The Project Gutenberg EBook of De Sobremesa; crnicas, Quinta Parte (de 5), by 
Jacinto Benavente

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Title: De Sobremesa; crnicas, Quinta Parte (de 5)

Author: Jacinto Benavente

Release Date: December 26, 2018 [EBook #58545]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

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  Nota del Transcriptor:


  Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original.

  Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

  Pginas en blanco han sido eliminadas.

  Letras itlicas son denotadas con _lneas_.

  Las versalitas (letras maysculas de tamao igual a las minsculas)
  han sido sustituidas por letras maysculas de tamao normal.




                           Jacinto Benavente


                             De sobremesa

                               CRNICAS

                            _QUINTA SERIE_


                                MADRID
                       PERLADO, PEZ Y COMPAA
                         SUCESORES DE HERNANDO
                    Arenal, 11 y Quintana, 31 y 33
                                 1913




                  ES PROPIEDAD.--DERECHOS RESERVADOS

          Artes Grficas MATEU.--Paseo del Prado, 30.--MADRID




[Ilustracin]




De sobremesa




I


Los ojos y las almas se van tras lo que brilla, y la botadura del barco
_Espaa_ ha sido lo ms brillante en esta semana pasada.

Un barco de guerra magnfico! La consideracin de la cantidad pudiera
entibiar el entusiasmo por la calidad, si, como dijo Shakespeare, lo
que es hambre para un gigante, no fuera hartazgo para un enano.

Los que no se deslumbran por lo que brilla, acaso ms relumbrn que
lucimiento, sin quitarle importancia al flamante acorazado, estiman en
tanto el saber que muy pronto la Transatlntica Espaola contar con
dos nuevos barcos, barcos de paz, con todos los adelantos y comodidades
de los mejores transatlnticos ingleses y alemanes.

Como en Espaa todo se hace cuestin de ideas, por lo mismo que nos
tienen todas sin cuidado, el hablar mal y por sistema de la Compaa
Transatlntica Espaola es uno de los tpicos anticlericales.

Aqu, hasta del hallazgo de un supuesto retrato de Cervantes se hace
programa de partido y poco menos que dogma catlico. D. Alejandro Pidal
ya comprometi  la Divina Providencia en el hallazgo.

Se ha censurado  la Compaa Transatlntica porque en sus barcos
se dice misa y se reza la oracin y el rosario. Yo no creo que la
asistencia  estos actos sea obligatoria para los pasajeros. Pero,
ntese: siempre censuran la celebracin de estas ceremonias los que,
sin creer en ellas, no se atreven  proclamar su descreimiento y...
porque no se diga, se molestan en presenciarlas. Es cobarda suya y
dicen que es intolerancia ajena.

A m me parece ms intolerancia la de los barcos ingleses, que, al
viajar por lneas donde son muchos los pasajeros catlicos, slo
celebran el culto protestante y no llevan un sacerdote que pueda
auxiliar  un moribundo de religin catlica.

Pero, en este caso, nadie habla de intolerancias ni de intransigencias,
y lo ms gracioso es que los ms libres pensadores no pierden ceremonia
del culto protestante por... curiosidad, por pasar el rato. Y eso que,
al final, hay colecta.

Tambin habr odo usted decir que los camareros de los barcos
espaoles, con esa democracia tan nuestra, se permitan andar en mangas
de camisa entre los pasajeros. No he podido comprobarlo; pero s que,
en barcos ingleses, con esa aristocracia tan suya, andaban... no en
mangas de camisa, en calzoncillos.

En esto, como en todo, as hemos escrito nuestra historia y as vamos
contndola por el mundo.

El saludo al nuevo barco de guerra _Espaa_ no debe ser cuestin de
ideas; tampoco debe serlo el saludo  los barcos de paz de la Compaa
Transatlntica Espaola.




II


Distinguidos escritores y crticos de Arte han solicitado, para la
prxima Exposicin Nacional de Bellas Artes, una instalacin destinada
 exponer obras de don Ignacio Pinazo.

Tan de justicia es la demanda que, sin duda, la inmediata respuesta
ser la concesin, y aun ha de parecemos tarda, pues quizs hubiera
debido anticiparse  la peticin el ofrecimiento en este caso.

En la inquietud algo anarquista de nuestra moderna pintura, entre
oscilaciones de la moda, influencia de fuertes individualidades,
titubeos de los unos y afirmaciones prematuras de los otros, Pinazo
ha sido de esos grandes y seguros artistas que, fieles  la realidad
objetiva del Arte, sobre modas y gustos pasajeros, son como estrellas
fijas guiadoras infalibles del derrotero cierto.

No quiere decir que la moda no sea legtima en arte y que no tenga sus
encantos. La moda es siempre expresin de una modalidad espiritual en
el tiempo, y por ser documento interesante en la Historia del Espritu
Humano, tambin puede serlo en la Filosofa del Arte.

Mas si nada pierde una mujer hermosa con ir vestida y adornada al gusto
del da, y aun lo gracioso del atavo es picante realce de la hermosura
 los ojos vulgares, solicitados por lo llamativo del adorno antes que
por la verdad de la hermosura, no es menos cierto que, si el adorno es
gracia, slo la desnudez es verdad.

Un figurn es muy poco; una hermosa mujer, bien vestida, es algo; una
mujer desnuda y muy hermosa, es hermosa de veras.

Pues de esta slida hermosura es la obra de Pinazo. Por las obras
de otros pintores han dejado figurines y modas sus gracias y sus
artificios; en unas, eso fu toda su razn de ser; de otras, quizs por
haber atendido demasiado  lo pasajero no qued todo lo que debiera
haber quedado. En Arte slo sobrevive lo que es vida, lo que es
Espritu.

La obra de Pinazo es algo ms que un figurn, y la exposicin de sus
obras puede ser saludable enseanza para tantos jvenes artistas en
camino de perderse desorientados; unos, por andar  la ltima moda;
otros, por sacar moda nueva, como no se haya visto, si es posible.

Hay obras de arte de contemplacin recomendable contra neurastenias
artsticas, como el campo y el mar y sus aires puros contra la
neurastenia fsica.

Las obras de Pinazo son de estas obras privilegiadas; obras de salud,
de fuerza, de verdad, como las de Velzquez, sus hermanas mayores.

       *       *       *       *       *

En Pars han andado  cachetes un autor y un crtico por un qutame
all esa obra. El autor es M. Caillavet, fecundo colaborador de M.
Flers, con algunas infidelidades, como es natural en toda colaboracin,
ya sea matrimonial, ya literaria; el crtico es M. Mas, del peridico
_Comedia_; y la obra en cuestin es _Primerose_, representada en la
Comedia Francesa.

En los Crculos teatrales de Pars ha sido sabrosa comidilla el
incidente. Unos ponen por Tenorio y otros por Meja. No estoy seguro,
pero me atrevera  jurar, supuesto el compaerismo entre gente de
letras, que los autores estarn  favor del crtico y los crticos 
favor del autor. Los actores, naturalmente,  favor del autor y del
crtico, en presencia de cada uno de ellos, y en ausencia... deseando
que no hubieran quedado ni las plumas del uno y del otro.

En Pars, como en todas partes, la crtica teatral peca de benvola.
Su mayor injusticia consiste, quizs, en tratar con igual benevolencia
 todo el mundo. En este caso particular M. Caillavet no ha tenido
razn para incomodarse. M. Mas es un fantico admirador de la Comedia
Francesa. Considera dicho teatro como una preciosa institucin nacional
y vela celoso por sus prestigios y por sus excelencias. M. Mas cree
que el teatro Francs no puede ser como otro teatro cualquiera, atento
slo  lo productivo del negocio; cree que son ms elevados sus deberes
y sus atenciones. Se lamenta de continuo porque los actores de la
Comedia andan desperdigados por esos mundos y dificultan con sus
continuas ausencias la esmerada interpretacin de las obras. Deplora
que las actrices del severo teatro conviertan la clsica escena en
escaparate exhibitorio de atrevidas creaciones modistiles, y truena
contra el predominio de las obras modernas sobre el repertorio clsico
de Corneille, Racine y Molire.

Lo mismo que ahora contra _Primerose_, la obra de Flers y Caillavet,
ha protestado contra otras muchas obras de Lavedan, de Donnay, de
Bataille, de Hervieu.

Era un sistema, y ya se sabe que contra un sistema slo es posible
otro sistema. Como las bofetadas no pueden ser un sistema, el mejor de
todos era el seguido por los dems autores y por el administrador de la
Comedia Francesa, M. Claretie, hombre de mundo y de teatro: Dejar decir
y... que critiquen!, como deca Pina Domnguez al cerrar con mpetu la
portezuela de su elegante berlina.

Monsieur Mas sostiene, con razn, que slo por tratarse de un teatro
subvencionado se permita protestar contra el excesivo nmero de
representaciones de _Primerose_.

Monsieur Claretie opina que, no slo de la subvencin oficial vive
su teatro, y con nmeros, vencedores siempre de las letras, puede
demostrar que el pblico prefiere las obras modernas  las de
Corneille, Racine y Molire.

En un pas republicano y democrtico el sufragio universal es la razn
suprema.

Y en cuestiones de Arte es en lo nico que estar de acuerdo la
aristocracia con la democracia. Votarn siempre por la vulgaridad y por
la tontera.

En un saln se notara gran diferencia entre una duquesa y una
cocinera. En el teatro, si hay alguna, es en ventaja de la cocinera.




III


Un curioso impertinente ha descubierto y publicado la verdadera fecha
del natalicio de algunas celebridades.

La gente goza mucho con estas indiscreciones.

Nuestra admiracin se trocara en odio si no considersemos  los seres
superiores sujetos  estas miserias, patrimonio de la humanidad.

Necesitamos saber que en algo son nuestros iguales, y en algo, tal vez,
inferiores.

La tristeza de admirar slo est comparada por la alegra de compadecer.

Pobre del grande hombre de quien no se haya dicho alguna vez Pobre
hombre!

Por eso la admiracin  los grandes hombres es ms espontnea cuando
son ms viejos. No se les admira por haber sido grandes ms tiempo,
sino porque ya les queda menos tiempo de serlo.

Los setenta aos de la Patti, los sesenta y pico de Sarah,
despertaron generales simpatas y admiracin. Cuando un artista es
tan declaradamente viejo, quisiramos que,  poder ser, no se muriera
nunca. Las gracias seniles hallan tan propicia nuestra admiracin como
las gracias infantiles. Todo lo que sea poder decir: Ha visto usted?
A su edad! Es admirable!

Los perjudicados con estas indiscreciones son los de la edad ingrata:
Caruso y D'Annunzio, con sus cuarenta y tantos aos, y las artistas
cincuentonas. Para estas edades no hay compasin. Son los aos crueles,
sin amor y sin respeto. Aos en que todo es ridculo, en que todo
parece afectado, impropio, equivalentes  las horas de la tarde en
el da, las ms difciles de distraer, las ms difciles en acertar
con el traje adecuado. Cualquiera es elegante por la maana  por la
noche; pero por la tarde! La tarde es la verdadera piedra de toque
de la elegancia; como la tarde de la vida lo es del saber vivir. No
ser ridculo en esa edad ingrata, de los cuarenta  los sesenta!
Insuperable dificultad!

Y si hombres y mujeres se limitaran en esa edad terrible al trato y
sociedad de sus contemporneos! Mas, justamente, en esa edad, como
se teme al espejo, se huye de la confrontacin con los que pueden
servirnos de espejo.

Las seoras y los seores maduros se rodean de jovencitos. Es la edad
de los amores desproporcionados, trgicos. La edad en que  nuestro
llanto responden las risas;  nuestra fidelidad el engao; en que
decimos: T, y nos dicen: Usted. Besamos en la boca y nos besan en la
frente.

       *       *       *       *       *

Tambin ha sido sabrosa indiscrecin la de haber enterado al pblico de
lo que cobran anualmente los ms aplaudidos autores y compositores.

A estas horas habr quien crea que no hay profesin en Espaa como la
de compositor  autor dramtico.

Yo me permito advertir  los deslumbrados por esas cifras, ms
verdaderas que elocuentes en esta ocasin, cmo esas cantidades
apetitosas, cobradas por algunos autores durante algunos aos de su
vida teatral, son, en parte, los atrasos de muchos aos de penuria y
de lucha, y en parte anticipo de otros que llegarn, de agotamiento y
decadencia.

Si el pblico quiere saber la verdad que se esconde detrs de esas
cifras, no mire lo que cobran los autores; mire cmo viven muchos de
ellos, y sabr mejor  qu atenerse.

Y no es que pequen de ahorradores ni de avarientos. Si el pblico
supiera los apuros que pasan  veces, por muy poco dinero, muchos de
esos que cobran tanto!

No hay duda que sobre el dinero del teatro pesa alguna maldicin, sin
duda por ser el teatro cosa diablica. Lo cierto es que no hay dinero
que menos luzca. Ni renta que en menos tiempo consuma el capital.

Todo autor pudiera decir, como la actriz francesa Mme. Dorval, ante los
aplausos del pblico: Bien pueden aplaudirme; les doy mi vida.

En fin, si ser teatral el dinero del teatro, que estoy seguro de que,
al leer las cantidades cobradas, los primeros sorprendidos habrn
sido los mismos autores. Pero es posible que yo haya cobrado todo ese
dinero?--pensarn algunos.

Y no hay duda; las cifras no mienten, todo eso es verdad. La de autor
dramtico debe ser profesin envidiable. Ojal pudiera cederse 
traspasarse como un comercio  establecimiento cualquiera con todos sus
enseres! Y ojal pudiera anunciarse la cesin  el traspaso como en
Francia: _Aprs fortune faite!_

       *       *       *       *       *

Entre dos amigos:

--Pero chico! Ests comprando ostras? Quieres suicidarte?

--No. Yo no soy aprensivo. Adems, tengo convidada  la familia de mi
mujer.




IV


Como anticipo al centenario de Shakespeare, y ya nos contentaramos
para suma total con un anticipo como ese en nuestro centenario de
Cervantes, durante el prximo Mayo ha de inaugurarse en Londres una
curiosa reconstitucin de dicha capital en tiempos de Shakespeare, con
sus tortuosas callejas, sus casas de madera. Habr suntuosas fiestas,
en que tomarn parte ms de tres mil personas de la mejor sociedad,
vestidas  usanza de la poca en la severa pero fastuosa corte de la
reina Isabel, la vestal de Occidente. Habr torneos y pasos de armas,
con histricas armaduras en caballeros y palafrenes.

En el teatro del Globo, copia exacta del que fu dirigido por
Shakespeare en unin de Burlage, sern representadas obras de
Shakespeare, de Marlowe, de Ben-Johnson, de Beaumont y Fletcher y de
otros gloriosos autores contemporneos del que logr oscurecer la
gloria de todos.

Una _kermesse_ revivir costumbres populares, las canciones y danzas de
la poca, pavanas y gallardas.

En la sala de los festines podr asistirse  una comida de ceremonia de
la reina Isabel, rodeada de sus adoradores y de sus cortesanos.

Habr conciertos de msica del siglo XVI y mascaradas  la italiana,
tan del gusto de aquella corte, rara mezcla de rudeza y refinamiento,
de energa y de corrupcin.

No faltar el recuerdo triste para nosotros; la reproduccin del
_Revenge_, el barco que mandaba lord Ricardo Granville en el combate
contra nuestra Armada Invencible; el mismo, tambin, en que nuestro
mortal enemigo el Drake di por primera vez la vuelta al mundo.

Tan magnfico espectculo ha sido organizado por una empresa particular
y ser  modo de heraldo anunciador de las grandiosas fiestas que
dispone Inglaterra para el ao diez y seis.

Lo mismito que aqu, no es verdad, amigo Cvia? Aqu ya hemos
convertido la conmemoracin de Cervantes en algo religioso, en declarar
dogma catlico y conservador la Invencin del escondido retrato;
Invencin no menos gloriosa que la de la Santa Cruz por Santa Elena.

Ahora van  enviarse fotografas y foto-grabados del retrato por esos
mundos. Quiera Dios que no vuelva maltrecho y vapuleado, como Don
Quijote de sus aventuras y andanzas!

       *       *       *       *       *

En nuestro espritu nada se pierde ni se destruye, aunque mucho se
oculte. De continuo allegamos experiencia y conocimiento, y por
una serie de superposiciones, juzgamos tal vez terreno de solidez
fundamental lo que slo es arena de aluvin movediza. Cuando creemos
ms perdida alguna primera cualidad de nuestro espritu, una emocin,
un recuerdo, una sacudida cualquiera, arrastra todo lo superpuesto y
reaparece en nosotros lo que ms enterrado pareca.

Slo as se comprende cmo sobre una balumba de ciencias filosficas y
naturales surje y se alza de pronto un libro diminuto: el Catecismo.

Slo as se explica cmo despus de haber ledo  Mterlink y  Ibsen,
nos interesamos en el teatro con pueril inters, con emocin plebeya,
por el melodrama de burdas complicaciones. Cmo, despus de haber ledo
 Flaubert y  D'Annunzio, nos divierte el folletn policaco  el
cuento de nios.

Por eso hay espectculos y libros y cuentos que durarn cuanto dure la
Humanidad. Y no porque al renovarse las generaciones cada generacin
celebre las novedades, sino porque, como en la Humanidad, con ser
tan vieja, siempre habr nios y juventud, en el hombre, por muchos
aos y mucha experiencia y muchos desengaos que pesen sobre su vida,
siempre existirn el joven y el nio, prontos  mostrarse apenas una
emocin de su mocedad  de su infancia los solicite. Como la tierra
madre, el corazn del hombre se abre en grietas, simas, para decirnos,
una, la historia, de sus edades geolgicas; el otro, la de sus edades
espirituales.

He aqu por qu unos cuantos hombres maduros y muchos viejos estbamos
encantados una de estas noches con los juegos de prestidigitacin y de
ilusionismo del caballero Watry.

Este es un espectculo en que se ha progresado muy poco. Quiz en eso
est su mayor encanto. Las innovaciones le perjudican. Preferimos  los
modernos aparatos de electricidad, combinaciones de espejos y cmaras
oscuras, las antiguas suertes de baraja y de escamoteos; las que dieron
inmortal prestigio  Roberto Houdin,  Benita Anguinet,  Herman, al
conde Patricio y dems clebres figuras de un arte siempre antiguo
y siempre nuevo, como todo lo que tiene races profundas en lo ms
profundo de la Humanidad.

No es este todo el secreto del Arte? Hay novedad que valga tanto como
acertar con una de vejeces que nunca envejecen; el cuento de ilusin
que al nio maravilla por ser nio y al hombre le ilusiona porque se
cree nio al recordarlo?




V


Bien dice el refrn: No hay peor cua que la de la misma madera.
Cuando entre los pintores hay ms literatos, deciden los pintores
recusar el juicio de los literatos.

Para la prxima Exposicin de Bellas Artes desean los pintores que
nadie, ajeno  la pintura, intervenga en la admisin de cuadros. Grave
pecado de ingratitud me parece. Qu sera de la mayor parte de los
pintores modernos si los literatos no se encargaran de comentar y de
explicar sus cuadros al pblico?

Sin los literatos, hubiera logrado imponerse el impresionismo francs?
Qu hubiera sido sin Ruskin de los hermanos prerrafaelistas de
Inglaterra? Y de cuntos pintores modernos no puede decirse lo que el
conde Tolstoi deca de Ibsen: Ibsen es feliz; l escribe lo que le
parece, sin saber lo que escribe, y despus los crticos se encargan
de explicrselo. Ah! Si algunos de nuestros pintores modernos
tuvieran que entendrselas directamente y cara  cara con el pblico! Y
tambin muchos de los antiguos.

Uno de los experimentos ms interesantes es el de acompaar en su
visita al Museo  una persona que no est tocada de literatura,
 un espritu virgen y sincero. Yo les aseguro  ustedes que las
convicciones ms firmes se tambalean. Ven tan claro y tan limpio estos
ojos vulgares! No veramos nosotros como ellos, si slo percibiramos
la objetividad de la belleza en los cuadros, en vez de ir saturados
de subjetivismos de escritores y crticos? Cuntas obras de arte no
deben su gloria  su propia hermosura, sino  la hermosa pgina que
inspiraron! Cuando contemplamos la Venus de Milo, es la Venus de Milo
la que nos admira,  tantas famosas pginas literarias escritas en su
honor?

La cultura es la buena educacin del entendimiento, mas por lo mismo
que es buena educacin, no puede ser siempre sinceridad.

Hay buenas formas, indispensables para frecuentar el mundo artstico,
como para andar en sociedad. Si dijramos siempre lo que pensamos y lo
que sentimos!

Pero, como dice en la comedia de Pailleron _Le monde o l'on s'ennuie_,
en castellano, _Las tres jaquecas_, el subprefecto republicano  la
duquesa monrquica, que le propone hablar mal del Gobierno: Ah,
duquesa, yo no puedo hablar mal, soy empleado; pero la oir  usted con
mucho gusto. Cuando no nos atrevemos  ser sinceros ni con nosotros
mismos, cmo agradecemos y cunto celebramos que alguien se atreva 
serlo!

Por esto, los reyes y los grandes seores, obligados  fingimientos de
cortesa, gustaban de traer  su lado bufones y chocarreros, que, con
achaque de burlas, dijeran las verdades. Por esta misma razn, todava,
en muchas casas aristocrticas gustan de convidar  unas cuantas
personas mal educadas, que puedan, de cuando en cuando, soltar cuatro
frescas  los dems invitados, con gran susto, aparente, de los seores
de la casa; en realidad, con gran regocijo, porque son las cuatro
frescas que ellos soltaran con mucho gusto, si la buena educacin no
se lo estorbara.

Y hay que convenir en que si la sinceridad y la mala educacin  todas
horas seran intolerables, son muy convenientes alguna vez, como
ventiladores. Sin ellos no se podra respirar en algunos momentos. Tan
cargada de mentiras y de convencionalismos est la atmsfera social!

Hay salidas de tono,  dgase coces, inapreciables para determinar una
corriente de aire puro.

Ahora, que  las personas de buen talante ni les gusta acocear ni
ser acoceadas. Por eso suelen acompaarse de quien sepa hacerlo con
oportunidad.

Un empresario de mucho entendimiento deca que todo empresario
necesitaba tener dos representantes: uno, honrado, para entenderse con
l, y otro, pillo, para entenderse con el pblico. Del mismo modo,
es muy conveniente en la vida tener dos amigos de confianza: uno,
bien educado, para tratar con l; otro, mal educado, para que trate
 los dems amigos. Y si fuera posible reunir en uno solo al que
supiera decirnos las mentiras agradables  nosotros y las verdades
desagradables  los dems!

Pero esta suerte es patrimonio de los grandes personajes polticos. Por
lo regular, cuando se tiene un amigo mal educado, somos sus primeras
vctimas. Pero, en fin, en gracia de que puede molestar  todo el
mundo, le perdonamos gustosos que nos moleste.

       *       *       *       *       *

La huelga carbonera de Inglaterra, de inters mundial, como ahora se
dice, nos preocupa muy poco. La actitud de Francia en la cuestin de
Marruecos, de inters tan nacional, nos preocupa lo mismo; menos, es
imposible.

Los temas de conversacin preferentes son: la crisis probable, el
nuevo arrendamiento de la Plaza de Toros, la opereta vienesa, las tres
peticiones en la Iglesia de Jess, la chismografa de sociedad y de
bastidores... Amenidades todo: como en los pueblos felices y en las
casas en donde hay que comer.

Y bien mirado, no es admirable esta despreocupacin nuestra? Los
destinos futuros de la Humanidad son tan inciertos! Todo el podero,
toda la riqueza del Imperio britnico  merced de una huelga proletaria!

Oh! El brazo de reyes, emperadores, hombres de guerra y hombres de
Estado, ese brazo extendido, que parece en nuestras estatuas imperioso,
dominador!

Ya son los brazos cruzados del obrero, del trabajador, del miserable,
los que rigen, gobiernan y mandan en el mundo.

Ante esta pasiva accin, qu puede otra accin? Qu puede el
pensamiento? Los brbaros no necesitan esta vez ni avanzar sobre el
Imperio; les basta con cruzarse de brazos, y el Imperio caer por s
solo.

Mientras el mundo viva preocupado por esta amenaza, y hasta realizarse,
nosotros, que ni aun entonces nos preocuparemos gran cosa, podemos
ser el rincn apetecible del mundo, que sirva como de Sanatorio  los
pensadores europeos que se hayan vuelto locos de tanto preocuparse por
lo que nosotros nos tendr sin cuidado.




VI


No hay que echar  mala parte nuestra ingratitud con los grandes
hombres. Se ha dicho que la ingratitud es la independencia del corazn.
Entre nosotros no es sino la independencia del cerebro. Nuestra
ingratitud slo es olvido, y somos olvidadizos por pereza.

Como la soberana nacional en unos cuantos polticos de profesin,
delegamos gustosos la facultad de discurrir, con tal de molestarnos lo
menos posible.

Cuando admiramos  cuando dejamos de admirar, no hay que tomar en
serio nuestro entusiasmo  nuestro desvo. Nada es conviccin, todo es
comodidad.

As, no hay gloria duradera entre nosotros. Y no por combatida, por
ignorada. La crtica, aunque fuera para negar, ya sera conocimiento,
pero ya sera molestia. Es mejor suprimir.

La fama de todo gran escritor, por glorioso que sea, padece un
eclipse peligroso: cuando extirpada la generacin de sus admiradores
contemporneos, se suceden otras nuevas generaciones, solicitadas por
nuevos nombres y nuevas glorias; cuando la obra es vieja y an no es
antigua; cuando ya no es actualidad y an no es historia; cuando ya no
creemos en el Revilla que la celebr en su tiempo y an no lleg para
ella el Menndez y Pelayo que haya de consagrarla  nuestra admiracin
definitiva.

La gloria de Campoamor ha podido tener este eclipse. Los jvenes
dejaron de admirarle porque era el mejor pretexto para no leerle. Lo
mismo ha sido con Vctor Hugo, con Lamartine, con otros muchos.

Apenaba la escasez de estudios biogrficos y crticos de Campoamor
y de sus obras. Entristece que el poeta de las mujeres no tenga una
edicin de sus obras, elegante, artstica, digna de ser ofrecida  una
mujer como regalo. Las mujeres ingratas! dejaron morir al poeta sin
ofrecerle el homenaje de su admiracin y de su cario.

Ahora, patrocinada por leales amigos, se abre una suscripcin para
erigir un monumento al poeta. Las hijas de aquellas madres que am
tanto, como l deca, se acordarn del poeta? Me besan hoy como se
besa  un santo; exclamaba con ternura de abuelo, en el noble ocaso de
su vida.

Las jvenes de ahora no besan  los poetas ni los tienen por santos,
y  los santos tampoco los besan, se los comen. Como no ande en ello
batuta eclesistica, poco puede esperarse de las damas aristocrticas y
de las jvenes distinguidas.

De este modo, como deca Hamlet, bien puede asegurarse que la memoria
del ms ilustre hombre vivir cuatro das, y eso si fu fundador de
iglesias, que si no, podr decirse como del caballito de palo se canta:

    Ya muri el caballito de palo,
    y ya le olvidaron as que muri!

Sera muy triste que slo contribuyeran los hombres al monumento que ha
de perpetuar las glorias del poeta de las mujeres, del que poetiz el
dolor en femenino con nombre de dolora.

Andrs Gonzlez Blanco ha redimido culpas de la juventud literaria
de nuestros das con un magistral estudio sobre Campoamor; libro de
crtica seria, sin impresionismos, sin nerviosidades; un estudio todo
serenidad, como corresponde  uno de los pocos poetas espaoles del
siglo XIX, que ha de hallar, por lo menos cada veinte aos, un crtico
de entendimiento que lea sus obras y sepa imponerlas  la admiracin de
los que no leen.

En Espaa, este pblico que no lee nunca es el que ms sostiene el
esplendor de las glorias literarias; como la multitud que nunca piensa,
el esplendor de las religiones.

       *       *       *       *       *

Los deportistas de nuestra Sierra del Guadarrama se oponen  la
construccin de un Sanatorio para tuberculosos.

El deportista ha ledo  Nietzche; el deportista no tiene compasin.
Como aquel hombre fro, del que habla Wordsworth en una poesa, capaz
de estudiar botnica sobre la sepultura de su madre, el deportista
considera el mundo como un inmenso campo de recreo. Si su aficin
es el automvil, quisiera que el mundo fuera una inmensa carretera
asfaltada y que hasta los crneos de los transeuntes fueran de asfalto
para deslizarse con suavidad sobre ellos.

Sobre la Sierra han puesto sus grandes patines dominadores. Bien est
que se expongan por gusto  romperse la cabeza en un ejercicio tan
saludable y tan til en Espaa; pero exponerse, por sensibleras
impropias de hombres fuertes,  contagiarse de tuberculosis! Una cosa
es tener valor ante un riesgo seguro, y otra ante un riesgo imaginario.
S sabe uno cmo puede matarse, pero cmo puede morir!

En este caso, los higienistas se ven combatidos con sus propias armas.
Se ha exagerado tanto el peligro de los contagios! Ya es casi herosmo
acercarse  un enfermo.

Lo que debieron considerar esos intratables deportistas opuestos  la
construccin del Sanatorio en el Guadarrama es que, ms vale prevenir
y curar  los tuberculosos en un Sanatorio apropiado, que no vivir de
continuo entre ellos sin medios de evitar el contagio. Es el nombre
lo que asusta? Pues si en el edificio de la Sierra puede escribirse:
Sanatorio, por todo Madrid puede escribirse: Foco. Vase lo que es
preferible y dnde es mayor el peligro.




VII


Es la Academia Espaola institucin tan aristocrtica y conservadora,
que tiene  gala no dejarse guiar en sus acuerdos y en sus
determinaciones por nada que trascienda  dictado de la opinin pblica
y democrtica. Por esto, tal vez sea contraproducente el movimiento
general de la opinin  favor de la candidatura de la condesa de Pardo
Bazn para ocupar uno de los sillones acadmicos vacantes.

Aunque tanto blasonan de su mayora, cuando les conviene, es axioma
de nuestras clases conservadoras que la mayora no tiene razn nunca.
Pero es, claro est, cuando se trata de la otra mayora. En Espaa,
tratndose de literatura, la mayora, por desgracia, es una mayora
relativa, que solo puede considerarse mayora como D. Hermgenes
consideraba numerosos los tres ejemplares vendidos de _El cerco de
Viena_, con relacin  uno. La opinin general se interesa tan poco
por estos asuntos! Tener cinco mil lectores en Espaa, ya es ser un
escritor popular. Como nuestro poeta ms popular hemos celebrado
siempre  Zorrilla, y, aparte _Don Juan Tenorio_, cuntos de los que
conocen la obra ignoran el nombre de su autor! De sus restantes obras,
qu razn puede dar el pueblo, lo que se llama el pueblo?

La Academia Espaola debiera, pues, atender de vez en cuando
indicaciones de la opinin, sin temor  verse atropellada por el vulgo
y mucho menos por el populacho. Los que se preocupan en Espaa por la
literatura, aun los ms vulgares, ya constituyen una aristocracia.

En el caso de la condesa de Pardo Bazn no podr atribuirse la demanda
 espritu sectario de ninguna clase. La condesa de Pardo Bazn ha
sido siempre una gran seora de las Letras, y ya que tan mal parece 
nuestras clases conservadoras el escritor metido en poltica--cuando
esta poltica no es la suya, por supuesto, pues  los suyos bien les
celebran el civismo y la literatura,--no se dir en esta ocasin que
la poltica y el sectarismo y las pcaras ideas desnaturalizan el puro
desinters artstico de lo solicitado.

Qu puede oponerse  la concesin? Fundar la negativa en el sexo de
la ilustre escritora sera notoria injusticia, y ni siquiera puede
alegarse como tradicin. Justamente las primeras Academias de Espaa,
aquellas Academias de poesa, famosas en lo antiguo, eran presididas y
congregadas por mujeres y las ms nobles y discretas damas concurran 
ellas. Los Juegos Florales, las Cortes de Amor, origen de las modernas
Academias, por la mujer tuvieron vida y espritu.

Por lo mismo que las Academias son instituciones aristocrticas,
conservadoras, y est bien que as sea y esa es toda su razn de ser,
yo creo que nada puede aristocratizarlas tanto como el ingreso de las
mujeres distinguidas.

Sin negar ni desconocer el mrito de algunos escritores, indicados 
cada vacante por la opinin pblica, no dejo de conocer que su sitio
no est en la Academia; desentonan. La Academia no debe atender slo
al mrito literario. No es en crculo tan selecto como una Academia,
es en cualquier reunin de caf, y hay escritores de gran talento
y de grandes merecimientos  quienes no se les puede tolerar de
contertulios...

Por eso est muy justificada la resistencia de la Academia Espaola 
ciertos nombramientos.

Ahora, tratndose de la condesa de Pardo Bazn, ninguna oposicin lo
estara.

Se teme que, una vez abierta la puerta  las mujeres, no habra
marisabidilla ni literata de las perniciosas que no se creyera con el
mismo derecho  ser acadmica? Esta objecin lo mismo reza con los
hombres. Pues s que hay entre los escritores varones alguno que no se
crea academizable!

Nos quejamos  todas horas de la inferior cultura y capacidad de la
mujer, y cuando alguna mujer sobresale entre todas, la negamos el
debido premio  sus merecimientos  pretexto de que es mujer.

Hay, adems, una razn patritica para que la condesa de Pardo Bazn
sea nombrada acadmica. Muy pronto ha de ir  la Repblica Argentina,
quizs  otras Repblicas americanas. Son pueblos progresivos, donde
la mujer es el alma de la cultura, donde se tiene muy triste idea de
nuestro atraso y de nuestro espritu tradicionalista. Conviene, ya
que una infanta de Espaa fu nuestra embajadora poltica con todos
los honores, que nuestra embajadora literaria vaya rodeada de todos
los prestigios y pueda dar testimonio, no slo de lo que puedan valer
las mujeres entre nosotros, de esto se basta la ilustre escritora
para responder, sino de algo que significa ms para nosotros: de cmo
sabemos honrarlas y enaltecerlas. Cuando al saber y al talento se le
regatean satisfacciones en su patria, por donde va, ms que grandezas,
va atestiguando mezquindades.

       *       *       *       *       *

Se anuncia el estreno de una refundicin, reduccin, adaptacin,  como
quiera llamarse, de _El barbero de Sevilla_, de Rossini, con destino 
los teatros de zarzuela espaola y de gnero chico.

Hay quien clama contra esto, que le parece atentado y profanacin
contra la pera de Rossini.

No lo creo as. Si las obras musicales fueran profanadas en cuanto no
se presentan en toda su integridad y en su marco adecuado, profanadas
estn todos los das en interpretaciones detestables, en ejecuciones
parciales, en sextetos, pianos, discos fonogrficos, etc.

Popularizar y vulgarizar estas obras en condiciones decorosas me parece
obra muy laudable. Sobre que el inters del refundidor y el de los
artistas que han de interpretar estas refundiciones, han de tener en
cuenta con quin y hasta dnde pueden atreverse. Seguramente,  nadie
se le ocurrir reducir _El ocaso de los dioses ni La Walkiria_.

Pero la msica ligera y alegre de _El barbero_, por qu no ha de oirse
en nuestros teatros de zarzuela? En Romea omos la Quinta sinfona,
de Beethoven, entre las danzas de la Trtola de Valencia.

El teatro Real es teatro caro. Hay muchos que no pueden ir  la
montaa; hay que llevarlos  la montaa--_El barbero_ no son los
Andes--aunque sea en pedacitos.

Cranlo esos crticos celosos del respeto debido  una obra. No es tan
grave falta descender una pera al gnero chico como elevar el gnero
chico  categora de pera.




VIII


La obra literaria, el Arte moderno en general, aun en lo ms serio y
meditado, adolecen de inconsistencia, con aire de improvisacin, de
algo ligero y provisional.

En cada poca hay un gnero literario dominante que, por decirlo as,
da el tono  toda la literatura de una poca. Hay un perodo literario
pico, hay otro dramtico, los hay lricos y los hay novelescos.

En la poca actual el gnero dominante, el que da el tono  toda
la produccin artstica, es el gnero periodstico. La literatura
periodstica domina sobre todo el Arte moderno.

El poeta lrico, el autor dramtico, el novelista, el orador sagrado,
el historiador, pintores y escultores; todos ellos son periodistas
en sus poesas, en sus dramas y comedias, en sus novelas, en sus
sermones, en sus historias, en sus cuadros y en sus estatuas.

La actualidad periodstica con alas de mariposa; polvillo de sus alas,
tinta fresca y pegajosa de imprenta, es la musa del Arte moderno.

Por eso cuando los mismos edificios, slidas obras de arquitectura,
los monumentos escultricos de mrmol  de bronce nos parecen hojas de
volandera actualidad, ms nos sorprende hallar la obra de serenidad y
de reposo en la obra periodstica juntamente.

Tal es el libro de _Azorn_ Lecturas de Espaa, formado con artculos
de peridico que tuvieron su da de actualidad y entran ahora, por
derecho propio, en la eterna actualidad de las obras maestras.

Cuando tantos libros grandes ofrecidos  la inmortalidad por sus
autores, desdeosos del juicio y del aplauso de sus contemporneos,
pasaron como pasa el artculo de peridico, este libro de artculos
de peridico slo ahora parece en su verdadera forma, con su prosa
robusta, sano equilibrio de msculos y nervios, sus juicios certeros,
su noble continente de hidalgo castellano.

Para m, tan propenso  nerviosismos y destemplanzas, nada tan
admirable como esta prosa de _Azorn_, tan distinta de casi toda
nuestra moderna prosa. Entre tanto asomo de chillones colorines, es la
prosa de _Azorn_ como un buen grabado en acero, como un aguafuerte,
donde claros y obscuros dan la exacta equivalencia de todos los colores
y de todos los tonos.

Tiene este libro, adems, para los que siempre hemos admirado 
_Azorn_, aunque alguna vez haya irritado nuestra sensibilidad, la
ventaja, sobre otros libros suyos, de que nada, al leerle, en nuestro
sentimiento protesta contra nuestra admiracin.

_Azorn_, como no poda ser menos, parece curado de su maurismo
agudo. Ya no cree, como creen los conservadores, que el mundo es slo
un medio para que don Antonio Maura y don Juan de la Cierva gobiernen
en Espaa.

_Azorn_ es demasiado inteligente, demasiado artista para limitar su
ideal  los ideales de ninguno de nuestros partidos polticos. Su
apasionada ceguedad conservadora fu... natural reaccin de protesta
contra los liberales.

Nuestros partidos liberales se dan tal arte que, en Espaa, parece
incompatible el ser liberal y el ser inteligente. Los conservadores
tienen de bueno el no ser liberales; pero el no ser algo es ser muy
poca cosa. Como la nica ventaja que tiene un partido espaol sobre
otro es no ser el otro, lo mejor es echar por la calle de en medio,
aunque se exponga uno  que le miren de mala manera los de una acera
y los de la otra, y ms si ven que uno va por su camino sin hacerles
maldito el caso.

Se quejan los polticos del desvo de los escritores, de los artistas.
Pero estiman en algo los polticos  los escritores,  los artistas?
Lo que ellos estiman en el escritor no es la inteligencia, es la
sumisin de la inteligencia.

Los polticos, como las mujeres, no se contentan con dominar en el
corazn si no dominan en la cabeza. No se contentan con que los
perdonemos sus faltas por cario, quieren que no las conozcamos por
ignorancia. Los polticos y las mujeres perciben claramente, aunque la
envolvamos en palabras de afecto, la mirada de inteligencia que parece
decirles: Aunque te quiero... te conozco;  m no me engaas.

Las mujeres y los polticos odian  todo el que no pueden engaar.

Por eso los hombres inteligentes no son nunca afortunados en amor ni en
poltica.




IX


En la historia del teatro espaol, durante la segunda mitad del siglo
XIX, es de gran importancia el estudio de los actores italianos que han
pasado por nuestros escenarios y de su influencia sobre nuestro arte
dramtico y nuestro arte escnico.

Los actores italianos han sido siempre los que mejor han realizado el
ideal de la representacin escnica: verdad en la poesa y poesa en la
verdad.

Este era el arte de sus grandes trgicos: la Ristori, Salvini, Rossi.
Este es el arte de sus modernos comediantes.

Lo extrao es que, tierra de admirables actores, no lo haya sido de
grandes autores. Italia no ha tenido un Shakespeare, un Caldern, ni
siquiera un Molire. Sus actores, ms que del teatro patrio, han sido
por todo el mundo mensajeros y vulgarizadores del teatro de Shakespeare
y del teatro francs.

La Ristori apenas representaba obras italianas: _Medea_, _Fedra_,
_Mara Estuardo_, _Macbeth_ eran las obras de su repertorio. Alguna
tragedia de Alfieri, como _Mirra_, y la _Francesca de Rimini_, de
Silvio Pellico, eran las nicas obras italianas de su repertorio.

Salvini y Rossi eran los intrpretes de Shakespeare.

Virginia Marini, con su excelente compaa, la mejor compaa italiana
que hemos visto en Madrid, en la que figuraban segundas actrices que
luego fueron eminentes y primersimas, como la Vitaliani, la Reiter y
la Belli-Blanes, y actores como Ceresa, Cola, Vitaliani y Zoppetti,
nos di  conocer el repertorio, antes modernsimo, de Sardou y Dumas,
hijo: _Dora_, _Fernanda_, _Rabags_, _Demi-monde_, _Monsieur Alphonse_,
_La princesa Jorge_, etc.

Estas obras parecan la ltima palabra del realismo en el teatro. La
falsedad esencial se ocultaba bajo la minuciosidad de los detalles y
el verismo de la presentacin escnica. Los rboles no dejaban ver el
bosque.

Despus de Virginia Marini fueron la Pa Marchi, Novelli; despus la
Mariani, Zacconi, la Vitaliani, Tina di Lorenzo, y entre ellos Emmanuel
con la Glech, primero, despus con la Reiter, y, sobre todos, la Duse
incomparable: la divina y la humana, dolorosa del Arte, cuerpo de nube
fulgurada por intensa luz espiritual, resplandeciente en relmpagos de
pasin  ensombrecida de tristezas profundas como la noche sobre el mar.

Todos estos actores han infludo con su arte sobre nuestros actores,
sobre nuestros autores y sobre nuestro pblico. Han sido educadores
de nuestro gusto y vulgarizadores del teatro extranjero. Gracias 
ellos, nuestro pblico sabe que hay algo mejor, algo lo mismo, y mucho,
tambin, peor que lo nuestro.

Hoy su influencia no es tan notoria, las novedades teatrales que pueden
ofrecernos son pocas, y el inters por asistir  sus representaciones
se limita al aprecio del mrito personal de los actores.

Lyda Borelli es la actriz italiana de este ao. Llega la ltima, sin
novedades llamativas en su repertorio, y lucha con desventaja en el
terreno ocasionado de las comparaciones. Pero su figura, su arte, son
tan personales, es tan _ella_, que la comparacin ms inevitable se
desvirta. Lyda Borelli es la ltima... como el ltimo amor, que nos
parece el primero.

En esa melo-comedia de _Zaz_, que es  _La dama de las camelias_ lo
que la Repblica francesa es al Imperio, en lo social y poltico, y lo
que Zola es  Vctor Hugo, en imperios y repblicas literarias, Lyda
Borelli consigue, con ser obra de tantos recuerdos, que no recordemos 
ninguna otra actriz; y esto, sin preocuparse de no recordar  ninguna,
sin rebuscar nuevos efectos ni caer en extravagantes originalidades. La
mayor originalidad de Lyda Borelli es sa: que no pretende ser original.

Y, por eso mismo, lo es, del nico modo que se puede ser original en
Arte: por sentimiento propio, ntimo.

Lyda Borelli, sobre todas las excelencias de su arte, posee la
_gracia_; la gracia, en el sentido artstico de la palabra, ms cerca
del teolgico que del vulgar significado. Es la gracia, ese don de
esclarecerlo todo, de ver alegra hasta en la tristeza; en una armona
de la inteligencia y del sentimiento, que siempre es claridad.

Esa gracia que es todo el arte griego y pone la divina alegra de
comprender sobre el humano dolor de sentir; como la serenidad del
mrmol, en la escultura, ennoblece el dolor inquietante de la carne.

El arte de Lyda Borelli culmina en _Salom_, de Oscar Wilde.

Ella consigue lo que no pudo conseguir el desdichado poeta ingls en su
obra ni en su vida: con nervios modernos, actitudes esculturales.




X


La Exposicin Beruete, con fervorosa atencin ordenada por el cario
filial y el noble afecto de un insigne artista, Sorolla, quizs haya
sido una revelacin para lo que hemos convenido en llamar el gran
pblico.

Aqu, donde el Arte slo es cultivado por los pobretes, nadie suele
tomar en serio las aficiones artsticas de un gran seor que para nada
necesita del Arte. El ttulo de buen aficionado es el ms alto  que
puede aspirar.

Que don Aureliano Beruete era un admirable paisajista han de
reconocerlo ahora todos al visitar la Exposicin de sus obras, y esta
hora de justicia quiz sea para muchos de remordimiento.

Con ser un gran lrico del paisaje, como lo es todo gran artista,
era Beruete, como todos los grandes lricos, un espritu abierto y
receptivo que en todo se transformaba, en vez de transformarlo todo 
la propia comodidad de una manera y de una tcnica, como tantos falsos
lricos del Arte. Conviene no confundir el carcter con la tozudez, y,
en el artista, la personalidad con el amaneramiento.

Ha de ser el artista, como la luz del sol, ms admirada en cuanto
alumbra al esparcirse que en el sol mismo. Y el sol es un gran lrico!

Toledo, Guadarrama, Avila, Suiza, nada perdieron de su objetividad, con
ser tan diversa, porque todo fu contemplado sin la preocupacin del
procedimiento. No era el paisaje el que se acomodaba  la tcnica; era
la tcnica la que se acomodaba al paisaje.

No es siempre lo que ms se admira lo que ms enamora. Para mis
simpatas hay, entre todos, un cuadro; una vista de Madrid, castiza
como un sainete de Ricardo de la Vega: entre solares y tapias de
ladrillo rojo, desmontes areniscos, unas pobres casuchas bajas, y,
sobre ellas, una de esas casas madrileas, tejado color de puchero,
balcones de colorines, la fachada con sucio revoque amarillento, y el
sol de Madrid alegrndolo todo; el sol, que rosea y dora los sucios
revoques descoloridos como si fueran mrmoles y jaspes de palacios
seoriales.

Es preciso ser muy madrileo para hallar poesa en estas cosas. Es
preciso ser muy artista para saber decir  los dems: Aqu hay poesa.

       *       *       *       *       *

Los pases meridionales, tan calumniados por las personas serias,
ejercen una gran atraccin sobre los artistas y los escritores del
Norte. Italia, Espaa, su Arte, su Historia, son de continuo estudiados
por ingleses, alemanes, rusos y escandinavos.

Ahora es el dinamarqus Joerguensen, enamorado de San Francisco de
Ass, peregrino fervoroso por los lugares que en su vida recorri aquel
caballero andante de Cristo, vestido el sayal de la fuerte humildad por
toda armadura.

Es el sueco Bratli, estudioso investigador de la vida y la obra de
Felipe II, con imparcialidad desacostumbrada en autores extranjeros,
y aun nacionales, al tratarse de rey tan desgraciado con los
historiadores como con los novelistas y autores dramticos.

De estos ltimos, el que le ha presentado con menos sombros colores ha
sido el ms cercano  sus das, el espaol Enciso, en su comedia _El
prncipe Don Carlos_.

El escritor sueco, en su monografa, pretende, y no en vano, esclarecer
la sombra figura del monarca espaol, tan mal estudiada y comprendida
por sus apologistas como por sus detractores.

Se considere la Historia como Ciencia  como Arte, slo cabe poner en
ella el calor de una pasin, la pasin por la verdad.

La obra de Bratli debe ser agradecida por los espaoles. Nuestra
Historia corre por el mundo en libros extranjeros y en libros casi
siempre inspirados por odios y antipatas. Dirase, al leerlos, que
slo en Espaa hubo Inquisicin; que slo en Espaa hubo persecuciones
religiosas, cuando fu, en realidad, donde hubo menos; que slo Espaa
conquist y coloniz cruelmente, y que slo la Ciencia y las Artes
espaolas padecieron bajo la presin de la Iglesia y del Poder real. Y
no es lo malo que los extranjeros hayan contado as nuestra Historia;
lo peor es que nosotros la hemos aprendido tambin en sus libros, sin
tomarnos el trabajo de aprender las Historias de otras naciones, para
comprender cmo, calumniados y todo, la nuestra no desmerece nada.

Felipe II era el soberano ms noble, ms culto y ms humano de su
tiempo. Su mayor defecto fu el que tan donosamente le seal don Juan
Valera: el de ser un tanto _engorroso_. Y esto fu lo que alabaron en
l de prudencia.

       *       *       *       *       *

El alcalde de Madrid se ha credo en el caso de amonestar al
concesionario del teatro Espaol, el sabio doctor Madrazo, por la
baratura del precio en las localidades.

Yo creo que el Ayuntamiento debiera agradecer el desinters del seor
Madrazo y congratularse de que un teatro municipal sea, por fin, un
teatro popular, por sus precios, al alcance de las clases menos
acomodadas.

No es deber del Ayuntamiento procurar por todos los medios el
abaratamiento de las subsistencias? Quieren que el teatro espaol sea
un teatro aristocrtico? Entonces debieron empezar por no concedrselo
al doctor Madrazo, tan conocido por sus ideas democrticas y
republicanas.

Entonces, si un millonario generoso se ofreciera como empresario del
teatro Espaol para obsequiar al pblico con funciones gratuitas, no
se le concedera el teatro?

Adems, cree el Ayuntamiento que es el precio de las localidades lo
que da  quita al teatro el decoro debido  sus prestigios?

No es al precio, sino  la calidad del espectculo  lo que debiera
atender el Ayuntamiento.

Bien est  peseta el chocolate de  peseta. El Ayuntamiento, en este
caso, al contrario que en el sabido cuento, lo pide ms caro, sabiendo
que peor es imposible.




XI


Dice una antigua cancin inglesa, parafraseada por Dante Gabriel
Rossetti: El mar no tiene ms rey que Dios.

Los archimillonarios, reyes del mundo, pasajeros del _Titanic_,
navegaban sobre el mar con toda confianza, seguros de haberle vencido.
En un palacio, fortaleza flotante, con la garanta de haber pagado
muchos miles de francos por el pasaje. La travesa, alegre: fiestas,
bailes y msicas y amoros viajeros de esos que no comprometen  nada.
Naufragar? Hundirse? Quin pensaba en eso? El barco poderoso, con
toda su fuerza, con todas sus seguridades, era, en medio del mar, como
un smbolo de un Estado social capitalista, defendido por caones y
escuadras pagados  buen precio, como el pasaje en el transatlntico de
lujo.

Algunos de aquellos millonarios, grandes industriales, hombres
de negocios, quizs buscaban en viaje de recreo descanso  sus
preocupaciones, al malestar causado por una huelga obrera en sus
fbricas, en sus industrias. Y las olas del mar les parecan de
mansedumbre; no amenazadoras, como las olas proletarias. Era el mar un
reposo y una caricia. Cmo haban de imaginarse que pudiera ser el
vengador?

Vencieron la huelga de los hambrientos y no contaban con el hambre
vengativa del mar.

Ya no se ofrecen vctimas humanas en sacrificios religiosos. Pero hay
una divinidad justiciera para ordenarlos. Y esta imprevista nivelacin
ante el dolor y la muerte es tal vez el nico destello de justicia que
resplandece sobre la tierra.

Vctimas expiatorias son estos millonarios. Con su muerte ponen
inquietud sobre la soberbia de los poderosos y paz sobre el odio de los
miserables.

Tambin los grandes transatlnticos pueden hundirse en un momento!

Entre ellos y las pobres embarcaciones veleras, donde van  ganarse
la vida pescadores y marineros de ventura, ya puede haber algo de
simpata. El mar no tiene ms rey que Dios! Ms grande y ms fuerte
que la tierra, ni siquiera el dinero.

       *       *       *       *       *

Y el mar no cuenta sus historias con ruinas, epitafios ni monumentos,
como la tierra, vieja comadre, que nos va sealando  cada paso: Aqu
fu Troya, Estas son las ruinas de Nnive, Esta fu la Acrpolis
de Atenas. En la mayor desolacin hay siempre rastros visibles sobre
la tierra, efemrides de su historia. En el mar no hay seales ni
vestigios de ruinas  grandezas. El mar no dice historias, slo nos
dice: Eternidad!

Por eso en l se templan las almas mejor que en la tierra. Unos pobres
msicos, los ltimos tripulantes del barco, sin duda, que tal vez en
el incendio de un teatro, en una catstrofe terrestre, hubieran sido
los primeros en huir y en defender su existencia precaria de msicos
jornaleros, ante el mar se agrandaron como hroes de epopeya y fu su
pobre msica destemplada un himno al espritu: el salmo religioso en
que acepta el Dios de misericordia la msica de valses y rigodones que
anim el danzar frvolo de los millonarios durante la alegre travesa
de recreo.

       *       *       *       *       *

Monsieur Le Bargy, el ex socio de la Comedia Francesa, en reciente
entrevista con el travieso _Duende de la Colegiata_, ha juzgado con
despectiva frase  los actores italianos.

Al decirle el inquieto duende que los actores italianos ensayan las
obras con mayor prontitud que los franceses, el celebrado actor hubo de
replicar: As las hacen!

Cree el aplaudido intrprete de _El marqus de Priola_ que es tanta la
diferencia y siempre en favor de los actores grandes actrices?

Ni por artistas, individualmente considerados, y por compaas, en su
conjunto, mucho menos, creo, y conmigo el pblico madrileo, que la
desventaja est de parte de los actores italianos.

Entre los actores franceses los hay excelentes quin lo duda! Pero,
sea por culpa suya  de los autores que para ellos escriben, lo cierto
es que su trabajo se limita  una especialidad. Ni Sarah, ni la Bartet,
ni la Rjane han interpretado en toda su carrera artstica la variedad
de obras y de personajes distintos que nuestra Mara Guerrero 
cualquiera de nuestras actrices.

Ahora mismo, en el ltimo retrato de Sarah, intrprete de la obra
_Isabel de Inglaterra_, vemos  Sarah, la de siempre, vestida... como
Sarah, no como la reina Isabel; peinada... como Sarah... La misma Sarah
que se present rubia en _Cleopatra_ y ha sido Sarah eternamente; como
Guitry es Guitry siempre y Mounet Sully es Mounet Sully en cuantas
obras interpreta.

Actor por actor, ni Sarah es la Duse, ni ninguno de los actores
franceses que nos han visitado es comparable  Zacconi,  Novelli, 
Emmanuel,  Ceresa,  Flavio And; ni las compaas francesas, la de
Antoine inclusive, han presentado nunca un conjunto como cualquiera de
las compaas italianas.

En arte escnico no hemos podido aprender nada de los franceses; de los
italianos, s.

Los actores franceses van demasiado posedos de su superioridad por
esos mundos. Ya es hora de que se vayan desengaando.

Y conste que soy el primero en admirar  los buenos actores franceses
y, entre ellos,  M. Le Bargy,  quien es lstima que el pblico
madrileo no haya podido admirar como galn joven cuando, al sustituir
 M. Delonnay en la Comedia Francesa, era excelente intrprete de las
comedias de Musset.

Hoy, como primer actor, _grand premier sole_, habra algunos reparos
que ponerle. Pero no es cosa de complicar la cuestin de Marruecos.




XII


El actor M. Le-Bargy me ruega que inserte en esta seccin la siguiente
carta. As lo hago con sumo gusto y fina voluntad.

    Sr. D. Jacinto Benavente.

  Muy seor mo: He tenido ocasin de decir  uno de sus compaeros
  que la improvisacin en cualquier arte no me pareca un buen
  mecanismo de perfeccin en el trabajo y que para la _mise en scene_
  de una obra dramtica prefiero,  los bruscos procedimientos de
  los comediantes italianos, el sistema de los ensayos lentos y
  minuciosos que han adoptado los teatros de Pars. Con tal motivo,
  se ha lanzado usted  la guerra como un conquistador y ha declarado
  que en la interpretacin dramtica, Pars ha sido eclipsado por
  Roma.

  Las opiniones son libres; mas tengo la costumbre, respetndolas
  todas, de no prestar atencin sino  aquellas que se apoyan sobre
  pruebas  sobre la autoridad de un juicio informado, prudente,
  comprensible. Respeto, pues, infinitamente su juicio sobre los
  actores franceses; pero excusndome de no poder detenerme en esto,
  pues se vislumbra en aqul una idea preconcebida de menosprecio, 
  al menos el desconocimiento absoluto del genio de nuestra raza. Si
  yo tomase en consideracin lo que ha dicho usted, en particular,
  de Sarah Bernhardt y de Mounet Sully, hara, al defender  estos
  gloriosos artistas, un esfuerzo ms vano sin duda que el que hizo
  usted al atacarles.

  Antes de despedirme os ruego vengis un da  Pars: tendr el
  honor y el placer de recibirle, ensearle nuestro arte dramtico en
  su propio marco y revelarle esos matices que parecen haber pasado
  desapercibidos  su fino discernimiento.

  Queda su ms atento seguro servidor, q. b. s. m., _Ch. Le-Bargy_.

Conste, en primer trmino, que mis ideas respecto  los actores
franceses podrn ser equivocadas, pero no preconcebidas, como M.
Le-Bargy asegura.

Contra la opinin de la crtica, en general, juzgu en la temporada
anterior al artista italiano Caravaglia como desdichado intrprete de
_Hamlet_. Ya ve M. Le-Bargy cmo no siempre es Roma la capital del
Arte. En Italia, por fortuna, el Arte est descentralizado y no es
Roma, ciertamente, la capital artstica de mayor importancia.

He sido y soy gran admirador de Sarah, sin desconocer que la Duse es
artista de ms sinceridad.

En cuanto  Mounet Sully, cuando tanto di que reir al pblico
madrileo, fu de los pocos defensores que tuvo. No me negar M.
Le-Bargy que el arte de Mounet Sully es un arte _sui gneris_, y en
el mismo Pars no todos son admiradores del fogoso artista. Monsieur
Le-Bargy procede con nobleza al defenderle, ya que todos sabemos que
no ha reinado siempre la mejor armona entre el decano de la Comedia
Francesa y el propio M. Le Bargy.

No recuerda el excelente artista--han pasado algunos aos,--durante
una representacin de _Enrique III y su Corte_, de Dumas, padre, una
desagradable escena, _hors d'oevre_, ocurrida entre M. Le-Bargy y
Mounet Sully? Parece ser que Mounet Sully reprendi en tono algo
destemplado  M. Le-Bargy por haberse permitido una alteracin en
la _mise en scene_ de la obra. Monsieur Le-Bargy replic con la
misma viveza y dijo, refirindose  Mounet Sully: Il se permet bien
d'autres.

Ya ve M. Le-Bargy que conozco las intimidades artsticas de los
teatros de Pars tanto como  sus actores, y que mi juicio podr ser
equivocado, pero no ligero. Es el de todo el pblico madrileo, y M.
Le-Bargy sabe que empieza  ser el del americano.

Los actores franceses carecen de sinceridad; son muy especialistas.
Puede citarse una actriz francesa que haya interpretado la variedad de
personajes que Mara Tubau, Mara Guerrero  Rosario Pino?

Los actores franceses cuentan por docenas lo que ellos llaman sus
creaciones; los actores espaoles y los italianos, por cientos. Esta
intensidad en la variedad es tan estimable, por lo menos, como la
intensidad en la unidad. Y para el pblico, ms interesante.

Si alguna vez vuelvo  Pars, tendr sumo gusto en saludar  M.
Le-Bargy y en atender sus indicaciones; aunque temo no consigan
rectificar mis juicios, ya que, actrices y actores, por dicha suya,
sern los mismos que tuve ocasin de aplaudir, hace treinta aos,
cuando fu  Pars por primera vez, y los mismos que he vuelto 
celebrar cuantas veces he vuelto. Y los actores ay! no son como el
buen vino: con los aos y con los viajes no ganan nada.




XIII


Existen industrias por esos mundos de las que no tenemos aqu la menor
idea. Una de ellas es la cra de mariposas. En Inglaterra, en el
condado de Kent, Mr. Newman ha destinado una granja  esta novsima
produccin, recompensada con no despreciables rendimientos.

En Inglaterra son muchos los coleccionistas de mariposas. Son muchos
tambin los Museos que tienen por proveedor  mster Newman. La moda
tambin ha venido  favorecer su industria. Mesas y veladores se
cubren con una tela de seda y sobre ella mariposas disecadas de varias
especies y mltiples colores. Todo ello se cubre con un cristal y el
efecto es muy vistoso, como de bordado japons  chinesco.

Para obtener alguna nueva especie de mariposas es preciso un
procedimiento llamado azucarar. Para azucarar se emplea una mezcla
de azcar, melaza, ron, cerveza y jugo de pera. Con esta mezcla se
trazan rayas sobre la corteza de los rboles. Las rayas han de ser
verticales,  un metro del suelo, y han de tener 45 centmetros de
largo por dos de ancho. Entrada la noche, las mariposas acuden 
golosear. Las mejores noches de caza son las noches tormentosas. Cuanto
ms cerrada la noche, ms fructuosa recoleccin.

Para la caza hay que proveerse de una cajita, bien mullida de algodn
en rama, y de una linterna: con la linterna se ilumina la raya
azucarada; el cazador acerca la caja, cuya tapa sostiene abierta con
un dedo; el cazador elige su presa, toca ligeramente en la cabeza  la
mariposa, la mariposa cae en la caja, que se cierra de golpe. Desde
all pasa  las jaulas de cultivo, cuando no es condenada  inmediata
muerte.

Mster Newman posee unas cien mil mariposas. Algunas de ellas, como
la llamada Rey de la selva (Purple Emperor), se paga  cinco y seis
francos. Aunque son muchas las prdidas en tan frgil mercanca, las
ganancias compensan lo suficiente.

Y es una industria tan potica! Aqu no se concibe. Y eso que el
procedimiento de azucarar es muy conocido. Es el medio empleado
por los Gobiernos para obtener mayora en todas las votaciones. Los
caramelos repartidos con profusin en el Parlamento vienen  ser el
smbolo tangible y chupable de otras ms apetitosas golosinas. Todo es
azucarar.

Pero quin ha de criar mariposas aqu, donde es preciso proteger  los
pjaros y donde no quedar dentro de poco animalito con alas, pjaro,
mariposa  poeta?

Lo raro es no ver cazuelas de mariposas fritas como de pjaros. Entre
la substancia de una mariposa y la de un pjaro... Comida de ilusin!
Por eso tan espaola, tan madrilea sobre todo. El pjaro frito viene
 ser para los madrileos la gallina que Enrique IV de Francia deseaba
para todo ciudadano francs, como garanta de paz y de ventura en sus
Estados.

En estos de Espaa no pueden pedir los gobernantes ms de lo que
asegura un pjaro frito.

Ahora se trata de proteger  los pjaros con detrimento de la popular
alimentacin.

El pjaro tiene una leyenda sentimental de beneficioso para la
agricultura.

Yo s de quien prohibi que se matara ni se hostigara  un solo pjaro
en sus huertas y tierras de labranza, y vaya si not el beneficio! De
la siembra dieron tan buena cuenta como administrador en absentismo
del amo. Y de la fruta... como si se hubieran propuesto anunciar un
remedio contra la obesidad: la dejaron toda en los huesos.

Por eso digo que lo de beneficiar  la agricultura debe ser leyenda
que han hecho correr los pjaros en combinacin con los naturalistas.
Y es que la mayor parte de los naturalistas estudian  los animales...
disecados. Como al pueblo la mayor parte de los socilogos. As hay
tantas lamentables equivocaciones al legislar.

       *       *       *       *       *

Dentro de pocos das tendremos en el teatro de la Comedia una compaa
italiana con el repertorio del Gran Guignol,  imitacin del tan
celebrado de Pars.

Gnero teatral,  ratos tambin literario, muy  la moderna. Rpido,
cinematogrfico, violento, brutal en ocasiones, se apodera del
espectador por los nervios. La inteligencia y el corazn se defienden
tanto! Los autores dramticos, atentos  la psicologa del pblico,
han comprendido que el espectador moderno es ms atacable por lo
fisiolgico. Se impone un teatro rascanervios. Como nica emocin, el
espanto; como nico razonamiento, la sorpresa; como nico sentimiento,
la curiosidad.

El autor se entra por los nervios del espectador como un loco, como un
criminal, como un violador. Le considera como  una mujer histrica,
se impone  l como hipnotizador, como alienista, como juez de
instruccin. Es un teatro para estudiar  los espectadores. Obtendr un
excelente xito. Sobre todo con las seoras. A las mujeres les gusta
tanto asustarse en pblico!

Despus, y visto el buen xito, padeceremos las imitaciones
consiguientes. Y aqu s que puede decirse como de tantas otras cosas:
Bien vengas, Gran Guignol, si vienes solo!




XIV


Un escritor de alto entendimiento y generoso corazn, el seor Zozaya,
ha supuesto que yo era enemigo de los pjaros. De ningn modo.

Unas cuantas libras de fruta averiada por su glotonera no es
razn para malquistarse con los pjaros. Como unas cuantas pesetas
sableadas por un amigo no es razn para reir con l, si el amigo es
simptico y sablea con gracia; que es el caso de los pjaros al picar
en la fruta.

Nadie como yo les defiende de asechanzas de gentes y de muchachos.
Para sazonarles la acidez de la fruta aado unas migajas de pan  su
merienda.

De no haber sido gato en otra encarnacin--en sta lo soy por gracia
de madrileo-- ave de rapia--menos probable, pues no me queda el
menor instinto,--no me remuerde la conciencia por haber perseguido,
maltratado, cazado,  simplemente devorado, despus de cazado por otro,
al ms insignificante pajarillo.

A predicarles, como San Francisco de Ass  San Antonio de Padua, no he
llegado. Pero versos de Rubn Daro, de Gabriel D'Annunzio y de Guerra
Junqueiro s han podido oirme recitar en mis soledades,  las horas
de siesta canicular, en que todo se amodorra, como en la cantada por
Zorrilla. Todo, menos los pjaros y yo, bien hallados  la sombra de un
huerto, oasis en dorada llanura castellana.

Su piar y los versos por m recitados son como escala de armona
infinita, ascendente, que va del abecedario, balbucido por labios
infantiles, al libro todo sabidura.

Por todo esto amo  los pjaros, sin pararme  considerar si son tiles
para la agricultura.

Mis poetas tampoco le sern de gran utilidad.

Pero yo no quisiera creer que los pjaros cantores y yo, recitador de
poetas, somos como un insulto  los campos de trabajo y de pena que nos
rodean.

Tampoco debemos creer, como algunos pjaros y muchos poetas, que todo
aquello no es ms de apropiada decoracin para nuestra escena potica.

Como el piar de los pjaros es preludio balbuciente de tanta msica
y tanta poesa, mi recitar de versos en el silencio de los campos
abrasados acaso es tambin preludio de cosechas futuras. Los poetas no
pueden haber sembrado en vano. Entre tanto, sera injusto preguntarles
como  los pjaros: si son tiles para la agricultura.

       *       *       *       *       *

Los nios son muchas veces vctimas de la vanidad de los padres. Los
perros, de la vanidad de sus amos.

A qu otro sentimiento responde, en el primer caso, los concursos
de belleza infantil, los disfraces de Carnaval, la exhibicin de
habilidades en los nios; en el segundo caso, las Exposiciones de
perros? Los pobres animales, encerrados en jaulas mal acondicionadas,
rodeados de personas extraas, padecen, inocentes, el mal del siglo:
el exhibicionismo. Cuando ya no tenemos ms que exhibir, exhibimos al
perro.

El perro, animal simblico de la fidelidad, atributo de tumbas
conyugales en otros tiempos, simboliza en estas Exposiciones la
exhibicin ntima de los hogares. Ya saban ustedes cmo ramos todos
en casa: la seora, las nias, los criados; ah va el perro. Que no se
quede sin su fotografa.

El trabajo de los futuros historiadores no ser, ciertamente, el de
juntar documentos, sino el de aportarlos. Bien documentada va la
posteridad!

Ni siquiera tienen estas Exposiciones de perros la justificacin de
contribuir  la mejora  propagacin de las razas mejores. Sabido que
no hay nadie tan egosta como un poseedor de ejemplares de precio.

Es ms difcil obtener la mano izquierda de uno de estos perritos de
lujo que la derecha de una linajuda y bien dotada heredera.

Ahora que ha vuelto  reconstituirse la Sociedad Protectora de
Animales, bajo la presidencia de una inteligente dama, debiera oponerse
 estas Exposiciones tan opuestas al verdadero amor por los animales.

En algunas partes las Sociedades protectoras han llegado  oponerse al
sostenimiento de las casas de fieras y jardines zoolgicos.

Tratndose de animales feroces y salvajes, sin cesar perseguidos, yo
no s, ignorante de su concepto y su aprecio de la libertad, si ellos
no pudieran preferir la cmoda y descansada vida de estos jardines y
_menageries_  la azarosa vida de las selvas y de los desiertos.

Tratndose de animales domsticos, no hay duda. La protesta de las
Sociedades protectoras estara ms justificada.

El jardn zoolgico puede ser civilizador para las fieras. Todas las
razas salvajes se han civilizado en jaulas, ms  menos holgadas.

El perro est ya bastante civilizado. Volverle  la jaula es un
peligro. Podra volver  sentirse lobo. Tal vez de puro civilizado
participe del sentimiento vanidoso de los hombres y goce con las
exhibiciones. Pero hay que concederle alguna superioridad mental.

Aunque lleva mucho tiempo de ser el mejor amigo del hombre. Mucho
ms que Muley Hafid de ser el buen amigo de los franceses. Debe estar
contagiado del todo. Muley Hafid pareca ms fiero y hoy est hecho un
falderillo. Dentro de poco tambin estar en Pars en su buena jaula y
tan contento!




XV


_Voces de gesta_ ha aparecido en las libreras antes de ser
representada en Madrid. Esto indica en cunto ms estima Valle-Incln
el juicio reposado del lector que la emocin arrancada al pblico,
por sorpresa unas veces, con habilidades teatrales, que tienen ms de
lo artificioso que de lo artstico; otras, con los recursos del arte
escnico: brillantez de la interpretacin  del decorado.

Son muy pocas las obras dramticas que, como esta admirable tragedia
de Valle-Incln, pueden permitirse el lujo de su desnudez artstica al
presentarse sin engaos teatrales.

Al escribir estas lneas ignoro la opinin del pblico de teatro.
Importa poco. Obras como _Voces de gesta_ estn sobre el pblico, y
su probable fracaso demostrara, una vez ms, que hay un nivel medio
del que no conviene elevarse. Yo estoy seguro de que el pblico del
estreno, en el teatro de la Princesa, alcanza ese nivel con holgura.
No me atrevera  decir lo mismo del pblico en los das de abono
aristocrtico.

_Voces de gesta_ es obra redentora. Ella sola se basta  redimir de
muchos pecados teatrales. Es obra de esas que sirven para justificar 
un empresario: No dirn que no se hace Arte. Y sirve para disculparle
cuando no lo hace: Pero, ya ven ustedes, el Arte no da dinero.

Por desgracia, los empresarios tienen razn... mientras el pblico se
obstine en drsela.

       *       *       *       *       *

Hay que afrontar la verdad cara  cara. La Prensa peridica ha
procurado, con alto patriotismo, realzar la tristeza de todos por la
muerte de Menndez y Pelayo.

En este caso, la actitud de tristeza no ha bastado  determinar el
sentimiento, como afirma el psiclogo James.

Cierto que la persona de Menndez y Pelayo ni su obra, por su ndole
misma, podan ser populares. Lo triste ha sido que, entre la misma
gente culta, antes hemos advertido el revuelo alrededor de las muchas
vacantes dejadas por el muerto glorioso que la emocin por su prematura
prdida.

En los mismos artculos necrolgicos han podido advertirse ms
amplificaciones de frmulas encomisticas que estudio detenido de
las obras de Menndez y Pelayo. Sin duda el dolor embargaba las
inteligencias.

Es muy de la tierra lo de contar por cada lector cien admiradores.
Hablen los muchos que se decan admiradores de Costa, sin haber ledo
uno solo de sus libros; hablen muchos de los que se decan admiradores
de Menndez y Pelayo.

La fe y la admiracin son muy amables formas de la pereza. Hay quien no
cree y quien no admira por la misma causa.

Por todo esto, sucede que la fe, como la admiracin, como sus
contrarios, adolecen entre nosotros de una tibieza fundamental, por
falta de fundamento, que en vano pretende mostrarse calurosa entre
voces enfticas y gestos exaltados.

Slo parece al exterior, con luz del alma, lo que ha sido calor del
alma interiormente.

Por eso al morir Menndez y Pelayo hemos odo clamar su nombre;
pero ese clamor sonaba como el eco de vaco aposento: un aposento
que debieran haber llenado las obras del escritor, ms admirado que
conocido.




XVI


Los Museos de cuadros antiguos tienen algo de panten. Un cuadro slo
parece animado con vida propia como acorde justo en toda una armona
de ambiente. El retrato del noble caballero  de la dama infanzona,
en la sala seorial de linajudo palacio, entre sillones y escaos de
roble, mullidos de terciopelos  damascos desvados; entre tapiceras
herldicas, candelabros de plata  de hierro forjado, armaduras
enmohecidas y cdices miniados. La pintura religiosa de atormentado
ascetismo,  la indecisa claridad de lmpara votiva, en un rincn
de alguna antigua iglesia  convento pobre. La pintura religiosa
risuea, de vrgenes y nios de Dios familiares, divinizados por
gozosa humanidad, en altares acariciados de sol, en iglesias muy
blancas, de algn convento de monjitas ms hacendosas que rezadoras;
hadas de santidad con manos milagrosas para confituras, bizcochadas,
bordados al realce y randales sutiles como vilanos  telas de araa.
Las triunfantes alegoras, entre mitolgicas y caballerescas, con su
trompetear de oros y prpuras, en la amplia galera del alczar, frente
 los ventanales que dominan  la ciudad de leyenda.

Fuera de su lugar son los cuadros vago contorno espectral sin vida.
Siquiera en los Museos dice la tumba, que es cada cuadro, un nombre
glorioso. Y el nombre evoca un recuerdo vivo en nuestra memoria, y no
es todo muerte.

Pero estas Exposiciones de cuadros modernos son aun ms tristes. Si
nos ponemos en la realidad, parecen almacn y dicen comercio. Si
poetizamos, son como galera de nichos; pero con nombres que no dicen
glorias; slo dicen muerte, con la frialdad de una estadstica.

Y uno por uno, en adecuado lugar, en propio ambiente, es posible que
todos los cuadros estuvieran bien. Figuraos una Exposicin de nios:
al verlos all solos, ante las miradas curiosas, indiferentes del
pblico, no pensaramos en que era alegra de una casa; pensaramos
en la Inclusa. El Arte necesita un calor que no puede hallar en las
Exposiciones. Todo parece all muerto  abandonado, y, con la multitud
de sepulturas, todo va en el recuerdo al hoyo grande.

Cuando la Exposicin haya terminado, el Arte reconocer  los suyos,
como Dios en la matanza de hugonotes.

       *       *       *       *       *

Los sultanes de Marruecos sern muy brutos, pero no tienen nada
de tontos. Cuando se hallan muy empeados, en toda la magnitud de
la palabra, corte de cuentas, borrn y... sultn nuevo. Como su
dulce hermano, cuando se vi metido en el callejn sin salida de la
Conferencia de Algeciras, Muley Haffid, acorralado por los franceses,
tira por la calle de en medio y les deja con tres palmos de narices.
Esta insolvencia--tambin en toda la extensin de la palabra--supone
mucho trabajo y mucho dinero perdidos para los franceses. La diplomacia
marroqu es nica en el arte de no pagar al casero. Aunque, en este
caso, el casero era el sultn y su arte ha sido el de quedarse con
la fianza y el mes adelantado por un inquilino que est pagando el
alquiler bastante caro.

Con este juego de sultanes compadres todo es tejer y tejer, para la
diplomacia europea, en los asuntos de Marruecos. Lo peor es que Europa
no consigue la civilizacin de Marruecos; pero Marruecos va  conseguir
la descivilizacin de Europa.

En Francia, en el propio Pars, en el corazn de su corazn, como si
dijramos, ya se ha levantado cruzada contra el extranjero.

Si esto no es africanizarse!

       *       *       *       *       *

La opereta vienesa triunfante no ser una frmula suprema ni definitiva
del Arte para los teatros de gnero chico. Yo la juzgo reaccin
saludable; tal vez extremosa, como todas las reacciones. Hay quien la
juzga inferior  nuestro gnero chico; hay quien, por el contrario,
asegura que sto ha matado aqullo. En mi opinin, mejor puede
decirse: Aqullo ha trado sto.

Aqullo, es decir, nuestro gnero chico haba cado tan bajo! Hay que
convenir en que la gracia espaola es siempre agresiva, dura. No ha
sido el hambre tema fecundo de chistes en nuestra novela y en nuestro
teatro?

Tambin el error de muchos escritores, al creer que lo castizo slo se
halla en las clases bajas de la sociedad espaola, porque es en ellas
ms superficial y no cuesta desentraarlo, como en las clases alta y
media, trajo la fatigosa repeticin de cuadros populares, de cada vez
ms falseados.

De la calle vinieron admirables cuadros al teatro: _La verbena de la
Paloma_, _El santo de la Isidra_; los hermanos Quintero trajeron las
calles andaluzas, con su sana alegra y sus limpios donaires. Pero
despus llegaron los imitadores; como ya no quedaba qu traer de la
calle ms que el arroyo, se trajeron el arroyo al teatro con toda su
suciedad y su grosera.

Esta opereta vienesa representa, en el gnero, la reaccin idealista.
Su gracia es inocentona, sus chistes infantiles, su literatura de
novela sentimental  la moda del ao 30; pero todo es dulce, amable,
de una fantasa sin perversin, como sueo de nia casadera. Los dos
de amor terminan con besos en tiempo de vals y en el ritmo del vals se
espiritualizan. Los hombres son galantes y las mujeres coquetas. Nadie
se insulta ni salen  relucir las navajas. Las aldeanas visten de raso
y ofrecen flores. Los militares son como prncipes de cromo...

Todo es lindo, lindo. Pondremos  la finura el reparo de cursi? De
ningn modo. Ms vale que nuestras cocineras aprendan estas finuras de
las operetas vienesas que no nuestras seoritas aquellas ordinarieces.
Y perdonen los casticistas.




XVII


El conde de Pradre ha tenido un rasgo de verdadero espaolismo al
adquirir _La Vicara_, de Fortuny. Ya que del conde no puede decirse
nada, se dice del cuadro. Ha pasado de moda; Fortuny ya no se lleva.

Y qu pintor no ha pasado por estas alternativas y veleidades de la
moda? Tiempo hubo en que Murillo era estimado sobre Velzquez, el Greco
era menospreciado y Goya no era tenido en mucho. Ahora mismo no hemos
desempolvado  Lucas?

La pintura de Fortuny est, sin duda, en ese perodo crtico para toda
obra de arte: cuando se est viejo y no se ha llegado  ser antiguo.
Hasta muy pocos aos ha no eran risibles y ridculos los retratos
de seora con su miriaque? Hoy ya tienen valor histrico. Actrices
modernas se han atrevido  presentarse con miriaque en escena al
interpretar obras de aquel tiempo. Y obras dramticas;  lo que
ninguna actriz se hubiera atrevido antes, segura de comprometer el
xito, ante el pblico regocijado.

El polisn no ha logrado todava estos honores. Dentro de algunos aos
tendr tambin su valor histrico y las actrices podrn atreverse con
l como ahora con el tontillo y con el miriaque.

Fortuny, como Meissonier, como tantos otros pintores, indiscutibles
en su tiempo, pasan ahora por el perodo difcil del miriaque y del
polisn.

La posteridad inmediata es el ms recusable juez para las obras de
arte. Slo nos interesa lo actual  lo que ya parece muy lejano. Lo que
pas, pero aun est cerca, dirase que nos envejece al considerarlo.
Mejor sabemos dar razn de las guerras pnicas que de la guerra
francoprusiana. Ms sabemos de Carlos V que de Isabel II.

_La Vicara_, de Fortuny, recobrar su puesto de honor en la historia
de la pintura espaola. Aunque no fuera ms que por la numerosa
descendencia que tuvo. Durante medio siglo la pintura espaola fu
procedente de Fortuny. Los grandes cuadros de historia, teatrales
en sus personajes y en su indumentaria, los cuadros de gnero,
lindos, acabaditos, como miniaturas: de una Espaa amable, bonita, de
terciopelos, rasos y blondas. Visin de un arte lisonjero que  todos
nos tena adormecidos hasta el despertar cruel del desastre. Oh! El
arte optimista!

Hoy todava dicen algunos de Zuloaga que nos calumnia. Zuloaga no
hubiera pintado nunca _La Vicara_.

_La Vicara_ era un cuadro de sueo. Los cuadros de Zuloaga son el
despertar. Pero hay quien dorma tan  gusto!

       *       *       *       *       *

En Barcelona la opinin ilustrada de algunos mdicos se ha credo en el
deber de llamar la atencin sobre los perjudiciales efectos causados en
la imaginacin de los nios por las pelculas cinematogrficas.

El cinematgrafo, como el teatro, abusa de lo terrorfico.

Cuando la vida era ms ruda y violenta; cuando la expansin individual
alternaba, por lo menos, grandes herosmos con grandes crmenes, estos
espectculos de horror no podan ser tan nocivos. En la vida moderna,
tan socialmente disciplinada, en que los buenos ciudadanos no son
capaces de grandes herosmos ni de grandes virtudes, por no desentonar,
por no descomponer el conjunto, y slo se manifiesta el individualismo
en los rebeldes y en los criminales, el contraste es ms llamativo.
Para una imaginacin inquieta, al huir del gris montono, slo ve la
intensidad del rojo de sangre. Los criminales son como hroes cuando no
vemos hroes mejores.

Los dramas y las novelas romnticas de ahora son dramas y novelas de
ladrones y de asesinos. Sus aventuras son robos y asesinatos.

Estos son los modernos libros de caballeras, capaces  crear elementos
artificiales inspiradores de siniestros propsitos.

El teatro y el cinematgrafo para los nios es un problema de higiene,
un problema educador en que el Estado debe intervenir con urgencia.

Nuestras calles y nuestras casas, y el espectculo todo de nuestra
vida, ya son bastante para manchar el alma de nuestros nios. Que al
asomarse con la imaginacin  los sueos de nuestro Arte, nuestro Arte
no sea ms sucio, ms negro que la misma vida.

Llevarais  vuestros hijos  pasear por un estercolero  junto  una
charca pestilente?

Pues aun es ms necesario el aire puro  su imaginacin que  sus
pulmones.

       *       *       *       *       *

Al ver cmo se interesaba la opinin por el nombramiento del nuevo
director de la Biblioteca, alguien de buena fe habr pensado: Gracias
 Dios que nos interesamos por algo que no sea poltica menuda 
torera!

Ay! Todo es uno y lo mismo. Si la gente se ha interesado en este caso
es por lo que ello ha tenido de poltica y de torera. La importancia
del cargo era lo de menos. Las personas designadas para ocuparle,
significaba poco. Lo divertido era la lucha, la competencia. Hasta se
han cruzado apuestas.

Como siempre, y muy  la espaola, los partidarios del uno negaban al
otro todo merecimiento.

La triste satisfaccin que pueden tener uno y otro es la seguridad de
que los ms fieros disputadores eran los que ms ignoraban el valer de
los dos ilustres contrincantes.

En Espaa sera millonario cualquier escritor si le leyeran todos los
que le admiran y la mitad siquiera de los que le odian.




XVIII


Desde Hamburgo me enva persona respetable el original y la traduccin
de un artculo publicado en el diario _General Anzeigner_, de la ciudad
citada.

Extractar lo ms substancioso, segn la traduccin de referencia. El
artculo se titula Deshonra de la raza, y dice, entre otras cosas:
Varios peridicos publican relacin de las impdicas aproximaciones
de algunas seoras y seoritas de raza blanca,  los hombres de la
tribu de bedunos que actualmente se exhibe en el Jardn Zoolgico de
Hagenbeck, en Hamburgo.

Los buenos bedunos vinieron  las manos por cuestin de faldas y fu
necesaria la intervencin de la Polica y la repatriacin de los ms
levantiscos.

Aunque la empresa Hagenbeck ha tomado enrgicas medidas para evitar
la repeticin de estos incidentes y ha dado  sus empleados orden
terminante de expulsar del parque  toda _seora_ que se aproxime 
los bedunos en forma sospechosa, todava han ocurrido escenas tan
lamentables como la que acabamos de describir.

Triste y lamentable es que la mujer alemana, por lo general de carcter
y costumbres ejemplares, olvide hasta ese punto su decoro.

Otras muchas consideraciones trae el artculo; pero no quisiera que,
al transcribirlo, nadie creyera que yo me complaca en publicar
debilidades de algunas seoras alemanas; debilidades que, si all son
excepcionales, aunque numerosas, no son exclusivas de Alemania.

Cuando en Pars se han exhibido de estas tribus salvajes, en el Jardn
de Aclimatacin  con motivo de Exposiciones universales  coloniales,
tampoco han faltado curiosas de amores exticos.

Los mulateros de la calle del Cairo, en la Exposicin de 1889, fueron
en aquella temporada, la _coqueluche de cs dames_.

Por aqu no menudea ese gnero de exhibiciones. Slo hemos tenido una
de aschantis y otra de esquimales, en los malogrados Jardines del Buen
Retiro. Para prueba no es mucho. La mujer meridional, contra la vulgar
opinin, es mucho menos acometedora en amor que las mujeres del Norte.
Pero, en fin, celebremos que las exhibiciones no hayan sido muchas y
que los aschantis y los esquimales fueran, unos, demasiado negros, y
otros, demasiado descoloridos.

Las inglesas, por su parte, tambin se han significado bastante en
estas exhibiciones; con ms cautela y decoro, claro est: con pretextos
de filantropa  de evangelizacin. La raza inglesa ha sido siempre
maestra en hallar buenas razones para hacer lo que le conviene  lo que
se le antoja. En esto tal vez consiste su superioridad. Los ingleses
tienen una religin  una filosofa para justificarlo todo. Pero su
conducto no es nunca consecuencia de una religin  de una filosofa,
sino lo contrario; la religin  la filosofa, consecuencia de su
conducta. La conciencia procede del acto; como en todos los pueblos y
en todos los hombres fuertes.

Las alemanas, por lo visto,  pesar de hallarse en tierra de filosofas
para todos los gustos, no se andan por las ramas filosficas y se
descaran buenamente en este sistema de colonizacin pacfica y casera.

La mujer tiende siempre  restaurar ms que  revolucionar. Esta
manifiesta inclinacin por los hombres de otras razas es, quizs, un
argumento  favor de la unidad de origen de las diversas razas humanas.
Pero aunque  la unidad volviramos por estos procedimientos, respecto
 las mujeres, siempre habra dos razas, comunes  todos los pueblos y
en todas las latitudes: las unas y... las otras. Es  saber, para que
no haya duda en la clasificacin: las limpias y... las puercas.

       *       *       *       *       *

De todas las intolerancias, la ms intolerable es la pretensin de un
monopolio para ejercitar el bien  cumplir un deber.

Por esta pretensin se ha planteado un desagradable conflicto en el
benfico Instituto del doctor Rubio.

La Junta de seoras pretenda sustituir  las enfermeras laicas por
hermanas de la Caridad. Los fieles guardadores de la voluntad del
doctor Rubio se oponan  esta sustitucin. No obstante, con mayor
espritu de tolerancia, no se oponan  que alternara un nmero
determinado de hermanas de la Caridad con otro determinado nmero de
enfermeras en la asistencia de los enfermos.

Las seoras intransigentes no admitieron este _modus vivendi_.
Dimitieron sus cargos muy ofendidas y retiraron su valiosa proteccin
al benfico Instituto.

No soy sospechoso; desde muy nio aprend  respetar,  admirar  las
hermanas de la Caridad. En una de mis obras presento la figura de una
de ellas, de tal modo, que muchos la juzgaron por ideal; pero yo s que
bien poda ser copia exacta de la realidad. Hay muchas hermanas como
aquella hermana.

Cuando se fund el hospital del Nio Jess, el primitivo, en el barrio
de las Peuelas, era su directora una admirable mujer, por su talento
y por sus virtudes: sor Rosala. El doctor Tolosa Latour la conoci
seguramente y podr atestiguarlo. Ella sola poda ser honor de una
institucin. Pero tambin, como aqulla, son muchas otras.

Pero tambin como stas y como todas las hermanas de la Caridad, hay
otras mujeres inteligentes y honradas y buenas, capaces de cumplir con
su deber profesional tan santamente como las hermanas de la Caridad con
su deber religioso.

Cuando alguien cumple con su deber, no debe preguntrsele en nombre
de qu ideal lo cumple. A buen seguro que si esas seoras de la
Junta se hallaran en peligro de muerte y supieran que slo un doctor
especialista poda salvarlas, no se andaran preguntando si era buen
catlico, protestante  librepensador.

El personal facultativo del establecimiento se basta y se sobra para
juzgar si las enfermeras atienden con solicitud  los enfermos y
cumplen con su deber. Ellos son los ms interesados en que as sea.

Ni el amor al prjimo, ni la ms sublime caridad, ni el sacrificio por
la ms alta idea del deber, son patrimonio de una creencia religiosa
determinada. Con qu derecho puede negarse  nadie que cumpla con su
deber, porque sus razones no son las mismas que las nuestras?

Adems, no hay religin en el mundo que llegue  imprimir uno solo de
sus mandamientos en nuestro corazn, si en nuestro corazn no estaban
ya impresos todos los mandamientos religiosos.




XIX


Doa Sol Rubio, hija del eminente fundador del Instituto Rubio, me
pide en carta abierta rectificacin de algunos errores en que incurr,
por equivocados informes, al relatar los hechos que dieron ocasin 
disidencias en dicho Instituto.

No fu descortesa mi retraso en acusar recibo de tan atenta carta,
sino el deseo de rectificar en esta misma seccin.

Lo de menos eran los hechos en mis apreciaciones. Pero, en fin, conste
que los cumplidores de la voluntad del doctor Rubio no podan admitir
la asistencia de hermanas de la Caridad, por oponerse  ello la
voluntad del fundador. Fueron, pues, las damas del Patronato las que
propusieron la asistencia mixta de hermanas y de enfermeras.

Lo importante era consignar que bien estaban unas y otras, como todas
cumplieran con su deber.

Al decir laicas  las enfermeras, slo quise significar el no hallarse
sujetas  la regla de una Hermandad religiosa, sin poner en duda
su catolicismo. Por ms que yo nunca haya credo que la caridad y,
sobre todo, el cumplimiento del deber sean patrimonio de una religin
determinada. Sin desconocer tampoco que en nuestra santa religin
catlica resplandecen como en ninguna otra las ms altas virtudes.

Estamos todos contentos?

       *       *       *       *       *

La noche del mircoles pasado fu de fiesta mayor en casa de Joaqun
Sorolla. Se obsequiaba  Mr. Huntington, hispanfilo americano,
meritsimo de cuantos honores pueda Espaa ofrecerle.

La casa de Sorolla es un palacio del Arte, tan  la espaola trazado,
que all la suntuosidad no es soberbia ostentacin, sino hidalga
limpieza. Antes que el palacio os admire os acaricia el hogar, y antes
que las maravillas del Arte absorten vuestros ojos el amor y la paz
familiares ungieron de buenos pensamientos vuestra frente. Por inquieto
y perturbado que est nuestro espritu, cuando nos hallamos entre
gentes buenas y dichosas nos sentimos tambin dichosos y buenos, como
si las alas de nuestros ngeles custodios, los que nos guardaban de
nios, volvieran  traernos nuestra inocencia.

Con vuelo impetuoso ms suele el Arte destruir que labrar nidos. Sus
glorias rara vez van unidas  la gloria de amar y ser amado. Por eso
al juntarse en la casa de Joaqun Sorolla, este hogar del Arte, este
palacio del Amor, parece como un templo ideal  una diosa ms ideal
todava: la felicidad.

La casa de Joaqun Sorolla es tan espaola como el alma de cuantos la
habitan; modelo de la verdadera familia espaola. La familia espaola,
la ms pura gloria de nuestra raza!

La casa de Joaqun Sorolla debiera ser provechosa leccin de
edificaciones espaolas enfrente de tantos esperpentos  la francesa,
 la inglesa y  la suiza con que la cursilera europeizante deshonra
nuestras tradiciones arquitectnicas.

Sorolla debe ahora recorrer toda Espaa. Estudia tipos y paisajes para
el grandioso friso decorativo del Museo Espaol de Mr. Huntington en
los Estados Unidos.

Podamos soar mejor desquite de pasadas humillaciones? Detrs de una
puerta cerrada, en un gran saln, se nos dice que estn los estudios
del natural apuntados por Sorolla para su gran obra. La entrada est
prohibida. Mster Huntington no quiere que nadie goce las primicias de
su encargo. El simptico hispanfilo no lo es del todo!

Nada podemos ver, pero es mucho lo que adivinamos. Adivinamos, con los
ojos que tantas admirables obras del gran pintor espaol admiraron, la
ms asombrosa evocacin de Espaa, la verdadera Espaa: luz, color,
bro. Se abren ante nosotros pginas del Romancero y del _Quijote_, de
las novelas picarescas y de las hazaas de Italia y de Nueva Espaa...

Y tambin tristezas, y tambin sombras que el pincel de Sorolla, al
no mentir, no lisonjea. Pero de esas sombras y esas tristezas no se
alza el pesimismo espectral, agero de muerte; es ms bien la sensacin
catica de algo muy fuerte y vigoroso que no puede morir porque no ha
nacido todava.

He aqu la obra de un gran pintor, todo realismo, que, para poner
espritu en su obra, le basta con poner verdad. Y todo es Arte.

Y es que en Arte hay dos grandes estilos: uno, en que el alma del
artista envuelve el alma de las cosas; otro, en que el alma de las
cosas envuelve el alma del artista.




XX


Con la firma de Un concursante de buena fe recibo una carta muy
atendible, de la que copio lo ms interesante:

Querra usted llamar la atencin del Ayuntamiento respecto  lo que
est ocurriendo con el tercer concurso de comedias?

Es el caso que, iniciativa tan plausible, no ha dado hasta ahora otro
resultado prctico que molestar intilmente  los Jurados y hacer
perder tiempo  ilusiones  los concursantes de buena fe.

Tres concursos van convocados; permtame que en pocas palabras le
recuerde el historial de cada uno.

El primero se convoc el 29 de Noviembre de 1909. Al expirar el plazo
de admisin se haban presentado 153 obras. El Jurado, que formaban
los seores Sells, Rodrguez Marn, Rpide, Gmez de Baquero, Linares
Rivas y Jurado de la Parra, fall el 25 de Junio. (Es decir, invirti
menos de cuatro meses en examinar los 153 originales), premi la
comedia _Los jcaros_ y mencion con elogio otras varias.

Bajo su firma declararon los seores del Jurado que el concurso era
excelente. Recuerda usted el expresivo artculo que Rpide public en
_El Liberal_? Pues si hubiera sido psimo, no hubiera fracasado de ms
completo modo. Ninguna de las obras elogiadas se ha representado, ni
siquiera la premiada, en el Espaol ni en ningn otro teatro.

Segundo concurso. Se convoc el 5 de Diciembre de 1910; se clausur el
5 del siguiente Marzo, con 86 originales. El Jurado, que formaban los
seores Villegas, Linares Rivas, Zozaya, Bueno y Martnez Sierra, tard
en fallar cerca de nueve meses. Por fin, premi la comedia _El bobo_ y
declar por buenas otras cinco.

Resultado prctico? Acaso por la demora del fallo, _El bobo_ slo
pudo estrenarse, al terminar la temporada oficial, en deplorables
condiciones. As, mal ensayada, representada para salir del paso, la
obra slo tuvo las tres representaciones  que obliga la ley. Las
dems comedias elogiadas siguen inditas.

Antes de fallar en el segundo concurso--vea otra anomala--se convoc
para el tercero. Al terminar el plazo de admisin--el 4 del pasado
Febrero--slo haba presentadas 46 obras. Esta progresin descendente
significa mucho tambin. Estamos  fines de Junio, esto es, han
transcurrido cinco meses, y ni hay fallo, ni se sabe si hay Jurado,
aunque en el Ayuntamiento son prdigos en dar noticias hasta de lo que
pasea cada concejal.

Considera usted justo hacer una excitacin al Ayuntamiento, encaminada
 que se sepa lo que ha sido de esos originales y  evitar que, una vez
ms, se esterilice la iniciativa con un fallo en exceso tardo?

Queda complacido el comunicante. Muy razonables me parecen sus quejas;
pero ay! si el concursante de buena fe supiera lo que es ser Jurado,
tambin de buena fe, en uno de estos concursos! Por haberlo sido en
varios, no tengo ninguna fe en sus resultados.

Cierto que los autores desconocidos dirn: Y cmo hemos de darnos 
conocer? Hay que ser algo fatalistas: lo que ha de ser, est escrito,
y cuando est bien escrito... es siempre. Que puede existir algn
talento ignorado? Es posible. Dichoso l, que, al verse desconocido,
llegar  dudar de su talento y podr creerse tonto... y ser feliz!

       *       *       *       *       *

El cultsimo escritor Bernardo Cndamo abre informacin sobre la
conveniencia de establecer la previa censura teatral.

Un exceso de celo del jefe superior de Polica ha dado ocasin  que se
discuta de la moral y del arte.

De todo ello podr discutirse, como de las ventajas y desventajas de
la previa censura. Lo que est fuera de discusin es que un jefe de
Polica, de no producirse alboroto  grave escndalo en el teatro,
no es quin para juzgar de moral ni de arte, cuando ni artistas, ni
crticos, ni filsofos han logrado dictaminar de acuerdo en tan ardua
materia.

La vulgar opinin entiende por inmoral en arte algo que muchas
veces nada tiene que ver con la moral, en el ms alto sentido de la
palabra. Hay quien se escandaliza en el teatro por algo que bien puede
calificarse de mera porquera, como un ingenio peregrino calificaba
en picarescos versos algo que otro, no menos peregrino, diputaba por
pecado nefando.

En cambio, obras que pueden ser antisociales, demoledoras  tal vez
peligrosas por inoportunas, no pasan por inmorales ni dan ocasin  que
se alarmen los jefes de Polica.

Estas otras, que tanto alarman  los pudibundos, me parecen la suprema
inocencia, y el pblico que con ellas se regocija de una simplicidad
infantil. Considrese que toda la gracia del espectculo consiste en
que nos digan ante centenares de personas lo que estamos aburridos
de oir en reducidos grupos. La novedad no est en lo que omos, sino
en oirlo delante de mucha gente. Ya sabemos lo que ha de parecemos
 nosotros; la picarda est en averiguar lo que les parecer  los
dems.

Obsrvese al espectador durante la representacin de una de estas obras
inmorales. Ms que  la escena, atiende al pblico. No dir nunca:
Cmo me he redo!, sino: Cmo se rean!

El efecto cmico de este gnero es el mismo que se logra en ctedra 
en el saln de sesiones con un chiste malo que en los claustros  en el
saln de conferencias no tendra maldita la gracia.

Previa censura? Voto en contra. En Espaa estara supeditada  todo
gnero de pasioncillas, caprichos y arbitrariedades, sin contar con la
influencia de los cambios polticos.

Y no sera la censura conservadora la ms temible. Sabido es que
los liberales son los que aqu se toman mayores confianzas con las
libertades.

Hay una solucin productiva. Este gnero alegre no es ms nocivo que
el juego. Por qu no gravarle con un impuesto especial? Es el mejor
partido que puede sacarse de todo lo malo. Ay! Menos de los malos
Gobiernos!




XXI


Las nicas cartas annimas insultantes que recibo proceden de furiosos
aficionados  toros, cuando me permito atacar la sublime fiesta. Como
el blanco de mis tiros, ms que la fiesta misma, ha sido siempre su
pblico, claro est que esas cartas llenas de improperios vienen
 confirmar lo que pienso respecto  los furibundos aficionados 
toros. Escriben como van  la Plaza. Son ellos, los mismos, los de las
almohadillas al redondel y los insultos  los lidiadores que arriesgan
su vida, y slo por esto, ya merecen el mayor respeto.

En justa compensacin recibo otras muchas cartas que bastaran 
sostenerme en mi empeo, si yo lo tuviera en combatir contra las
corridas de toros. Pero siempre he juzgado ineficaz toda predicacin
destructora. En la vida no se destruye nada. Las cosas desaparecen por
s solas cuando deben desaparecer. Es decir, cuando se ha edificado
lo que debe sustituirlas. No es la labor negativa de clamar contra las
corridas de toros lo que puede ser provechosa, sino la paciente labor
de promover en las gentes ms nobles aficiones.

Entre las cartas agradables recibo una, firmada por un madrileo,
solicitando mi atencin sobre un nio, verdadero fenmeno; as dice,
con razn, la carta.

Ese nio, fenmeno en Espaa, se halla en el Asilo de la Paloma, quiere
y cuida  los pajarillos y ha llegado  inspirarles  su vez tal cario
que, cuando sale por los patios y jardines, le siguen en bandadas,
se posan confiados en sus manos y sobre sus hombros y,  su modo, le
saludan y le agasajan.

Esto, que en otras partes del extranjero es cosa corriente; que en las
vidas de santos, como San Francisco de Ass y San Antonio de Padua,
pasa por milagroso; que Murillo juzg como suprema bondad infantil,
al mostrarnos en su cuadro de _La Sagrada Familia_, conocida por la
del pajarillo, al nio Jess en actitud de defender  un pjaro del
gozquezuelo que le espanta con sus ladridos, en un nio espaol es ms
que milagroso por lo inaudito.

Cuntas veces he visto con pena, porque pensaba en los nios y en los
pjaros de Espaa, en paseos y jardines de Pars  los nios rodeados
de pjaros. Los pjaros eran como los nuestros. Eran los nios los
que no eran iguales! Aqu el nio es el enemigo, el hostigador; all
era el buen amiguito, el esperado con impaciencia. Y nada excede en
poesa  la realidad cuando compone estos cuadros. Cuando el arte,
al imaginarlos, no pudo inspirarse en ella, nos parece arte falso y
sensiblero.

Nuestro arte, si quiere ser realista, por fuerza ha de ser duro y seco.
Dnde estn las inspiraciones de dulzura en nuestra realidad?

Los que no sentimos la poesa de lo violento, no hemos de agradecer 
ese nio su inspiracin piadosa?

No habr quien le premie por ella? No ha de merecer la atencin que
no le hubiera faltado de ser un precoz criminal?

El nombre de ese nio es Francisco Pancorbo, como dije, asilado en
la Paloma. Los amantes de los nios, no harn algo en favor de ese
nio bueno? No estara bien que se anticiparan los protectores de los
pjaros  recompensarle.

       *       *       *       *       *

Cuando la poltica apesta--y nunca apesta como al convertir en cuestin
poltica la que debiera ser cuestin nacional,--el nico desinfectante
eficativo es volver los ojos  otras manifestaciones de la actividad: 
las corrientes aguas, donde va la vida espaola por ms ancho cauce.

Si atendiramos slo al saln de sesiones del Congreso! Si todo fuera
como la poltica en Espaa! Por fortuna, fuera de ella,  despecho de
ella, casi siempre se trabaja, se camina y se progresa. Siempre que
nos sorprende alguna novedad agradable es algo que no se ha discutido
en las Cortes  que pas por ellas en silencio, en un rengln de los
presupuestos; esos presupuestos que nadie discute, cuya enunciacin
basta para despejar la Cmara de diputados y de curiosos.

La admirable instalacin de telegrafa sin hilos, en Carabanchel Alto,
es una de estas gratas novedades confortadoras.

Por qu nuestros modernos poetas, tan desmayados y luctuosos, por
regla general, no cantan estas cosas? Son menos interesantes que los
parterres de Versalles? Hay para dar razn  los futuristas, con todas
sus exageraciones.

Yo os aseguro que la instalacin de telegrafa sin hilos de Carabanchel
Alto bien merece una oda.

El invento pertenece  la Humanidad. Admira y deslumbra  nuestra
inteligencia. Pero aquella instalacin es nuestra, es de Espaa;
halaga y conforta el corazn. Y espaoles, soldados de su ejrcito,
son los sargentos inteligentes, modestos, que all prestan servicio y
han recibido ofertas tentadoras de empresas extranjeras de navegacin
y prefieren servir  su patria:  esta patria que no suele ser muy
esplndida con los que trabajan por ella; porque los que trabajan no
intervienen en los presupuestos, y los que intervienen... no trabajan.




XXII


Tres muertos ilustres cuenta la crnica en estos das: Massenet, el
general Booth, y, el ms grave de todos, Muley Hafid.

El msico francs no ha tenido  su fallecimiento la Prensa que poda
esperarse de su popularidad en vida. No es que la Prensa francesa y,
por reflejo, la europea le haya escatimado las necrologas; pero los
elogios han sido tmidos.

Desde que un aristocratismo intelectual y artstico ha sentado como
criterio fundamental en sus juicios la razn inversa del mrito con el
aplauso pblico, es preciso blasonar de independiente y despreocupado
para atreverse  celebrar lo que todos celebran. Por donde sucede que,
cuando una obra empieza  ser aplaudida, es cuando empezamos  dudar de
que merezca serlo. Ah! Si las obras de Massenet no hubieran sido tan
del gusto pblico! Si Massenet hubiera muerto obscuro y postergado
como Bizet!

Yo no digo que Massenet fuera uno de esos genios musicales definitivos
en una poca; pero supo agradar y agradar por mucho tiempo  los que
aun piensan  sienten que la msica no es una tabla de logaritmos. Al
fin y al cabo, genios, lo que se dice genios musicales, cuntos han
sido? Por los dedos de una mano pueden contarse. Y algunos de ellos muy
discutidos por los grandes inteligentes. Por ejemplo, Bach, de quien
yo he odo decir perreras  personas de muy buen gusto musical. Yo no
entro ni salgo, ni juzgo de msica ms que por sentimiento. A m la
msica de Bach me suena  capilla protestante, que es para m el sonido
ms antiptico que puede tener msica en el mundo. A otro gran msico,
Csar Franck, tambin se le cedo  ustedes por una friolera. Me parece
un filsofo de esos que pretenden explicar por razonamientos cosas
pertenecientes  la emocin ntima; conciliadores entre la Ciencia y la
Fe, que no concilian nada.

Por todo esto, bien mereca Massenet elogio ms fervoroso de la
crtica. Es que slo puede haber dioses mayores?

En Madrid slo hemos odo tres peras de Massenet: _El rey de Lahore_,
_Manon_ y _Werther_. La primera es de las ms endebles. Obra estrenada
en la Opera de Pars, confiado el xito al aparato escnico,  la
esplndida figura de la Reske y  la hermosa voz del bartono Lasalle.

_Manon_, mutilada con supresiones importantes, no tuvo al estrenarse
en Madrid favorable acogida. Hasta que no fu cantada por Anselmi, y
despus por Anselmi y la Storchio, no logr el aprecio del pblico.

El estreno de _Werther_ tambin fu desgraciado. Batistini, primero,
luego, Anselmi, consiguieron rehabilitarla.

Massenet lo intent todo, con desigual desempeo, pero con laudable
propsito siempre. Soaba con hacer grande, y, como tantos otros, slo
consigui triunfar cuando menos se preocupaba por el triunfo. Vanidad
del artista! En sus obras siempre prevalece un sentido inconciente que
est sobre los cinco sentidos puestos por el artista en su obra.

En las peras de Massenet hay variedad de asuntos y de estilos.
Historias de amor en _Manon_ y en _Werther_; el cuento de hadas en _La
Cenicienta_; el poema lrico en _Don Quijote_; en _Esclarmonda_ la
mstica leyenda; en _Lohengrin_ hembra, donde Massenet aspir  Wagner
y fu su aspiracin dulce suspiro de enamorado ms que de creyente.

La crtica hostil llamaba  Massenet el msico de las _cocottes_. Ya
es algo ser el msico de alguien; porque quin no tiene algo de todo
 sus horas? Slo los espritus superiores son siempre ellos mismos,
que es ser muy poca cosa. Los dems,  poco que soltemos las riendas,
ya nos interesamos con las peripecias de un melodrama como la _Margot_
de Musset--vive le mlodrame o Margot a pleur!,--ya relinchamos
como sementales rijosos ante un tablado de tangos y garrotines, ya,
como sencillas _cocottes_, nos emocionamos con las chuleras Luis XV de
Manon y de su caballero, puestas en msica absolutoria por un msico
amable y francs.

El general Booth, el admirable fundador del Ejrcito de Salvacin,
slo hubiera podido salir adelante con su obra en Inglaterra. Slo en
Inglaterra poda salvarse el peligro ms terrible de su empresa: el
ridculo. Qu hubiramos hecho en Espaa con un general Booth? Qu
hubieran hecho en Francia? Slo en Inglaterra es posible predicar el
Evangelio al son de una murga, entre una estrafalaria mascarada, y slo
all es posible sobreponer la intencin de la obra  los procedimientos
hasta ser considerado por los Poderes pblicos y colaborador suyo en
ocasiones difciles.

Todava, al contemplar el retrato del difunto general, publicado
en casi todos los peridicos ilustrados del mundo, una sonrisa de
escepticismo se disimula apenas en labios latinos. Era un santo? Era
un vividor? Un grande hombre? Un chiflado? Ah! Cuntas buenas obras
como la del general Booth se habrn malogrado en el mundo por temor 
que todos pregunten: Quin es el hombre?

Y cuntas veces el hombre no puede dar mejor razn de s que sus obras!

Nos da Dios, con ser Dios, otra razn de su existencia?




XXIII


Para la prxima temporada teatral la direccin artstica del teatro
Espaol anuncia obras de casi todos los autores militantes y otras
de autores noveles en el teatro, pero no tan desconocidos que sea
aventurado esperar mucho y bueno de sus obras. Un nombre falta en
la lista, un nombre que est sobre todos, el del propio director
artstico: el de don Benito Prez Galds. Por delicadeza, estimada por
todos en cuanto significa, pero inatendible en esta ocasin, don Benito
se niega  estrenar obra suya y  que sean representadas las de su
repertorio; y eso no debe ser.

Cuando, por causas de enojosa explicacin, las obras y el nombre de
don Benito Prez Galds no figuran en teatros de importancia, y, por
dificultades de interpretacin, no pueden ser representadas como ellas
merecen en teatros de segundo orden, el teatro Espaol es el nico
que puede ofrecerlas digno escenario. Habr un solo autor de los que
tienen obras anunciadas que pueda mirar con recelo la representacin
de las obras de don Benito? Todo lo contrario; yo creo que todos se
apresurarn  firmar una solicitud pidindole que vuelva de su acuerdo.
Una campaa de Arte independiente, popular, como debe ser la que en el
teatro Espaol se emprenda en esta temporada, con actores de juveniles
alientos como Matilde Moreno y Francisco Fuentes, no sera completa
si faltaran las obras del maestro glorioso de la novela y del teatro
contemporneo. Con palabras de _Un drama nuevo_ yo, soldado de fila,
me atrevo  dirigirme al maestro de todos para decirle: Sed nuestro
general: conducidnos  la victoria.

       *       *       *       *       *

Ni en costumbres, ni en leyes, ni en poltica, en nada se muestra
Francia tan republicana como en el arte de poner en ridculo  cuantos
reyes y soberanos, en activo  pasivo, transeuntes  residentes,
caen en ella. No son, por cierto, reyes y prncipes modernos hroes
de tragedia; mas si alguno lo fuera, al llegar  Francia quedara
convertido en caricatura de opereta. Francia es la Dalila capaz de
tomar la cabellera al ms fuerte Sansn. Ved  Muley Hafid, el sultn
esperanza de los creyentes, el que fu proclamado por ellos como
restaurador del espritu nacional y religioso, contra su hermano, el
dbil, el descredo, el europeo. Nada pudo contra los invasores de
su Imperio; pero todava, en el recogimiento de su palacio, podamos
suponerle, como  Prometeo encadenado, ms alto y ms noble en su
vencimiento que el vencedor injusto. Estaba escrito! Pero ahora, al
permitir que se traduzca al francs--al francs de Montmartre!--lo
que el Destino escribi en rabe, ha perdido hasta el derecho  la
compasin. Es un triste len de feria, amaestrado como un perro.
Lastimosas fueron las femeniles lgrimas del ltimo rey moro de
Granada; pero aun han podido hallar piadosa acogida en la leyenda y
en el poema. Para Muley Hafid slo queda la musa bulevardesca del
caf-concierto y de las revistas del ao.

Olvidado en el ltimo rincn de su Imperio, pudo ser una figura trgica
digna de ser representada en tiempos futuros por algn Monnet-Sully
del porvenir, en Pars mismo, en la escena del teatro Francs. As, no
habr clown que no le remede y ridiculice por circos y tablados. Al
ofrecerle Francia las libertades de su Repblica ha sido ms cruel que
si le hubiera encerrado en una jaula del Jardn de Plantas. Su libertad
es el ridculo. Y qu hace en Pars el sultn cado que no hiciera en
su Imperio? Lo mismo: satisfacer todos sus deseos; pero lo que all
parecan voluntades de un Dios, aqu parecen caprichos de nio  de
loco.

       *       *       *       *       *

Nuestro aislamiento de la poltica internacional no era, ciertamente,
el esplndido aislamiento de que blasonaba Inglaterra al saberse odiado
de todos, pero, al fin, temida, en tiempos no muy lejanos.

Ahora, segn noticias, nos disponemos  entrar en alianzas; esas
alianzas polticas en abstracto, que significan muy poco en concreto.
Francia, Espaa, Inglaterra, Rusia! Est muy bien; no puede sonar
mejor. Pero... y los franceses, los espaoles, los ingleses y los
rusos?

Formidable alianza si fuera siquiera por conveniencia de todos, ya que
de amor no hay para qu hablar en estos matrimonios internacionales.
Cmo se reir Alemania! Si es que las abstracciones pueden reirse como
pueden aliarse.

La alianza es preciosa; pero qu apostamos  que, salvo entre Francia
y Rusia, hay muy pronto que lamentar algn _coup de canif_, como
dicen los franceses, en el contrato matrimonial? Pese  quien pese,
Inglaterra y Alemania estn llamadas  entenderse; y en cuanto 
Francia y Espaa... Al buen callar llaman Sancho; pero bueno sera que
le llamramos Don Quijote.




XXIV


Como en todos los veranos, las capeas han originado conflictos por
esos pueblos. La autoridad gubernativa las prohibe, la autoridad de
los alcaldes es insuficiente para imponer la prohibicin. Los mozos
se amotinan; la intervencin de la Guardia civil ocasionara mayor
conflicto. Qu han de hacer los alcaldes? Dejar que los mozos se
salgan con la suya. Es mucho salvajismo el de los pueblos!, se dice.
No es ms del que se ha cultivado en ellos. Si para ellos no hay otra
fiesta ms que la capea, y, suprimida, no les queda otra diversin!
Pero, aunque otra cosa crean los que por comodidad  desidia declaran
al pueblo ineducable, es tan fcil su educacin!

Buen ejemplo es un humilde lugar de la provincia de Toledo: Aldeaencabo
de Escalona. Por la fiesta del Santo Patrn era inevitable la capea.
Verdad es que  la capea quedaba reducido todo el festejo. En este
ao se acord organizar una funcin teatral, hubo unas cucaas, unas
carreras en sacos, unos fuegos artificiales y nadie ech de menos la
capea y nadie protest contra su prohibicin. Para ello ha bastado
con muy poco: con la autoridad de un sacerdote ejemplar, con la
influencia educadora de un maestro, con la buena voluntad de algunos
vecinos, y la fiesta se ha celebrado  satisfaccin de todos, modelo de
orden y de cultura.

Con muy poco gasto y menor esfuerzo se conseguira lo mismo en todos
los lugares de Espaa. El paisaje de Espaa es como su espritu:
hosco, spero. Pongamos dulzura en los paisajes y en las almas. No
escuchemos la voz egosta de esos enamorados de lo caracterstico, de
lo pintoresco. Son los que se asoman al campo y pasan de largo, sin
dejar  su paso amor ni bondad. El amor al paisaje por el paisaje es
como el amor  los animales: una forma del egosmo, de la misantropa.
Los paisajes y los animales no dan disgustos como las personas.
Estos _dilettanti_ de lo pintoresco se complacen en la rudeza de los
campesinos. Para lo que han de estar entre ellos! Que se instruyen?
Qu lstima! Que pierden carcter? Qu profanacin! Hasta el da de
la pedrada  del garrotazo  de la coz, que todo llega...

No hay derecho  mantener, en nombre de lo pintoresco, la ignorancia,
el atraso, que nunca son bondad, aunque puedan parecer sencillez.
Dulcifiquemos, dulcifiquemos, sin temor  que la dulzura desvirte
la virilidad. Los pueblos de vida amable sern siempre ms ardorosos
defensores de su independencia que los pueblos de vida ingrata,
atormentada. Slo entre los descontentos nacen los traidores. Es
preciso una gran virtud para amar  una patria en que nada es amable.

El seor Canalejas, que tan gubernamentalmente ha tronado contra los
inadaptados, debiera darse una vueltecita por algunos lugares de
Espaa; y lo que haba de admirarle entonces sera... que hubiera
tantos adaptados  lo inadaptable.

       *       *       *       *       *

Sarah Bernhardt celebra sus bodas de oro teatrales. Cincuenta aos de
teatro! Y todava su arte extraordinario, nico en la historia de la
escena, logra sobreponerse  los ultrajes del tiempo. Verdad es que
nunca el espritu se sirvi de medios tan inmateriales de expresin
material como en la divina artista. El cuerpo de Sarah nunca tuvo edad;
su voz no fu nunca de humano timbre. No era la voz que se oye; era la
voz con que se suea. Era como la luz musical del pensamiento. Y la
noble armona de sus actitudes! No hubo sensacin fugitiva que no se
consagrara en ella, como en escultura, para la inmortalidad.

Pars, escptico adorador de sus dioses, ya sonre ante los cincuenta
aos escnicos de la actriz bisabuela; pero sonre carioso y admirado.
Sarah, con muy buen acuerdo, ha ido  celebrar sus cincuenta aos de
teatro  Inglaterra. Los ingleses saben admirarla sin escepticismo.
La juventud espiritual de Sarah es para ellos tan respetable como la
propia juventud de la vieja Inglaterra. Un milagro de voluntad, si al
decir voluntad cabe decir milagro. Esa gloriosa vida de arte supone
una tensin constante de espritu sin un desfallecimiento, sin una
desconfianza en las propias fuerzas. Sarah slo ha vivido para su arte;
el arte ha correspondido, generoso,  tanta fidelidad.

       *       *       *       *       *

En las fiestas de Salamanca he podido apreciar los tristes efectos del
_absentismo_. De las casas grandes, de linajuda nobleza, cuyas ms
saneadas rentas de Salamanca proceden, muy contadas han sido las que
contribuyeron al lucimiento de las fiestas. Y digo yo, y decan muchos:
Qu mejor ocasin para un acto de presencia? Son das en que los
humildes, no slo miran sin odio el lujo de los seores, sino que lo
agradecen y lo admiran como un esplendor ms de la fiesta. Son das de
acortar distancias y de suavizar asperezas.

Las hermosas muchachas premiadas en el Concurso de belleza, las que
vistieron los trajes clsicos de charra, tuvieron que pasear por la
poblacin en deslucidos coches de alquiler. Para cundo guardan los
grandes seores de la provincia sus trenes de gala?

En la escolta de charros montaraces, que dieron guardia de honor  los
prncipes de Baviera, faltaron los de casas muy principales. Buen
ejemplo para los de abajo!

Luego se quejarn del desamor de los humildes! Pues qu!, hacen algo
por merecer su amor  su respeto?

Hay altas posiciones sociales que imponen muy altos deberes. No es de
los ms penosos el de dejar, por unos das de fiesta en la provincia,
alguna playa  balneario del extranjero, donde, sin pensar, se va en la
ruleta del Casino lo mejor de las rentas solariegas.

Los grandes seores han olvidado el arte de agradar, que, claro est,
no es ms que el arte de saber aburrirse. Pero ese arte es un deber
de la nobleza y del dinero. Y es un deber que est tan compensado!
Siempre que procuramos agradar acabamos por ser agradables; y... cuando
se es agradable, se est ms divertido que nunca.




XXV


Bien pudiera algn predicador haber repetido las exclamaciones famosas
de Bossuet, en los funerales de una princesa de Francia: Madame
se meurt!... Madame est morte! Las que pusieron espanto en aquel
auditorio de prncipes y grandes seores de la Corte, al considerar
cmo, en el breve espacio de dos exclamaciones, aun no vista llegar,
pas la Muerte. La Muerte niveladora, y, por serlo, el ms cierto
resplandor de la ideal Justicia sobre la tierra; el ms seguro anticipo
suyo para otra eterna vida. La Muerte, de quien otro poeta francs
dijo: Et les gardes qui veillent aux barrires du Louvre, n'en
defendent pas nos rois.

Y triste actualidad recobran tambin los versos de Cervantes  la
sbita muerte de la reina Isabel de Valois:

      Cuando dejaba la guerra
    libre ya el hispano suelo,
    en un repentino vuelo,
    la mejor flor de la tierra
    se fu trasplantada al cielo.
    Y al cortarla de la rama
    el mortfero accidente,
    fu tan oculto  la gente,
    como el que no ve la llama
    hasta despus que la siente.

Los poetas de ahora temen ser tildados de cortesanos, y, slo cuando
se trata de lisonjear las malas pasiones de los de abajo, no se
juzgan aduladores. As, los poetas no cantarn  la buena memoria de
la infanta Mara Teresa. Ni es necesario: estas vidas sencillas, de
bondad, de recogimiento, parece como si se profanaran con altisonancias
ditirmbicas. En el abultado libro de la Historia, sobre el trompeteo
de las grandes hazaas blicas y de las intrincadas empresas polticas,
estas vidas han de ser como flor guardada entre las hojas del libro:
una meditacin, un silencio entre el barullo de tantas grandes y de
tantas malas acciones, que son la Historia y son la vida...

Ni aun sientan bien ponderaciones cortesanas por el dolor que su
muerte causara  los suyos. Para qu decirnos que las tristezas de los
grandes de la tierra son excepcionales como su grandeza? No estar
nuestra mayor simpata en saber que son iguales  las nuestras? El
dolor de la madre? No digis  las madres que es un dolor de reina;
decidles que es el dolor de todas las madres, y cmo no han de
comprenderlo? Ved cmo la Religin cristiana, al divinizar el dolor de
Cristo, humaniz el dolor de la Virgen madre; porque divinizado hubiera
dejado de ser dolor, al gloriarse en la gloria del Hijo.

Ni es bien poner distancias ante el dolor que  todos iguala. Ofrezcan,
con grandeza de alma, los grandes de la tierra sus dolores, como
sacrificio aplacador de odios y envidias. Nunca como en la Cruz
comprendi  Dios la Humanidad; porque en la Cruz est ms cerca de
nosotros.

       *       *       *       *       *

Cuando se estudia con serenidad algn problema econmico, hay que decir
como aquel personaje de una comedia: A quin se engaa aqu? Esto
es: Quin se lleva aqu el dinero? Porque oye usted  los patronos,
y no es porque lo digan ellos, les ajusta usted las cuentas y no puede
usted por menos de darles la razn. Ellos no se llevan el dinero. Oye
usted al trabajador, al obrero, y la razn les sobra: no pueden vivir.
Y oye usted  todo el mundo, y el dinero no parece por ninguna parte.
El propietario de fincas, ya rsticas, ya urbanas, obtiene un menguado
inters de su capital, y el arrendatario y el inquilino dicen que ya
no pueden con la renta. El industrial se queja del comerciante, el
comerciante del industrial, y el comprador de todos. Todo el mundo est
mal servido y nadie est contento. Y, no obstante,  esto es  lo que
llaman orden social y esto es lo que, segn dicen, hay que sostener 
toda costa.

No valdra la pena de hacer algn ensayito para cambiarlo todo?
Aunque fuera en seco; esto es, sin guillotina ni tiroteo por las
calles; un ensayo en buena armona, puesto que nadie est  gusto y
todos se quejan. Y si viniera  resultar, como es de temer, que el
verdadero tenedor del dinero de todos es el Estado, con impuestos
desproporcionados, insoportables para el pas, que el Estado se
encargue de todo y con dos suculentos ranchos al da nos alimente 
todos. Y no nos asustemos del socialismo, cuando la actual organizacin
social no es otra cosa: un socialismo con mala administracin.

       *       *       *       *       *

Caricatura veraniega (sin dibujo y fuera de Concurso).

En el Casino:

--Qu le pasa  Juanito? Tiene una cara!

--Que le han dejado sin una peseta.

--S? Cunto ha perdido?

--Pues eso: una peseta.




XXVI


Cuando un madrileo, en cualquier esfera social, ha llegado  ocupar
un puesto, alto  bajo, ya puede asegurarse que se lo ha ganado por
su propio esfuerzo. Al madrileo no le gusta deber nada  nadie. Por
eso, aun de la clase ms humilde, prefiere los oficios independientes,
en los que menos haya que obedecer y ser mandado. As es muy raro
hallar un madrileo dedicado al servicio domstico, y si, por razn
de sus ocupaciones, depende de algn patrn, maestro  jefe, todo se
conseguir del madrileo por la razn persuasiva  por el ruego amable;
nada por el mandato indiscutible, ni por el rigor spero.

El madrileo no tiene cacique  quien pedir recomendaciones; no trata,
ni siquiera conoce,  sus diputados; no tiene colonia que le proteja 
le obsequie.

Por todas estas consideraciones, yo, que he perdido en absoluto mi
aficin  los toros, siento muy viva simpata por el torero madrileo
Vicente Pastor y celebro su triunfo en la ltima corrida. Lo celebro
con doble satisfaccin, porque, aunque me est mal el decirlo, entiendo
de toros una barbaridad y no soy de los admiradores del da siguiente.
Cuando Vicente Pastor, en sus aos de desgracia, que fueron ms de
los debidos, y apuntados van  su condicin de madrileo, andaba
aperreado por esas Plazas, y en la madrilea sobre todo; favorecido por
los empresarios con todo el ganado de peor lidia, toros cornalones,
resabiados, mansos perdidos, nunca dej de ver y de apreciar en l lo
que ms tarde apreciaron muchos como un descubrimiento: que Vicente
Pastor es de los pocos toreros que saben para lo que sirve la muleta;
de los pocos que paran y castigan.

Y vaya si ha bregado Vicente Pastor hasta colocarse en el lugar que le
corresponde! Nadie dir que lo ha robado.

Los toreros madrileos luchan siempre con grandes desventajas. Por
la mayor baratura y facilidad de conduccin, en las novilladas les
sueltan, por lo regular, ganado de la tierra que, si escogido para
corridas de toros, es siempre ms duro y ms dificultoso que el ganado
andaluz, que ser en novilladas, donde todo boyancn es de recibo.
Hechos  torear mansos, al tomar la alternativa y encontrarse con toros
ligeros y bravos, los toreros madrileos andan de primeras torpes y
desmaados. Al contrario de lo que suele sucederles  los fenmenos
novilleriles de Andaluca, que, acostumbrados  torear all toritos
fciles y ligeros, al primer toro de la tierra que ven asomar por los
toriles andan de cabeza y se acab el fenmeno.

Con Vicente Pastor hicieron horrores las empresas. Recuerdo una corrida
de novillos, con lucha entre un len y un toro como amenidad de mayor
atractivo, y en ella Vicente Pastor hubo de torear con el estorbo de
una gran jaula en medio del redondel; y por si esto no bastara, como
despus de la lucha no hubo medio de sacar al toro de la jaula, el
presidente orden la salida del toro de lidia, el cual, naturalmente,
tom la querencia de su compaero y semejante, y as hubiera tenido
que torearle y que matarle Vicente Pastor si la protesta unnime del
pblico no hubiera obligado al presidente  disponer la retirada del
toro enjaulado.

Luego se espantan los empresarios si los toreros, cuando llega la suya,
tienen exigencias.

Vicente Pastor no ha llegado por intrigas; no, ciertamente. Bien puede
estar orgulloso de ello; ha llegado, como buen madrileo, sin deber
nada  nadie. Y hoy habr toreros ms vistosos, ms bonitos, ms
alegres; pero lo nico verdad, lo nico serio, el nico toreo de buena
ley que se ve en las Plazas es el de Vicente Pastor, el madrileo.

       *       *       *       *       *

El Hotel Palace se levanta soberbio como un gran transatlntico. Aquel
trozo de Madrid, de tan seorial aspecto cuando los tres linajudos
palacios, de Medinaceli, del Infantado y de Vistahermosa, eran todo un
casero; tan desolado, cuando el inmenso solar del primero de dichos
palacios llenaba de obscuridad y de tristeza aquella parte de Madrid;
hoy, con el gran hotel  la moderna, ha cobrado un aire cosmopolita, de
playa  de balneario  la moda, con su Casino resplandeciente de luces,
bullicioso de multitud pasajera, con su msica bailable y su ejrcito
de servidores.

Con el hotel Ritz y el Palace ya cuenta Madrid con dos hoteles
europeos. Quizs los precios sean ms asiticos que europeos y, por
este lado, el problema de los alojamientos en Madrid no se haya
resuelto con arreglo  la capacidad espaola. Es de esperar que los
europeos y los americanos nos sostendrn estos lujos, que para nosotros
solos seran excesivos.

Ya no hay pretexto para no venir  Madrid. Y, en verdad, ahora que
tanto se habla del turismo y tendremos en Madrid un Congreso para
discutir cuanto al turismo se refiere, todo el problema es este: No
acuden los turistas  Espaa por falta de buenos hoteles,  no hay
buenos hoteles en Espaa por falta de turistas? Problema biolgico: Es
la funcin la que crea el rgano  el rgano la funcin?

De cualquier modo, hay mucho que agradecer  los que as arriesgan su
dinero en el rgano, anticipndose  la funcin.

El viajero de raza no retrocede ante las incomodidades; pero el viajero
de raza es poco productivo; suele viajar  pie y sin dinero. Al
viajero _snob_, que es el ms provechoso, hay que atraerle con mucho
mimo y cultivarle con todo regalo. Una catedral gtica, las ruinas
de un castillo son admirables despus de una buena comida en un buen
hotel. Tan admirables, que algn viajero que slo vena por admirar
la catedral  las ruinas, deja de visitarlas por el gusto de volver 
un hotel donde tan bien se come. Porque si es verdad que un cuadro de
Velzquez compensa de una mala fonda, tambin es verdad que una buena
fonda compensa de no ver el cuadro.




XXVII


A los que se inquietan por mis obras futuras,  los que suponen mi
entrada en la Academia como una abdicacin de mi independencia, puedo
asegurarles que no reniego de una sola de mis obras ni renegar nunca;
ellas son toda mi vida, y unas mejores, otras peores, todas responden 
un estado espiritual. Ni de las culpas ni de los errores debe renegarse
cuando no se ha perdido en ellos nuestra conciencia, antes nos han
servido de provechosa enseanza.

Nuestra vida no se gobierna por ideas, sino por sentimientos. Nadie se
asimila las ideas que no apetece, como nadie se alimenta de lo que no
le gusta, salvo en caso de necesidad extrema. Por fortuna, yo no me he
visto precisado  comer de ideas que me repugnaran. Es aventurado jurar
sobre nuestro estmago mucho ms que jurar sobre nuestra conciencia;
pero me creo capaz de haberme dejado morir de hambre. Mas, si alguna
vez me hubiera visto en esa extremidad, como el miserable boticario de
_Romeo y Julieta_, hubiera dicho: Mi necesidad es la que delinque; no
mi conciencia.

De que son las ideas las que se coloran de nuestros sentimientos,
es buena prueba la idea religiosa. Ninguna parece ms fija, ms
determinada; parece que  todos los creyentes haba de unificar en una
misma accin, encaminada al mismo fin; no obstante, unos prefieren la
vida contemplativa; otros, se consagran  obras de caridad con fervor
activsimo; otros,  la propaganda batalladora; todos creen seguir una
idea, y lo que siguen es las naturales inclinaciones de su corazn.
Lo mismo en Arte; si por ideas escribiramos, diramos siempre lo
mismo y diramos una misma tontera siempre. Que nuestro arte sea
espontneo, como juego de nios, expresin de vida y de fuerza y de
natural esparcimiento; despus, nuestro arte, como los juegos tambin,
ir ordenndose con cierto ritmo, y lo que fu primero actividad ser
luego belleza y al fin ser bondad.

No habr sido as la creacin, como una obra de arte, como un juego
de nios; expresin de una fuerza que, por ser fuerza, es bella y por
ser bella es al fin buena? Actividad, Inteligencia, Bienaventuranza: el
Tamas, Rajas y Gattva de la Teosofa india, en que Dios dice al
hombre: T eres yo mismo, mi imagen y mi sombra; yo me he revestido
de ti y t eres mi vehculo, hasta el da sea con nosotros! en que
volvers  ser yo mismo y los dems t mismo y yo.

De donde se deduce que en la vida universal, como en la vida de cada
uno de nosotros, todo es armona y no hay para qu maldecir de las
disonancias.

       *       *       *       *       *

Sera falsa modestia hacerme el desentendido. Amigos cariosos
pretenden obsequiarme y, con el mejor deseo, acaso no aciertan con el
obsequio de mi gusto. Queris saber lo que ms pudiera satisfacerme?
Nada de banquetes, nada de exhibiciones; podis suponer que por grande
que fuera mi vanidad personal, estara ya bien satisfecha.

Empieza el invierno; hay una obra meritoria que no consigue prosperar,
en lucha con la indiferencia: la obra del Desayuno Escolar. Yo os
agradecera con toda mi alma que ese fuera el obsequio: contribuir 
ella en lo que habais de contribuir  obsequiarme en otra forma. A
todos nos quedara mejor recuerdo; la buena obra del Desayuno Escolar,
atendida, ser el mejor obsequio para m y un obsequio ms duradero en
el corazn de todos los que nos unamos en el amor  los nios.

Si me creis capaz de una gran vanidad, permitidme que me envanezca de
este modo; si me estimis lo bastante para creer que llevo ms alto el
corazn que la inteligencia, ya que por amigos os estimo ms que por
admiradores, sea el obsequio de corazn  corazn. As el da que me
sienta vanidoso, podr decir: Gracias  mi talento, he procurado el
desayuno  muchos pobres nios! Y el da que me sienta modesto, por
lo menos tendr el consuelo de pensar: Yo no tendr mucho talento;
pero los pobres nios de las escuelas tienen su buen desayuno en las
maanas del invierno!

De suerte que ya lo sabis: con este obsequio no me obsequiais para
un da solo, que sera de vanidad; me obsequiais para muchos das:
unos, de vanidad; otros, de modestia, que all se van alternados, como
los das tristes y los alegres; pero todos son buenos cuando sobre su
variable temperanza ponemos algo que est sobre nosotros mismos, sobre
nuestras arrogancias  nuestros desalientos.




XXVIII


Siento molestar  mis lectores con asunto referente en parte  mi
persona, aunque, por tratarse de una obra buena, tenga ya ms alto
inters para todos. Pero debo satisfaccin  cuantos han respondido
generosos, y es justo que responda la gratitud en donde mismo se elev
el ruego.

De todas partes llegan  m ofrecimientos en favor del Desayuno
Escolar y tambin importantes donativos. Gracias  todos. A Rosario
Pino, la insigne actriz, que ofrece el producto ntegro de la funcin
inaugural de su temporada en Valladolid. Y, en este caso, yo me atrevo
 solicitar de Rosario Pino que la mitad del ingreso se destine  La
Gota de Leche, institucin fundada en Valladolid. Del mismo modo,
cuantos beneficios se den en teatros de provincias deben repartirse
entre la institucin madrilea y alguna que, con el mismo fin de
proteccin  la infancia, exista en la provincia.

La empresa del teatro Espaol y, al frente de ella, Matilde Moreno,
la gran artista de todas las delicadezas, se apresuraba  ceder el
ingreso de otra funcin que ha sido aplazada  ruegos de la Comisin
organizadora de estos beneficios.

El Crculo de Bellas Artes me anuncia en carta de su presidente, don
Alberto Aguilera, que destina la cantidad de 1.000 pesetas para el
Desayuno escolar.

El primer actor don Luis Echaide me ha entregado la cantidad de 500
pesetas, importe total de su sueldo durante los das en que ha actuado
en el teatro Espaol. Luis Echaide no quera cobrar dichas funciones y
slo ha aceptado el cobro con la idea de ofrecerme esa cantidad.

En carta que firma Un admirador me envan 25 pesetas; don Santiago
Aragn, otras 25; el seor Gazul, de Llerena, otras 25; el seor
Sabito, de Infiesto, 7,50. Muchas gracias  todos.

Ahora yo suplico  los que me anuncian el envo de otros donativos y
 los que me preguntan  quin han de enviarlos, esperen por unos
das hasta que pueda organizarse convenientemente. Yo tengo sobradas
ocupaciones para entender en esto.

Muchas son tambin las solicitudes para que se atienda  otras
instituciones benficas, todas muy laudables y muy dignas de ser
atendidas; pero como atender  todas es imposible, preferible es
atender  una sola con resultado.

Una hay, sin embargo, que yo crea identificada con el Desayuno
escolar, y aunque no sea una misma en la organizacin, identificada
est en el propsito. Es la institucin de las Cantinas Escolares.
Como todo hace esperar que la recaudacin ha de ser importante, bien
puede repartirse el ingreso entre las dos benficas instituciones, ya
que las dos realizan la misma buena obra y mal puede haber divisin ni
rivalidad entre ellas. De todas suertes, como el ofrecimiento primero
fu al Desayuno escolar, no he de ser yo quien decida; apelo  la
generosidad de los seores organizadores de esta ltima institucin, y
creo que no apelar en vano.

       *       *       *       *       *

Entre los acuerdos de la Comisin reunida para festejarme hay uno con
el que no puedo estar conforme, y perdone la respetable Comisin. Todo
cuanto redunde en beneficio de los pobres nios me parece de perlas,
aunque sea  costa de mi exhibicin personal. Pero la idea de erigirme
un monumento, por sencilla que sea, tendr siempre mi oposicin ms
decidida. Soy enemigo de esos homenajes en vida, mucho ms si la vida,
por desgracia  por dicha, aun no toca  su acabamiento. Yo no s si
habr ya escrito mis mejores obras; pero s que aun puedo escribir las
peores. Esos homenajes esculturales que, por serlo, tienen algo de
funerarios, slo pueden discernirlos con serenidad las generaciones
futuras. Qu sabemos lo que pensarn los que vengan de nuestras obras?
Pesa mucha literatura sobre la Humanidad y de cada vez se impondr una
seleccin ms depurada.

Necesitan estos monumentos, adems, para su contemplacin gentes
desapasionadas; pero mientras vivimos entre amigos y entre enemigos
personales, quin sabr decirnos dnde acaba la pasin y dnde
empieza el conocimiento?

No, por Dios; nada de monumentos: todo para los nios pobres.

Y otra vez pido perdn  mis lectores por haberles hablado de m; vaya
en gracia de la intencin.




XXIX


Aquellas guerras de los cien aos, de los treinta aos, tan molestas
para los estudiantes de Historia Universal, ya no seran posibles.
Las guerras de ahora tienen la ventaja de la brevedad. Mueren en
ellas ms hombres que en las antiguas; pero mueren ms pronto. Puede
ponderarse su corta duracin con las mismas expresivas frases de cierto
predicador, al considerar la rapidez de los deleites carnales: Por qu
os condenis, hermanos? Si fuera asunto de una hora... Qu digo de una
hora? Si fuera asunto de cinco minutos... Pero, no; zs, zs, zs, y
ya estis en el infierno!

Por fortuna, las guerras modernas son un lujo muy costoso. Lo nico
barato en ellas, por eso es lo nico que puede derrocharse, es el
factor hombre. Un soldado, con su racin y todo, vale bastante menos
que los cartuchos por l disparados.

Esta baratura del factor hombre es consecuencia del poco coste de
produccin.

En esta guerra de los Balkanes se ha dado el mismo edificante
espectculo que solan dar en otros tiempos algunos prncipes
cristianos alindose con el Gran Turco por enemistad con otros
prncipes cristianos. Mal disimuladas, por el buen parecer, las
simpatas de la culta y cristiana Europa estaban, en esta guerra, del
lado turco. No quiero pensar mal; pero sospecho que hasta oraciones, en
templos muy catlicos, se han elevado al cielo en favor de las armas
mahometanas.

Los turcos tenan su deuda muy bien repartida. Los otros desgraciados,
por no tener, no tenan ni acreedores. Qu inters podan inspirar 
nadie?

Todava, despus de las victorias conseguidas, han de esperar  que las
grandes potencias las den por buenas; porque los turcos habrn perdido
muchas batallas, pero pensar que Europa va  perder su dinero!

Como que no hay quien mire por uno como los acreedores. Por
patriotismo, debiera procurar el Gobierno espaol, al levantar el
anunciado emprstito de 300 millones, que se cubriera en el extranjero;
de ese modo, tal vez en situaciones apuradas contaramos con la
simpata y el inters de otras naciones fuertes; inters y simpata
que nos faltaron en momentos muy crticos, quizs porque no estbamos
bastante entrampados con el extranjero.

Todo el arte de la guerra moderna est en enzarzarse, no con quien
pueda menos que nosotros, sino con quien deba menos.

       *       *       *       *       *

Tan vulgar tpico era el de la alegra espaola que, por extremosa
reaccin, han sido muchos los escritores  rectificarle con la
contraria afirmacin de nuestra tristeza. Yo no s si seremos alegres;
pero tristes, de ningn modo. El pueblo espaol no es un pueblo triste;
es un pueblo duro, que no es lo mismo.

De que no somos tristes es buena prueba nuestro modo de celebrar la
conmemoracin de los difuntos. Puede darse menos emocin, menos
recogimiento espiritual, menos ternura, en una palabra?

La gente pasea por los cementerios como por un jardn; re y bromea
y comenta con chistes los epitafios. Esto no puede llamarse alegra,
ni siquiera desprecio  la muerte, por fe religiosa  por elevado
estoicismo filosfico; esto es, sencillamente, dureza; esa dureza
agresiva que est en la entraa de la vida espaola. En el hogar, en la
vida pblica, en el Arte. Por eso hemos sido siempre tan retricos; por
eso tenemos tantas frmulas de cortesa y de cumplimientos. Nuestra
naturalidad es tan spera!

La fiesta de los muertos debiera serlo de gratitud para los muertos
gloriosos, para los buenos muertos... Y el amor acude  las sepulturas
en el primer ao, la vanidad hasta cinco; mas la verdadera piedad del
recuerdo no tiene flores para los poetas, ni para los hroes, ni para
los humildes... All nos esperen por muchos aos!, dicen los que viven
 gusto. Estn muy ricamente!, dicen los que viven desesperados. Y
as, entre el egosmo satisfecho de los unos y el egosmo desesperado
de los otros, los vivos van  la muerte, los muertos al olvido, y la
vida espaola es muy alegre, si alegra es que nada importe, y muy
triste, si tristeza es no amar la vida, en verdad, ni alegre ni triste;
dura como el odio: la nica pasin sin risas y sin lgrimas.

       *       *       *       *       *

_Don Juan Tenorio_, casi desterrado de Madrid, ha encontrado esplndido
refugio en Barcelona. En quince teatros, lo menos, se ha representado
all en estos das.

Si no supiramos que en Barcelona ha triunfado tambin durante
muchos aos, y aun sostiene muy bien su cartel, el seor Lerroux,
que es el Don Juan Tenorio de la poltica espaola, por lo seductor,
por lo audaz y por lo de bajar  las cabaas y lo de subir  los
palacios--presidenciales, se entiende,--pudiera creerse que la
predileccin del pblico de Barcelona por hroe tan nacional como Don
Juan Tenorio tena mucho de ensaamiento despectivo: Vean el personaje
que nos mandan esos castellanos!

Pero no; no hay segunda ni prfida intencin. El pblico de Barcelona
se entusiasma con nuestro Don Juan, como ya no nos entusiasmamos
nosotros. Seales de los tiempos!

Vyase por el proyecto de mancomunidades, que tiene en Madrid ms
decididos partidarios que en Barcelona.




XXX


En la sesin dedicada por el Ateneo de Madrid  la gloriosa memoria de
Menndez y Pelayo, al oir algunos fragmentos de sus obras, sabiamente
glosados por el seor Bonilla San Martn en su magistral estudio de
las obras y del espritu del gran don Marcelino; al sentir cmo la
prosa clida, vibrante, toda emocin, toda elocuencia, del insigne
polgrafo conmova hondamente al auditorio, pensaba yo cmo se debiera
en Espaa,  imitacin de Francia y de Inglaterra, sobre todo, publicar
selecciones de las obras maestras; medio eficacsimo para vulgarizar el
conocimiento de muchos escritores que, como Menndez y Pelayo, por no
haber escrito siempre obras de un inters general, slo consiguen ser
ledos por los especialistas interesados en aquellas materias.

Dije en otra ocasin que Menndez y Pelayo era ms admirado que ledo.
Y no hay que espantarse por ello. Hay dos clases de lectores: los
estudiosos, atentos con preferencia  las obras que pueden servirles en
sus investigaciones especiales, y los desocupados, atentos slo  la
amenidad de los libros; lectores de novelas, de poesas, de cuentos.

La obra total de Menndez y Pelayo, cada una de sus obras en
particular, aunque nadie como l, por ser tan artista y tan poeta y
tan creador, supo dar amenidad y calor de vida  la crtica erudicin,
todava mantiene  respetuosa distancia  los que muy especialmente no
se interesan por la crtica y la historia literarias.

Una esmerada seleccin de sus obras,  semejanza de las muchas
publicadas en Inglaterra, de Ruskin, de Carlyle, de otros grandes
escritores, facilitara la lectura de lo bueno  los asustadizos de lo
mucho.

En Espaa no sabemos ser oportunistas; siempre por los extremos:  todo
 nada.

No convendra refundir, aligerar muchas de nuestras obras clsicas?
Es preferible que permanezcan ignoradas del todo? Ya s que sus
admiradores incondicionales, muchos de los cuales las admiran de odas,
no dejaran de clamar: Profanacin! Sacrilegio!

Profanacin sera recortar, borrar y repintar una pintura de Velzquez
 de Goya, pues los cuadros slo tienen un ejemplar. Pero una obra
literaria no padece detrimento por estas experiencias. Siempre queda el
original para los que quieran admirarla y estudiarla en su integridad.

Quevedo, Gracin, Saavedra Fajardo, otros grandes escritores, hoy
tan poco ledos; _La Celestina_, _Guzmn de Alfarache_, otras muchas
excelentes novelas, perderan algo con estas selecciones?

De Inglaterra nos llegan todos los das libros pequeos, libros
amables, lindos como juguetes, con pensamientos y trozos escogidos
de los grandes poetas y escritores. Para quien de ellos sabe, son un
recuerdo, una flor del jardn, una rama del bosque; para el que nada
saba, son una iniciacin, tal vez la puerta de oro que se abre al
jardn encantado.

Pongamos estos libros ligeros en las manos perezosas, ante los ojos
distrados de las almas frvolas, que vayan perdindoles el miedo...
El libro espaol trae siempre un severo ceo de maestro; es preciso
alegrarle con la sonrisa del buen amigo.

       *       *       *       *       *

Por fin, el seor jefe superior de Polica, tan riguroso cumplidor de
la ley de proteccin  la infancia, cuando de espectculos teatrales se
trataba, se ha convencido de que lo menos perjudicial, el trabajo menos
penoso para un nio es el de representar un corto papel en el teatro.

Era ridcula esa severidad en el trabajo de los nios en el teatro,
cuando  todas horas del da y de la noche andan infelices criaturas
tiradas como perros por esas calles; cuando nios de cuatro y de cinco
aos vocean peridicos  las altas horas de la madrugada; cuando hay
vendedoras de peridicos y dcimos de lotera, menores de edad, que,
como los horteras complacientes, siempre le preguntan al comprador:
Desea usted algo ms? No hablemos de los botones y recaderos de
Crculos y hoteles que, por razn de su oficio, muy semejante, en
ocasiones, al que Cervantes tena por muy necesario en toda repblica
bien ordenada, han de enterarse y entender de todo.

Y ya que de nios hablamos,  las muchas personas que  m se dirigen,
interesadas en la buena obra del Desayuno escolar y de las Cantinas,
les dir, que, nombrada una Comisin, ella es la que ha de disponer lo
ms conveniente.

A m estas andanzas, por ahora, no me han trado ms que disgustos y
molestias. A disposicin de la Comisin est lo recaudado por m; y en
cuanto  la nube de pedigeos que de continuo me enva solicitudes y
memoriales, ha de saber que el cargo de acadmico no tiene asignadas
rentas ni sueldos; que agradezco mucho las postales alegricas, mesas
revueltas, platos pintados y otras chucheras, como toda prueba de
admiracin, siempre que sea, por lo menos, gratuita. S, por Dios.
Basta de aplausos ya, bravos pecheros!




XXXI


Un crimen es un caso de una enfermedad social, que puede ser endmica
 epidmica. Por eso todo crimen debe ser asunto de meditacin, de
recogimiento de nuestra conciencia. No caigan todo el horror y toda la
culpa sobre el _caso_, tan irresponsable como el paldico que en su
organismo debilitado recogi los miasmas perniciosos, inofensivos para
el fuerte.

El anarquista? Si le consideris como un hombre de ideas, _sus
ideas_, ya le enaltecis demasiado y al mismo tiempo eluds vuestra
responsabilidad. El anarquista viene  ser lo que en Teosofa llamamos
una forma de pensamiento, un elemental artificial, producto de esa
misteriosa energa animada por nuestros pensamientos, buenos  malos,
de amor  de odio.

Sabis de qu est hecho un anarquista? Del espectculo del lujo
insolente, de la ociosidad parasitaria, de la envidia que calumnia y
murmura, de la intriga y del favor encumbrados, del mrito desconocido,
de la justicia recomendada, y, sobre todo esto, de mil ligerezas que
consideramos insignificantes: amenidades, pasatiempos de la vida
diaria...

El orador que, por redondear un discurso con una frase de efecto,
preconiza el atentado personal contra el enemigo poltico  quien
despus saluda respetuoso,  quien por s mismo  por tercera persona,
pedir algn favor,  quien estima personalmente,  quien sera incapaz
de ocasionar el menor dao.

El escritor--y entremos todos--malabarista de frases que desmiente
en privado lo que escribi en pblico, y esas graciosas charlas que
desgranamos en los Crculos, en los cafs, y esas indignaciones que no
llegan  perturbar nuestra digestin... Qu pas este! Los polticos!
El chanchullo! El negocio sucio! Sabe usted por qu se ha hecho
esto? Todos lo mismo!...

Y todo ello, un da y otro, va condensndose en una forma de
pensamiento, en ese elemental artificial, vido de tomar vida y
cuerpo, y, al fin, como espritu diablico en los antiguos posesos,
se entra por el cerebro dbil del mastoide, ya perturbado con pobres
lecturas, se aduea de l y le deslumbra con la idea fija de ser el
reparador, el justiciero. Una idea fija siempre parece una gran idea,
no por ser grande, sino porque llena todo un cerebro. Y el brazo se
arma, y el crimen, como el rayo, hiere brutalmente, sin eleccin,
sin descernimiento... Un zarpazo de fiera desgarra una pgina de la
Historia. Los ms inconscientes culpan al criminal, los ms cndidos
 la Polica, los ms solapados aprovechan la ocasin para culpar al
enemigo, para pedir represin violenta, prevenciones extremadas. Todo
se vuelve aspavientos sobre el _caso_. No es el caso, es la enfermedad,
endmica  epidmica, lo que importa.

Hagamos escrupuloso examen de conciencia social, y todos tendremos de
qu acusarnos. Quin no ha sembrado un granito de anarquismo? Quin
no ha perturbado con algn pensamiento de odio?

Hay que reprimir, hay que escarmentar, hay que suprimir! Ya se sabe:
al energmeno siempre responde el energmeno.

No; no es por el campo exterior por donde hay que dar la batida;
intrinqumonos dentro de nosotros mismos, y ser ms segura caza y ms
acertado remedio.

Cuando ocurre un caso de enfermedad contagiosa--y ninguna tan
contagiosa como el crimen,--desinfectar la vivienda es muy importante,
por lo pronto; pero es ms importante sanear toda la ciudad, todo el
ambiente.

       *       *       *       *       *

La sesin del Congreso suspendida en seal de duelo por la muerte del
presidente del Consejo, fu de tan glacial severidad, que no pareca
sino que la mano trgica de la _Intrusa_ atenazaba todos los corazones.
Aquello fu hielito puro. Dcese que los grandes dolores son mudos y
que el verdadero sentimiento nunca es retrico. No lo creo yo as;
antes creo que el dolor, como todo sentimiento verdadero, son los
ms grandes retricos; que no fu la retrica la que di reglas al
sentimiento, sino el sentimiento  la retrica.

Y la verdad es que un poco de retrica no hubiera sentado mal en
aquellos momentos. Se abomina, sin razn, de la retrica, y tal vez
creyse dar ms solemnidad al acto con aquel laconismo sin arte y sin
artificio.

Pero aquella elegante concisin, aquella noble sobriedad, no fueron
apreciadas en toda su delicadeza ni por los diputados en el Congreso,
ni por el pblico despus.

El alma de la multitud es amplia y, como en los amplios lugares, se
pierden en ella los matices delicados; necesita de frases sonoras,
calurosas, vibrantes. Sin duda los oradores lloraban de verdad en
aquellos momentos; pero el pblico no pudo apreciar el valor de
aquellas lgrimas sin palabras...

Y es que el Arte ser una mentira, pero es insustituble para comunicar
verdades.




XXXII


El decreto para organizacin de la Polica ha promovido discusiones. La
Polica es uno de los organismos sociales ms difciles de acomodar 
gusto de todos. Si pretende ser previsora, es casi imposible que lo sea
sin profanar  cada paso las libertades pblicas y hasta el sagrado de
la vida privada. Las indagaciones secretas, los informes privados, las
fichas; en una palabra, todo lo que viene  ser higiene en la Polica
es antiptico  los ciudadanos. Sin perjuicio de censurarla airadamente
y de pedirle estrecha cuenta de la imprevisin, cuando no ha podido
evitar un delito, por falta, muchas veces, de esa higiene preventiva y
molesta.

Cmo conciliarlo todo? Llamamos inquisitorial  la Polica si se
excede en sus previsiones, y la censuramos por inepta si no es capaz de
impedir un delito , si cometido, no lo descubre y esclarece en todos
sus pormenores.

Sobre la Polica pesa una triste tradicin en nuestro pas, desde los
alguaciles siniestros de nuestras novelas picarescas y sus cuadrilleros
pavorosos hasta el polizonte del absolutismo y el guindilla de nuestras
jaranas populares. No se dignifica una institucin en un da. Qu
es preciso para ello? Que nadie considere vergonzosa la profesin de
polica, que nadie se desdore por ser auxiliar suyo.

Indicado el nombre de un distinguido personaje poltico para la
Jefatura de Polica, no hemos ledo la rectificacin desabrida, como
de quien rechaza una injuria? Pues es preciso que la Polica llegue 
ser estimada como profesin noble.

Para ser un buen jefe de Polica son necesarias condiciones superiores
de inteligencia. Hay que ser hombre de mundo, ante todo, y no de un
solo mundo. Hay que ser gran psiclogo, para saber tratar las leyes
como  las mujeres; esto es: lo mismo cuando se las atropella que
cuando se las respeta, parezca siempre que es por amarlas, sobre todo.

En nombre del amor estn justificados todos los atropellos. Un buen
jefe de Polica debe poseer con las leyes el supremo arte en que fu
maestro Don Juan Tenorio con las mujeres: el de violador que enamora;
al que, cuando atropella, se le dice: Gracias!

       *       *       *       *       *

En Pars se ha conmemorado el trescientos cincuenta aniversario del
natalicio de Lope de Vega. En un teatro de los llamados all  cot
se ha representado, precedido de una interesante conferencia, un acto
de _La estrella de Sevilla_, otro de _El mejor alcalde, el rey_, unas
escenas de _La Dorotea_, no representadas nunca, ni en Espaa, deca
el cartel, y unas escenas de _El castigo sin venganza_. Todo ello
traducido con cierta libertad, pero muy lindamente.

Aqu se ha representado por estos das _El anzuelo de Fenisa_, una
de las ms primorosas comedias de Lope de Vega. Ya sabemos que estas
obras antiguas, nunca viejas, no pueden despertar hoy la viva emocin
de cualquier obra moderna. El teatro, como la oratoria, como el
periodismo, vive de lo actual y su mayor gracia es lo efmero; como en
la flor, como en la mariposa. Son contados los genios poderosos que en
la oratoria, en el teatro  en el periodismo lograron eternizar el
instante.

Pero causa tristeza la displicente actitud de nuestro pblico ante
esas obras. Ello revela una incultura, un alejamiento de nuestra
historia, una incapacidad de ponerse en situacin, todo ello  base
de ignorancia, que mal pretende disfrazarse de sabidura, echndolo 
elegante escepticismo.

Dentro de poco nuestro teatro clsico ser letra muerta. Y lo malo es
que no lo habremos sustitudo en nuestra admiracin con el teatro de
Ibsen ni con el de Mterlink.

       *       *       *       *       *

El doctor Moliner anda por Madrid en busca de... cien millones de
pesetas, nada menos. El doctor Moliner no es hombre para desistir de
su propsito. Esos cien millones son su idea fija. Tener en Espaa
una idea fija, constituirse en incansable propagandista de ella,
sacrificar comodidades, posicin social, por esa idea, es sentar plaza
de loco , por lo menos, de monomanaco.

Las ideas son bonitas para exponerlas un da en un brillante discurso,
en un artculo vibrante, en una crnica de actualidad; pero por Dios!,
no conviene insistir sobre ellas...

A m me advirtieron: Ya ver usted; el doctor Moliner le ir  ver 
usted, le hablar  usted de sus cosas, le dar  usted la lata; no
sabe hablar de otra cosa.

Y el doctor Moliner vino  verme y le o con admiracin, y volv
 orle en la conferencia que di en el Ateneo sobre lo mismo;
conferencia, por cierto, que no ha merecido una noticia en muchos
peridicos, y el doctor Moliner tendr en m otro incansable
propagandista de su locura, de su lata, como quieran llamarla.

Esa locura, esa lata, es pedir al Gobierno cien millones de pesetas
para Sanatorios martimos, para colonias escolares, para escuelas
higinicas... Es un presupuesto que pudiramos llamar de la salud, de
la vida. Ya veis si la cosa es disparatada! Las Sociedades obreras de
Valencia lo piden en respetuoso mensaje, de que es portador el doctor
Moliner.

Las Sociedades obreras de Madrid, la Casa del Pueblo, no se han dignado
tomarlo en consideracin.

Manifiesta seal de la funesta orientacin revolucionaria de esas
Sociedades.

No quieren tener que agradecer nada para conservar en toda su plenitud
el derecho  la queja; opinan como el sabio, en la comedia de Caldern,
que:

      A trueque de quejarse,
    haban las desdichas de buscarse.

Ya lo dicen en carta dirigida al doctor Moliner: Todo eso no es ms
que un calmante...

Lo quieren todo  nada. Todo? Y qu es todo en la vida? Qu es todo
si no es un poco cada da, un paso en el camino de la perfeccin?
Seran ellos capaces de revolucionar su mundo interior en un da? Y
de lo que no son capaces en su espritu, se creen capaces con el mundo
entero!

Por lo mismo que as desvaran, hay que darles eso que ellas llaman
calmante,  pesar suyo, contra su voluntad; voluntad que ni siquiera
interpreta la voluntad de todos, como lo muestra ese mensaje de las
Sociedades obreras de Valencia.

El Gobierno del seor conde de Romanones puede hallar el mejor programa
de su poltica en ese calmante, en ese presupuesto de salud, de
vida.




XXXIII


En el nmero de _El Libro Popular_, correspondiente al 5 de Diciembre,
en un artculo titulado El prncipe de los dramaturgos, referente
al autor francs M. Curel, escribe don Enrique Gmez Carrillo lo que
textualmente copio:

  --Curel!--os oigo murmurar--quin es Curel?... En castellano
  nunca hemos visto ninguna de sus obras.

  Con su nombre no, efectivamente. Pero hay una comedia suya que fu
  traducida por Benavente y que obtiene desde hace diez aos el ms
  grande de los xitos en Espaa y en Amrica. Me refiero al Repas
  du lion, que en nuestra lengua se titula La comida de las fieras.

  --Pero--vais, sin duda,  decirme con justa malicia--por qu esta
  pieza figura como original entre las obras de Benavente?

  --Sin duda por razones de empresa--os contestar, repitiendo una
  frase del mismo dramaturgo madrileo.

  Una comedia que se da como traducida, no tiene nunca, para las
  compaas, la misma importancia que una comedia nueva.

  En todo caso, si el autor de Los intereses creados, que es, ante
  todo, un hombre de honor, se apropia la paternidad del Repas
  du lion, no por eso deja de entregarle los derechos que le
  corresponden al verdadero autor. En las cuentas que la Sociedad
  de Autores, de Madrid, manda cada trimestre  la Socit des
  Auteurs, de Pars, los productos de La comida de las fieras
  figuran siempre en el haber de Curel. Entre gente del oficio esto
  no es un secreto para nadie. El gran Joaqun Dicenta, que tan
  admirablemente ha presidido el Sindicato de los comedigrafos
  madrileos durante algunos aos, da testimonio de que en cuanto los
  auteurs parisinos reclamaron en nombre de uno de sus asociados la
  paternidad de la obra castellana, Jacinto Benavente fu el primero
  en reconocer que su Comida de las fieras no era, en efecto, sino
  un arreglo del francs.

Cuando un escritor de seriedad y respetabilidad como don Enrique Gmez
Carrillo asienta con tal aplomo semejantes afirmaciones, algo debe
haber de verdad en ellas. Veamos. Ser verdad que _La comida de las
fieras_ no es sino traduccin  arreglo de la obra de Curel _Le repas
du lion_? Por unas cinco  seis pesetas que costarn los ejemplares de
las dos obras puede cualquiera salir de dudas. Ni por el asunto, ni
por la idea, ni por los personajes, hay el menor parecido entre una y
otra. Hasta la aparente similitud del ttulo es una gran diferencia.
_Le repas du lion_--basta haber ledo las fbulas--es, como todos
saben, la parte del len. _La comida de las fieras_ es... el domador,
segn mi obra, basada, como recuerdan cuantos la han visto  ledo,
en escenas muy madrileas y de actualidad cuando la obra se estren.
Pasemos.

Ser verdad que don Joaqun Dicenta, como presidente de la Sociedad
de Autores Espaoles, asegur  don Enrique Gmez Carrillo que los
derechos de _La comida de las fieras_ eran enviados  la Sociedad de
Autores Franceses?

Don Joaqun Dicenta tiene la palabra; entre tanto, don Miguel Ramos
Carrin, actual presidente de la Sociedad, me escribe la siguiente
carta:

  Mi querido amigo: La Sociedad de Autores Espaoles no enva ni ha
  enviado nunca  la de Autores Franceses parte, grande ni pequea,
  de los derechos de representacin correspondientes  las obras de
  usted, porque, para hacerlo, no hay ninguna orden.

  Claro es que  usted le consta; pero, por complacerle en lo que
  desea, as lo declaro oficialmente.

  Sirva, pues, para quien, sin fundamento, afirma lo contrario.
  Siempre de usted compaero y padrino literario,

                                         MIGUEL RAMOS CARRIN.

Todo esto aparte, mal podra M. Curel cobrar esos trimestres, de que el
seor don Enrique Gmez Carrillo est tan al tanto, cuando _La comida
de las fieras_ no se ha representado en Espaa ni en Amrica desde
hace once  doce aos. Como se ve,  pesar de mi buen deseo, no puede
hallarse el fondo de verdad que yo deseaba en las afirmaciones de don
Enrique Gmez Carrillo.

Ha sido ligereza? Para ligereza, es demasiado. Ha sido mala
intencin? Para mala intencin, es poco. Ha sido irona? Para
irona faltaba el fundamento de que _La comida de las fieras_ fuera,
en efecto, algo parecido  _Le repas du lion_. Ha sido una broma
literaria? Como broma s hubiera tenido gracia... all en la juventud
de don Enrique Gmez Carrillo.

Contra la opinin de muchos, yo creo que slo ha habido ligereza por
parte de don Enrique Gmez Carrillo, y espero que se apresurar 
rectificarla.

Don Enrique Gmez Carrillo, por su historia literaria, por su
significacin, no est en el caso de que se le confunda con uno de
esos jovenzuelos cronistas que sueltan dos  tres impertinencias, para
llamar la atencin, en cualquier peridico de ventura.

Y conste que el menos molestado con la ligereza he sido yo. En esta
semana la actualidad era hablar, en pro  en contra, de la Prensa.
Don Enrique Gmez Carrillo me ha dado asunto para no verme obligado 
opinar; asunto y argumento. Muchas gracias.




XXXIV


A cada ao nuevo acude, con todo el valor de una gran verdad
filosfica, la reflexin que, en otras ocasiones, no es ms de un
tpico adecuado  tertulias caseras: Cmo pasa el tiempo!

Parece que fu ayer cuando estrenbamos siglo, y ya nos andamos por su
ao 13. Pavoroso nmero para los agoreros!

Por lo pronto, aparte la guerra de los Balkanes, ineludible legado de
su antecesor, para nosotros ha comenzado con su poquito de perturbacin
poltica y, lo que es ms grave, con la amenaza de una caresta general
de los comestibles si no sacamos pronto en rogativa  unas cuantas
imgenes de singular devocin.

A este respecto, sera muy de agradecer la buena intencin del ilustre
jefe del partido conservador si, al retirarse de la vida pblica,
hubiera pensado: Despus de m, el diluvio. Hoy por hoy, un diluvio
es lo ms necesario sobre esta tierra nuestra, siempre combatida por
los extremos:  sequa hasta perecer,  inundaciones y desbordamientos
hasta la ruina.

Por una vez, llovera  gusto de todos; conformidad tan dificultosa de
obtener en negocios del cielo y de la tierra.

En la noche primera del ao una multitud alborozada, ms que un nuevo
ao, pareca estrenar una vida nueva. A la flor de ilusin le basta
con tan poco para prender de nuevo en nuestras almas! Una fecha del
calendario es suficiente. A las once y media, nada esperamos de la
vida; al sonar de las doce, lo esperamos todo de un ao nuevo. Doce
uvas nos bastan para embriagarnos de ilusiones y de esperanzas.

Qu nos traer el ao 13? Hasta ahora no trae, como cumple  todo
recin nacido, su correspondiente pan debajo del brazo.

La multitud gozosa, que le saludaba al nacer, no pensaba en esto. Ni
siquiera pensaba que, con el pan, subir la carne, y con la carne el
precio de los toros de lidia.

La multitud, como los nios, es irreflexiva en su alegra.

       *       *       *       *       *

La moda tiene su significacin en Arte. Y tiene su valor el artista que
logra imponer una moda, y ms si la moda es natural expresin de su
espritu y en l fu originalidad y slo pareci moda al ser despus
seguida y copiada por los imitadores. Y gran valor tiene tambin el
que, con ajustarse  la moda, logra, no obstante, destacarse entre los
uniformes figurines con fisonoma y aire muy personales.

Pero as como en una reunin de la mejor sociedad, aunque por lo pronto
se lleven la atencin las mujeres ms llamativas en el vestir y en el
adorno, las que ponen la moda, cuando nuestra curiosidad se ha reposado
agradecemos el sencillo atavo de alguna noble dama y en su seorial
sencillez aprendemos dnde est la verdadera distincin, as en Arte,
sobre las gracias y frivolidades llamativas de la moda, acabamos por
volver los ojos  la noble sencillez, que es de todos los tiempos.

Antes de ahora lo he dicho: creo que en ningn tiempo hubo en Espaa
tantos y tan buenos poetas como ahora. De ellos, los hay favorecidos
por la moda; de ellos,  quien la moda perjudica. De ellos, y Manuel
Sandoval es el primero, de los que no vistieron su poesa con galas 
la ltima, de los que dejaron pasar figurines, seguros de que la moda
volvera  ellos, y ellos, aunque alguna vez pudieron desesperarse al
verse desairados, nada perdieron con esperar.

_De mi cercado_ es el ltimo libro de versos de Manuel de Sandoval.
En los anteriores, _Cancionero_ y _Musa castellana_, haba dado clara
muestra de su valer. Hay en uno de ellos una poesa  los primeros
pasos de su hija, de las que no se olvidan, de las que dejan esa
emocin perdurable que se suma  las emociones de nuestra propia vida y
es el verdadero valor de una obra de Arte.

_De mi cercado_ es la plenitud del poeta. Lase Ptina; lase
Recompensa.

Como es esta ltima poesa la musa castiza, de noble prosapia
castellana de Manuel Sandoval, bien puede decir  los que  ella se
lleguen:

      Yo soy para vosotros deidad, sirena y maga;
    yo soy pasin sin celos y goce sin hasto;
    hoguera que el aliento del huracn no apaga
    y fuente que no seca los soles del esto.

      Tan slo al que me ama someto  mi albedro;
    me otorgo como premio, mas no como merced;
    exijo, si soy fuego, que me busquis con fro,
    y quiero, si soy agua, que me busquis con sed.

       *       *       *       *       *

Ir para tres aos, da ms, da menos, que empec  escribir estas
charlas de Sobremesa. Muy agradecido  mis lectores, muy agradecido 
la direccin de este peridico, creo que ha llegado, con el ao nuevo,
ocasin de despedirme por algn tiempo, no sin sentimiento por mi
parte; fuera ingratitud, de que soy incapaz.

Renovarse  morir, ha dicho un excelso poeta. Ya que uno no pueda
renovarse  su voluntad, bueno es que la propia conciencia nos advierta
del peligro que hay en ser siempre el mismo, que es el de fatigar  los
lectores. A m me conviene descanso, y  vosotros variedad.




XXXV


_Desde Algeciras._--Algeciras es una minscula Cosmpolis. Picaresca,
linda andaluza de todos festejada,  quien nadie pregunta por su
abolengo y de quien nadie indaga el origen de su fortuna. Es bonita, se
presenta bien, sabe comportarse en sociedad, y basta.

Su nombre logr resonancia universal en los das de la Conferencia;
aquella Conferencia en que la diplomacia europea dej arreglado todo...
lo que ha sido preciso arreglar despus punto por punto.

Tiene dos excelentes hoteles muy  la europea, un _kursaal_ muy
concurrido, con recreos honestos; cinematgrafo, un buen sexteto.
Alguien echar de menos otros recreos, aliciente sabroso de estos
lugares. Yo no ech nada de menos. Algunos murmuradores dirn que all
se juega; yo no he visto jugar.

Las mujeres de Algeciras son muy guapas y visten con verdadera
elegancia. El madrileo puede guardar para otro lugar y otra ocasin la
compasiva sonrisa que tuvo para otras elegancias provincianas. Aqu no
hay por qu sonreir.

Frente  Algeciras se alza el Pen de Gibraltar como enorme
_dreadnought_ anclado. Un lejano atavismo nos mueve  indignacin y 
tristeza. Bien ser guardar el sentimiento patritico en lo ms amplio
de nuestra filosofa. De manifestarlo, nos expondramos  observar en
torno esas actitudes y esas caras que podemos advertir cuando en una
visita cometemos alguna indiscrecin de la que no es posible avisarnos
en voz alta sin cometer otra ms grave.

Algeciras, La Lnea, San Roque, toda la comarca debe mucho  la
vecindad del Pen. Corren aires de Europa. Tal vez se piensa si no
sera ms conveniente que razas y pueblos estuvieran as salpicados,
entremezclados, por pequeas agrupaciones, sin la gran divisin de
extensos territorios y sealadas fronteras. Quizs la fraternidad
universal sera ya efectiva.

       *       *       *       *       *

_Desde Ceuta._--Estremece pensar que Ceuta, en manos de nuestros
Gobiernos, haya sido lo que fu hasta muy poco. Por fortuna, gracias 
los conjuros del general Alfau, se desvaneci la pesadilla. Aun dej el
presidio alguna atmsfera angustiosa: los elementales artificiales de
que nos habla la Teosofa. No subsistirn. Ceuta despierta, Ceuta vive
y trabaja con fe y con entusiasmo.

Las tropas espaolas animan y alegran la ciudad de situacin
privilegiada, de suave clima, de sanos aires. Soldados y oficialidad
son orgullo de todo buen espaol. Los que hemos visto en ciudades
extranjeras muy guarnecidas, tumultos, indisciplinas, borracheras, y
vemos este orden, esta disciplina, esta confraternidad de nuestros
soldados, nos atrevemos  decir  nuestros inquietos antimilitaristas:
La perfeccin no es de este mundo; pero, dentro de nuestro estado
social, el Ejrcito es lo mejor que tenemos en Espaa.

       *       *       *       *       *

En las canteras de Benz trabajan espaoles y moros en las obras del
puerto. Un moro jovenzuelo, de vivo mirar, fino de cabos, como una
gacela, como un antlope; resplandeciente de seoro sobre el pobre
jaique, con esa nobleza de origen, don celestial en todas las razas
hijas del Sol. Su vestidura es msera, no teme al sol ni  las lluvias
y lleva, como pudiera llevar un atributo de realeza, un gran paraguas,
bien arrollada su tela de algodn. Los moros ms pobres tienen
predileccin por el paraguas. No es utilidad, es lujo. Como el sultn
bajo su imperial quitasol, ellos van orgullosos con su paraguas de tres
pesetas debajo del brazo. La democracia busca extraos senderos para
llegar  todas partes.

El morito busca trabajo, se conduele--Moro no tiene trabajo; busca y
no encuentra.--Y el morito sonre ladino. Yo s que en las obras del
puerto se da trabajo con facilidad. Le digo que no lo buscar con
muchas ganas. De seguro. Ser su padre quien le mande. El morito se
re ya francamente.--Cuando trabaja, duele cabeza.--Y se tiende sobre
unas piedras como sobre un almohadillado divn; me pide un cigarro,
lo enciende y ni siquiera se divierte en mirar  los que trabajan en
derredor; alza los ojos y mira  lo alto.

       *       *       *       *       *

Desde Ceuta  Tetun va pasando ante nuestros ojos todo el escenario de
nuestra guerra de Africa. Cmo sobreponerse  la emocin del glorioso
recuerdo? La guerra de Africa fu el nico redoble pico que son 
glorias espaolas en nuestros das.

Recordamos cuanto omos referir  nuestros padres, con el calor de
viviente actualidad. La entrada de las tropas victoriosas en Madrid,
despus de la toma de Tetun; el entusiasmo delirante del pueblo
madrileo; las bizarras de Prim; la serena inteligencia de O'Donnell.
Recordamos el _Diario de un testigo de la guerra de Africa_, el libro
que prendi en nuestra infancia blicas llamaradas, resueltas en peleas
 pedradas; juegos de moros y cristianos.

El _Diario de un testigo_, tantas veces ledo en aquella edicin de
Gaspar y Roig, con sus ingenuos grabados en madera, con sus terribles
morazos, terror de nuestros sueos infantiles!

Ahora, en la realidad, pasan ante nuestros ojos Sierra Bullones, Los
Castillejos, con su prestigio de pica leyenda. Ya puede haber cado
sobre nuestro espritu una avalancha arrolladora de escepticismo, de
criticismo y de cuanto puede pesar sobre el corazn como losa sepulcral
de entusiasmos, que la losa saltar  latidos del corazn ante estos
lugares y la oracin  la patria se alzar desde muy hondo; ms hondo
que de nuestro propio corazn: desde el corazn de nuestra madre; como
las oraciones  Dios que ella nos enseaba y surgen siempre cuando,
sobre todos los engaos de nuestra inteligencia, la verdad del corazn
se estremece al golpear de un verdadero sentimiento.

       *       *       *       *       *

Antes de llegar  Tetun son bosquecillos de adelfales, frondosos de
laurel y floridos de rosa. El mar, muy azul, se festonea de blancura
al caer sobre la playa de las conchas; blanca tambin, ms blanca que
las espumas; de albor calizo sus arenas.

Despus, al fin, Tetun, ms blanco todava; sus caseros, como
terrones de azcar, extendidos aqu, all apilados. Como irisacin de
tanta blancura deslumbradora, los alminares de las mezquitas con el
esmalte de sus mosaicos multicolores.

Un aura de encanto, de misterio sagrado, envuelve  la ciudad de las
cincuenta mezquitas y los innumerables morabitos. Yo tengo que recordar
algunas ciudades espaolas para no asustarme.

Al entrar por la Puerta de Ceuta el encanto queda roto. Parece
imposible que toda aquella blancura total pueda descomponerse en tantas
negras suciedades. Nunca con ms razn puede decirse que la suma no es
igual  los sumandos.

El Quin vive?  las puertas de la ciudad le da un acre olor 
teneras; el olor que os perseguir siempre, que sentiris penetrar
hasta los huesos, correr por las venas.

Figuras y grupos interesantes restablecen pronto la atencin
desilusionada. Un negro enano, con grandes anillos en las orejas,
loquea en la plaza. Es el _Garibaldi_ de Tetun. Pasa un aguador,
vestido de los ms pintorescos harapos que puede imaginarse. Toca
su cabeza con un canastillo de mimbres. Slo nosotros le miramos
sorprendidos. El ni siquiera se sorprende de nuestra extraeza.


Visitamos al nuevo baj, recin llegado  Tetun. Es mulato, de
arrogante figura y noble porte. Viste como un moro de romance: de sedas
sutiles como gasas, una tnica azul muy plido, y sobre ella otra
blanca, y sobre todo ello un ropn tambin blanco y transparente. Nos
ofrece el t  la morisca. Sonre y se lleva la mano al corazn.

El cnsul me presenta. Tiene una frase amable, que pudiera envidiar
cualquiera de nuestros hombres pblicos: Las ciencias y las artes hacen
grandes  las naciones.

Las casas de los moros acomodados presentan graciosos contrastes.
Patios y salas  lo morisco, y, entre todo, lmparas de comedor,
procedentes de cualquier bazar europeo; cmodas dignas de la calle de
los Estudios, espejos de cafetn, floreros y baratijas de baratillo.

En la casa de un rico moro, sobre una cmoda se ostentaban dos floreros
de altar entre candeleros de la misma especie. Pareca dispuesto para
las Flores de Mayo  para una devota novena casera. No falta el lbum
de retratos con msica y profusin de relojes sin mrito alguno.

En el patio de un moro poeta, un patio todo recogimiento, todo poesa,
junto  una fuente de preciosos azulejos vease un armario chinero, y,
al travs de sus cristales, como preciosidades de vitrina, un frasco
de Odol. Buen reclamo! Otros cachivaches, y... oh, civilizacin!,
verdadero smbolo de la penetracin pacfica, un instrumento... Cmo
nombrarlo? Una soberbia lavativa, en fin, inglesa, de llave.

Este poeta, famoso entre los suyos, escribi en el lbum de uno de mis
acompaantes unos versos en rabe. Traducidos, decan as: Cuntas
veces amamos  la ciudad, aunque sepamos que no es la mejor, ni su
cielo el ms azul, ni buena el agua de sus manantiales... Pero es la
Patria!

Yo no s si el poeta moro escribira con intencin y  la nuestra,
estos versos. En su fisonoma inteligente la ancianidad sonrea con
maliciosa resignacin.




XXXVI[1]

       [1] Discurso ledo en la fiesta que di el _Mundo Grfico_ 
       beneficio de los soldados heridos en campaa.


  Seoras y seores:

Si yo creyera que habais tomado en serio el anuncio de esta, que
mal puede llamarse conferencia, ni leccin, ni disertacin, y no ha
de ser ms que una charla veraniega, apropiada al lugar y al tiempo,
no sabra cmo disculparme antes de empezar, ni cmo pediros perdn
al haber terminado sin deciros cosa de provecho. Ah es nada! El
arte de escribir! Toda una vida de escritor slo puede mostrarnos las
dificultades de ese arte, que ni se aprende ni se ensea, por lo menos
con reglas fijas.

Cuentan de un seorn adinerado, que al recibir en su casa  un
glorioso poeta, con esa osada que da el dinero, le pregunt:
Dgame usted: Es muy difcil ser poeta? Y el poeta le contest
sencillamente: Oh, seor! O es muy fcil  es imposible.

De todo arte, del arte de escribir, por lo tanto, puede asegurarse lo
mismo. O es muy fcil  es imposible.

Quiere esto decir que el estudio no sirva de nada, que el arte sea un
don ajeno  todo esfuerzo,  toda voluntad; que el verdadero artista
sea inconsciente y en su obra se limite  ser instrumento, poco menos
material que los materiales, y como dice la Escritura: La voz sea de
Jacob; pero la mano de Esa?

Cierto que, sin ser fatalistas, es preciso creer en una predestinacin.
Basta leer la vida de los grandes hombres de la Humanidad, basta con
observar nuestra propia vida para comprender cmo hay en toda criatura
una predisposicin natural que le inclina, sin forzarle, como dicen los
telogos, hacia una direccin espiritual determinada, y cmo hasta los
sucesos de nuestra vida que ms parecen apartarnos de nuestro camino,
al fin vienen  ser como atajos de ventaja, y sin ellos veramos que
algo faltaba  nuestra vida y no hubiramos llegado tan seguros y tan
experimentados al derechero camino de nuestro propsito.

Sin esta inclinacin natural, sin esta predestinacin, comprenderamos
el ejercicio de algunas profesiones necesarias  la soberana armona
del mundo? Si por libre eleccin procediramos, todos elegiramos las
profesiones ms brillantes.

Ved una orquesta, por ejemplo; todos comprenderis que haya quien
sea director, hasta violn, lleguemos hasta el clarinete; pero el
bombo y los platillos!, quien comprende que puedan tocarse sin una
predestinacin irresistible? Y no obstante, como es preciso que haya
bombo y platillos para el perfecto conjunto instrumental, admiremos la
sabidura infinita que no inclin  todos los hombres al violn  la
batuta. Y desgraciados los pueblos en que todos quieren ser directores
de orquesta!

Que sobre la natural predisposicin es preciso el estudio, quin lo
duda? No creis nunca en eso que llaman inspiracin. Hay artistas
que prefieren pasar por geniales  pasar por estudiosos. Quieren dar
 sus obras la importancia de lo sobrenatural: Yo no he estudiado
nada--afirman;--yo no s cmo escribo, yo no s cmo pinto... No lo
creis; son coqueteras de artista. Alguien dijo que el genio era una
gran paciencia; yo me atrevera  decir que el genio es siempre el
premio de un gran trabajo.

Ahora que, el trabajo del artista, es muchas veces lo ms parecido  la
holganza. El artista pasea, el artista est tumbado, el artista fuma
 saborea una taza de caf; el artista, al parecer, no hace nada. Los
que andan como azacanes por la vida en trabajos de actividad material,
pasan por delante de l y sonren despectivos: Que buena vida! El
artista, tal vez pudoroso, como convencer al afanado de que aquel su
holgar es trabajo contra la vulgar opinin?--No se hace nada?--Phs!
Ya lo ve usted; nada.--Pero en esos aparentes ocios fueron engendradas
las grandes obras del espritu; porque todo es trabajo para el artista,
siempre en actividad su conciencia, siempre al atisbo su percepcin,
siempre vibrantes sus nervios... tan vibrantes, que muchas veces saltan
y se quiebran y en vez del bien templado acorde y la dulce armona,
es el desgarrado desconcierto de la locura  es el silencio pavoroso
de la muerte. El arte de escribir! El ms perfecto sera el que
llegara  comunicar esa exaltacin de nuestro espritu sin necesidad de
expresarnos con palabras.

Escribir es una limitacin, como lo es toda obra, como lo es todo lo
creado. S; la creacin es una resta del infinito; como toda obra es
una resta del espritu creador del artista. Por eso, lo mejor de una
obra no es lo que est en ella, sino lo que de ella se escapa para ir 
sumarse al espritu infinito.

Ved, pues, si es difcil espiritualizar materializando. Y eso es la
obra del escritor y eso es la creacin. Somos los hombres como vasos
en que fu recogida un poco de agua de un mar espiritual infinito. El
mar se ignoraba en su infinidad y quiso conocerse, ganar conciencia
as limitado. Nuestra labor espiritual no es otra cosa: reintegrar una
conciencia  lo infinito inconsciente.

A pesar mo, he hablado demasiado en serio. La ocasin que aqu me
trajo  interrumpir por unos instantes el grato esparcimiento de esta
noche, era para m seguridad de vuestra benevolencia.

Yo s quisiera, en esta noche, poseer absoluto dominio del arte de
escribir para unir todos los corazones espaoles en un solo sentimiento
de amor  nuestros hermanos. El nos junt aqu esta noche, y por la
expresin de este material sentimiento hasta sera ofensa daros las
gracias.

Esperemos que esta fiesta de amor sea el precedente de otras muchas
en este verano en San Sebastin, en las playas y balnearios donde
la gente adinerada se esparce y se divierte. Olvidarnos de los que
luchan y mueren por Espaa, sera criminal. Cuando all se cumplen
deberes penosos, olvidaremos nosotros los ms fciles? Ved que para
el triunfo glorioso de Espaa en tan difcil empresa, si mucho importa
que nosotros confiemos en los que all combaten, importa ms que ellos
confen en los que aqu quedamos. Al alerta! de aquellos campamentos
en tierra extraa ha de responder el alerta est! de la tierra
espaola. Slo as comprendern nuestros hermanos que donde ellos estn
est con ellos toda Espaa.




XXXVII[2]

       [2] Ledo en la ciudad de Valladolid en una fiesta de los
       pjaros.


Si esta fiesta, queridos nios mos, solo significase una leccin
aprendida en la escuela, poco significara en verdad. No aprendida
por vuestra inteligencia, prendida en vuestro corazn la quisiera yo
para siempre; no por razonamientos de necesaria cultura y menos de
provechosa utilidad, sino por sentimiento muy ntimo, muy hondo, por
efusin de simpata, por amor, en una palabra: aquella misma llamarada
de amor en que se arda el corazn de San Francisco, el serafn de
Ass, cuando cantaba  todas las criaturas de Dios como  hermanos:
Hermano sol, hermana agua, hermano lobo, hasta la hermana muerte; el
mismo amor que se eleva en aquella sublime plegaria del Buda: Dios
mo, evitad el dolor  cuanto existe!

Si esta fiesta solo significa una pblica exhibicin, algo como un
examen bien preparado de una asignatura, nada valdra, os digo.
No valdra ms que esas ruidosas hazaas guerreras de tambores y
trompetera, que con ser mucho en la historia de los pueblos son muy
poco en su vida. Los hroes de la vida son muy otros que los reyes y
los guerreros de la Historia; son los trabajadores del telar, de la
aguja, los inventores humildes, que ni un nombre dejaron.

Si hoy diseis suelta  estos pajarillos y maana en casa atormentrais
al gato y al perro, y al otro da en el jardn  en el campo, os
dedicrais  sorprender nidos y  destrozar rboles y flores, qu
valdra esta fiesta?

No es que yo desconfe de vosotros, queridos nios; aunque muy graves
sabios aseguran que sois de mala condicin por lo general, esos
sabios no os conocen bien, porque slo os han estudiado como hombres
de ciencia, y  vosotros hay que estudiaros con el corazn. Yo s
que los buenos sentimientos son naturales en vosotros, que vuestro
corazn est siempre abierto  la generosidad, que en vuestro espritu
alienta la ms clara idea de justicia; pero s tambin que los hombres,
cuando no con palabras y obras, con obras que desmienten  cada paso
sus palabras, os ensean muy pronto la mentira, la crueldad, la
desconfianza. Y no s yo qu sea peor, si malas palabras y malas obras
de acuerdo,  buenas palabras en contradiccin con las malas obras; aun
es ms perturbador, ms daoso este desacuerdo.

Qu importa que digamos al nio: no se debe mentir nunca, si el nio
ve y observa y comprende que nosotros mentimos siempre que nos conviene
y  l mismo le engaamos muchas veces por comodidad nuestra?

Qu importa que le digamos: hay que ser afable con todo el mundo, si
l nos ve descompuestos y groseros con los criados, con la familia,
con l mismo, con enojo desproporcionado, ms cuando una travesura
suya inocente nos molesta que cuando una verdadera manifestacin de
peligrosa maldad no llega  molestarnos?

Y creis que los nios no se percatan muy pronto de todas estas
contradicciones nuestras? Creeis que todo ello no va labrando en su
espritu recelos, hipocresa y rencores?

Por todo esto me atrevo yo  dudar de la eficacia de esta fiesta. Si
hoy los nios dan suelta  los pjaros y maana los padres van  los
toros,  qu leccin se inclinar su espritu?

Palabras buenas nos llegan de todas partes; pero de dnde vendr el
ejemplo? Y en la educacin slo el ejemplo es eficaz y slo l tiene
virtud de imprimir bueno  malo en las almas.

Ya lo dijo San Juan de la Cruz: ms vale predicador de pocas letras,
pero de ejemplares costumbres, que muy sabio en letras humanas y
divinas y de mal arreglada conducta.

No lo que nos dijeron padres y maestros, lo que en ellos vimos es lo
que qued para siempre grabado en nuestra inteligencia y en nuestro
corazn. Por eso la escuela sin la cooperacin del hogar nada valdra:
casa y escuela ha de ser como un solo templo con un solo culto: el alma
del nio.

Con palabras y con ejemplos es preciso educar la sensibilidad del
nio, despertar su simpata por cuanto existe y vive  su alrededor.
Los espaoles carecemos de ese precioso don de la simpata, que es
comprenderlo y amarlo todo. Si en lo geogrfico somos una pennsula, en
lo espiritual somos un archipilago. Separados unos de otros como islas
espirituales. Somos hoscos y duros, y toda la vida espaola adolece de
esta sequedad de nuestro espritu.

Somos pobres y nuestra vida es dura; como la vida es cruel con
nosotros, nosotros somos tambin duros y crueles. Y es que cuando somos
crueles con los dems, es que alguien fu antes cruel con nosotros.
Slo muy altos y nobles espritus saben volver el dolor en bondad y en
dulzura.

La historia nos lo dice: los reyes que dejaron nombres de sanguinarios
y de crueles, fueron los que antes de reinar tuvieron que soportar
penurias y afrentas: tal fu el caso de Nern en Roma, de Don Pedro
llamado el Cruel en Espaa. En cambio, los que se criaron entre
halagos y blanduras, sin que nadie les afrentara ni persiguiera,
fueron de condicin apacible y magnnima: tales San Luis de Francia
y San Fernando de Espaa, educados por aquellas dos nobles reinas de
Castilla, Doa Blanca y Doa Berenguela, de eterno ejemplo como madres
y reinas.

Yo s que muchos son en Espaa los que en nombre de un mal entendido
casticismo preconizan esta dureza nuestra como una preciosa virtud.
Juzgan que si furamos blandos de condicin, acaso perderamos en
virilidad. Nunca fueron  mi entender muy varoniles virtudes la
crueldad y la destemplanza. Mejor sienta al varn fuerte la noble
continencia y la apacible gravedad. Ni la dulzura de costumbres
debilita  los pueblos, antes por ser ms amable la vida ser en ellos
tambin ms firme el amor patrio.

De los descontentos y los mal hallados salen los traidores y los malos
patriotas, y en verdad que gran virtud es preciso para amar lo que no
es amable.

Una patria en que todos fueran dichosos, cmo no haba de defenderse
con mayor entusiasmo que una patria en que nadie se hallara  gusto?

Meditad sobre la significacin de esta fiesta. Al llegar  un pueblo no
hay que conocer  sus sabios, ni  sus artistas, ni su riqueza, ni su
podero para apreciar su grado de educacin y de bienestar; basta con
muy poco. Pueblo en que veis que los pjaros no huyen espantados al
acercarse un nio; pueblo en que veis que los gatos, esos mansos gatos
que se tienden al sol en las puertas de calle, no huyen como escaldados
y escarmentados cuando nios y mozalbetes se les acercan; pueblo en
que sobre las ms pobres tapias se alza la frescura frondosa de unos
rboles y en las ventanas sonren como saludo de paz las macetas
floridas, bien cuidadas, como  caricias de manos de mujer, bien puede
asegurarse que es un pueblo culto, de dulces costumbres, un pueblo
dichoso.

Queridos nios, vosotros sois el sol de maana: que ese sol brille ms
glorioso en nuestro cielo que aquel otro de nuestras grandezas, cuando
el sol no se ocultaba nunca en los dominios de Espaa.




XXXVIII[3]

       [3] Ledo en una funcin  beneficio del Montepo para mdicos.


Para mostrarnos cmo no puede haber paz en el alma de los malvados,
como aun al verlos triunfantes y en apariencia dichosos, no por eso
debemos desconfiar de la eterna justicia, dice un Santo Padre de la
Iglesia: En la conciencia del malvado hay siempre algo que tiembla.
S, es verdad...; pero tambin para los buenos, para los justos hay
algo que tiembla siempre. Ved; es un da feliz en la familia, tal vez
se celebra un santo, una fecha venturosa, ms unidos que nunca los
corazones, padres, hijos, allegados... todos respiran esa confianza
mutua, ese enlace de unas almas con otras, probadas en alegras y
dolores compartidos  todas horas... el corazn de cada uno engrana
en el corazn de los otros, como una piedra en slido edificio... el
edificio familiar; la familia! Nuestro pequeo mundo, en que nunca
pesa sobre nosotros la angustia de sentirnos abandonados, como Robinsn
en su isla, ni la tristeza de sentirnos perdidos, dispersos en la
multitud del mundo grande, indiferente, hostil, acaso... Es la hora de
la comida; la familia modesta, parte de su pan de comunin, bendito por
el trabajo honrado. En el silencio hay ms efusiva cordialidad que en
las palabras. Los pequeos ren alborozados.

Los padres sin mirarse se miran en sus hijos... De pronto la mirada
del padre se nubla de tristeza, un pensamiento triste ha pasado por
su frente, ha estrujado su corazn. S, tambin en el alma de los
buenos hay algo que tiembla, como en el alma de los malvados. El amor
de los suyos. Si yo me muero, ha pensado el padre, qu ser de estos
hijos? Quin podr darles esta alegra de ahora? Y en la desolacin
de su alma, los ve con hambre, con fro, como esas criaturas de la
calle que estremecieron tantas veces su corazn de padre, tanto de
compasin por ellos como de egosmo por los suyos... las criaturas
que piden limosna, que venden peridicos, la mozuela desvergonzada,
vctima de hombres soeces... el ladronzuelo conducido entre guardias 
empellones... Todo eso puede ser de sus hijos, de aquellas criaturas
que ahora son tan felices con tan poco, con la alegra de estar juntos,
de compartir con amor aquella comida de bendicin... alegrada por
alguna golosina de extraordinario... Y el padre tiembla y palidece, y
cuanto ms ren los hijos ms le cuesta contener el llanto que desborda
en su corazn.

--Qu te pasa?--le pregunta la esposa, que advirti pronto la cerrazn
de su alma.

--Nada, mujer. Qu quieres que me pase?

Pero ella lo sabe, porque tambin ha pensado lo mismo muchas veces...
slo que la mujer, cuando piensa en la muerte, piensa en Dios antes,
y ella est segura, porque as se lo ha pedido  Dios muchas veces...
de que el padre no les faltar nunca, porque ella le pide  Dios todos
los das que de morirse alguno sea ella... Yo no les hago tanta falta!
Slo las madres saben ofrecer as su vida en el recogimiento de sus
rezos, slo ella, por amor  sus hijos, llega  creer que no les hacen
tanta falta en el mundo como los padres...

Bendita institucin esta, que para socorro de viudas y hurfanos de
mdicos algn consuelo ser en la vida de los que apenas logran con
su trabajo la seguridad del da de hoy, siempre angustiada por la
incertidumbre del maana!

Penosa profesin es siempre la medicina, aun para los que logran
cumplida recompensa. No se comprende sin vocacin tan decidida como
la del sacerdocio. Consagrarse al dolor... luchar contra la muerte...
enemigo que cuando huye parece que no hubo mrito en vencerle, y cuando
se vence siempre deja lugar  la sospecha de que falt el acierto en
combatirle.

Juzga la vulgar opinin que los mdicos, en fuerza de frecuentar el
dolor, tienen embotada la sensibilidad... A pocos mdicos han conocido
en la intimidad los que as juzgan. Yo s de mdicos que han llorado
por muchos nios las lgrimas que no lloraba alguna madre indigna
de serlo; yo s de algunos mdicos que han salvado con abnegacin
 muchos enfermos del abandono de familias despreocupadas, yo s de
muchos mdicos que han muerto sin enfermedad, sin saber de qu... del
corazn, certificaba otro mdico, ms bien por convencimiento ntimo
que por diagnstico seguro... Lo que sucede es que el mdico, cuando
nadie ve llegar  la muerte, cuando todos sonren  su alrededor
confiados, es el nico que no puede llorar todava, y cuando todos
lloran porque la ven llegar implacable, es el nico que ha de sonreir
hasta el supremo instante... interponindose con fingida calma entre
los ojos espantados del moribundo y la negrura insondable de la muerte.

Pues estos hombres que pasan sonrientes como la esperanza, entre todos
los dolores y males de la tierra no pensaron apenas en el dolor de los
suyos. Ellos que saben como nadie, que esa crueldad del sentimiento
egosta, cuando al llorar la prdida de un ser querido hace pensar con
animal instinto:

En qu situacin hemos quedado! Ellos que saben la brutalidad de
la frase: El muerto se lleva la llave de la despensa. Realidad ms
descarnada que la misma muerte, consideracin brutal que parece
como si rebajara el sentimiento del alma al grito de la animalidad;
ellos no haban pensado nunca en los suyos para evitarles este dolor
vergonzoso...

Pues es preciso que, unidos todos, los predilectos de la ciencia y
de la fortuna con los humildes sea desde hoy tranquilidad de todos y
honra de la clase el que vuestras esposas, vuestros hijos, no tengan
que aadir  un dolor del alma el dolor del hambre. Que el padre
trabajador y honrado no se lleve al morir la llave de la despensa. Que
esas palabras crueles, slo justificadas por la crueldad de la vida, no
vuelvan  oirse en duelos familiares.

Es mala disculpa de nuestra indiferencia ante los males exclamar
resignados: La vida es as! Cosas de la vida!

Hay un espritu en nosotros que nada valdra si no fuera capaz de
sobreponerse  los males del mundo.

Tened en cuenta que la mayor seguridad de que hay una Justicia y una
Bondad infinitas est en que nuestro espritu las comprenda y las
desea, y que en nosotros hay poder para realizarlas, poder que Dios
bendice desde el cielo, cuando cantan sus ngeles: Paz en la tierra 
los hombres de buena voluntad.




XXXIX[4]

       [4] Discurso de D. Jacinto Benavente. 11 de Mayo de 1911. En
       los Juegos Florales de Badajoz.


  Seoras y seores:

Fuera descortesa solicitar vuestra benevolencia. Al haberme designado
para ocupar este puesto de honor, ya os anticipasteis  ofrecerme algo
ms: un cario, al que sabr corresponder con toda la gratitud de
mi alma, y una admiracin,  la que ya no puedo aseguraros si sabr
corresponder del mismo modo. Y, no por vanidad propia, creedme, para
contento vuestro, hoy ms que nunca quisiera corresponder  ella. Mas
si en algo habais de ser defraudados, antes prefiero que lo seis
por mi entendimiento que por mi corazn. Si el verdadero cario es
el que ms perdona, y el ms verdadero el que ni aun se cree en el
caso de perdonar, porque ni advierte si hubo falta, mayor ser mi
agradecimiento cuanto ms crea yo en conciencia que mucho habis
tenido que perdonarme; como perdona el noble, por natural nobleza,
sin darme  entender siquiera cuanto habis tenido que perdonar. En
ocasiones como esta, os sentisteis entusiasmados y conmovidos por
la palabra de elocuentes oradores; la palabra vibrante, con todo el
calor del sentimiento, con toda la gracia de la espontaneidad. Hoy la
palabra escrita llegar  vosotros apagada y descolorida. Hay de la
elocuencia del orador, corriente de agua saltadora y libre,  estas
mansas aguas aprisionadas, de la palabra escrita, la diferencia que
hay, entre enamorados, de la declaracin de amor trmula, que va de
la boca al odo, mejor dir, de boca  boca,  la carta en que el
amor se declara, con palabras muy comedidas, muy respetuosas, porque
no estn delante, al escribirlas, los ojos que niegan  conceden
licencia para mayor atrevimiento. Y, menos mal, si aunque corts y
fra, aun indica, por su misma timidez, la verdad del sentimiento,
peor, si con frialdades retricas, que quieren parecer apasionadas,
dice bien claro que fu copiada de alguna novela  ms vulgarmente del
secretario de los amantes. Yo no soy orador, ni soy elocuente. Aqu me
tenis con mi carta de enamorado tmido. Las hermosas jvenes que me
escuchan comprendern mejor que nadie la verdad de esta comparacin
entre oradores y escritores. Habis tenido novios orales y escritos.
Porque habris tenido ms de un novio. No temis que descubra aqu
vuestro secreto. Las mams no escuchan. Las mams no escuchan nunca;
slo miran. No lo habis observado? Al despedirse algn rendido
galn de ingeniosa charla, cuando las jvenes encantadas dicen: Es
muy simptico!, cmo las mams solo advierten: lleva muy rozados los
puos  tuerce los tacones. Es que las jvenes escuchan hasta con los
ojos; las mams no escuchan, miran siempre, hasta cuando parece que
leen un peridico  que duermen. Y qu bien hacen en mirar mientras
escuchis vosotras! Porque su triste experiencia ve ms lejos, porque
el matrimonio de maana y la vida de todos los das, tienen ms
relacin con los puos rozados y los tacones torcidos que con las
palabras seductoras, eterna letra sin sentido, de esa divina msica
del amor, con que la vida se burla eternamente, sin vencerlos nunca,
del eterno dolor y de la eterna muerte. Pensaris: ya pareci el
escptico, el ironista. Mal sientan ironas y escepticismo en fiesta de
amor y poesa. Pero el escepticismo no es negacin absoluta, es duda y
nadie duda de una verdad aparente, si no lleva en lo ms profundo de
su alma el sentimiento ntimo, la limpia imagen de la verdad verdadera
y con ella de lo que es bueno, y es bello, y es justo, y es noble, y
es grande. El escepticismo es comparacin y, naturalmente, todos los
que quieren engaarnos quisieran que no hubiera comparaciones, que no
furamos escpticos. Ya lo creo... Qu ganga para los falsificadores
de moneda si no hubiera moneda legtima para confrontarla...! Nunca
veris que el verdadero creyente se escandalice porque haya quien
no crea santidad la hipocresa de muchos devotos por conveniencia.
Nunca veris que la verdadera caridad se alarme porque no tomemos en
serio esas funciones y esas rifas benficas organizadas por alguna
Junta de seoras aristocrticas; esa caridad que no cuesta mayor
sacrificio que enviar unas circulares  los amigos, lucir un lindo
traje y leer despus la revista de algn cronista de salones--acaso
ste sea el mayor sacrificio--donde  vuelta de adjetivarlas  todas
muy primorosamente, el propio cronista, con guante blanco y llave
de aluminio, les abre de par en par las puertas del cielo. Pues 
no creer en cosas como stas se llama escepticismo. En cuanto  la
irona qu es la irona sino la bondad en la indignacin? Vamos 
indignarnos y nos entristecemos tanto que acabamos por compadecer y ni
queremos entristecer compadecidos. Y as es la irona... una tristeza
que no quiere llorar... y sonre... porque compadece y perdona. El
escepticismo y la irona son alas tambin del ideal, que, si no sirven
para elevarnos  grandes alturas, como la fe y el entusiasmo, sirven
para no tocar demasiado bajo en la tierra cuando  la realidad hemos
de acercarnos. Pero, no creer en nada! Eso slo es posible cuando
hemos dejado de creer en nosotros mismos. Cuando nada bueno hallamos
en nosotros, es cuando podemos decir: todo es malo; porque es nuestra
alma como nuestros ojos, que al asomarse  otros ojos lo primero que en
ellos vemos es nuestra propia imagen... Pero el bien existe mientras
el sentimiento del bien est en nosotros, aunque no seamos capaces
de realizarlo por imperfeccin de nuestra voluntad. El amor existe
mientras seamos capaces de amar, aunque nadie nos ame. La verdad es,
mientras nuestra razn no llegue  persuadirse de que son verdades,
todas las mentiras con que nuestros intereses y nuestras pasiones y
nuestras cobardas procuran engaar  nuestra conciencia. En nosotros
est nuestra vida y est nuestra muerte y est lo que ms importa,
nuestra eternidad, siempre que nuestra conciencia est sobre todo. No
hay que pedir fuera de nosotros mismos esa satisfaccin del premio y
del castigo, buena para desenlazar melodramas y folletines. Ved, en
las grandes tragedias de Shakespeare, la ms amplia concepcin de la
humanidad que produjo el arte. En ellas, como en la vida, el dolor, que
pudiera parecer castigo, cae por igual sobre los buenos y los malos,
con ms ciega fatalidad que en la tragedia griega. El poeta mismo, tal
vez espantado de no percibir en la tierra un resplandor de justicia
divina, llega  exclamar: Como las moscas para los chicuelos traviesos,
somos los hombres para los dioses; nos matan por divertirse... Pero
l sabe que sobre el terrible juego de los dioses, si eso fuera, est
siempre la idea de justicia en nuestra conciencia, ms alta que los
mismos dioses. Cuando envueltos en la misma trama de maldades mueren
con muerte violenta el infame Yago, el apasionado Otelo, Desdmona
sin culpa; aunque la fatalidad del destino sea para los tres dolor
y muerte, no es verdad que nuestra conciencia basta para decirnos,
aunque el poeta no lo diga, que es infierno y condenacin la muerte
para Yago, el que solo vivi para su egosmo, y es muerte animal,
muerte de fiera, la de Otelo, el que amaba mucho pero no amaba bien,
porque slo am por instinto, y es gloriosa la muerte de Desdmona, la
inocente, la que culpada no supo hallar ms que sencillas disculpas
porque las razones de la virtud son sencillas siempre? Y de los
tres, aunque solo Yago, por crueldad del poeta, hubiera sobrevivido y
triunfado de todos... Quin quisiera ser Yago? No hay vctima inocente
que quiera cambiarse al sucumbir por su verdugo triunfante. El que hace
bien ni sabe decir por qu lo hace; el que hace mal, ved cmo busca
explicacin  su conducta; ms que convencernos necesita convencerse
 s mismo de que hizo bien, tan cierto est de que hizo mal. Y es
que toda la maldad de los malos quizs llegara  suprimir el bien
sobre la tierra, pero no la justicia. Cuando todos los buenos fueran
desdichados, no habra un solo malvado que fuera dichoso. El mundo
moral est regido por rigurosas leyes mercantiles; todo valor recibido
representa el mismo valor abonado. Tal vez recibimos mal por bien, bien
por mal de quien no lo esperbamos. Es que el bien y el mal que hicimos
son crditos transferibles; cobramos  pagamos unos por otros, pero al
cabo de cierto tiempo todo est satisfecho. Vuelve el mal al mal, el
bien al bien; la moneda tal vez es distinta, el valor es el mismo. El
malvado parece hombre dichoso, est alegre... No os engais. Impunes
todos sus delitos que _escaparon_  las leyes humanas, absuelto por
todas las indulgencias,  descredo de la justicia de los hombres como
de la justicia de Dios, sin temor  nada ni  nadie, hay siempre en el
fondo algo que tiembla... En la mayor tristeza del justo, abrumado de
todos los males, sobre todas las negruras que pudieran obscurecer su
conciencia, hay siempre una serenidad de cielo, que ya sera el cielo
aunque otro cielo no existiera... Es tan mezquina nuestra idea de la
eternidad, que no podemos concebirla sin que de ella forme parte lo
que ms nuestro nos parece, por sentirlo ms cerca de nosotros. Esto
es, nosotros mismos; esta mezquindad, esta limitacin que es nuestra
persona, un nombre propio, una percepcin reducida en una reduccin
del tiempo y del espacio. Esperamos que la otra vida sea... casi como
esta vida, otra vez nuestra vida; un lugar de reunin en que hemos
de saludar  la familia y  los amigos por sus nombres y aun hemos
de continuar murmurando de sus asuntos y preocupndonos por nuestros
negocios. Qu eternidad sera esta? Eternidad es no saber de nosotros
mismos; porque la eternidad no es material ganancia. La riqueza de
nuestra vida no ser lo que hayamos atesorado, sino lo que hayamos
repartido. Vivir de nosotros lo que de nosotros hayamos dado; ms
se encontrar de nosotros cuanto ms hayamos perdido. Y cmo hemos
de entregarnos, cmo hemos de perdernos? Dnde hallaremos nuestra
eternidad, que por serlo del todo, ni podremos decir que es nuestra?
En el amor y solo por el amor. Religin, Ciencia y Poesa; los tres
ms claros luminares de nuestro espritu, nos esclarecen el camino del
Bien, de la Verdad, de la Belleza, que es el camino de la eternidad del
espritu. Amar inmensamente, amar infinitamente: ascender por escala
de amor desde el instinto  la inteligencia, de la inteligencia  la
divinidad. Hablemos slo de la poesa... Sabio es el lema tradicional
de su torneo: Fe, Patria, Amor. Amor todo. Amor, primero instinto;
forma ya menos egosta del instinto de conservacin, del miedo  la
muerte, de su instintivo horror en toda criatura... Siente el hombre
que ha de morir y siente la necesidad de prolongar su existencia
en la prole, carne de su carne, vida de su vida. El amor es todava
instinto... Despus, siente que la conservacin de la prole le impone
sacrificios, ha de defender  sus hijos, ha de cuidarlos... Empieza el
deber. Este deber se limita  la familia, todo lo ms  la tribu... los
otros hombres son... el enemigo, el extrao... Pero el estado de lucha
no puede ser constante... Se pacta con la tribu vecina, tal vez para
combatir contra otra tribu ms fuerte, tal vez porque la paz permita
el trabajo del campo, la quietud domstica. Empieza la amistad. El
hombre, por su propio inters, se desinteresa ya en algo de s propio
y de los suyos. Y al acercarse al extrao, que fu su enemigo, tal vez
se encuentra en l, porque el extrao tambin tiene hijos, tambin los
cuida y los defiende. Y empieza la simpata, y tras la simpata, que es
amor, la inteligencia. S; tan una es la inteligencia con el corazn
que no podremos nunca entender lo que no hemos sentido. Una vida de
estudios y de meditaciones no dar tanta luz  nuestra inteligencia
como una hora de amor. Cuntas veces nos sucede sentir por alguien una
antipata invencible. Fulano es un ser odioso, insoportable; le omos
hablar y sentimos la necesidad de llevarle la contraria, por poco le
mataramos. Y aquel hombre odioso, antiptico, llega un da  nosotros
con cara triste; habla de sus penas, tal vez perdi  su madre, tal
vez  su hijo, tal vez fu vctima de una crueldad, de una injusticia
de los hombres. Ya le escuchamos conmovidos; aquel hombre es un hombre
como nosotros, aquella pena ha sido nuestra alguna vez, puede volver
 serlo, no es una pena extraa, es una pena de nuestro prjimo. Ya
no parece aquel hombre tan odioso ni tan antiptico, ya es nuestro
odio lo que nos parece injustificado. Y as todo se entiende cuando la
simpata nos acerca... La virtud y sus ms altos herosmos, como el
vicio y el crimen. Hay en todo ello algo humano que puede ser tambin
nuestro. Para el amor no hay nada extrao ni nada incomprensible. Yo
he odo  una desdichada mujer, amante de un verdadero monstruo, un
criminal rematado de presidio: Me dicen todos por qu quiero  este
hombre tan malo; pues porque para m no lo es, y si es malo para
todos y para m no, seal de que  m me quiere ms que  nadie en el
mundo. Y era verdad, solo que ella equivocaba la razn de su cario;
porque aquel hombre tambin era malo para ella, pero era ella quien le
quera ms que nadie en el mundo, y aquel amor de mujer era bastante
para vestir de luz el alma del criminal, como de luz resplandecan las
llagas de los leprosos al posarse en ellas las manos de azucena de la
Santa Reina Isabel de Hungra. Milagros del amor, acaricie leprosos
 criminales; milagros del amor, sobre todas las miserias del alma.
Nunca tuvo ms hermoso gesto el Cid Castellano, que al tender la
mano sin guantelete al lazarino hundido en el fangal. Como esa mano
entonces y tantas manos de mujeres divinas y de santos gloriosos,
fueron las que vistieron en la Edad Media las armaduras de sayales,
los sayales de armaduras, en aquella empresa de brbara grandeza, que
fueron las cruzadas y el incesante guerrear de los cristianos contra
los infieles. Y ved tambin cmo lo que empez en odio y en guerra,
fu origen de civilizacin y de tolerancia, que si el Occidente y el
Oriente guerrearon, tambin se conocieron y tambin llegaron  amarse
y los poetas cristianos cantaron gentilezas y amores y bizarras de
los infieles, y los poetas orientales hazaas milagrosas, noblezas de
corazn de los cristianos. Y sobre el sentimiento de Patria y el de
Religin, surgi el de Humanidad... Y prendiendo sus alas de luz en el
espaldar de las corazas, el espritu alboreaba... Aun alborea. No hay
que desesperar porque tarde en brillar el da. Qu importa la tardanza
de siglos en las auroras del Espritu si amanece para la Eternidad? El
amor  la Patria es primero instinto tambin, es el amor  la tierra,
al campo que el hombre labra con su trabajo; la Patria es la parte de
tierra necesaria  la subsistencia del hombre y de la prole, es el
terreno en que ha de afirmarse la perpetuidad de la raza. Despus van
despertndose emociones; recuerdos de horas felices, recuerdos de das
gloriosos. El espritu de la Patria surge; van quedando ms hondas las
races y elevndose ms areo el ramaje, y en la rama hay flor, y en
la flor aroma. La Patria va teniendo conciencia y se constituye como
Estado, que es ya la Patria inteligente. La raza aspira  realizar
el bien, la justicia. A la venganza se sobrepone la ley y  la ley
el perdn, que es tal vez la ms segura justicia. Por el amor  la
Patria comprende el hombre como debe respetarse la Patria de otros
hombres; como por el amor  sus hijos comprendi cmo era respetable
el amor de otros hombres  los suyos. Tambin en otras Patrias hay
campos labrados con pena, y hay hogares de amor, y en torno abuelos
y nietecitos, y recuerdos de das felices y gloriosos, y tierra
que cubre los restos de muertos llorados. Y la simpata va de unas
Patrias  otras, y contra el combate injusto la conciencia universal
protesta como contra una lucha fratricida. No es decir que toda guerra
sea injusta. Hay guerras inevitables; cuando una nacin, un Estado
constitudo, olvida, egosta, las relaciones de amor y de justicia
con otros Estados; cuando un pueblo brbaro, todava de instinto,
opone tenaz resistencia al avance de la civilizacin, precisa es la
guerra, como es preciso limpiar de salteadores los caminos. Si por
ambicin personal de un tirano, como Napolen; si por codicias de una
oligarqua; si por intereses egostas de un pueblo entero el camino de
la civilizacin se dificulta, deber es de las naciones inteligentes,
de las que no descendieron de su elevacin espiritual, combatir
contra los merodeadores. La guerra entonces es justa y es legtima,
como lo fu nuestra guerra de la Independencia, hoy conmemorada entre
vosotros en una de sus ms gloriosas y decisivas batallas, en que
la conciencia de tres nobles pueblos se uni contra el instinto de
un gran ambicioso, de quin apenas desaparecido, ya preguntaba el
poeta: Fu vera gloria, Ai posteri l'ardua sentenza. La posteridad
ha sentenciado. Todos los arcos triunfales, todas las columnas, todos
los monumentos alzados en su honor por el pueblo cuyo nombre usurp
para imponer sus ambiciones personales como aspiracin nacional, no
hablan tan alto de justicia como cualquiera de esos humildes campos
aldeanos, cuyos terruos, nutridos con la sangre de sus labriegos,
que supieron morir gloriosos sobre la misma tierra que cultivaron
humildes, levantan las espigas de sus mieses, como si protestaran
de haber sido pisoteados por el extranjero. Extranjero de espritu,
que extranjeros eran tambin por la Patria y no lo fueron al pelear
con nosotros en nombre de la justicia y del Derecho atropellados, los
nobles ejrcitos de Inglaterra y de Portugal que en Espaa y por Espaa
combatieron. Si necesaria es en ocasiones semejantes la solidaridad de
naciones alejadas por la distancia, unidas slo por el sentimiento,
qu debemos pensar de esas demencias separatistas que pretenden la
desunin en un Estado inteligente para volver  la Patria primitiva del
instinto? Empequeecer la Patria que antes debe tener por aspiracin
constante destruir fronteras por el amor, que levantarlas por el odio?
Si una Patria se perdiera y hasta el recuerdo de todas sus tradiciones
y todas sus glorias, por realizar mejor la justicia al fundirse con
otras naciones, para constituir un Estado ms perfecto, ms apto para
realizar la justicia... bien perdida estara; nunca haba realizado
mejor el destino de su eternidad. Y qu decir de esos que en nombre
de la Patria son constantes perturbadores del Estado? Qu les impide
aportar su concurso inteligente  mejorar lo que slo por solicitud
amorosa de todos llegar  ser perfecto? Ah, no estn conformes con
la forma de gobierno! La forma? No les dice bastante esta palabra?
Hay alguna forma de Gobierno en los pueblos modernos civilizados que
se oponga  la realizacin de los ms altos ideales de justicia? Todo
ser saber imponerlos y por el odio nada se impone. Ah, cuantas de
esas brillantes inteligencias serviran mejor  la Patria trabajando
ms por ideales de fondo que por ideales de forma! Qu importa el
metro en que se versifica si la poesa es buena? Cunto mejor fuera
que muchos de esos halagadores de instintos despertaran inteligencias
dormidas, y mejor que  prometer bienaventuranzas que ellos son los
primeros en saber que no consisten en cambiar de rgimen, en vez de
decir al pueblo mentiras de la Repblica fueran  los palacios  decir
 los Reyes, cara  cara, sin grosera pero con entereza, verdades
de la Monarqua... Ah, ese amor  la Patria que lo pide todo de
los dems y nada ofrece por cuenta propia! El que no lee, pide que
se estudie; el holgazn, que se trabaje; el falsificador, que no se
engae. El padre que no supo educar  sus hijos, se lamenta de la
falta de escuelas. No: en la escuela, en la Universidad, ilustran los
maestros, los libros. Educar slo educan los padres. Y no con palabras
que se contradicen despus en las acciones, sino con ejemplos. Por eso
son tantos los padres que dicen: Que vayan al colegio estos chicos,
hay que educarlos. Saben que ellos no los educaran nunca. Y cuando
no se educa  la Patria en nuestros hijos, cuando nada hacemos por
ella en nuestra propia casa, queremos que los gobiernos trabajen por
los que no trabajan, estudien por los que no estudian, piensen por
los que nunca pensaron, tengan una conciencia que nadie tiene. Nadie
barre la puerta de su casa y nos quejamos de que la calle est sucia.
Pedimos gobiernos inteligentes. Felices los pueblos que pueden ser
gobernados por tontos! Y ahora, ved otra grave falta de educacin. Si
preguntis al pueblo para qu sirve el Ejrcito, os dir: para hacer la
guerra. As lo aprendi, as se lo dijeron. No fuera mejor decirle: el
Ejrcito sirve para mantener la paz. El Ejrcito es la fuerza, s, pero
es la fuerza  la orden de la razn y de la justicia. No es amenaza,
es seguridad. Si le juzgis improductivo en su accin, no veis que
es todo vigilancia y la vigilancia no es nunca ociosa aunque parezca
improductiva. La espada del Ejrcito, como la espada de la justicia,
vela sobre vuestros campos, sobre vuestros talleres, sobre vuestros
amores y vuestros ideales; sobre las codicias de fuera y las traiciones
de dentro. Desconfiad de los que dicen: para qu tanta fuerza, para
qu tantas precauciones? El que nada intenta contra la seguridad de
un domicilio, no se ofende si al llamar  la puerta observa que le
miran por el ventanillo. Slo  la gente maleante le parece que sobra
la polica. Hasta del cielo cristiano, mansin de amor, donde la fe
del creyente  la imaginacin del poeta asientan todos los ideales de
perfeccin, se dice que hay milicias celestiales. Hasta la justicia y
el amor divino afirman el santo temor de Dios entre espadas flamgeras
de arcngeles. Aun no ha llegado el da en que la inteligencia sea
tan natural en los hombres como el instinto, cuando todo instinto
animal se haya espiritualizado en la conciencia de nuestra eternidad.
La fe religiosa del hombre es tambin instinto al despertar. Es anhelo
angustioso de no morir para siempre. El hombre mira dentro de s y
halla una vida interior que es algo que no palpan sus manos, ni ven
sus ojos: es el pensamiento que vive en todo l y no est en parte
alguna de su cuerpo. No es el latir de su corazn, ni es el golpear
de su cerebro, es algo sutil, algo impalpable. Cierra los ojos, y le
parece que ha muerto al cerrarlos  la visin de cuanto le rodea y su
pensamiento vive todava, dormido suea... No hay duda, el pensamiento
es la parte inmortal de su ser. Morir, pero seguir pensando siempre.
Y su pensamiento suea con una eternidad de vida. Vivir eternamente,
pero dnde vivir? Y sus ojos entonces se vuelven adonde el horizonte
es limitado, al misterio insondable de los cielos donde todo habla
eternidad. Y all va su esperanza y all pone su fe. Despus, aquel
cielo ignorado va poblndose de imgenes ideales. Primero, para el
hombre de instinto, hay un Dios de venganza; despus es un Dios de
justicia, despus un Dios de misericordia, un Dios que por amor se
hace hombre y siendo todo sabidura y todo poder, no quiere juzgar 
los hombres sin haber padecido todo el dolor de la humanidad. Y padece
como si no supiera. El, que todo lo sabe, que es un Dios quien padece
y puede sobreponerse al dolor. Hermosa verdad para el creyente!
Hermoso smbolo de la verdad para los descredos! Al expirar en la
cruz, al gemir como una pobre criatura humana, Padre mo! por qu
me has abandonado? Habr quien dude de que Dios pudiera nunca hacerse
hombre; no habr quien dude de que en aquel instante, crucificado por
amor  todos los dolores de la carne y  todas las tristezas del alma,
el hombre se hizo Dios. Y nunca albore la aurora del espritu como al
morir un Dios crucificado, sealando  los hombres el camino de nuestra
redencin y nuestra eternidad. Poetas, reina, damas gentiles, seores
todos: vuestro corazn sea conmigo, el mo es con vosotros. Nada ms.




XL[5]

       [5] Ledo en la funcin de despedida de Rosario Pino.


Mi vida de autor dramtico no podr recordarse sin recordar  Rosario
Pino, la intrprete ideal de tantas comedias mas cuando mis comedias
no le gustaban  nadie ms que  m, al contrario de lo que ahora
sucede, que  muchos les gustan y  m no me gustan nada. Y yo estoy
ms triste ahora, que no puedo estar conforme con el aplauso, que
entonces cuando no saba estar conforme con las censuras.

S que al despedirse Rosario Pino muchas obras mas se despiden
tambin; pero no ser yo, por eso, quien entristezca esta despedida.
Despedirnos, caminar, alejarnos... morir... olvidar al fin, que es
verdadera muerte...! Todo es lo mismo, todo es la vida... y hay que
afrontarlo cara  cara...

Si fumos siquiera, ya que no luz de astro esplendoroso, amable luz
de lmpara familiar; si por algn alma pasamos como una caricia;
si supimos avivar  nuestro paso la simpata de otros corazones,
capaces de sentir como propios toda alegra y toda tristeza humanas...
al alejarnos--despedida  muerte--y sustituir la presencia con el
recuerdo, ser como purificarnos, ser como desmaterializarnos, ser
un resplandor sin llamarada, ser como una diafanidad de gloria... Lo
mejor de nuestra vida est en el corazn de los que nos aman. Para el
artista el amor es la admiracin, que, como dijo Shelley, la gloria es
amor disfrazado... Por eso slo puede decirse que se van  que mueren
los que no supieron hacerse amar.

La dulce voz ser silencio. Pero qu msica valdr lo que el recuerdo
de esa voz en nuestras almas? No ser yo quien le salga  usted al paso
para decirle: No nos deje, que el callar de su voz es como si algo
tambin enmudeciera en nosotros... No; que aqu, en nuestro corazn,
queda para siempre y bastar poner atento el odo al corazn para
escucharla, como al acercar un caracol nos parece oir como recogidos en
sus repligues de ncar el oleaje del mar lejano...

No seamos egostas en nuestra admiracin... De una insigne actriz
francesa se cuenta que en triunfo de teatro exclamaba: Bien me pueden
aplaudir; les doy mi vida! Usted nos ha dado lo mejor de su vida; justo
es que nuestra admiracin le consienta  usted descanso.

El pblico no ve, no sabe que cuando  l llega una rfaga de arte
puro, esa rfaga... presupone una tempestad en el alma del artista,
como el aire apacible que refresca un da ardoroso nos llega tal vez de
un vendaval remoto que fu desolacin y espanto...

Para el artista son las lgrimas crueles, para el espectador las dulces
lgrimas. Amor y gratitud para el artista que da por bien pagadas sus
tristezas ms hondas con vuestro aplauso.

Rosario Pino no podr olvidar nunca los aplausos de este pblico suyo:
su recuerdo ser quizs toda su alegra en el descanso buscado... No
olvidis vosotros pronto  la que supo haceros olvidar tantas veces las
emociones penosas de la vida con la elevada emocin de su arte.




XLI

CAMPOAMOR


Siempre he temido volver  los lugares que dejaran en m gratos
recuerdos. Siempre he temido volver  leer los libros que fueron el
encanto de mi niez  de mi juventud. El lugar ser el mismo, el libro
tambin. Pero estaba en ellos el encanto  el encanto era el de
nuestras almas, sorprendidas y admiradas de todo, como ojos de ciego
abiertos por milagro  la luz... y slo de ver ya gozosos, porque ya el
ver es una hermosura, aunque no sea hermoso todo lo visto...?

Pero, entonces, es que las cosas no son nada por s? No hay valor
alguno objetivo? S; las cosas son algo, son ellas, las mismas siempre;
pero la luz que las alegra  las entristece, auroras  crepsculos,
pleno sol estival  luz de luna, nubarrones tormentosos con relmpagos
de luz  relmpagos de sombra, frecuentes en el cielo de las almas,
todo eso es nuestro, y todo eso es el espritu de las cosas... y
tambin nuestro espritu. Nos vemos en los ojos que nos miran y vivimos
en las almas que nos atienden...

Nosotros mismos no sabemos de nosotros ms de lo que saben decirnos los
dems. Nuestra propia conciencia, lo ms nuestro, se esconde ante la
conciencia ajena para que ella no pueda decirnos la verdad de nuestra
conciencia. Y este ocultarnos unos  otros la verdad para creernos
mejores de lo que somos, si es hipocresa cuando nos damos tan mal arte
 vestir el disfraz que todos advierten que es disfraz, bien pudiera
ser toda nuestra verdad cuando sabemos disfrazarnos de tal suerte
que el disfraz llega  ser ms que el vestido, algo tan propio y tan
adaptado  nuestro espritu como nuestra corporal hechura. El que logra
hacerse una cara con la ms agradable de las caretas ha dejado de ser
hipcrita para ser virtuoso. Y no digis: Buena virtud de mascarada
ser esa!, si consideramos que ya es virtud llevar de ese modo una
careta, y que estas caretas espirituales, si han de parecer como
nuestra propia cara, han de amoldarse de dentro  fuera, y han de ir
muy prendidas en nuestro corazn.

Pues si difcil es saber la verdad de nosotros mismos, cunto ms
difcil ser saber la verdad de las cosas! Y si al volver  ellas ya no
somos los mismos, qu habr sido de ellas?

Como deca Ronssard, el poeta que di sus mejores canciones  la gloria
efmera, dnde estn las nieves de antao...? Nuestro corazn es
caminante que aunque dos veces pase por un camino siempre le parece
camino nuevo.

Un amigo mo acababa de reir con su novia,  la que haba jurado
amar eternamente, y  los pocos das me daba  leer una carta de otra
novia. Y con otra carta en sus manos de la novia antigua, me deca como
loco: Esta s que me quiere. Lee esa carta y compara, compara con esa
carta. Yo le las dos cartas, y compar: las dos decan lo mismo. Y
cuando l, al verme reir, se di cuenta de ello, sin darse  partido,
me deca: S, s, dicen lo mismo; pero esta es verdad y aquella era
mentira.

Despus de esto no extraaris que aun no os haya dicho nada de nuestro
poeta. Si veis que la apariencia de las cosas, no me atrevo  decir su
verdad, est en nosotros ms que en ellas, estas emociones suscitadas
por el poeta, no os dirn ms lo que del poeta siento que si de l os
hablara?

Campoamor! Yo le conoc. Era yo un nio y su fisonoma me era ya
familiar. Slo una vez habl con l en los postreros aos de su vida;
yo comenzaba  _literatear_, literatura de seorito.

Un ferviente admirador del gran poeta, gran amigo mo, me present
 l. Era  la puerta de la librera de Fe. Don Ramn, antiguo
tertuliante de la librera, por aquellos ltimos aos de su vida,
llegaba en coche ante la puerta, y desde all saludaba  los amigos;
todos salan un momento de la tienda, rodeaban el coche y conversaban
con el anciano poeta, de rostro rubicundo, de ojos azules, muy claros,
unos ojos que sonrean  todo, con tal gracia, que con no sonreir sus
labios nunca, pues la boca era de severa expresin, la gracia de sus
ojos bastaba  mostrarle sonriente, como abuelo bondadoso que con la
voz reprende al nietezuelo y con los ojos re la travesura.

Un amigo le dijo al presentarme: Maestro, le presento  usted 
Jacinto Benavente, escritor; tiene mucho talento. Y el maestro, el
abuelo, me mir muy despacio y dijo: Mucho, mucho talento? Porque
si no tiene mucho talento, vale ms que sea bueno. Y yo no he
olvidado nunca aquellas palabras ni la mirada de bondad. Y como no
he estado nunca muy seguro de tener mucho talento, mucho talento, he
procurado siquiera, ya que en talento no fuese aventajado, aventajar en
bondad. Porque aquellas palabras del poeta y otras del obispo, que al
confirmarme me dijo: Hijito, seas santo, no he dejado de repetirlas
un solo da desde que las oyera, y han sido acaso mis oraciones ms
fervorosas, para que ellas me guarden de toda vanidad.

Ahora, de la vida de Campoamor, que sabr deciros? La vida de los
poetas est en sus poesas. La poesa de Campoamor es toda inquietud
espiritual; pero una inquietud que pudiera decirse sosegada. Hay
hombres de vida azarosa, perdida en vanas agitaciones, que al parecer
responden  desasosiego interior,  inquietud espiritual, y si vamos 
ver, toda aquella turbulencia es epidrmica, de gestos y pasos.

Otras vidas hay de tranquila apariencia, sin sacudidas aparentes,
y toda aquella serenidad y placidez es muro de piedra en palacio
seorial, que parece al exterior alegre mansin de riqueza y es por
dentro mansin de dolor.

Nuestro poeta hubiera podido escribir como Goethe: Tengo bien sealada
la demarcacin entre mi vida poltica y social y mi vida moral y
potica. Demarcacin puramente exterior, se entiende; pero me va muy
bien as. Goethe llamaba  Beethoven ser indomesticable, y l se deca
 s mismo un ser social.

Campoamor era, como Goethe, un ser social. Y como el hombre era tan
amable de cerca, su poesa era tambin amable. Y el poeta de las
ironas y de los sarcasmos, el menos ortodoxo de los poetas espaoles,
oa celebrados y repetidos sus versos en labios de las damas y de las
jvenes ms distinguidas de la mejor sociedad.

Fu el poeta preferido de las mujeres. Era el poeta que mejor las
comprenda; las perdonaba todo. Las mujeres pobres mujeres! crean
por eso que las amaba mucho... No comprendan que aquel su amable
perdn, aquella su indulgencia para todas las faltas y errores que
pueden cometer las mujeres, tena ms de profundo conocimiento de que
no podan ser de otra manera, de que no se las deba pedir lo que no
pueden dar...

Las mujeres que saben de amor saben que el hombre que de verdad las
ama es el que peor habla de ellas y ms abomina de sus engaos y ms
se atormenta por sus traiciones... Lo otro no es amar, es comprender
y perdonar. Ahora, que la mujer, cuando slo de poesa se trata, no
sabe distinguir al amigo del amante. El poeta amigo de las mujeres,
comprende y perdona. El poeta amante, maldice y castiga.

En la realidad, ya saben ellas distinguirlos. Al buen amigo es al que
las mujeres le cuentan las perreras que les hace el verdadero amante,
y suelen decirle: Por qu no ser como usted? Usted s que me quiere,
usted s que es bueno para m. No hay que creerlas mucho, porque si lo
creyeran as, con dejar al amante y tomar al amigo... Y ya se sabe que
las mujeres conceden rara vez ese ascenso.

El amor y la muerte fueron las dos grandes inquietudes que animaron
en la poesa de Campoamor. Y qu pensaba Campoamor del amor y de la
muerte?

Del amor, tal vez como el filsofo pesimista. Es el lazo que la
Naturaleza nos tiende para perpetuar la especie.

Nada ms? No, que de este lazo tendido por la Naturaleza, de este
instinto en que el hombre puede ser inferior al bruto, cuando el hombre
solo atienda al placer que engendra dolor, el espritu puede elevarse
en sacrificio que, con ser dolor, ser ms alto goce, si nuestro
espritu sabe elevarse al aceptarlo. As, del placer instintivo, por
su conciencia de dolor, podemos elevarnos al amor espiritual. Cerrado
queda as el crculo de nuestra evolucin. Completa ser cuando en
sentido inverso, aceptado el deber, ya todo ser espiritualidad en
nuestros amores, y del deber como instinto proceda el goce espiritual,
en vez de proceder del goce instintivo el deber doloroso.

Y de la muerte... La regin ignorada, de cuyos lmites ningn caminante
torna, como dice Hamlet, qu pens Campoamor?

Campoamor no saba si haba un Dios; crea que deba haberlo. Y
esta creencia ya era una realidad. Si encerrados en un aposento
obscuro, por donde entre las maderas entornadas llega un rayo de sol
 nuestra frente, no supiramos que el sol estaba all detrs; si
ese rayo viniera del cielo azul sin astro visible  nuestros ojos,
no pudiramos creer que ese rayo de luz lo mismo pudiera llegar del
cielo  nuestra frente que de nuestra frente perderse en el cielo? Y
dejara su luz de ser luz por eso? Dios! Dios! Dnde est? Qu
es? Qu importa? Si el sol fuese invisible  nuestros ojos pero su
luz no nos faltara... qu importara? Creyramos que el rayo de sol
en el aposento obscuro era luz de nuestra frente  luz de lo alto, su
resplandor siempre sera divino.




XLII[6]

       [6] Ledo en la inauguracin del Florilegio de poetas
       castellanos.


  Seoras y seores:

La Seccin de Literatura sabe muy bien  lo que se expone con este
florilegio de poetas cuya lectura hoy comenzamos. Se expone  vuestro
aburrimiento. Y  conciencia de aburriros nos arriesgamos en esta
empresa. S, seores. En Espaa es preciso que nos acostumbremos al
aburrimiento. Los espaoles somos tristes por ser demasiado divertidos.
Parece paradoja, verdad? Pues as es... Todo nos aburre y todo nos
fastidia, porque pretendemos divertirnos con todo. De la palabra lata
hemos hecho una pavorosa divinidad. Todo es lata. Lata es un discurso
de presupuestos; los diputados y senadores huyen apenas se inicia la
discusin, se refugian en el saln de conferencias, en los pasillos
y all se bromea  costa de los oradores serios y se prefiere la
amenidad, la diversin de la comidilla poltica diaria...

Despus nos sorprende algn impuesto oneroso, algn despilfarro que ha
de pesar sobre el contribuyente harto castigado.

Pero qu importa? Nos hemos librado de una lata.

La Ciencia nos engorra, el Arte en serio nos fastidia. Faltos de
ambiente, son muy contados los que trabajan por la Ciencia y el Arte...
Asusta tanto que nos llamen lateros!

Un da las naciones de Europa llaman  concurso, se buscan nombres,
obras, no hay nombres ni obras que ofrecer  los extranjeros. La
vanidad nacional se siente herida... No tenemos Ciencia, no tenemos
Arte. Est bien. Pero tampoco hemos tenido que soportar latas, y lo
que nos hemos divertido entre tanto?

Yo confieso que me encanta y me enamora este modo de ser nuestro y
prefiero para vivir las ciudades  lo morisco, en que las gentes se
tienden al sol y van reposadas por las calles en amables y ociosas
charlas  las ciudades  la europea,  la americana, por donde se
camina  empujones,  codazos, sin un saludo cordial, sin un piropo
chirigotero...

Lo malo es que la humanidad ha llegado  su madurez, y estos pueblos
infantiles, que slo quieren diversin y juego como los nios, estn
muy expuestos  ser trados  la razn de mala manera. Porque en la
casa donde se trabaja,  la hora de trabajar molestan los nios.

Por eso conviene que los espaoles empecemos  saber aburrirnos. La
cultura no es otra cosa. Slo son grandes y cultos los pueblos que han
logrado por fin no aburrirse con todo lo aburrido. Cuando se ha llegado
 sublimar el aburrimiento hasta el xtasis, como en la msica de
Wagner, se ha llegado  esa civilizacin suprema.

Por fortuna, este aburrimiento disciplinado concluye por ser ms segura
diversin que la otra, la diversin alocada de un da y otro. Porque la
vida, aunque parece que es eso, un da y otro y una hora y otra hora es
algo ms. Es el da de la suma, la hora de las cuentas, en que todo se
paga.

Hay una parte de nuestro ser perezosa, casi inerte, su aspiracin es el
reposo y todo lo ms un dulce columpiarnos, una diversin del espritu;
avanzar un poco para retroceder al mismo punto. Hay otra parte ms
alta y ms noble que aspira  desprendernos de todo esto que sujeta y
detiene, de esto que llamamos la vida y con decir la vida es as lo
disculpa todo. Pero esta parte, nica evolutiva, creadora, nica que
puede libertarnos al fin de la vida y de nosotros mismos, es la que
hemos de cultivar con dolor y con aburrimiento hasta vencerlos, hasta
sobreponerse  ellos.

Decir Qu lata! Es decir pereza mental, indigencia de nuestro
entendimiento, sequedad de nuestro corazn.

Decimos Qu lata! Y cerramos el libro y apartamos al amigo y por no
aburrirnos un da nos quedamos en soledad para muchos das, para toda
la vida.

Y esa soledad, que es desolacin porque nada queda donde nada hubo y
por habernos divertido unas horas nos aburrimos para siempre.

He dicho, y como pocas veces he dicho lo que senta, porque deja uno
tantas veces de decir lo que siente por temor  parecer latero...!




XLIII[7]

       [7] Ledo en la sesin en honor de Rubn Daro.


  Seoras y seores:

Por esta vez Loado sea Dios! la Seccin de Literatura no celebra
funerales literarios. Hoy podemos regocijarnos sin asomos de tristeza,
ms  menos espontnea. En otras ocasiones, al honrar la memoria de
algn difunto, venamos  ser como la viuda rica, segn dice el refrn:
La viuda rica con un ojo llora y con el otro repica. Hoy por fortuna
podemos repicar y tocar  gloria de todo corazn.

Vivo y entre nosotros est el poeta festejado, vivo y en plenitud
de su nmen potico; as es que tampoco tiene esta fiesta ese dejo
amargo de las despedidas, como otras semejantes en que parece decirse
al festejado, al declinar de su vida y de su entendimiento: Con esto
cumplimos; ahora  casita y no se moleste usted ms por nosotros.
Estos homenajes  lo Carlos V vienen  ser algo as como el tercer
aviso  como la salida de tono de aquel ingenioso cuanto iracundo
escritor, al increpar  un portero agonizante: Usted  morirse pronto,
que es su obligacin.

La Seccin de Literatura bien quisiera no ser siempre una especie de
funeraria. Y si no prodiga con los vivos estos homenajes es... porque
entre los vivos los hay tan vivos que se organizaran ellos mismos el
obsequio y habra que declararse en sesin permanente. Los muertos no
suelen valerse de recomendacin ni son tan intrigantes. Aun as, yo no
s, ahora que hemos dado en practicar el espiritismo, si no acudir
alguno del otro mundo  solicitar su homenaje.

Pero, en verdad, estos honores, slo son en verdad honores cuando ms
honra  quien los ofrece que  quien los acepta. Y nadie dudar que hoy
es el caso para esta Seccin de Literatura.

Fuera tambin de toda utilidad y de toda consideracin extraa al Arte,
ni siquiera pensamos al realizar este acto en estrechar los consabidos
lazos hispano-americanos... esos lazos tan trados y llevados en
congresiles discursos y brindis de banquetes.

Qu discurso valdr lo que un solo verso de Rubn Daro escrito en
noble lengua castellana?

Qu brindis, como la inspirada elevacin de su poesa al alzar
el poeta, como el sacerdote en el ms sublime misterio de nuestra
religin, en cliz de oro la propia sangre que no es otro el misterio
de la poesa?

No hay poeta cuyo corazn no sangre siempre. La sangre del poeta es
chorro de luz, pero esa luz que es resplandor para todos, es en el
corazn del poeta herida dolorosa. Cuando cantis  nuestra gloria
cantis  vuestro dolor. No es cierto, poeta? Que vuestras rosas
suavicen por un instante las espinas de vuestra corona. Las mejores que
os ofrecemos son de vuestros floridos rosales.

Nos las ofrecsteis para gloria de todos. Su aroma fu una msica
espiritual de oraciones que satur nuestras almas de poesa. Al
prenderlas sobre nuestro corazn aprendern la ms dulce palabra de
gloria. Amor! Amor al poeta! canta hoy en nuestros corazones esa
cancin que es armona de risa y llanto y pone en las palabras ms
vulgares acentos de una verdad resplandeciente, y es como temblar de
aguas vivas, y es la caricia de lo sublime, y es el pasar de Dios por
nuestras almas.

He dicho.




XLIV

JUAN DE LEPES


Naci este santo poeta en Ontiveros, provincia de Salamanca; el menor
de tres hijos que tuvieran de su matrimonio Gonzalo de Lepes, tejedor
de oficio, y Catalina Alvarez. Naci en el ao de 1542.

Viuda  muy poco su madre, y en extrema pobreza, pas con sus hijos 
la villa de Arvalo y despus  Medina del Campo. All hall Juan un
noble protector en don Alonso Alvarez de Toledo, administrador de un
Hospital de la villa. En este Hospital cuidaba Juan de los enfermos y
era en edad de doce aos grave y pensativo.

A los veintiuno entr como novicio en el Monasterio de Santa Ana, de
los PP. Carmelitas, en Medina, y en este mismo Monasterio profes  su
tiempo, con el nombre de Fray Juan de Santa Mara.

Environle sus superiores  estudiar teologa en Salamanca, y
aconsejado por Santa Teresa, ingres en la Orden expresada de
Carmelitas descalzos. Discordias entre los calzados y los descalzos,
fueron causa de persecuciones para Fray Juan de la Cruz, que as se
llam al cambiar de Orden. Fu trasladado  Toledo y all encerrado en
el convento de observantes sujeto  duras penitencias.

Por inspiracin divina, nunca nos falta en semejante caso, recibi
la orden de fugarse y as lo ejecut, descolgndose por una ventana.
Refugise en un convento de monjas y huy despus  Almodvar. De
all pas  Granada y fu nombrado, primero, definidor de la Orden, y
despus, vicario de la casa de Segovia.

Mal hallado su natural humilde en estos cargos, se retir al desierto
de la Penila, en Sierra Morena, y all, caballero andante  lo divino,
como Don Quijote, hizo penitencia, aunque por ms alta Dulcinea.

Quebrantada su salud, hubo de recogerse en el convento de Ubeda, y all
muri  14 de Diciembre de 1591.

Fu canonizado en 1674. Su cuerpo est en Segovia en el convento de la
Orden.

       *       *       *       *       *

Fu San Juan de la Cruz el mstico por excelencia. La vulgar acepcin
considera msticos  muchos escritores, que en rigor slo pueden ser
llamados devotos y cuando ms, ascticos. De los espaoles, slo Santa
Teresa, en Las moradas, el beato Juan de Avila, algunas veces, pueden
ser considerados como msticos en el verdadero sentido del misticismo.

El misticismo, ha dicho Matter, se eleva sobre la ciencia positiva y
la especulacin racional y aspira al elevarse,  la intuicin en lo
metafsico, en lo moral  la perfeccin.

El misticismo llega al conocimiento por el amor como la filosofa y la
teologa pretenden llegar por el entendimiento.

El misticismo no es luz que alumbra la razn, es llamarada que abrasa
sentidos y potencias y sublima el espritu hasta confundirse con
el objeto de su amor. Amada en el amado confundido. Y para l la
verdad slo tiene un nombre. Amor. Amor! Unica verdad que no admite
contradiccin ni razonamiento.

Cuando se dice: Creo, tal vez se dice: Dudo. La duda condescendiente
siempre se expresa as: Yo creo que... Cuando se dice: Amo, se dice:
Creo, creo con toda el alma.

De todos nuestros msticos ninguno tan desunido del mundo exterior,
de su propio mundo interior como San Juan de la Cruz. Su espritu no
era siquiera mariposa que se abrasa  la llama del amor divino, era
la propia llama ardiente como el Espritu divino en los zarzales de
Moiss, en el tabor de Cristo.

Voy  leeros la cancin entre el alma y el Esposo, parfrasis del
Cantar de los Cantares. San Juan de la Cruz escribi sobre estas
canciones: El Cntico Espiritual, glosa y declaracin de cada una de
sus estrofas.

Y segn palabras del Santo. Por cuanto estas canciones parecen ser
escritas con algn fervor por el amor de Dios, no quiero yo decir toda
la anchura y copia que el espritu fecundo del amor en ellos lleva.
Porque--aade despus:--Quin podr escribir lo que  las almas
amorosas donde l mora, hace entender?

Esta es la causa porque con figuras, comparaciones y semejanzas antes
rebosan algo de lo que sienten.

Las cuales semejanzas no ledas con la sencillez del espritu de amor
 inteligencia que ellas llevan, antes parecen dislates que dichos
puestos en razn.

Por haberse, pues, estas canciones compuesto en amor de abundante
inteligencia mstica, no se podr declarar al justo, ni mi intento es
tal, sino dar alguna luz en general, y esto tengo por mejor, porque los
dichos de amor es mejor dejarlos  su anchura.

Sabia advertencia para los que pretenden razonar de lo que est sobre
toda razn.

Dejemos el amor  su anchura y ensanche el amor nuestras almas.




XLV


El proyecto de erigir una estatua  _Lagartijo_ ha escandalizado 
muchos. No hay razn para ello.

Nunca tan bien empleado el arte de la escultura como al reproducir en
bronce  mrmol la humana belleza en su ms apreciable manifestacin:
la belleza del cuerpo.

Sabido es que, hasta la representacin simblica de abstracciones por
medio de la escultura, no tiene otra forma de expresin que la ms
bella forma del cuerpo humano.

Es preciso buscar antecedentes, razn suprema de muchas sinrazones
nacionales? En Grecia tuvieron ms estatuas los atletas y corredores de
sus juegos olmpicos, que los hombres de Estado, los filsofos y los
poetas. No se diga en Roma y en Bizancio.

Un sabio, un escritor, cualquier intelectual, en suma, va mejor
servido con la reproduccin y estudio de sus obras, y si de perpetuar
su memoria en efigie se trata, con un busto es suficiente. A qu
afligirnos con la contemplacin antiesttica de su abdomen, doblemente
si se nos presenta enfundado en una levita?

Por mucho arte y mucha habilidad del escultor, no podr evitarse que la
estatua de un caballero moderno ms nos recuerde las figuras de cera
del Museo Grevin que las esculturas del Museo del Vaticano.

La prueba es, que los escultores modernos procuran desquitarse en
grupos  figuras alegricas, del inconveniente buen seor, que viene,
de este modo,  ser accesorio del monumento elevado  su gloria.

Lo que s puede discutirse es si la figura del torero en general,
y la de _Lagartijo_, en particular, se prestan  la representacin
escultrica.

El toreo es una habilidad. Sus apasionados y sus cultivadores aseguran
que es un arte. Vaya por el arte. De toda suerte--y aqu bien puede
decirse y _en todas las suertes_, es un arte cuya gracia est en el
movimiento.--Fijad cualquiera actitud de un lidiador, como cualquiera
actitud de una bailarina y habr perdido toda su gracia en la
inmovilidad. No hay ms que ver las fotografas instantneas obtenidas
durante la ejecucin de las ms graciosas suertes del toreo.

Sin el ritmo y el garbo en la sucesin de movimientos, ni el lidiador
ni la bailarina tienen valor artstico alguno. Es difcil, casi
imposible, plantar en una sola actitud la gracia, resultado de varias
armnicas actitudes. _The moments monuments._ La eternidad de un
instante, que segn Rossetti es el soneto, no puede serlo el arte de
torear.

Particularmente en _Lagartijo_, el ritmo era su mayor encanto. Aquella
dejadez seorial de sus pasos y de sus actitudes.

Este arte, de gracia dinmica, digmoslo as, tiene su mejor expresin
en la msica. Por eso vemos que el toreo, con ser cosa tan espaola, no
ha inspirado grandes obras  los pintores  los escultores espaoles.
En cambio, es mucha y excelente la msica torera de nuestros ms
famosos compositores.

Y ntese, cmo un pasodoble brillante es ms evocador de majezas
taurinas, que puede serlo una pgina literaria, un cuadro  una
escultura.

Con ser figuras tan famosas y caractersticas, la pintura espaola
no ha legado  la posteridad un buen retrato de _Lagartijo_, ni de
_Frascuelo_, ni de _Guerrita_, ni del _Espartero_, ni de _Reverte_.

Los mejores cuadros inspirados por nuestra fiesta nacional, son los de
Zuloaga. Y no son por cierto un himno  sus gallardas y sus proezas.
Hay en ellos una sonrisa de amargura, ms patritica que las fanfarrias
coloristas de los aduladores de multitudes incultas.

Hay ms luz interior en los cuadros de Zuloaga que en todos los cuadros
de esos pintores de la luz tan celebrados. Hay luz que debiera iluminar
la conciencia espaola. Por eso ofende, irrita  muchos.

--Es una Espaa de fantasa!--dicen.--No; la de fantasa es la otra.

Por eso me parece muy bien el proyecto de erigir una estatua 
_Lagartijo_, y celebrara con toda el alma que se llegara  su
realizacin.

Esa estatua pudiera, al levantarse, ser una forma visible del
remordimiento, _como la sombra de Banguo en el festn de Macbeth_.

Hay conciencias tan dormidas que no necesitan menos para despertarse.

Ante la estatua de _Lagartijo_ se caera en la cuenta:  de las muchas
que faltan,  de que sobran todas.





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(de 5), by Jacinto Benavente

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