms pura cepa madrilea. A la falsa luz de las candilejas,
en el falseado ambiente de muchas comedias mediocres, nadie supo dar
tan artstica realidad, tan humano aire al tipo de la mujer espaola
de nuestra clase media, que viene  ser el tipo medio de la mujer
espaola, con su sentido prctico, sanchopancesco, sus vanidades, sus
ambiciones, su vulgar sentimentalismo... Lleg  tanto la verdad en
su arte, que llegamos  verlo copiado en la vida. Cuntas veces no
habremos dicho: Esta seora es una Balbina Valverde! Para los yernos,
este nombre era como una amenaza joco-seria.

Su diccin era del ms puro castellano; inimitable su arte de subrayar;
nica en producir efecto cmico con la sola enunciacin de una palabra
insignificante, que en su boca adquira el valor de un chiste. Quin
no recuerda cualquier Mi yerno!, pronunciado por ella? Era el presagio
de una tormenta familiar.

Fu con todo esto de un amor por su arte, de un celo en el cumplimiento
de sus deberes artsticos, que ha de recordrsela siempre, no slo como
ejemplo para las de su profesin, sino como gloria del sexo femenino,
al que muchos suponen incapacitado para toda profesin seria. Si en
otras esferas de actividad hubieran cumplido muchos hombres con sus
deberes como Balbina Valverde cumpli siempre los de su profesin!

Gravemente enferma, durante una temporada en Bilbao, se hizo llevar una
cama al teatro, y en el cuarto del teatro viva, levantndose de la
cama para salir  representar las comedias.

Casi  la fuerza tuvo que obligarla la empresa  regresar  Madrid.

Descanse en paz la inolvidable artista! Madrid pierde con ella una de
las ms sanas y castizas notas de su risa.

A este pblico, que tanto la quiso y al que ella amaba tanto, le ha
hecho llorar por vez primera. No es esto una envidiable gloria?




VII


La carambola no ha sido mala. Esperemos, sin desconfiar de la
intencin, que, por los efectos, no venga  ser de retroceso.

Malo es no salir de nuestro paso, pero... tomar carrerilla tan de
pronto! No es que dudemos de las energas y buena voluntad de los
corredores, sino de la firmeza y seguridad del camino. Aun no hace
mucho tiempo hubo que desandarlo, y no sabemos que se haya trabajado en
l despus lo bastante para conseguir ahora lo que entonces apenas pudo
intentarse.

El mal camino andarlo pronto, pensar acaso alguien interesado en
echar por el atajo, para volver pronto al verdadero camino real. Miren
bien, los que por el atajo andan, de no levantar un pie sin haber
afirmado antes el otro; no avancen un solo paso sin haberle desbrozado
cuidadosa, cautelosamente. Cuidado con los tropezones! Considerad
que tal vez se espera el primero para gritar: Veis cmo ese camino es
imposible! Nada de prisas, nada de impaciencias! Estbamos dispuestos
 esperar un quinquenio en el estanque. No podremos esperar otro tanto
en el agua corriente, por suave que sea su curso?

       *       *       *       *       *

S; _Chantecler_ es todo un smbolo. Es el gallo francs, el mismsimo
gallo de las Galias que, como el protagonista del poema de Rostand,
cree orgulloso al lanzar su quiquiriqu!  cada aurora que el Sol
sale  iluminar al mundo entero, obediente  su evocacin. Y no es lo
malo que l lo cree; son muchos los pobres animales que aun juzgan los
_quiquiriques_ del gallo francs prestigioso encanto, sin el cual el
Sol no alumbrara la Tierra.

Bien cant el gallo francs, no hay duda, y si no llega  su poder
 que el Sol le obedezca, s lleg muchas veces  despertar  la
Humanidad con sus gloriosos cantos de libertad, de justicia, de arte...
No nos trajo el Sol, pero nos avis siempre de su salida. Por todo
ello le debemos gratitud y cario; pero sin olvidar al Sol, que es
antes que el gallo... y sin despreciar  los humildes gallitos de
nuestros corrales, que,  su modo, tambin saben anunciar la aurora.

       *       *       *       *       *

Qu brutos somos, verdad?, podrn decir, como el personaje del
_Patinillo_, los millonarios _yankis_, acostumbrados  que por
brbaros los tenga la culta y refinada Europa! Es verdad que alguna
vez _apedrean_ con su dinerazo y otras veces insultan; pero... ay!
ya quisiramos por aqu, en justas proporciones, millonarios de esos
que fundan Universidades y Escuelas y Museos, y como stos que ahora
acaban de construir un magnfico teatro en Nueva York. Un teatro!
Habr empecatados! Si hubiera sido una iglesia  un convento? Pues,
s, seores; un teatro modelo, un verdadero templo, inaugurado con la
representacin de una obra de Shakespeare: _Antonio y Cleopatra_. Qu
brutos son! Verdad?

Aqu, alguna vez, se ha reunido gente de dinero para empresas
teatrales, y el resultado ha sido... un baile de mscaras, un
espectculo de _variets_ indecentes; algo por el estilo en fantasa
y en Arte. Se figuran ustedes  nuestros millonarios edificando el
Teatro Nacional  un teatro para la msica espaola? Cmo han de
comprender que el Arte puede ser una religin los que han hecho de la
religin un arte?

       *       *       *       *       *

La empresa del teatro Real est tratando  Wgner, en esta temporada,
poco ms  menos, como por la vecindad estn tratando al partido
liberal: as como si quisieran quitrsele de delante lo ms pronto
posible. Todos los cuidados son para el repertorio antiguo; para l
Titta Ruffo, Anselmi... A Wgner que lo parta un gallo.

Todo se relaciona: naturalmente, la resurreccin de _Luca_ haba
de traer por consecuencia una crisis del mismo tiempo y  la misma
usanza. A viejas peras, _divos_ jvenes. Todo el arte de Anselmi no ha
bastado  dar apariencias de vida  la momia de Lammermoor. Veremos si
el otro joven _divo_ tiene mejor fortuna en la vieja pera de nuestra
poltica, tan necesitada de nuevo repertorio como de nuevos cantantes.
Espaa Brunilda espera  su Sigfredo. Los admiradores de Wgner tambin
le esperan. No se d pretexto  que nadie dude de la buena fe de las
respectivas empresas. Puede que no haya para el repertorio moderno;
pero el pblico no quiere _Lucias_ ni con Anselmi... Qu disparate!
No iba  decir ni con Maura?...




VIII


Es la pera de Strauss, _Salom_, portentosa obra de arte musical.
Ahora, pensemos en todo lo que ha sido necesario para que pueda serlo.
Primeramente, el gran talento de Strauss, no hay duda; despus, un
pblico que, extraado  aburrido, tal vez, en las primeras audiciones,
prefiere desconfiar de su propia impresin  echar por el camino
fcil de la chacota y el desprecio y enterrar la obra entre flores de
ingenio, sin posible apelacin. Despus, empresas decididas  imponer
la obra; despus, una crtica capaz de hacer tambin obra creadora,
inventando... lo que acaso el autor no puso en ella; formando de este
modo una conciencia de lo inconsciente, que siempre anima en toda obra
de arte. Despus... el Ejrcito alemn con su formidable podero.

Ya dijo D. Juan Valera, con su inteligente, supremo humorismo, cmo
las flotas de la Gran Bretaa haban podido contribuir  la gloria
de Shakespeare. No hay idea de lo que puede influir el Ejrcito y la
Marina, lo mismo para vender agua de Colonia en el Paraguay, que para
imponer  la admiracin de las ms recnditas tierras el nombre de un
poeta.

He aqu por qu vuestra hija es muda, como dice el falso doctor de _El
mdico  palos_ al afligido padre. He aqu por qu nuestros msicos no
cantan por el mundo. Se figura nadie  _Salom_ nacida entre nosotros?
Cul hubiera sido su vida? Quin la hubiera impuesto al respeto?
Quin la hubiera salvado de morir  chistes?

Pero nos la envan dos grandes potencias: el genio de su autor... y
Alemania. Los que menos la entienden procuran irse enterando; los que
ms se aburren, se aburren con respeto. Ah! Si fuera de alguien de
casa!

Nuestro indisciplinado individualismo no comprender nunca que la obra
de arte es obra de todos, y que su inmortalidad ms depende de todos
que de la obra misma.

En Espaa, cada uno quisiramos ser el nico grande hombre de un pas
de imbciles; el nico honrado entre una caterva de pillos. Qu buena
planta puede arraigar en terreno donde las molculas de la tierra se
disgregan al recibirla? Ya dice el Evangelio: Ay de la casa desunida!

       *       *       *       *       *

Nunca mejor ocasin de mostrarnos unidos, con solidaridad de la grande,
que en el prximo Centenario de Cervantes. Acabamos de dar lucida fe
de vida en guerra. Nada valen las funciones blicas, por gloriosas que
sean, si no las consolidan inmediatamente fiestas de paz. En recientes
cuchipandas hispanoamericanas hemos trado y llevado el Verbo y...
ay, tambin el adjetivo de la raza y de la lengua! Vamos  verlo!,
como dicen los taurfilos, mejor dicho, los _torerfilos_, sobre todo
al llegar la hora llamada de la _verdad_. Podr ser esa hora la del
Centenario de Cervantes?

Oh, mi gran D. Mariano, tenis razn!, intil es dirigirse  los
polticos, porque en tal solicitud, empezada  redactar en lunes,
habr que raspar cinco nombres antes de llegar  entregarla el
sbado. Pero si los Gobiernos pasan, otras cosas quedan. El Ejrcito
y los artistas espaoles deben bastarse, y por derecho propio, 
monopolizar para s toda la gloria de unas fiestas nunca igualadas. Es
preciso borrar el recuerdo de aquellas lastimosas del Centenario del
_Quijote_; es preciso... resignarnos  que nos llamen _lateros_, hasta
conseguir levantar los espritus. Contad, D. Mariano, con mi humilde
cooperacin para organizar funciones teatrales, para lo que de mi
negociado dependa. Tiempo hay sobrado; pero el tiempo espaol vuela.
Naturalmente: el tiempo nos gobierna y pasa... como nuestros Gobiernos.

       *       *       *       *       *

El maestro D. Jos Serrano solicita opiniones en el pleito entablado
por la Sociedad de Autores sobre el libre aprovechamiento de obras
extranjeras no garantizadas por tratados internacionales. Voto con
el maestro Serrano. Por lo mismo que la ley no las ampara, razn de
ms para respetarlas. Con qu razn podremos quejarnos de algunos
empresarios y editores americanos, si nosotros justificamos su conducta
con nuestro ejemplo?

Bien est preocuparse por los intereses materiales y saber de sumar
y multiplicar, y que letras y nmeros no anden divorciados; pero la
Sociedad de Autores, por honor de su nombre, debe comprender que
hay tambin intereses morales que tambin tienen su valor en una
suma total. Verdad es que una Sociedad de Autores en donde el dinero
decide de las votaciones... Claro es que el dinero representa trabajo.
Representa siempre arte? Pero hay quien prefiere ser considerado como
artista  la hora de estrenar y como negociante  la hora de cobrar...
Vase, cmo en estos tiempos del sufragio universal y del voto
obligatorio, adnde demonios ha ido  refugiarse el voto restringido y
el triunfo de la plutocracia!

       *       *       *       *       *

El buen gusto del pblico de Pars no se avena con la presentacin
escnica de _Chantecler_, ridcula y poco artstica, digan lo que
quieran los reclamos. El afn de realidad en la presentacin de una
obra potica y fantstica ha llevado, como suele suceder,  falsedades
que una fantasa de artista hubiera evitado. Qu diferencia de esta
_mise en scene_  la de _El pjaro azul_, de Maeterlink, representado
en Londres! Pero la amable crtica francesa para todo tiene remedio,
hasta para los fracasos menos disimulables. Alguien ha encontrado
el medio de idealizar, mejor dicho, de _realizar_ las falsedades de
presentacin en _Chantecler_ y las desproporciones evidentes entre lo
representado y su representacin. Mirar al escenario por el revs de
los gemelos. De este modo, empequeecidos personajes y decoraciones,
todo parece la verdad misma. El gran Guitry parece todo lo ms un
gallo cochinchino; Simone, una faisana al natural, y Coquelin hijo, un
perrillo de buen tamao.

Achicndolo todo por este procedimiento, la obra quizs se agrande.

Lo contrario de lo que nos sucede aqu con nuestros polticos: ellos
nos parecen muy grandes, y la obra cada vez ms pequea.




IX


Siempre es peligroso ir contra las corrientes populares. En el programa
del nuevo Gobierno figura, para ser ley muy pronto, el servicio
obligatorio. Indiscutible en teora, dentro de esa igualdad que las
leyes nos reconocen  todos como ciudadanos, aunque la Naturaleza la
desmienta  cada paso; ms atenta que  la igualdad,  la armona,
que no es lo mismo; pues  ella contribuyen, como en msica bien
compuesta, tanto como los acordes, las discordancias; es tan
indiscutible en la prctica? Por acercamos al ideal bruscamente, no
tropezaremos con duras realidades, cuyo choque, no slo destruye el
ideal, sino realidades positivas que debemos alejar de todo peligro
cuidadosamente? No basta mejorar los cuarteles; no son cuerpos mortales
solamente los que han de alojarse en ellos y han de acomodarse 
su disciplina; son espritus tambin, que no se disponen tan pronto
ni tan fielmente como los materiales: alojamientos y provisiones.
La Religin y la Milicia: Religin de hombres honrados, que dijo
Caldern de la Barca, no pueden existir sin una fe ciega, cuyo ms
slido fundamento slo puede hallarse en una humilde ignorancia  en
una superior filosofa, aparte los casos de predestinada vocacin.
Pero entre las humildes inteligencias y los entendimientos superiores
capaces de crear objetividades de su propia subjetividad, existen en
gran mayora esas inteligencias medias que han dejado de ignorar y no
han llegado  saber. Estas seran las dominantes en el Ejrcito con el
servicio obligatorio; stas las que llevaran  l todos los fermentos
de una cultura mal reforzada. En ella abunda la moderna generacin
intelectual, y de ello se resiente todo el organismo social. Tendra
virtud el servicio obligatorio para disciplinar  esa masa,  no sera
ella la que llegara  contaminar el sano organismo del Ejrcito?

La ejemplar conducta de distinguidos voluntarios en la ltima guerra
de Melilla ha infludo, sin duda, en la opinin y en los gobernantes
para confiar en la virtud del servicio obligatorio. Hermosa es la
fraternidad de todas las clases sociales en defensa de la Patria y
en los peligros de una guerra! Pero no son los tiempos de guerra
norma para presumir las ventajas  los inconvenientes del servicio
obligatorio. Lleva la guerra en sus peligros y en sus actividades,
virtud moralizadora con la que no puede contarse en tiempos de paz.

No olvidemos tampoco, en el pas de las recomendaciones y las
influencias, que la desigualdad, ms sensible que palpable de hoy,
sera la desigualdad que salta  la vista  todas horas, y es ms
irritante.

El ejemplo de otras naciones? Ay, si la voz de algunos sabios
socilogos lograra sobreponerse  la voz, ms clamorosa, de los
halagadores de muchedumbres!

Preguntadles  los primeros, preguntad  las estadsticas las ventajas
comerciales, industriales, sociales, en fin, que ha conseguido
Francia con el servicio obligatorio. Enteraos, oh bien intencionados
legisladores!, cmo leyes tan democrticas, tan generosas, tan
animadas de nobles propsitos, como la del servicio obligatorio y la de
reglamentacin del trabajo de los menores, han desatado sobre Pars y
otras ciudades de Francia esas bandas de _apaches_, que no son signo,
ciertamente, de civilizacin ni de progreso.

No hay nada ms peligroso en la realidad que el noble juego de los
ideales.

Bueno es atender  la opinin popular, para satisfacerla en lo
justo; pero sobresalga sobre ella la opinin de los contempladores
desinteresados. Cuando todos crean llegada la hora, ellos slo sabrn
decir: Aun no es tiempo.

       *       *       *       *       *

Admiremos la dificultad vencida por la seora Bellincioni en su danza
de Salom. Es todo lo que puede danzarse ante nuestro pblico, cuando
ese pblico asiste  nuestro Teatro Real. Admirado el arte de la seora
Bellincioni, convengamos en que si Salom no danz de otro modo ante el
Tetrarca,  ste era hombre de buen contentar,  tena ms ganas de
perder de vista la cabeza del Precursor que Salom de conseguir la del
uno y trastornar la del otro.

Me figuro  Pastora Imperio bailando por instinto lo que la seora
Bellincioni baila por arte. No son nuestro vulgarizado tango y nuestro
popular garrotn, ms propia evocacin de lo que debi ser la danza de
Salom? Lstima que haya perdido toda nobleza con el roce plebeyo!
Hay que confesar, oh amplitud de los escenarios populares!, que _La
Corte de Faran_, con su garrotn, est ms cerca de la verdad bblica
que la _Salom_, de Strauss, con su danza de los siete velos. Y los
entradones que se ha perdido la empresa! _Salom_, con su buen
garrotn hubiera llevado  todo el pblico de Eslava, sin perder el del
Teatro Real por eso. El pudor de nuestro pblico est siempre dispuesto
 dejarse violar. Pero, vale la pena tan pocas veces! Y luego, que uno
tambin tiene su pudor y no tan violable.




X


Francisco de Curel, uno de los pocos autores dramticos franceses sin
ribetes de negociante, aseguraba, en reciente indagatoria sobre la
llamada crisis del teatro, que el teatro, en fuerza de tanto querer
ser negocio, va dejando de serlo, y acabar por arruinar  cuantos
empresarios sean  fueren.

Ya no basta para satisfacer las exigencias del negocio teatral con
la obra razonable, la obra razonablemente aplaudida y celebrada; es
preciso la gran atraccin, como en nmero de circo; la obra que
avive todas las curiosidades, como crimen misterioso; la obra de gran
pblico, pblico que pueda llenar durante cien representaciones un
teatro.

Fueron as las tragedias de Esquilo y de Sfloques? Las obras de
Shakespeare? Las de Lope y Caldern, obligados  una fecundidad slo
disculpable por la efmera vida de cada obra en su tiempo? Es posible
hacer obra de arte sincera, sentida, nueva, con esa preocupacin
comercial del gran nmero de representaciones, consecuencia de no
reparar en los medios de llamar la atencin? Mujer y obra de arte que
andan por el mundo  llamar la atencin, no merecen el mismo nombre?

Cunta noble idea de comedia malograda por la consideracin: No
ser obra de pblico, no dar dinero... No ser obra simptica!...
Adnde voy yo con esta obra? Oh, autores noveles! Envidiis 
los que vosotros llamis consagrados! Vosotros, por lo mismo que las
empresas no confan en vosotros, podis atreveros  todo. Si alguna
obra os admiten, tened por seguro que la empresa ensayar otra al mismo
tiempo, para sustituir  la vuestra en el caso probable de un fracaso.
No gastar en ponerla, ni las actrices encargarn  Pars trajes y
sombreros, ni los actores esperarn revelarse en la creacin de sus
papeles... Para los autores consagrados, qu enorme responsabilidad
la suya! La obra de las esperanzas, de las ilusiones, la clave
fundamental de una temporada,  por lo menos de gran parte de la
temporada!... La equivocacin de un autor consagrado es la ruina para
una empresa, la desilusin de actrices y actores, el descrdito de
un modisto, la zozobra en muchos humildes hogares de tramoyistas,
acomodadores, etctera. Legin pavorosa de espectros, presente al
concebir la obra, al planearla, al escribirla!... Esa frase?... no; es
peligrosa. Ese chiste?... tremendo! Ese final?... de poco efecto!
Eso es atrevido! Eso no est garantizado por el aplauso! Oh, la
gloriosa inconsciencia de las primeras obras, las que un empresario
reciba con displicente desconfianza!...--Tenemos ah una obra de
un chico que empieza... Una cosita; no est mal... All veremos...
Mientras llega la obra de...--aqu un gran nombre.--La obra de la
temporada!

Comprendis el lucido papel que poda hacerse cuando, por azares de
la fortuna, la cosita sin importancia pasaba  ser la obra de la
temporada? Comprendis la grave responsabilidad cuando la obra de la
temporada es... una cosa de mucha importancia, que no le importa al
pblico? Sabis de la tristeza de las cumbres, cuando se mira  un
lado  al otro y todo es cuesta abajo?

Juventud, divino tesoro!, ms divino porque puede ser derrochado
prdigamente, porque es slo nuestro... En la vejez, nuestro dinero,
nuestro arte, nuestra vida, todo, ya no es slo nuestro; hay quien
puede pedirnos cuenta de todo ello... Es posible un artista con
consejo de administracin? Comprendis que, por no soportarlo, pueda
romperse la pluma  lo mejor de la vida, como dirn muchos de los que,
unos por admirar, por envidiar otros, no supieron nunca compadecer al
que vieron en alto?

       *       *       *       *       *

Oh, maestro! Le vuestra carta, en la que adivino toda vuestra
tristeza. Es la tristeza de Jess, cuando al aconsejar al joven
nefito que repartiera toda su hacienda entre los pobres, si pretenda
seguirle, vi cmo el joven le volva la espalda, incapaz del
sacrificio. As visteis llegar  muchos presuntos discpulos; grandes
admiradores,  los que abrsteis el raudal de vuestro corazn y de
vuestra inteligencia... Y los visteis despus alejarse desdeosos,
malcontentos, murmuradores, porque en vuestra bondad, ellos slo
buscaban un elogio, un bombito en forma de prlogo  juicio crtico;
de vuestro entendimiento, que se hiciera traicin para celebrar
sus errores y sus tonteras, y le ayudseis al buen parecer, que
basta para andar entre las gentes... Ellos, como Esa, vendieron su
primogenitura por un plato de lentejas...

Cada vez ms solo, maestro Es verdad! Quin no ha sentido esa gran
tristeza de ofrecer lo que mucho vala, y ver cmo ellos preferan lo
de ningn valor?

Ofrece uno toda la vida, y ellos slo piden una recomendacin, un
elogio--algo del momento--. Ofrece uno la verdad de su corazn: ellos
slo queran una mentira.

       *       *       *       *       *

Prximo el primer aniversario de la muerte del maestro Chap, no es
de temer que empresarios, artistas, la Sociedad de Autores, Espaa
entera, en fin, necesiten de mejor estmulo que la proximidad de
esa fecha para conmemorarla de un modo digno. La deuda es grande.
Suspendida qued, por la muerte, la funcin proyectada en honor del
maestro; contratiempos de todo gnero impidieron las representaciones
en esta temporada de _Margarita la Tornera_... Es empeo de honra
vencer  tanta fatalidad,  la misma inexorable de la muerte, que slo
el amor vence... cuando el olvido no es segunda muerte. Pero habremos
olvidado tan pronto? O ser la envidia la nica que recuerde? Cosa
sera entonces de admirarla como una virtud, si ella sola logra vencer
 la admiracin y al cario de cuantos decan admirar y querer al gran
artista, al hombre honrado, al que, en tierra de bien nacidos, no es
posible que hubiera dejado una sombra de odio ni de envidia.




XI


Pas Marta Regnier con su compaa y su ligero repertorio, por el
escenario de la Comedia, sin dejarnos honda emocin de arte ni de
belleza. Nos sentimos un poco orgullosos, porque ni actores ni autores
espaoles podamos temer la comparacin. Slo envidiamos lo selecto
de la concurrencia y sus manifestaciones de agrado, no tan fciles de
obtener para los de casa.

Marta Regnier es... un bonito artculo de Pars; de esos que entre
directores de teatro, autores y crticos suelen fabricar all para
admiracin de provincianos y de extranjeros. Adems, en Pars les
parece joven, y lo es, comparada con Sarah, la Bartet, la Rjane, la
Hayding y dems grandes estrellas del Teatro francs, admirable museo
de antigedades.

Los actores franceses tienen el defecto general de ser demasiado
actores. Todo es estudio y composicin en ellos. No os sorprendern
nunca con una incorreccin, con un desentono. En las actrices es
tambin defecto empachoso que siempre han de parecer _cocottes_. Slo
Mme. Bartet y Mlle. Reichenberg han tenido aires de gran seora y de
seorita en la escena. Algo tambin la Brands, y en la extraordinaria
Sarah, el arte supremo lo idealiza todo, dndonos la sensacin, como
dijo Lemaitre, de una mujer extranjera en todas partes, una mujer
de raro exotismo, que viene nadie sabe de dnde y vuelve  otra
regin que ignoramos. Las dems, la _cocotte_, la eterna _cocotte_,
creacin artificial de una literatura dramtica que necesita para sus
combinaciones, figuras femeninas convencionales, como lo fueron la
cortesana del teatro latino y la dama de nuestras comedias del teatro
antiguo.

Al mismo gnero pertenecen la _jeune fille_ de los ingenuos descocos,
la casadita de los peligrosos _flirts_, la divorciada andariega y la
viudita joven y experimentada de casi todas las comedias francesas
modernas. Triste idea daran de una sociedad, si no supiramos que el
teatro fu siempre, en arte, la ltima y ms irreductible trinchera de
lo falso y lo convencional. Ni Francia, ni Pars mismo, ni su sociedad,
ni sus mujeres, ni sus maridos, son eso ni pudieran serlo.

Consolmonos, con la imagen falseada que sus escritores nos ofrecen, de
la que suelen presentar de nosotros. No es extrao que se equivoquen al
hablar de lo ajeno, los que se equivocan al hablar de lo propio.

       *       *       *       *       *

Ms que nuestros actores y nuestros autores de los extranjeros,
tendra que aprender nuestro pblico en cuanto  consideracin y
respeto al espectculo y  los espectadores. En una de las ltimas
representaciones de _El oro del Rhin_ era materialmente imposible
enterarse de la obra, salvo en la parte visible. Y habr quien diga
que la msica de Wgner es estruendosa! S, s: ya pueden echar los
compositores trompas, timbales, bombos y platillos  competir con la
graciosa chchara de los abonados! Y se tendrn por muy distinguidos!
No saben que lo ms distinguido es... tener educacin y que si entre
todo el numeroso pblico hubiera un solo espectador, uno slo, que
hubiera pagado por oir la pera y no por contribuir  la general
algazara, ese solo espectador merece el silencio de todo el pblico;
no hablo ya de los artistas y de la obra. Pero s!, este es el pas
de: Para eso hemos pagado, para estar como nos convenga. Vyase
la poca educacin de los que charlan, por la exagerada de los que,
habiendo pagado para oir la pera, no protestan ruidosamente y en
cualquier forma de la mala educacin de los charladores. A descortesa,
descortesa y media. Nunca estara ms justificada. En ningn teatro
del mundo se tolerara cosa semejante. Y esa es la gente que viaja
por el extranjero! Verdad es que cuando viaja va  los circos,  los
_music-halls_. Lstima de dinero, que estara tan bien empleado en los
que no se atreven ni  respirar, all en el paraso!

       *       *       *       *       *

En _Juventud de prncipe_, traduccin de la comedia alemana _Alte
Heidelberg_, hay algo que desconcierta al espectador y, sobre todo, 
la espectadora, en nuestro pblico: las relaciones del prncipe y de
Catalina, camarera de una cervecera.

Cuestin de latitud y de razas. Un pblico latino el latino es pilln!
no comprende ese buen amor que tiene tanto de buena amistad. Aquella
muchacha sencilla quiere y se deja querer sin hablar de matrimonio, ni
de honra... ni siquiera de dinero. Qu especie de mujer es sta?--se
dira ms de una espectadora.--Es buena? Es mala? Es tonta, por de
contado. Grave defecto en una mujer. Nuestras mujeres no temen nada
tanto como pasar por tontas. As es tan raro que las engae nadie!
A buen seguro que un prncipe latino, qu un prncipe!, cualquier
muchacho de regular posicin, no encontrara una ganga como la moza de
Heidelberg. Una muchacha joven, bonita, que ni ama demasiado hasta el
punto de destrozar el corazn al prncipe, ni de estorbarle siquiera
en sus estudios, ni le explota hbilmente, hacindose sealar una
pensin vitalicia. Un buen camarada de bromas y de excursiones!
Mujer... cuando es preciso y nada ms... Lo ideal para todo hombre de
ocupaciones! Con mujeres as, no es extrao que los alemanes progresen
tanto. Los pobres latinos, en cuanto tropiezan con una mujer en su
camino hombres perdidos! Por eso _Juventud de prncipe_ fu ms
celebrada en su estreno por los espectadores que por las espectadoras.

Por nuestra vida y por nuestras comedias slo se comprende el amor
causando estragos. Y slo as convence  nuestras mujeres.




XII


Un distinguido escritor, al patrocinar tambin el debido homenaje al
maestro Chap, lleva su escepticismo hasta dudar de la sinceridad de
mi admiracin por el insigne msico; todo porque olvid que en esta
temporada se haba representado, por fin, _Margarita la Tornera_ en el
Teatro Real. Cuatro representaciones, despus de tantos aplazamientos
y suspensiones, no son muchas, y nada tiene de particular que puedan
pasar inadvertidas para cualquiera,  poco preocupado  distrado que
ande uno con sus particulares asuntos.

No soy yo tampoco muy amigo de asistir  representaciones de las
obras que admiro. Las representaciones son siempre peligrosas para la
admiracin, y si esas representaciones son de peras espaolas y en
nuestro teatro Real, doblemente. Claro es que una obra musical no puede
ser admirada en su integridad, como una obra literaria, sin pasar
por la interpretacin, ms  menos edificante. Pero, en este caso, es
preferible admirar y creer... por fe, , si la fe nos falta, aceptando
como buena la autoridad de los competentes. Despus de todo, por fe 
por autoridad, creemos en muchas cosas de ms importancia: en materias
de Religin, de Ciencia, etc., etc.

Yo no me permitira jams dudar de la ciencia de un Ramn y Cajal,
aunque nunca haya asistido  sus experimentos. Me basta con que
personas de gran autoridad cientfica los den por buenos. Estimaramos
muchas cosas en el mundo si  cada una hubiramos de aplicar la propia,
casi siempre ignorante, y muchas veces impertinente, investigacin? El
propio juicio es tan falible! y tan variable! Cualquier alteracin en
los humores, en la temperatura, en el bolsillo, basta  trastornarle.
De qu viven las grandes instituciones sociales ms que de este
abandono del criterio individual al criterio social, nica suma que
nunca es resultado de los sumandos?

Si la admiracin nacional fuera la suma de admiraciones individuales,
habra espaol que fuera admirado? Si el catolicismo dependiera del
nmero de verdaderos catlicos, sera Espaa el pas catlico por
excelencia? Aunque sea el pas en que haya ms _excelencias_ por
catlicos.

       *       *       *       *       *

Del criterio y de los gustos artsticos de nuestros empresarios puede
dar idea el que, obras como _Aguila de blasn_ y _Romance de lobos_,
las admirables tragedias brbaras de Valle-Incln, no hayan encontrado
todava escenario en que puedan ser, no ms admiradas, pero s
admiradas por ms, como debieran serlo.

Ahora,  fines de temporada--de lo bueno poco,--se nos ofrece _Cuento
de Abril_. Gentil ofrecimiento de la gentil actriz Matilde Moreno, que
nunca emple mejor su estudio y su talento como en esta buena obra de
purificar el ambiente teatral con aires de poesa.

Es _Cuento de Abril_ todo poesa y arte verdaderos, no de esas
sobredoradas imitaciones que andan por ah desacreditando el gnero.

Me aseguran que _Cuento de Abril_ pas por otros teatros, en donde slo
hall indiferencia  extraeza. Extraeza lo comprendo, por lo raro
del caso. La indiferencia, ya es menos explicable. No hay razn para
lamentarse de la falta de obras y de autores, cuando se deja marchar
una obra como _Cuento de Abril_ y _Aguila de blasn_ y _Romance de
lobos_, sta sin representarse.

       *       *       *       *       *

Eterno vaivn de las cosas del mundo! El rompecabezas, el arrinconado
juguete de los tiempos de nuestra infancia, es ahora el juguete  la
moda, y no para nios, sino para mayores, y muy mayores, y en tertulias
de gran seoro y respetabilidad. Verdad es que el juguete viene ahora
de Inglaterra con el nombre de _Puzzles_.

Yo no s si ser muy divertido, ni de qu otra diversin podr ser
pretexto; porque yo no me fo de estos juegos de sociedad, casi
siempre de carambola y por tabla. Parece que se divierten con una cosa
y es con otra.

Lo que s sabr decir es que, este juego del rompecabezas, es de un
gran simbolismo. Es otra la tarea de nuestra vida, que sta de ir
juntando, para componer algo, los pedazos de nuestro corazn, de
nuestra inteligencia?

Los antiguos rompecabezas llevaban el modelo para facilitar la
composicin; estos de ahora son imprevistos. Y hasta en eso se ve
cmo procuran simbolizar la vida moderna. Va uno juntando pedazos y
pedazos, sin saber si ser una marina  un paisaje, un apacible cuadro
de familia  una terrible batalla, lo que al fin resulte. La sorpresa
es el mayor encanto. As vivimos: juntando pedacitos de nuestra vida,
sin saber lo que ser el cuadro de nuestra vida; sin modelo que pueda
orientarnos. Rompecabezas es el juguete: si ponemos en l toda nuestra
ilusin, bien pudiera llamarse rompecorazones!




XIII


Somos los espaoles como nuestros vinos: ganamos transportados.
El que aqu malgasta lo mejor de sus energas en luchar contra el
medio ambiente, fuera de aqu, aun contra las dificultades que 
todo extranjero se oponen en todas partes, logra vencer y afirmar su
personalidad. Por eso fuimos pueblo de conquistadores, y si perdimos
todas nuestras conquistas, no fu por no haber sabido hacer nuestras
las tierras conquistadas, sino tal vez por haberlas hecho demasiado
nuestras. Parece paradoja, pero es lo cierto que Amrica dej de
pertenecer  Espaa por haberla hecho demasiado espaola. Somos gente
poco de casa. Cuando no aspiramos  conquistar el mundo, aspiramos
 ganar el cielo. De nosotros pude decirse, como en aquella antigua
cancin tan nuestra:

    Fu al mar,
    vine del mar...
    Mis telitas sin hilar.

Buen ejemplo de este nuestro espritu conquistador y buena compensacin
de otras conquistas materiales, hoy ms difciles de emprender,
tenemos en Pepe Lasalle, quien sali de Espaa, har unos diez aos,
diciendo: Ser director de orquesta, y ha realizado su propsito
tan cumplidamente que, al saludarle de nuevo por esta su tierra,  su
nombre y su cargo aadimos, por aclamacin, todos los adjetivos que su
modestia callaba al despedirse, pero  los que, sin duda, pretenda en
su noble ambicin de artista. Gran director de una gran orquesta. No
puede cumplirse mejor el propio vaticinio. Desde los tiempos del Gran
Emperador, no se unieron Alemania y Espaa en ms gloriosa empresa.

Ahora bien, , ahora mal, mejor dicho: con el mismo talento, con la
misma energa, con todo lo personal, en fin; si entre nosotros se
hubiera propuesto Pepe Lasalle realizar su propsito, hubiera llegado
 conseguirlo? Contesten tantos verdaderos artistas msicos como andan
por ah desperdigados por cafs y orquestas de teatrillo; responda
nuestro pblico aristocrtico, llenando los palcos del Circo en los
das de moda y dejando poner en la taquilla de billetes para los
conciertos: Slo quedan palcos y butacas; hablen el Cuarteto Francs
y el Cuarteto Vela, luchando contra la indiferencia del pblico,
slo sostenidos por el aplauso de algunos inteligentes que ay! son
justamente los que van de gorra, y aun hay que agradecrselo. Por
eso, bien esta que aplaudamos con el mayor entusiasmo  los de fuera,
y mucho ms cuando los dirige uno tan nuestro y que tan alto pone el
nombre de Espaa en el mundo del Arte; pero estimemos en cuanto merecen
 los de casa, que, sobre las dificultades de su arte, han de vencer
las del medio, hostil  indiferente. El Arte, que es todo simpata,
slo en ambiente de simpata florece.

       *       *       *       *       *

Quin se atrever  poner en duda el desinters de nuestros
escritores? Cada dos  tres aos, el ministerio de Instruccin pblica,
cuidadoso tutor y curador de los menores y prdigos, que son nuestros
literatos, ha de conceder graciosamente ampliacin del plazo para
inscribir obras en el Registro de la Propiedad. Es desinters,
ignorancia de estas formalidades legales  triste convencimiento de
que, para lo poco que ha de producir, no vale la pena de tomarse
molestia alguna? En los dos ltimos casos sera muy triste; en el
primero sera muy laudable, si ese desprendimiento no redundara
siempre en beneficio de algn editor _vivo_, siempre dispuesto 
levantar muertos al amparo de una ley que, por fortuna, no se cumple
con inexorable rigor. Para todos los efectos de responsabilidad, la
condicin de escritor debiera equipararse en nuestros Cdigos  la de
los menores  incapacitados. Por qu han de estar tan reidos nmeros
y letras que, hasta cuando la realidad de los nmeros se impone al
escritor, ha de venir en letras... de cambio, aceptadas por l con la
ms divina inconsciencia de nmeros y de fechas?

       *       *       *       *       *

El descubrimiento del doctor Doyen, prometindonos ms larga vida,
no dejar de regocijar  cuantos van  gusto en el machito; para
ellos lujoso carruaje  automvil. A los de  pie nos es indiferente.
Alargar la vida!

Como no sea por la ilusioncilla de ver terminadas las obras de la Gran
Va;  por ver si los aeroplanos llegan  establecerse con servicio
regular, como los transatlnticos;  por saber del estreno de una obra
nueva de Rostand;  por ver las calles de Madrid sin pordioseros!...
Aunque es de temer que la virtud del descubrimiento del doctor Doyen
no alcance  la realizacin de todas estas esperanzas. Entonces, para
seguir con la misma historia de la vida, Este cuento de la vida, dos
veces contado, como dijo Shakespeare,  contado por un idiota, que
dijo el mismo... El descubrimiento del buen doctor no vale lo que una
botella de buen vino, un poco de morfina, un buen cigarro, una buena
msica  una buena mentira; de esas mentiras dulces, que parecen amor 
gloria... Todo lo que es olvido de esa implacable verdad, cuyo nombre
ms cierto es muerte.




XIV


Son las prximas elecciones la mayor preocupacin en estos das.
No--esto es lo triste--por el gran inters que inspiren, en cuanto
pudieran influir en los destinos futuros de Espaa, sino por los muchos
pequeos intereses que en ellas se fundan y contra el inters general
conspiran.

Lbrenos la diosa Democracia de hablar mal del sufragio universal, ni
del voto obligatorio, preciadas conquistas suyas. Antes era posible que
un Gobierno regalara, lo que se dice regalar, un distrito  cualquiera
de sus patrocinados; pero, por lo mismo que se trataba de un regalo,
los Gobiernos cuidaban, para no dar que murmurar demasiado, que el
candidato fuera persona de merecimiento. Ahora, como todo el apoyo y la
proteccin oficiales no bastan  librar al protegido de ciertos gastos
indispensables, es preciso buscar ante todo gente de dinero  que sepa
sacarlo de donde lo haya. Antes sola decirse: A Fulano le apoya el
Gobierno,  Cuenta con la proteccin de ste  del otro, mayores 
menores caciques. Ahora, las protecciones no significan nada. La nica
probabilidad de triunfo es decir: Fulano piensa gastarse tanto en la
eleccin; Menganito se gastar cuanto.

Las gentes sencillas, tan incapaces de grandes abnegaciones patriticas
como de ambiciosas vanidades, no hayan compensacin en el cargo de
diputado  tan crecidos sacrificios pecuniarios, y con la natural
desconfianza que despiertan siempre las acciones heroicas, cuando
su mvil no tiene equivalente, por lo menos potencial, en nuestro
espritu, dan  recelar, con esa suspicacia propia de las gentes
sencillas, que en lo de ser diputado ha de haber algunas ventajillas
ms que la de sacrificarse por la patria, la de chupar caramelos, la
franquicia postal y la misma inmunidad parlamentaria.

Esa desconfianza hace que, obligadas al voto, las gentes sencillas
vayan  la votacin con la misma indiferencia con que antes se
quedaban en casa. Al qu ms da votar que no votar ha sustituido
el qu ms da votar  unos que  otros. La consecuencia en uno y
otro caso es la misma: no triunfa el que triunfa por importarle 
muchos, sino por no importarle  nadie. As podemos vanagloriarnos de
constituir unas Cmaras que no representan la opinin del pas, como en
otros pases, sino su falta de opinin.

       *       *       *       *       *

A consecuencia de una polmica entre autores y crticos, se ha
discutido en Pars, entre autores, crticos y actores, sobre la
eficacia de la crtica, sobre sus derechos y deberes y hasta sobre la
conveniencia de su desaparicin. Los autores y los actores artistas han
opinado, como era natural, que la supresin de la crtica literaria
sera tanto como relegar el teatro al terreno puramente industrial de
especulacin. Pero es otra cosa el teatro moderno? No es fantasear
 costa de la realidad--fantasa muy cara--considerarle de otro
modo? A no ser en teatros subvencionados con esplendidez, donde los
directores puedan permitirse el lujo de ofrecer verdaderas obras de
arte, qu empresario ni qu autor pueden aceptar la responsabilidad
de comprometer intereses respetables por entregarse  nobles juegos de
arte?

Hoy se le da al teatro una importancia comercial que nunca tuvo.
Exigencias del pblico, de la crtica, de autores y actores--no
hablemos de los propietarios,--han convertido en negocio
arriesgadsimo, ms propio de capitalistas que de verdaderos
aficionados al arte, la explotacin de un teatro. En estas condiciones,
puede depender del criterio artstico, de la crtica, el xito de una
obra? Dejmonos de vanidades. El teatro moderno tiene muy poco que ver
con el arte. No se interponga ninguna consideracin artstica entre el
pblico y la taquilla, como no se interpone entre el comprador y el
comerciante una crtica del escaparate. Que esto ser el fin de la
literatura dramtica? No, al contrario; quedarn mejor deslindados los
campos. A un lado el arte y la literatura; al otro lado el teatro. Un
teatro que slo aspira al dinero no debe tener ms sancin penal que la
falta de dinero. La crtica literaria es demasiado honor para l. La
mejor crtica de muchas obras es haber llenado el teatro durante 200
noches, y que el autor, para curarse de toda vanidad, llegara  conocer
personalmente  los 200.000 espectadores que le han aplaudido, Ay del
artista que, cuando ms clamoroso oye el aplauso de todos, no sabe
percibir la voz de la propia censura!

       *       *       *       *       *

En Berln se ha fundado una Sociedad, llamada de Caldern, con el
objeto de representar obras de nuestro autor y algunas de otros
autores, no menos admirables, nunca representadas en los teatros
ordinarios. En dicha Sociedad figuran ilustres personajes, y en la
primera funcin, con el concurso de los mejores actores de los teatros
berlineses, se representar _La devocin de la Cruz_.

Esto en Berln, donde todos los aos se representa mayor nmero de
obras de Caldern y de Lope de Vega que en nuestros teatros. En cambio,
nosotros no dejaremos de representar opereta alemana, ni austriaca, en
justa correspondencia. Schiller y Goethe y el moderno Hauptman bien
estn en su casa. Y que se lleven  Caldern y  Lope. Para lo que
van  divertirse con ellos! Mejor sera proponerles, ya que en tan
buena disposicin se hallan, que se encargaran de celebrar en Berln el
centenario de Cervantes. Fuera cuidados! De aqu les mandaramos una
lucida Comisin y todos los toreros que hicieran falta para una buena
corrida de toros.




XV


A cualquier hora nos la dan  nosotros de primos! Nos hemos dislocado
de risa con una porcin de _vaudevilles_ sin gracia y sin fantasa; nos
hemos extasiado ante unos cuantos melodramas policacos sin novedad y
sin inters; hemos acogido como armonas celestiales la organillesca
musiquilla de cuantas operetas vienesas han querido ofrecernos...
Todo ello por venir de fuera y venir consagrado. Pero esto no poda
continuar. Qu se dira? Qu ramos pblico para contentarnos con
cualquier cosa? Nada, nada de dejarse sugestionar... A la primera
ocasin... Y la primera ocasin ha sido _Chantecler_. Dirase que,
 falta de mayores solemnidades, habamos querido conmemorar en l
la fecha prxima del Dos de Mayo. Lo que no consiguieron bombos y
reclamos previos, acabar por conseguirlo la desconsideracin de
algunos pblicos con una obra de noble y elevado arte: imponerla, por
fin,  la admiracin de todos. Ya quisiramos que gallos como ese nos
cantaran todos los das en nuestros corrales! Para una vez que nos
hemos sentido carabineros del arte... de las pocas veces que no vena
contrabando!

       *       *       *       *       *

La palabra de Dios es el silencio, y, si alguna vez comprendemos en
toda su grandeza esa divina palabra del silencio, es cuando una mujer
linda y graciosa nos dice  nos canta tonteras desde un escenario.
Para admirar una linda hechura de Dios, qu necesidad hay de
molestarnos con idioteces? No bastara con una bien compuesta danza
para mostrarnos la gracia de las actitudes? No bastara con pasar y
sonreir? Es preciso ms para que una mujer bella enamore? Y, si algo
ha de decirnos, sea en una lengua extraa, slo comprensible como
una msica... No quiebre el ritmo de una bella armona el desentono
de las palabras chabacanas. No es la belleza la que ha de acercarse
 nosotros; somos nosotros los que hemos de acercarnos  ella,
alejndonos de la realidad... Y no es el mejor puente la letra de algn
_couplet_ que, slo se salva de lo canallesco, para caer en lo insulso.

       *       *       *       *       *

Hasta ahora estuvo considerado el grajo como una de las aves
benemritas de la agricultura, por la gran cantidad de insectos y
de alimaas, perjudiciales  los campos, de que se alimentaba. Pero
no somos nadie! Ni los estmagos, ni las conciencias, ni ay! los
bolsillos--gran estmago de los racionales civilizados--resisten 
un minucioso examen. Despus de registrado el buche de unos cuantos
grajos--los bastantes para dar autoridad  la estadstica,--el
implacable anlisis viene en exonerar  toda la casta de sus
preeminencias y consideracin sociales como protectora de la
agricultura. La cantidad de animalitos daosos engullidos por el grajo
no guarda proporcin con la gran cantidad de semillas y de granos
que devora. Por lo tanto, no hay para qu respetarle, y, en adelante,
pasar  la triste categora de los perseguidos y cazados sin tregua.

Aplicado este mismo anlisis estomacal  muchos grandes personajes
y respetables Corporaciones, hasta ahora considerados y respetadas
como de utilidad social, no tendramos el mismo resultado? Lo que
protegen por una parte, estar compensado por lo que daan de otra?
No tragarn ms grano provechoso que animalillos perjudiciales?
Cunto grajo no estar viviendo por esos campos, de un respeto mal
fundamentado! Se impone la autopsia de unos cuantos,  la hora plcida
de la digestin, para saber  qu atenernos.

       *       *       *       *       *

Como siempre que se proyectan grandes festejos, de lo proyectado  lo
realizado va... la distancia que hay de las necesidades de Madrid  los
cuidados de su Ayuntamiento. No; aqu ni comemos ni nos remos. Como
festejo extraordinario, ya nos contentaramos con que nos lavaran un
poco.

El problema de la mendicidad--grandes problemas son siempre aquellos
para cuya resolucin hace falta mucho dinero: el problema de la
vida, el problema de las subsistencias, el problema de la enseanza,
etc...--sigue en estudio. Textos en que estudiarle no faltan. Dentro de
poco, para poder andar tranquilamente por Madrid, habr que vestirse
de harapos. Ser el nico modo de que le dejen  uno tranquilo. Aadan
ustedes en estos das,  los mendigos de siempre, los electorales:
El voto, por amor de Dios! Esta candidatura, que no he comido en
todo el ao! Ya no sabe uno  quin dice: Perdn, hermano, : Estoy
comprometido con los socialistas.

Grandes das estos para disponer de un aeroplano! Feliz el conde
de Romanones, nico espaol  quien no le preocupan los asuntos
electorales!




XVI


Salvo el gnero de tropelas, mudanza que los siglos van trayendo, pudo
compararse al difunto rey Eduardo VII con aquel otro rey de Inglaterra,
Enrique V, hroe de la batalla de Argincourt, protagonista en varios
dramas historiales de Shakespeare. Como el alegre y despreocupado amigo
de Falstaf y Pistol, supo ser, como rey en su da, muy otro que como
prncipe de Gales.

No podra decirse de l que fu el prncipe que todo lo aprendi en
los libros. Mucho aprendi en la vida, y no fu desaprovechada la
enseanza. Una buena Prensa le prodiga elogios, que no le regatear
la Historia. Estmanse las virtudes de los grandes, y es justo que
as sea, por comparacin con sus iguales; as no es de extraar que,
con las cualidades que apenas libraran  un seor particular, en la
hora de su muerte, del piadoso comentario de alguna buena amiga: Qu
descansada se habr quedado la familia!, la Historia se d por contenta
para proclamar: Era un gran rey!

       *       *       *       *       *

Si en la satisfaccin del triunfo cabe siempre una gota de amargura,
habr dejado de saborear su provechosa medicina el gran D. Benito
Prez Galds? Cmo puede escapar  su observacin lo fcil de una
carrera poltica y lo difcil de una carrera literaria? La primera
serie de sus _Episodios Nacionales_ y muchas de sus admirables novelas
llevaba publicadas don Benito y no poda contar con el nmero de
lectores con que, slo en dos aos de republicano, ha podido contar de
electores.

De lectores  electores hay una sola letra de diferencia; pero qu
gran diferencia en nmeros!

Y cmo comparar el mrito de la labor literaria de toda una vida con
los merecimientos de dos aos de republicano, aunque contemos como
literatura y como republicanismo el sinnmero de cartas de adhesin 
todas las paellas tricolores, en torno  las cuales se haya reunido
siquiera media docena de republicanos?

Cuarenta mil votos! Una duda: de la primera novela que publique,
vender tan fcilmente D. Benito 40.000 ejemplares?

       *       *       *       *       *

Siempre que un Gobierno sale malparado de unas elecciones, le queda
el consuelo que  las mujeres feas y pobres: atribuir  su honradez
toda su desgracia. Si yo hubiera sido como otras! Esto me pasa  m
por ser honrada! Ninguna dice: Esto me pasa  m por ser fea! Que
era el caso de la candidatura monrquica en Madrid. Claro es que ser
diputado por Madrid significa poco; aqu no hay mangoneo ni caciqueo.
Las grandes figuras de la poltica prefieren sus feudos provincianos.
Para Madrid quedan unos cuantos seores de buena voluntad y mejor fe,
dispuestos  gastarse muy buenos cuartos. Pero ay! Madrid tiene otras
teclas que tocar que los distritos rurales. Aqu se fuma y se bebe todo
el ao y no se le asusta  nadie con un apremio, ni con un recibo...
Ser verdad que los electores monrquicos hayan andado despegadillos?
Como entre ellos hay gente de dinero y muchos tienen automvil y el da
estaba bueno... Por eso, no ser malo, para otra vez, confiar menos en
los electores y algo ms en los elegibles.

       *       *       *       *       *

Muchas personas de viso, de esas que se abstendran, por comodidad 
por abandono, de votar la candidatura monrquica, han andado en estos
das poco menos que  media asta con motivo del fallecimiento del rey
de Inglaterra. Bueno est vestir  la inglesa y vivir  la inglesa y
pagar  la inglesa, pero entristecerse  la inglesa tambin! Mucho se
haba divertido el noble difunto, pero no hasta el extremo de que tanta
y tan buena gente le llore como  un padre.

Los actores franceses son los que han tenido una ocasin ms de
exhibirse. No hay uno que no haya sido gran amigo del rey Eduardo y no
tenga que contarnos alguna chispeante ancdota. A Febvre, ex socio de
la Comedia Francesa, le regal un bastn;  Rjane, una sortija; Sarah
oh, Sarah! le reprendi una vez severamente porque se acerc  ella
sin quitarse el sombrero. Siempre fu el teatro la mejor escuela de
buena crianza. Pero todos estn inconsolables. Le queran mucho.

Menos mal. Ya dijo Hamlet, prncipe muy aficionado al teatro, que ms
nos valiera tener un mal epitafio que una mala reputacin entre los
comediantes.




XVII


Ya nos ha salido el susto del cuerpo. Es posible que  muchos, sobre
todo  muchas, de las que ms se regocijaran en la noche de la temida
fin del mundo, no les haya salido todava  les salga de aqu  unos
meses,  mayor gloria y perpetuidad de este pcaro mundo.

Si es cierto lo que asegura Renn en su _Abadesa de Juarre_, que, ante
la muerte prxima, el amor se envalentona y se deja de miramientos
hasta decir Fuera cuidados!, esperemos que el cometa Halley, en vez de
acabar con el mundo y sus habitantes, nos habr dado cuerda para mucho
tiempo.

La verdad es que, para lo atrasadillos que andamos, segn dicen,
no hemos sido de los que ms se han puesto en ridculo por esos
mundos. Estamos tan hechos  pronsticos de nuestro fin! Y siempre
es preferible que el mundo se acabe para todos  acabarse uno para
el mundo. Mundo tenemos en general, y ojal tuviramos vida en
particular hasta la llegada de otro cometa, y aun es posible que
hasta la terminacin de la Gran Va, y, exagerando un poco, hasta
el advenimiento de la Repblica. Las revoluciones, lo mismo en las
celestiales que en las terrenales esferas, nunca las traen cometas
andariegos y revoltosos, por mucha cola que aparenten. Es preciso algn
astro de primera magnitud, y por ahora... todo es va lctea en las
celestiales y en las terrenales esferas.

       *       *       *       *       *

Para los que se pagan de nombres--Repblica, Monarqua,--ah tienen 
la Repblica Argentina y  su Gobierno vindose obligados, en plena
apoteosis de su engrandecimiento y prosperidad,  declarar el estado
de guerra; medida que, con el inters de los ms, acaso baste 
conseguir una tregua de fiestas patriticas. Pero el problema queda
en pie. Y el problema all es del mundo entero. Digan unos: Patria;
otros: Humanidad, siempre sientan bien estos nombres sonoros y nobles.
En realidad, riqueza de un lado, miseria de otro. Ms peligroso es
el conflicto en esos pueblos jvenes, adonde llegan todos los das
miles de conquistadores de todas las razas y de todos los pueblos. Y
conquistadores sin bandera, desarraigados de su patria,  luchar por
s,  enriquecerse, si es posible, en provecho propio... Cmo exigir
 tanto egosmo humano el sacrificio por una idea nacional? No bastan
los intereses materiales, opuestos de clase  clase, cuando no de
individuo  individuo,  unir voluntades y sentimientos en ese algo
inexplicable que se llama ideal nacional. Es ley fatal humana que, en
las causas de nuestra grandeza, est el mayor peligro de nuestra ruina.
El talento, el valor, la riqueza, la hermosura tienen en s mismos su
mayor enemigo. La Repblica Argentina es inmensamente rica y generosa.
Pero si todos quieren ser inmensamente ricos en ella, bastar toda
su generosidad? No tendr  cada paso un conflicto entro su inters
nacional y tantos intereses de tantos, por desligados de su patria,
ms desligados de una patria extranjera? He aqu el peligro y he aqu
el problema de la Repblica Argentina. Lo que hoy es un gran pueblo,
llegar  ser una gran nacin? Llegarn  sumarse tantos intereses
egostas en un solo egosmo ideal? Gran cosa es que en un pueblo todos
procuren ser ricos,  condicin de que todos tambin estn dispuestos 
morirse de hambre en un da. Con la primera cualidad, dominante en la
Repblica Argentina, y la segunda, dominante en Espaa... gran nacin!

       *       *       *       *       *

Millones de flores, que representan millones de pesetas, cubrirn la
tumba del rey Eduardo de Inglaterra. Los economistas republicanos, que
hallan sus mejores argumentos contra la Monarqua en publicar lo que
cuesta el sostenimiento diario de unas caballerizas reales, no dejarn
de filosofar ante ese derroche de flores. No pensarn lo mismo las
floristas ni los floricultores. Y siempre que un seor de esos que,
por alardear de modestia, deja dispuesto en su ltima voluntad que no
se deposite coronas ni flores sobre su cadver y que se le entierre con
la mayor sencillez, pienso en la oracin fnebre que han de dedicarle
los empresarios de pompas fnebres y los fabricantes de coronas: Vaya
con el hombre,  qu hora ha ido  acordarse de ser modesto! Yo creo
que la mayor modestia es no disponer nada y dejar  los ricos que
hagan su gusto y su voluntad y  los funerarios su negocio. El que uno
se muera no es razn para que no vivan los dems. A m me parece muy
bien todas esas flores y ese dinero que se gastan los ingleses. Las
flores nunca son caras. Adems, los vivos son lo bastante vivos para no
dedicar flores al muerto; las flores son  los que quedan.

Recuerdo que  un gran personaje se le muri un sobrinito, y la casa
se llen de coronas y de flores y el entierro llev el ms lucido y
numeroso acompaamiento, y decan los familiares de la casa: Si esto
es por el sobrino, cuando el seor muera! Pero el seor, al morir,
no dejaba familia de importancia, ni, de ella, nadie que pudiera
dar destinos ni dispensar favores, y al entierro... dos peseteros y
los precisos operarios. Seores muertos: nada de consideracin con
los vivos; admitan ustedes coronas y flores, y  la familia dejarle
encargado el entierro de primera y con mucho clero: que vivan todos.
Siempre hace bien ver caras alegres en un entierro.




XVIII


Todo Gobierno, al emitir su respectivo discurso de la Corona, bien
puede disculparse, como el aldeano de Molire:--Si digo siempre lo
mismo, es porque siempre es lo mismo; que si no fuera siempre lo mismo,
no dira siempre lo mismo.

Si los anteriores Gobiernos hubieran realizado todas las bellas y
grandes cosas prometidas en sus sendos discursos, nada quedara por
realizar, ni siquiera por prometer, y holgara un nuevo discurso de
discursos (revista de revistas).

Si de la vida dijo Shakespeare que era fastidiosa como un cuento odo
dos veces, qu sern estos discursos tantas veces odos? As nos hemos
acostumbrado  orlos con el ms consecuente escepticismo, reflejo tal
vez del escepticismo que suele dictarlos.

En fin, como el escepticismo es puerta entornada, por qu no hemos
de conceder  estos discursos siquiera la confianza que ponemos en la
lotera? Alguna vez puede tocar. No aspiremos al premio gordo.--El
programa ideal. No es eso?--Si tocara una aproximacin!

En lo que no cabe por esta vez escepticismo es en lo del vigoroso
llamamiento al crdito. Esa es la eterna subida del vino: que nunca
mejora de calidad, aunque suba de precio.

Por si no bastaba con un discurso, hemos tenido dos: el de la Corona
y el de la coronilla,  cargo del jefe del partido conservador, muy
empeado en llevar vela en este entierro, que bien puede serlo si no
hay  tiempo un capirotazo enrgico que apague esas velas y cirios que
ya han deslucido bastante.

Entre los dos discursos nos quedamos... con el Mensaje de la Asamblea
agrcola; de menor resonancia, pero de ms slida y aplicable doctrina.

       *       *       *       *       *

Prximas  terminar las representaciones de Novelli en Lara, cerrados
muchos teatros de invierno--algunos ms propios de verano por la
frescura de obras y artistas,--no queda en Madrid ms espectculo
atractivo que las sesiones del Congreso y alguna cmica, especial,
del Senado, que cuenta para el gnero con eminentes y acreditados
caractersticos.

Las distinguidas aficionadas al Parlamento, en todas sus
manifestaciones, particulares y pblicas, ya tienen dnde pasar la
tarde y en dnde distraerse hasta el veraneo, retrasado, como siempre
por los deberes polticos de los maridos, padres, etc.

El elemento femenino ha de interesarse mucho en la actual legislatura.
Hay que evitar la condenacin de ms de cuatro amigos arriesgados en
alguna votacin peligrosa. Sera una lstima no poder encontrarse con
ellos en celestiales moradas, como ahora en las ms elegantes casas,
por culpa de un proyecto de ley! Hay liberales muy simpticos, y hasta
con dinero; el partido conservador no tiene monopolizadas estas dos
bellas cualidades para brillar en sociedad.

Yo s que  estas horas hay quien eleva plegarias y hace ofrecimientos
por la salvacin de algunos ministeriales. No teman las distinguidas
intercesoras; llegado el caso, todos han de salvarse, ms que por
vuestra intercesin, por propia iniciativa, al grito dispersador de:
Slvese el que pueda! No roguis por ellos; rogad por vosotras y
por vuestros hijos, diremos parafraseando palabras de Jess. Porque
si pudierais ver, como El, en lo venidero, verais lo que mejor os
estaba y les estaba  todos para evitar mayores males. Verdad es que si
vosotras tuvierais inteligencia y cultura para comprender estas cosas,
hace mucho tiempo que estaran resueltos muchos problemas por s solos.

       *       *       *       *       *

El orgullo nacional de los franceses, irreductible, sobre todo
tratndose de su arte, se halla muy resignado con ver su Pars invadido
por toda clase de espectculos extranjeros. Opera italiana, comedia
belga, baile ruso; sin contar innumerables artistas, autores y msicos
de diferentes nacionalidades repartidos por diferentes teatros.

A mal tiempo amable sonrisa, y ellos venden por generosa hospitalidad
lo que  regaadientes soportan. Claro es que los comediantes belgas
son una pobre gente sin pizca de _chic_, aunque sean ms espontneos
y naturales que los amaneradsimos actores franceses, apestantes 
Conservatorio y  Comedie Franaise; que Caruso no puede compararse
con los admirables tenores de la Gran Opera, con sus voces de gato
pisado... Slo ante los bailarines rusos humillan su superioridad,
y eso porque, segn ellos, todo su arte es de la ms pura tradicin
francesa.

Como espectculo propio no han ofrecido, autores y actores franceses,
en estos ltimos tiempos, nada ms interesante que la pelotera entre
Bataille--el nombre obliga, y l se encarga de justificarlo--y la gran
Sarah, slo comparable  la guardia napolenica en lo de dar que hablar
hasta sucumbir.

En Pars, como en todas partes, se perecen por estos chismes teatrales.
Hasta que los Tribunales dieron la razn  Bataille, todo el mundo
estaba de su parte; en cuanto tuvo  la justicia por suya, consideraron
que ya tena bastante, y todo el mundo se puso de parte de Sarah.
Cuando se atrevi  embargarla sus muebles y los ingresos de su
teatro... no se diga! Los mayores enemigos de la actriz se aprestaron
 defenderla contra el autor. Se lleg  decir que Bataille haba
insultado  Francia en la persona de Sarah.

Aqu, por fortuna, no se llevan  punta de embargo estas cosas de
teatro, que no valen la pena. Slo sabemos de un empresario capaz de
embargar  sus autores; pero con el mayor cario y sin dejar por eso
de representarles sus obras, para mejor garanta del embargo... Los
dems, todos buenas personas. Nos peleamos, hacemos las paces, nos
odiamos, volvemos  querernos; pero todo con la mayor modestia, sin
indemnizaciones y sin reclamos.




XIX


Las mujeres son, por lo general, conservadoras, muy respetuosas
con lo tradicional y establecido; pero cuando una mujer da en
revolucionaria... Nada menos que todo el sistema planetario nos ha
trastornado una distinguida dama, miss Craig, en interesantsima
conferencia dada en el Ateneo.

No era la flor que ms se haba presentado hasta ahora, en el ramo
de la sabidura femenina, sta de la astronoma. Bueno es que la
mujer se vaya poniendo en comunicacin con el cielo de mejor modo que
con importunas plegarias petitorias. La aparicin, mejor dicho, la
desaparicin, y para nosotros ay! despedida, sin beneficio, del cometa
de Halley,  ms de su cola natural, se ha trado otra muy larga de
discusiones entre los astrnomos. A consecuencia de todas ellas, se
inicia el descrdito de algunas verdades, que ya haban durado lo
bastante, para obtener, sin que nadie pueda molestarse, su jubilacin y
pase  la escala de reserva. Todo nuestro respeto para estas mentiras
de hoy, que fueron las verdades de ayer, y aprendamos por ellas 
respetar las mentiras de hoy, que tal vez sean las verdades de maana.

Los estudios de miss Craig son muy serios y no deben tomarse  broma.
Sin llegar  las atrevidas afirmaciones de la conferenciante, otros
astrnomos de gran renombre han coincidido recientemente en negar
las teoras de Newton sobre las leyes de gravitacin y de atraccin
universales.

Por mi parte, celebrara mucho que se salieran con la suya; porque, con
todo el respeto  Newton, eso de que cuando uno cae, cae por atraccin,
me pareci siempre una tontera. Es para escamarse el que  Newton se
le ocurriera viendo caer una manzana; desde los primeros das del mundo
la manzana fu siempre fruta ocasionada  funestas equivocaciones.

En este caso nada se ha perdido; todo es que los pobres muchachos
estudiantes del bachillerato tengan que aprenderse una nueva teora...
hasta otra. Los licenciados y doctores pueden seguir sirvindose de la
que estudiaron en sus libros. Ms se ha adelantado en otras materias,
de aplicacin ms inmediata, y hay quien se anda en el Fuero Juzgo y
sus equivalentes.

Entre las afirmaciones de miss Craig, la ms alarmante es la de que el
sol nos ha estado engaando miserablemente. La luz que nos alumbra no
es cosa suya. Yo no se cmo no habamos cado antes en ello, cuando
en el Gnesis se habla de la creacin del sol y de las estrellas,
por una parte, y por otra se dice que la luz fu hecha. Con la nueva
explicacin no hay, pues, que temer un nuevo conflicto entre la
Religin y la Ciencia. Ms vale as; que bastantes hemos tenido, sin
contar con los que esperan al Gobierno con la Nunciatura. Quedan, en
cambio, inservibles todos los embustes y ponderaciones:--Tan verdad
como el sol que nos alumbra!--Inservibles tambin una porcin de odas y
de comparaciones. Pero ya vern ustedes cmo el sol contina viviendo
del crdito durante mucho tiempo. Hasta en eso va  parecernos ms
espaol: en vivir de las apariencias.

       *       *       *       *       *

Ranse ustedes de imperiales cortejos en Roma, triunfos carnavalescos
de los Mdicis en Florencia, tramoyas del Buen Retiro y pastorales de
Versalles. Todo es pobretera en parangn con la admirable _carrozada_
que nos han presentado. Menos mal que slo estbamos la familia y los
amigos, como en funcin casera, y apenas haba entre los espectadores
quien no tuviera en la cabalgata un pedazo de su corazn  una prenda
de su guardatrapos.

Qu mal aficionado  representar comedias no habr saludado con
emocin aquellas trusas y aquellas pelucas? La intencin era buena;
pero ya sabemos que de buenas intenciones est pavimentado el infierno
y de peores debe estarlo Madrid, segn el aspecto de sus calles.

Organizar una cabalgata, presentable  plena luz del da, es cosa
que requiere mucho dinero y mucho arte. Otro hubiera sido el efecto
amparndose de las sombras protectoras de la noche y al favorable
engao de antorchas y bengalas. Sin contar con que las fiestas
nocturnas son ms agradecidas; como que en ellas s que puede
decirse que el espectculo est en el espectador, mejor dicho, en la
espectadora, y lo que se ve es lo de menos. Hay funcin de fuegos
artificiales que no se olvida nunca, y bien sabe Dios que no es por
los cohetes. En todo festejo popular hay que atender  estas emociones
reconcentradas, por si fallan las exteriorizables.

       *       *       *       *       *

Con excepciones muy contadas, es tan general como deplorable la aficin
de los buenos actores  representar malas comedias. Lo que ellos gozan
entregndose en cuerpo y alma  la ingrata tarea de levantar muertos!
La de esperpentos dramticos que gozan honores de obras inmortales
gracias  la interpretacin de algn gran comediante!

Buena prueba es el repertorio que se ha trado Novelli, como para
examinar de paciencia  sus muchos admiradores. No hay idea de lo
satisfechos que se quedan algunos actores cuando el pblico sale del
teatro diciendo:--Todo muy malo, todo; pero l! El solo! Slo l!
El peligro de este inmoderado afn solitario est en que el pblico
se canse de decir:--El solo! El solo!, y se decida  ponerlo en
prctica, dejndole solo en efecto. No merece otra cosa la vanidad de
algunos comediantes que llegan  creerse que ellos solos son una obra y
un teatro.

       *       *       *       *       *

Para tranquilizar  los cortadores de cupones, los ms alarmados al
menor sntoma republicano--si habr confianza en la cuadrilla!,--se
apresta D. Jaime  estrenar un caprichoso uniforme, regalo de sus
esperanzados creyentes. Es de suponer que al regalito acompae su buen
paquete de alcanfor  su naftalina. De airearse el uniforme habra
que convenir en que se haban apolillado otras muchas cosas. Que
hay polvareda es indudable. Confiemos en que el Sr. Canalejas sabr
servirse del plumero propio y en ningn modo de los zorros que alguien
pueda ofrecerle; considere que la opinin est con la escoba levantada
y en alguna parte tal vez la tengan pajas arriba y detrs de la puerta,
como se usa entre supersticiosos para despedir visitas molestas.




XX


Me preguntan algunos amigos si no dir nada del discurso de D.
Alejandro Pidal, en contestacin al discurso de D. Leopoldo Cano, de
todas mis simpatas, como autor y como persona. Para qu decir nada?
Toda la elocuente diatriba contra el teatro moderno, sin demostrar otra
cosa que no haberse tomado el trabajo de conocerlo, no es la misma con
que ilustres correligionarios de D. Alejandro Pidal, y quizs l mismo,
anatematizaron el teatro de Echegaray, el de Sells y el de Cano? El
de este ltimo con mayor ensaamiento. Quin no recuerda la crtica
de _La Pasionaria_, escrita por el buen D. Manuel Caete, cabeza
parlante del grupo ultramontano de la Academia Espaola? Cmo haban
de perdonarle aquello:

      Y muertos en la trinchera,
    resucitan en Madrid?

Y aquello otro (cito de memoria; pero no es muy mala,  Dios gracias):

      ... Son rezadores maestros
    que, devotos y contritos,
    andan comprando delitos
     cuenta de Padresnuestros.

As como as, D. Leopoldo Cano, cuando otros mritos no tuviera, y
tngole en muy alto concepto, fu, y esperamos que siga sindolo, de
los autores ms valientes y ms sinceros de la escena espaola.

As lo ha reconocido D. Alejandro Pidal, con todas las cualidades
que en otro tiempo parecieran graves defectos. Oh! La Academia no
es rencorosa. Basta con dejar de escribir por algn tiempo para que
los atrevimientos parezcan moralidades, el verismo, idealidad y la
cscara amarga hueso dulce. No sabemos todos que  la Academia no
llevan las obras que se han escrito, sino las que se han dejado de
escribir?

       *       *       *       *       *

Con tantas graves y grandes preocupaciones, no es de extraar que  lo
mejor pase inadvertida alguna pequea enormidad, como la de declarar
contrabando un encendedor automtico, sin ms razn ni fundamento que
el perjuicio  un monopolio del Estado. Ya sabamos que todo monopolio,
los hay de muchas formas y clases, era siempre un obstculo  todo
progreso; pero nunca se haba declarado tan descaradamente. Segn eso,
cada vez que encienda usted su cigarro  una llama que no sea la legal
de la cerilla monopolizada es usted ms contrabandista que los de
_Carmen_. Los encendedores elctricos de los Casinos y otros Crculos,
los mismos aparatos denunciados que, en otra forma, se usan para
encender los cigarros de sobremesa, contrabando tambin; cuando pide
usted lumbre  un transeunte, aparte la impertinencia, incurre usted en
delito... Con la misma razn pudo declararse contrabando el gas cuando
vino  sustituir al aceite y al petrleo, y la luz elctrica despus...
Y las empresas de ferrocarriles debieran declarar contrabando el
automvil, porque mucha gente lo prefiere al tren para viajar, con
perjuicio de las Compaas... Y, por este sistema, tambin pueden tener
razn los protestantes, aunque les moleste el nombre, contra la ley
de los signos exteriores, que tambin ellos venan disfrutando de un
monopolio tan respetable como el de las cerillas.

No sabemos si habrn protestado los fabricantes y expendedores del
aparatito en cuestin; pero no slo ellos, todo el mundo debiera
protestar contra esa pequea enormidad, expresiva muestra de otras
enormidades cometidas en nombre de _trusts y_ monopolios...

       *       *       *       *       *

Nuestro Ayuntamiento, con miras ms altas que las aceras y arroyos,
se propone limpiar los rtulos anunciadores de toda incorreccin
gramatical. Por lo pronto, ha ido  fijarse en lo de carnecera,
que les parece anticuado. Anticuado? Por qu? El movimiento se
demuestra andando, y el mismo uso constante demuestra que no hay tal
antigedad. Ya s yo que suena ms fino carnicera, slo que es otra
cosa. Ya basta, para los que venden la carne en malas condiciones,
hacer carnicera en nuestro estmago, sin anunciarlo por adelantado.
Bien est lo de carnecera cuando de vender carne se trata, y djese
la carnicera para luchas de fieras, campos de batalla, operaciones
quirrgicas y otros destrozos en carne viva  muerta. Qu opina el
_Chico del Instituto_,  cuya autoridad me someto por adelantado?

En cuanto al uso del infinitivo por el imperativo, s es cosa fea;
pero yo, que siempre prefiero lo ordinario  lo cursi y creo que el
vulgo tiene siempre razn al hablar, estoy por decir que hasta cuando
dice haiga, hallo el imperativo tan redicho y con un sabor  mandato
de rey de teatro: Salid! Llegad! Teneos!, que estoy por preferir
el infinitivo, incorrecto y todo. Lo de Llevar la izquierda, ya
sabemos todos que es un modo abreviado de decir: Hay que llevar la
izquierda. No es tan grave falta que no llegue  entenderse lo que
se quiere decir. Escritores de muchas letras, y acadmico alguno, ha
escrito: No rerse, no asustarse. Y, en efecto, nadie se ha redo y
nadie se ha asustado. Bien estn la correccin y limpieza del idioma
por esas calles, mientras llega la limpieza de las calles mismas; pero
no vayamos  ponernos tan finos como aquella damisela que, por no usar
trminos vulgares, sola decir: Mam, haga usted la vista gruesa.




XXI


Saludemos  dos autores noveles, no desconocidos: los Sres. Godoy y
Alberti, triunfadores en el concurso de obras dramticas abierto, con
excelente acuerdo, por el Ayuntamiento y por la empresa del teatro
Espaol. El nombre de los autores, vigoroso poeta el uno, literato de
gran cultura el otro, tanto como el nombre de los jurados, garantiza
el acierto. Razn hay para esperar la ms favorable confirmacin por
parte del pblico; aunque un pblico del que han de formar parte
muchos de los concursantes no favorecidos, no es para desersele 
nadie. El teatro Espaol, por su carcter oficial, por disfrutar de
una subvencin, es el que menos puede excusarse de admitir obras de
autores noveles. Qudese para los empresarios industriales el creer que
slo conviene  su negocio representar obras de autores consagrados,
que,  veces, en una sola equivocacin perjudican ms que favorecieron
con diez aciertos. Hay que convenir en que el pblico, rutinario
siempre, es cmplice de las empresas en esto de no interesarse ms
que por las obras de un limitado nmero de autores. Si el pblico
mostrara mayor inters por conocer obras nuevas de nuevos autores,
yo creo que las empresas procuraran complacerle. Tanto, pues, como
vencer la resistencia de las empresas y de los autores monopolizadores,
importa vencer la desconfianza del pblico. Esto slo ha de lograrse
en fuerza de grandes aciertos. Pero es preciso dar facilidades para
que sean posibles. Segn las mejores referencias,  la obra premiada
hay que aadir otras muy estimables entre las presentadas al concurso.
Las empresas de los diferentes teatros, en justa proporcin, deben
admitirlas para su representacin en la temporada prxima. Conveniente
sera establecer por costumbre, ya que sobre ello fuera algo tirnico
legislar, que un mismo autor no pudiera estrenar ms de una obra
por temporada en el mismo teatro. Nadie ira perdiendo. El pblico
hallara mayor novedad, los actores evitaran el amaneramiento que
trae, sin darse cuenta, el representar obras del mismo corte, y los
autores ms admirados el peligro de fatigar la admiracin, lo ms
fatigable que existe.

       *       *       *       *       *

Siempre que asisto que  un banquete, sea de homenaje, sea de
confraternidad, aparte la lubina  la mayonesa, que, por lo inmutable,
representa el elemento filosfico, la figura ms interesante para mi
atencin es la del camarero. El camarero tambin es filosfico. Han
pasado tantas lubinas patriticas, polticas y artsticas por sus
manos! El camarero y la lubina no tienen convicciones. Saben que hay
un mismo _menu_ de homenaje para todos. Qu indiferencia la suya ante
las lubinas oratorias,  la hora del Champagne, que tampoco tiene
secretos para l! La cocina y las atenciones del servicio, como los
bastidores del escenario  los tramoyistas, le han quitado toda ilusin
sobre lo que se come y lo que se representa. Suenan magnficas las
grandes frases de los discursos, y el camarero, mientras pregunta con
voz discreta por su jurisdiccin: Cognac  Chartreuse?, percibe el
comentario malicioso de los comensales, que es como el _pizzicato_
burln que acompaa en sordina la frase apasionada en la serenata del
_Don Juan_, de Mozart.--Qu gran batata!--oye el camarero.--Deca
usted?--Ah! Nada... No es  ti... Chartreuse. Y suena un bravo!
y no suenan las risitas, ahogadas en un sorbo del licor estomacal.
Pero el camarero piensa:--A quin se engaa aqu?--No; no es  l,
ciertamente, simblico y significativo en aquel momento; representacin
de todos los que no tienen puesto en esos banquetes, en donde la
ms brillante representacin de las llamadas clases directoras, sin
engaarse ellos mismos, creen haber convencido  los dems.

       *       *       *       *       *

No hace muchos das indicaba que el dolo de oro acaso tena los pies
de barro.

El viajero superficial suele deslumbrarse con las brillantes
apariencias. Dura y tenaz ha de ser la lucha de los Gobiernos en
la Repblica Argentina para vencer al anarquismo; acaso ms de una
vez peligren en ella sus instituciones democrticas y su generoso
humanitarismo. Das de prueba aguardan al ilustre hombre que marcha
 presidir los destinos de un pueblo joven, por transfusin de tanta
vieja sangre, acaso envejecido antes de tiempo. Salaverra, en su
admirable libro _Tierra argentina_--tan justo de observacin y tan
artsticamente desapasionado,--celebra y admira la fuerte dignidad
del trabajador de all en los ms humildes oficios, tan opuestos  su
servilismo, rastrero en ocasiones, de nuestras viejas tierras. Bien
estara esa dignidad si no tocara en desabrimiento. Yo no he conocido
nada ms desagradable que la gente--mal puede llamarse humilde--de
Buenos Aires. Muy impuestos en sus derechos, eso s; ni toleran una
reprensin destemplada ni agradecen tampoco una atencin cariosa. Con
lo que se les debe les basta. Pero, como dice Bernardo Shaw, qu
sera del mundo si todos nos diramos  hacer lo justo?

Con esa violenta disposicin de espritu en los de abajo, causa 
efecto de violenta disposicin en los de arriba, las ideas anarquistas
prenden con facilidad y se propagan con rapidez. Cmo andar ello, que
muchas familias distinguidas de Buenos Aires haban decidido quitar
casa y hacer vida de hotel por serles imposible tolerar las exigencias
de los criados! Durante los treinta  cuarenta das que permanec en
un hotel conoc veinte criados distintos slo en en el servicio de mi
habitacin. En el comedor todos los das veamos caras nuevas. Un da
hubo huelga general; no qued un solo criado en el hotel; en todos
suceda lo mismo. En uno de ellos no se contentaron con abandonar el
servicio, sino que, para causar mayor trastorno, antes de despedirse
deshicieron las camas, desarreglaron las habitaciones y estropearon la
comida preparada. Todo en uso de su perfecto derecho. Las huelgas de
los diferentes gremios no pueden contarse. Ahora empiezan las bombas. A
la violencia responder la violencia... Ya vern los que murmuran de
las Monarquas lo que hace una Repblica cuando llega el caso. Creo que
el espectculo y la leccin han de ser interesantes, aunque tal vez no
sean provechosos ni aprovechables.

       *       *       *       *       *

--Ha visto usted el sombrero de las mil pesetas?--Aqu no puede
decirse del ala, suponemos que entrar todo en el precio.

--Mil pesetas un sombrero? Ser una tiara.

Aqu slo algunas seoras de esas que andan ahora tan ajetreadas y todo
el ao tan trajeadas, puede gastarlos parecidos. Los clebres sombreros
de la Maison Virot--hoy dividida en dos razones sociales,--una monada
de sombreros, se han cotizado siempre entre los 300 y 500 francos. De
esto s yo una barbaridad; si supiera tanto de otras cosas, hubiera
llegado  ser algo. Con el tamao sobrenatural de los de ahora, no es
extrao que suban el precio. Slo de plumas hay sombrero que se lleva
en el adorno un avestruz entero. De modo que, para pagarlo, hay que
desplumar por lo menos otro  poner  contribucin toda una manada: 
este una pluma, al de ms all otra... Pero si estaremos desquiciados!
El otro da, mientras dos seoras iban hablando por la calle, muy
acaloradas, de las cuestiones polticas y religiosas de actualidad,
pasaron dos curas, y de qu creen ustedes que iban tratando? Del
sombrero de Ursula Lpez. Se convencen ustedes, seoras mas, de que
no peligra nada fundamental?




XXII


No es cualidad espaola el proselitismo. Nos damos tan mala maa al
sostener nuestras ideas y doctrinas, que slo sabemos exponer lo
esquinado con toda su hiriente dureza, en vez de suavizar las aristas
con blandas redondeces. Ms prontos al brusco ataque que  la serena
defensa, an no hemos llamado con nuestra voz cuando ya hemos espantado
con nuestros gritos. Hablamos para los nuestros, que son los que menos
necesitan ornos. No es  los que piensan como nosotros  los que
importa convencer, sino  los que piensan del modo contrario.

Tuvo su mayor enemigo el socialismo en la vulgar opinin obstinada en
confundirle con el anarquismo. Empezaba  desvanecerse la confusin;
los ms temerosos iban perdiendo el miedo; se presentaba la ocasin
para no dejar sombra de esos infundados temores. Al socialismo podr
faltarle en mucho tiempo, para ser realidad posible, la base de bondad
humana que presupone su soada organizacin social. Esta es su mayor
equivocacin: suponer que una nueva organizacin social pueda ser causa
de una nueva condicin humana, cuando sin duda es todo lo contrario.
Sin mejorar al hombre, cmo es posible mejorar la sociedad? Ni las
instituciones ni las leyes son varas mgicas de virtudes. Pero, en
fin, cuando los hombres sean mejores, por seleccin natural  por
cultura artificial y cientfica, el socialismo se impondr por s
solo, que es el modo mejor de imponerse sin imposicin. Entretanto,
y hay tiempo para ello, ms conviene que crean en nuestra bondad que
en la bondad de la idea. El gua de los socialistas en Espaa, al
sentarse por primera vez en el Congreso, debi procurar ante todo que
el enemigo, el contrario, esto es, el buen burgus, acabara de perder
el miedo, tranquilizndose, en comunicacin directa con el fantasma,
que no es cosa del otro mundo, aunque puede serlo de otro mundo...
Porque, si el buen burgus no se convence, qu piensan hacer con
l los socialistas en el da del triunfo? Aniquilarle? Someterle
como  siervo  esclavo? Siempre vendramos  parar entonces en que
media humanidad seguira fastidiada por la otra media; y el ideal
socialista es la felicidad para todos, que lo de ser unos felices y
otros desgraciados, y cada uno  ratos, es ya cosa resuelta desde que
se organiz la primera tribu. Al socialismo hemos de ir todos sin
violencia, por inclinacin natural; su doctrina ha de ser de amor, y
no de odio; atrayente, y no repulsiva. Bien est descubrir nuestras
humanas debilidades ante los amigos y los convencidos. Para algo son
amigos y estn convencidos. Pero ante los contrarios hay que mostrarse
en la ms divina apariencia; de otro modo, ms vale seguir oculto entre
nubes. El socialismo iba ya pareciendo al medroso burgus cosa distinta
del anarquismo. No ha sido una imprudencia volver  la confusin y
al equvoco? Mal predicador el que slo consigue hacerse oir de los
creyentes;  los descredos,  los descredos es  los que hay que
llamar y convencer. Pero ay!, ya lo dije, el proselitismo no es
cualidad espaola.

       *       *       *       *       *

Un nuevo libro del doctor Gustavo Le Bon--_La Psicologa poltica y
la Defensa social_--es libro que todos los polticos debieran leer
con detenimiento. De muy provechosa enseanza y de ms provechosa
meditacin.

La psicologa poltica--dice Le Bon--ensea  resolver los problemas
planteados diariamente,  discernir cundo se debe ceder y cundo
oponerse  las exigencias populares. Los hombres de estado, por lo
general, ceden  resisten segn su temperamento. Detestable proceder.
Es preciso resistir  ceder segn las circunstancias. No hay nada ms
difcil ni de ms graves consecuencias en la psicologa poltica.

Y ms adelante: Es ms fcil transformar una sociedad que cualquier
otro organismo viviente? La respuesta afirmativa  esta pregunta
ha dirigido toda nuestra poltica desde hace un siglo y contina
dirigindola. La posibilidad de rehacer las sociedades por medio de
nuevas instituciones fu siempre evidente para los revolucionarios de
todos los tiempos, para los de nuestra gran revolucin sobre todo;
lo es tambin para los socialistas. Todos aspiran  reconstruir
la sociedad segn planos trazados por la razn pura. Cuanto ms
progresa la ciencia, ms contradice esta doctrina. Apoyndose en la
biologa, en la psicologa y en la historia, nos dice que nuestros
lmites de accin sobre la sociedad son muy restringidos; que ninguna
transformacin profunda se realiza jams sin la accin del tiempo;
que las instituciones son la envoltura exterior de un alma interior,
y toda institucin, lejos de ser el punto de partida de una evolucin
poltica, es solamente el trmino. La debilidad de los pueblos latinos
consiste en creer, como dogma, que basta con cambiar las instituciones
para modificar el espritu de un pueblo.

Todo ello, y mucho ms que trae el libro, no ser de gran novedad, y
de puro sabido, lo tendrn olvidado nuestros polticos y gobernantes;
pero no vendr mal un repasillo; el buen doctor Le Bon tiene para
todos, porque la Ciencia no se casa con nadie, y la Verdad nunca fu
de una sola pieza: hoy es monrquica, maana republicana, puede ser
socialista, puede ser individualista... Por eso los hombres de ciencia,
son siempre de cuidado en un partido poltico. Ya se convencer el
doctor Salillas, digo, ya le convencern sus correligionarios, si no
procura ir olvidando en sus futuros discursos que es hombre de ciencia
antes que republicano.

       *       *       *       *       *

Hay crmenes que, en su misma monstruosidad inexplicable, llevan quizs
la nica posible atenuacin... No obstante, todos han querido arrojar
su piedra sobre la madre enloquecida que arroj  su hijo recin nacido
por el balcn. Horrible! horrible! Pero todas esas buenas vecinas
que, llenas de noble indignacin, hubieran llegado  arrastrarla al
salir, despus de haber matado  su hijo, estn seguras de no haberla
atormentado con burlas y rechiflas si, unos das despus, la hubieran
visto salir con l en brazos? Saben ellas lo que pudo pesar en la
infeliz deshonrada,  la hora del delito, la imagen de esas buenas
vecinas, pequeo mundo, pero un mundo en fin! murmurador y maldiciente.

La honra de las mujeres! Pobre honra, que puede olvidarse en el beso
de un amante y no puede olvidarse con el beso de un hijo!




XXIII


Han surgido algunas dificultades para la reedificacin del teatro de
la Zarzuela. Por una vez--una vez no hace costumbre--quiere llevarse 
punta de lanza lo ordenado sobre construccin de teatros. Aparte de que
en este caso slo se trata de reconstruir, reciente est la edificacin
del teatro Lrico, hoy Gran Teatro, sin ajustarse  las rigurosas
Ordenanzas. No hablemos del sin fin de teatrillos que,  sombra y entre
sombras, de estar destinados  exhibiciones cinematogrficas, donde,
entre parntesis, son mayores los riesgos de incendio, han venido 
parar, por exigencias del negocio, en verdaderos teatros, sin ms
condiciones de seguridad que falta de concurrencia.

Como deca un empresario de un teatro provinciano al gobernador,
que le ordenaba toda clase de reformas en el teatro, segn
oficio, para evitar todo peligro ocasionado por las grandes
aglomeraciones...:--Ay, seor gobernador; deme vuecencia primero esas
grandes aglomeraciones, y yo har las reformas!--En efecto, la marcha
de los negocios teatrales no da para pedir muchas golleras. Exigir que
un teatro presente sus cuatro fachadas libres de toda vecindad es tanto
como prohibir que se edifique ningn nuevo teatro en sitio cntrico de
las grandes poblaciones. Al precio que estn los terrenos, slo ms
all de la Ciudad Lineal puede levantarse un teatro con ese requisito.

No son los teatros los nicos locales peligrosos, para que con ellos
se extremen las precauciones. Su mayor peligro est en la aglomeracin
de que antes hablbamos; peligro, para desgracia de los empresarios,
tan poco frecuente. Y, dados la aglomeracin y el peligro, sin la
serenidad y cordura del pblico todas las seguridades y precauciones
son intiles. Alocado por un peligro, real  imaginario, el pblico,
tanto vale una puerta como dos docenas, si todos quieren escapar por la
misma.

Un teatro como la Zarzuela, reedificado con materiales modernos,
puede ofrecer la suficiente seguridad, en lo humano, sin la condicin
dificultosa de las cuatro fachadas. Con una buena, y con vistas al
verdadero Arte nacional, podemos contentarnos. Cuatro tiene el teatro
Real, propiedad del Estado, y de ellas, tres dan  Italia, una 
Alemania... y la pera espaola en el sotabanco.

       *       *       *       *       *

Si los _trompis_ entre el boxeador negro y el blanco, con el triunfo
del colosal negrazo por remate, no tuvieran su significacin simblica,
sera para reir  para indignarse, segn temperamentos  estado de
fondos, la agitacin promovida en los Estados Unidos  consecuencia de
la interesante lucha. Pero ay! que esa lucha entre dos campeones de
las distintas razas puede ser maana sangrienta lucha general de las
dos razas. Es natural que el anticipo triunfal del negrazo les haya
sentado tan mal  los blancos. Malo, si los negros dan en civilizarse;
peor, si dan en dedicarse  brutos. Cultivando la inteligencia, aun
podan tardar algunos aos en igualarse con los blancos; pero si
slo cultivan los puos, pueden adelantarse en muy poco tiempo. Y si
continan pagndoles tan bien los puetazos, reunirn muy pronto dos
grandes fuerzas: los puos y el dinero. Confiemos en que algn gran
banquero  negociante de los Estados Unidos se d buena maa para
estafar al negro vencedor el dineral premio de su hazaa, y podremos
afirmar todava orgullosos la superioridad de la raza blanca.

       *       *       *       *       *

En esto de las barbaridades nacionales sucede como con los vicios y
las ridiculeces: las peores son las de los otros. Para el aficionado
 toros no hay nada tan estpidamente cruel como una ria de gallos,
y viceversa; nosotros nos escandalizamos ante los boxeadores, y por
ah se espantan de nuestras corridas de toros. De esa diferencia de
apreciaciones viven los moralistas, mientras el mundo vive de la
precisa moral que le basta para no concluirse, que es  lo que se
tira, y vamos viviendo. Los artistas han convenido en que lo ms
pintoresco y caracterstico de cada pueblo es la roa, sea material 
espiritual. Extasis ante unas piedras viejas, transporte mstico ante
una capa parda, deliquio supremo ante una salvajada con mucho carcter.
Que tienen mucho carcter suele decirse de los que lo tienen malo.
En los pueblos es lo mismo que en las personas. Un pueblo de mucho
carcter? Ya saben ustedes lo que les espera: comer mal, dormir peor y
alguna pedrada. Oh! Pero cmo perdera carcter si la civilizacin
descolorida y niveladora llegara hasta all!...

Por fortuna, hay carcter para mucho tiempo en todas partes, y no somos
nosotros de los menos favorecidos.

       *       *       *       *       *

Esta eterna lucha entre un Arte que prefiere para su inspiracin lo
caracterstico tradicional, como si quisiera perpetuarlo,  despecho
de la misma vida, con un Arte, por ms atento  nueva luz quizs mas
desorientado, sostiene y sostendr por mucho tiempo en interesante
actualidad la llamada cuestin Zuloaga. Sobre ella, como toda
gran obra de Arte, camino de esa eterna actualidad que se llama
inmortalidad, est la obra del pintor insigne, cuya gloria nada puede
temer de las discusiones. Pero entre el Arte que nos dice: Esto ha
sido, y aun el que nos dice: Esto es, y el Arte que nos dice,
visionario y proftico: Esto ser, si los dos pueden ser igualmente
admirables como Arte, como obra social, cul ser preferible? S; aun
hay otro ms admirable y fecundo: el Arte todo voluntad, todo accin,
de la voz creadora, como voz de Dios, la que sabe y puede decir:
Sea!




XXIV


Ha sido un brillante torneo oratorio, ms caas que lanzas, la
contestacin al Mensaje de la Corona. Como sucede tantas veces en estas
discusiones, los rboles no han dejado ver el bosque y las frondas y
floreos oratorios no han dejado oir la contestacin al Mensaje, que,
siendo de lo que deba tratarse, es de lo que menos se ha tratado.

El Gobierno ha podido decir en esta ocasin: A salvo est el que
repica. Los tiros ms certeros han pasado sobre su cabeza para ir 
caer sobre los conservadores. Slo algn ligero achuchn ha menoscabado
su flor de azahar. Si los obispos, los rifeos y los huelguistas no se
alborotan demasiado durante las vacaciones, tenemos virginidad hasta la
reapertura del Parlamento.

       *       *       *       *       *

Un corresponsal en Madrid del peridico parisiense _Comedia_, 
propsito de una velada musical celebrada en el Ateneo, en que,
segn parece, se aplaudi mucho la msica espaola y no tanto la
francesa, se lamenta de la creciente _galofobia_ de los espaoles. Una
distinguida dama francesa me escribe quejndose de lo mismo; dice que
ha ido coleccionando en estos ltimos tiempos infinidad de textos de
escritores espaoles, patente muestra de nuestra animadversin hacia
los franceses. Tal vez sea muy voluminosa esa coleccin de recortes
_galfobos_; pero; vamos! que si algn espaol se hubiera entretenido
en anotar y recortar textos franceses en que se nos ridiculiza, zahiere
y calumnia... s que hubiera levantado un buen proceso.

La imaginacin de los franceses ve enemigos y espas por todas partes.

No es para tanto nuestra supuesta _galofobia_. De esos mismos
escritores, citados por mi quejosa dama, podra yo recordar grandes
elogios y ditirambos de admiracin por Francia y por los franceses.
Yo mismo he defendido el _Chantecler_, como verdadera obra de arte,
del injusto desprecio con que fu tratado por el pblico madrileo. Y
hay que convenir en que las ms violentas y despreciativas crticas
vinieron de Pars. En ms de una ocasin he defendido tambin  la
mujer francesa en general, y  la parisiense en particular, de las
calumnias de sus mismos novelistas y autores dramticos. Son tambin
_galfobos_? Sabido es que el batallador Brieux escribi _La francesa_
para protestar contra esa falsa atmsfera creada  la mujer por una
literatura ms literaria que verdadera.

Cierto es que las censuras del extrao molestan ms que las del
compatriota, pero no se dir que aqu hemos llegado nunca  la
intervencin enojosa ni  la invencin sin fundamento.

Por mucho que digamos, cronistas y escritores de costumbres, de los
extranjeros, ms decimos de nosotros mismos. No podr acusrsenos
de parcialidad ni apasionamiento. Tal vez pequemos de exagerar
nuestros defectos y debilidades, y acaso demos con ello lugar  que
el extranjero los agrande y divulgue, por aquello de: Cuando
ellos lo dicen!... Por lo dems, censuremos  propios   extraos,
loca vanidad sera la del escritor que creyera en la eficacia de sus
censuras. Como dice Regnard--ya ve usted cmo conozco y admiro  sus
clsicos:

      En vain contre les moeurs la raison vous irrite;
    Par quatre mechants vers, peut-etre dja dits,
    Croyer vous changer l'homme et redresser Paris?

Y quien dice Pars, dice el mundo entero.

       *       *       *       *       *

Todos los aos, al terminar el concurso para adjudicacin de premios
en el Conservatorio de Pars, vuelve  plantearse la discusin sobre
las reformas necesarias, tanto en el sistema de enseanza como en el
de concursos. Y de nuestro Conservatorio, no poda decirse algo?
Nada entiendo de msica y no ser tan atrevido para despearme por el
disparate libre, en cuanto  la enseanza musical se refiere. Doctores,
licenciados, y aun bachilleres, tiene la Iglesia que sabrn solfear y
armonizar donde hiciere falta.

Pero la enseanza de la mal llamada--es decir, por desgracia, bien
llamada--declamacin, no puede ser ms deficiente. A gritos, ms 
menos declamatorios, est pidiendo una reforma. Cualquiera es buena;
desde la radical de la supresin, por intil, hasta una nueva y
completa organizacin, con vistas  la utilidad y mejor aprovechamiento
del dinero; supongo que poco, pero hasta ahora mucho, por mal empleado.

Bien sabemos que un Conservatorio, como ningn Centro docente, por
sabia que sea su organizacin, no es incubadora de genios, si falta
la primera materia en la calidad del huevo. Pero como el genio es ave
rara y l solo se basta para levantarse, crecer, tocar las nubes,
hay que pensar--aparte de que al genio tampoco le sienta mal un poco
de disciplina y artificial cultura--en los talentos modestos, en las
medianas discretas, que de ser bien dirigidas  no serlo   serlo
viciosamente, puede ir la diferencia de la absoluta nulidad  una
perfecta imitacin del mismo genio, con la ventaja de ser su talento
ms reposado y consciente; condiciones de gran importancia en un arte
de interpretacin como el arte escnico.

El genio es tan peligroso en el teatro que yo me atrevera decir que
es temible! De los genios me libre Dios, que de los malos cmicos me
librar yo.

Ante todo, se impone la seleccin fsica. Por espiritualistas que
seamos, hay que atender  la belleza corporal. Nada de piernas cortas
y cabezas gordas, por mucha luz intelectual que las ilumine. Nada de
voces chillonas y gangosas, por mucho que prometan hacernos de reir
en grotescas farsas. Despus, cultura general; ms que ctedras,
conferencias variadas de literatura nacional y extranjera, de pintura,
escultura, elegancia social, etc. Despus, prctica, prctica y
prctica. Nada de maestros actores, que slo ensean sus defectos y
amaneramientos; un buen director de escena, persona competente, de
buen gusto, y  estudiar y  representar obras. El teatro Espaol
como teatro de ensayo, donde los alumnos, en funciones populares, de
convite  con rebaja de precios, representen obras del teatro antiguo y
moderno.

Al estudio de nuestro teatro antiguo debe concedrsele la mayor
importancia. Nunca se estudiar bastante. Da grima ver que la mayor
parte de nuestros modernos actores no saben decir un verso con sentido
del ritmo; y como el ritmo es todo, en arte, en verso, en prosa, en
lo espiritual y en lo fsico, slo son capaces de decir chuladas y
vulgaridades.

Ya s que el ministro de Instruccin pblica tiene asuntos ms
importantes  que atender; pero yo s que el Arte tiene en l un
enamorado. Si la poltica le permite algn descanso en este verano...
acurdese de sus amores.




XXV


De plaideras y de Casandras de pan llevar han motejado conspicuos
conservadores  los espritus compasivos que se permitieron llorar por
los muertos de la ltima campaa. Y no haban terminado de fulminar su
indignacin contra los compasivos, cuando,  propsito del atentado de
que ha sido vctima su ilustre jefe, ranse ustedes de Casandra, de
Jeremas y de cuantos lloraron calamidades y profetizaron desdichas!
Esto demuestra que todos somos plaideros  nuestra hora y cuando
nos duele, y nada ms fcil que hacer de hroe impasible cuando los
almendrazos no son en nuestro barrio.

       *       *       *       *       *

El Estado slo tiene un nombre terrible y amenazador para estos
pueblos: el Fisco. Faltan carreteras y caminos vecinales, faltan
escuelas, falta higiene, falta polica; pero el Estado exige siempre:
es la quinta, es la contribucin con sus apremios y sus embargos y la
miseria y la ruina...

Llega el Fisco implacable  coronar el trabajo de la penosa
recoleccin. El que nada dej, se lo lleva todo. Llamaremos tambin
 estas madres, llorosas por el pan de sus hijos, Casandras de pan
llevar? Por fortuna, aqu no amenazan... todava. Pagan, como trabajan
y como viven, resignados. Hasta la fuerza necesaria para cobrar lo
debido le es barata al Estado.

       *       *       *       *       *

Nos asustamos una vez al ao de lo que sucede siempre sin que nadie se
asuste ni lo advierta. Los buenos burgueses disfrutan de su veraneo
protegidos por los mausers. Los fusiles protectores y la protesta
amenazadora estn ahora  la vista y frente  frente. Pero es nunca
otra cosa? Ese el estado natural y permanente de esta sociedad humana.
Por suerte de los buenos burgueses, la carlanca basta para que unos
cuantos lobos desconozcan  sus semejantes y se crean perros al
servicio del amo. Qu piden los huelguistas? Golleras, de seguro;
puede que hasta quieran veranear.

El Estado permanece neutral, no cruzado de brazos, sino armas al brazo,
que es una neutralidad especial. Su papel no es muy airoso. Me recuerda
 un filosfico sereno que, presenciando  altas horas de la noche una
acalorada disputa entre una Venus y un Marte, por no s qu tratos y
contratos amorosos, slo les aconsejaba paternalmente  la luz del
farol colgante de su chuzo: Arreglarsus, chicos, arreglarsus!

       *       *       *       *       *

Emilio del Villar, desde las columnas de _Nuevo Mundo_ clama una vez
ms--esperemos que no siempre sea en vano--contra lo que pudiramos
llamar obstculos tradicionales de nuestra Biblioteca Nacional.
Defendida como fortaleza contra los naturales ataques del ansia de
cultura y el deseo de ilustracin, el denodado asaltante es tratado
como enemigo, sin consideracin alguna. Hay que terminar de una vez con
tanta rutina y tanta corruptela. Qu significa eso, en pleno siglo
XX, de dividir las obras en obras de estudio y en obras literarias? Y
el ocultar los ndices, como nefando secreto, y las malas caras y los
peores modales?...

Ah tiene ancho y fcil campo donde laborar el ministro de Instruccin
pblica, con aplauso de todos y sin gravar el presupuesto. Las buenas
maneras van baratas. Y ahora que una Sociedad bienhechora nos abarata
la luz, no ser hora de que la Biblioteca est abierta por la noche?
Ms se conseguira con esto, en bien de la cultura y de las costumbres,
que con la creacin del Teatro Nacional, por ejemplo. Pero moderncese
esa Biblioteca; sea un verdadero saln de lectura  la moderna: con
peridicos, revistas; todo asequible, todo fcil...

Falta personal y al existente sera injusto pedirle ms horas de
trabajo? Yo s de muchos seoritos, tan intelectuales como desocupados
y aburridos, que con mucho gusto prestaran servicio voluntario, con
el mayor gusto y no menor inteligencia. No es menos glorioso ser
soldado de un ejrcito de paz y de cultura, que serlo en el campo de
batalla.

Son tantos los jvenes de todas las clases sociales  los que oigo
lamentarse de continuo: Si la Biblioteca estuviera abierta por las
noches! Ser ms difcil que abrir un nuevo _cine_?

       *       *       *       *       *

Estamos de una castidad escandalosa. Si todo fuera virtud y no falta
de dinero! Nada menos que ola hay quien llama  la docena de novelas,
algo subidas de tono, que se publica por trmino medio un ao con otro.
No es para tanto, y hay que confesar que, hasta ahora, la cinaga
es muy vadeable. Como sucede siempre, los mejores propagandistas
del gnero son los escandalizados, que vienen  ser los verdaderos
escandalizadores. Lo malo es que hay quien no distingue y confunde las
obras esencialmente pornogrficas con otras muy estimables en que la
pornografa es slo un accidente artstico y necesario.

Con la reputacin de las novelas modernas es imposible acompaarse de
ellas para lectura de viaje, de playa  balneario. Y es lstima; porque
no hay nada como un libro para iniciar una conversacin, y con una de
estas novelas siempre hay tema indicado.

Las preferencias literarias, cuando son sinceras, y cuando no lo
son, doblemente, nos abren de par en par  nuestro interlocutor 
interlocutora. Con una viajera que haya ledo ciertos libros, se puede
hablar de todo. Si ha ledo los de Felipe Trigo... pues no hay ms que
hablar. Si ha ledo  Gabriel D'Annunzio... ms vale callarse; ella se
lo dir todo. Desconfiad de las seoritas que leen la Biblioteca Rosa
en pblico; son las mismas que tienen empezada una labor desde hace
cinco aos y slo dan puntada cuando hay visita de novio probable.

Ah! Cuando regalis un libro  una joven, que sea un libro que pueda
interesar  su mam   su institutriz.




XXVI


El espritu pblico es infantilmente novelero; agradece cuanto le
divierte, le conmueve, le apasiona y hasta le atemoriza por unos das;
pero no conviene pretender usufructuar su atencin durante mucho
tiempo. Hay que evitar la frase desdeosa, muestra inequvoca de su
desvo: Ya es una lata! Todo esfuerzo para reconquistar despus la
atencin es en vano. Aun los espritus que se juzgan ms inquietos
tienden  la quietud y, ms que los accidentes que alteran la monotona
de su vida, agradecen esa misma monotona, que justifica mejor sus
lamentaciones, por verse obligados  soportar una vida sin accidentes y
sin inquietudes.

Los huelguistas de Bilbao no han tenido en cuenta, al ejercitar su
propia resistencia, la escasa resistencia de la atencin pblica.
Es que no se iba  hablar de otra cosa durante el verano? Es mucha
pretensin. Por el pudor de los contrastes, tenamos olvidada  la
mejor sociedad que veranea y luce por esas playas sin otra esperanza de
mejor recompensa que nuestra envidiosa admiracin. Dejen, dejen ya los
huelguistas su triste papel de aguafiestas  acabarn por perder hasta
la simpata de los ms sentimentales. Las bellas y elegantes damas
ya no dirn: Pobre gente!, los gobernantes empezarn  juzgaros
como perturbadores, el honrado comercio os culpar de sus prdidas,
molestaris  los buenos aficionados  toros. Recordad la frase de
Shakespeare: Qu hermoso es tener las fuerzas de un coloso y no usar
de ellas! Vosotros diris que, por ahora, son los patronos los que
tienen esa fuerza y ellos son los que mejor pueden aplicarse la frase.

       *       *       *       *       *

El verano es la estacin de los milagros financieros ms sorprendentes,
por venir despus de los milagros del invierno, ya bastante
incomprensibles. No es extrao que viaje mucha gente; pero alguna!,
tanta! No podran hacer el favor de comunicarnos el secreto, como
esos filntropos que ofrecen un remedio maravilloso con slo enviar un
sello para la contestacin? De dnde saca el dinero mucha gente? El
viajar cuesta cada da ms caro; los multimillonarios americanos, al
desperdigarse por este viejo mundo, han vuelto locos  los hosteleros,
alquiladores de coches, sastres, modistas, joyeros y toda clase de
comerciantes en frivolidades. Regiones tranquilas, como la pastoral
Suiza, famosa antes por sus razonables precios, se han puesto, con
la invasin de los _dollars_, por las cumbres de sus montaas. De
Francia, de Inglaterra, de Blgica, no hablemos. En los hoteles todo
es extraordinario; en los trenes, lo mismo; en los espectculos, no se
diga; en cualquier barraca ms  menos decorada con los sonoros ttulos
de _Kursaal_, _Music-Hall_, _Luna-Park_, etctera, cuesta la entrada
tanto como costaba en otros tiempos oir  la Patti  la Lind; eso la
entrada, que, despus, entre guardarropa, programa, propina por aqu
y socalias por todas partes, con sacar dinero durante el espectculo
no hay tiempo ni manos para aplaudir, por mucho que nos complazca. Y
donde no han llegado los americanos, los presienten. Han llegado los
automovilistas, que es lo mismo para los efectos de ir soltando dinero
con bocina. Dnde estn ya aquellas Arcadias veraniegas que hicieron
las delicias de nuestros abuelos y adonde llegaban los aldeanos,
como los pastorcillos de Beln,  ofrecer al forastero toda clase de
caza y pesca, huevos y laticinios, frutas y hortalizas, por lo que
tuvieran voluntad  algo menos? Verdad es que entonces slo veraneaban
las gentes en mediana posicin. Los ricos se recogan en sus fincas
de campo  casas solariegas... Pero ahora los que viajan y corretean
por el mundo son los que no tienen mucho dinero y los que no tienen
dos pesetas, que, naturalmente, son los que dan menos importancia al
dinero. As lo han puesto todo imposible para las personas modestas.
Ya es triste vivir; pero viajar slo con lo preciso, es verdaderamente
vergonzoso. Eche usted lujo! Menos mal que, si por cada dos familias
hay una que se arruina, por cada tres hay algn miembro dedicado  la
usura, que, despus, por combinaciones de herencias  de matrimonios,
vuelve  hacer la felicidad de dos familias. En el mundo no se pierde
nada. Donde se hunde una casa suele levantarse una manzana. Es toda la
amable filosofa de muchos veraneos incomprensibles.




XXVII


Nunca ha justificado una Exposicin su nombre como la de Bruselas.
Vaya si ha sido exposicin! Era lo nico que necesitaban las
Exposiciones para acabar de desacreditarse. Los que de cualquier suceso
casual deducen rotundas afirmaciones, no dejarn de categorizar toda
Exposicin entre los grandes peligros. No ms Exposiciones! Siempre
nos sucede lo mismo, ahora que andamos en Madrid preparando una, al
cabo de los aos. Los mayores progresos son atrasos cuando llegan 
nosotros. Es mucho sino! Implantamos instituciones, leyes y reformas
cuando estn desacreditadas por esos mundos. Venimos  ser las Amricas
de Europa--en el mal sentido de la palabra Amricas.--Vern ustedes;
ahora que hemos dado en irreligiosos, es cuando la religin est ms 
la moda en todas partes. En los Estados Unidos se hace gran consumo;
en algo se ha de conocer el dinero. Con eso y con que el mejor da
empiecen  encargar Comunidades desde el Japn como antes encargaban
acorazados... Y es que no debe desecharse nada; todo debe conservarse,
como los sombreros de copa; las modas vuelven cuando menos se piensa.
Creen ustedes que no volveremos  ver miriaques?

Algo significativo es que el incendio de Bruselas haya respetado la
instalacin de Espaa. El fuego no es rencoroso. Buena ocasin para
haberse vengado de las muchas hogueras por nosotros encendidas en
Flandes! Hogueras con las que pretendimos prolongar el ocaso del sol,
que se ocultaba ya para Espaa en aquellos dominios... En Flandes se ha
puesto el sol. No es verdad, amigo Marquina? Pero antes cmo pusimos
nosotros  Flandes!

Ahora ha sido la electricidad el Felipe II. La civilizacin es tambin
un gran tirano. Ello es que los buenos flamencos, por no perderlo todo,
se aprestan  reedificar lo destrudo; y, si no les fuera posible, ya
ponderan como gran atractivo la contemplacin de las ruinas. Acaso
tengan razn. De tantas cosas, lo mejor es las ruinas! Slo que las
ruinas de los edificios modernos suelen llamarse escombros. Para ser
admirado como ruina hay que haber tenido vida durante mucho tiempo.
Esta consideracin es de mucho consuelo para algunas naciones y para
muchas seoras.

       *       *       *       *       *

Entre los chismes teatrales, precursores de toda temporada cmica,
el ms sabroso es, sin duda alguna, el referente  la rescisin del
contrato del teatro Espaol, solicitada por varios concejales y fundada
en supuesto incumplimiento de algunas bases. Muy loable es el celo del
Municipio en esta ocasin, y no me atrevo  calificarlo de excepcional
porque supongo le aplicar con el mismo rigor  todos sus contratistas.
Pero en este asunto del teatro Espaol no parece que las raspaduras
al contrato hayan sido de tanta monta en la temporada ltima como en
otras de mangas y capirotes, con mensaje final de gracias y todo, de
parte del Ayuntamiento complacido. Qu puede decirse? Que las obras
del teatro antiguo no fueron presentadas tal y como se escribieron?
Tanta prisa corre desacreditarlas? Que no todas las obras clsicas
representadas fueron precedidas de una conferencia, como se haba
ofrecido? Y para qu vamos  engaarnos? Eso de las conferencias es
molestar  los vivos sin honrar gran cosa  los muertos. Lo cierto es
que la temporada, contra los pronsticos de muchos, fu provechosa
y brillante. Tngase en cuenta que el teatro fu adjudicado con
slo un mes de anticipacin  su apertura; cualquier falta sera
muy disculpable en esas condiciones. Fueron estrenadas obras muy
estimables, decorosamente presentadas; entre ellas, _Casandra_, con
la que no se hubiera atrevido ninguna otra empresa de las de abono
aristocrtico. Bueno fuera que, despus del gran servicio prestado  la
causa democrtica con las representaciones de dicha obra, pudiera decir
la empresa, con un Ayuntamiento tan republicano y tan socialista, que
as paga el diablo  quien bien le sirve. Fueron tambin representadas
obras de autores jvenes, como Lpez Pinillos y los hermanos Cuevas;
Borras obtuvo grandes triunfos en obras de muy distintos gneros. Qu
ms puede pedirse? Mi opinin no puede ser ms apasionada. Ni all
estren obras, ni he de estrenarlas en esta temporada, ni la compaa
cuenta con muchas obras mas en su repertorio. Pero bien est San
Pedro en Roma--con Merry y todo,--y bien estn la Cobea y Oliver en
el Espaol mientras ms desapasionada. Ni all estren obras, ni he
de estrenarlas esta temporada, ni la empresario dispuesto  realizar
maravillas de arte, dgase con franqueza y rmpase el contrato, sin
buscar ms pretexto ni fundamento que la municipalsima gana. Pero si
no es as, y cuando apenas falta un mes para comenzar la temporada,
deben moderarse los impacientes y templarse los rigurosos.

Y aunque en algo se hubiera faltado al contrato, recuerde el Municipio,
al tratar con sus contratistas, las sentidas palabras que pronuncian
los reyes en el indulto del Viernes Santo, y digan parafrasendolos:
Los perdono para que Madrid me perdone!

       *       *       *       *       *

El correo nuestro de cada da nos trae ruegos y peticiones--dirase el
conde de Casa Valencia en el Senado.--Diga usted esto, hable usted lo
otro, proponga usted lo de ms all... No, mis amables sugeridores;
es muy desagradable el papel de sopln y acusica, y no es cosa
tampoco de que el cronista ande hecho siempre un guardia de polica
urbana. En Espaa todo se espera y para todo se confa en el Gobierno
y en la Prensa, sin perjuicio de achacar  uno y otra, segn sopla
el viento, la culpa de todos los males. Con el sufragio universal
y el voto obligatorio, todos tenemos nuestros diputados y nuestros
ediles  quien dirigir peticiones y quejas. Sin contar con que todos
tenemos en la lengua un rotativo de tirada ilimitada. Esto de servir de
libro de reclamaciones slo ocasiona disgustos y antipatas. Adems,
cuando cree uno haber complacido  la generalidad, hacindose eco
de sus pretensiones, como estamos en poca de espritus originales y
hay que distinguirse  todo trance, saltan en seguida los ofendidos
en su originalidad. Qujanse unos vecinos de que en su calle hay un
charco, foco de infecciones; y cuando se consigue llamar la atencin 
quien corresponde para que desaparezca el charco, no falta un vecino
que salga protestando; porque, miren ustedes por dnde, aquel charco
era todo su encanto y, como dice la copla, el espejito en que l se
miraba. Y en todo, por este orden. Ya ven ustedes: ahora resulta que
la Biblioteca Nacional era un modelo de organizacin y es gana de
chinchorrear el proponer mejoras. Por mi parte todo est bien. As como
as, entre personas, animales y cosas, harn docena y media las que
me interesan particularmente. Y comparndome con la mayora de las
gentes, me tengo por altrusta!




XXVIII


Es peligroso entregar juguetes  los hombres. Los chicos se contentan
con destrozar el juguete, manifestndose como grandes protectores de
la industria y del comercio. Pero los hombres slo gozan pensando en
lo que podrn destrozar con el nuevo juguete.--Ah tenis un nuevo
explosivo--se les dice--para que volis montaas que separan  unos
pueblos de otros y podis comunicaros y relacionaros con ellos ms
fcilmente... Y para volar edificios y pueblos enteros--responden y
piensan.--Ah tenis el automvil: utilidad, ilustracin, higiene
y recreo. Y emocionante peligro y satisfaccin de la vanidad y
atropellos, y caiga el que caiga.--Ah tenis el aeroplano, el ms
glorioso triunfo del hombre sobre la materia. Qu servicios puede
prestar  la civilizacin y al progreso! Y sobre todo en la guerra!
Podremos aniquilar ejrcitos enteros; seremos invencibles!

Si, ante la armoniosa serenidad de la Naturaleza, pensaba el poeta
Wordsworth tristemente en lo que el hombre ha hecho del hombre, con
ms razn puede pensarse ante cada una de estas conquistas de su
inteligencia, que debieran significar amor y significan odio. Las
aclamaciones de Francia  la gloria de sus aeronautas no son un saludo
 la Humanidad, ofrecimiento de la buena nueva; son un reto  Alemania.
Para satisfaccin del orgullo de raza no les basta con la revancha
espiritual; es preciso la material revancha. Nada vale el aeroplano
si no es smbolo del guila imperial, invencible y amenazadora, sobre
los aires. Los alemanes pondrn toda su inteligencia en lograr nuevas
perfecciones en los aeroplanos. El odio tambin es fecundo. Y, por el
afn de conquistar la tierra, llegaremos  la conquista definitiva del
cielo. No es esta toda la historia de la Humanidad?

       *       *       *       *       *

Cristbal de Castro se lamenta y nos culpa porque entre tantos
escritores espaoles como hemos visitado la Repblica Argentina
no hallamos logrado obtener lo que monsieur Clemenceau en una sola
visita: un tratado de propiedad literaria con aquella Repblica. Supone
Cristbal de Castro que hemos sido unos egostas, ms atentos al
lucimiento y al provecho propios que  la general conveniencia. Conste
que slo me creo aludido por haber estado en Buenos Aires, no por
alturas de dramaturgo que el Sr. Castro compara con las del Himalaya.
No; por mi parte, Cerrillo de los Angeles, y gracias. Nuestra pobre
tierra no consiente mayores alturas; y si alguien pretendiera locamente
levantarse hasta ellas, no tardaran en hacerle polvo; y como, al fin,
en eso hemos de parar todos--_Pulvis eris_, etctera,--qu ms da un
poco antes que un poco despus?

No tiene en cuenta Cristbal de Castro que nuestra misma condicin
de interesados nos obliga  no parecerlo. Monsieur Clemenceau, que
podr ser escritor insignificante, pero que tiene gran significacin
poltica--y no todo ha de ser literatura en el mundo,--poda con mayor
desinters particular entablar esas negociaciones. Adems, todos
sabemos, aunque nos pese, que un poltico goza de mayor prestigio
entre los polticos que un escritor, por grande que sea. Yo de m
s decir que ni salud al presidente de la Repblica, ni trat con
ministros, ni lo procur tampoco. Fu de viajero, no todo lo ignorado
que yo hubiera querido para volver ignorando menos. As y todo, vi lo
bastante para no quedar muy ilusionado con las ventajas de un tratado
de propiedad literaria. No es aquello la mina inexplotada que muchos
creen. Poco se lee en Espaa, pero all se lee menos. Existe, como en
todas partes, el ncleo intelectual al corriente de lo ms nuevo, no
siempre lo ms interesante, que se publica. Hay afn--no es lo mismo
que amor--por la cultura. Una cultura sin agrado, por aquello de hay
que saber; no porque gocemos con saber. Pero pblico, lo que se llama
pblico de lectores... En primer lugar, hay poca gente desocupada,
desde las seoras y seoritas que leen novelas francesas, inglesas:
las inglesas para imponerse en el idioma; las francesas porque...
cmo ha de ser! son ms entretenidas para el que lee por distraerse
que ningunas otras. De lo espaol se lee... lo que debe leerse, ni
ms ni menos. Hay que convenir en que libros muy interesantes para
nosotros,  pesar de su mrito no pueden interesar all en absoluto. No
es culpa de los autores; es culpa del ambiente. En cuanto  ediciones
de libros espaoles publicados all, se ha exagerado mucho. Saldran
ms caros. Con decir que la mayor parte de los autores argentinos
edita sus libros en Pars  en Madrid... Algo ms poda venderse,
desde luego, con una activa propaganda por parte de nuestros editores;
pero con tratados  sin ellos, sera lo mismo. Por lo que al teatro
se refiere... ay! tampoco es la tierra de promisin. Alguna obra de
gnero chico llega  un crecido nmero de representaciones--nunca
tanto como en Madrid.--En cuanto  las obras grandes, con excepcin
de alguna de autor nacional, como las de Laferrere, con su media
docena de representaciones van muy bien servidas. El Oden, en donde
representan Mara Guerrero y Fernando Daz de Mendoza, vive del abono
aristocrtico en los das de moda. En los das quebrados hay sus
medias entradas y sus vacos, como en cualquier teatro de por ac.
Los dems teatros estn  precios reducidos: tres pesos, dos pesos la
butaca. Y como el peso, aunque suene  duro, representa all lo que
nuestra peseta, resulta que el teatro es all ms barato que en Espaa.
Todos conocemos  los empresarios y actores que se han hecho ricos
por aquellas tierras. La compaa de Serrador representa todas las
obras extranjeras, sobre todo francesas, estrenadas. Es la compaa de
ms extenso repertorio. Las traducciones se pagan  tanto alzado, y,
naturalmente, no se pagan derechos de traduccin. Con el tratado con
Francia... no se representarn tantas obras francesas, y eso iremos
ganando... espiritualmente. Bien estara el tratado... por decoro suyo,
ms que para provecho nuestro. A los polticos corresponde negociarlo.
A los escritores nos sienta muy bien el desprendimiento de los bienes
terrenales.

       *       *       *       *       *

Del veraneo.--En el Casino:

--Oye: t sabes quien es esa rubia que va todas las noches con ese
extranjero?

--No s; pero me la encuentro en todas partes. El ao pasado, en Niza,
con un ruso; despus, en Pars, con un americano; luego, en Ostende,
con un turco. En Biarritz con un ingls, y aqu con este que parece
alemn... Debe ser mujer de historia.

--Y de Geografa, por lo visto.

       *       *       *       *       *

En la sala de recreo.--Entre dos amigos:

--Toda la noche estoy perdiendo. No acierto una. (Galante.) Voy  hacer
el juego de esta seorita, que tiene mucha suerte.

El amigo (aparte).--Se va  enfadar el seor de enfrente.

--Por qu?

--Porque el verdadero juego de esta seorita es... timarse con l
toda la noche.




XXIX


Si en la mesa y en el juego es donde mejor se conoce, segn dicen, la
educacin de las personas, en las calamidades es donde mejor se revela
la cultura de un pueblo. Los aldeanos de Rusia y de Italia que, ante la
invasin del clera, renuevan episodios de las ms terribles pestes de
la Edad Media, con sus terrores, sus supersticiones, su desconfianza en
la ciencia y su fe en cualquier brujera, nos dicen claramente que hay
en las naciones modernas, aunque los salven trenes y automviles, menos
kilmetros de distancia de la civilizacin  la barbarie que siglos
en la historia de la humanidad. Unas horas de camino valen por muchos
libros de historia. Sin andar mucho, no es difcil encontrarse todava
con el hombre de las cavernas. Cuando el cantor de la civilizacin
est ms ilusionado, creyendo que ya slo es cuestin de expulsar 
los frailes y, dos  tres pasitos ms por este orden, para llegar 
la reconquista del Paraso terrenal... cataplum! por donde menos se
piensa, un retroceso al salvajismo, que si no destruye de golpe, deja
por lo menos tambalendose lo mejor de nuestras ilusiones.

Y es que estas epidemias, como tienen su origen en regiones
incivilizadas, no slo se traen para ac el microbio de la enfermedad,
sino el de la barbarie, que aun prende ms pronto. Aqu bien puede
decirse: Bien vengas mal si vienes solo. Mejor ser que no venga ni
solo ni acompaado; pero, si como es de temer, aunque no sea ms que
por molestar al Gobierno, como epidemia reaccionaria, nos desfavorece
con su visita, qu se traer esta vez por lo de asitico,  ms de lo
que se traiga por lo de morbo?

Cmo saldremos del examen? Porque algo de examinador tiene el seor
clera. El llega  un punto, se asoma con cierta respetuosa timidez
primero; pregunta: Cmo estn ustedes de higiene, cultura, valor
cvico y domstico, etc., etc?... Medianamente? Vaya! Como en mi
ltima visita; no han adelantado ustedes nada. Habr que darles otro
repasito. La letra con sangre entra... La verdad es que lo mejor
que tenemos en material de sanidad  l hay que agradecrselo y  la
solicitud de sus visitas. El da en que, al asomarse por Europa y al
enunciar su preguntita, le respondan de todas partes la cultura, la
higiene, la confianza de todos con un: Vea usted, amigo, si hemos
aprovechado sus lecciones, habrn terminado sus visitas.

       *       *       *       *       *

Al Emperador de Alemania le ha aprovechado por poco tiempo la ltima y
sonada reprimenda de su canciller, por irse de la lengua con deplorable
facilidad. Otra vez ha vuelto  ponerse la imperial corona por montera,
y terciadita  lo jaque, para decir  sus asombrados sbditos que 
nadie tiene que agradecerle nada, ms que  Dios, que, en sus altos
designios, le ci la corona. De suerte que no le vengan con leyes
constitucionales, discusiones parlamentarias, ni oposicin  sus
proyectos; que l ha de seguir impertrrito la senda trazada por la
Providencia, toda de caones y fusiles. Bien est oh, sir!; pero el
ltimo de nuestros sbditos tiene tambin su montera que ponerse por
corona y las mismas razones para creer en su misin providencial.

Es que slo los emperadores traen misin  este mundo? Como le deca
el labriego del Toboso  Don Quijote, cuando ste le preguntaba por la
princesa de aquel lugar: Yo no s de ninguna princesa; seoras s hay,
y muy principales, que cada una puede ser princesa en su casa. Quin
no puede ser emperador en la suya? Y si cada uno diera en sentirse
inspirado por la Providencia para obrar como le conviniere, malo iba
 ser el gobernar con tantas misiones providenciales! Adems, como los
telogos estn conformes en admitir que hay voces del diablo que pueden
tomarse por voz de Dios, en la duda bueno es atenerse  las leyes
humanas; que, por mucho que el demonio quiera enredar en ellas, nunca
enredar tanto como en la voluntad soberana de un emperador, por muy
providencial que sea. Dios sobre todo, pero la Constitucin al quite!

       *       *       *       *       *

Mauricio Maeterlink, en el prlogo de unos _Cuentos y leyendas_ de su
amigo Jorge Maurevert, asegura la bondad del libro por haberlo sometido
 la prueba del jardn. Esta prueba consiste en leer  pleno sol y en
pleno aire;  la implacable luz de una esplndida primavera, dice M.
Maeterlink. Y aade: Esta prueba es siempre decisiva para un libro, y
muchas veces ms dolorosa y desconcertadora que las pruebas del agua
y del fuego de los antiguos torturadores. Pocos libros la resisten,
y yo no me atrevo  someter  ella ms que los versos  la prosa que
desde las primeras lneas me han inspirado confianza. Para qu hacer
padecer  un pobre libro que, aun con no ser muy bueno, es siempre una
obra de buena voluntad? Ay, y qu bien dice M. Maeterlink! La prueba
del jardn es terrible. Ha probado M. Maeterlink con sus obras?
Yo s: con su _Aglavanne y Selysette_. Y el jardn no era un jardn
urbanamente cultivado; era un jardn rstico, rodeado de un campo de
trabajo y de pena. La prueba se agravaba. Como en una Exposicin de
pinturas basta la proximidad de una planta cualquiera para destruir el
efecto del paisaje mejor pintado, pocas obras literarias resisten el
contacto directo con la Naturaleza. Son obras cerebrales y necesitan
ir de cerebro  cerebro, sin airearse al pasar, como plantas delicadas
de invernadero. Libros que en la ciudad, en aquella vida artificiosa,
parecen la misma vida, en el campo no son ms que flores de trapo. La
vida es tan sencilla! Lo que ella pone es lo que no envejece nunca en
la obra de arte... Lo dems... es literatura, como dijo Verlaine. Yo
no aconsejara  M. Maeterlink que sometiera sus obras  la prueba del
jardn, excelente para las obras de los amigos.

       *       *       *       *       *

Estamos  primeros de Septiembre y nada se sabe del arrendamiento del
teatro Espaol. Y siempre lo mismo. La temporada debe dar comienzo
en Octubre. En tan poco tiempo, cmo puede formarse una compaa
aceptable, ni cmo preparar obras ni organizar un plan de trabajo?
Qu razn tendr despus para quejarse el Ayuntamiento si el contrato
no se cumple como es debido? No habr llegado la hora  de cedrselo
al Estado para ensayar el Teatro Nacional,  de arrendarlo buenamente
como un teatro cualquiera, donde la empresa, con pagar puntualmente
su arrendamiento, puede hacer lo que mejor le acomode? Por muchas
vueltas que quieran darle, por lo menos hasta la fundacin de un Teatro
Nacional, el verdadero teatro Espaol ser, por ahora, el teatro de
la Princesa, y donde estn Mara Guerrero y Fernando Daz de Mendoza
estar la cabecera. Del teatro Espaol poda hacerse un teatro popular,
con una compaa modesta y bien dirigida, que permitiera baratura en
los precios; un teatro de ensayo para autores y actores jvenes. Lo que
no puede ser es adjudicarle de prisa y corriendo quince das antes de
la apertura y pedir que sea una Comedia Francesa. En esas condiciones
en la temporada pasada se hicieron milagros, y ya hemos visto cmo han
sido agradecidos. Tan agradecidos por parte del Ayuntamiento como sta
y otras defensas por parte de la empresa. Son tan interesadas, que no
hay para qu agradecerlas!




XXX


No sera malo que en los dramas de la vida, como en los del teatro,
pudiera alguno de los actores dirigirse al pblico, como era uso y
costumbre, para suplicarle que reservara su juicio hasta el final de la
obra. Con la diferencia de que la vida, en sus dramas y en sus novelas,
lo primero que nos ofrece es el desenlace, y, al contrario que en el
teatro y en los folletines, el inters no est en saber cmo acabar
aquello, sino en cmo habr empezado. La solucin es el principio del
problema. Los antecedentes es lo que importa. Pero si el que ms y
el que menos, uno por uno, somos todo curvas, en cuanto nos reunimos
como espectadores no entendemos ms que de rectas. Para bueno  para
malo, el pblico slo comprende los caracteres de una pieza, como suele
decirse, que respondan  una lgica teatral y novelesca. Pero ay!
que la lgica de la vida, en su aparente complicacin, es mucho ms
sencilla. Los locos y los hroes saben solamente de lneas rectas.
Los dems vamos serpenteando por caminos de luz unas veces, de sombra
otras; el que pareca ms obscurecido, resplandece de pronto; el que
iba como vestido de sol, se pierde en la sombra. Y todo sin pizca de
lgica. Esa lgica que necesitamos para explicarnos satisfactoriamente
las acciones... de los dems. Pero ay tantas lgicas! Los maridos
calderonianos matan, celosos de su honor. Seguros de la virtud de su
esposa, les basta con que alguien pueda poner sospecha en ella, para
condenarla  muerte. A Otelo, ms humano, nada le importara que todos
sus soldados hubieran compartido el lecho de Desdmona, con tal de no
saberlo. Es celoso por amor, y por amor mata. Hoy comprendemos mejor al
moro de Venecia que al mdico de su honra. La solidaridad del honor en
el matrimonio y en la familia ha pasado  la historia, si es que alguna
vez pas de la poesa.

En aquella misma poca, los escritores satricos, ms inspirados
siempre en la realidad, nos muestran claramente que no todos los
maridos eran mdicos de su honra. Hoy nadie pone en duda que se pueda
ser un perfecto caballero aunque se haya tenido la desgracia de casarse
con una loca. Queda slo la pasin de los celos como justificante
de cualquier arrebato sanguinario. Y en esto el buen pblico es
intransigente: pide unos celos... de _una vez_, sin blanduras, sin
desfallecimientos, sin vacilaciones. No sabe comprender que el corazn
se subleva en una hora contra lo que toler muchos aos; que se mata,
se perdona, que se insulta y se besa... Pobre corazn humano, sometido
 esa lgica de espectador de teatro!

Ya se sabe que el pblico slo juzga por sentimiento. Ni sera el ms
noble el de la ociosa curiosidad, si no llevara envuelto, aunque en
menor grado, el de la justicia. Pero  ste, nico respetable, slo
la justicia puede dar satisfaccin cumplida. Ser mucho pedir al
respetable pblico que suspenda su fallo hasta que la justicia d el
suyo?

Los supersticiosos no dejarn de apuntarse un tanto  su favor. Tres
lidiadores del mismo nombre han sucumbido en las plazas; dos de ellos
en circunstancias muy parecidas. Extrao es que la gente de coleta,
que por ms insignificantes ageros suele preocuparse, no haya temido
la fatalidad de ese nombre: Pepete. Verdad es que por si solo ya es
un cartel. El torero que quiera llenar las plazas, no tiene ms que
atreverse nuevamente con el nombre fatdico. Un Pepete y seis Miuras,
y  robar el dinero. Pinsenlo bien los postergados. Aunque ms de uno
ya lo habr pensado  estas horas, recordando la filosfica sentencia:
Ms cornadas da el hambre. Adase  esto la emocin de quebrar
juego, tan saboreada por los jugadores. Si es verdad que  la tercera
va la vencida, ese nombre puede ser una seguridad. A l, valientes!
Ya veis lo que dicen los buenos aficionados. La corrida de Murcia se
recordar siempre como un acontecimiento. Corridas as son las que
sostienen el fuego sagrado de la aficin durante muchos aos. Harn
bien las seoras catlicas en no protestar contra ese espectculo,
como contra la poltica del actual Gobierno. El clericalismo, los
toros, tienen intereses comunes. Vienen de lo mismo.

       *       *       *       *       *

Escritores distinguidos lamentan, con sentidas razones, la decadencia
de la literatura en el periodismo. En el periodismo? Y en todas
partes. La literatura est llamada  desaparecer, si Apolo (no el
teatro) no lo remedia. El pblico tiene sus buenos dientes, y hasta
sus colmillos bien retorcidos, y no necesita para nada de masticadores
artificiales, que es lo que venimos  ser los literatos en resumidas
cuentas. Ni siquiera nos consiente como cocineros, para aliarle la
realidad con un poco de fantasa. El se lo guisa y l se lo come, como
Juan Palomo. Ha aprendido, se lo figura, por lo menos,  pensar por
s mismo, y no tolera que nadie se le imponga. As, en el peridico,
slo quiere hechos, hechos como aquel maestro de Dickens. Informaciones
escuetas, sin comentarios; noticias, telegramas... Ya lo comentar
todo en el caf  en casa. Aceptemos la realidad, seamos modestos y
agradezcamos todava que nos consientan ir viviendo. Por m s decir
que me avergenza el dinero que cobro de la literatura. Quisiera ser
muy rico algn da, para descargar mi conciencia devolvindolo todo
religiosamente. Slo vale dinero lo que produce,  su vez, algn
dinero. Y qu produce la literatura? El peridico no se vende ms
por ella. El peridico... es l, es su nombre, sus informaciones, sus
noticias, sus anuncios. Qu supone para su venta y su ganancia una
firma ms  menos? Es la firma la que goza del prestigio del peridico,
no al contrario. Pruebe el escritor que se juzgue ms ledo  cambiar
de sitio.

Lo mismo en el teatro: el teatro es la noche, el abono, las actrices
bellas y bien vestidas, los actores favoritos del pblico. Qu
significa la obra? Un poco ms  un poco menos de literatura. Pruebe
tambin el autor que se crea ms estimado por s propio  cambiar de
teatro. En la Princesa, por ejemplo, todas las obras son lo mismo.
Qu ms da una que otra? Hay que salir un poco de los Crculos
literarios, en donde  fuerza de despellejarnos parece que tenemos
alguna importancia, para comprender lo poco que significamos. No hay
vanidad que resista  una de estas enrgicas curaciones al aire libre.
La vida moderna funciona por una poderosa maquinaria para la que
cualquier obrero es bueno. Vamos al socialismo ms de prisa de lo que
parece. El mundo ser una gran mquina productora de felicidad social.
Hermosa mquina!

Andar sola. Los hombres se habrn muerto todos de hambre  de
fastidio.




XXXI


Cuando el doctor Lombroso, en los buenos tiempos de su escuela
antropolgica, se propuso demostrar que todo hombre de talento--de
genio deca l--tena sus buenas puntas y collar de loco, no haba
detalle insignificante en la vida de un hombre clebre que no fuera
para el buen doctor seal evidente de chifladura. Yo creo que, aplicado
el mismo sistema  cualquier individuo, tan locos pareceran los tontos
como los hombres de talento, salvo el talento.

Del mismo modo es peligroso investigar en preocupaciones de escuela,
cuando de averiguar culpabilidades se trata. Qu vida de santo
resistira la implacable investigacin de algunos infatigables
averiguadores, obstinados en que han de ser tijeretas? Que si los
padres, que si su abuelo, que si all por el ao 58... Y es que 
lo mejor, nos creemos asomados  nuestro buen balcn con vistas 
Europa, y resulta que es al corredor de un patio de vecindad. Tenemos
tan pocas cosas serias en qu ocuparnos! Pero quin podr decir que
tiene una vida privada? Como en danza de la muerte, no hay quien
escape de hacer su mudanza al son de la moderna publicidad, que cual
la muerte  todas partes llega y  nadie olvida. Desgraciados de
los primos segundos de nuestros cuados si algn da tenemos nuestra
hora de notoriedad! Desnudados se vern en pblico para regocijo de
las gentes. Y no hay que culpar demasiado  los que, en apariencia,
pudieran parecer los nicos culpables. No puede una enfermedad tan
fcilmente con un organismo sano. La publicidad tal vez abusa; pero hay
que confesar con cunta complacencia nos prestamos al abuso...--Por
Dios, no diga usted nada de esto... Y lo decimos todo...--No quiero
que me retraten ustedes. Y llevamos estudiada la postura en que ha de
sorprendernos el objetivo. Padecemos todos de exhibicionismo, y quiz
no andamos descaminados. No hay nada que desarme tanto la indignacin
como la curiosidad satisfecha. Conviene, adems, cultivar la amable
flor de la tolerancia mutua, sin la cual no habra vida de relacin
posible. Hoy me escandalizas t, maana te escandalizar yo; bueno ser
que no nos escandalicemos demasiado.

Por todo esto, no opinar como los graves seores que ahora una vez
ms van clamando: Qu indignidad! Han visto ustedes  lo que
hemos llegado? S, seores mos; y la lstima ser no ver adnde
llegarn los que nos sigan, porque no todos son malos. Nunca hubo
tiempos mejores que los presentes, y es de presumir que an han de
aventajarlos los futuros. Siempre habr ms seguridades en estos
procesos de plaza pblica,  la luz y al aire, que en las tenebrosas
actuaciones inquisitoriales entre negras paredes y bajo obscuras
bvedas. No haya miedo, aunque entre el clamoreo de las gentes parezca
zozobrar la verdad, que pueda anegarse la justicia. Hay una rectitud
en la conciencia de las multitudes que no le impide rectificar sus
juicios. No tiene que velar por los prestigios de Cuerpo, como otros
Tribunales, que alguna vez tambin se equivocan, pero no pueden
confesar nunca que se han equivocado.

       *       *       *       *       *

La lgica de los tablajeros es admirable. Como son muchos y tocan
 poco, han decidido subir el precio de la carne. Es una lgica
carnicera. No vamos  devorarnos unos  otros: es preferible devorar al
consumidor.

Quin pudiera tambin subir los precios! As deca una expendedora
del mismo enemigo del alma, aunque en otro ramo, donde tambin es mucha
la competencia.

Para resolver el conflicto, el Ayuntamiento debe ponerse al habla con
los patronos de Bilbao, y aun con los de otras partes, por si puede
aplicarse  la carne animal el sistema por ellos empleado para abaratar
la carne humana. Oh Dios!--deca Toms Hood en su Cancin de la
camisa.--Que la carne de vaca valga tanto y la de hombre tan poco!

Slo nos queda el consuelo de los tontos: lo universal del malestar.
Quin podr vivir al precio  que se va poniendo la vida? Admirable
modo! donde, como en la isla encantada de Prspero, con todo lo
necesario para la vida no hay modo de vivir.

       *       *       *       *       *

De la pintoresca galera de veraneantes, el ms digno de nuestra
gratitud es el veraneante Robinsn, el descubridor de rincones
ignorados que tendrn en l propagandista infatigable. Un Paraso! La
Suiza de Espaa!

La ltima ilusin que perderemos ser esta de los paisajes. Es
incalculable el nmero de Suizas que tenemos en Espaa. Con unos
peascos, dos docenas de pinos y un chorro de agua, ya est una
Suiza. Lo malo es que aqu no sabemos explotarlas. Nuestra tierra es
un Paraso. Pero somos tan adanes! Desengense los admiradores de
nuestras bellezas naturales: no hay paisaje posible sin una buena
fonda.

El viajar no es un apostolado. Bellezas naturales y bellezas artsticas
son un buen pretexto para pasarlo bien en confortables hoteles, entre
gentes adineradas y con toda clase de diversiones, por si los paisajes
y las catedrales fallan. Y no fallan nunca cuando los contemplamos
despus de bien comidos y bien dormidos. En cambio, chese usted por
malos caminos; llegue usted  una posada, donde toda incomodidad tiene
su asiento y todo asiento su incomodidad, y trese usted despus su
buen repechito para ver salir el sol por donde acostumbra  suba
usted y baje del coro al campanario, y viceversa, para extasiarse
ante los santos desnarigados de la gtica catedral, y regresar usted
para que no vuelvan  mentarle paisajes ni catedrales, como no sea en
cinematgrafo  en postales, nico modo de admirar bellezas sin fatigas
y sin desilusiones.

El Robinsn dir que somos criaturas artificiales, que tenemos
atrofiado el sentido de la Naturaleza... No tome usted muy en serio 
los robinsones, que,  lo mejor van  descubrir bellezas naturales muy
bien acompaados de alguna belleza urbana, y..., naturalmente, qu les
importa el duro lecho, ni la mala comida, ni las bellezas naturales
tampoco? Pero el que de buena fe cae en el lazo de la propaganda,
volver renegando y creyendo para toda su vida que las mejores
creaciones de la Naturaleza y del Arte son obra de los fondistas y
hosteleros, y que en Espaa no tendremos paisajes y catedrales mientras
no tengamos buenos hoteles y lujosos casinos y... amables bellezas, en
que se armonicen la Naturaleza y el Arte.

Preguntad  los habituales y acaudalados concurrentes  Niza, Ostende,
Biarritz, San Sebastin mismo, por las bellezas naturales de los
respectivos puntos. Se pasa muy bien, es lo que sabrn deciros.




XXXII


Para justificar el actual estado de las calles de Madrid, el alcalde
ha exhibido unas fotografas de las principales vas de Pars para
que en nada tengamos que envidiarles. En efecto; all, con motivo
de las obras del metropolitano, han padecido, como nosotros, las
inevitables molestias que la civilizacin trae consigo, y all, como
aqu, levantamientos y excavaciones en calles y plazas han sido tema
inagotable de chistes, caricaturas, escenas de revistas, coplillas
de caf-concierto y dems desahogos inofensivos. No tiene por qu
preocuparse el seor alcalde. A todo lo que podemos aspirar en este
bajo mundo es  hacer algo bueno; pero  que parezca bien, es loca
aspiracin. Como aqu, por cada uno que hace algo, aunque no sea ms
que jugar al billar  al tresillo, hay cien mirones, en algo han de
entretenerse.

Quisiramos tener una Gran Va por arte de magia y que la baratura de
la luz elctrica no costara la ms pequea molestia. Queremos que todo
nos lo den hecho; tan hecho... que no haya que hacerlo antes. Pero,
amigo, como no hay medio de hacer tortillas sin romper huevos, como
dicen en Francia, y tampoco nos gustan los huevos pasados por agua,
hay que resignarse con nuestra triste suerte y dejar que los mismos
que en Pars habrn admirado los trabajos del metropolitano, como
obra de progreso, al regresar ahora de su excursin otoal renieguen
aqu de todo y por todo. En casa somos de un sibaritismo oriental: no
toleramos ninguna incomodidad. Verdad es que la mayor parte de las
viviendas son inhabitables, unas por culpa de los caseros y otras por
culpa de los mismos vecinos y de sus apreciables familias. Si tampoco
podemos vivir en la calle! Individuos hay para quien levantarles las
losas de una acera equivale  un desahucio del propio domicilio. En
dnde despacharn ahora sus asuntos y recibirn sus visitas? Pueden
consolarse admirando los planos de la futura gran plaza de Espaa.
Ellos se encargarn de justificar su nombre, paseando por ella sus
desocupaciones, perturbadas ahora por una falta de consideracin
imperdonable. En cambio, un respetable jefe de familia, que por
obsequiar  los suyos con las delicias de un veraneo aristocrtico tuvo
que acudir  la bondad de esa noble institucin de los prestamistas,
deca con gran filosofa, contemplando el estado de nuestras
calles:--As como as, yo tendr ahora que andar por los tejados.

       *       *       *       *       *

Su Santidad ha recomendado encarecidamente  los prelados y sacerdotes
la ms activa predicacin contra las actuales modas femeninas, por
deshonestas y provocativas  deshonestidad, que es lo peor de todo. No
confiamos mucho en la eficacia de esas predicaciones; que no es tan
fcil hallar docilidad y obediencia en la grey femenil cuando se trata
de cosas que le importan particular y directamente, como cuando se
trata de cosas que en realidad le tienen sin cuidado. No es tan fcil
derribar una moda como un Gobierno liberal. Sin contar con que, en
esto de manifestarse contra los Gobiernos liberales, entra por mucho
tambin la moda. No son las ms  la ltima trabadas las que ms se
destraban de pies y de lengua cuando hay que bullir y danzar en juntas,
protestas y manifestaciones? Pero ay! en cuestin de modas, como ellas
se encuentren  su gusto...

Poco conoce  las mujeres el que se las figure dominadas por las
predicaciones del clero. Buenas son ellas para dejarse dominar por
nadie! Pobre clero! El s que, en la mayora de los casos, es el
dominado, el zarandeado y el molestado por el indiscreto fervor de las
devotas. Cuando  ellas les conviene, lo mismo se entran por el ritual,
que por los cnones, que por la Suma Teolgica, atropellndolo todo.
Hay cada papisa Juana y cada antipapa Luna entre ellas!

Yo s de cierta junta de seoras, reunida en cierto palacio episcopal,
bajo la presidencia del seor obispo; y como el buen prelado, con muy
buenas razones, procuraba convencerlas de la imposibilidad de algo que
ellas pretendan, en la ordenacin de una festividad religiosa, una de
las ms voceadoras no saba ms que repetir: Pues perdone S. I., pero
siempre se ha hecho as, siempre se ha hecho as. A lo que el prelado,
bondadoso, replic todava: En efecto, era un abuso tolerado; pero
ahora Su Santidad ha dispuesto que no se permita. Pues que me perdone
Su Santidad, pero  m me parece un disparate--fu la contestacin. El
buen obispo se qued hacindose cruces; por fortuna, las cruces de los
obispos son de oro y piedras finas y suelen ser regalo de las mismas
seoras que tanto les desazonan. Claro es que ellas lo pagan, pero como
se abonan al teatro, para que las comedias no las molesten. S, qu
van ellas  pagar para oir cosas desagradables!

Por todo esto y otras cosas, vern ustedes cmo por muchos anatemas que
caigan sobre la moda, como ellas se encuentren  su gusto, sobre sus
monumentales sombreros se pondrn todava la cpula de San Pedro en
Roma, por montera.

       *       *       *       *       *

El 606! Parece el nmero del premio gordo en la Lotera de Navidad.
No se habla de otra cosa. Hasta los nios han dejado sus charlas sobre
el adulterio y otros sucesos de actualidad, para hacer toda clase de
preguntas indiscretas sobre el numerito. Ahora nos enteramos de que hay
ms gente interesada en el descubrimiento de la que poda suponerse.
El reuma que don Fulano, los dolorcillos de don Zutano y hasta el
fueguecillo de doa Perengana, todas personas muy respetables. Que el
606  el 909, segn se lea por arriba  por abajo, os sea propicio! Los
mdicos son el demonio: un castigo menos para contener  la Humanidad
en sus depravaciones. Con el 606 y cualquier otro numerito por el
estilo, esto va  ser el desate.

Admiremos  la clase mdica, nica en el mundo que trabaja en contra
de sus intereses, suprimiendo padecimientos. Si muchas otras
clases sociales encontraran su 606, que nos hiciera innecesarios, 
simplificara, por lo menos, sus servicios!




XXXIII


Esto de las embajadas de moros parece la procesin del nio perdido;
llegan unas detrs de otras, y ni el nio parece ni la madre del
cordero, que este es el toque de la diplomacia morisca: que no parezca
nunca nada de lo que se ha perdido. De modo que es muy posible que
haya que ir  buscarlo, y all iremos con nuestro duro  recuperar la
peseta. Ante el peligro de posibles y desagradables discrepancias,
llegado el caso, se invoca, para hacer opinin, como suele decirse,
el patriotismo de cuantos pueden influir sobre ella. Bien est si
ello no puede ser por menos y se quiere que en su da sean muchos
 repartirse las glorias  las responsabilidades. No es como hacer
propaganda de una Exposicin  de un viaje de recreo, cosa en que 
todos se favorece y  nadie se perjudica.

Pero... pero en esta ocasin el que sinceramente y honradamente no
crea en la necesidad  en la conveniencia de nuevas demostraciones
blicas, mal hara en pactar con su conciencia por consideraciones
dudosas. Cualquiera sabe dnde est el verdadero patriotismo en estos
tiempos! Eso s; tampoco vale guardarse la malilla para salir despus,
si el asunto se tuerce, con aquello de: Ya lo saba yo! A m siempre
me pareci mal; pero cualquiera va contra la opinin general! Sobre
que nunca hay opinin general y sobre que muchas veces la opinin y los
que influyen en ella se engaan mutuamente por mutuo desconocimiento, y
luego tenemos aquello de: Yo habl as porque cre que era la opinin
de ustedes y Yo cre deber opinar as porque ustedes lo decan.

Slo hablando cada uno con arreglo  su conciencia puede formarse la
verdadera conciencia nacional; nacional, sin vistas  humanitarismos
inter  supernacionales. Nosotros no podemos permitirnos an esos
lujos. Eso, como los dramas de Ibsen, segn Ramiro de Maeztu, es para
los que ya tienen resuelto el problema de la mantenencia. Nosotros
estamos en el caso de ir  buscarlo donde lo haya.

       *       *       *       *       *

El chiste, la humorada, la irona, la paradoja, la amenidad, todo
lo que indigna  muchos graves varones al encontrarlo en artculos
periodsticos, pueden hallarlo ahora nada menos que en un documento
oficial; que como documento oficial puede considerarse la medalla
acuada para conmemorar el centenario de las Cortes de Cdiz.

Ustedes vern si no es humorismo el de la medallita. Por una cara
ostenta las consabidas figuras alegricas en toda su clsica desnudez,
un par de mundos, que de entonces ac han venido  quedar en uno, y
alguna otra friolera decorativa. Por esta cara nada de particular.
Pero por la otra...  quin sino  un gran humorista pudo ocurrrsele
esculpir y grabar la dulce efigie de Fernando VII en un recuerdo
de aquellas Cortes y de aquella Constitucin que tuvieron en l su
ms encarnizado enemigo? Qu puede hacer en esta galera aquel
tan deseado antes como despus aborrecido, sino dar que reir al
discreto contemplador? Al que ni supo antes defender su trono ni
despus agradecerlo; al que volvi  llamar  los franceses para
sacudirse de Constituciones y libertades;  uno de los ms siniestros
mamarrachos que han visto los siglos coronado, y abundan en la serie,
qu Shakespeare de la irona ha sabido clavarle en la picota de
esta medalla conmemorativa? No queremos sospechar en ello la menor
sombra de adulacin monrquica. Hay adulaciones ofensivas para la
discrecin de los que estn demasiado altos, para no estar sobre tan
burdas adulaciones. Preferimos atenernos al humorismo, tan desusado
en gubernamentales esferas, donde toda seriedad y todo empaque tienen
asiento. Pero el espritu de aquel gran socarrn no habr dejado
de apreciar la irona de este trgala pstumo. Al que no quiere
caldo, la taza llena. Al que que odi la Constitucin, medallitas
conmemorativas. La idea ha sido genial y merece el ms sincero aplauso.

Termin el preciso veraneo de los que no disponen de tiempo ni de
fondos para mayores ausencias. Quede la otoada para los que de todo
disponen en abundancia y todo es veranear para ellos.

Vuelven tonificados por los baos de mar, de luz... y de ilusiones.
El veraneo nos eleva siempre unos grados sobre nuestra ordinaria
condicin social. Las playas, los Casinos, los vestidillos claros y de
telas ligeras son niveladores. Las amistades y los amores son fciles,
aunque ligeros como los vestidos. No suelen llegar al invierno. En
Madrid vuelve cada uno  estar en su sitio. Ofrecimientos de amistad y
juramentos de amor se olvidan apenas llegamos. Felices los que logran
conservar  la marquesa entre sus relaciones y la que no suelta al
empleado con 3.000 pesetas de sueldo, que en San Sebastin parecan
20.000 de renta! Verdad es que all tambin pap pareca un accionista
del Banco. Oh, sueos de una temporada de verano! Nunca muy costosos,
que nunca se paga bastante un poco de ilusin y el hallar  la vuelta
ms sabroso el familiar cocido.

El Teatro Nacional va camino adelante. Ya slo falta teatro, compaa
y suponemos que no faltar dinero en el momento oportuno. Ahora, con
toda seriedad. Dadas las condiciones del teatro en Espaa, conviene
hacer del Teatro Nacional un teatro museo, slo para la representacin
de obras consagradas,  un teatro de ensayo, un teatro juvenil, para
estrenar obras de autores noveles  desconocidos? Conviene formar una
compaa de eminentes,  una modesta, estudiosa compaa de conjunto?
Conviene que el teatro sea aristocrtico, literario  popular? Yo
creo que todo es compatible y para todo hay das y para todo debe
haber autores y actores. Ni debe prescindirse de la aristocracia, ni
de la intelectualidad, ni del pueblo. Pongan unos el dinero, otros la
orientacin, otros el entusiasmo. Condicin primordial: la baratura. No
es solo cuestin de arte, es cuestin de higiene. No es en el terreno
artstico, es en el terreno econmico en el que hay que combatir contra
la chabacanera y la suciedad de un teatro que mancha las bocas y las
almas de los nios y de las mujeres. Es preciso que la rdiga y
el plpala no sean ingeniosidades de saln y bailar el garrotn una
gracia infantil. Y es preciso que las mismas seoras que en el Espaol,
en la Princesa  en la Comedia se asustan por muy poco, no vayan
despus con sus hijos  la seccin vespertina de cualquier teatrillo
con el pretexto de que los nios se divierten viendo las decoraciones
y lo dems... Ellos no lo entienden, los pobrecitos. Ni  ustedes
tampoco hay quien las entienda, seoras mas!




XXXIV


Ante el triunfo de la Repblica en Portugal, yo no pienso en si ser
el camino ms corto para apresurar la vuelta del dictador Juan Franco,
ni en la suerte del rey joven, vctima del sino fatal de una familia
condenada  ser eterno Tntalo de tronos y coronas. Triste rey! Con
las mejores intenciones y deseos, sin duda; pero al que nunca lleg
la luz ni el aire de la calle, como  tantos reyes, sino al travs de
aduladores, de ambiciosos y de intrigantes. A los reyes modernos no
les faltan bufones  su alrededor; pero entre sus cascabeles no suena
el cascabel de oro de la verdad, como sola en los antiguos hombres de
placer sonar atrevido sobre los donaires y las chocarreras. Pero, ya
digo, en nada de esto pienso: slo pienso en la alegra de un poeta.
Qu feliz ser  estas horas Guerra Junqueiro! Altsimo poeta, que has
logrado lo que pocos poetas logran: ver realizado en la vida alguno
de sus sueos; que la realidad de esa Repblica se inspire en tu
poesa, oracin  la luz, al pan,  los humildes de la tierra, al amor
y  la Humanidad! Pero ay, poeta! No ser la realidad el principio
de la desilusin? Los hombres no se juntan para obras de belleza tan
dcilmente como las rimas. Verdad es que cuando las rimas son bellas,
es porque obedecen  un gran poeta, que es un dictador de genio.

       *       *       *       *       *

Enrique Becque, el autor de _La parisienne_ y de _Los cuervos_ y
de esos _Polichinelas_ tan trados y tan llevados en estos das,
como _Chantecler_ en los suyos, pasa por ser uno de los autores ms
desgraciados en su vida y sus obras. No lo creo yo as; antes me parece
que ha habido pocos tan bien afortunados. Despus de algunas obras
insignificantes--un _Miguel Pauper_, que es un mal melodrama,--estrena
_La parisienne_, que fu, en su estreno, lo que all llaman un _four_
y por ac un fracaso. Pero haba que molestar  Sardou,  Dumas hijo,
 los autores por entonces seores del teatro, y _La parisienne_ fu
obra de lucha, alrededor de la cual se agruparon todos los autores
fracasados y todos los que ni fracasar haban conseguido. No haba
autor silbado que no se condoliera diciendo: Tambin fracas _La
parisienne_! No haba aspirante  autor que, al serle rechazada
una obra, no pensara: Es claro: como fracas _La parisienne_, las
empresas no se atreven con una verdadera obra de arte! Lleg 
imponerse una reaparicin de _La parisienne_. Los actores que haban
estrenado la obra no haban acertado con el carcter del personaje;
ahora es cuando se iba  ver la obra. En efecto; la representaron la
Rjane, despus la Desprs, despus qu s yo! _La parisienne_ lleg
 ser obra de concurso. La crtica ya no la discuta; daba por sentado
que se trataba de una obra maestra, una obra clsica; el pblico se
aburra siempre y las entradas no eran cosa mayor. En efecto; _La
parisienne_, cuyo ttulo ya es una calumnia que debiera ofender  las
mujeres de Pars, no pasa de ser un buuelo inflado; un asunto y unos
personajes de comedianta, tratados con una prosopopeya y un empaque
como quien dice: Esto es ahondar en el corazn. Y toda la hondura es
que una seora tiene tranquilamente un marido y dos amantes; para lo
cual no hace falta ser _la parisienne_. En cualquier villorrio las hay
ms frescas y todava dan menos importancia  esas alternativas.

Con _Los cuervos_, dos cuartos de lo mismo. Otra obra maestra para
los juramentados y otra tabarra para el pblico. Los intrpretes
siempre de vctimas, porque siempre consiste en ellos que las pcaras
obras no acaben de entrar y de imponerse  la admiracin. Digo,  la
admiracin! Obras ms admiradas! Dgase ahora si autor que con ese
bagaje consigue ser indiscutible, tener estatua, que todos los aos
le representen las dos joyas--y qu ser el da en que, hartos los
empresarios de probaturas, renuncien  representarlas y slo por fe se
le admire? Qu Molire, ni que Racine!--puede llamarse desgraciado.
Yo no conozco suerte literaria como la suya. Para que nada le falte,
es casi seguro que, por fin, no se representa _Los polichinelass_. Con
lo que todos irn ganando: los empresarios, el pblico y la gloria del
autor.

       *       *       *       *       *

Apuntando, apuntando, como los de Lumbiaque templaban,  unas
Asociaciones, el Gobierno ha disparado sobre otras. Mientras de una
parte todo son mitins, _aplechs_, procesiones y rogativas--no sabemos
por qu motivos, pues los ms impacientes por determinadas medidas
bien pueden decir, como el personaje de la comedia: Dnde me han
besado, que no lo he sentido?,--sin ruidos y sin amenazas previas,
todo el rigor ha venido  caer sobre las Asociaciones que pudiramos
llamar pecaminosas. Quedan disueltas las comunidades femeninas. Desde
ahora cada mochuelo  su olivo y un solo mochuelo en cada olivo. Pero
habr en Madrid bastantes cuartos desalquilados? Si agrupndose, para
mayor facilidad de la existencia, ya no eran palacios las ordinarias
viviendas de esas cofradas, dnde irn  refugiarse ahora por
sus pecados? Mal est el vicio en planta baja; pero mucho peor en
guardillas y sotabancos. Pobres mujeres! Se pretende librarlas de un
mal y se las entrega, indefensas,  otros peligros.

El matonismo, el robo, hasta el asesinato, hallarn ahora ms
facilidades para hacer sus vctimas entre esas desventuradas. Se invoca
el ejemplo de otras grandes capitales. Pero en otras grandes capitales
esas mujeres gozan de cierta consideracin social. Aqu, gracias que
muchas juntas pudieran defenderse. Aqu, donde no se respeta  las
mujeres honradas, qu ser con esas infelices? El chulo, lo mismo que
el seorito, tienen por gracia maltratarlas, burlarse de ellas; la
autoridad siempre est en contra suya. Valor necesita aqu la mujer
para ser mala! La asociacin era para ellas necesaria. Sin contar con
que la virtud, como la inteligencia,  s mismas se bastan; pero los
malos y los tontos son los que necesitan agruparse. Consuela tanto ver
otros peores y otros ms tontos!




XXXV


Todas las huelgas mayores  menores, tan menudeadas en estos ltimos
tiempos por todo el mundo, no son ms que ensayos parciales de la
huelga general que tendremos ms tarde  ms temprano y quizs cuando
menos se piense. Es difcil saberse poseedores de una fuerza y resistir
al deseo de ejercitarla y de probar hasta dnde alcanza. Unase  esto
la infantil curiosidad, poderoso mvil de tantas acciones humanas; el
A ver qu pasa?, capaz por s solo  desafiar y arrostrar todos
los peligros que puedan amenazarnos y todos los males que puedan
sobrevenirnos.

Los sntomas son de que, tanto los amenazadores como los amenazados,
unos por hacer alarde de su fuerza y otros de su resistencia, estn
deseando saber lo que pasa si la huelga general se declara. Tanto harn
unos y otros que por fin se saldrn con la suya, y no tardaremos en
enterarnos. Triste tarea la de los gobernantes modernos, edificando
sobre terreno movedizo, haciendo cuentas sin contar con lo imprevisto,
previsores de guerras exteriores y sorprendidos por la guerra ntima!
Y no hay duda: las huelgas son las guerras modernas, y de ellas deben
preocuparse los Gobiernos ms que de las dudosas conflagraciones
internacionales. Las luchas futuras sern de clase, no de naciones.
Un obrero chino ser ms compatriota de un obrero alemn que de un
capitalista  de un letrado de su nacin. Un hombre de ciencia francs
estar ms cerca de un sabio japons que de cualquier espritu grosero
entre sus compatriotas. Los espritus se saludan por afinidades
espirituales, no por la proximidad material. Como el beso de la dolora
de Campoamor, injusticias y males repercuten muy lejos y unen en el
mismo sentimiento de agravio y de dolor  los ms distantes. Por eso
los que aun crean que hay algo que defender, contra los que creen que
todo hay que destruirlo, deben unirse espiritual y materialmente sobre
naciones y fronteras; porque el enemigo est en todas partes. La idea
de patria es valor que caduca, y pronto ser tan anacrnico como el
valor de las ideas religiosas. Razones sentimentales los sostendrn
todava sin virtud y sin eficacia. Ay de los que no comprendan 
tiempo la necesidad de sustituir esos valores por otros ms eficaces
para la defensa social! Suponiendo que la defensa social tenga valor
alguno.

       *       *       *       *       *

De las discusiones, protestas, querellas y disgustos promovidos
por la distribucin de premios en la Exposicin de Bellas Artes,
slo puede deducirse una consecuencia: que las obras de arte no
son para calificadas y premiadas como nios de colegio.--Por de
contado que los nios tampoco debieran serlo como los cuadros en las
Exposiciones.--Hay nada ms ridculo? Fulanito, el primero; Menganito,
el segundo de los primeros; despus el segundo, el segundo de los
segundos... Hay quien crea que las obras de arte pueden calificarse
tan rotundamente? Se figuran ustedes el Museo del Prado sometido  una
distribucin de premios por el estilo? Y no vale argumentar con que
el mrito extraordinario de casi todos los cuadros hara difcil la
calificacin; porque si es difcil calificar entre iguales por alto,
tan difcil es calificar entre iguales por bajo. Y no digamos entre
medianos!

Se dir que sin esa formalidad de los premios sera difcil conseguir
el objeto principal de las Exposiciones, que es el de sealar al Estado
los cuadros que debe adquirir, si la proteccin  los artistas ha de
ser efectiva. Yo creo que con las manifestaciones del pblico y de la
crtica bastaran para una razonable orientacin. En todo caso, sera
preferible el sorteo; todo menos eso de los primeros, los segundos de
los primeros y el primero de los segundos. Ya s que es muy humano y
satisface mucho  los entendimientos mediocres eso de que nos lo den
todo numerado por orden de mrito. Hay quien pregunta: Qu obra de
Shakespeare es la mejor? Cul es el mejor cuadro de Velzquez? Y
qu pensaran ustedes del que se atreviera  sealar una sola obra de
Shakespeare, un solo cuadro de Velzquez como superior en absoluto?

De cualquier modo, y aun aceptando como mal menor  necesario la
calificacin y numeracin por un Jurado inteligente, probo y sincero,
como lo son todos los Jurados hasta el da, de la adjudicacin de
premios, bueno sera que los jueces se atuvieran al mrito de las
obras, dejando fuera de juicio las tendencias, el procedimiento y los
medios de ejecucin de las mismas. Bueno fuera que en un concurso
de obras dramticas, por ejemplo, entre una mala obra realista y una
excelentsima obra romntica  imitacin de nuestro teatro clsico, se
premiara la mala obra por parecer ms de nuestro tiempo  por antipata
de escuela! Si la emocin y el sentimiento que inspiran al artista
son sinceros, ha de censurrsele porque aun pretenda espiritualizar
su obra, desligndola del tiempo y del espacio? Es tan pronto para
renegar de una tendencia artstica que es la mitad del arte moderno?
Mterlink, Ibsen mismo, en la dramtica; D'Annunzio y Anatole France,
en la novela; Puvis de Chavannes y los prerrafaelistas ingleses, en la
pintura... Y en msica? Debussy va  inspirarse en la msica griega, y
ya no hay msica bastante antigua que pueda servir de refugio  los que
reniegan de la msica moderna.

       *       *       *       *       *

El Ayuntamiento, como el corazn, segn los franceses, tiene razones
que la razn no explica. Entre tres proposiciones para la concesin del
teatro Espaol, ha votado por la que menos esperaba todo el mundo. El
espectculo ha sido edificante; solicitado el teatro por el Estado, el
Ayuntamiento desestima su pretensin, le trata de tramposo y declara
que no se fa de l para nada. Dijo la sartn al cazo... Qu buen
efecto producirn en el pas pagano esta armona de relaciones y esta
confianza mutua entre el Estado y el Ayuntamiento! Si el Ayuntamiento
desconfa del Estado, qu haremos los dems mortales? El que quiere
honra, que la gane. No es eso? Aparte esta pequea desconsideracin al
Estado y  las buenas intenciones del ministro de Instruccin pblica,
sabemos que el teatro Espaol est en buenas manos. Se trata de una
empresa artstica con orientaciones modernas, abierta  la juventud;
como debe estarlo el teatro Espaol, de donde debemos alejarnos los
autores viejos y cansados para dejar paso franco  los que llegan.




XXXVI


Quede  salvo la buena intencin del Congreso contra la trata de
blancas. Pero qu podr una sola institucin social para reprimir lo
que tantas otras instituciones sociales son  fomentar? Medicinaremos
lo sintomtico y la enfermedad esencial continuar consumiendo el
organismo.

Para combatir la llamada trata de blancas hay que afrontar cara  cara
la trata de negras, que es la trata de la mujer en general, por todas
las leyes, instituciones y costumbres sociales. Quizs la trata de
blancas sea la ms dulce y favorable de todas ellas. Qu ofrecemos
 la mujer que mejor sea? Trabajo? Que emancipe  la mujer de toda
esclavitud econmica, nico medio de lograr su emancipacin moral, slo
hay uno: el trabajo artstico, y para esto es preciso ah es nada! un
gran talento y una gran voluntad. Aun as, estamos seguros de que
nuestro respeto y nuestra admiracin acompaen siempre al triunfo del
talento femenino? Slo las grandes artistas del teatro consiguen ser
admiradas por completo; y cuntas veces la admiracin  la belleza nos
hace ser injustos con el talento! No suelen estar mejor pagadas una
cara bonita y unas lindas piernas que una clara inteligencia y un gran
corazn?

En las dems profesiones, en la misma profesin artstica, cuando
un poderoso talento no basta  imponerse por s mismo, qu llega
 conseguir la mujer por s sola, sin el favor y la proteccin del
hombre, no siempre generoso, ms bien tacao, al remunerar con una
colocacin,  costa ajena, lo que hubiera debido pagar  su propia
costa? Cuntas sern las mujeres que hayan llegado  la independencia
de una profesin lucrativa sin haber tenido que pagar servidumbre al
antojo de un hombre?

El matrimonio? Pero quin dir que se trata de un Sacramento de
la Iglesia, institudo por Dios, cuando en sociedades que se dicen
cristianas le vemos perseguido por todos los medios, como un vicio 
como un delito?

A l se oponen leyes militares, prohibiendo el matrimonio de millares
de hombres en lo mejor de su vida, en nombre de conveniencias sociales;
 l se oponen leyes econmicas, que mantienen en pobreza  en escasez
 los jvenes en la edad ms conveniente para el matrimonio;  l se
oponen todos los egosmos individuales engendrados por el gran egosmo
colectivo. Y salvadas estas dificultades, qu es la mujer, con raras
excepciones para cuentos y comedias morales, en el matrimonio? Animal
de lujo en las clases altas; animal de cra en la clase media; animal
de cra, de trabajo y de carga en la clase baja.

Y quieren ustedes oponerse  la trata de blancas?

En nombre de qu? Qu ofrecen ustedes en cambio? La mquina de coser,
la aguja y la plancha.

--Gracias--dirn las favorecidas.

El matrimonio con el empleado con 1.500 pesetas  el jornalero con
tres pesetas?

--Muchsimas gracias--volvern  decir.

Lo mejor que pueden ustedes ofrecerlas es un convento, como Hamlet 
Ofelia.

Y estos pcaros Gobiernos democrticos, con eso del candado, no se
preocupan ms que de cerrar puertas sin abrir otras para dar salida 
las pobres mujeres. Lo que dir alguna, parodiando la altiva divisa de
las Rohan: Casada no puedo; trabajar no quiero... blanca me quedo.
Pero se estn poniendo las cosas de un modo, que ni ese recurso les va
 quedar  las pobrecillas.

       *       *       *       *       *

El Ayuntamiento de Valencia ha desairado  los poetas, oponindose
 la celebracin del Congreso de la Poesa. Gran injusticia! Pues
no sabemos que ese Congreso reuniera menos condiciones de inutilidad
que cualquiera otro de tantos Congresos como se reunen,  todas horas
por esos mundos. Y no es la inutilidad la primera y ms estimable
condicin de estas juntas?

Quin sabe si de ste hubiera salido algo prctico, por andar todo
al revs en estos tiempos! Tantos Congresos, de los que se esperaban
grandes resultados prcticos, han venido  diluirse en la ms vaporosa
poesa!

Pero bien empleado os est oh, poetas! Quin os manda poneros al
habla con Corporaciones oficiales de ninguna clase? Y qu bais 
hacer en Valencia, despus de los cortesanos? No sabis que por donde
ellos pasan ya no quedan flores, ni halagos, ni atenciones para los
poetas? Sabis guiar un automvil? No; porque ni habis tenido nunca
dinero para comprar uno, ni tenis amigos que los posean. La gente
adinerada no se trata con los poetas. Entonces... qu bais  pintar
en Valencia? Ya iris cuando tengis ms dinero. Para eso, dejaros por
algn tiempo de hacer versos; haced algo ms, como los poetas de...
otras partes.




XXXVII


A la mayor parte de nuestras Juntas benficas, ya sean de damas  de
caballeros, les sucede lo que al devoto del cuento en sus mritos
para con Dios: lo que ganan por delante lo pierden por detrs. Por
qu reglamento rigorista ha de ser la Inclusa barrera infranqueable
entre las madres y los hijos? No debiera ser ms bien lazo de unin,
apartado de las miradas del mundo? No el alejamiento, la proximidad de
las madres debiera solicitarse. El abandono del hijo es alguna vez,
por monstruosa sequedad del corazn, cerrado  un instinto que hasta
en los animales parece con delicadezas de sentimiento espiritual.
Pero cuntas veces es miseria, vergenza, miedo!... Y no debe ser
la sociedad entonces, y las Juntas de damas benficas sobre todo, las
que, en vez de apartar  la madre como indigna, porque cedi  esas
consideraciones sociales, procuren ser piadosos intermediarios, no
como secuestradores, sino como guardianes de los pobres nios, que no
seran entonces abandonados del todo y para siempre por sus madres?
En vez de decirles: Aqu dejas  tu hijo; no vuelvas  acordarte de
l, decid: Aqu tienes  tu hijo; acurdate siempre; ven cuando
quieras; defiende tu vida como puedas, nosotras defendemos la de tu
hijo. Sea la caridad nodriza, educadora; pero no pretenda ser madre
mientras la verdadera madre no haya renunciado  serlo por monstruosa
perversidad. No digis  los pobres nios: Vuestras madres fueron
tan malas mujeres, que no supieron ser madres. Decidles: Vuestras
madres eran tan pobres, que no podan teneros  su lado; compadecedlas
mucho, como nosotras las compadecimos. Creis que no sera mayor su
gratitud y que no podrn fundarse mayores virtudes si ellos ven que,
no slo los guardasteis la vida, sino el amor de la madre? Reformad
esos reglamentos, nobles seoras; un reglamento de un asilo benfico
no debe ser como un Cdigo penal, en que siempre se mira al hombre
como un presunto delincuente. No todas las madres que dejan sus hijos
en la Inclusa son malas madres; muchas son madres pobres, y, en la
duda, todas son pobres madres! Tan difcil como hacer leyes desde
los salones de un ministerio es difcil hacer reglamentos desde
gabinetes perfumados. Sobre todo, leyes y reglamentos para los pobres y
miserables de la tierra, por los que nunca supieron de pobrezas ni de
miserias.

       *       *       *       *       *

Las obras de la Gran Va adelantan hasta el punto de permitirnos 
los que nacimos  mediados del siglo pasado la esperanza de verlas
terminadas. Pero he aqu que, al comienzo, surge el primer obstculo.
Entre los derribos yrguese altiva, desafiadora y elocuente como un
smbolo nacional, una pequea iglesia: la conocida vulgarmente por
el nombre de Nias de Legans. No hay quien pueda con esas nias. La
piqueta derriba casas y casas, y el campanario de la iglesia cada vez
ms insolente y fanfarrn. Parece ser que no hay persona apta para
tomar el dinero precio de la expropiacin. Por vida del inconveniente!
Que se tratara de alguna manda  donacin, y veramos si haba personas
aptas para embolsarse los cuartos. Para qu estn los seores jueces,
ms que para ser depositarios de los dineros dudosos? Van  detenerse
las obras por ese monumento nacional? A bien que se queda Madrid sin
iglesias. Nuestros ricachones, por no imitar  los norteamericanos,
que suelen dejar cuantiosas herencias  Universidades y escuelas, no
saben cosa mejor que legarnos iglesias. A ninguno se le ocurre dejar
unos cuantos millones para fundar un buen peridico de la buena Prensa,
atendiendo las exhortaciones del seor obispo de Jaca, que sabe muy
bien dnde le aprieta la mitra y que  Dios rogando y con el rotativo
dando. Adems, el mayor nmero de iglesias no contribuye en nada  la
conversin de incrdulos; mientras que un buen peridico que diera
buenos sueldos  los redactores, contribuira grandemente. Ya sabemos
que aqu nadie tiene sueldo por tener estas ideas  las otras; pero
ideas por tener un sueldo!...

       *       *       *       *       *

El arte moderno se desvive por la originalidad; la acusacin ms
ofensiva para un artista es la de plagiario: _Il nous faut du nouveau
n'en fut il plus au monde_. Y, sin embargo, las novedades apenas llaman
un da la atencin y las obras que se perpetan son menos que plagios:
plagios de plagios, imitacin de imitaciones. La humanidad, como los
nios, prefiere el cuento cien veces odo. Las obras inmortales son
aquellas en que sus autores acertaron  contar del mejor modo las dos
docenas de cuentos que interesan  todos. Es otro secreto de la gloria
de Shakespeare? Cuentos sabidos, de una sencillez de asunto y de una
psicologa primitivas. Obras que pueden representarse ante el auditorio
ms ignorante como ante el ms docto.

Y nuestro _Don Juan Tenorio_, el de Zorrilla, que acert  contar
el cuento al gusto espaol y popular, no es el mejor ejemplo y la
mejor leccin para los originales y noveleros? Hoy tememos demasiado
 tocar esos asuntos universales vulgarizados, y renunciamos tal vez
 escribir las mejores obras. Quin se atreve  escribir otro _Don
Juan_, otro _Fausto_, otro _Romeo y Julieta_? Verdad es que la crtica,
interponindose  cada paso del arte entre el artista y el pblico,
opone la terrible acusacin de plagio  de osada. Pero hay que tener
todas las osadas, la del plagio en primer lugar, y la de pasar por
encima de la crtica, para llegar directamente al alma del pblico.
Esta fu la mayor hazaa de _Don Juan Tenorio_; por ella le vemos todos
los aos en escena triunfar de muchas novedades originales, y, cuando
todas ellas hayan cado en el olvido, _Don Juan Tenorio_, plagio de
plagios, imitacin de imitaciones, sobrevivir como uno de los pocos
cuentos interesantes que un gran poeta se atrevi  contar nuevamente
sin el temor de parecer plagiario.




XXXVIII


Es sabido que,  la entrada de todos los inviernos, las seoras hablan
de los vestidos que han de encargarse; los empresarios de teatros,
de las obras con que cuentan, y los gobernadores de Madrid, de la
extincin de la mendicidad. De todos estos programas, el nico que
suele cumplirse, y con creces, es el de la indumentaria femenina, dicho
sea en honor de la mayor constancia del sexo dbil en sus propsitos
y determinaciones. Los empresarios estrenan lo que pueden, que no es
siempre lo que quisieran; en cuanto  la extincin de la mendicidad...
no pasa de conversacin en que luce el ingenio de unos cuantos
arbitristas, verdaderos ngeles de la caridad... con el dinero ajeno.
Y he aqu la primera dificultad en estas andanzas benficas: que todos
piensan el mejor modo de sacar los cuartos  los dems y nadie quiere
sacar un cntimo de su bolsillo. Por lo pronto, el seor gobernador
haba pensado en aadir un nuevo impuesto sobre las localidades de los
teatros, por ser cosa de lujo y nada necesaria, en opinin de dicha
autoridad. En efecto, as como indispensables para la vida... Pero
si argumentamos en lo necesario, son tantas las cosas, en verdad,
necesarias? Tal vez no lleguen  la media docena, y tal vez no estn
entre ellas los gobernadores civiles. Considerando el teatro por la
parte del pblico, s que es un lujo bien innecesario, como tantas
otras industrias, si slo atendemos  los que se gastan el dinero en
disfrutar de los productos y no  los que se ganan la vida trabajando
para producirlos. De un lado est el lujo; de otro la necesidad...
Habra que ver los apuros del seor gobernador si en un da todos los
empresarios de Madrid acordaran suprimir ese lujo, cerrando todos los
teatros! No seran las damas elegantes ni los caballeros distinguidos,
ciertamente, los que iran en manifestacin lujosa  pedirle solucin
al conflicto; la gente adinerada es la que mejor puede pasarse sin
teatros. La sorpresa del seor gobernador sera muy grande al ver
miles de hombres y mujeres humildes clamando por el pan de sus hijos.
Es achaque de los grandes hacendistas que nos gobiernan creer que los
impuestos sobre los artculos de lujo los pagan los ricos. Aqu, que
no peco, se dicen... Los impuestos los paga siempre el que trabaja y
produce. No es al que gasta y emplea su dinero en lujos  en caprichos
al que habis de castigar con nuevas contribuciones; que esos, al fin,
dan de comer  mucha gente y hacen circular el dinero, sino  los que
guardan y atesoran dinero, improductivo y cobarde; dinero antisocial y
antipatritico; dinero de vagos, que deben ser tan perseguidos como los
otros vagos de la mendicidad callejera.

       *       *       *       *       *

La familia y los admiradores de Tolstoi no ganan para sustos. La
guerra que dan estos apstoles! Tantos disgustos trae  las familias
la extremada virtud de uno de sus miembros, como el vicio ms
desordenado. Cierto que es de mucho gusto para los descendientes
contar con un santo de la familia en el calendario; pero los infelices
parientes contemporneos pasan el sino. Vean ustedes este venerable
conde de Tolstoi, que acaba su vida como la empez aquel perdulario de
Verlaine, escapndose con un amigo. Claro es que los motivos son muy
diferentes; pero el disgusto para la familia es el mismo. La pobre
condesa! Ya le deca ella  cierto escritor ingls que fu  visitar
al conde con intencin de escribir un estudio sobre su persona y sus
obras: Quiere usted saber lo que piensa mi marido? Pues ya tiene
usted trabajo, porque cada da piensa una cosa. Y la posteridad ser
tan injusta que acaso cuente en el nmero de los santos al conde y se
olvide de la pobre condesa.

       *       *       *       *       *

Ni el triunfo de una obra de cierto gnero supone el triunfo de todas
las obras del mismo gnero, ni mucho menos el fracaso de todas las
obras de un gnero contrario. El Arte es furiosamente individualista,
y en l s cada palo aguanta su vela. Hoy re el pblico con una
obra cmica y maana llorar con un drama. Lo de El pblico lo que
quiere es reir  lo que quiere es llorar,  quiere obras de tesis,
 quiere obras ligeras,  que no quiere el verso, etc., etc., son
otras tantas vulgaridades. El pblico quiere obras de todas clases,
cuando le divierten  le emocionan. Ni es una novedad que alternen
obras serias con obras regocijadas en los carteles. El teatro de la
Comedia fu siempre de los ms eclcticos. All se estrenaron los ms
caricaturescos _vaudevilles_ franceses y las obras de Dumas y Sardou,
ltima palabra, en sus tiempos, del teatro serio. Despus hemos
alternado en la mejor armona autores de las ms opuestas tendencias,
y el pblico nunca tuvo preferencia por gneros ni por autores, sino
por obras. Es de esperar que todo seguir lo mismo. El pblico aplaude
y re con _Genio y figura_ porque la obra lo merece, y volver 
aplaudir y  rerse cuantas veces acierten los autores cmicos, como
bostezar  se estar en casa cuando no acierten  interesarle los
autores serios. Los fracasados son los que creen que cuando su obra
ha fracasado ha fracasado todo un gnero... Nada de eso; en Arte no
hay solidaridad que valga. Cada uno es cada uno. El pblico no sabe
de nombres genricos; slo sabe de nombres propios. No hay, pues, por
qu gritar: Al arma, al arma!, y dejen los bien intencionados de
meter cizaa entre los autores; haga cada cual lo que sepa y pueda, sin
preocuparse de lo que hace el vecino. El verdadero vecino de enfrente
es el pblico. En la Comedia francesa, el teatro ms serio del mundo,
despus de una grave tragedia de Corneille, se representa el _Monsieur
de Pourcegnag_, de Molire, la ms grotesca farsa que puede darse, con
sus boticarios jeringa en ristre corriendo por el patio de las butacas,
y nadie se alarma y todo est bien, y ni Corneille ni Molire ni la
seriedad de la Comedia francesa desmerecen por ello.




XXXIX


Discusin digna de los mejores tiempos de Bizancio ha sido la originada
por el aumento del impuesto sobre legados  favor del propio testador;
sobre todo, si son en provecho de su alma; que si algo deja para
vanidades corporales, como embalsamamiento, entierro de lujo, mausoleo
 ereccin de cuanto cabe erigrsele  un difunto, all el demonio  la
Hacienda con ello, que eso importa poco; al fin, todo ser economizar
un poco en estas materialidades pstumas. Pero si se trata de misas,
oraciones y preces, qu terrible responsabilidad la del seor ministro
de Hacienda si, por disminuir con el impuesto la cantidad que debi
aplicarse  los sufragios, el alma de algn difunto se ve privada del
descanso eterno! Nadie mejor que el interesado puede saber el nmero
de misas y de responsos que necesita, y es gran maldad entrometerse
en esta administracin que slo corresponde  lo eclesistico; que
por algo cuando se deja  un moribundo bien dispuesto para el ltimo
trance, suele decirse que le han administrado. Y ahora cuntas almas,
como la de Garibay famosa, vagarn sin reposo  falta de ese dinerillo
interceptado por el Fisco. Ay del seor ministro de Hacienda si dan en
aparecrsele y en atormentarle tantas almas en pena! Ya, por lo pronto,
anticipndose  los muertos, claman los vivos, precisos intermediarios
en estas operaciones de salvamento de almas. Es triste cosa que todo
negociado espiritual haya de traducirse en algo material y palpable.
Por eso el seor ministro de Hacienda debe tranquilizar su conciencia,
pensando que todo es cosa de almas, y que el alma de Espaa, ese alma
tan cantada en discursos y poesas, tambin tiene sus necesidades y
que su espiritualidad slo puede mostrarse por medio de organismos
materiales que cuesta mucho dinero sostener. Y de dnde sacarlo que
menos duela que de las almas pecadoras? Qu son unos aos ms de
purgatorio ante la eternidad? Sobre que en muchos casos, al cobrar la
Hacienda el impuesto de estos muertos piadosos, acaso no har ms que
reparar un olvido de restitucin y todo ser para bien de las almas. En
cuanto  los intermediarios, si tanto se preocupan por la salvacin del
difunto, no tienen ms que rebajar los precios; despus de todo, las
oraciones no cuestan tanto trabajo. Todo menos que los muertos anden
por el ministerio de Hacienda; porque los hay que, muertos y todo,
haran intiles las habilidades financieras del seor ministro para
sacarles los cuartos.

       *       *       *       *       *

Una frase poco meditada, de una obra teatral, ha indignado  los
estudiantes de Medicina. La frase mortificante era injusta sobremanera,
y los autores han sido los primeros en declararlo lealmente,
apresurndose  retirarla de la obra en cuestin. Es de esas frases que
slo tienen disculpa en el natural deseo en todo autor de halagar al
auditorio  quien se dirige. Cierto que ms deban meditarse cuando es
menos ilustrado y menos puede pesar el pro y el contra. Justamente la
clase mdica es la ms altrusta y desinteresada. En ninguna profesin
se prodiga tanto la asistencia gratuita, y no hay mdico, alto ni
bajo, que al cabo del ao no haya asistido  mayor nmero de enfermos,
por amor  la humanidad, sin estipendio alguno, que  ricos clientes,
buenos pagadores. Esto sin contar  los mdicos de partido, verdadero
apostolado de la Ciencia, indignamente retribudo. De modo que esos
cadveres destrozados no aprovechan solamente  los ricos, ni qu
mejor empleo puede tener un cuerpo muerto que servir al estudio y  los
progresos de la Ciencia! Poco tiempo hace que un ilustre profesor de la
Facultad, con admiracin de todos, leg su cuerpo para tan altos fines.

Ahora, que los estudiantes, una vez retirada la frase, no debieron
extremar su protesta. La frase era poco razonada; bastaba protestar
contra ella con razones. No es conveniente sentar precedentes para
otras protestas, que haran imposible toda crtica social en el teatro,
en el libro y en el peridico. Ello ha sido que el incidente ha venido
 parar en recordarnos uno de los ms graciosos lances de Don Quijote:
los autores arremetan contra los estudiantes, los estudiantes contra
la Polica, y el seor Mndez Alans contra el Gobierno. Por fortuna,
no hemos llegado  la conflagracin europea.

       *       *       *       *       *

En estos tiempos de mal entendida democracia, en que  duras penas
se tolera que nadie se distinga, ni sobresalga, ni tenga iniciativa
propia, y todos pedimos esa modestia que es el uniforme gris de los
que no pueden ir mejor vestidos, nadie sabe el valor que supone la
decisin de los hermanos Quintero al proponerse por su cuenta,  costa
de su trabajo y sin otra cooperacin que la del pblico, levantar un
monumento al poeta de la Juventud y del Amor; que, por ser el poeta de
una edad que es de todas las vidas, ha de ser un poeta de todas las
edades del mundo.

Los que alguna vez hemos proyectado alguna idea generosa y pronto
nos arrepentimos de ella como de una falta, desalentados ante la
hostilidad de los unos, la indiferencia de los otros, el comentario
burln  malicioso, que no dejan de suponer miras interesadas , por
lo menos, afn de notoriedad--gran pecado para los que no pueden
significarse  no ser en clase de mosquitos  cualquier otro insecto
molesto!,--sabemos lo que supone la ilusin, la valenta de los
hermanos Quintero en su noble empresa.

El pblico ha respondido y responder generosamente en todas partes.
Alguna lamentable abstencin pudiera notarse; esperemos que se
enmendar  tiempo.

Slo deseo  los aplaudidos autores que esa fe y esas ilusiones de su
juventud no les falten nunca y no lleguen  sentir jams, ante las
ruindades de tantos tristes del bien ajeno, la tristeza incurable, por
ser ms noble, que produce en los espritus generosos el mal ajeno.




XL


La conferencia de Ramiro de Maeztu, en el Ateneo, ha sido, y ser por
muchos das, tema preferente de discusiones. Inequvoca seal de su
mrito y de su importancia. Vibrante sntesis de nuestra vida nacional
fu la conferencia; tal vez con ms apasionamiento que serenidad; pero
dice tan bien un noble apasionamiento cuando de algo que mucho nos
importa se trata! Quede la plena serenidad intelectual para cuando
hayamos de ser rbitros  jueces en extraos asuntos; pero cmo no
poner calor del corazn en asunto tan propio?

Fueron las palabras de Maeztu el mejor espoleo para los espritus
dormidos, tardos  cobardes: el mejor lazo para unir  los que,
despiertos y fuertes, malogran, no obstante, sus alientos en el
soberbio individualismo solitario. A los espaoles, ms que  nadie,
conviene tener presente aquel aplogo oriental en que un padre muestra
 sus hijos cmo un haz de mimbres apretado no puede romperse y qu
fcilmente se quiebra cada mimbre, separado del haz, uno por uno.

Aunque  ratos pudiera dolernos y aunque algo en el fondo de nuestra
conciencia protestara, bien hizo Ramiro de Maeztu en cargar la mano
sobre los intelectuales, ya que  ellos se diriga desde la tribuna del
Ateneo. Hubiera sido flaqueza impropia de su espritu independiente y
concesin que no hubiera admitido su auditorio, incurrir en la fcil
complacencia de esos predicadores que truenan contra los vicios del
siglo; pero tienen la dulce oportunidad de tronar contra los pobres en
iglesia de ricos, y al contrario. Ellos no faltan  la verdad en ningn
sitio; pero les falta la verdad del sitio, que es un modo de faltar 
la verdad como si se mintiera.

Los intelectuales oyeron sus verdades, y muy duras verdades. Algo puede
decirse, y alguien lo dir, en descargo suyo. Ahora, justo es tambin
que los obreros oigan las suyas, y las mujeres, y la aristocracia, y
que las palabras de verdad no sean perdidas; porque palabras nos vienen
de todas partes, pero de dnde vendr el ejemplo? Qu seran los
Evangelios sin Pasin y sin Muerte? Oratoria, poesa... bellas palabras.

       *       *       *       *       *

El Manzanares es digno ro de la capital de Espaa. Como la vida
espaola, no tiene trmino medio:  no se le siente vivir,  da fe de
vida turbulenta. Los Gobiernos pueden aprender en los ros el mejor
modo de gobernar  los pueblos. Canalizar es la mejor poltica. En lo
espiritual y en lo material, tan daosa es la sequa, por infecunda,
como la inundacin, por destructora. La inundacin siquiera, como las
revoluciones, si destruye al pronto, tal vez fecundiza para ms tarde.
Pero pobres tierras las que todo lo esperan de la inundacin  de las
revoluciones! Dichosas las que ven regar sus campos regularmente por
encauzadas y tranquilas aguas!

       *       *       *       *       *

Me parece muy bien que algunos crticos, fervientes devotos de la
amable bagatela, dediquen columnas de encomistica prosa  la tiple de
sus simpatas y al garrotn de sus aspiraciones. Pero no me parecera
mal, porque no creyramos tan pronto que el instinto del pudor haba
desaparecido aunque haya venido muy  menos, que  la representacin de
_La vida es sueo_, en el teatro Espaol, se le concediera un poco de
atencin entretanto.

Se protesta, con la boca chica, contra la invasin de la ola verde y la
ola que pasa de castao oscuro, y de si aqu no se hace arte como se
debe, y de si ac se debe porque se hizo arte; y, para una vez que se
presenta ocasin de celebrar una noble tentativa artstica, silencio 
discrecin con sordina parecida al silencio.

_La vida es sueo_, no representada en el teatro Espaol con frecuencia
desde los tiempos de Rafael Calvo, ha sido ahora muy decorosamente
presentada, revelando una cuidadosa direccin escnica. Ricardo Calvo
es el mejor Segismundo que hemos visto, despus del inolvidable Rafael
Calvo, el actor de nuestra juventud y de nuestros entusiasmos. Los
dems actores componen un excelente y armnico conjunto. La obra... no
es para morirse de risa; pero puede oirse todava. Algunas de antes
de ayer estn ms viejas. En fin, que por mucho menos, pero muchsimo
menos, hemos ledo sartas de elogios que siempre quisiramos ver ms
justificados que la parquedad de ellos en esta ocasin.

       *       *       *       *       *

Nos extraaba que las calles de Madrid estuvieran tan sucias. Ahora
nos extraar verlas alguna vez medio limpias. Nos hemos enterado de
que, para poner remedio  la suciedad, cuenta el Ayuntamiento con 80
barrenderos... para todo Madrid. Eso es lujo! Vaya, que si no se
puede comer sopas en esas calles!... Para cundo esa subvencin  la
capital? Cundo se convencern los Gobiernos de que con calles limpias
y carreteras bien cuidadas y bonitos paseos, estaramos tan  gusto,
aunque nos suprimieran las garantas constitucionales, que no son de
uso tan constante y necesario?

Estas calles de Madrid!... Cralo el Gobierno: hoy por hoy, es la
nica oposicin seria con que cuenta. Una vez arregladas y limpias
rase el Sr. Canalejas de los quinquenios conservadores!




XLI


Cuenta Gracin en su _Criticn_--perdone _Azorn_ que me entre por sus
dominios--que, cuando espaoles, portugueses, ingleses y holandeses
descubran y se posesionaban de vastos territorios en el Nuevo Mundo,
acudi Francia en queja al supremo tribunal de la justicia divina,
lamentndose de haber sido olvidada en el reparto. Y el alto tribunal
contest  la querella: Y qu necesidad tienes, oh, Francia! de unas
Indias? No tienes ya bastantes Indias con Espaa? Toda su riqueza y
la de sus Indias viene, al fin,  ser tuya; que los espaoles te la
ofrecen gustosos,  cambio de tus baratijas.

Aparte de que Francia no se halla hoy tan desprovista de territorios
coloniales, nuestra situacin tributaria no ha cambiado mucho, y aun
somos unas ricas Indias para nuestra buena vecina y no tan buena
aliada. Hasta el premio gordo de Navidad aprendi el camino, y este
ao se pas  los franceses. Hay para armar otro Dos de Mayo! Tal vez
ms justificado que el otro, que, al fin, entre unos buenos millones
y unos infantes simples no hay comparacin posible. De salud sirvan!
_Bon profit, messieurs!_ Y  ver si alguna de nuestras Oteros de
exportacin es la alcaldesa de Mostles de esos milloncejos, y algn
_maquereau_ de casa, que tambin los exportamos excelentes, se encarga
de reintegrarnos, en todo  en parte, de ese renegado premio. Pero ya
vern ustedes como lo nico que nos llega, en compensacin, es algn
artculo de costumbres espaolas ponindonos de vuelta y media por la
inmoralidad de nuestra lotera.

       *       *       *       *       *

Nadie ms obligado que los tradicionalistas  celebrar las fiestas
tradicionales, y as la minora parlamentaria, representante de las
viejas ideas, no ha querido que se suspendieran las sesiones de Cortes
sin hacer la Pascua y sin dar su inocentada. La sesin permanente ha
tenido de una cosa y de otra. Por fortuna, los seores diputados son
gente de buen humor y se han divertido en la sesin nocturna ms que
un hortera en baile de mscaras. Chirigotas, cuchipanda, amiguitas
en la tribuna; no han faltado ms que las serpentinas. Y los de la
obstruccin, Jess, qu graciosos! De pblico, muy bien: todo el
de las ltimas secciones de los _cines_. Con sesiones nocturnas
tan divertidas se acababa con la inmoralidad de esos espectculos,
corruptores de la ancianidad y que tantas falsas alarmas pueden
producir en algunos apacibles tlamos. Los de fuera, que en este caso
es el pblico que paga, pensando, aunque la ley del candado sea muy
conveniente, que tal vez no fuera malo una ampliacin aplicable 
ciertas agrupaciones y  algunos oradores.

       *       *       *       *       *

A propsito de inmoralidad y de candados. Distinguidas seoras
pretenden que los Poderes pblicos intervengan en la moralizacin
del teatro. Ay, seoras mas! Y quin tiene la culpa de eso que
ustedes llaman licencia y escndalo? Pues la educacin que dan ustedes
 sus hijos. Cmo!--exclamarn ustedes, indignadas.--Una educacin
cristiana, en colegio de Padres religiosos! A eso llama usted mala
educacin? Esa puede ser la causa de que una seora decente no pueda
siquiera leer los anuncios de la seccin de espectculos? S, seoras
mas, nobles y honestas damas: la Iglesia, que en otro tiempo tuvo
manga muy ancha con el Arte y era maestra y depositaria de buena
literatura, hoy ms que nunca, asustadiza de la funesta mana de
pensar, no educa el gusto ni el sentimiento artstico de los jvenes
encomendados  sus enseanzas; anatematiza todo arte, toda literatura
que no sea de propaganda en favor de sus ideas, cada vez menos amplias,
ms intransigentes. En sus clases de literatura se habla ms del Padre
Coloma que de Cervantes; no se inspira aficin y respeto, sino horror
y desconfianza  los nombres ms ilustres y gloriosos. Mientras la
sujecin y la tutela de los maestros dura... menos mal: no leen 
Prez Galds; pero tampoco van  recrearse con una de esas empecatadas
obrillas de ttulo equvoco y de inequvoco mal gusto. Pero al verse
libres, qu tendr mayor atraccin para ellos? Una obra de verdadero
arte, que no sabrn apreciar porque no les educaron el gusto para ello,
 el espectculo grosero, el de los chistes  su alcance, del que nadie
les apart con energa porque una blanda absolucin les tranquiliz
antes por este pecadillo que por la lectura de una obra enemiga?
Qu importa que la carne se turbe si no se turba el pensamiento? Lo
que los buenos Padres quieren son almas y pensamientos... lo dems
qu importa? Lo dems se lava y se plancha y queda como nuevo para
un matrimonio ventajoso, para un alto cargo y, sobre todo, para un
ejemplar testamento con especiales mandas y legados piadosos.

Hay una juventud incapaz de sentir emociones de arte, porque no la
educaron en el sentimiento de sus delicadezas. No os quejis  los
Poderes pblicos, seoras mas: tenis los hijos que os merecis,
y vuestros hijos tienen los espectculos que se merecen. El Arte en
general, el teatro en particular, no son causa de nada; son el efecto
natural de muchas causas.

Ah! El ao pasado tuve, con el concurso de otros autores, el costoso
capricho de iniciar un teatro para nios. No solicitamos licencia del
ordinario, ni pedimos el visto bueno de ninguna cofrada, porque no hay
conciencia, por enlodada que estuviera al roce de las miserias humanas,
que no sepa por s misma, bien claramente, el respeto que se debe al
alma de un nio. Acudieron madres y nios de la clase media y de las
clases populares... A la sociedad elegante no tuve el gusto de verla
por all. Sus automviles y sus coches lujosos estaban  la puerta de
otros teatros de garrotn y desvergenza. Se comprende que acudan  que
la autoridad les moralice el teatro los que no saben contenerse en su
curiosidad por las inmoralidades.




XLII


Si por bohemia se entiende independencia de nuestro espritu, amplitud
de nuestra vida, nunca subordinada  un solo medio social; personalidad
tan enrgica que pueda comprender mil distintas personalidades, sin
que nuestra propia personalidad se pierda hasta desaparecer entre
todas ellas; simpata por cuanto existe, sin resignacin  que todo
siga existiendo lo mismo, si la bohemia es lucha y rebelda y fuerza
y vida... cierto es su encanto. Pero si la bohemia es slo necesidad
hecha vicio, que nunca de la necesidad se pudo hacer virtud; si es
limitacin de nuestra vida  un solo medio miserable, desordenadamente
ordenado en la monotona de vagar por los mismos lugares, entre las
mismas gentes; si es flojedad y desmayo y sumisin y abdicaciones y
miseria, en fin, espiritual y fsica, no habr quien nos persuada de
sus encantos, ni en prosa, ni en verso, ni con msica.

Si la realidad es pobreza y fealdad, no es de alma artista someterse
 ella. Los artistas estn obligados  la lucha,  influir sobre la
realidad hasta transformarla, infundiendo en ella el espritu de sus
ideales. Deber es del artista conquistar la riqueza. La vida slo
ser lo que debe ser cuando la riqueza sea de los poetas. La poesa
ser entonces accin y vida y entonar sus estrofas en ciudades de
arte, limpias, sanas, alegres, risueas; en jardines de encanto, en
monumentos de gloria, con bellas criaturas de seleccin espiritual y
fsica. No despreciis la riqueza oh, artistas!, que harto tiempo ha
sido de los brbaros, muy satisfechos con que vosotros ponderis los
encantos de la bohemia mientras ellos gozan de todo, sin compartir sus
goces ms que con unos cuantos artistas domesticados, que se complacen
en ensear  sus amigos para darse tono de protectores del Arte. Y
mientras vosotros no tengis palacios, ni deis fiestas en ellos, cmo
vais  convencer  nadie de que no son ellos los que no quieren
recibiros  vosotros, sino vosotros los que no os dignis recibirlos 
ellos?

       *       *       *       *       *

No recuerdo si lo so  me lo contaron. Fu un escritor, muy discutido
en sus comienzos, que, por lo mismo, tuvo muchos admiradores: unos,
jvenes animosos como l; otros... esos que hallan en lo infructuoso
de una labor combatida el mejor pretexto para no hacer ellos nada;
otros, los muchos fracasados, que pretenden justificar con el fracaso
de una obra ajena el fracaso de toda su obra. Todos estos admiradores
admiraban ms al escritor cuanto ms combatido era. Cuando, por
su trabajo y su constancia, lleg  tener verdadero pblico, los
admiradores se desilusionaron: Cmo! Es posible? Le gusta al
pblico? Qu indignidad! Es que ha cado en la bajeza de hacerle
concesiones; ya no es el mismo. Y los admiradores le increparon por
haberles hecho traicin. Si era para todos, ya no podan ellos presumir
de superiores al admirarlo. Ya no tuvo admiradores fieles ms que
en sus fracasos; cuando no haca concesiones al pblico. Si alguna
vez, por descanso  por capricho  por necesidad, escriba una obra,
sin ms pretensiones que la de ganar algn dinero, aunque en ella no
ofendiera gravemente su sentimiento del arte, los fieles admiradores
no podan consentirlo y eran los primeros en protestar iracundos: Qu
indignidad! Viene  buscar dinero! Y ellos, con sus protestas, eran
los primeros en impedir que tan natural propsito, y por tan inocente
medio, se lograra. As, tuvo que resignarse  no tener dinero en su
vida, para satisfaccin de sus admiradores. Buscarlo por otros medios?
Menos an; sus admiradores no lo consentiran: su deber era hacer
Arte, Arte puro... Cuando muri... los admiradores acordaron costearle
un monumento; se reuni poco dinero, y los admiradores acordaron que
aquello era una indignidad. Para hacer mal las cosas, ms vala no
hacerlas. El monumento haba de ser magnfico,  no sera... Y no fu,
en efecto. Los admiradores velaban fielmente su gloria pstuma como la
velaron en vida.

No s si lo so  me lo contaron; pero siempre que recibo alguna carta
firmada por Un admirador, me echo  temblar recordando la historia de
aquella vctima de sus admiradores. Todas las cartas as firmadas son
de alguien que pretende administrarnos la hacienda, la moral, el buen
humor, lo que ellos llaman nuestros prestigios, nuestra vida pblica
y nuestra vida privada... No por Dios!, seores; yo no quiero ser
admirado  todas horas ni en todos los actos de mi vida; que descanse
vuestra admiracin y que me deje descansar. No me escriban ustedes
cartas; porque desde ahora no leer ninguna que traiga por firma el
consabido Un admirador como no incluya un billete de 1.000 pesetas;
nica prueba de verdadera admiracin que me ofrece alguna garanta y
justa compensacin del dinero que me habrn ustedes impedido ganar por
admirarme demasiado.

       *       *       *       *       *

Cuando creemos haber hecho todo lo posible por remediar las mayores
miserias, siempre nos queda el desconsuelo de no haber remediado una:
la ingratitud. Los bienhechores deben contar con ella y compadecer
doblemente al ingrato. Qu horrible debe ser la pobreza, cuando as
llega  entumecer el corazn!




XLIII


La regia munificencia ha dado una oportuna leccin  la Real Academia
Espaola. Arbitro, administradora y dispensadora de premios, padece la
ilustre Corporacin, como vieja tacaa, la mana de hacer comiditas
con las cantidades confiadas por gentes respetuosas de los prestigios
oficiales,  los buenos oficios y mejor voluntad, de la sabia y la
docta del esplendor, el brillo y la fijeza.

Dos mil pesetas para un solo escritor!--habr pensado la vieja
rica.--Para qu necesita tanto dinero un hombre solo? Y literato y
poeta! Para que se acostumbre mal  lo eche en vicios, como adquisicin
de libros, viajes  cualquier otra perturbacin de la inteligencia.
Nada, nada; con 1.000 pesetitas  cada uno, podemos hacer  dos
felices. Y mucho es que no han repartido la cantidad en bonos de
 peseta para dar un da feliz  toda la bohemia literaria. Bien
est que, entre los acadmicos, haya quien disfrute, por diferentes
conceptos y prebendas, pinges beneficios, sin pensar en repartir de
ellos; pero esos otros escritores de la calle... para qu quieren
el dinero? El dinero embota el entendimiento; lo saben bien muchos
acadmicos. La necesidad sirve de espuela al ingenio; el dinero, tal
vez slo de albarda.

Recuerda _Parmeno_ en el _Heraldo_ que los acadmicos estn encargados
tambin de conceder algunos premios  las mejores obras dramticas
escritas  publicadas cada ao, y que este premio no se ha concedido
desde muy larga fecha. Por qu? La suspicacia de _Parmeno_ seala los
motivos probables. Fuera ridculo no recoger la alusin  mi persona,
por la modestia de no aceptar un adjetivo laudatorio. Pero yo creo
que _Parmeno_ est equivocado. Para optar  esos premios es condicin
precisa que el autor, por s mismo  por otra persona, la presente y
someta al juicio de la Academia. Ni por m, ni por persona autorizada
por m, he presentado yo nunca una obra ma  ese concurso. Primero,
porque no tuve nunca la presuncin de que una obra ma fuera la mejor
de las representadas en temporada alguna. Despus, porque al da
siguiente de obtener el premio, la obra valdra lo mismo. Ya sabemos
que los premios oficiales, con muy buen acuerdo, han de atender sobre
todo  la ortodoxia de la obra. Esos premios han de ser siempre para
los poetas--como dijo Heine,--que no tienen de poetas ms que el ser
virtuosos. Claro es que se puede ser virtuoso y ser buen poeta; pero
tambin se puede lo contrario; porque yo creo que la virtud del poeta
es... ser poeta. De otro modo, borraramos de la lista  Cervantes,
 Lope,  Shakespeare,  Byron,  Shelley--dejo  otros, y no de los
peores,--todos gente poco disciplinada en su vida y en sus opiniones,
difciles de encasillar en partidos polticos, que pueden hacer gloria
de su fama.

El artista que campa por sus respetos no espera nunca proteccin
oficial. Con ese no pueden atarse dos cuartos de cominos--piensa el
dispensador de mercedes.--Los cintajos y las distinciones son para el
sometido. Fulano?--dicen.--S, gran talento. Si sentara la cabeza!
Fulano tal vez sienta la cabeza, y aquel da quizs deja de tener
talento, que el talento no es para sentado.

Cuenta Plutarco, de no s qu general griego  romano, quien, viendo
combatir con furioso denuedo  uno de sus soldados, acercsele al
terminar de la batalla y, admirado de su valor, quiso informarse
de quin era. Supo entonces que aquel valiente era el hombre ms
desgraciado del mundo, por carecer de todo, y, que tan desesperada era
su vida, que slo buscaba la muerte. Concedile el general riqueza y
galardones, dile mando y honores; y en otra batalla,  pocos das,
vi cmo, en cobarde fuga, arrojaba las armas y corra  esconderse
en lugar seguro. Acudi el general  reprenderle por su cobarda, y
l entonces: Qu te admira?--le dijo.--Ayer estaba desesperado; nada
tena que perder, nada me importaba la vida... Hoy soy feliz, soy
rico... La muerte me asusta.

Y es que todo combatiente, soldado  poeta, bien est sin premio. El
valor y la inteligencia han de ser indomables, y las golosinas son
grandes domesticadoras.

       *       *       *       *       *

A despecho de los verdaderos aficionados  la buena msica, el
intrprete se sobrepondr siempre  la obra, y S. M. el Divo se alzar
sobre Wagner en alas de Pussini. Mejor dicho, Puccini se alzar sobre
Wagner en alas del divo. Ni estos falsos dioses tendrn nunca su
ocaso, mientras vayan unidos, ni el Ocaso hallar nunca sus dioses
mientras divas y divos prefieran la gloria personal  la pura gloria de
someterse  no brillar como astros teatrales.

Por qu esa aficin de los grandes actores y de los grandes cantantes
 las malas comedias y  las malas peras? Es que su vanidad queda ms
satisfecha no consintiendo que la obra se sobreponga al intrprete?
No ser posible hallar un gran artista que se resigne  interpretar
verdadero arte? Mientras Wagner padece su ocaso, el tenor Anselmi
impone  la admiracin la _Tosca_ y _Romeo y Julieta_. Las abonadas
suean con Mario Cavaradossi, con Romeo, con Des Grieux. Algunas suean
con que Anselmi cante el do de los besos de _El conde de Luxemburgo_.
Pueden pedirle que lo cante en la noche de su beneficio. El beneficio
del tenor, naturalmente.

       *       *       *       *       *

Una historieta que refiere un peridico francs. Un padre acaudalado
satisfaca con esplendidez todos los gastos de su primognito; pero
sorprendale que, sobre la cantidad entregada mensualmente, el mozo le
pidiera siempre un importante suplemento.

--No lo tienes todo pagado? Qu significa esto?

--Esto significa, pap, que hay gastos... gastos, en fin, cuya
justificacin no debo detallarte, aunque t debes comprenderla.

--S, lo comprendo; pero mira, para saber  qu atenerme, me pides lo
que necesitas y, para justificarlo, me dices: Gastos de caza, tanto,
y no hay ms que hablar.

--Convenido.

La partida qued desde luego asentada en esta forma mensualmente. El
respeto quedaba  salvo.

Con gran sorpresa observ el padre que la partida dej de figurar en
cuenta durante dos  tres meses.

--Vaya--pens.--Dnde cazar ahora mi hijo, que no me cuesta nada?

Pero cul no sera su desencanto al leer, al cabo de cierto tiempo,
esta nota de gastos suplementarios: Al armero, 2.000 pesetas.




XLIV


Un nio, por travesura  por desgracia, cae en la fuente de una
plaza pblica y muere ahogado, bajo muy poca agua, en presencia de
numerosos curiosos y de dos agentes de la autoridad, representacin,
no por modesta menos respetable, del Estado tutelar y protector. Sobre
los dos infelices guardas han cado todo el rigor de los superiores
y todas las recriminaciones de la opinin. El seor presidente
del Consejo dijo muy bien que no debieran ser slo los guardias
los castigados. Pero aunque para el Cdigo penal sean delitos las
omisiones tanto como las acciones, qu medio hay en la ley para
hacer efectiva la responsabilidad de una multitud indiferente? Y si
miramos  nuestra conciencia, no hallaremos en la impune omisin de
los curiosos, lo mismo que en la punible de los guardias, sntomas
de un estado de conciencia social del que todos participamos? Era
tan poca el agua! El nio, sin duda, podra levantarse y salir por
s solo. Tal vez si alguien se hubiera precipitado  socorrerle los
curiosos se hubieran redo al verle chapotear en el agua; el regocijo
hubiera subido de punto si era uno de los guardias. Qu escena de
pelcula cinematogrfica! Estamos tan hechos  remos de los agentes
de la autoridad en sainetes y revistas llenas de gracia! Como el
salvamento se hubiera logrado  poca costa, cunto nos hubiramos
burlado del salvador, si hubiera pretendido hacer valer su pobre
hazaa! Salvamento de nufragos en el piln de una fuente! Chistes,
caricaturas, ingenio... Las tragedias son as: necesitan un final
trgico para que parezcan tragedias. Cuando se empieza  morir, hay
que morirse; de otro modo, quin cree que era tanto el peligro? No
culpemos demasiado  los espectadores y  los guardias, ms temerosos
del ridculo que de un remojn insignificante, Los pantalones de
la autoridad enfangados! El uniforme prestigioso chorreando! No
tendremos todos en nuestra vida alguna culpable omisin de que
acusarnos? No habremos dejado tambin que alguna criatura, tal vez
indiferente, tal vez querida, se haya ahogado ante nosotros, en muy
poca agua, sin que nuestra mano se tendiera protectora, sin que
diramos el paso que corre  sostener, sin que de nuestros labios
saliera la palabra precisa de compasin  de esperanza? Agua  llanto
parecan tan poco! Cuando el agua  el llanto ahogaron, ya era tarde.
El herosmo pide grandes empresas: mares embravecidos, batallas,
dolores trgicos. Ante el peligro de la fuente, no es ridculo el
gesto heroico? El agua era tan poca! Las fuerzas del nio eran menos!
Cuntas almas de nio no habremos dejado as ahogar, en muy poca agua,
por no afrontar el herosmo del ridculo? Si diramos siempre el paso
que debemos dar! Si dijramos siempre la palabra que debemos decir!

       *       *       *       *       *

La Academia de la Poesa se dispone  festejar el centenario de
Cervantes, sin olvidar el de Shakespeare; pues tampoco los ingleses,
segn noticias, se olvidarn de nuestro manco, que no lo era para poder
muy bien andar de mano con su contemporneo glorioso. Aqu no puede
decirse que baza mayor quita menor, y nunca estuvo tan en su punto lo
de regin de los iguales.

Si atendemos al calendario parecer que se toma con tiempo y que, del
1911 al 16, hay das sobrados. Pero el tiempo espaol, entre lo perdido
y lo matado, y lo que se echa  perder y  morir, entre discusiones y
discurseos, pasa sin enterarnos. La Academia cuenta con el apoyo de
los Gobiernos. Digo de los Gobiernos, porque de aqu al 1916--perdone
el Sr. Canalejas la desconfianza, que no es por l precisamente--sabe
Dios cuntos Gobiernos se habrn sucedido! Es de esperar, no obstante,
que todos se muestren por igual bien dispuestos  celebrar con todo
esplendor y esplendidez tan sealada fecha. No es cosa de que se haga
cuestin poltica, ni de que unos pretendan ensalzar  Cervantes por
reaccionario y otros por liberal, y unos miren  Shakespeare como
catlico romano y otros le consideren como protestante. Nos gobiernen
para entonces el Sr. Maura  el Sr. Canalejas, creemos que, honras
fnebres ms  menos, con sermn del Padre Calpena  del obispo de Sin
 del Padre Maestre  del doctor Zacaras, lo dems todo ser como
est proyectado, sin que haya un Sr. Rodrguez Sampedro que procure
escatimar gasto alguno.

Desde luego ha de procurarse que el festejo sea de todos y para todos.
Bien estn los actos acadmicos, las ceremonias oficiales; pero sol,
aire y plaza pblica, sobre todo. Cabalgatas esplndidas, en que tomen
parte nobleza, Ejrcito, artistas, sin temor al pcaro ridculo del
disfraz ni de la exhibicin. Representaciones callejeras de algunos
entremeses de Cervantes, representacin entre las frondas de la
Moncloa  de Aranjuez de alguna comedia de Shakespeare: _El sueo de
una noche de verano_  _Como gustis_. Tanto puede hacerse con buen
gusto y con arte! Debe pensarse que, cuanto mejor sea todo ello, ser
ms productivo. En estas cosas la tacaera es lo ms ruinoso. A
fantasear, poetas! Y sea la primera fantasa ver cmo se saca el dinero
 los que lo tienen. No os detengis ante ningn ditirambo adulador.
Cervantes y Shakespeare eran los que eran y, ay!, tambin adularon 
los poderosos.




XLV


Los primeros pantalones femeninos, en su aspecto callejero y visible,
han tenido un ruidoso fracaso; pero los modistos y modistas franceses,
como si obedecieran  un alto mandato de la Divinidad, insisten en
que nada podr oponerse al triunfo definitivo de los calzones. Peores
principios tuvieron otras modas, al fin universalmente aceptadas.
Los primeros miriaques, los primeros sombreros de copa, no lograron
mejor xito en sus comienzos. No podr decirse que esta moda es seal
de los tiempos modernos, ni uso impuesto por la vida en los pueblos
civilizados; pues ms que un avance hacia lo porvenir, trae  nuestra
imaginacin el recuerdo de Turqua y de Marruecos, y, ya ms cerca
de nosotros, la evocacin teatral de _La conquista de Madrid_ y
_El tributo de las cien doncellas_, memorias de los buenos tiempos
zarzueleros, que no son ay! para rejuvenecer  nadie.

Todo ser que la vista se acostumbre. La caricatura y el teatro,
pretendiendo ridiculizar la nueva moda, sern sus mejores
propagandistas. Despus las pastorales de algunos obispos y las
predicaciones anatematizadoras, acabarn por decidir el xito. En
cuanto las mujeres crean que la moda es invencin del demonio, no
dudarn en aceptarla, seguras de que el demonio es muy inteligente en
tentaciones.

En realidad, la moda nada tiene de impdica. El aire y la lluvia
pierden su imperio sobre ella; acabaron los graciosos efectos de falda
recogida. Es una moda que, por su nombre, pantalones, promete ms
que cumple. Es ms; que ha de dejar muchas promesas incumplidas, por
dificultades de tiempo y de ocasin. A no ser, por lo que tiene de
ley la moda, que pueda tambin decirse de ella: Hecha la ley, hecha
la trampa. Pero, hasta ahora, la trampa no parece por ninguna parte.
Los modelos lucidos hasta hoy son de tanta seguridad como una caja
de caudales. Quizs sea sta la ms clara seal de su modernidad. O
acaso estn prximos los das, pronosticados por San Pablo, en que
los hombres se subirn  los rboles por huir de las mujeres; y si
ellas dan en trepar para perseguirlos, claro est que el pantaln es
necesario.

Los sastres tambin pretenden, por su parte, dar algn golpe de
efecto en la indumentaria masculina. Unos vuelven los ojos al ao 30,
otros reniegan de toda tradicin y abren concursos entre dibujantes
para hallar algo nuevo. Pero lo nuevo no parece; es casi seguro que
volveremos  las modas del ao 30; por lo menos, en los trajes de
sociedad. Para los trajines de la vida diaria, el automvil, la caza,
el aeroplano, impondrn la moda con sus necesidades. Seremos de un
siglo por el da y de otro por la noche. No es as toda la vida
moderna? En quin de nosotros no vive, no piensa, no se agita la vida
de cien generaciones futuras, que nos dice sin cesar: Adelante,
adelante!? Sobre quin no pesa la muerte de otras tantas generaciones
pasadas, que nos dicen: Por qu luchar, por qu inquietarse? Por
fortuna, la accin contradice  cada paso  nuestro pensamiento y
nuestro pensamiento es constante contradiccin de nuestras acciones.

       *       *       *       *       *

El doctor Decref ha informado, con gran conocimiento de causa, en
la Sociedad de Higiene, sobre la higiene en el teatro. Si grandes
deficiencias puede advertirse en los teatros mejor acondicionados, en
la parte destinada al pblico, que, al fin, es el que paga y puede
gritar, aunque no grite lo que debiera, qu no ser en la parte
destinada  los artistas y dependencias, que nada pagan y si gritaran
no cobraran? De stos principalmente se ha cuidado el doctor Decref en
su informacin, y bien pueden estarle agradecidos los interesados.

Ahora que, si la intencin es buena, nunca la mala prctica puede
oponerse con mayor razn  la generosa teora. Los teatros por dentro
son lugares en que toda infeccin debe tener su natural microbio; pero
sin duda los que, por necesidad  por gusto, pasamos lo mejor de
nuestra vida en ellos, hemos logrado, por el mismo procedimiento, la
inmunidad que logr Mitridates contra los venenos.

Casos de longevidad extraordinaria, muy frecuentes entre los actores
dramticos, son un verdadero escarnio contra todos los preceptos
higinicos. Y en cuanto  conservacin y buen parecer, en qu
otra profesin puede llegarse  nada parecido? No ya entre mujeres
del pueblo, envejecidas  los treinta aos, aun entre damas de la
aristocracia, muy cuidadas y muy bien prendidas, no se observa lo que
es natural y corriente entre las actrices: una apariencia de juventud
que llega  confundirse con la juventud misma. Hay actrices que le
hacen  uno dudar de su fe de bautismo. Y cmo se complacen y se
recrean en humillarnos, con su invencible naturaleza y un poco de
colorete por cmplices! Cuantos ms aos vienen sobre ellas, ms los
desafan invulnerables. Con un vestido blanco de lo ms vaporoso y una
pamelita de paja ornada de capullos de rosa, triscando por la escena,
con la boquita fruncida y los ojos entornados, cmo saben conmovernos
llorando sus amores contrariados! Pap! Mam! Primito! Tita!

Y los galanes? No es tambin admirable su estado de conservacin?

Slo en el teatro y en la poltica se es joven  los cincuenta aos.
Lo que prueba que nada significa el aire que se respira y el ambiente
en que se vive. Acaso unos teatros muy higienizados y una atmsfera
poltica muy purificada no permitieran esas perpetuas juventudes que
son gala de tantos escenarios y de tantos Gobiernos.


FIN





End of the Project Gutenberg EBook of De Sobremesa; crnicas, Tercera Parte
(de 5), by Jacinto Benavente

*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; TERCERA PARTE ***

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electronic works in formats readable by the widest variety of
computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
from people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
www.gutenberg.org



Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
volunteers and employees are scattered throughout numerous
locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
date contact information can be found at the Foundation's web site and
official page at www.gutenberg.org/contact

For additional contact information:

    Dr. Gregory B. Newby
    Chief Executive and Director
    gbnewby@pglaf.org

Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment. Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements. We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
state visit www.gutenberg.org/donate

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations. To
donate, please visit: www.gutenberg.org/donate

Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.

Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
freely shared with anyone. For forty years, he produced and
distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
volunteer support.

Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
edition.

Most people start at our Web site which has the main PG search
facility: www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.

